11:40
Capítulo 11
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Los nombres no me pertenecen, están basados en la serie Ranma y medio de Rumiko Takahashi..
El taxi se detuvo frente a la entrada del restaurante Beauty Garden, sitio que Akane no había pisado desde aquella última desastrosa cita que tuvo con Kuno.
La mujer respiró hondo y bajó del auto después de pagarle al chofer.
Dando pasos firmes hacia el interior del lugar, pasó por el área de pedidos de comida para llevar, hasta que finalmente se encontró con la anfitriona, una jovencita vestida de traje oscuro.
—Buenas noches, señorita, ¿tiene reservación?
—Buenas noches —respondió Akane—. La reservación se encuentra a nombre de Kuno Tatewaki.
La joven observó la libreta que tenía en su atril y sonrió cuando la encontró.
—¿Su nombre, señorita?
—Tendo… Akane.
La anfitriona miró con simpatía hacia la peliazul y asintió.
—Señorita Tendo, venga conmigo, el señor la está esperando —indicó alejándose de su puesto.
Akane caminó tras ella y la detuvo antes de que llegaran a la mesa, donde Kuno se encontraba sentado, dándoles la espalda, hablando por su celular.
—Disculpe, ¿podría pedirle un pequeño favor?
—Por supuesto, ¿qué necesita?
—Solo en caso de que alguien viniera a buscarme, ¿podría indicarle dónde me encuentro?
La anfitriona la observó intrigada antes de preguntarle:
—¿Hay algún motivo en particular?
Akane miró de reojo hacia la entrada y negó con la cabeza.
—Solo es por si llegara a suceder.
La anfitriona asintió comprensiva y dijo:
—Entiendo, señorita Tendo... no se preocupe, haré lo que me pide.
—Gracias, no es necesario que me acompañe hasta la mesa.
La anfitriona observó la pequeña fila que se había formado en la entrada y asintió.
—Estaré al pendiente por si me necesita —murmuró antes de hacerle una corta reverencia y volver a su puesto.
Akane suspiró y caminó hasta la mesa.
Kuno al darse cuenta de que la peliazul se dirigía a su mesa, terminó la llamada y se levantó de su asiento para observarla de pies a cabeza.
—¡Akane, luces preciosa con este vestido! —le halagó el hombre..
La mujer observó el traje oscuro y la corbata roja de Tatewaki.
—Tu también luces bien, Kuno —murmuró a regañadientes.
El hombre sonrió por su cumplido y se inclinó hacia ella.
—Nada de contacto físico, Kuno —gruñó la mujer cuando notó la intención del hombre de abrazarla.
Kuno bufó y señaló la silla frente a él.
—Siéntate, por favor.
La peliazul se acomodó en la silla y observó el lugar con admiración.
—Hace mucho que no veníamos al Beauty Garden —exclamó Kuno—. Lamento mucho lo que ocurrió esa noche.
Akane apartó la mirada del hombre y fingió no escuchar la última parte de lo que dijo.
—Ha cambiado mucho el lugar, lo recordaba más pequeño.
—Sí —murmuró Kuno antes de estirar su brazo al aire para llamar a un mesero.
—Buenas noches, ¿en qué puedo servirles esta noche? —preguntó el joven mesero que se había acercado a la mesa.
No había sido casualidad de que ese mesero se hubiera acercado a la mesa. Desde que la mujer había ingresado al restaurante, el joven mesero había tenido toda la intención de acercarse a ella. O al menos eso es lo que un par de ojos observadores notaron desde la distancia.
—Estamos listos para ordenar —indicó Kuno en tono serio.
—¿Qué desean tomar esta noche? —les preguntó el joven mientras sacaba una libreta de su delantal y paseaba la mirada (por breves instantes) sobre la mujer del vestido blanco.
—Yo quiero un vaso con agua, por favor —le pidió Akane.
El mesero, al encontrarse con la mirada avellana de la mujer comenzó a sonrojarse.
Kuno, siendo testigo del instantáneo flechazo del mesero, carraspeó atrayendo la atención del joven.
—¿Y usted, señor? —murmuró avergonzado, apartando la vista de la hermosa mujer.
Kuno frunció el ceño.
—Trae una botella de vino y dos órdenes del especial. Eso es todo.
