Buenas, buenas personas, les presento esta historia que realicé para un reto, espero que les guste.

Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, hijo de Keyko Nagita.

Historia sin fines de lucro.

Tal vez, algún día

Terrence Graham era un hombre de veinticuatro años, actor desde hace siete y un solitario casi toda su vida. Acababa de terminar la representación de esa noche y después de haber recibido la ovación del público asistente por su magnífica actuación, cansado, tenso arrastrar los pies mientras caminaba por los pasillos del pequeño teatro dirigiéndose a su cámara, no tenía ganas de ver ni convivir con nadie, así lo había hecho saber a su amigo y director como al resto de sus compañeros, estar ahí era difícil para él, por fortuna era la última presentación en la ciudad de Chicago.

Había sido una noche ... diferente, al menos para el actor principal de la compañía Stratford, pues estar ahí era todo un reto para él, durante años había evitado pisar de nueva esa ciudad que le traía demasiados recuerdos dolorosos, al menos así había tenido He estado hasta hace poco más de un año que estuvo allí por pocos días, ahora sé nervioso, intranquilo, expectante, toda la semana había sido así, perseguido, parecía y estaba llegando al límite.

Llegó al camerino que le habían asignado, su corazón comenzó a latir más rápido al abrir la puerta, encendió la luz y allí estaba ... como cada mes los últimos siete, una hermosa y fragante rosa blanca, siempre el mismo día en donde quiera que él estaría, pero en esta ocasión había algo más, sobre la mesita, junto al pequeño sofá que había en el camerino, resplandecía una fina charola de plata, dentro de ella una botella del mejor vino francés, una elegante copa de cristal ya servida y una pequeña nota, se acercó y con manos temblorosas la tomo para leerla:

Bienvenido

Eso era todo, sin firma, sin nada, bueno sí, una cosa, el aroma, un olor raro que le picó la nariz y lo hizo estornudar.

- ¡pero qué demonios! - exclamó soltando el pedazo de papel.

De repente se sintió mareado, se llevó una mano a la frente y sintió el olor impregnado en ellas, se las limpió con una toalla que estaba sobre el sofá,miró para todos lados buscando la jarra de agua que su asistente siempre dejaba en su camerino y no la encontró, lo único que había para beber era el vino, no muy convencido tomó la copa y le dio un trago, sin duda era un muy buen vino, sin embargo el mareo se hizo más intenso, se tambaleó y tuvo que sostenerse del tocador para no caer, cerró los ojos y bajó la cabeza intentando con eso aminorar el malestar pero un cosquilleo en la nuca lo hizo abrir sus zafiros de golpe, de nuevo levantó la cabeza y por el reflejo del espejo frente a él pudo verla...una mujer,una hermosa mujer de cabellos rojos enfundada en un exquisito vestido del mismo color, no, no del mismo, era del color de la sangre y sus ojos ¡Por Dios! De un verde que le recordaba los campos de Escocia, como los de "ella" ¿De dónde había salido?, Abrió la boca para preguntar quién era cuando de repente… ¡Clam!... Oscuridad.

Las luces del teatro se apagaron, Terry mareado como estaba intentaba buscar la lámpara de gas que su asistente siempre tenía a la mano, la encontró rápidamente, ese chico era muy precavido y eficaz.

Encendió la lámpara, sosteniéndose en una mano pues todavía estaba mareado busco a la mujer, paseó su vista por el pequeño lugar y no la vio ¿Cómo era eso posible? ¡Estaba ahí!, Estaba seguro que la había visto.

Dejó caer su peso sobre el tocador, ahora no solo era el mareo si no también náuseas, de nuevo cerró los ojos, Javi su asistente no tardaría en llegar para auxiliarlo.

-Bienvenido señor Graham- una voz seductora cerca de su oído lo hizo dar un salto- no se asuste señor Graham, todo estará bien.

- ¿Quién es usted?, ¿Que quiere conmigo? - el castaño apenas y podía sostenerse en pie- ¿Qué me ha hecho? - preguntaba mientras trataba de ver el rostro de la mujer misteriosa entre la penumbra del camerino, pero estaba tan aturdido que no lograba ver con claridad.

-no te preocupes Terry, todo estará bien, no te resistas- la mujer le hablaba de una manera dulce y a la vez llena de Misterio.

Terry se dio cuenta de cómo ella modulaba su voz, siendo él un actor con experiencia pudo notarlo a pesar de su aturdimiento, quiso dar un paso y estuvo a punto de caer de no haber sido por ella que lo sostuvo habría caído de bruces.

