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Tenerla cerca hace que su corazón se agite con fuerza, la necesidad de tocarla se vuelve insoportable, un ardiente calor le atraviesa los huesos. La excitación le provoca estirar la mano para sentir, aunque sea un poco su piel. De manera contradictoria un sudor frio le recorre lentamente la espalda.

Intenta con todas sus fuerzas contenerse, pero el estremecimiento que la agobia le está volviendo más difícil respirar cada vez.

Cada movimiento la engatusa, se siente como el felino que persigue la madeja de estambre. Una necesidad tan primaria como respirar.

-¿Estas bien?

La pregunta la sobresalta lo suficiente para recoger la mano que ya estiraba para tocarla. Al girarse pierde el equilibrio, termina tropezando con sus propios pies.

Es demasiado.

Las palabras no salen de su boca, sus ojos se cierran cuando todas las fuerzas la abandonan, perdiendo el sentido en los brazos de Ernest, quien la mira asustado.

-Hay que llevarla a la enfermería. -Destiny le pide tomando con cuidado la muñeca de Annika para sentir su pulso.

Ernest no duda, la acomoda mejor entre sus brazos, llevando su preciosa carga hasta la enfermería. Para que atiendan a la joven rubia.

Cuando Annika recobra el sentido, tarda algunos minutos en recordar lo que paso, de manera instintiva toca su mano izquierda, como si temiera que ya no encontraría mas la varita que esta escondida en el interior de su brazo.

Siente la magia fluir dentro de su cuerpo, suspira con alivio, tratando de incorporarse.

-No te muevas. -Le pide con calma Destiny, quien esta entrando a la enfermería llevaba un vaso de agua y un frasco pequeño en sus manos.

-¿Qué paso? -Pregunta inquieta, temiendo haber revelado de alguna manera su fachada.

-Te desmayaste, pero al parecer no es nada grave, posiblemente un golpe de calor. Fue a recoger una poción revitalizante para ti, estoy segura de que te hará mejorar rápidamente. El calor es sofocante en el invernadero en esta época del año.

La rubia parece aliviada.

-Posiblemente. -Admite. -Lamento las molestias.

-No has causado ningún problema. Ernest a estado cuidando de ti, pero le pedí que fuera a comer algo si quería continuar velando tu sueño. Le interesas.

Destiny sintió la necesidad de aclarar el interés de su amigo. Había algo en Annika que le resultaba extraño, aunque aun no era capaz de deducir de que se trataba. Quería asegurarse de que fuera consciente de sus sentimientos.

La mirada gris de la joven Malfoy se centra con atención en el azul de los ojos de Annika, quien parece aturdida. No por el desconocimiento del interés que le a mostrado Willow desde que llego, si no, por la amarga sensación que experimento por la preocupación evidente de Destiny.

-¿Ernest te gusta? -Pregunta, tratando de contenerse.

Apretando en un puño las sabanas con su mano izquierda, con la suficiente fuerza como para hacer que sus nudillos se pongan blancos.

-Somos amigos. -Aclara, negando suavemente con la cabeza. -Espero que no me malinterpretes, Ernest es uno de mis mejores amigos, me preocupo por el.

-Entiendo.

La palabra suena amarga en sus labios.

-Por eso me atrevo a pedirte que, si no sientes nada por el, seas clara. A pesar de ser alguien extrovertido en apariencia, puede llegar a ser muy sensible respecto a sus afectos.

-Eres una buena amiga.

-Trato de serlo.

Hace una larga pausa esperando una respuesta que no llega, suspira con resignación ya que no quiere parecer entrometida.

-Es hora de que tomes la poción e intentes volver a dormir, necesitas descanses un poco más.

-Gracias. -Al tomar el frasco que le ofrece, al fin es capaz de rozar sus dedos con los suyos.

Annika no puede describir lo que sintió con el ligero toque.

Un color rosa cuajo en sus mejillas, los latidos de su corazón se vuelven inestables, igual que su respiración.

Destiny percibe el cambio, las mejillas rojas le alertan. Se atreve a estirar la mano para ponerla contra su frente, con la finalidad de evaluar su temperatura.

La rubia tiene que contener un gemido ante el cálido toque de su mano. Un deseo lánguido le atraviesa como una corriente eléctrica. Los vellos de su piel se erizan al tiempo que una necesidad crece en su bajo vientre.

No comprende por qué Destiny la trastorna. Poco sabe que lo que percibe en su cuerpo es el deseo de Lestranger por poseer a joven.