—Sí señor, en unos minutos les traeré su cena, con permiso —murmuró el mesero antes de dirigirse a la cocina, no sin antes girar la cabeza para divisar por breves instantes el perfil de la mujer del cabello azul.
Kuno suspiró y observó intrigado el ceño fruncido de su acompañante.
—¿Qué pasa, Akane?
—¿Sabes? Me hubiera encantado elegir mi propia cena, Kuno.
—Oh, Akane, mi cielo... ambos sabemos que hubieras elegido cualquier cosa barata de la carta, solo te hice un favor al elegir por tí —murmuró el castaño restándole importancia.
Akane se cruzó de brazos.
—No me pongas apodos, Kuno —pidió con brusquedad.
El castaño enarcó una ceja.
—¿Por qué? Antes no te molestaba...
—Pues, ahora sí —susurró con fastidio.
Tatewaki rodó los ojos y se acomodó en el asiento.
—Mi dulce y tierna Akane, tal vez debí acercarme a tí con mayor frecuencia, para que te acostumbraras a mi presencia.
Akane bufó y se inclinó en la silla.
—Eso no iba a pasar, Kuno.
Los dos detuvieron su pequeña discusión cuando el mesero regresó a la mesa con una bandeja en sus manos.
—Aquí tiene, señorita, un vaso con agua.
—Gracias —murmuró Akane con una pequeña sonrisa en el rostro.
El mesero se puso tan nervioso al verla sonreírle, que dejó la copa de Kuno sobre la mesa con un poco de torpeza y, sirviendo un poco de vino en ella, dejó la botella.
—La entrada de esta noche es crema de champiñones —murmuró entregando el primer plato a cada uno—. Disfruten su cena —tartamudeó el mesero antes de alejarse.
Kuno hizo una mueca de disgusto y observó con repulsión su plato.
Akane ocultó su sonrisa de satisfacción. Tatewaki odiaba los champiñones.
—Oye Kuno, ¿por qué pediste cenar conmigo como condición para terminar nuestro contrato? —inquirió mientras probaba gustosa la crema.
El castaño observó de reojo la habitación y sonrió ampliamente.
—Por dos grandes razones —comentó con franqueza.
—¿Ah, sí? Pues quiero oírlas —murmuró la peliazul antes de beber un poco de agua.
—No será necesario, justo ahora vienen caminando hacia acá.
Akane giró su cabeza en la misma dirección que Kuno observaba y amplió los ojos sorprendida cuando el padre y la hermana de Kuno se dirigían a su mesa.
El padre de Tatewaki, el señor Kuno, era un hombre castaño de piel morena que siempre había tratado de llevarse bien con Akane, pero sus bromas pesadas y excentricidades lo habían colocado en la lista de "personas apenas tolerables" de la peliazul. Por otro lado, se encontraba Kodachi, la menor de su familia y la única de los Kuno que incontables veces había demostrado su desagrado por que Akane fuera la "novia" de su hermano, ya que la catalogaba como alguien simple y carente de modales. Oh sí, Kodachi Kuno, se encontraba en la lista roja de Akane.
—¿Qué demonios, Tatewaki? —gruñó la peliazul mirándolo enfadada.
—Mira… si finges por última vez ser mi pareja, mañana al medio día tendré listos todos los papeles de término de nuestro contrato.
—¿Qué?
—Sabes que el contrato estipulaba que tenías que estar presente en todas las reuniones familiares y ¡Oh, cielos! hoy era día de cena…
—¿Entonces por qué ordenaste nuestra comida desde antes?
—Solo quería evitar las malas caras frente a la familia.
—¿Malas caras? ¡Me has vuelto a engañar!
—Puede ser... pero desde hace tiempo tú aceptaste ser la novia falsa de este hombre maravilloso —murmuró guiñándole un ojo y levantándose justo a tiempo para recibirlos con una sonrisa.
Akane se mordió la lengua para evitar maldecir y se puso de pie.
—Akane, ¡tanto tiempo! me da mucho gusto verte otra vez... Veo que Kuno sigue manteniendo las cosas entre ustedes —murmuró Kodachi con una terrible actuación de aprecio hacia la peliazul.
Akane apretó sus puños.
—El gusto es mutuo, Kodachi.
El padre de Kuno se abrió paso entre las dos mujeres y se abrazó con fuerza a la peliazul.