- ¿Porque…?

-shhh- interrumpió la pelirroja mujer poniendo su dedo índice sobre sus labios- ven, aquí estarás más cómodo- le dijo mientras con esfuerzo lo llevaba hacia el sofá- shhh tranquilo- le susurraba mientras acariciaba su cabello.

-no sé qué quieres de mí o porque haces esto- decía el castaño ya recostado en el sofá con los ojos cerrados.

-es por nosotros Terry, lo hago por nosotros.

- ¿Candy? - fue lo último que dijo antes de quedarse completamente dormido.

Apenas unos minutos después las luces regresaron y un joven entró al camerino.

- ¿Está listo? - inquirió el chico al verlo tranquilamente dormido.

-sí, está listo- contestó la mujer mientras se limpiaba una lágrima que no pudo evitar derramar al escucharlo pronunciar ese nombre- debemos apresurarnos, lo que le dimos no durará mucho.

- ¿Cómo lo llevaremos?, Yo solo no podré con él- señaló el joven que no pasaba de los dieciocho años y aunque era alto y fuerte no podría sólo con el peso de un Terry de un metro ochenta y al menos setenta kilos.

-traje ayuda, ya debe estar viniendo, ¿Te aseguraste que no haya nadie? - inquirió la mujer.

-no, todos ya se fueron, ya saben cómo es y no lo molestarán, además con el apagón salieron más rápido- señaló el chico- no sé cómo le hiciste para que se fuera la luz, cada día me sorprendes más Can…

-shhh, no digas mi nombre Jimmy- interrumpió la mujer- ya te dije que traje ayuda extra.

En ese momento un hombre moreno alto y corpulento entró al camerino.

- ¿Todo listo hermana? - inquirió el hombre.

-listo Tom, ¡Vámonos!

Tom Steven y Jimmy Cartwright se dispusieron a llevar al castaño, con un poco de esfuerzo lograron levantarlo mientras la mujer misteriosa recogía cualquier prueba que pudiera haber de su presencia o de lo que ahí había pasado.

Los dos hombres junto con la mujer salieron por la puerta de atrás del teatro, abordaron el auto del actor y partieron del lugar sin que nadie los viera, Javi Carter el asistente personal de Terrence Graham o mejor dicho Jimmy Cartwright dirigía el vehículo hasta el hotel en donde el actor se hospedaba, como copiloto iba Tomas Stevens y en la parte de atrás estaba junto con el castaño actor Candice White.

Llegaron al hotel sin contratiempos, durante el corto trayecto ninguno dijo nada, cada paso estaba planeando, entraron por la parte de atrás y se dirigieron a la habitación del actor la cual quedaba muy cerca pues así era más fácil para él entrar y salir sin que nadie se diera cuenta y fuera perseguido por la prensa o las admiradoras, eso era una gran ventaja para los tres captores.

Javi o Jimmy abrió la puerta y con la ayuda de Tom llevaron al hombre a la recámara, lo dejaron ahí, durmiendo, salieron cerrando la puerta para hablar con Candy.

Al salir los tres captores se sentaron en la salita del cuarto de hotel para finiquitar detalles de su asalto.

-pues ya lo tienes aquí- afirmó Tom- no estoy muy de acuerdo con lo que haces Candy, pero te entiendo y te apoyo- dijo mientras se limpiaba la frente por el esfuerzo que acababa de hacer- ¿Cómo regresarás a tu casa? - inquirió el hombre un poco preocupado.

-mi auto está abajo, desde ayer lo trajo Dorothy- contestó la mujer mientras se quitaba la peluca pelirroja- tienes una esposa muy inteligente Tom.

-así es, aunque ayudándote como lo hace a veces lo dudo- contestó el moreno mientras apretaba el tabique de su nariz.

-es una gran mujer y amiga al igual que ustedes, si no fuera por ella a lo mejor y no estaría en este mundo- la rubia bajó la cabeza tocándose el vientre, sintiendo por debajo de la seda del vestido una cicatriz en su costado izquierdo, recuerdo de cómo una vez quiso escapar de la jaula de oro en la que estaba atrapada sin salida.

- ¡Candy! - exclamó- ¿Hasta cuándo Candy? - inquirió mientras la abrazaba- cada día que pasa y veo a Harriet siento que en cualquier momento "él" puede darse cuenta y tengo miedo- concluyó apretando más a su hermana.

