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Percibe el poder en su interior, estirando sus dedos admira el poder que siente correr por sus venas, los huesos le arden, pero es un calor que no le hace daño, por el contrario, la hace sonreír. Maravillada por esa extraña sensación, no se limita a observar su brazo izquierdo. Traza un camino por su mano izquierda, suaves movimientos desde el codo hasta la muñeca, una caricia perezosa de reconocimiento.

Casi puede delinear la varita de hueso bajo su piel.

Su magia le llama como una voz que solo ella puede escuchar. Suave y profunda, parece susurrarle al oído.

Suspira excitada como una bestia salvaje que sabe que pronto tendrá entre sus fauces a su víctima para saciar sus instintos.

El viaje es largo, pero falta poco, -Se repite- conteniendo un jadeo. Viaja sola en un compartimento de tren. Es el ultimo tramo de camino para encontrarse con su destino.

Cuando al fin el tren llega a la estación se maravilla del lugar. Absorbe cada detalle a su alrededor, lleva a cuestas un baúl con sus pertenencias. Sus ojos azules absorben todo lo que ve, grabando en su memoria cada instante como no quisiera olvidar absolutamente nada.

Alguien la espera. Un mago sostiene entre sus manos un cartel con su nombre, por supuesto no el real, sino aquel que a diseñado para poner en marcha sus planes.

Se acerca con seguridad al hombre, con su baúl flotando a pocos pasos tras ella. Le sonríe encantadora, tiene bien dominado el papel que debe de desarrollar para salirse con la suya.

-¡Bienvenida!

Le satisface la sorpresa y admiración que rápido ve reflejada en su mirada. El mago parece complacido por su belleza.

-Señorita Stoico, soy Ernest Willow. Fui asignado para escoltarla hasta Hogwarts.

-Un placer conocerle.

Extiende su delicada mano para tomar la mano que le ofrecen.

Ernest se estremece por su toque, pero trata de ignorar la extraña sensación que le recorrido al tocarla. Se apresura a tomar las cosas de la joven para guiarla con galantería al carruaje que ya les espera.

-llámeme por mi nombre de pila, solo Annika. -Una sonrisa aparentemente agradable cuaja en sus labios.

-Puedes llamarme Ernest.

Annika toma el brazo que le ofrece para subir al carruaje. Trata de aplacar los latidos de su corazón, esta tan cerca de su venganza que quiere echarse a reír, pero se contiene. Por el contrario, centra sus atenciones al joven que tiene delante, que la sigue mirando cautivado.

Cuando están por llegar al castillo puede ver a dos personas esperando en la entrada.

Una joven hermosa de cabellos largos y negros está en compañía de un hombre. Parecen animados hablando entre si.

"¡Es ella!" escucha que susurran en su cabeza.

Aprieta los puños con fuerza, tratando de aplacar las ganas de tomar su varita entre sus manos para aniquilarla.

"Se paciente" la reconviene la voz de manera cortante y fría. Haciendo que un estremecimiento la recorra. "No puedes tocarla, ella es mía" -Le advierte.

-Estoy seguro de que te encantara este lugar.

-Estoy segura de que así será.

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Hermione esta sepultada en un montón de documentos, cualquier pudiera pensar que su trabajo es desquiciante y aburrido, pero no para ella. Disfruta cada parte de sus deberes, desde el aroma a pergamino y tinta, como la satisfactoria sensación de estar contribuyendo para mejorar la vida para alguien.

Hace dos años que dejo a cargo de Nott el proyecto de la reinserción social de infractores mágicos, queriendo retomar sus sueños. Los años le había ayudado a madurar y comenzar a dilucidad que quería comenzar a hacer un cambio para aquellos seres menos favorecidos.

Lucius le había motivado para retomar su carrera.

-Esto es mas de política que de leyes.

Le había dicho la primera vez que hablaran claramente sobre sus proyectos para estudiar las obsoletas leyes que todavía regían a los hombres lobo. Al principio no estuvo de acuerdo, pero no tardo en concederle la razón. No bastaba ser brillante, necesitaba aprender a mover los hilos que dominaban el mundo.

Alguien llamo a su puerta, sacándola por un momento de sus pensamientos.

-Adelante. -Pidió cortésmente, sin apartar sus ojos de los documentos de que revisaba de inmediato.

-Hermione, quiero presentarte a tu nuevo asistente.

-Por favor, pasa.

La castaña por fin dejo los documentos señalando la silla que tenia en frente de su escritorio.

-Él es Faddei Stoian, fue trasladado de Rumania. Se especializa en leyes internacionales.

-Un placer conocerle Señor Stoian. Soy Hermione Malfoy la titular del departamento.

-Usted no necesita presentación. -La alago estrechando su mano con firmeza. -Me gustaría que me llamara solo Faddei, las formalidades no son lo mío.

Se encogió de hombros con galantería, su sonrisa era radiante cuando tomo la mano de Hermione, entreteniéndose mas de la cuenta antes de soltarla.

-Gracias Faddei. Espero que sea de tu agrado estar aquí, por tu currículo puedo darme cuenta que estas mas que calificado para el puesto.

-Mis padres pusieron especial empeño a que me dedicara a leyes, esperaban que pudiera hacer grandes cosas.