—¡Akane, que guapa estás! —exclamó liberandola del abrazo—. Vas a lucir preciosa con el vestido de novia que tenemos preparado para tí en casa.
Los vellos de la nuca de Akane se erizaron. "¡Ni muerta se casaría con Kuno Tatewaki!"
—Que buena broma, señor Kuno —exclamó con una mezcla de terror y amabilidad.
El hombre rió con energía y le pidió (gritó) al mesero que les acomodara la mesa para que pudieran sentarse los cuatro, quedando los dos hombres de espalda a la entrada y ambas mujeres de frente.
Una vez que todos tenían sus bebidas y platos servidos, continuaron con la cena.
Padre e hijo se pusieron a platicar entre ellos sobre los asuntos de la empresa mientras que Kodachi y Akane se mantenían en un silencio bastante incómodo y cada vez que cruzaban miradas saltaban chispas en el aire. Así es, su relación nunca sería cordial.
Akane observó el reloj de su muñeca, ya eran las 9:20 y aún mantenía la esperanza de poder irse a la hora que le había indicado al hombre de la trenza.
Bebió un trago de agua y observó hacia la entrada del restaurante... aún no entendía bien el por qué le había pedido a la anfitriona ese favor, ni que su compañero de departamento entrara por dicha puerta para rescatarla de la cena.
Kodachi Kuno aclaró su garganta, atrayendo de mala gana la atención de la peliazul y dijo:
—Akane, sigues haciendo lo mismo en cada reunión familiar, siempre observando hacia la puerta... pareciera que estás esperando el momento adecuado para huir de nosotros —murmuró con burla.
Akane la observó por unos segundos antes de dirigir su vista de vuelta a su plato vacío.
—No sé a qué te refieres —murmuró con neutralidad.
Kodachi rodó los ojos y observó hacia la entrada. Su mirada se posó en la persona que acababa de ingresar al restaurante y sus ojos comenzaron a brillar con malicia, era tiempo de comenzar a molestar a la peliazul.
—¡Vaya!, creo que ya sé por qué miras con tanto ahínco hacia allá, ¡Que guapo está el hombre que acaba de entrar al restaurante!
Akane, quien bebía de su vaso de agua, levantó la mirada y comenzó a toser estrepitosamente, atrayendo la atención de los hombres hacia ella.
—¡Ajj, que asco, Akane Tendo! Necesitaremos todas las servilletas del local para limpiar este desastre —exclamó la mujer con malicia.
"¡¿Qué diablos hacía él aquí?!" pensó la peliazul, cuando vió al hombre que apenas conocía, caminar por la entrada del restaurante hacia la zona de comida para llevar.
—¿Cariño, te encuentras bien? —le preguntó Kuno, levantándose rápidamente de su silla para darle unas palmaditas en la espalda, pues su tos aún continuaba.
El par de ojos claros del hombre centelleaban con disgusto, después de terminar de ordenar su comida, observó con amargura hacia una de las mesas donde una mujer de cabello azul tosía descontrolada.
La anfitriona del restaurante observó entre el hombre y la mesa que observaba. Segundos después conectó las ideas y se acercó al hombre... ¿Será esa la persona que la señorita le habría mencionado?
—Buenas noches, caballero, ¿buscaba a alguien?
Ryoga observó a la anfitriona y negó con la cabeza.
—No, estoy esperando mi comida.
La señorita asintió poco convencida, pero volvió a su puesto.
Ryoga sacó su celular y marcó el número de su mejor amigo, fue hasta el tercer timbre cuando finalmente le contestó.
—¿Dónde mierda está tu trasero, inútil? —gruñó exasperado.
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Ranma se recargó en su asiento y observó la escena que pasaba frente a sus ojos con disfrute.
—En casa, ¿dónde más debería estar? —le respondió alegre.
Ryoga gruñó.
—De haberlo sabido no te hubiera prestado mi moto.
Ranma sonrió y se acomodó en su asiento.
—No te enfades, Ryoga… Sabes que nunca he hecho lo que la gente espera que haga.
—¿Sabes qué? —respondió el amigo con amargura—. Tienes razón, ¡haz lo que quieras!, nos vemos mañana en el trabajo.
—Hasta mañana, Ryoga —murmuró el de la trenza antes de colgar.
Ryoga recibió su pedido y miró hacia la mesa de la peliazul, su tos ya había parado y se veía muy incómoda entre esa gente, pero eso… claramente no era asunto suyo.
