Capítulo 8: Compañeros

"Quien tiene un amigo tiene un tesoro"

Rita Meadowbrook

17 años

Distrito 3

"La mayor parte de los hombres, falseando la verdad, quieren aparentar ser mejores"

Me despiertan unos golpes en la puerta. Al abrir veo a una avox que me tiende la ropa que debo ponerme para entrenar. La despido con un asentimiento de cabeza y miro la hora. Tengo tiempo de darme una ducha antes de desayunar.

He tenido una pesadilla. Ahora empieza a irse de mi mente y apenas puedo recordarla, pero sé que tenía que ver con Loki. No hace falta ser un genio, cosa que soy, para saber lo que significa ese sueño: estoy nerviosa por encontrarme con él esta mañana ahora que he perdido lo único que tenía para negociar.

El agua me ayuda a relajarme y a eliminar del todo los restos de la pesadilla. Es una tontería preocuparse antes de tiempo, pero no estoy acostumbrada a esto, a no tenerlo todo bajo control.

El uniforme de tributo es bastante anodino. Me recuerda a la ropa que suelo llevar en casa y eso me gusta. Con esta ropa no parezco peligrosa, solo una chica más, tímida y asustada. Esconderme bajo la apariencia de alguien común siempre ha sido lo mío, igual que lo de Loki es aparentar más de lo que es con sus aires de grandeza. Ambos usamos nuestra apariencia, él para inspirar terror y yo para pasar desapercibida. La apariencia es importante. Sonrío, sí, la apariencia es más importante que lo que tengas en realidad.

Me dirijo a desayunar de mucho mejor humor. Ryo y Linus ya están allí y hablan amigablemente. Mi compañero me señala una bandeja repleta de dulces para que coja uno y lo hago. Están ciertamente buenos.

Después cogemos el ascensor. Linus nos ha dado una charla sobre que no nos preocupemos porque nuestro plan haya salido mal, que a veces hay contratiempos, pero que los juegos no han empezado todavía. Es un blando, igual que Ryo. Al llegar busco a Loki con la mirada, pero no lo encuentro. Su compañera tampoco está. Hemos llegado con tiempo y faltan algunos tributos todavía.

Me fijo en la competencia. La chica del cinco le está contando algo a su compañero, que la escucha interesado. El chico del ocho no les quita ojo a los profesionales, que se han reunido en una esquina con el chico del siete y parecen estar haciéndole un montón de preguntas. Su compañera de distrito está haciendo lo que parecen ser estiramientos mientras que la chica del ocho la observa con curiosidad.

Los tributos restantes llegan justo a tiempo para que la entrenadora jefa, no me molesto en escuchar su nombre porque no es útil, dé su discurso y el entrenamiento se inicie.

No busco a Loki, aunque lo veo perfectamente. En lugar de eso me dirijo hacia la zona de los libros. Quiero ver lo que tienen y, sobre todo, quiero que sea él quien me busque a mí. Ryo quiere dar una vuelta por toda la sala antes de decidir qué hacer, así que nos despedimos. Eso me viene bien porque no me conviene que sepa que estoy en tratos con Loki.

Reviso las estanterías con interés. El chico del once también anda por aquí curioseando, aunque está en la parte opuesta, mirando libros sobre plantas. Teniendo en cuenta de qué distrito viene, me pregunto para qué los necesita. Quizá es una forma de sentirse seguro.

Yo estoy echando un vistazo a un libro titulado Guerreras del mar y que en teoría es un estudio sobre las vencedoras del distrito cuatro, aunque parece que se centra más en sus vidas que en su papel en la arena.

Loki aparece justo cuando lo estoy devolviendo a la estantería. Lo veo entrar en la sección con el rabillo del ojo y termino de poner el libro en su sitio antes de volverme hacia él, que está apoyado en una mesa mirándome.

–Hola –lo saludo con mi tono tranquilo y monocorde de siempre.

–¿Eso es todo lo que tienes que decir? Si lo único que puedes ofrecerme es un saludo, me temo que esta alianza no es para mí.

Su tono es frío, pero detecto una sombra de burla al final. No me dejo amilanar y contesto con indiferencia.

