Capítulo 9: concentración
"Es durante nuestros momentos más oscuros que debemos concentrarnos para ver la luz"
Gil Garland
14 años
Distrito 12
"No prometas feliz. No respondas enfadado y no decidas con el día gris"
Froto la madera como me han enseñado, pero no consigo que salgan ni siquiera unas chispas. Kaylee no está teniendo mejor resultado. Ella me sonríe burlona y comenta mirando mi pobre intento de hoguera:
–¿No se supone que el doce es el distrito del fuego?
–Somos el distrito del carbón –me defiendo– nos dedicamos a sacar carbón de las minas, no a encender fogatas. Además, yo trabajaba en una casa y allí teníamos cerillas para encender la chimenea.
Kaylee se ríe. Es cómodo estar con ella. Es casi de mi edad y es muy simpática.
–everett sí que sabe encender fuego –me cuenta–. Al principio en la casa que ocupamos no teníamos electricidad y él, Jessica y Ricky encendían fuego para calentarnos. Yo quería aprender a hacerlo, pero él insistía en que era peligroso y le hice caso por no discutir. Pensé que cuando fuera más mayor me enseñaría y que mientras tanto no era algo que me hiciera falta saber. Tenía que haber insistido más.
–Bueno, de todos modos Everett está con nosotras en la alianza. Él puede ocuparse de eso.
–Ya lo sé, pero no quiero depender de él. No quiero que Everett insista en protegerme, no aquí. Quiero defenderme y protegerlo a él, pero no sé cómo.
–Ya, yo no quiero ser una carga para Louie-Louie. Él ha sido muy amable conmigo y quiero contribuir a la alianza. Por eso estoy intentando aprender todo lo que pueda. Al final eso es lo único que podemos hacer.
Le sonrío y ella me devuelve la sonrisa y continúa intentando encender su hoguera. Yo me concentro todo lo que puedo, pero no hay manera.
–Si pones las manos así, lo único que conseguirás es cansarte antes de que prenda la llama.
Me giro para encontrar al chico del nueve, el voluntario extraño, mirándome fijamente. Está sonriendo, pero hay algo en su mirada que no me da buena espina. De todos modos le pregunto a qué se refiere y dejo que me corrija la posición de las manos. Para mi sorpresa, consigo al fin una pequeña llamita. Su sonrisa parece más genuina esta vez.
–Gracias –le digo.
Kaylee ha probado a hacer lo que el chico me estaba enseñando y también ha conseguido encender su fuego. Ella también se lo agradece. Él se encoge de hombros como diciendo que no tiene importancia, pero algo en él me sigue pareciendo como impostado.
–Me gusta el fuego –comenta–. Es hermoso. Vosotras también sois hermosas. No me extraña que vuestros compañeros de distrito hayan estado dispuestos a protegeros a cambio de nada.
–No nos protegen a cambio de nada. Nosotras también aportamos a la alianza.
Él me dedica una mirada condescendiente.
–Claro que sí, pequeña. Ya veo vuestras grandes habilidades.
–Que no sepamos hacer fuego no significa que no haya otras cosas que podamos aportar.
El chico no parece más impresionado por las palabras de Kaylee de lo que lo estuvo con las mías.
–Sí, sí, no dudo de que podríais matarme si quisiérais con una increíble gama de conocimientos de lucha.
Suelto mis ramitas en la hoguera, que se está haciendo más grande, y cruzo los brazos indignada. No sé quién se cree este idiota que es.
–Pues sí que podríamos. Ahora mismo yo te clavaría encantada uno de mis cuchillos y Kaylee podría tumbarte con las artes marciales que está aprendiendo.
Inmediatamente sé que lo que he dicho es un error, pero ya no hay vuelta atrás. El chico sonríe triunfante y Kaylee lo mira ceñuda.
–Vete de aquí. No queremos hablar más contigo.
–No, esperad. Me equivocaba con vosotras. Parece que controláis la situación más de lo que pensaba. Iba a hablar con los chicos, pero quizá sea mejor que hablemos nosotros ahora. No tengo alianza ni ganas de tenerla, pero quiero cubrirme las espaldas, por así decirlo. Entrar solo en la arena es muy peligroso y me gustaría hacer un trato. Vuestra alianza parece decente y ya veo que tenéis cosas que ofrecer. Por eso quiero proponeros un trato, una especie de pacto de no agresión y de ayuda mutua en la Arena.