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Akane observó a Ryoga salir del restaurante y suspiró con alivio. Menos mal que no se acercó a saludar o Kodachi, además de sus comentarios sobre cómo se debe comportar una mujer en la mesa, se hubiera pasado el resto de la noche diciéndole indirectas sobre lo fácil que podía ser dejar a su hermano por irse con cualquier hombre acorde a su "clase".
El mesero llegó a la mesa junto con otro compañero y dijo:
—¿Desean ordenar el postre? —preguntó mientras recogían los platos.
—Akane, cielo... ¿Te apetece un poco de helado de vainilla? —le preguntó Tatewaki mientras Kodachi y su padre ordenaban sus propios postres.
Akane asintió y dejó que Kuno pidiera por los dos.
Uno de los meseros extendió su mano hacia Akane de forma disimulada y dijo:
—Señorita, un caballero le envía esta nota —susurró con rapidez.
Akane tomó el papel y cuidando que nadie notara lo que hacía, extendió el papel.
"Ya son las 9:45, ¿Cuánto tiempo más tendré que esperarte?"
Akane levantó la vista del papel y miró confundida hacia las otras mesas, su mirada se detuvo del otro lado de la sala, donde sus ojos se encontraron con dos pequeños trozos de cielo que la observaban con diversión.
"¡¿Desde cuándo está ahí?!" pensó Akane sorprendida.
Dobló el papel y levantándose de su silla, se excusó con todos alegando que necesitaba usar el sanitario.
—Yo también necesito ir, vamos, Akane —murmuró Kodachi incorporándose y caminando hacia la zona de los sanitarios.
Akane suspiró y, mirando disimuladamente hacia la mesa de Ranma, se dió cuenta de que él también se había levantado de su silla y se dirigía a los sanitarios.
Kodachi entró a la habitación sin esperarla y Akane se detuvo junto a la puerta, ya que Ranma la había alcanzado.
—¿Desde hace cuánto tiempo estás aquí? —le preguntó observando sorprendida la vestimenta de su compañero.
Desde su mesa no había notado que Ranma usaba una chaqueta y pantalón a juego, "Se ve muy atractivo con ese conjunto" pensó la mujer con aprobación.
Ranma sonrió con satisfacción, nunca había notado esa expresión sonrojada en su compañera.
—No hace mucho... Pero me encantó tu rostro sorprendido cuando viste a la familia Kuno acercarse a tu mesa.
Akane arqueó una ceja confundida
—¿Qué? ¿Acaso estuviste espiándonos todo este tiempo? —le preguntó a modo de broma.
—Oye Akane, ¿no crees que ya es hora de irnos a casa? —le preguntó con una sonrisa de lado, en un intento de cambiar de tema.
La peliazul suspiró y asintió aliviada.
—Sí, por favor... solo usaré rápido el baño y después le avisaré a Kuno que me voy... ¿Dónde nos vemos?
—Ire por el transporte estacionado y te esperaré afuera.
—Okey, ahí te veo.
Ranma esperó a que Akane entrara al sanitario antes de girarse, dirigirse a su mesa para recoger los cascos de la moto y caminar hacia la entrada.
Akane se lavaba las manos mientras Kodachi la observaba con desprecio.
—Vaya, Akane Tendo, resulta ser una mujer muy libertina —murmuró la otra con repudio.
La peliazul enarcó una ceja y observó a la mujer divertida.
—¿A qué te refieres con eso, Kodachi?
—Hace un momento te escuché interactuar con un hombre y parecía que eran bastante cercanos.
—¿Ah, sí? Y dime... ¿Cuál fue la parte que te hizo pensar que soy una mujer libertina?
—Ninguna mujer respetable viviría en el mismo sitio que un hombre.
Akane se rió, a veces olvidaba cuan hipócrita podría ser la hermana de Kuno, caminando hacia la puerta, dijo:
—¡Oh! Entonces solo deben estar de paso como se acostumbra en tu casa, ¿no?
Kodachi iba a reclamarle, pero Akane ya había abierto la puerta y dos mujeres habían ingresado al sanitario. Su venganza tendría que esperar.
Ranma se recargó en la moto y sonrió de lado cuando vio que la peliazul salía del restaurante siendo perseguida por Kuno.