–Yo tengo mucho más que ofrecerte, pero todavía no he visto lo que tienes que ofrecerme tú.

–¿Yo? Yo no tengo que demostrarte nada. Tú has venido a buscarme.

–Sí, pero me gustaría saber qué estarías dispuesto a hacer por esto que yo tengo. Es algo demasiado valioso como para desperdiciarlo.

Él se pone una mano en la barbilla con gesto pensativo.

–Veamos, ¿qué estaría dispuesto a hacer? No se me ocurre nada. Bueno, sí que se me ocurre algo –Se acerca a mí y me coge por los hombros. Tiene su cara a tan solo unos centímetros de la mía– ¿Quieres saber qué se me ocurre?

–Sí –respondo mientras intento convencerme a mí misma de que no va a hacerme nada, de que no puede hacerme nada.

–Bien, esto es lo que puedo hacer por ti: no te mataré la primera en el baño de sangre, suponiendo que eso que tienes valga realmente la pena. Si no es así, no disfrutarás de ese privilegio.

Dicho esto se aparta y sale de la sección diciéndome que vaya a buscarlo cuando de verdad tenga las cosas claras. El problema es que tengo muy claro que no poseo nada que pueda interesarle, ya no.

–Me da que te has quedado sin alianza por chula –comenta el del once sin levantar la vista de su libro de plantas.

No le contesto. Ojalá mi mayor problema fuera no tener alianza.

()()()()()()()()()()()()()

Louie-Louie Oddithy

16 años

Distrito 12

"Luego llegué yo con mi escudo y con mi espada / conmigo ella quedó encantada"

La instructora de la estación de cuchillos tiene el pelo blanco y largo y la cara llena de arrugas. Parece una viejecita adorable de esas que vienen a nuestros espectáculos con sus nietos. No obstante, el hecho de que esté rodeada de armas punzantes le quita un poco de esa adorabilidad.

Malcolm, nuestro mentor, opina que los cuchillos son el arma más fácil de aprender para alguien que no sabe nada, así que aquí estamos, cuchillo en mano, atendiendo a las explicaciones de la abuelita instructora.

A Gil no se le da del todo mal, ya que está acostumbrada a cocinar y, aunque no es lo mismo, eso ayuda. Mientras la instructora corrige su postura jugueteo con el cuchillo en mi mano. Comienzo a moverlo como si fuera una espada, como cuando mi prima Roxanne-Black y yo jugábamos de niños a que éramos valientes guerreros. Ahora soy un príncipe de un reino muy lejano, que debe cruzar a espadazo limpio un bosque lleno de criaturas aterradoras.

El ceño fruncido de la instructora me saca de mis fantasías. Pienso que va a regañarme y le dedico mi mejor mirada de cachorrito abandonado, pero en lugar de comenzar a sermonearme se da la vuelta y saca otro cuchillo. Se trata de una daga con la hoja más larga de lo habitual que casi parece una espada.

–Prueba con esto –me dice –. Es un estilete.

Obedezco. El estilete se siente bien en mi mano. Es un arma bonita, más elegante que un cuchillo, pero sin ser tan pesada como una espada. La instructora parece satisfecha.

–No llegarás a ser un experto en estos días, pero tienes buena mano y con algo de práctica te defenderás bien.

Gil y yo dedicamos parte de la mañana a practicar con el cuchillo y el estilete. Luego nos separamos para que cada uno busque las estaciones que más interesantes le parezcan.

Doy una vuelta por el centro de entrenamiento. Los profesionales se han separado y entrenan con diferentes armas. Iralene Martelé, la chica que ayer me rechazó, se ha conseguido como aliadas a las tributos del diez y del once, las he visto hablar esta mañana nada más empezar el entrenamiento, pero ahora cada una entrena por su lado. Por otra parte los hermanos del seis están en la estación de pelea cuerpo a cuerpo. Él observa mientras el instructor le indica a ella cómo debe colocar las piernas para efectuar un movimiento de manera más ágil. No parece que se le dé mal. La miro un rato hasta que parece cansarse y cede el turno a su hermano. Entonces me acerco a ella.

–Pareces algo cansada. Es normal, nadie puede realizar todo ese esfuerzo como si nada. Además, parecías bastante experta ¿tu primera vez peleando ha sido esta?

