[Lo que Ocurre bajo el cielo]

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[cap1: Introducciones]

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[1816].

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Félix no pudo evitar notar que aquel anciano abogado era casi tan viejo cómo su pobre abuelo que acaba de morir. Él casi hubiera querido quitarle de las manos aquel tembloroso testamento que bailaba de arriba hacia abajo sin ningún control, con el fin de poder leerlo por sí mismo, ya que sus condiciones eran completamente inadmisibles.

La blanca y venosa mano del abogado puso el testamento sobre el forro de cuero de su escritorio, en tanto retiraba sus lentes de lectura. Aquel movimiento parecía haber sido repetido en infinitas ocasiones, tras años de práctica y ejercicio de la carrera. De seguro aquel abogado nunca había visto un testamento con condiciones tan inusuales como el de su abuelo.

– En realidad, las condiciones de este testamento son bastante usuales– dijo el anciano mientras cruzaba sus manos sobre su escritorio.

– ¿Lo son? – preguntó Emilie Graham de Vanilli. Félix tuvo el impulso de hacer semejante pregunta en primer lugar, pero se abstuvo, ya que su pobre mamá había tenido demasiadas emociones en las últimas semanas. Primero, la muerte de su padre, y ahora esto.

– Claro que lo son, todo hombre de gran fortuna desea asegurar la continuidad de su casa– respondió el abogado.

– Por supuesto – respondió su mamá. Félix apenas la miró, él la conocía lo suficiente cómo para saber que no compartía la opinión del abogado, aquello no era razonable, y sólo acrecentaba el dolor producido por la abrupta muerte de su padre.

Su abuelo nunca fue la persona más agradable del mundo, pero si algo debía reconocer Félix, es que lo amaba como a nadie. Él sabía que era su nieto favorito. Probablemente, porque pasaba horas en las montañas de las tierras altas con él, o porque solía tomar cualquier libro de la biblioteca y sentarse a leer a los pies de la gran silla en donde el anciano pasaba la mayor parte del tiempo. Félix sentía que de alguna manera los dos tenían un carácter muy similar.

Tal vez por eso el dolor fue insoportable aquella mañana de domingo cuando lo encontró en su cama sin ningún signo de vida. Nadie en la casa Graham de Vanilli reparaba en la ausencia del abuelo como él, por lo que tras descubrir que aún no había tomado su desayuno, él caminó a su habitación y lo buscó. Félix se dio cuenta de inmediato que algo marchaba mal, ya que la expresión en el rostro del anciano no parecía normal, sus labios se encontraban apretados y ligeramente amoratados.

Félix acercó una silla a la cama de su abuelo, y permaneció por un largo rato allí. Aquella intimidad se sentía familiar, como la que había compartido en vida, y era completamente inadmisible pensar que sería la última vez que los dos compartían aquella cómoda soledad. Posiblemente, fue por aquel amor que le tenía que aún no podía entender la inaudita condición que le imponía.

– Es muy simple, el joven Félix tiene que casarse, y asegurarse de que continuará el nombre familiar, de lo contrario, si él no cumple con el legado, el dinero de los Graham de Vanilli pasará al primer heredero varón.

– Mi padre no tuvo hijos varones– contestó Emilie.

– Si no me equivoco, su hermana es mayor que usted por cuestión de minutos, por lo que en teoría la fortuna habría de parar en manos de su viudo, el señor Agreste. El señor Graham de Vanilli estaba muy interesado en encontrar una forma de evitar este destino, así que decidió dejar todo a nombre de su nieto Félix Graham de Vanilli, a condición de que contraiga matrimonio con el fin de continuar el apellido familiar– dijo el abogado.

– A papá nunca le simpatizó Gabriel Agreste, en cambio a Félix lo adoraba – agregó su madre quien se veía más pálida de lo usual con aquel traje de luto.

– Tiene un año para cumplir la condición del testamento, de lo contrario me temo que no podemos dilatar el asunto por más tiempo. Gabriel Agreste ya tiene a sus abogados moviéndose a favor suyo, no podemos esperar, debemos mantenerlo vigilado, de lo contrario él moverá sus cartas primero. – dijo el sujeto.

Félix apenas prestó atención a la conversación que siguió a aquel discurso. Lo único que se preguntaba en aquel momento era de dónde diablos iba a sacar a una mujer que estuviera dispuesta a casarse con él. Félix no estaba orgulloso, pero él había sido un adolescente verdaderamente catastrófico, que no había hecho otra cosa que crear problemas y ganarse la mala voluntad de todas y cada una de las damas elegibles de Inglaterra.

Emilie y Félix salieron de la oficina y caminaron un par de cuadras por las elegantes calles de Belgravia, en donde vivía aquel anciano abogado. Félix ya podía ver su carruaje cuando sintió la mano de su mamá apretarlo fuertemente por el codo, y él supo que era momento de enfrentar la realidad.