—¡Por favor Akane, insisto!, déjame llevarte a casa —le pidió el hombre aún sin darse cuenta de la presencia del hombre de la trenza.
La peliazul divisó a Ranma y sonrió en su dirección.
—No es necesario, ya tengo transporte.
—No dejaré que te lleve cualquier persona a casa —murmuró el castaño, sujetando el brazo femenino con enfado.
Akane miró asustada hacia su compañero y él decidió intervenir.
Ranma caminó con uno de los cascos en las manos.
—Buenas noches, Kuno —habló Ranma en tono grueso.
Tatewaki liberó a la mujer de su agarre y puso sus manos a cada lado de su cintura.
—Saotome, no sabía que te encontrabas por acá —murmuró el hombre con disgusto.
—Sí, bueno… tenía que venir por Akane —murmuró cuando ella se colocó a su lado—. Olvidaste traer tu casco —exclamó en tono suave, observándola con preocupación.
"¿Estás bien?" inquería con la mirada.
Akane aceptó el objeto.
—Gracias, Ranma —respondió con una sonrisa.
El de la trenza observó a Kuno con desprecio e intentando ocultarlo dijo:
—No se preocupe, Tatewaki —murmuró Ranma mientras su brazo rodeaba la espalda de la mujer, sin entrar en contacto con ella—. La llevaré a casa sana y salva.
Kuno sonrió con disgusto antes de posar su mirada en la mujer.
—Te veo mañana, Akane.
—No olvides lo que prometiste, Kuno —exclamó ella.
El hombre asintió y miró por última vez a Ranma.
—Cuídala bien, Saotome.
—No lo dudes ni por un segundo —respondió inexpresivo.
Kuno comenzó a caminar hacia el restaurante sin despegar la mirada de Ranma.
Akane suspiró y puso su mano sobre el brazo de Ranma, cortando la batalla de miradas que mantenían entre ellos y le sonrió cuando puso su atención en ella.
—Ranma —susurró con suavidad—. Vámonos ya.
El de la trenza le sonrió coqueto.
—Está bien, vamos a casa.
Los dos caminaron hacia la moto estacionada y mientras Akane se ponía el casco, Ranma se acomodó en el vehículo.
—Oye, ¿es mal momento para decirte que esta es la primera vez que monto una motocicleta? —preguntó nerviosa.
El de la trenza prendió la moto.
—No… eso es absolutamente maravilloso —murmuró con una enorme sonrisa llena de diversión y venganza.
La luz del semáforo cambió a verde. Ranma aceleró y sintió la presión de los brazos de Akane sobre su torso.
—¿Todo bien allá atrás? —preguntó observándola por el espejo.
Akane mantenía los ojos cerrados y recargaba su mejilla en el hombro de su compañero.
—¿Falta mucho para llegar? —gritó con fuerza para que su compañero la escuchara sobre el ruido de la motocicleta.
Ranma sonrió.
—Voy a pasar a la tienda, ¿Está bien?
Akane asintió y se abrazó aún más a Ranma cuando éste aceleró al dar la vuelta a la calle.
—Akane… —murmuró el de la trenza con suavidad.
—¡¿Qué?! —le gritó la mujer un poco sorda.
—Ya podemos bajarnos de la moto.
La mujer abrió los ojos y miró alrededor, Ranma se había detenido en el estacionamiento de la tienda de conveniencia que había a unas cuantas cuadras de su departamento.
El de la trenza carraspeó y Akane se soltó.
Bajando con cuidado de la moto, Akane se quitó el casco y miró a su compañero con una mezcla de molestia y fascinación.
—Estás loco, te dije que era la primera vez que me subía a una moto —le recordó en regaño.
—¿Y?
—¡¿Y?!. ¡Pudimos haber tenido un accidente!¡¿Por qué ibas tan rápido?! —exclamó alterada.
Ranma enarcó una ceja.
—Porque tengo hambre, Akane, aún no he cenado nada.
La peliazul lo observó confundida
—¿No has cenado? Pero, yo creí que...
—Contéstame algo rápido —le interrumpió el de la trenza, quitándose el casco—, ¿te sentiste incómoda mientras conducía la moto?
—No.
—¿Con miedo?
—Un poco.
—¿Te lastimaste?
—No.
Ranma sonrió divertido y se bajó de la moto.
