Capítulo 5: El vals del adiós
"Me voy, pero no llores, tú no estés triste. Me voy porque no soy tu mejor opción. No quiero mirar tus ojos al despedirme. Ya seré feliz en otra canción"
Gil Garland
14 años
Distrito 12
"Las lágrimas pesan a veces tanto como las palabras"
–Ahora que voy a partir, ruego queridos amigos que no os olvidéis de mí, y antes de marcharme digo que prometo regresar. Hasta entonces me despido, adiós, bandada, mi hogar.
El público rompe en aplausos mientras el que va a ser mi compañero de distrito hace una profunda reverencia. La escolta parece encantada con él. A mí me dijo que era muy bonita, pero cuando comencé a llorar frunció el ceño y se apresuró a sacar el nombre del chico.
De reojo nos miro en la pantalla grande. Hacemos un contraste enorme. Louie-Louie sonriente y elegante, y yo, con la nariz roja y los ojos hinchados de tanto llorar. No puedo evitar fijarme en que Louie-Louie es bastante guapo. Tiene el pelo rojo, cosa rara en el distrito, y su sonrisa es preciosa. Además, tiene una voz muy bonita. De todos modos no es eso lo que ha hecho que deje de llorar, sino la señora Elliot. No se trata, por supuesto, de que ella haya tenido un gesto amable conmigo. En absoluto, lo que hace que la pena por mi mala suerte dé paso a la rabia en mi interior es la sonrisa de suficiencia que me dedica desde su lugar junto a otras familias distinguidas. Debe de estar satisfecha por librarse de mí. Para ella yo siempre he sido un estorbo.
Me digo a mí misma que si vuelvo seré mucho más rica y poderosa que ella y que tendrá que tratarme con respeto, pero no es un pensamiento muy alagüeño. Nadie de mi edad ha ganado nunca los juegos y solo de pensar en lo que tendré que hacer para conseguirlo me dan más ganas de llorar.
La escolta nos pide que nos demos la mano. A mi compañero le dedica una sonrisa melosa mientras se lo dice, a mí ni siquiera me mira, pero no se lo tengo en cuenta. No es como si me importara lo que esa capitolina piense de mí.
Louie-Louie me aprieta la mano con calidez. Al soltarnos veo que ha aprovechado para colocar un objeto entre mis dedos. Es un pañuelo de tela de un color naranja brillante, bonito y fino.
–Si aun bañada en lágrimas eres hermosa, cuando desaparezcan lucirás cual rosa –susurra para que solo yo lo oiga.
Me sonrojo enterita. Nunca nadie me había dedicado unos versos, menos unos tan bonitos. Seco mis lágrimas con el pañuelo y me dejo guiar al edificio de justicia para las despedidas, aunque no sé si alguien vendrá a despedirme. Mamá Clara habría venido a hacerlo si aún viviera, al igual que mi padre, aunque él y yo no éramos muy cercanos. No obstante, ninguno de los dos vive ya. Mamá llevaba muchos meses enferma y cuando mi padre sufrió aquel accidente en la mina el disgusto terminó por acabar con su pobre corazón. Dudo mucho que los Elliot vengan a despedirme, pero cuando se abre la puerta del lujoso salón en el que me han dejado el señor Elliot aparece y me envuelve entre sus brazos. El gesto me sorprende, él siempre ha sido bueno conmigo, mas nunca tan cariñoso.
–Mi niña, mi pobre niña. ¿Cómo ha podido pasar esto?
El señor Elliot me aprieta contra su pecho y yo me acurruco contra él disfrutando del abrazo. Nadie me daba un abrazo desde la muerte de mamá Clara. Entonces el señor Elliot dice algo que para mí no tiene sentido.
–Todo ha sido culpa mía.
Me separo de él para mirarlo sorprendida. Eso es ridículo. De hecho, él me prohibió que tomara teselas, aunque al final no haya servido de nada. Se lo digo, pero él niega con la cabeza.
–Tomaste teselas los dos primeros años.
–Pero entonces usted no me conocía.
Él baja la cabeza como si estuviera avergonzado por algo.