– Félix sabes bien que si Gabriel Agreste llega a quitarnos el dinero de tu abuelo, estaremos perdidos, él no es un hombre compasivo, al día siguiente nos pondrá en la calle– comenzó Emilie apenas sin aliento – tú eres joven, educado y eres un hombre, de seguro podrás encontrar una profesión, pero yo soy una mujer y no me estoy haciendo más joven, que voy a hacer… – prosiguió su mamá quien usó un pañuelo para ahogar las lágrimas.

– Mamá– comenzó Félix quien hizo todo por conservar la calma en tanto la tomaba por los hombros y le dirigía su mejor sonrisa alentadora– ya encontraré alguien con quien casarme, no te preocupes.

– ¿Me lo prometes? – preguntó Emilie.

– Por supuesto que sí – le aseguró Félix.

Félix subió a su carruaje mientras pensaba una y otra vez en la absurda promesa que le había hecho a su madre. Él sabía a la perfección que aquello era prácticamente imposible de cumplir. Nuevamente, Félix pensó en su adolescencia. Desde el mismo momento en el que había cumplido los 15 años él había decidido que no se casaría. Desafortunadamente, las ambiciosas mamás de toda la clase alta londinense pensaron justamente lo contrario. Cada una de ellas querían el nombre Graham de Vanilli para sus hijas, aunque su título no fuera la gran cosa, su dinero si lo era, por lo que de todas partes de Inglaterra llegaron chicas con impresionantes ascendencias y dotes.

Él las despreció a todas y cada una de ellas, pero no de una manera regular, no, de la manera más brusca posible. Félix quería asegurarse de que se corriera la voz, que se supiera que él no estaba disponible. Después de todo, su abuelo siempre le decía que le daría toda su fortuna, y él no necesitaba más. Félix lo hizo todo, desde terribles desplantes públicos en bailes, hasta rechazos a invitaciones de compromisos. Él recordaba especialmente a una chica a la que había rechazado luego de que le hubiera invitado a escuchar un dueto en un concierto, probablemente ese había sido uno de sus peores desplantes.

Muy pronto, las madres de las agraviadas dejaron de invitarlo a sus bailes, e incluso le fue negada la entrada a un par de clubes de caballeros cuyas membresías eran administradas por señoras de la alta sociedad, que solo querían conseguir aceptables alianzas para sus hijas manteniendo a todos sus posibles prospectos bajo su atenta mirada. Félix había decidido jugar en contra de las reglas de la alta sociedad, y ahora lo pagaba y con creces. Su anciano abuelo tenía una perversa manera de enseñarle que no se puede pasar la vida pateando en la cara a los que nos rodean. En aquel momento, Félix resintió a aquel mocoso de 15, 14 y 16 años que había arruinado todas sus esperanzas de formar una adecuada imagen, ya que no sabía cómo lograría conseguir una invitación o siquiera que una mujer le regalara una mirada.

– Mamá– dijo Félix mientras veía el paisaje cambiar conforme avanzaban por las calles.

– La temporada está cerca de empezar– dijo – las grandes anfitrionas ya están repartiendo sus invitaciones, ¿Crees que puedas hacer algo por mi? – preguntó, aprovechando la ventaja que le ofrecía tener una madre que había cultivado su vida social de una forma más inteligente de lo que había hecho Félix.

– No lo sé, Félix, creo que podría intentarlo, pero tendrás que darme un par de días– respondió.

Así pasaron dos semanas sin que su mamá pudiera conseguir una invitación. Emilie escuchó a través de su doncella que el rumor de la muerte de su padre se había filtrado por cada uno de los salones de té de las grandes casas, y al parecer, muchos ya conocían los detalles del testamento de su padre. Por supuesto, no hay nada que la gente ame más que un escándalo, y en especial, el que presagia la desgracia de un personaje odiado por todos. Félix creía que aquel asunto instigaría a las mamás de jóvenes elegibles sin mucho éxito en sociedad a lanzarlas en su dirección. Sin embargo, bien parecía que lo que bien querían todos era verlo fracasar.

Félix tan sólo recibió la invitación a un concierto como el que se había rehusado a asistir años antes. Y al final resultó que solo era una excusa más para mostrar a sus hijas en sociedad las cuales no podían serle más indiferentes. En conclusión, aquello fue un desastre.

Emilie se sentó en frente de él en el salón de dibujo mientras que Félix veía la lluvia caer y su té enfriarse.

– Podría viajar a París– sugirió Félix – podría conseguir una esposa francesa, el abuelo no puso ninguna condición al respecto – dijo él mientras se dejaba caer en su asiento.

– Podría ser una opción– aceptó Emilie– aunque si más no lo recuerdo, también te metiste en problemas allí.

– Lo sé – aceptó Félix quien recordaba claramente el desastre que había causado durante una de sus visitas a su primo Adrien. Él fue tan rudo y displicente como en casa, y estaba más que seguro de que allá tampoco tenían una buena impresión de él

A pesar de lo anterior, Félix aún contaba con la posibilidad de que lo consideran tan sólo un desliz de un muchacho joven sin experiencia alguna en sociedad. Por lo menos tenía a su favor que él aún no despertaba sentimientos tan fuertes como en Londres en donde todos parecían disfrutar con su inminente desgracia.