-ya no falta mucho Tom, sólo un poco más, "él" lo hace más fácil y el final se acerca.

- ¿Entonces porque todo esto? Preguntó haciendo referencia a lo que hicieron con Terry.

- ¡no podía dejar pasar la oportunidad, lo extraño horrible y lo necesito para poder aguantar el tiempo que falta!

-está bien, está bien- contestó el hombre resignado- me voy a la casa, Dorothy debe estar inquieta y querrá saber si todo salió bien- dijo tomando las manos de su rubia hermana- espero temprano tu llamada, por la niña, no tengas pendiente- afirmó levantándose para salir- adiós Jimmy- dijo depositando un beso en la frente de la chica y dando una palmada en el hombro del chico salió del lugar.

-el bello durmiente debe estar despertando jefe- dijo Jimmy mirando el reloj en la pared- apenas y alcanzamos a ponerle el pijama, pero ya debe estar reaccionando.

- ¡Muchas gracias Jimmy!, Por todo lo que haces por él y por mí- declaró la rubia- vete a descansar, me haré cargo desde ahora, mañana ya sabes que hacer, yo me iré antes de que amanezca.

-entendido jefe, te llamaré apenas pueda para informarte, hasta pronto- el jovencito le dio un abrazo a la que fuera en su niñez el jefe de jefes en el orfanato donde creció y del que salió para ser adoptado por un gran hombre el cual estuvo a punto de perder por culpa del hombre que se decía esposo de su amiga.

Candy despidió a Jimmy, cerró la puerta con seguro y se dirigió a la recámara, cuando entró encendió una pequeña lámpara que estaba colocada en una esquina del cuarto, la luz era tenue ideal para lo que seguiría esa noche.

La rubia mujer caminó lentamente hacia la cama, en ella un castaño se movía intranquilo, estaba por despertar así que antes que sucediera la mujer sacó una jeringa y un frasco con solución de su pequeño bolso, como toda una experta introdujo la aguja dentro el pequeño frasco, tomó el brazo izquierdo de Terry y con un algodón impregnado de alcohol que también llevaba consigo prosiguió a desinfectar el área e inyectar al castaño.

-lo siento tanto mi amor, pero es la única manera- susurraba al oído del hombre.

Cuando acabó se fue al baño, ahí se encontraba la ropa que previamente Jimmy había dejado después de salir Terry de la habitación cuando iban para el teatro, abrió la valija para sacar el fino camisón blanco semi transparente, se quitó el vestido, lo dobló con cuidado y lo metió en la valija, se dio una ducha rápida se vistió se soltó el cabello que manteníaenun rodete para poder ponerse la peluca pelirroja y antes de salir se miró al espejo, miró su rostro, sin duda era hermoso enmarcado con sus bucles rubios y sedosos, ahora sí era ella, la Candy de antes, la chica alegre y vivaz que enfrentaba la vida con valentía, no aquella mujer, la mujer en la que se había convertido después de su boda, la que quiso quitarse la vida desesperada por no poder estar con el hombre que amaba y alejada de sus seres queridos, la mujer que ahora se presentaba como una fina dama, cubierta de maquillaje y oropeles, una muñeca que fungía de adorno en el brazo de un hombre cruel que la obligó a casarse valiéndose de sus medios para perjudicar a las personas que más amaba, pero ahora no, ella fue más inteligente, después de que aquel desgraciado la obligará a casarse con él, la tomara a la fuerza y atentar contra la vida de quienes quisieron ayudarla se fingió resignada, poco a poco les hizo creer a todos que había aceptado su destino, algunos le creyeron, otros no, pero respetaban su decisión, así su marido se confió y la fue dejando hacer las cosas que le gustaban, regreso a su profesión de enfermera aunque sólo un par de días a la semana y por unas horas como obra de caridad, pudo llevar a Dorothy a trabajar a su casa aunque ya estaba casada con Tom, a ella le contó lo que quería hacer, pero surgió un inconveniente... resultó embarazada de su esposo, a pesar de no cohabitar seguido y cuidarse lo más posible no pudo evitarlo, por un momento fue feliz de saber que traería un hijo al mundo, aunque fuera de él pero la criatura se malogró y fue terrible para ella, su esposo le echo la culpa y ella cayó en tal estado depresivo que atentó contra su propia vida, para su buena fortuna no logró su cometido pues la fiel Dorothy estuvo ahí para evitarlo, nadie lo supo, sólo ellas, fue entonces que comenzó a pensar, ahora tenía los medios solo necesitaba usar su inteligencia, fue así que con la ayuda de sus amigos fraguó un plan, al principio creyeron que ella había enloquecido por la pena, pero al verla decidida aceptaron ayudarla, les llevaría tiempo pero al final sería ella y todos serían libres, solamente que por casualidades de la vida o juegos del destino el castaño que era el dueño absoluto de su corazón apareció de nuevo y no desaprovechó la oportunidad, en un viaje que hizo con su esposo supo que él estaba en el mismo hotel, gracias a su esposo ella padecía de insomnio y siempre llevaba sus somníferos, pero está ocasión no para que los tomará, ¡No!, Se los dio a su esposo en su bebida para ella poder meterse al cuarto de Terry a hurtadillas, gracias a su carácter amigable había logrado averiguar con las mucamas ese mismo día cuál era, en ese entonces Terry no tenía asistente y a pesar de ser muy ordenado y disciplinado algunas cosas se le escapaban como por ejemplo cerrar su habitación con llave, lo que ella aprovechó para introducirse, se ocultó como pudo en la habitación, lo vio llegar, cansado, solo y triste, para su buena suerte él no encendió la luz, se fue directo al baño, lo escucho ducharse, tuvo que hacer uso de todo su autocontrol cuando lo vio salir del baño solo con una toalla en la cintura, con el cabello húmedo, sin duda una visión digna de ver, él era todo un hombre, por supuesto que sí, en ese tiempo tenían veintitrés años, había crecido desde la última vez que lo vio, su espalda era ancha, sus brazos fuertes, su abdomen plano ligeramente marcado seguramente fruto de las cabalgatas, él ajeno a los ojos que lo observaban se despojó de la toalla para ponerse los pantalones del pijama, ella tuvo que ahogar un gemido al verlo en todo su esplendor.