Ella me sonríe. Menos mal, no sé si mi corazón, o mi ego, hubieran podido soportar otro rechazo.

–Es la primera vez que peleo, pero mi madre me enseñó a hacer yoga desde pequeña, así que soy bastante flexible. El instructor me estaba ayudando a utilizar eso en mi favor. Soy Kaylee, por cierto. Tú eres Louie-Louie ¿no?

Me llevo la mano al corazón con una gran sonrisa.

–Es para mí motivo de felicidad, saber que te has fijado en mí, la verdad.

Ella se ríe. Tiene una de esas risas cantarinas tan bonitas.

–¿Siempre hablas así? Nunca había conocido a un músico, pero no me imaginaba que también hablárais como cantando.

–No todos lo hacemos, no, pero la música llevo en mis venas yo. Llevo el arte siempre en mi corazón y hablo rimando para hacer la vida tan bella como una canción.

Kaylee parece totalmente encandilada. Hablamos un rato más. No me importa perder momentos de entrenamiento porque ganarme su confianza es más importante que cualquier cosa que pueda aprender aquí. Cuando suena la campana de la comida su hermano se despide del instructor y se acerca hasta nosotros.

–Este es Louie-Louie –dice Kaylee –. Se viene a comer con nosotros.

–Genial, mi hermana y yo somos más del dicho donde caben dos caben tres que de eso de tres son multitud.

–Si no os importa, seremos más. No dejaría sola a mi compañera jamás.

Como si lo hubiéramos ensayado, Gil llega en ese momento. Kaylee y su hermano la reciben con amabilidad. Ninguno parece un gran guerrero, pero ambos podrían ser lo que Gil y yo necesitamos para completar la alianza.

()()()()()()()()()()()()()

Linette Squab

16 años

Distrito 8

"El consejo, bueno es, pero creo que es de las medicinas que menos se bastan y se gustan"

Coloco en la bandeja un plato de sopa, un cuenco con ensalada y otro plato con algo de carne. A mi lado el chico del once se ha llenado el plato de todo tipo de cosas sin ton ni son. Frunzo el ceño. Es cierto que tenemos que aprovechar para comer todo lo que podamos, pero no así. Lo único que va a conseguir es ponerse enfermo.

–Si te comes todo eso te vas a poner malo –le digo.

–Para una vez que tengo la oportunidad de comer lo que me dé la gana, la tendré que aprovechar.

–Sí, y está bien que comas mucho y ganes peso, pero si te pasas con la comida te sentará mal.

–Bueno, mejor para ti. Si estoy enfermo te será más fácil matarme ¿no?

Me quedo sin saber qué decir. Supongo que tiene razón, pero debe de tener unos catorce años, la edad de Delia, y no me siento cómoda pensando en eso. Él aprovecha mi silencio para marcharse, aunque en el último momento se vuelve y deja uno de los platos en su sitio. No puedo evitar sentirme mejor con eso, aunque lo que este chico coma o deje de comer no es asunto mío.

–No puedes tratar a todo el mundo como si fuera tu hermano pequeño, Linette.

Me vuelvo para encontrarme con Tricot, que lleva su propia bandeja en las manos.

–Ya lo sé. Normalmente ni siquiera soy así. Ya tengo bastante con cuidar de mis hermanos como para andar fijándome en lo que hacen otros.

–En situaciones de estrés la gente intenta aferrarse a sus hábitos para sentir que controla la situación. Tú estás acostumbrada a cuidar de la gente y ahora no puedes cambiar eso, lo entiendo, pero esto son los juegos del hambre.

–Ya lo sé, ya.

Me siento como una niña regañada, aunque el tono de Tricot es amable. Es un buen chico y me gusta contar con él aquí.

–No voy a parar de hablar con Linette solo porque a ti no te caiga bien. De hecho que no te caiga bien hasta hace que a mí me caiga mejor.

–¿No le caigo bien a tu intruso?

–No, dice que las que van de buenas por la vida luego son las peores.

–Va, qué sabrá él.