Félix desembarcó en París con un fuerte sentimiento de desesperación en el corazón y la noticia de que la antigua casa de los Graham de Vanilli estaba lista para ser habitable. Normalmente, ellos alquilaban aquella propiedad a elegantes familias rurales que deseaban pasar una temporada en París para que sus hijos asistieran a los diferentes bailes con el fin de encontrar pareja. El alquiler de aquella casa había tenido diferentes grados de éxito, su mamá comentaba que hacía un par de décadas, durante el terror, las fiestas de aristócratas prácticamente habían sido proscritas. Pero, ahora tras la derrota del emperador, y un interregno que era aparentemente pacífico, todos querían recobrar las viejas costumbres de festejar como si no existiera mañana, y esto era justamente lo que Félix necesitaba.

Emilie no buscó la intervención de Gabriel para llegar a los salones parisinos, todo lo contrario, lo único que hizo fue aleccionar a su personal para que donde fueran esparcieran el rumor de que en París se encontraba un joven inglés de gran fortuna que buscaba una esposa, y rápido. Las invitaciones comenzaron a llegar por docenas, y Félix no pudo más que alegrarse de que su corazonada estuviera tan acertada como lo había pensado inicialmente. En Francia también existían familias tan desesperadas como en Inglaterra, para las que casar a sus hijas era la única forma de liberarse de la carga económica de mantenerlas y asegurarles un futuro cómodo y estable.

La primera invitación consistió en un enorme baile que abriría la temporada. Félix se sentía frenético mientras terminaba de vestirse para atender su compromiso. Fue mientras se miraba frente al espejo que se preguntó qué diablos se encontraba haciendo. Él no tenía interés alguno en contraer matrimonio, y tampoco sentía especial atracción por tener una relación estable con una mujer ya que nunca las había entendido verdaderamente. Por su puesto, las encontraba atractivas, pero de aquello a querer vivir y tener hijos con una de ellas había una gran distancia.

Rápidamente, Félix recordó su situación, pues su madre tenía razón, puede que él tuviera la posibilidad de forjarse un camino en la vida, pero ella no. Emilie había sido educada como todas aquellas chicas de alta sociedad con las que se encontraría aquella noche: con el único propósito de encontrar un proveedor decente. Su madre había superado con creces aquella tarea, pues había encontrado a su papá, quien le había dotado de una muy buena vida y una acomodada herencia, que a pesar de todo, no se comparaba con la de su abuelo.

Él asistió a la ópera aquella noche, y le quedó claro que el espectáculo en el escenario no era lo que más le interesaba al público. Los teatros en Francia estaban estratégicamente construidos para que los espectadores pudieran ver a su alrededor y mantenerse al día de las novedades sociales que pudieran surgir. Él entendió de inmediato que su presencia era una de las comidillas del evento, ya que veía unos cuantos pares de ojos dirigir su mirada hacía él. Félix encontró al esposo de su tía en uno de los palcos superiores, era uno de los más caros. Adrien, su hijo, lo acompañaba. Sin embargo, su primo no observaba en lo más mínimo el escenario, parecía interesado en algo o alguien en la tribuna, o en los palcos de un nivel inferior, pero él no podía determinar quién.

De repente, su mirada se cruzó con la de una joven de cabello negro y de ojos azules. Era ella a quien observaba Adrien. Félix entendió de inmediato que ella también era una aristócrata, pero de un rango inferior, ya que se encontraba sentada en uno de los palcos inferiores. Ella era preciosa, por su puesto, pues a diferencia de él, Adrien siempre había tenido más tacto al tratar a las mujeres. Ella lo miraba con la misma sonrisa suave que su primo le dirigía. Félix conocía lo suficientemente a su tío como para saber que lo único que él quería era conseguir una alianza ventajosa, por lo que una aristócrata menor estaba fuera de discusión.

De repente, un fuerte impulso salió de la nada, y Félix hizo todo por refrenarse, pues sabía que no era productivo dejarse llevar por aquel infantil deseo de tener todo lo que Adrien quería. Él tuvo prácticamente que insultarse a sí mismo en silencio. La única razón por la que había dejado Inglaterra era porque en el pasado se había comportado de una forma tan inmadura y grosera que había puesto a todos en su contra. Él no podía seguir haciendo aquello, debía romper esos patrones que lo habían conducido hasta ese punto, por lo que no importaba lo atractiva que pareciera esa joven, debía alejarse de ella y buscar una entre todas aquellas que le dirigían sugerentes miradas.

– Mamá – susurró Félix – ¿Qué hay de esa chica? – le preguntó a Emilie quien ya había comenzado a hacer sus propias averiguaciones.