Terry tardó mucho en dormir, pero a ella no le importaba, ¡Total! A su esposo le había dado una buena dosis de somníferos y no despertaría, tenía tiempo suficiente.

Cuándo pudo salir de su escondite se sentó en una silla junto a la cama del castaño, no resistió mucho tiempo, se acercó, se sentó en la orilla de la cama para luego con delicadeza acariciar los cabellos del durmiente, le rozó la mejilla, pasó sus dedos por sus labios y entonces…

- ¡Candy! - entre sueños Terry la llamaba- no te vayas Candy- susurraba mientras dormía, estaba soñando con ella porque él ¡todavía la amaba!, Estaba segura.

Se acercó a sus labios, con dulzura posó los suyos sobre los de él.

- ¡Terry! - le susurró- te amo- le dijo besándolo de nuevo.

El castaño aún dormido respondió al beso, le costaba tanto dormir que cuando lograba hacerlo caía rendido, sintió unos labios suaves presionando los suyos un aliento fresco, conocido y antes probado, luego la voz, "su voz" y de nuevo sus labios, no pudo evitar responder a ello, era ella, estaba seguro, ella que llegó en sus sueños para consolar su alma dolorida a través de un beso.

Un beso, dos, tres besos y Candy ya estaba acostada junto a él que mantenía los ojos cerrados, a ella no le importaba, se abrazó a su cuerpo semidesnudo, se llenó de su aroma varonil, los besos se volvieron interminables, uno tras otro hasta que no fueron suficientes, ella se dejó llevar, él que siempre soñaba con ella, con tenerla entre sus brazos y hacerla su mujer porque era un sueño, un sueño muy real pues ella era una mujer prohibida y estaba lejos, muy lejos, así que como todas las noches que soñaba con ella la hizo su mujer, le hizo el amor con amor mismo, bebió de su boca, de sus pechos, se llenó de su olor, la escucho gemir, pronunciar su nombre en medio del delirio, de la pasión por mucho tiempo contenida, la llenó con su semilla y cuando el cuerpo se hubo saciado la abrazo contra su pecho le susurró palabras de amor, le dijo cuánto la extrañaba y necesitaba, ella le contestó de igual manera entonces...se sumergió en un profundo sueño, durmió como hace mucho que no lo hacía, con una sonrisa en su rostro, feliz.

