Nota: Los personajes son propiedad de Kurumada y Toei animations, como ya deben saber este es un fic antiguo y con mucho OoC y cosas incoherentes y absurdas.
Día de Campo
La diosa de la sabiduría, aunque para este caso tendremos que conformarnos con Saori Kido, caminaba pomposamente por el árido paisaje griego, suspendiendo con la punta de los dedos su largo vestido de encaje rosa.
—Dense prisa con las cosas —dijo acompañada de Tatsumi y con Jabu corriendo detrás de ella sujetando una sombrilla. Más atrás los chicos de bronce que una enorme cesta de comida.
Detrás de ellos venían los caballeros de oro pateando piedras ya que al parecer la idea de un día de campo se les hacía estúpida.
Saori les había explicado que en su compañía cada año se realizaba un día de campo con el fin de estrechar los lazos entre la gente que allí trabajaba y como no podía ser de otra manera se le ocurrió aplicar el mismo método con sus desdichados caballeros, todo porque en más de una ocasión los había encontrada peleando entre ellos sin motivos valederos.
—¿Por qué de todos los guerreros nos tocó a nosotros ella? —se oyó a Mascara de la Muerte quejarse por enésima vez.
—Debe ser algún karma que cargas de vidas pasadas —dijo aun sin abrir los ojos el caballero de Virgo.
—¿Y qué me dices de ti? —interrogó Mu de Aries —No me digas que disfrutas de este paseo.
—El estar en contacto con la naturaleza es esencial para ser uno mismo con el mundo que nos rodea —respondió Shaka con su acostumbrado tono de superioridad
—Oye Shaka — comenzó Aioros —, ¿no es eso una araña que te sube por la espalda?
—¡Qué! ¡Quítamela, quítamela! —Shaka comenzó a correr en círculos para diversión de los caballeros de Sagitario y Capricornio que chocaron palmas como festejo por la broma.
—Lo que es a mí, no me gusta salir de casa cuando hace calor —dijo Camus más serio que de costumbre.
—Al parecer el hombre de hielo empieza a derretirse —contestó Shura que trataba de encontrarle la gracia a todo el asunto.
—Por esta vez Camus tiene razón —dijo Afrodita, limpiándose el rostro con un pequeño paño mirándose en un pequeño espejo —. Por suerte traje protector solar porque sino mi delicada piel no resiste. Solamente espero que no haya insectos, ¿por qué no traje repelente para mosquitos?
—No creo que te ataquen los mosquitos —le respondió Milo —, con esa capa de maquillaje no creo que puedan.
—Además pueden morirse de diabetes ¡ja ja ja! —dijo Kanon dándole una palmada en la espalda al santo de Piscis.
—Saga, la mitad de tus genes se está burlando de mí —se quejó Afrodita apartando de su rostro sus cabellos.
—Ay sí Saga, que vas a hacer para rescatar al pobre de tu Afrodita —Mascara de la Muerte comenzó a burlarse del santo de Piscis.
—Pues esto —dijo Tranquilamente Saga —, ¡explosión de Galaxias!
—¡Auch! —fue lo único que el santo de la cuarta casa alcanzó a decir luego de caer al árido suelo griego.
—¿Por lo menos alguno sabe a donde vamos? —preguntó Aioria preocupado —Ya llevamos caminando como dos horas y no llegamos al supuesto lugar.
—¿Qué esperabas con la poca vegetación que hay en el santuario? —dijo Aldebaran que extrañaba su frondoso país —Me extrañaría mucho que encontremos siquiera un árbol.
—A este paso vamos a llegar a Rozan a Pie —dijo Dokho que comenzaba a quejarse también — ¿cuánto más nos falta?
— No lo sé, mi querido Dokho, no lo sé —la voz del patriarca no sonaba esperanzadora —Por lo menos no tenemos que llevar la comida.
El antiguo caballero de Aries dirigió la mirada hacia los chicos de bronce.
—Pero ¿qué diablos trae Saori en esta cesta? —dijo Ikki de mal humor, como siempre —Debe pesar más de diez toneladas.
—Y qué me dices de nosotros que traemos los refrescos —dijo el cisne arrastrando una hielera tamaño industrial junto con Andrómeda.
—Saori dijo que trajo a un emparedado por cabeza —dijo por toda respuesta Shun.