– Creo que se llama Lila Rossi– dijo – no sé qué pensar acerca de ella. En París corren unos rumores increíbles acerca de esa chica, dicen que viene de Milán, que estuvo comprometida con duque, que tiene una gran fortuna, que es una heredera. Lo cierto es que se está quedando en casa de una tía acomodada.

– Son rumores demasiado buenos como para ser ciertos, y nadie puede confrontarlos – respondió Félix – y si en verdad es tan rica, porque se queda en casa de una tía que aparentemente está por debajo de su status, si pudo haberse casado en Milán ¿porqué no lo hizo?

Félix descartó mentalmente a Lila Rossi. Él no confiaba en ella, había en su historia algo decididamente prefabricado, algo que se veía falso. Su historia era justamente como la suya, demasiado buena para ser verdad, ya que él también se vendía ante estas personas como el gran heredero con el humilde propósito de encontrar una esposa respetable, aunque en realidad, él era una de las víctimas del mercado matrimonial inglés, y era justamente por eso que se veía obligado a cambiar de país. Félix sintió un sabor amargo en la boca, pues él no tenía nada que ofrecer, más que mentiras, la expectativa de una herencia y un pésimo carácter que le hizo ganarse la mala voluntad de todos. Tal vez, él tenía más en común con esta chica Lila de lo que parecía. Los dos eran una especie de actores preparados para embaucar a todas aquellas personas.

Él tuvo el feo presentimiento de que tal vez eso era lo que él merecía, una embaucadora parecida a él. El problema es que él no deseaba aquello, él deseaba algo mejor, algo que él realmente no merecía, algo como lo que siempre tenía Adrien. Y nuevamente, sus ojos regresaron hacía la chica de cabello negro y ojos azules.

– ¿Y qué hay de esa? – preguntó Félix dirigiéndose hacía una nueva joven completamente diferente a las dos en las que había fijado su atención.

– Esa es…

Y así pasó la velada, sin que Félix hubiera descubierto nada más interesante que a Lila Rossi y a la misteriosa joven de ojos azules a la que miraba insistentemente su primo. Al finalizar la presentación, los invitados al baile de Madame Lavillant dirigieron sus carruajes hacia la gigantesca casa de la dama, en donde todo había sido finamente decorado para la velada. Félix casi se sintió sobrecogido por aquel despliegue, aquellos salones hacían ver los de Londres como graneros de pueblo. Ahora entendía porqué los franceses siempre insistían en su falta de glamour.

El baile abrió, y no escapó a su atención que su primo fue de los primeros en saltar a la pista en compañía de la chica de ojos azules. Ella era verdaderamente adorable, y al parecer, él no era él único que lo pensaba, ya que su primo se veía completamente encantado. Félix trató de librarse de aquellos pensamientos. Después de todo, él ni siquiera conocía a la dama en cuestión, y la única razón por la que ponía sus ojos en ella era porque Adrien también lo hacía.

– Félix – dijo alegremente Adrien mientras se aproximaba a él luego de separarse de su pareja, quien ahora compartía un baile con otro caballero. Pues habría sido completamente impropio, que ambos hubieran decidido acaparar la atención del otro por más de dos bailes.

– Hola, Adrien– dijo Félix dirigiéndole una pálida sonrisa. – veo que no me guardas resentimiento luego del desastre de la última vez que estuve en la ciudad.

– Ah, me había olvidado de eso– dijo Adrien – espero que hayas madurado.

– Te aseguro que un incidente tan bochornoso como aquel no volverá a suceder– dijo Féliix quien recordaba claramente que había utilizado su evidente parecido físico con Adrien para robar los anillos de matrimonio de sus padres, y devolverlos a la familia Graham de Vanilli. Sin embargo, en el camino, él había usado un evento social para fingir que era Adrien y comportarse de la peor manera posible. Al final, sólo había sido su reputación la que había sufrido.

– Escuché lo de la muerte del abuelo, hubiera querido ir al funeral, pero papá no lo permitió– dijo Adrien realmente apenado. Félix no dudaba de Adrien. Después de todo, él conocía a la perfección a su tío, y un incidente parecido había sucedido tras la muerte de su padre. Lo que no le perdonaba era su falta de carácter. Adrien vivía para complacer a los demás, siempre y cuando esto no requiriera una confrontación directa, y él no se había dado cuenta de que podía llegar a lastimar a las personas con aquella manía suya.

– Por supuesto – asintió Félix.

– Papá habló en el desayuno acerca de la condición en el testamento del abuelo– dijo Adrien se veía cada vez más curioso. – ¿Qué piensas hacer acerca de eso? – preguntó.

– Cumplirla, por supuesto.

– ¿Es por eso que estás aquí? – preguntó Adrien.

– Sí.

– Es extraño– dijo Adrien. – ¿es que acaso hay escasez de mujeres en Inglaterra? no entiendo porqué has tenido que cruzar el mar para buscar una esposa– continuó. Félix no supo si reír o llorar. Su primo, la persona más básica que conocía, vió directo a través de su fachada y la derrumbó sin ningún problema, justo cómo él había hecho con Lila Rossi instantes antes.

