¡Sorpresa, vinimos a saludar!
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Capítulo 8
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Los nombres de los personajes no me pertenecen, estan basados en la serie Ranma 1/2 de la maravillosa Rumiko Takahashi.
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Mientras Akane salía de la habitación, Ranma se mordió el labio y miró con curiosidad hacia la tablet desbloqueada de la peliazul.
"No se enojará Akane si espío un poco, ¿Verdad?" Pensó ligeramente preocupado.
—¿Ya encontraste el contrato? —preguntó en voz alta para que ella lo escuchara.
—¡Aún no, dame unos minutos! —le gritó de vuelta la mujer.
Ranma se sentó en el borde de la cama, sin apartar la vista del aparato y, arrodillándose en el suelo, avanzó hasta el escritorio.
Antes de poder tocar el dispositivo, el teléfono del departamento comenzó a sonar alertandolo.
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Akane se alejó del librero y se asomó al pasillo cuando escuchó ruidos extraños sobre el tapete del mismo.
Ranma gateaba sobre tres extremidades con buena velocidad hacia la cocina.
—¿Qué estas haciendo? —preguntó la peliazul mirándolo con diversión desde su puerta.
—Voy a pasear a la calle —respondió grosero el pelinegro, continuando su camino.
Akane rió y caminó hacia donde él se dirigía.
Mientras Ranma arrastraba una silla y se sentaba en ella para contestar el teléfono, Akane comenzó a lavar un par de manzanas.
—Si... ¿Quién habla? —preguntó el pelinegro con normalidad.
Akane terminó su tarea en el lavadero y le entregó una manzana al pelinegro, antes de volver a su habitación para seguir buscando el contrato.
Ranma la observo alejarse y hasta que ella entró a su habitación, cambio su tono de voz y el semblante.
—Mire, Kuno Tate...anadieleimporta. Ella ya no quiere saber nada de usted, así que le sugiero que se abstenga de llamar a nuestro departamento o de lo contrario levantaremos una denuncia por hostigamiento.
El interlocutor gritó algunas frases iracundas y groseras dirigidas al de la trenza.
Ranma, fastidiado por el comportamiento irracional del hombre, colgó el aparato y dándole una mordida a su manzana, observo la cocina.
Tras un minuto de observar el lugar, se dió cuenta de que faltaban algunas cosas, que para él no pasaban inadvertidas.
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Akane seguía buscando la dichosa copia, estaba segura de que la había guardado en ese lugar. Suspirando cansada, giró su cabeza hacia la puerta cuando escuchó otra vez el ruido.
Ranma se detuvo en la entrada y miró el desorden que la rodeaba.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó dudoso.
Akane sonrió y asintió.
Ranma ingresó a la habitación (aún gateando) y acomodándose en el cojín que Akane le dió, observó por primera vez su habitación.
El espacio era igual que el suyo, la diferencia radicaba en los escritorios, el de ella era alto y tenía una silla de respaldo alto con ruedas para sentarse a trabajar.
Ranma levantó una pila de documentos del suelo e intentando iniciar una pequeña conversación para quitarse la sensación de incomodidad por invadir la privacidad de su compañera, dijo:
—No hay nada aquí de lo que no deba enterarme, ¿verdad?
Akane lo pensó por un segundo y negó con la cabeza.
—Son proyectos antiguos, solía hacer los trabajos y borradores a mano, hasta que se me acumularon... Ahora, todo el trabajo ya sea confidencial o no, lo tengo en la tablet, asi que no te preocupes.
Ranma asintió nervioso –había estado a punto de cometer un enorme error al fisgonear en su tablet–, mirando hacia los documentos, comenzó a revisarlos.
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—¿Cómo siguen tus pies? —preguntó repentinamente la peliazul.
—Ya casi no duelen —respondió extrañado.
—¿Y tu mano?
Ranma miró a la mujer con atención y notó que Akane temblaba ligeramente.
—¿Por qué preguntas?
La peliazul dejó los documentos en el suelo y lo encaró.
—Estoy preocupada.
Ranma frunció el ceño.