–Sí que lo hacía, pequeña. Yo te conozco desde antes de que nacieras. Ay, Gil, lo siento tanto. Si yo hubiera sido valiente para enfrentar el escándalo, si te hubiera dado un lugar en mi casa como merecías, quizá hoy no estarías en esta situación.
En un principio no entiendo nada. Luego todo empieza a cobrar sentido: las miradas de odio de la señora Elliot, el por qué de que de repente me ofrecieran un trabajo que no había solicitado e incluso la frialdad que mi padre tuvo siempre hacia mí.
–Yo quería a tu madre y de ese amor naciste tú, pero quise cubrir las apariencias. Le busqué un matrimonio con un minero honrado y me dije a mí mismo que había cumplido con mi deber. Hoy lo siento, lo siento muchísimo.
Aprieto el pañuelo que me dio Louie-Louie con tanta fuerza que me da miedo rasgarlo con las uñas. El señor Elliot intenta abrazarme, pero doy un paso atrás. Pienso en su casa, llena de lujos con los que mamá Clara y yo solo podíamos soñar. Pienso en Juliet y Charlie, en sus ropas bonitas y en como nunca han tenido que preocuparse por si habrá comida en su mesa. Sobre todo pienso en mamá, enferma y dolorida sin que pudiéramos permitirnos la medicina que pudiera curarla. Todo porque él quiso guardar las apariencias, porque no quiso provocar un escándalo. Me pregunto si me habría confesado la verdad alguna vez si yo no hubiera salido cosechada o si se hubiera contentado con darme un trabajo y tratarme con educación. Si se hubiera dicho a sí mismo que con eso estaba cumpliendo con su deber. Siento ganas de llorar de nuevo, pero esta vez de rabia. Sin embargo, no lo hago.
–Váyase –le digo.
No quiero seguir viéndolo. Lo quería cuando era el señor Elliot, pero ahora que sé que es más que eso no puedo soportarlo. Él parece sorprendido y dolido, pero yo insisto.
–Váyase de aquí.
Asiente en silencio y se marcha. Nadie más viene a visitarme, pero me da igual. Cuando venza no los necesitaré. Volveré y seré rica. Podré hacer lo que quiera y no necesitaré su caridad ni su compasión.
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Beomgyu Azure
17 años
Distrito 4
"Tal vez la gratitud no sea la virtud más importante, pero sí es la madre de todas las demás"
Jasper entra en la sala del edificio de justicia echo una furia. Me lo esperaba. Vi la cara de cabreo que se le quedó en el escenario cuando le dije que no pensaba aceptar voluntarios.
–¿De qué vas, tío? El otro día me decías que no entendías por qué quería ir a los juegos y hoy vas y me quitas mi momento de gloria. ¿Qué te pasa?
Es lo primero que me dice al entrar. Yo suspiro. Sé que no voy a conseguir que lo entienda, pero también sé que he hecho lo correcto. A los doce años salí elegido y un profesional, Ryan, un chico al que no conocía de nada, se presentó en mi lugar. Me dio uno de los collares que llevaba, me sonrió confiado y me dijo que disfrutara de mi vida. Dos semanas después murió. Sé que no lo hizo exactamente por mí, que se hubiera presentado por cualquier otro niño que hubiera salido elegido, pero lloré su muerte porque gracias a su sacrificio yo seguiía vivo.
Pensé que nunca más tendría que pasar por algo así, pero debo de tener un imán para la cosecha porque este año mi nombre volvió a salir. Jasper no tardó ni tres segundos en presentarse voluntario. Me sonrió y fue a chocarme los cinco. Yo fui a devolverle el gesto, pero entonces me acordé de Ryan. Recordé el momento en el que lo vi morir en la plaza del distrito mientras estaba con mis amigos, incluido Jasper, y supe que no podía permitirlo de nuevo, que no podía dejar que otra persona fuera a los juegos en mi lugar y muriera por mí. Ya fue duro con alguien a quien no conocía y con Jasper sería peor.
–¿Y por qué me iba a morir? Estoy preparado, Beomgyu, mucho más preparado que tú. Yo podría ganar.
–Yo también voy a la academia.
–Pero no te has preparado para esto tanto como yo. ¿Cómo crees que me sentiré yo si eres tú el que muere?