– Simplemente quería un cambio de ambiente – mintió Félix.

– Por supuesto – asintió Adrien quien claramente no le creía – pero tengo que advertirte que papá no te pondrá el asunto fácil él cree que tiene derecho a esa herencia – dijo.

– ¿Y tú lo crees? – preguntó Félix.

– Por supuesto que no– negó Adrien de inmediato. Félix no le creyó. Lo cierto era que Adrien tenía mucho que ganar de su fracaso. Después de todo, él también era un Graham de Vanilli. Si Gabriel moría, toda su fortuna pasaría únicamente a manos de Adrien. – aunque, en realidad, mamá era la mayor, y yo soy su único heredero, así que…

– Adrien, realmente no quiero seguir hablando de esto. Yo estoy seguro de que no llegaríamos a un acuerdo si lo seguimos haciendo – interrumpió Félix.

En aquel momento, la música cesó y el público rompió en corteses aplausos dirigidos hacía los bailarines y a los músicos. Félix vió a la chica de los ojos azules libre de su compromiso con su compañero de baile. Después, ella regresó decorosamente a la compañía de su mamá. Los ojos de Adrien pasaron de un lado al otro. Estaba claro que se vería socialmente muy inadecuado que dejara a su primo completamente solo, pero al mismo tiempo, él se moría por regresar a la compañía de aquella chica.

– No te mataría presentarme a unas cuantas personas en este salón– dijo Félix sarcásticamente, pero con la intención de hacerle las cosas más sencillas.

– Déjame presentarte a Madame y Mademoiselle Dupain – respondió Adrien mientras que prácticamente lo arrastraba al otro lado del salón. – ella tiene muchas amigas en edad casadera, de seguro podrá ayudarte con "tu predicamento".

– Por su puesto – respondió Félix quien no pudo evitar notar que su primo jamás puso la posibilidad sobre la mesa de que él mismo pudiera resultar interesado en la chica de los ojos azules, ya que claramente Adrien la quería.

La presentación no fue nada especial. Marinette Dupain Cheng parecía una chica perfectamente educada, propia y aburrida. Félix se sintió un poco defraudado tras conocerla, ya que cuando la vió en el teatro su mente le había atribuido toda clase de características singulares, pero no era más que una muchacha bastante regular. Y a pesar de todo, las palabras de Adrien aun zumbaban en sus oídos. Él apenas se había dignado a visitar a su pobre abuelo en los últimos diez años, y aún así se creía justo merecedor de su herencia. Él decidió que era momento de arruinar su velada.

– Señorita Dupain, me preguntaba si tiene espacio para un baile en su tarjeta– dijo Félix formalmente.

– Si, sería un honor – aceptó amablemente Marinette.

Los dos ubicaron su lugar en la formación. Félix había pasado años sin bailar en un baile de verdad, por lo que las semanas pasadas contrató un maestro de baile que le ayudara a refinar sus habilidades. Si iba a pasar toda una temporada seduciendo a una mujer, por lo menos debía dar una buena impresión en la pista de baile. Félix solo pidió que aquella simple práctica hubiera sido la suficiente.

– Señorita Dupain – dijo Félix quien se sentía excesivamente rígido – no soy un buen bailarín.

– Le aseguro que su baile es perfectamente decente – dijo Marinette dedicandole una breve sonrisa.

– Espero que así sea, y que mis habilidades alcancen para el resto de la temporada –contestó Félix.

– Le aseguro señor, que usted no tendrá problema alguno por falta de parejas de baile – dijo Marinette. Félix detectó algo en su tono de voz, era parecido a una burla. Ella también desconfiaba de sus intenciones, por lo que él decidió seguirle el juego.

– ¿En realidad cree que mis mediocres habilidades de baile serán suficientes? – preguntó Félix en el mismo tono burlón que ella utilizó.

– Lo serán, si es que su objetivo es el mismo que se rumorea en la ciudad– dijo Marinette.

– Me temo que sí, me temo que lo es – respondió Félix risueño.

– Entonces sus habilidades bastarán– respondió Marinette – aquí hay suficientes mujeres desesperadas como para que usted pueda cumplir lo que desea– dijo Félix.

– ¿Y usted? ¿Está lo suficientemente desesperada como para darme una oportunidad‽ – preguntó Félix, quien confiaba en que aquello no hubiera sonado tan ofensivo como pensó una vez las palabras salieron de su boca. Sin embargo, ella sólo le dedicó una sonrisa.

– Me temo que no, menos aún cuando nuestra primera presentación fue cuando teníamos catorce años y usted me llamó patética en frente de todos– dijo Marinette.

Félix se quedó paralizado. Ahora él la recordaba. Ella era una de las amigas de Adrien quien se encontraba presente en el evento en que fingió ser su primo. Félix la llamó patética al notar que ella ya se encontraba enamorada de Adrien. Aquella era una de esas vergüenzas de las que no es posible recuperarse tan fácilmente, no entendía en qué punto de su vida pensó que sería buena idea comportarse como un cretino.