Tricot asiente y nos dirigimos hacia la mesa en la que está sentada Daisy. Ella no sabe nada del intruso de Tricot, apenas la conocemos desde esta mañana y ha estado sobre todo conmigo porque Tricot prefiere entrenar solo. La vimos hacer sus estiramientos y nos llamó la atención. Según nos contó practica gimnasia y es bueno hacer eso antes de empezar a hacer ejercicio. A mí me enseñó a hacerlo también. Tricot no quiso, supongo que por lo del intruso, y se fue a dar una vuelta. Creo que Daisy está tan aliviada como yo de no estar sola. No es una persona muy sociable ni muy habladora, yo tampoco lo soy, pero ambas sabemos que en esta situación es mejor hacer equipo.

Al sentarme veo que el chico del once está solo en una mesa. Es el único que lo está. Tricot me pilla observándolo y alza una ceja. Yo aparto la mirada y finjo que no lo he notado. Daisy no se ha percatado de nada.

Comenzamos a comer en silencio. Mientras tanto yo voy planeando la tarde. Hago una lista mental de todos los puestos que quiero visitar y de cuáles será mejor dejar para mañana. Al menos puedo centrarme en mis tareas. Eso no ha cambiado.

()()()()()()()()()()()()()

Neelas Amaranta

18 años

Distrito 10

"Hombre precavido vale por dos"

–¿Podemos sentarnos?

Levanto la cabeza de mi plato y veo a los chicos del cinco. La que ha hablado es Angie, sonriente y con el pelo manchado de pintura. Le devuelvo la sonrisa. Esa chica me cae bien y su compañero parece majo también, aunque habla mucho menos que ella.

–Claro, sentaos –respondo–. ¿Qué te ha pasado en el pelo?

–Stock y yo acabamos de venir de la estación de camuflaje. A él se le da genial. ¿Sabías que es pintor?

–Bueno, yo no diría tanto, solo es que me gusta dibujar.

–¿En serio? Nunca he conocido a ningún artista.

El chico se pone colorado, pero sonríe.

–antes de eso hemos estado en la estación del tiro con arco –sigue Angie–. No te imaginas lo mal que lo hemos hecho. El instructor no sabía si reír o llorar. Michael, que es mi mentor, ya me lo advirtió, que el arco no se puede aprender en unos días y que no es lo mismo que tirar dardos, pero yo quería intentarlo de todos modos. Hay una estación de dardos también, así que luego iremos a esa. Los dardos son mi punto fuerte.

–No sé si deberías decirme eso.

Lo digo como una broma, pero me doy cuenta de que es verdad. Angie no debería compartir tanta información sobre sí misma conmigo. Ella se encoje de hombros.

–Bueno, los juegos todavía no han empezado.

–En realidad sí que lo han hecho. Los tributos empiezan a jugar desde que son cosechados –rebato yo.

–Pero no es lo mismo. Todavía podemos permitirnos hablar entre nosotros sin pensar en formas de matarnos.

–En realidad cualquier cosa que nos digamos puede convertirse en un arma más tarde, así que también tenemos que tener cuidado con lo que hablamos.

–Eso me parece escesivo. Ninguno aquí somos asesinos profesionales. Bueno, ellos sí –añade mirando a la alianza primaria.

–Toda precaución es poca –sentencio aplicando uno de los dichos favoritos de mi padre.

Ella no parece muy convencida y mira a su compañero en busca de apoyo.

–¿Tú qué crees? –pregunta.

–Creo que lo mejor es no complicarse. Yo no quiero pasar estos días pensando todo el rato en lo que puedo decir y lo que no.

Ella asiente convencida. Yo no estoy de acuerdo, pero no tengo tiempo de rebatir porque Angie ya ha saltado a otro tema.

()()()()()()()()()()()()()

May Belle Swanson

16 años

Distrito 11

"Y cuando dices que parezco enfadada me enfado más"

Al terminar de comer nos separamos. Es mejor que cada una entrene por separado y se enfoque en aprender distintas cosas. Iralene es la primera en marcharse. Morganne se ha quedado un poco atrás hablando con su compañero de distrito. No me gusta ese chico. Me alegra que Morganne no lo haya invitado a sentarse con nosotras en la comida. Se ha sentado con los del tres y ha estado hablando con el chico, que parece simpático. La chica parecía algo incómoda y lo entiendo, yo también lo estaría cerca de alguien tan siniestro.