Sus ojos siguen echando chispas, pero en su mirada también hay preocupación.
–Ha sido mi decisión. No será culpa tuya si me pasa algo.
–También era mi decisión ir y tampoco hubiera sido culpa tuya si yo hubiera muerto en los juegos.
Después de eso ninguno de los dos sabe qué más decir. De repente me encuentro envuelto en un abrazo que no tengo claro cuál de los dos ha empezado. Después Jasper se marcha. Espero que detrás de él entre Áurea muerta de preocupación o mi madre diciendo que esta es la mayor estupidez que he hecho nunca, incluso la madre o la hermana de Ryan, con las que sigo en contacto, diciéndome que he desperdiciado su sacrificio. Sin embargo, la que aparece por la puerta es Marina, la novia de Jasper. Tiene los ojos llorosos y se limita a mirarme fijamente antes de decir:
–Gracias, lo siento, pero muchas gracias.
Y salir corriendo de la habitación.
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Linette Squab
16 años
Distrito 8
"Me sostengo con el amor de mi familia"
Estuve estudiando en casa de mi amigo Cotton esta mañana antes de venir, así que llevo encima las libretas de la escuela. No creo que me dejen llevarlas al Capitolio, pero no me las han quitado al dejarme en la sala del edificio de justicia, así que saco una y comienzo a escribir. Adoro a mi madre, pero tiene una memoria pésima y se le olvidará todo lo que le diga, así que es mejor dejárselo por escrito. Además, también tengo que hacer listas para mis hermanos. Si yo no estoy aquí para decírselo se olvidarán de hacer sus tareas y de las cosas que tienen prohibido hacer.
Lista de cosas que mamá tiene que recordar
A David le gusta comer la carne en trocitos muy chiquititos.
A Celeste hay que revisarle los deberes siempre porque confunde la v con la b y luego le quitan puntos en la escuela.
El color favorito de Fany es el naranja y se pone contenta si lleva encima algo de ese color.
Cuando Marie-Claire tiene miedo la tranquiliza beberse un vaso de leche.
En este punto tengo que parar porque unas lágrimas rebeldes amenazan con empañarme la vista. Me estoy acordando del incidente del otro día. Regañé a Celeste por darle la leche a Marie-Claire cuando ella tenía miedo por la cosecha y ahora aquí estoy, siendo cosechada. Me seco las lágrimas con brusquedad y sigo escribiendo. Tengo que recordarle a mamá que Val no soporta que le hagan la raya al lado y que Fred odia las verduras y hay que estar encima de él para que se las coma.
En esas estoy cuando entran todos. Mi madre, mi padre y los niños detrás. Mi padre se queda al fondo, como siempre. Siempre me he preguntado para qué ha tenido tantísimos hijos si luego a ninguno de nosotros nos presta atención. Mamá se lanza a abrazarme y la libreta se me cae al suelo. No me importa. Le devuelvo el abrazo como hace muchísimo tiempo que no lo hago. Nunca he sido una persona cariñosa, pero hoy lo necesito y sé que ella también. De todos modos eso no hace que deje de lado mis obligaciones y comienzo a recitarle a toda prisa lo que no me ha dado tiempo a recordarle.
–Shh, no, ahora no, Linette. Ahora tienes que pensar en ti. Nosotros estaremos bien. Tú solo preocúpate por ti –me dice mientras suelta todas las lágrimas que yo no me permito soltar.
Mientras tanto Celeste ha cogido la libreta y la está leyendo muy concentrada.
–Cuando vuelvas –comienza esforzándose por contener el llanto–, cuando vuelvas seré la mejor de mi clase en ortografía. Me aprenderé cómo se escriben todas las palabras y no tendrás que corregirme los deberes nunca más.
–Y yo me comeré las zanahorias sin protestar –agrega Fred.
Suelto a mi madre y me abalanzo sobre mis hermanos pequeños, sobre todos a la vez. Los atraigo hacia mí y los envuelvo en un abrazo largo, de esos que a ellos tanto les gustan y que yo rara vez les doy.
Cuando por fin los suelto mi padre se acerca.
–Tienes que hacer lo que sea por volver, Linette. Eres el pilar de esta familia.