– Ahora la recuerdo– dijo Félix quien se sintió sonrojar – estoy tan pero tan avergonzado. Lamento mucho lo que pasó.

– Espero que así sea– dijo Marinette – porque de ser así, estaré muy gustosa en ayudarlo con su tarea – comentó dedicándole una sonrisa.

Félix se sintió aliviado al encontrarse de frente con el carácter dulce de Marinette. En otro tiempo, él probablemente la habría ridiculizado. Después de todo, ella estaba muy por debajo de su nivel social, y a él no le gustaban las personas como ella. En realidad, ahora que lo recordaba, la chica que lo había invitado a aquel concierto era muy parecida a ella. Sin embargo, luego de haber sufrido semejante caída social, en la que los demás miembros de la sociedad Londinense le habían dado la espalda a espera de su desgracia, Félix había aprendido una clara lección de humildad y apreciaba la segunda oportunidad que Marinette Dupain Cheng ponía en sus manos.

– Así que… – comenzó Félix mientras sentía un fuerte impulso por saber exactamente en qué consistía la relación con su primo. – por lo que he notado, mi primo la está cortejando. – dijo.

– A pesar de que eso no es algo que deba preguntársele a una dama, yo contestaré – dijo Marinette riendo– no lo creo señor, me temo que no podemos ser más que amigos.

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Pese a que la verdad era ligeramente diferente. Marinette creía en cada una de aquellas palabras. Su arreglo con Adrien había comenzado hacía un par de temporadas, poco después de su debut oficial. Ella sabía que no tenía gran cosa para ofrecer. Después de todo, a diferencia de Adrien, la suya era una de las familias beneficiadas por el emperador, mientras que los Agreste eran unos pocos de los sobrevivientes de la antigua monarquía.

Los Dupain era lo que se conocía como "nouveau rich". Solo unos de los varios que dejó el emperador tras de sí. Su papá había servido en el ejército por algunos años, y fue uno de los directamente beneficiados por el imperio. Y a pesar de lo anterior, su fortuna no era especialmente tentadora para los posibles pretendientes de Marinette. Su dote era decente, pero nada más allá de eso, y las propiedades de Tom Dupain irán directamente a uno de sus primos lejanos tras su muerte, por lo que nadie se sentiría económicamente tentado con ella.

Aquello tan solo dejaba a Marinette con las escasas armas de su encanto y su conversación, las cuales eran bastante patéticas considerando que su aspecto era regular y era completamente torpe. Adrien llegó a su vida en el momento más incómodo de esta: durante su debut. Ella no fue exactamente lo que se consideraría un diamante de primera, todo lo contrario, bien podría fundirse con el papel de colgadura a considerar lo fácilmente que se le podía ignorar.

Él tampoco estaba exactamente cómodo en sociedad. Chicas como Lila Rossi y Chloe Burgeois lo hacían sentir nervioso, y cada una de las furiosas mamás de la alta sociedad lanzándole a sus hijas no ayudaban a mejorar sus sentimientos al respecto. Adrien era el único hijo del que en otro tiempo hubiera podido ser un vizconde. La familia Agreste había escapado justo a tiempo antes del inicio de la revolución. El abuelo de Adrien fue un hombre visionario y supo identificar el peligro en el descontento que los demás decidieron simplemente ignorar.

Y fue así, que años después la familia logró regresar con su fortuna intacta. La familia de Adrien representaba una reliquia de otro tiempo. Mientras que la de Marinette la realidad moderna, en que cualquiera, sin importar su origen, podría llegar a compartir en aquellos salones, justo como lo hizo el emperador un par de años antes. Y fue así como los dos llegaron a su entendimiento. Ambos fingieron encontrarse en un largo cortejo, aquello harían a Marinette más deseable, y a Adrien le daría algo más de tiempo antes de enfrentarse a las damas de la alta sociedad.

Marinette siempre sospechó que aquel plan había sido descabellado, en especial, porque ella se encontraba completamente enamorada de Adrien para el momento en que decidieron llevarlo a cabo, sus sentimientos eran tales que ella siempre pasaba un buen rato hablando en tartamudeos antes de que los dos pudieran tener una conversación decente. Sin embargo, la parte irrazonable de su cerebro pensaba que si tal vez llegase a pasar con él suficiente tiempo, entonces...

No, aquello era una completa locura. Marinette sabía que sus sentimientos no podrían cambiar tan fácilmente. Además, la brecha social que los separaba era completamente abismal, ella era la hija de un caballero regular, y él tenía un título nobiliario sepultado en su pasado. Marinette era completamente realista, y nada podría salir de aquel arreglo. Y al parecer, el resto de la alta sociedad pensaba lo mismo que ella. Ya que pese a que su cortejo fue recibido con gran excitación por las columnas sociales, y el público en general, lo cierto es que los dos ya estaban perdiendo su lustre después de dos temporadas de eventos sociales sin que se hubiera dado una resolución a su relación.