Morganne se despide de él y me acerco a ella. Quiero que hablemos las dos solas. Sé que no le caigo bien, pero Iralene aceptó formar una alianza con las dos y no me gusta esta frialdad que hay entre nosotras. No pretendo hacer amigas en los juegos del hambre, pero quiero poder confiar en mis aliadas.

–¿Podemos hablar un momento? –le pregunto.

–Dime –contesta con ese tono susurrante que siempre usa.

Ella dice que es para oír mejor las voces de los muertos. Es mucho más buena fingiendo estas cosas que yo. Tiene un montón de trucos y frases que hacen que la gente la crea. Yo me estoy esforzando por hacer los gestos teatrales que Ophelia y yo estuvimos ensayando, toco varias armas antes de decidirme por una porque siento su aura y luego susurro unas palabras para dar poder a la que he cogido y cosas como esa. Me siento un poco estúpida haciéndolo y por ahora lo único que he conseguido es que la niña del doce me mire raro y que la del cinco se pusiera a cotillear de mí con su compañero. Vamos, que he logrado lo mismo que en casa.

–He estado pensando y creo que tú y yo somos bastante parecidas.

–Permíteme que lo dude.

–Bueno, ambas tenemos relación con lo sobrenatural. Eso es algo que tenemos en común. Sé que no te agrado. Creo que tú pretendías formar una alianza solo de dos personas y que piensas que yo me metí en medio, pero yo creo que las tres podemos complementarnos muy bien. Una medium y una bruja pueden hacer un gran equipo.

–No dudo de eso. Si encuentras a una bruja, me la podrías presentar.

–Sé que esto no se me da muy bien, pero creo que con tu ayuda podría aprender mucho.

Ella me dedica una sonrisita condescendiente. Maldición, me siento como si me estuviera arrastrando por la amistad de la niña más popular de la escuela. Me muerdo el labio intentando contener la furia. Yo solo quiero que hagamos un equipo.

–Este es un don que no se aprende, May Belle. Se tiene o no se tiene. Yo llevo años perfeccionando mi técnica. Tú ni siquiera crees en la tuya. Apuesto a que lo único que haces es seguir las instrucciones que te da tu mentora. ¿Se ha comprado un libro de brujería por catálogo?

La verdad es que eso es exactamente lo que ha hecho Ophelia, pero no voy a decírselo.

–¿Qué más da de dónde saque los trucos? No pretendo convertirme en la hechicera suprema ni nada por el estilo. Solo quiero sobrevivir, igual que tú, supongo. Podrías echarme una mano con las cosas de magia. Si nos combinamos las dos saldremos beneficiadas e Iralene también.

–Creo que en estos días Iralene podrá ver lo que le beneficia más y dudo mucho que tú estés incluida en eso.

–¿Qué pretendes? ¿Quieres que vayamos con Iralene y le demos a elegir entre las dos?

–Podemos hacer eso si es lo que quieres.

–No, eso es lo que quieres tú.

Nunca nadie me ha puesto tan nerviosa en mi vida. Morganne es una profesional, no solo en el campo de los espíritus, sabe modular las palabras para que te sientas como ella quiere. A Iralene le dice lo que necesita oír, palabras amables y frases corteses. Conmigo se está esforzando por sacarme de mis casillas y vaya si lo está consiguiendo. No es fácil hacerme enfadar, pero Morganne es una experta.

–Lo que tú quieras, May Belle.

Pienso en dejarlo estar, pero no quiero estar así en una alianza. Sé que no puedo confiar en nadie en los juegos, tampoco es que pueda hacerlo en nadie más allá de mi familia fuera de aquí, pero quiero tener cierta seguridad. Me dirijo hacia Iralene a grandes zancadas y Morganne me sigue también a buen paso. Iralene nos mira y se queda parada por unos segundos, como si estuviera decidiendo qué hacer. A menudo le pasa eso, incluso con las acciones más simples. Finalmente nos dedica una pequeña sonrisa. Espero a que llegue Morganne y en el mismo momento en que lo hace sé que ha sido un error. Debería haber aprovechado para hablar yo primero.