No debería serlo. Ellos no deberían dejarme a mí la responsabilidad de cuidar a los hijos de los que no pueden hacerse cargo, pero no le digo nada. Quiero a mis hermanos con toda mi alma y hace mucho que tomé con gusto esa responsabilidad. No obstante, no prometo nada. Nunca me ha gustado la gente que hace promesas que no sabe si podrá cumplir.
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Neelas Amaranta
18 años
Distrito 10
"La sinceridad y la verdad son las bases de toda virtud"
A solas en la sala del edificio de justicia, mientras espero a que mi familia y Jeena vengan a despedirse de mí, todavía no he terminado de procesar lo que acaba de pasarme. Desde pequeño he sabido que mi vida estaba planeada al dedillo por mis padres. Esto, lejos de suponer una presión, era para mí un gran alivio. Se trataba de una buena vida, cómoda y segura, y me preparé lo mejor posible para ella. No obstante, para este imprevisto no estoy preparado. La posibilidad de salir cosechado era demasiado baja teniendo en cuenta que nunca jamás pedí una tesela.
Siempre me he enorgullecido de mi capacidad para buscar soluciones a los pequeños problemas que se me iban presentando, pero este problema no es pequeño y no tengo ni la más mínima idea de qué debo hacer. Conozco las reglas de los juegos del hambre, por supuesto, pero el mero hecho de pensar en tener que cumplirlas me pone enfermo.
Nunca he matado a un animal, ya que nosotros nos dedicamos a productos que se extraen de ellos como la leche o la lana. No tengo tampoco conocimientos de venenos o de plantas, pues mi formación siempre ha ido encaminada a administrar la granja. Siempre he pensado que todo lo que he ido aprendiendo de mi padre me serviría en un futuro, pero ahora me doy cuenta de que para el futuro que me espera en realidad no he aprendido nada.
Cuando se abre la puerta espero ver a mis padres, pero la que entra es Jeena. Hago mi mejor esfuerzo por dedicarle una sonrisa a la que ella corresponde con otra tan forzada y falsa como la mía.
Jeena se sienta en un sillón cercano y comienza a hablar.
–Tus padres vendrán ahora. Me han dejado pasar a mí primero mientras se calman un poco.
Se pone un poco roja, como si pensara que eso último era mejor no haberlo dicho. Jeena en general no habla mucho, es más bien del tipo reservado y yo, que soy mucho más extrovertido, suelo ser quien llena nuestras conversaciones, pero ahora mismo no estoy como para hablar. Ella lo nota y prosigue.
–Nadie se esperaba esto, pero yo creo que tienes posibilidades. No será un camino de rosas y desde luego no se parecerá a nada de lo que has hecho antes, pero eres inteligente. Se te da bien encontrar soluciones y pensar rápido. Esa es una buena cualidad para la Arena. Además, eres un optimista nato.
–Ahora mismo no me siento nada optimista. Nunca he estado en una situación así. Sé solucionar las cosas de la granja, pero no sé nada fuera de eso.
–Es lo mismo. Al final todos los problemas se parecen. Tienes que analizar la situación y buscar el camino más rentable.
Esa frase es mía y me saca una pequeña sonrisa. Jeena siempre ha sido sincera conmigo. Si ella no creyera que puedo hacerlo no me lo estaría diciendo. Me hace sentir un poco mejor que confíe en mí. Me acerco a ella y le cojo la mano. Ella me la aprieta con cariño.
–Te vendrá bien pensar en cosas positivas como lo que pasará después de los juegos, todo lo que podrás hacer con el dinero y eso. Al menos eso dicen los vencedores en la tele que es lo que les ayudó.
–Después de los juegos me casaré contigo. Eso será en lo que piense. Te amo, Jeena –le digo mientras acaricio sus dedos con el pulgar.
Ella baja la vista.
–Sí, nos casaremos cuando vuelvas, tal y como nuestros padres acordaron. Será un buen matrimonio. Tú y yo con el tiempo podemos llegar a ser buenos amigos.
No me dice que me ama. Jeena siempre es una persona sincera.