No digo nada, bastante la he liado ya, y dejo que Kaylee se encargue de dejarle claro a este sujeto tan desagradable que no lo queremos cerca, pero ella se lo piensa por unos segundos y luego contesta:
–Bueno, podríamos aceptar ese trato. Un pacto de no agresión no haría daño a nadie y algo de ayuda en un momento de necesidad podría venirnos bien.
Yo la miro incrédula, pero antes de que tenga tiempo de decir nada el chico ya se está marchando. Solo puedo recriminarle a Kaylee:
–¿Estás loca? Ese no es de fiar.
–Por eso es mejor tenerlo de nuestro lado. Además, antes hemos dicho que queríamos aportar a la alianza y ¿qué mejor aportación que que hayamos conseguido un pacto con otro tributo?
–No creo que a los chicos les haga mucha gracia esa aportación.
–Sí, a Everett probablemente le dé un síncope de solo pensar que he hablado con ese chico. Quizá sería mejor no decirles nada por el momento, no vaya a ser que les dé por ir a hablar con él.
No me gusta nada el rumbo que está tomando esto, pero no le digo nada a Kaylee. Salimos del puesto de hogueras y decidimos entrenar por separado. Pienso aprovechar que estoy sola para pensar en lo sucedido y decidir qué hacer, pero entonces Louie-Louie se acerca a mí con su característica sonrisa y lo tengo claro. Él es mi compañero de distrito y ha sido mi aliado desde el primer momento. No voy a guardarle secretos.
()()()()()()()()()()()()()
Winston Morgan
18 años
Distrito 7
"Cuando presionas el carbón se convierte en una perla"
–¿Estás cansado ya, leñador?
Niego con la cabeza. En casa corro mucho más que esta cinta a andadora. Aun así me abstengo de darle una respuesta verbal para no perder energía y conservar toda mi concentración.
–La que está cansada es ella. Está deseando que tú te pares para no ser la primera en rajarse. ¿No es así, doña granito? –comenta Borealisse sin parar de correr en su cinta.
–Cállate, piedra no tan preciosa. Yo podría estar haciendo esto horas y horas. A ver si vas a ser tú la que está cansada y quieres hacerme parar a mí.
–¿A quién llamas piedra no tan preciosa? ¿Es que no te miras nunca al espejo?
–Por favor, yo soy un diamante, ya te lo dije en el desfile. Tú no llegas ni a ser circonita. ¿Tú qué piensas, Winston?
Borealisse lanza un puñetazo al aire y Jericó hace como si le hubiera dolido mucho, pero ninguna deja de correr. Llevan lanzándose pullas desde ayer, pero, en contra de lo que podría parecer, creo que eso significa que se llevan bien. De todos modos, yo no quiero meterme en eso. No quiero herir los sentimientos de alguna por error.
–A mí las dos me parecéis muy guapas. De hecho, todas las personas lo son, solo que cada una a su manera. Eso dice siempre mi abuelo.
Jericó bufa decepcionada con mi salida, pero Borealisse asiente:
–Aquí un chico con instinto de supervivencia. Me gusta. Anda, vamos a bajarnos de estas máquinas del infierno y a seguir aprovechando la mañana.
Obedecemos y me separo de mis aliadas. Me gusta estar con ellas, pero solo en pequeñas dosis. Son demasiado intensas para mí. Prefiero entrenar con los chicos. Beomgyu es muy alegre y Casian y Astor son los más centrados de la alianza. Con vivi no he entrenado nunca. Ella prefiere ir por su cuenta. Yo creo que no le caigo demasiado bien, aunque no se me ocurre por qué puede ser eso. Según Beomngyu es que a Vivi no hay nadie en el mundo que le caiga bien.
De todos modos estoy muy contento con mi alianza. Me da cierta seguridad ir con ellos seis, que están tan bien preparados. Alisa dice que además yendo con ellos quizá pueda retrasar el tener que matar ya que ellos se encargarán del asunto principalmente. No obstante, sé que en algún momento tendré que hacerlo y ya me estoy mentalizando para ello. Nunca en mi vida me había costado tanto seguir una regla, pero a pesar de todo sé que deberé hacerlo. Mi abuelo me enseñó que es inútil pretender cambiar las normas. El cementerio está lleno de gente que intentó hacer eso y precisamente en esta situación tengo más posibilidades de acabar allí que en ninguna otra.