–May Belle no se siente cómoda con esta alianza y ha pensado en proponerte que escojas si quieres quedarte con ella o conmigo.

–Eso no es así –intento defenderme.

–Eso es lo que me has dicho. Por mí está bien que sigamos siendo las tres, Iralene. Yo no te haría elegir, pero es lo que May Belle quiere.

Iralene suspira. Pienso que se tomará un rato para pensarlo, como siempre, pero no lo hace. En lugar de eso dice:

–Yo no voy a elegir. Puede que no sea una bruja ni una medium ni nada de lo que vosotras decís que sois, pero tampoco soy un juguete por el que podáis pelearos. Si queréis quedaros os quedáis y la que quiera irse que se vaya. A mí me da igual. No quiero entrar sola en la arena, pero tampoco quiero entrar con una alianza de la que no me pueda fiar. Vosotras decidís, pero si os quedáis, no quiero discusiones ni tonterías.

Dicho esto se marcha corriendo. Por su cara creo que va a llorar. Morganne y yo nos miramos en silencio.

–Creo que esto es una tregua –dice ella.

Yo asiento. Es lo mejor que voy a conseguir.

()()()()()()()()()()()()()

Tricot Eight

18 años

Distrito 8

"Hablando se entiende la gente"

Falta poco para que termine el entrenamiento cuando al fin me dirijo a hablar con los profesionales. Linette ha intentado convencerme de nuevo de que no lo haga, pero al final ha desistido. Están todos repartidos por el centro de entrenamiento y por un momento dudo sobre a quién debo acudir. Finalmente opto por el chico del dos y el del uno porque acaban de salir de una estación y así no los interrumpiré ni tendré que esperar.

–Buenas –saludo cuando llego a su altura.

El chico del uno no contesta, pero el del dos sí que responde:

–Buenas, si quieres entrenar aquí ya la hemos dejado libre.

–En realidad lo que quería es hablar con vosotros. Quiero pediros una cosa.

–Bueno, realmente lo correcto sería que lo hablaras con Borealisse. Ella es la líder de alianza y nosotros no podemos decidir nada sin ella. No estaría bien.

–No hace falta que decidáis nada ahora. Solo escuchadme y luego habladlo con los demás. Lo que necesito pediros es bastante sencillo.

[Pues para ser tan sencillo te ha costado dieciocho años de tu vida conseguirlo]

Ignoro al intruso. El chico del dos asiente con la cabeza.

–Me parece razonable. Dinos entonces.

–quiero que me ayudéis a deshacerme de mi intruso. No sé si en vuestros distritos habréis llegado ya a ese conocimiento, en el mío aún no lo ha hecho la mayoría, pero todos tenemos un intruso en nuestro cuerpo. Se trata de una pierna que no es nuestra y que debe ser estirpada. Eso es lo que quiero que hagáis por mí. Yo no sabría hacer el corte, pero vosotros seguro que podéis hacerlo limpiamente.

Ellos se miran asombrados.

–Es una broma ¿verdad? Nunca he sido bueno pillando esas cosas –contesta el del dos finalmente.

–No, hablo totalmente en serio. ¿Nunca os habéis planteado que no es normal tener dos piernas? Solo una es nuestra. La otra es el intruso.

Hay otro intercambio de miradas entre los dos profesionales, pero no puedo descifrar sus expresiones.

–Lo consultaremos con Borealisse –dice finalmente el chico del dos, aunque por su expresión veo que no me ha creído.

Se marcha dejando atrás a su compañero, que le hace un gesto para que no lo espere. El chico del uno me mira muy serio.

–¿Crees eso que nos has dicho de verdad?

–Sí.

Me mira como evaluando si le estoy mintiendo o no. Luego se encoge de hombros.

–Cada uno tiene sus maneras de buscar el final. Sería un hipócrita si no respetara la tuya. Cuenta conmigo. Si en la arena sigues pensando así, ven a mí y yo te libraré de ese intruso.

Asiento y le doy las gracias, la educación ante todo. Después lo dejo que siga con su entrenamiento. Estoy bastante satisfecho con el desarrollo de los acontecimientos. El chico del nueve se me acerca entonces.