—¿Es por eso que quitaste todo lo punzo-cortante de la cocina?
Akane lo miró sorprendida.
—¿Lo notaste?
—Tengo ojos, Akane.
La peliazul suspiró y miró hacia los documentos avergonzada.
—Lo hice por si tenías otro episodio de sonambulismo... Tal vez debí mencionarlo antes.
Ranma suspiró.
—Esta bien sentirse asustada...
—No estoy asustada, Ranma —le interrumpió molesta—. Me preocupa tu seguridad, eso es todo.
El pelinegro se mantuvo callado.
Akane lo miró y vio que en su rostro se formaba una pequeña sonrisa.
—Gracias, Akane —susurró con timidez.
La peliazul bufó incómoda y le quitó los documentos de sus manos.
—Estos ya los había revisado, Ranma.
El hombre amplió su sonrisa y tomó otra pila de papeles para continuar su tarea.
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—¡Lo encontré! —gritó Akane con alegría.
—¡Al fin! Estoy muy cansado —exclamó el pelinegro recostándose sobre el tapete, sin importarle los documentos que tenía en sus piernas.
—¡Oh, vamos! No fue para tanto —le regañó la peliazul, poniendo el contrato en su cama.
—Muero de hambre, Akane. Alimentame — murmuró fingiendo dolor.
La mujer rodó los ojos y se levantó.
—¿Qué se te antoja comer?
Ranma se incorporó y pensó su respuesta mientras ella buscaba su cartera.
—Nada picante, hoy se me antoja algo dulce.
Akane asintió en acuerdo.
—¿Qué tal una orden de pollo agridulce con una ración grande de arroz y...
—¿Estas tratando de matarme, mujer? ¿Por qué me haces imaginar la comida? —gruñó dramático al sostenerse el abdomen.
Akane río y agarró el contrato de la cama, junto con el respaldo de la silla.
—Siéntate, moribundo. Así mientras esperamos a que llegue nuestra comida, leemos el contrato.
Ranma se acomodó en la silla como niño pequeño y subió sus pies sobre la parte de las ruedas.
Akane le dio el documento y empujándolo con fuerza, los dos se dirigieron a la cocina.
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El timbre de la puerta sonó.
Akane –a petición de Ranma– empujó su silla para que atendiera el interphone y ella regresó a la cocina.
—¿Si, dígame? —preguntó contento, pensando que era el repartidor.
—Buenas tardes, Ranma. Soy Soun Tendo, lamento molestarte, hijo, pero... ¿Podrías abrir la puerta? Olvide mis llaves —exclamó el hombre.
—¡Oh! Señor Tendo, en seguida le abro.
—Gracias hijo..., ¡Oh, qué sorpresa, señora Nodoka! —exclamó el hombre hablando aún por el interphone.
—¿Mamá? —preguntó el muchacho al escuchar el saludo.
—¡Hola, cariño! Vine a saludarte —respondió la mujer.
La cara de Ranma expresó pánico total.
"No, hoy no... No después de mi episodio" pensó asustado mirándose sus heridas.
—Ya no te hagas el tonto, Ranma. Y abre la puerta de una vez que está haciendo mucho calor aquí afuera —le regañó otro hombre por el interphone.
—¿Papá? —murmuró sorprendido.
—¿Qué pasa Ranma? —preguntó la peliazul asomándose desde la cocina.
El pelinegro la miró alarmado.
—Nuestros padres están abajo.
—¿Qué tiene de malo? —le preguntó extrañada.
—Mis padres no deben saber que tuve otro episodio —respondió asustado.
Akane suspiró y lo miró con diversión.
—Tengo un plan, pero no va a gustarte mucho —exclamó sonriente la peliazul.
Ranma tragó saliva, pero al contemplar sus opciones, no le quedó de otra más que dejar que ella se encargara.
Muchas gracias por sus reviews, me encanta saber que les está gustando la historia y que ansían los próximos capítulos.
Soy Tóxo Kai Bélos, ¡Nos leeremos en la próxima actualización!
¡Bienvenidos nuevos lectores!
¡Saludos y abrazos a todos!