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Borealisse Lavis
17 años
Distrito 1
"O tal vez en Slytherin harás tus verdaderos amigos. Esa gente astuta utiliza cualquier medio para lograr sus fines"
Mis padres salen de la habitación. Es el sitio más lujoso en el que han estado jamás, pero cuando se lo he comentado me han mirado como si estuviera loca y mi padre me ha regañado por andar pensando en eso. Mis padres son del distrito uno, pero entre las familias menos adineradas no hay tanta cultura del voluntariado como en las familias ricas y el tema de que yo vaya a los juegos no les convence del todo. De todos modos han intentado mantener la calma.
Cuando se vuelve a abrir la puerta espero que sea Henry el que entre por ella, pero es mi hermano. Él y yo nunca nos hemos llevado bien. Hay bastante diferencia de edad entre los dos y además, él es la razón principal por la que yo he tenido que hacer todo esto. Si él no hubiera nacido, estaríamos mejor económicamente y yo no tendría primero que pedir teselas y después que pasarme la vida entrenando para ir a los juegos, aunque tengo que reconocer que entrenar me gusta.
Mi hermano se queda parado en la puerta. No tiene muy claro qué decir y yo la verdad es que tampoco. Al final suelto lo primero que se me pasa por la cabeza.
–Bueno, enano, vas a tener el dormitorio para ti solo a partir de ahora. Estarás contento ya que siempre te quejas de que te despierto roncando.
–Sí, es un alivio saber que pase lo que pase no escucharé tus ronquidos nunca más.
Por el tono jocoso que ha intentado darle a su voz sé que está intentando bromear. Por el ligero temblor al decir ese pase lo que pase, sé que la broma no le resulta del todo graciosa. Supongo que intenta seguir mi tipo de humor, pero la verdad es que me saca de quicio. Me pone de los nervios que se atreva a bromear con el tema porque yo me lo estoy currando mientras él no hace nada y me pone de peor humor aún que encima haga como que le importa lo que me pueda pasar porque ni siquiera somos cercanos.
–venga, no se te ocurrirá ponerte a llorar ¿no?
–No –contesta y hace un intento por adoptar la pose patriótica, espalda recta y mirada al frente–, sé que tú has elegido ir para dar gloria al distrito y traer dinero a la familia.
–No, yo no lo he elegido. Papá y mamá eligieron traerte a ti y yo tuve que apechugar con las consecuencias.
Me mira dolido, pero no se amilana.
–Puede que tú te pases la vida empeñada en ignorarme, pero yo sí que te presto atención y te aseguro que sé que si fuéramos tan ricos como tu amigo Henry, tú seguirías con ganas de ir a los juegos. Lo que pasa es que es más fácil culparme a mí que a ti y te sientes mejor contigo misma diciéndote que vas por dinero en lugar de por ambición.
Dicho esto se marcha. Es la primera conversación real que tengo con mi hermano. Tiene razón en que me he esforzado mucho en ignorarlo, pero ahora empiezo a pensar que quizá sea una persona interesante.
No tengo mucho tiempo para darle vueltas al asunto porque ahora sí que entra Henry. De nuevo pasa como con mi hermano. Ninguno de los dos sabe qué decir. Henry y yo no hablamos demasiado, solo de entrenamientos y tácticas y esas cosas.
Finalmente se adelanta y dice solemnemente:
–Buena suerte, Borealisse.
–Gracias.
Espero que entienda que no le estoy agradeciendo solo por desearme buena suerte porque yo no soy de decir ese tipo de cosas. Él asiente con la cabeza, toma mi mano entre las suyas y deposita un beso suave en mi palma. Es extraño, pero no desagradable. Después simplemente se marcha y yo me quedo sola pensando que seguro que he tenido las despedidas más raras de la historia de los juegos.
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Deacon Earth
14 años
Distrito 11
"El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa"
Tiene gracia. El otro día andaba bromeando con la cosecha y hoy he salido cosechado. Es como si el destino me estuviera gastando una broma. Lo pensé cuando dijeron mi nombre y lo sigo pensando ahora. Por eso me reí mientras subía al escenario. Creo que me dio imagen de loco por como me miraba la gente, pero la gente me suele mirar mal cuando me río, así que no es una novedad.