Candy cuando se coló a la habitación de Terry jamás imaginó lo que sucedería, ella sólo quería verlo, tocarlo si era posible pero hacer el amor con él ¡JAMÁS!, Lo que ella conocía como relaciones carnales no era nada parecido, si bien llevaba tres años casada su esposo solo la tomaba para satisfacer sus necesidades y ella se dejaba hacer asqueada, pensando en Terry para poder sobrellevar el momento, y después que perdió a su bebé su marido ya casi no la tocaba y ella daba gracias por eso, poco le importaba si él tenía amantes así no tendría que soportar sus manos sobre su cuerpo pero ahora…¿Cómo le haría para olvidar ese momento sublime?, No, no tendría que hacerlo, solo tendría que adelantar sus planes de liberación.

Condice regreso a la realidad al escuchar la voz del hombre en la recámara, salió presurosa, se acercó a la cama y tal como lo hizo hace poco más de dos años se sentó en una silla para contemplarlo, le tomo la mano y la acercó a su mejilla para sentir su calidez.

- ¿Dónde estoy? - Terry estaba entre dormido y despierto, confundido, quería abrir los ojos, pero los sentía pesados- Javi, Javi ¿En dónde estás? - llamaba a su asistente.

-shh todo está bien mi amor- la rubia comenzó a hablarle para tranquilizarlo- yo estoy aquí Terry.

-Candy... regresaste.

-si amor, regresé, estoy aquí, contigo.

-no te vayas pecas, no me dejes otra vez.

-no mi amor, no te dejaré.

La rubia se levantó de la silla, sin soltar la mano del castaño se acercó para besarlo, él por supuesto respondió, aunque estaba drogado su cuerpo respondía a los estímulos de la mujer, ella sabía a la perfección la dosis necesaria para mantenerlo en ese estado así que no perdió más tiempo con todo el amor que le tenía lo besaba y acariciaba, había sido mucho tiempo sin él, más de un año, casi dos desde la primera vez y esa única había cambiado su vida, hoy con esa misma esperanza lo hacía de nuevo.

Eran las cuatro de la mañana cuando un auto negro se estacionaba en el garaje de una lujosa residencia de Chicago, una rubia vestida de negro se bajó de éste con sigilo, entró a la casa por la parte de atrás y subió las escaleras directo a sus habitaciones, al llegar una joven mujer de cara amable la esperaba recostada en un pequeño diván junto a una cuna.

-Dorothy ya estoy aquí- susurró la rubia a la mujer.

- ¿Candy? - inquirió un tanto adormilada- que bueno que ya estás de vuelta- suspiro Dorothy aliviada- ¿Salió todo bien? - preguntó inquieta.

-todo perfecto, ¿Y aquí? - fue el turno de la rubia de preguntar.

-igual todo bien, no te preocupes, no hemos trabajado tanto para nada.

- ¿Cómo se portó mi princesa? - inquirió la rubia reclinándose para acariciar el pequeño bulto envuelto en sábanas rosas, la pequeña Harriet, su hija.

-es un ángel, sólo despertó una vez, le di de comer, le cambié los pañales y siguió durmiendo.

-gracias por todo Dorothy- dijo la rubia tomando la mano de su amiga mientras se sentaba a su lado en el diván.

-no tienes por qué agradecer, has hecho mucho por Tom y por mí, y por todos los demás, aunque no lo sepan- afirmó la mujer.

-ya falta poco amiga, muy poco- dijo la rubia lanzando un suspiro.

Cinco meses después…

Todos los periódicos del país amanecieron ese día con una nota en la primera página:

Fallece el empresario Daniel Leagan.

La madrugada de ayer alrededor de las cuatro de la mañana en un hospital privado de Chicago. A pesar de su corta edad el millonario no pudo vencer una rara enfermedad que le fue mermando la salud desde hace dos años, los médicos no encuentran explicación alguna, a pesar de tantos estudios sigue siendo un misterio la muerte de tan joven hombre,se dice que el padecimiento podría ser hereditario pues su hermana la señorita Eliza Leagan está empezando a presentar losmismos síntomas, al difunto empresario le sobreviven su esposa la señora Candice Leagany supequeña hija de apenas un año Harriet Leagan Ardley, cabe mencionar que la señora Leagan a pesar de su avanzado estado de gestación ha permanecido al lado de su esposo todo el tiempo, afortunadamente el también conocido empresario y padre adoptivo de la viudael señor William Albert Ardley está acompañándola en estos momentos tan dolorosos.

Al pie de la nota periodística había una fotografía del difunto con su familia tomada durante la inauguración de un hotel que formaba parte de la cadena de hoteles del empresario.