Tiene que echarse hacia atrás para tumbarse de nuevo en la cama, necesita alejarse del toque de la pelinegra, antes de cometer una locura.

-¿Te sientes bien? -Pregunta la joven Malfoy con preocupación evidente.

-Sigo un poco mareada. -Admite con la voz temblorosa.

Se lleva las manos a las mejillas intentando aplacar el calor que florece en su rostro. Desvía su mirada evadiendo la inquisitiva mirada gris que sigue cada uno de sus movimientos.

En ese momento la puerta se abre para dejar paso a Ernest, lo que hace que Annika suspire de alivio cuando Destiny desvía su atención al recién llegado.

-Ya despertó.

-Me alegro mucho, ¿Cómo te sientes?

-Mucho mejor, gracias.

Ernest le dedica una sonrisa radiante.

-Ya que estas aquí, me retiro. Tengo que preparar una clase.

-Gracias Destiny.

Annika no a podido contenerse. Cuando esta por marcharse Destiny, la detiene sujetándola suavemente de la muñeca.

-Has sido muy amable.

-Para eso estamos los amigos.

No le queda más remedia a Annika que liberarla. Haciendo un gran esfuerzo lo hace, sabe que se esta jugando la vida por una estupidez sin sentido.

Tocarla a sido un error y lo sabe, aunque no hubo manera de resistirse. El deseo que nació de ese toque sigue con fuerza en su cuerpo, haciendo que se agite como nunca lo a hecho. Siente que va explotar si no encuentra un alivio, el deseo quiere ser satisfecho.

Ernest se alarma al escucharla gemir. Sigue con las mejillas rojas, por lo que tiene el impulso de hacer lo mismo que había hecho Destiny momentos antes, coloca con cuidado la mano sobre su frente para evaluar su temperatura, creyendo que posiblemente tenga fiebre.

Poco sabe que el calor que recorre a la joven es un deseo que clama por ser satisfecho.

Es tocarla para sentir un magnetismo extraño que le llama. Es como el canto de sirenas que le hipnotiza y hace que se incline sobre ella para besarla.

Pronto el beso evoluciona. Annika gime y se retuerce bajo su toque, se aferra a su ropa para que no huya, necesita que Ernest aplaque ese calor abyecto que la esta quemando por dentro.

Ambos apenas son conscientes de lo que ocurre, la parte racional de sus cerebros se a apagada. Rodolphus Lestranger se a encargado de eso. Ahora son puro instinto y el placer les abruma, mientras se entregan uno al otro, siendo victimas de una magia que no perciben, pero que si sienten correr por sus venas.

No es racional, Ernest no es capaz de pensar, solo siente, el calor envolvente endurecerlo, la piel blanca de Annika le llama, susurra su propio deseo con gemidos cortos, suplicas incomprensibles.

Entrar en ella es la gloria y el infierno.

En alguno momento cuando están saciado, Ernest comprende que algo acaba de cambiar en su vida para siempre, aunque no es consciente, que tanto sufrirá por esto.

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A pasado meses bajo la tutela de la Señora Malfoy.

Los peculiares ojos de Faddei siguen con fascinación a su presa. Al principio su vigilancia extrema es justificada, pues necesita conocer bien los movimientos de su presa antes de atacarla, pero conforme transcurren las semanas, su obsesión crece y se tuerce en algo distinto.

Desea a Hermione.

Sus celos arden cada vez que Draco Malfoy le visita en su lugar de trabajo, con cualquier estúpida excusa.

Quiere matarle. Evitar que toque esa piel bronceada. No merece besar sus labios o tener su cuerpo.

La ira crece conforme pasan los días. La obsesión se vuelve infranqueable. A penas puede contenerse cuando ve como se encierran en la oficina de su jefa durante el almuerzo, sabiendo muy bien sus intenciones.

Sabe que tras la puerta cerrada la estará tomando, que se perderá en su cuerpo, como el desea perderse.

La rabia se vuelve implacable, sin pensarlo acorrala a una de sus compañeras más jóvenes. Sabe que no va a resistirse, porque a mostrado abiertamente que le gusta.

Ella es tan buena como cualquiera para vengarse un poco, para aplacar los celos y la rabia, pera dejarse consumir por la pasión al menos por un momento, antes de cometer una locura e irrumpir en aquella oficina para asesinar al maldito bastardo que se atreve a tocar algo que solo debe ser suyo.

