La oscuridad abraza al alma en pena que ve a través de su ventana la mañana de aquel jueves lluviosos, aquella sombra femenina veía como su jardín se llenaba de vida y como parecía que cada gota que tocaba sus hojas hacia una danza con estas. Dios estaba de buenas hoy, era lo que pensa aquella loba al ver que cesaba la lluvia dejando un arcoiris adornará la ciudad.

-Mamá- una voz rompe el silencio de su habitación y las pisadas cada vez se escuchaban cerca, por un agujero en la pared al otro lado de la habitación a oscuras se encontraba un lobo de no más de 10 años, se trataba de su hijo. Legosi.

-Encontré estas flores en el camino, son hermosas asi que pense que te gustarían- aquella voz llena de inocencia parecía ser una melodía para la loba que se arrodillo para ver aquel regalo de su hijo.

-Son realmente encantadoras Legosi, gracias-dudando saco su mano para tomarlas -las pondré en un jarrón con agua para conservarlas- dijo sin mucho esfuerzo retirando su mano del exterior junto con las flores. Legosi espero a escuchar más la voz de su madre pero esta no volvió a hablar.

-¿Mamá no saldrá hoy abuelo?- preguntó el lobo a su abuelo, un dragón de komodo, este al ver las orejas caídas de su nieto se acercó a tomarlo por el hombro y calmarlo con una sonrisa sincera.

-Se siente muy mal hoy tu madre, déjala descansar- mintió. Legosi no cuestiono y acompañó a su abuelo a la cocina en donde le contaría todo su día.

A través de las frías paredes de concreto yacía una loba en cama abrazando aquel detalle de su hijo con amor, pero con odio al mismo tiempo. Si no tuviera esta maldición no estaría aquí en primer lugar, podría abrazar a su hijo y llenarlo de amor que todo niño necesita de una madre. Dios debería estarse burlando de ella en este momento, nacida de una pareja interespecie fue un milagro nacer sin ser un monstruo como muchos esperarían, de su madre que era también una loba nació una loba sana y bella. Toda su niñez y juventud fue el asombro de muchos, inteligente y cálida eran sus cualidades que la hacían brillar. Con cada año que pasaba estaba más cerca de convertirse en una artista de las grandes ligas, pero Dios tenía otros planes para ella y no fue hasta una noche en donde una simple picazón se convirtió en la ruina de su corta vida y con ello termino aislada de aquel mundo que una vez quiso formar parte. Su tiempo ya estaba contado y lo quiso aprovechar, dejando varias cicatrices en lo que completaba su mayor deseo, ser madre. Lastima que una vez que nació aquel lobo grisáceo nunca vería la sonrisa de su madre que una vez su madre le dedicó.

Ahora sola en una habitación improvisada con solo una cama y un guardarropas, lo que más podría aspirar era que su hijo tuviera una niñez normal con su ausencia pero por lo poco que ha escuchado a través del agujero de la pared no podría contener las lágrimas al saber que Legosi también sufría. ¿Porque tuvo que heredar esa miseria también? ¿Fue por intentar rechazar su naturaleza? ¿Fue por ser el fruto del pecado de sus padres? No sabía con certeza cuál es el factor del sufrimiento de su amado Legosi, pero si de quien fue el causante de su mal, lo supo desde temprana edad pero jamas se atreveria a decirlo en voz alta. Su padre no lo soportaría, ya muy apenas soporta el hecho de que su única hija está pasando por esta enfermedad y que niega a toda costa el mirar a su hijo cara a cara. No lo diría, aún no.

Una puerta fue azotada a lo lejos y unas pisadas pesadas se escucharon terminando en seco justo al frente de su puerta.

-¿Ya se durmió?- preguntó con la mayor calma que podía guardar.

-Si- no se molesto Gosha en mirar la puerta de donde salió aquel ser femenino que vestía con pantalón y blusa holgada. Con la mirada algo perdida la loba tallo sus ojos y se pasó a lado de su padre sin decir ni una sola palabra.

-Deje algo de comida en la nevera- dijo con esperanza de escucharla pero solo tuvo como respuesta un asentimiento de cabeza.

Por las noches, aquella alma en pena podía salir de su habitación sin miedo a que su Legosi lo viera, cenaba las sobras y salía a su jardín para mantenerlo aún con vida ya que su padre las mataría con su veneno o ese el pensamiento que esta tenía por ello le tenía estrictamente prohibido acercarse a sus flores. Terminaba su rutina antes de medianoche por lo que regresaba a su habitación para dormir.
Se acarició su melena castaña pensando en tomarse el tiempo de cortarlo. Al llegar a la cocina y prender la luz se percató de las escamas grisáceas que empezaban a emerger sobre su brazo. Tendría que usar guantes para cubrirlas antes de que su hijo preguntara por estas.

-Leano- Gosha se acercó a ella con un jarrón.-Lo necesitarás para tus flores- la loba lo tomó y le dio las gracias en silencio. El dragón de komodo no replicó y se retiró dejando a su hija comer en paz. Al terminar su cena y lavar los trastes se retiró a su jardín en donde con cuidado cortó un par de flores y las puso junto con las flores de su hijo en el jarrón con agua, adornando aún más su habitación, cerró con seguro su puerta y procedió a dormir deseando en silencio buenas noches a su hijo.


Hola criaturas del señor, espero que les haya gustado esta historia. Espero continuarla en un futuro asi que paciencia.
EN FIN. Nos vemos pronto y muchas gracias por leer...