—Pero un emparedado de qué, ¿de piedras? —dijo el fénix en su habitual tono sarcástico.
—¡Sh! No le des ideas —Hyoga dijo —. Ya sabes cómo es respecto a aflojar un centavo para sus caballeros.
Saori se detuvo en seco y el cisne se quedó, por así decirlo, frió por un segundo, esperando el correspondiente castigo por hablar mal de la diosa, en cambio Saori sólo los miró sonriendo observando el lugar, uno muy feo donde apenas crecía un arbusto polvoriento, que al momento fue arrancado por el fuerte viento y arrastrado a lo lejos.
—Este lugar es perfecto —dijo con un aire de satisfacción —. Chicos instalen las cosas por aquí.
Se oyó el sonido seco de la cesta en el piso.
—¡Ay, mi espalda! —se pudo oír crujir las vértebras del dragón cuando se enderezó —No creí que veinte emparedados pesaran tanto
—Tienes razón —dijo muy serio el Pegaso —, y eso que sólo traje en el cesto mi sofá favorito, porque si traía mi viejo televisor además no creo que hubiéramos llegado.
—¡SEIYA! —gritaron al mismo tiempo los chicos de bronce al momento que comenzaron a corretear al caballito alado por los alrededores.
—Ya no aguantan ni una broma —se quejó el Pegaso mientras sus compañeros le perseguían para desquitarse.
—Bueno llegamos al fin y ahora ¿qué quieres que hagamos? —preguntó Camus más por obligación que por curiosidad
—Pues nada —dijo Saori —, deben confraternizar entre ustedes.
—¿Para eso nos trajiste hasta aquí? —Aioros no creía lo que escuchaba —Podíamos hacer eso en el santuario.
—No necesariamente —dijo Saori —, se la pasan peleando entre ustedes. Aquí al menos no romperán nada.
—Como mis muebles, o mi televisor —apuntó Mu.
—¿No me digas Mu que sigues enojado por eso? —Milo se acercó como un niño —No fue la intención de Camus congelar tu sala.
—Si no había rastros de hielo en mi sala —dijo Mu mirando de reojo al escorpión —, habían pequeños huecos por todas partes
—Bueno, antes hubo hielo y tuve que hacer hoyitos en las paredes que saliera el agua cuando se derritió —explicó Milo —. No te habría gustado ver tu casa inundada.
—¿Por eso me disparaste tu aguja escarlata cuando pasaba por ahí? —Saga habló con indignación.
—Fue un error —el santo de escorpión se disculpó —, cualquiera se confunde.
—Sobre todo si llevas un cartel pegado en la espalda que dice Kanon —acotó el caballero de Acuario.
—¿Kanon, tienes tú algo que ver con esto? —Saga comenzaba a perder la paciencia.
—¿Yo? ¿Tienes pruebas acaso? —dijo Kanon como si estuviera ofendido en lo más profundo.
—¡Alto! —dijo Saori —No los traje aquí para que se maten entre ustedes, los traje para que convivan civilizadamente.
—Creo que pide demasiado —le murmuró Shion a Dokho
—Ahora bien, cada uno tratará de llevarse bien con sus compañeros, ¡y lo mismo va para ustedes! —dijo dirigiendo una mirada furibunda a los chicos de bronce que pateaban a Seiya —¡Dejen en paz a Seiya!
—Claro, como es su favorito —murmuró Ikki.
—Bueno, está bien. No pelearemos, pero ¿qué sugieres que hagamos mientras estamos en este lugar? —El santo de Leo preguntó.
—No lo sé —dijo Saori como era habitual —¿qué tengo que pensar yo en todo?
—Eso da paso a al interrogante si piensas del todo —se oyó decir a Camus, tal vez no se había dado cuenta de que estaba pensando en voz alta o su mal humor por el calor se hacía evidente.
—¿Camus? —dijo dulcemente Saori.
—¿Sí? —respondió el santo de Acuario.
—Estás castigado —siguió Saori con su tono de voz
—¿Y eso qué quiere decir? —preguntó Camus inocentemente.
—¡No más vinos importados! —dijo en un tono grave Atena.
—¡Qué! ¡Pero si son míos! —dijo Camus al borde de un síncope —Además no puedo beber los aceitosos vinos griegos, ¡no puedes hacerme eso!
Milo le dio palmaditas en la espalda a su amigo como consuelo.