–He oído vuestra conversación. Parece que al chico del uno lo tienes convencido, pero no apostaría ni una moneda por los demás. Tú y yo podríamos hacer un trato, por si el del uno te falla o se muere antes de tiempo.

Sonrío. Tengo dos posibilidades más que cuando me desperté de acabar con el intruso.

()()()()()()()()()()()()()

Linus Perry

19 años

Distrito 3

Vencedor de los 24º juegos del hambre

"Lo que no sepas, no te hará daño"

–Bueno, Linus, tengo que reconocer que me tienes en ascuas. ¿Qué narices es eso tan valioso?

Levanto la cabeza del móvil para mirar a Alexia, que se ha sentado a mi lado en el sofá del salón de los vencedores. No parece estar bromeando, pero ciertamente no sé a qué se refiere.

–¿Qué quieres decir?

–Ya sabes, esa ventaja valiosísima que tu chica le ha dicho a mi chico que tiene. Loki no ha conseguido sacársela ni a ella ni a su compañero, y mira que puede llegar a ser insistente. Yo he estado moviendo hilos por ahí, pero nadie sabe nada tampoco.

–¿Rita ha estado hablando con tu chico de una ventaja?

–Sí, le propuso que se aliara con ella porque tenía una ventaja de valor incalculable, pero se negó a decirle qué era. Yo personalmente creo que se lo ha inventado, aunque ha sido un movimiento un poco estúpido si es así.

–Qué extraño, Ryo y yo hemos estado hablando en la cena y sí que ha mencionado que tu chico se sentó con ellos y que Rita y él no parecían llevarse muy bien, pero no me habló de ninguna alianza. Ella tampoco dijo nada.

–Sinceramente creo que el chico no tiene ni idea, que es cosa de ella. Siempre habla en singular por lo que Loki me ha contado. Ya me extrañaba que tú estuvieras haciendo doble juego con tus tributos, pero bueno, yo ahí no me meto. ¿Tiene una ventaja o no? Loki está empezando a perder la paciencia y yo quiero ir planeando estrategias.

¿Y ahora que hago? Si digo que no, le cierro una puerta a Rita, pero si digo que sí, estaría mintiendo y tarde o temprano nos descubrirían. Maldita sea, si tan solo el médico no se hubiera arrepentido en el último segundo, ahora no tendría este problema.

–No tiene nada. Tenía algo, pero era ilegal y nos descubrieron. El presidente me llamó y todo anoche y tuvimos una charla sobre las trampas en los juegos y los castigos y todo eso. Díselo a tu chico si quieres, aunque bueno, tampoco hace falta que le des todos los detalles.

Ella asiente y me pone una mano en el brazo.

–Siento que las cosas te hayan salido mal, compañero. Las trampas hay que saber hacerlas.

Dicho esto se levanta y yo me quedo pensando qué hacer ahora. ¿Debería decirle a Rita que Loki sabe que no tiene nada? ¿Tendría que contarle a Ryo el intento de traición de Rita? Niego con la cabeza. Yo pensaba que después del año pasado había aprendido unas cuantas lecciones, pero parece que no. Me levanto y subo a mi habitación. Quizá es mejor que no haga nada y por ahora espere acontecimientos.

()()()()()()()()()()()()()

Aquí otro capítulo. Os cuento que tengo planeado un ciclo de seis povs, este, el segundo y tercer días de entrenamientos y un capítulo de preparación para las entrevistas. Después las entrevistas desde el punto de vista de Aemilia o de Karmilla, ya veré, y luego un capítulo con punto de vista general sobre la última noche. Después de eso ya toca la arena y ahí cualquier cosa puede pasar.

Gracias a las que habéis hecho la encuesta y a las que no os pido por favor que la hagáis cuando podáis, que, aunque los resultados no determinen nada, sí que quiero meterlos en la historia en forma de comentarios por parte de los personajes sobre quiénes son los favoritos del público.

Las citas de este capítulo son en su mayoría dichos populares. Solo tienen autor conocido, o conocido por mí al menos, la de Rita que es de Esquilo, la de Louie-Louie que es de la canción Espejito, espejito de Timo, la de Linette que es de Quevedo y la de May Belle que es de la canción Mad woman de Taylor Swift.