Las cosas estaban llegando a un punto tal que Marinette ya había recibido dos propuestas de matrimonio adicionales, y tenía un nuevo pretendiente que no parecía en lo más mínimo afectado por su relación con Adrien o la falta de un cuantioso dote por parte de su familia. A pesar de lo anterior, y de la insistencia de su propio cerebro, el corazón de Marinette permanecía perfectamente igual. Ella no había podido olvidarse de Adrien.

Marinette detestaba admitirlo, pero la situación ya estaba comenzando a preocupar a su madre y a su mejor amiga Alya,quien se había casado la temporada pasada, justamente con el mejor amigo de Adrien. Ella parecía encontrarse a salvo y feliz, pero la suerte de Marinette aún estaba en juego.

Aquella noche en el teatro, Marinette no pudo evitar perderse en aquellos pensamientos una y otra vez. Después de todo, ella no podía darse el lujo de muchas mujeres con bastante dinero, para quedarse soltera. Ella necesitaba seguridad, y una forma de mantener a su mamá cuando fuera anciana y su padre muriera. Marinette no tenía hermanos que pudiesen hacerse cargo de ellas, y al pertenecer a la clase alta, tampoco tenía opción alguna de trabajar o de valerse por sí misma. Posiblemente, el único oficio que podía ejercer era el de institutriz, y ni siquiera para eso tenía la suficiente educación, ya que en vez de ser enviada a una academia o algo por el estilo, había pasado toda su vida no haciendo otra cosa que preparándose para encontrar un prospecto.

En aquel momento, mientras veía a aquella cantante de ópera llorar por su amor perdido, Marinette comenzó a arrepentirse de su acuerdo con Adrien. Lo cierto es que su amor por él la había adormecido, y si no se daba prisa, estaría en serios problemas. Ella correspondió la mirada del muchacho por un breve instante de tiempo, él la había observado desde el inicio de la obra, probablemente, como parte de su charada, pero sólo hasta ese momento Marinette decidía corresponderle.

Lo cierto era que ella no podía culpar a Adrien. No era su obligación responder sus sentimientos, y aunque lo hiciera, tampoco podrían estar juntos, ya que una cosa era un simple flirteo y otra muy diferente, un matrimonio tan desventajoso como el suyo. Marinette miró por encima de la baranda al Capitán Luka Couffaine. Él era muy joven, y aún así, ya había recibido su primera regata, la Liberté. Era cuestión de tiempo antes que el muchacho siguiera subiendo de escalón en escalón hasta alcanzar una fortuna considerable.

Luka Couffaine era el hijo mayor de su familia, una que al igual que la suya, había hecho su fortuna durante el imperio. El papá de Luka nunca había sido bien recibido en sociedad, e incluso algunos lo consideraban poco menos que un oficial caído en desgracia, pero su hijo parecía ser todo lo contrario, y ahora, él había puesto sus ojos en Marinette. Aquella unión sería simplemente perfecta, entre dos familias de un elevado rango militar y de fortuna equiparable. El único problema: ella no lo amaba.

Marinette negó con la cabeza mientras trataba de exorcizar aquellos ociosos pensamientos. Después de todo, esto era justamente lo que se esperaba de ella, que consiguiera un esposo, y nada más. La felicidad conyugal como la que tenían sus padres era un asunto más bien raro. Lo común era ver parejas unidas por la comodidad, y eso debía ser suficiente para ella también. Marinette debía sacar a Adrien de su corazón, el problema es que no sabía exactamente cómo comenzar, ya que no tenía la fuerza suficiente como para finalizar su arreglo.

Ella hizo a un lado todos aquellos perturbadores pensamientos mientras entraba al bellamente decorado salón de Madame Lavillant. Marinette hizo uso de su más bella sonrisa al tiempo que Adrien la invitaba a bailar durante un par de piezas. Luego, ella aceptó a otros dos caballeros. Marinette sintió sus esperanzas renovadas después de todo, aún era joven y podía ser que su suerte cambiara.

Después de aquello Adrien le presentó a su primo. Marinette prefirió ahorrarse la vergüenza de admitir que ya lo conocía. Después de todo, era claro que Félix Graham de Vanilli quería borrar todas las manchas de su pasado. La alta sociedad parisina bullía en excitación por este nuevo recién llegado, que prometía ser una nueva oportunidad para mamás e hijas necesitadas de un prospecto.

Apenas cruzaron un par de palabras, y el corazón de Marinette se ablandó. Félix no parecía conservar el mismo carácter altivo que le había traído tantos problemas. Ella siempre había creído que todos merecían una oportunidad, y no veía por qué aquella persona no iba a merecerlo. A pesar de lo anterior, Marinette no pudo evitar sentirse ligeramente atacada cuando él preguntó acerca de su relación con Adrien.

– Solo somos amigos – repitió Marinette mientras que continuaban bailando.