—Ahora, ¿alguien más quiere decir algo? —dijo tranquilamente Saori.
El silencio reinó en el lugar.
—Bien. Jabu, trae mi sillita —la diosa de la sabiduría ordenó.
—A la orden princesa Saori —y corriendo el unicornio se fue a cumplir la importante misión encomendada.
Los caballeros se miraban entre ellos sin sabe que hacer o decir. Así que se sentaron en círculo en el piso y se miraban tristemente entre ellos.
—¿Y ahora qué haremos? —preguntó tristemente Shaka, esperando que alguien le diga que podía tomar una siesta.
—Aburrirnos, que más —dijo Aioros.
—¿Por qué no traje mi viejo gameboy? —se lamentó shura.
—Porque se lo diste a Kiki en su cumpleaños —le contestó Mascara de la Muerte.
—Es que no sabía qué regalarle —dijo el santo de la cabra arrepentido por esta acción.
—Lo que hace la gente por un pedazo de pastel y los juguetes de la piñata —dijo Aioria sacudiendo su cabeza en desaprobación.
—Lástima que Mu se lo confiscó porque no había aprendido nada desde que se lo diste —Aioros también se lamentó.
—Eso no es verdad —Shura se defendió —. Kiki no aprende nada desde que conoció a Seiya.
—Yo no entiendo qué quiere Saori que hagamos aquí en medio de la nada —Milo suspiraba —. Ahora que Camus está de mal humor, no habrá hielo para los refrescos.
Miró por un momento al santo de la onceava casa. Camus estaba todavía abatido por el castigo de Saori y no quería saber de nada. Cabizbajo se cruzó de brazos y no quería hablar con nadie.
—¡Podemos jugar un partido de Fútbol! —exclamó Aldebaran poniéndose de pie de un salto —¡Yo traje un balón!
—¡Ay no! Ese deporte es tan brusco —Afrodita habló arrugando la nariz —Me despeinaría.
—¡Es una idea excelente Aldebaran! —dijo Kanon —Podemos formar equipos de cinco y hacer un mini campeonato.
—¿Pero cuál sería el premio? —preguntó Shura que comenzaba a gustarle la idea.
—Dudo que Saori quiera darnos un premio —dijo Aioros —. Parece que sigue enojada desde que vio la factura de la reconstrucción del Santuario.
—Podemos jugar simplemente por el honor —dijo Aioria.
—No sería interesante —dijo Kanon —. Por lo menos que le den un castigo al que termine en último lugar.
—Me parece bien, ¿qué dicen, están de acuerdo? —preguntó Aldebaran.
—¡SÍ! —respondieron todos en una sola voz
—Ahora hay que formar los equipos —dijo Saga —¿quiénes serán los capitanes?
—Pues es muy obvio que yo —dijo Aldebaran sacando pecho —. Todos saben que en Brasil es donde mejor se juega al fútbol.
—¡Hn! —Camus hizo un sonido a modo de burla —. Eso fue hace mucho tiempo.
—Ya no seas engreído Camus —dijo Saga —. Como antiguo patriarca yo seré el capitán del equipo de los griegos —dijo Saga elevando el tono de voz —. Entonces tendré en mi escuadra a Kanon, Aioria, Aioros y a Milo.
—¡Qué! ¿No voy a estar en el mismo equipo de Camus? —protestó Milo.
—No —respondió Aldebaran —. En mi equipo me quedan Máscara de la Muerte, Camus, Shura, Mu y … rayos, parece que tendremos que jugar con Afrodita, ¡qué mala suerte!
—Te oí Aldebaran —gritó Afrodita.
—Tu equipo tiene más jugadores —dijo Kanon —. Cuentas con Dokho y Shaka además.
—Dejemos a ellos como suplentes —resolvió Tauro.
—El otro equipo será el de los chicos de bronce —Aioria propuso —. Ikki, ven aquí un momento.
—Espero que sea para algo tan importante como para interrumpirme —dijo el fénix que pateaba a Seiya —. Shun, toma mi lugar mientras atiendo a Aioria.
—Lo que tú digas hermano —dijo Andrómeda tomando el lugar del fénix.
Los caballeros de oro le contaron su plan a Ikki que con gusto aceptó la apuesta. Jabu sería suplente si Seiya se caía de cabeza.
—¿Quién va a ser el arbitro? —preguntó Shiryu que vino con Hyoga.
Beledien