-Estoy segura de que así será. Tus padres vinieron contigo o se quedaron en Rumania.

-Ellos murieron.

-Cuanto lo siento. -Se disculpo, estirando su mano para ponerla sobre el joven que mostro una mueca de dolor.

-No se preocupe, fue hace mucho tiempo. Un accidente de auto.

Hermione se aclaró la garganta, arrepintiéndose al instante por sacar el tema, Faddei tenia una historia terrible a cuestas, aunque estaba muy lejos de imaginar que tanto.

-Megan te ayudara a instalarte.

-Gracias.

Los peculiares ojos de Faddei se fijaron en Hermione uno segundos antes de girarse.

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Percibió su aroma antes de que abriera la puerta. Había pensado en el desde la mañana, ese día se cumplía el plazo que ambos acordaron para volverse a ver. La espera fue larga en esos 3 meses. Ernest fue su único enlace en ese tiempo, seguía siendo su guardia, aunque sabían que en poco tiempo dejaría de serlo.

Suspira profundo para intentar controlar los nervios, cuando escucha que llaman a la puerta ya no puede ocultar una sonrisa radiante a pesar de la tensión en el cuerpo. La anticipación hace que parezca que un ejército de mariposas han irrumpido en su estómago.

Aspira con fuerza el aire, confirmando que se trata de su esencia. Tiene los sentimientos a flor de piel, tiene que parpadear varias veces para evitar que las lágrimas se acumulen en sus ojos.

Se levanta para abrir ella misma la puerta, no es capaz de esperar un segundo más.

Es abrir la puerta y verlo, para saber que el tranquilizador calor en su pecho sigue ahí. Le quiere realmente, quizás no desde el primer momento, pero sabía que se había ganado su corazón y su respeto tan rápidamente que apenas fue consciente de ello.

Louis le sonríe, con los ojos azules brillantes. Lleva las mejillas rojas por el frio de afuera y le tiemblan las manos y el cuerpo, pero eso es lo menos importante. Cuando ve a Destiny a los ojos, sabe que lo han logrado.

Abre los brazos para estrecharla contra su cuerpo, envolviéndola firmemente, disfruta del aroma de sus cabellos negros.

El corazón quiere salir de su pecho y las lágrimas a esas alturas fluyen rebeldes por los rostros de ambos. Su amor es real.

Les toma un tiempo recomponerse, se sienten incapaces de soltarse ahora que están juntos. Cuando por fin Destiny levanta el rostro, Louis se inclina para besarla.

Ya no está esa conexión subyugante. Sus corazones no están sincronizados, ni pueden apreciar los sentimientos de otro, pero la realidad es que el sentimiento importante se sobrepuso a las expectativas de una manera que los tiene felices, disfrutando de ese encuentro.

No rompen el abrazo, disfrutan del momento. Los miedos por fin se han disuelto en el cuerpo y la mente de Louis. Se regaña internamente pensando en sus dudas, en ese visceral terror de que las cosas hubieran cambiado al romper su vínculo.

Su relación es poco común, lo saben. Es como si hubieran empezado de atrás hacia adelanta. Unidos por un destino que le encantaba tirar de los hilos para después romperlos, para que con sus propias manos tuvieran que construir de nuevo sus vidas juntos.

En esos meses Destiny se enfrento a Teddy. Aun le dolía el corazón al verle, aun podía sentir esa presión angustiosa en su pecho que la llenada de decepción y un agudo dolor que no superaba del todo. No era que lo todavía lo amara, era más bien que aún se sentía traicionada y herida.

Ese encuentro fue necesario, pero no era fácil. Enfrentarse a sus demonios no era una tarea sencilla, después de todo Lupin en algún momento fue el centro de su vida, porque antes de todo fue su amigo, su cómplice y su confidente. Fue quien tomo su mano cuando aún no se abría del todo, cuando aun temía no ser querida y aceptada.

Teddy le dio fuerzas, le dio calma. Le quiso con sus inseguridades, hasta que descubrió sus lazos de sangre.

Antes de saber quiénes fueron sus padres biológicos, se había encargado de procurarla, de reforzar su confianza, de apoyarla cuando se vio consumida por los Horrocrux. Por el había estado dispuesta a morir y cuando logro sobrevivir rogo a los cielos que Teddy pudiera entender que ella no era una extensión de sus padres y sus crímenes.

Ver caer su fe en ella, el rechazo en su rostro fue un duro golpe del que le llevo años reponerse.

Había seguido su vida lo mejor que podía, inmersa en una rutina que no le daba tiempo para compadecerse o lamentar que su primer amor la rechazara.

Ahora frente a frente de nuevo, no podía mirarle de la misma manera. Todo cambio, hasta dejarle el triste sentimiento que no reconocía a la persona que tenía delante. Porque podían ser los mismos ojos vivaces, el color multicolor de sus cabellos, su rostro, pero no encontraba al niño de sus recuerdos, al amigo incondicional, al confidente.

Era la primera vez que lo enfrentaba, después de la manera hiriente en que la atacara por su origen delante de Louis y Ernest. Podía percibir a simple vista su arrepentimiento, la tristeza y la culpa en sus ojos, pero ya no era suficiente para dejar ir sus reservas, y el punzante malestar de sentirse herida.