—Bien. Ahora, si no es mucho pedir... iré a comprarme algo para cenar —murmuró dejando el casco sobre el manubrio y caminando hacia la entrada de la tienda.
Akane dejó el casco junto al de él y corrió hacia la puerta para alcanzarlo.
—¿También vas a comprar de comer? —inquirió cuando ella se puso a su lado.
—Tal vez compre algo —murmuró pensativa.
—¿Sabes? se me antoja un buen tazón de fideos picantes —murmuró Ranma antes de tomar una canasta y comenzar a caminar.
Akane le sonrió a su espalda y lo siguió por el pasillo hasta el estante de los fideos instantáneos.
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Los dos caminaban de regreso a la moto, Ranma guardó las bolsas en el compartimento de debajo del asiento y se sentó sobre él.
Akane frunció el ceño.
—Si se derrite lo que compré...
—Si, si... no le va a pasar nada. ¡Sube ya, mujer! —le interrumpió el de la trenza.
Esperó a que Akane se acomodara en la parte de atrás y hasta que sintió los brazos de su compañera rodear su torso, arrancó la moto.
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Las puertas del elevador se abrieron y los dos caminaron por el pasillo hasta la puerta de su departamento.
Ranma sostenía las bolsas mientras esperaba que la peliazul abriera la puerta.
—¿Por qué compraste helado? —le preguntó con curiosidad a la peliazul.
Akane formó una pequeña sonrisa.
—Ese iba a ser el postre de la cena con Kuno, no quería quedarme con el antojo.
Ranma dejó que ella entrara al departamento primero y mientras se dirigía a la cocina para dejar las bolsas sobre la mesa, Akane se fue a lavar las manos.
—¡Voy a tomar mis cosas de las bolsas! —gritó la peliazul mientras Ranma caminaba por el pasillo para ir al baño.
—¡Okey! —fue su respuesta antes de cerrar la puerta.
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Cuando los dos se acomodaron en el sofá de la sala, uno con su tazón de fideos picante y la otra con su tazón de helado, el reloj de la casa marcaba las 11:10 pm.
Los dos comían y al mismo tiempo platicaban sobre su día.
Ranma sonrió divertido cuando notó a la peliazul enfocada en devorar su helado. Dejando su tazón de fideos vacío sobre la mesita, giró su cuerpo para enfrentarla y dijo:
—¿Cuál es tu sabor favorito?
Akane lo miró confundida.
—Me refiero al helado.
—¡Oh!.. De vainilla —murmuró levantando el tazón que sostenía en sus manos.
—Vainilla... ¿Por qué? —preguntó con curiosidad.
La peliazul se sonrojó y apartó la vista.
—Pues… cuando era pequeña, mis padres solían comprar helados cada vez que íbamos al parque. Yo siempre elegía cualquier sabor que se me antojara, pero mi madre siempre pidió vainilla, era su favorito… Cuando tenía doce, una semana antes de que ella falleciera, las dos fuimos en secreto al parque para comprarnos un helado, como no había ninguno que me gustara, mi madre me compró uno igual al suyo —Akane detuvo su explicación para limpiarse las pequeñas lágrimas que comenzaban a caer por sus mejillas y continuó hablando—. "Puedes escoger cualquier sabor de helado, Akane. Pero no importa en dónde lo compres, el de vainilla siempre sabrá igual" fue lo que me dijo mi madre para alentarme a probarlo.
Ranma se mantuvo callado mientras esperaba a que ella continuara hablando.
—Mi mamá tenía razón, incluso aquí en Tokio, el sabor a vainilla es el mismo... No sé en qué momento se convirtió en mi favorito, pero supongo que es porque me recuerda mucho a ella —murmuró levantándose del sofá.
—Eso no tiene nada de malo, Akane —respondió el de la trenza, imitándola—. Lamento ser tan curioso, es que... también es mi sabor favorito —murmuró incómodo antes de alejarse con los trastes sucios.
Akane suspiró y caminó a su habitación cuando escuchó que Ranma comenzó a lavar los trastes.
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El reloj de la casa marcaba las 11:40, cuando finalmente los dos se fueron a dormir.
Hola a todxs, espero que se encuentren muy bien y que se sigan cuidando mucho.
¡Gracias por sus reviews, me hace feliz que les esté gustando el fic!
¡Les mando un enorme abrazo!
¡Soy Tóxo kai Bélos, nos leemos en la próxima actualización!