– En ese caso, me pregunto si existe algún impedimento para que yo… – comenzó Félix. Marinette quiso reír. Los rumores no mentían, su situación debía ser verdaderamente desesperada para que se lanzará al ruedo sin ninguna medida y sin apenas conocerla. Afortunadamente, ella aún tenía opciones diferentes antes que tener que aceptar una propuesta como aquella.

– Lo lamento mucho, señor, pero la familia Agreste es vecina nuestra. Nuestra casa de campo está justo al lado de la suya a las afueras de Versailles. Adrien es mi amigo, y le debo cierta lealtad. Me temo que una relación más allá de la amistad está completamente por fuera de los límites. Además, es claro que la dama que usted decida desposar tendría que vivir lejos del país, y yo no planeo dejar a mis padres, soy su única hija.– dijo Marinette en el tono más dulce que logró articular, ya que debía ser de por sí bastante difícil para Félix ponerse en semejante posición tan vulnerable como para que ella decidiera darle una patada sin consideración a sus sentimientos.

– Bien… – dijo Félix sin dejar de dedicarle una disimulada sonrisa. – Nadie puede decir que no lo intenté. Me rechazaron sin mirarme dos veces, pero sé que estoy cumpliendo con mí parte del plan.

–Me hace ver verdaderamente indolente– dijo Marinette quien se alejó momentáneamente de él para pasar a ponerse en formación. – pero si le sirve de consuelo, puedo poner en sus manos mis servicios. Yo ya llevo dos temporadas desde mi debut, y podría decirse que conozco la alta sociedad a profundidad.

– ¿Quiere decir que me ayudará a encontrar esposa rápidamente? – preguntó Félix. En ese momento le quedó claro que él también disfrutaba de su encuentro verbal ya que ella podía notar claramente una sonrisa escondida en la mitad de sus palabras y de sus expresiones.

– No puedo prometerlo tal cosa, pero puedo guiarlo a través del camino, si es que gusta – dijo Marinette alegremente. Ella siempre había disfrutado mucho haciendo amigos, y este podría ser uno de aquellos tantos.

– Me parece una propuesta interesante, y no disfrutaría tener que entrar a esta nueva sociedad sin una conocida que pudiera brindarme una mano amiga – respondió Félix aún sonriendo.

Marinette tuvo la impresión cuando lo conoció de que él no era exactamente una persona sociable o que tuviera talento de moverse en sociedad. En realidad, Adrien tampoco tenía gran talento en este sentido, ya que si no hubiera sido por su dinero y su apariencia él nunca habría llamado la atención de tantas madres e hijas en busca de prospectos. Pero había algo muy diferente en Félix, su carácter parecía más taciturno que el de su primo. En el pasado ella simplemente lo había etiquetado como orgulloso y arrogante, pero estaba claro que el muchacho que conoció aquel entonces estaba muy cambiado.

De repente, la música dejó de sonar y Marinette dió una breve reverencia, preparándose para volver al lado de su mamá, quien le servía de chaperona durante aquella noche. Sin embargo, ella no la encontró sola, Sabine estaba en compañía de Adrien quien la miró de tal manera que le dió a entender que había estado esperándola.

Marinette cruzó su mirada con la de él por algunos instantes, y sintió las mariposas en su estómago que solo era capaz de ocasionar Adrien. Francamente, ella no sabía cómo lograría exorcizarlo de sus pensamientos.

Adrien volvió a sacarla a bailar, lo que oficialmente rompía el límite no escrito de dos bailes por pareja durante una misma velada. Marinette aquello daría de qué hablar y que no le beneficiaría en lo más mínimo. Sin embargo, justo como sucedía siempre que se encontraba Adrien de por medio, a ella no le importó.

Marinette adoraba pasar tiempo con él, bailar con él, charlar con él y pasear con él, todo, dentro de los límites impuestos por la sociedad. Sin embargo, en esta ocasión los dos se habían dejado llevar, y Marinette en particular sabía que podría ser la más perjudicada

Y aún así el baile apenas acababa de comenzar.


Hola a todos, como verán, había dicho en mi último fic que iba a descansar de este fandom, pero no tengo nada de fuerza de voluntad. Alguién estuvo leyendo Bridgerton y sintió ganas de escribir un fic ligeramente inspirado en las novelas y en la serie. Originalmente, tuve dos ideas, una, para un Adrienette, y otra para este fic. Pensé que debía escoger una de las dos, pero lo cierto es ¿porqué escribir un solo fic cuando puedes hacer dos? Sin embargo, quería comenzar con esto, ya que tengo cada una de las escenas en mi cabeza y considerando que solo puedo concentrarme en uno solo al tiempo.

Para todos aquellos que sigan mi otro fic Jaque Mate. Muy pronto estaré subiendo el último capítulo terminado, ha resultado tan largo que tuve que tomarme un tiempo para editar este fic, ya que necesitaba un respiro.

Les agradezco a todos por leer, si les gustó, no duden en buscar mis otras historias.