Lleva a joven al archivo, sin delicadeza alguna la empotra contra un mueble, levantado su falda hasta las caderas, desgarra su ropa interior y sin aviso entra profundo, acallando un grito con sus labios. No le importa saber si es de dolor o placer, no le interesa la mujer en la que entra.

Se sacia besando sus labios de manera brutal. Entrando con fuerza, sin clemencia, hasta que el clímax explota. Gadea contra su cuello, recuperando el aliento.

Cuando recobra las fuerzas se aparta, para darse cuenta de que ha tomado demasiado de Eva, a sido su primera vez y fue demasiado para ella. Su rostro humedecido por las lagrimas lo hacen consciente de su error, pero ya es tarde.

La ayuda a ponerse de pie, antes de marcharse. Dejándola sola en aquella pequeña habitación llena de polvo.

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Potter a tratado de tirar del tiempo tanto como a podido, sin embargo, el ministerio le obliga a retirar la guardia de Destiny. Las muertes han parado, consideran que los riesgos han desaparecido. No importa lo mucho que a insistido que la maldita Varita de Hueso sigue activa y acechando.

En la última reunión con los Malfoy, les puso al tanto de que el caso sería cerrado. Si Louis y Ernest decidían quedarse con Destiny en Hogwarts debían de darse de baja como aurores, para solicitar un puesto permanente en el colegio o bien, ser contratados por Draco como guardias independientes.

Cualquiera que fuera el caso, el ministerio se deslindaría por completo del caso.

Draco estaba furioso al igual que Hermione, pero todo rastro se enfrió después del ultimo cuerpo encontrado.

Parecía que la sed de la varita se hubiera calmado de alguna manera. Aunque Hermione se inclinaba más por la hipótesis de que encontró alguna manera de ser autosuficiente, después de todo, dejar un camino de cuerpos le hacia vulnerable, pues tardo o temprano ese sembradío de muerte hubiera hecho que localizaran su ubicación tarde o temprano.

No podía ni siquiera imaginar el método empleado, pero estaba convencida que se trataba de magia oscura, como cuando el Lord Oscuro se alimentaba de sangre de unicornio para mantenerse en el cuerpo de Quirrell.

Las investigaciones seguirían por supuesto por su cuenta. Tarde o temprano se revelaría algún indicio de la Varita de Hueso, lo que lejos de tranquilizarlos les preocupaba. Porque lo único que tenían por seguro es que necesitaría la sangre de Destiny para intentar regresar a la vida.

La mera idea le ponía los pelos de punta, pero tenían que ser realistas ante las circunstancias. La sangre de Destiny despertó el fragmento de alma de Lestranger e iría tras ella una vez que obtenga las fuerzas necesarias para hacerse ver.

Con ese conocimiento Louis estaba dispuesto a todo por proteger a su novia. No necesitaba la retribución de un pago para permanecer en el colegio, después de todo su labor como instructor le gustaba mucho y la retribución era buena. Sumado a todas esas ventajas, gran parte de su día podía estar con Destiny.

Willow también encontró razones para permanecer en el colegio, la de mayor peso tenia nombre y apellido, Annika Stoico. Contrario a lo que pudieran pensar no tenían una relación formal, Annika fue contundente al respecto, no buscaba un novio, estaba enfocada en su trabajo y no era apropiado que iniciando en trabajo se les viera juntos. Al menos, esa era la excusa para mantener una relación en secreto, volviéndolo algo meramente físico para ella, aunque para Ernest fue completamente diferente.

Annika le hizo prometer que nadie podría saber de su relación, eso incluía a sus mejores amigos, Louis y Destiny. Con lo que no contaba, era que había algunas cosas que no podían ser ocultadas de los ojos o mejor dicho del olfato de la mayor de los Malfoy.

Destiny sabia a ciencia cierta que estaban juntos, aunque desconocía los términos, su olfato no la engañaba podía percibir sus aromas mezclados. A pesar de todo, fue prudente al respecto, mantuvo el secreto, aunque no podía controlar que su corazón estuviera intranquilo.

La manera en que Annika la miraba no le gustaba en absoluto. Como tampoco la manera indiferente en la que trataba a Ernest, sin embargo, lo que le preocupaba mas es que algunos días parecía percibir que su aroma cambiaba momentáneamente. Percibía visos de musgo y madera, una combinación que le causaba escalofríos, pero cuando se concentraba para confirmar que estuvieran esas notas en el ambiente, estas parecían esfumarse, para dejar a su paso únicamente el aroma a jazmín de la rubia.

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