Mi padre entra en la sala del edificio de justicia. Es una habitación muy lujosa, pero él no se entretiene en mirarlo, sino que se pone inmediatamente a darme instrucciones. A mi padre le encanta dar órdenes. Yo no tengo problema con eso. A Sophie le molestaba muchísimo, pero yo creo que sus consejos son sensatos. Además, Sophie murió por no hacerle caso. Claro que yo siempre le he hecho caso y a lo mejor me muero también.
Me vuelvo a reír ante ese pensamiento y mi padre me mira como espantado. Normalmente tenemos el mismo humor y él es de las pocas personas que consigue hacerme sonreír, pero hoy está muy serio. Debe de ser por la cosecha.
–Hijo, ¿no tienes miedo?
Niego con la cabeza y suelto otra carcajada.
–Cuando tu madre murió, tardé un rato en comprenderlo. El médico me hablaba del funeral y yo solo podía pensar en que había comprado cerezas porque ella las adoraba y en que cuando ella se enterara me iba a regañar porque eran carísimas.
Dicho esto, que no entiendo del todo a qué ha venido, me da un beso en la cabeza y se marcha no sin antes darme otro par de consejos.
La puerta se cierra detrás de él y pienso que a lo mejor no vuelvo a verlo. Es ese pensamiento el que hace que dentro de mi cabeza algo haga clic. Quizá no vuelva a ver a mi padre. Quizá no vuelva al distrito. Quizá no salga vivo de esta porque voy a los malditos juegos del hambre. No es un chiste ni una broma. Puedo morir y de repente el miedo sube por mi garganta. Nunca he apreciado la vida en el distrito, es dura y cruel, pero la muerte es todavía más cruel y más dura. De repente noto el vómito subiendo por mi garganta.
Ese es el momento justo en el que el escolta abre la puerta.
–¿Estás listo, chico?
–Sí, bueno, no, digo, sí. Eh, creo que lo que quiero decir es que…
Y le vomito los zapatos al horrorizado escolta. No, no, eso no era lo que pretendía decir. Vuelvo a reírme, pero esta vez ni siquiera yo le encuentro la gracia.
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Angie dickinson
16 años
Distrito 5
"No se me permite apostar, pero si pudiera, apostaría por ti"
–Angie, hija, sé prudente.
–Sí, y realista. No te pierdas en tus mundos de Yupi. Tienes que estar atenta a tu alrededor.
Asiento repetidas veces a los consejos de mis padres. Llevan alternando los "Sé prudente" con los "Te queremos muchísimo" desde que han entrado. Yo no las tengo todas conmigo, en lo de ser prudente, claro, lo de que me quieren no se me ocurriría dudarlo. Me conozco y sé que la prudencia no es lo mío. Lo mío es pensar rápido y actuar más rápido aún. Esa será mi estrategia.
La verdad es que no podía creérmelo cuando me cosecharon. Había pensado alguna vez en la posibilidad e incluso fantaseé más de una vez con ser vencedora, pero no es lo mismo pensarlo que vivirlo. Se me vino el mundo encima, pero ya estoy algo más recuperada. Ahora más que nunca necesito ser optimista.
Un agente de la paz viene a decirle a mi familia que ya acabó su tiempo. Los abrazo a todos antes de dejarlos marchar. El agente protesta, pero no nos lo impide. Después se abre la puerta y otro agente entra, pero no es cualquier agente: es El Agente, así, con mayúsculas. Ángel ha venido a despedirme.
–Ángel, no sabía si ibas a venir. No me malinterpretes, me encanta que hayas venido, aunque me encantaría más que fuera en otra situación, ya me entiendes. El caso es que no sabía si los agentes de la paz os podíais despedir de los tributos.
–Yo tampoco lo sabía, pero no me han dicho nada al entrar, así que supongo que no pasa nada. De todos modos sentí que tenía que venir a verte. No quería que te fueras a los juegos sin decirte una cosa.
Ay, ay, ay, que me muero. Se me va a declarar. Podía haberlo hecho un poco antes, pero bueno, entiendo que no se atreviera y que hoy podría ser su última oportunidad. No, no debo pensar en eso último. Mejor pensar en que Ángel se me va a declarar.
–¿Qué quieres decirme?