En nueva York un joven actor leía la nota del periódico mientras tomaba su desayuno en el jardín de su casa, sus ojos devoraban las letras ahí impresas, su respiración se agitó, su corazón comenzó a latir aprisa mientras sus ojos se posaban en la fotografía a todo color de la familia Leagan.

A la izquierda de la imagen un hombre pelirrojo con una sonrisa cínica veía hacía la cámara mientras tenía tomada de la cintura a una hermosa mujer de expresivos ojos esmeraldas la cualllevabaen los brazosuna pequeña bebé regordeta, con escaso cabello rizado de un color castaño rojizo y ojos grises, la pequeña tenía una peculiaridad que llamó la atención del hombre que miraba detenidamente la fotografía, pensó que podría ser una mancha en el papel y sonrió sintiéndose estúpido al imaginar cosas pues así la niña parecía la viva imagen de su madre.

- ¡Imbécil!, Eso es imposible-dijo en voz alta reprochando su gran imaginación.

intentó limpiar el papel, no, no era una mancha, la niña tenía un lunar sobre el labio superior del lado izquierdo, idéntico al de su madre la también actriz Eleonor Baker, en el otro extremo de la publicación otra fotografía de la viuda, en ella se podía apreciar una Candy embarazada siendo sostenida por un hombre alto y rubio.

El castaño volvió a leer la nota, sus manos temblorosas sostenían el periódico mientras observaba las fotografías, su cabeza daba vueltas y vueltas, pensando.

Dejó el periódico sobre la mesa, se quedó mirando un pequeño ramo de nueve rosas blancas en botón que habían llegado a su casa un par de días atrás, como cada mes los últimos cinco, igual que hacía dos años durante…durante nueve meses ¡un momento!, ¿Pero qué demonios significaba eso?

Mansión Leagan.

Candice Leagan miraba por la ventana de la habitación de su hija, con infinita ternura acariciaba su abultado vientre mientras cantaba una dulce canción de cuna, a un costado de ella la fiel Dorothy la miraba con ojos tristes.

-Candy, ¿Que va a pasar ahora?

-lo que tenga que pasar- contestó la rubia dejando de cantar para mirarla a los ojos- ya todo está hecho, ahora el tiempo lo dirá.

-pero… ¿y si Terry se da cuenta?, Ayer salió una foto de la niña, el señor William fue a reclamarlo al periódico, pero ya no tenía caso, y el diario es de circulación nacional, ¡Tengo miedo Candy! - exclamó la mujer.

-yo no- afirmó la rubia- Neil ya no puede hacernos daño, Eliza tampoco.

- ¿Y tú suegra?, ¿Qué pasará con la señora Sara?, ¿Y el señor Leagan?

-mi suegra es una bruja que nunca hizo nada, hasta creo que disfrutaba las humillaciones que sus hijos me hacían desde niña y luego que me casé con su hijito tampoco es que me quisiera mucho, ahora con lo de Eliza estará entretenida, si siento un poco de pena por Arthur pero él tampoco hizo nada, ¿acaso crees que no sabía lo que hizo Neil?, ¡Claro que sabía!, ¿Y qué hizo?,nada, simplemente nada- la rubia derramaba lágrimas al recordar todo lo que había pasado, lo que la llevó a actuar como lo hizo- no es que me guste lo que hice pero lo haría de nuevo con tal de verlos a todos vivos- concluyó la mujer limpiando su rostro.

Dorothy abrazo a su amiga, ya no había más que hacer, solo esperar.

- ¿Crees que algún día se enteren de lo que hemos hecho Candy?

-no lo sé Dorothy, tal vez, algún día.

- ¿Cómo supiste lo del arsénico?, Sé que eres enfermera, pero ¿Cómo?, ¿Dónde? - inquirió la mujer curiosa por saber.

-leí muchos libros, me quedé con los que tenía el doctor Martín, los que logramos salvar después del incendio en la clínica feliz y después de mi aborto me dedique a buscar la información, así lo supe, que sería la única manera de liberarme sin levantar sospecha, solo tengo miedo de imaginar lo que hará Terry si se da cuenta de todo, antes de lo que yo tenía planeado, pero ya estará de dios Dorothy.

Las dos mujeres se quedaron mirando hacia la nada, en silencio, el destino era un misterio que no querían averiguar, no por ahora.

¿Fin?

Por: Primrose

Para: Terryctober

13 de octubre de 2019

Gracias por leer.

A las personas que siguen "Y así surgió el amor" ya pronto subiré el capítulo cuatro.

Saludos a todos al otro lado de la pantalla, les mando chorro de besos :).