–Que no te preocupes por los patrocinios, que voy a darle dinero a Michael para ti. Como agente no puedo apostar, pero sí se me permite patrocinar a un tributo si es del distrito en el que sirvo y bueno, no es que el sueldo de agente sea mucho, pero voy a aportar todo lo que pueda para que puedan enviarte lo que necesites.
Bueno, no se me ha declarado, pero esto también es bueno. Tengo mi primer patrocinador y además significa que le importo. Él mismo lo ha dicho, su sueldo no es mucho y aun así va a gastar parte de él en mí. No puedo contener las ganas de abrazarlo. Él me aprieta contra su pecho. Siendo yo tan bajita y él tan alto me siento como cuando era pequeña y papá me abrazaba cuando tenía pesadillas. Es reconfortante.
Cuando nos separamos Ángel se quita un broche con el símbolo del distrito cinco que lleva prendido en el uniforme.
–Me lo dio el jefe como premio por solucionar el incidente del pozo. Podrías llevártelo como recuerdo. A lo mejor te da suerte y sirve para sacarte de algún otro sitio.
Vuelvo a abrazarlo emocionada. Lo llevaré. Seguro que me da suerte. Dejo que me lo ponga en la camisa y nos despedimos.
–¡Te lo daré cuando vuelva! –le grito cuando las puertas ya se están cerrando a sus espaldas.
Él me dedica una sonrisa antes de que se cierren del todo.
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Everett Walsh
18 años
Distrito 6
"A veces ser un hermano es incluso mejor que ser un superhéroe"
Después de las despedidas, el tributo masculino se reúne a las puertas del edificio de justicia con los vencedores, la escolta y la tributo femenina. Es el procedimiento habitual, pero yo no estoy preparado. No estoy preparado para ver a mi hermana y asumir que los dos somos tributos en los juegos del hambre.
Cuando salió el nombre de Kaylee en la cosecha me quise morir. Empecé a preguntarme si debía presentarme voluntario para protegerla y, quizá mi madre tenga razón con todo ese asunto del carma, porque ya estaba decidiendo que no cuando la escolta leyó mi nombre. El distrito entero se quedó mudo. Nunca había pasado que dos hermanos salieran cosechados.
Kaylee está haciendo esos ejercicios de meditación que nuestra madre le enseñó a hacer para relajarse. Lo noto por su forma de respirar. Idylla Siddeley, nuestra más reciente vencedora, parece muy nerviosa. Se agarra al brazo de Matthew Dashner, el primer vencedor, y ambos hablan en susurros en un aparte.
–Es súper emocionante que sean hermanos –comenta la escolta a Lisbeth Chesterphield, nuestra otra vencedora–. Nunca antes había pasado. Seremos el primer distrito en tener algo así.
Lisbeth le dedica una mirada censuradora, pero no dice nada. En lugar de eso se vuelve hacia nosotros para indicarnos que es hora de coger el coche que nos llevará a la estación.
Kaylee se acerca a mí y me coge de la mano. Parece tranquila, aunque yo sé que es una fachada, algo sobre intentar invocar buenas energías al parecer positiva. La miro y le dedico una sonrisa que espero sea alentadora. No estuve dispuesto a presentarme voluntario por ella, pero ya que el destino, me niego a creer que sea el carma, nos ha puesto en esta situación, me juro a mí mismo que haré lo que sea por protegerla.
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He decidido saltarme las cosechas e ir directa a despedidas. También he decidido que no me voy a quebrar mucho la cabeza con la longitud de los povs y por eso hay unos más largos que otros. El de Gil en concreto es larguísimo, pero tenía muchas cosas que contar.
El título es de una canción de Rulo y la contrabanda que no tiene nada que ver realmente con la historia, pero que me gusta un montón y me pareció propio para las despedidas. La cita del principio es de esa canción. El resto son de Ovidio, Marco Tulio Cicerón, Maya Angelou, Confucio, J. K. Rowling (de una de las canciones del sombrero seleccionador), Friedrich Nietzsche, Suzanne Collins (no me pude resistir) y Marc Brown.
Hay en mi perfil una encuesta para que quien quiera vote por sus tributos favoritos. No tendrá influencia en la trama, pero tengo curiosidad. Disclaimer por la idea a Alpha, gurú de los syots de la nueva generación.