()()()()()()()()()()()()()
Angie Dickinson
16 años
Distrito 5
"Voy a pedirte que te quedes conmigo aunque quizás digas que no, pero tú no digas que no. Si dices que no, será tu peor error"
La puntuación aparece en dorado. He conseguido el máximo número de aciertos en el test. No hay muchas plantas en el distrito cinco, o al menos en la zona en la que yo vivo, pero tengo buena memoria y he logrado asociar cada una con sus propiedades. Eso es útil, especialmente si voy a trabajar con dardos. Esta tarde me pasaré por el puesto práctico para crear venenos. Suena fatal, pero ya me he hecho a la idea de que es lo que voy a tener que hacer. Por ahora me lo estoy tomando más como un juego que como otra cosa. Celebro mis aciertos e intento no tomarme muy a pecho los fallos. Seguro que Neelas, tan racional, piensa que no es la mejor estrategia, pero a mí me va bien.
Stock y yo tenemos que hablar con Neelas hoy. Michael y Felicity dicen que tenemos que concretar si vamos a ser aliados o no. La verdad es que nosotros habíamos dado por hecho que sí, pero no hemos hablado de ello realmente. Felicity dice que sentarnos a comer con alguien no nos convierte en aliados, que esto no es un patio de colegio. También dicen ella y Michael que Stock y yo deberíamos entrenar por separado para que cada uno se enfoque en cosas diferentes, pero a mí no me gusta mucho estar sola y a Stock le da igual, así que vamos juntos siempre.
De todos modos estamos probando un montón de cosas. Queremos intentar hacerlo todo, o más bien yo quiero porque a Stock le viene bien cualquier plan. Mañana sí que nos separaremos y cada uno reforzará lo que mejor se le dio. Aún nos quedan varios puestos que probaremos esta tarde, pero por lo pronto parece que a Stock se le da bien el camuflaje, la pesca y construir trampas mientras que lo mío son las plantas, los dardos y espero que el veneno. Ambos aprendimos a despellejar animales y a manejar superficialmente el cuchillo así como a hacer fuego y fracasamos estrepitosamente en la lucha cuerpo a cuerpo y en el puesto de armas contundentes. Esta tarde después de los venenos queremos ir a probar la escalada. Realmente no es una habilidad que los tributos suelan usar en los juegos, pero parece divertido. Casi puedo ver a Neelas y a Felicity frunciendo el ceño y diciéndonos que divertirnos no nos va a salvar la vida, pero yo creo que hay que aprovechar mientras se pueda y Michael está de acuerdo, aunque sea con más resignación que otra cosa.
Stock y yo nos reunimos con Neelas en el comedor, como ayer. Él nos sonríe cuando nos sentamos y nosotros le devolvemos la sonrisa. Intercambio una mirada con Stock antes de empezar a hablar.
–Stock y yo queríamos preguntarte una cosa. Lo hemos estado hablando con nuestros mentores y creemos que podríamos formar una buena alianza. ¿Tú te aliarías con nosotros?
–He estado pensando en eso desde ayer, en lo de aliarnos, y sinceramente mi parte racional me dice que no lo haga. Sois demasiado diferentes a mí. Os tomáis esto como si fuera un paseo y no prestáis apenas atención a la estrategia.
–¿Peero?
Tiene que haber un pero. En estas situaciones siempre hay un pero. Él suspira. Bien, sí que hay un pero.
–Pero me caéis bien. No quiero entrar a la arena solo y vosotros me dais confianza. No parecéis el tipo de persona que traicionaría a un aliado y el hecho de que seamos tan diferentes quizá incluso pueda jugar en nuestro favor. Además, Angie, me gusta discutir contigo. Eres una de las pocas personas que nunca se cansa de rebatirme y hasta eres capaz de vez en cuando de dejarme sin palabras. Eso sí, os pido un poco de seriedad cuando estemos dentro y que intentemos hacer planes concretos y no solo ir a lo que surja. ¿Os parece bien?
Stock y yo asentimos. Ya somos oficialmente una alianza.
()()()()()()()()()()()()()
Ryo Tsutsuse
16 años
Distrito 3
"Amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere"
Me encanta el puesto de trampas. La instructora es la capitolina más amable que he conocido. No me trata con desprecio o como si yo fuera una especie de mascota o un niño pequeño y me deja probar a hacer todo tipo de combinaciones con los materiales. Ahora mismo está atendiendo a alguien más, no me fijo en quién es, mientras yo termino de dar los últimos retoques a la trampa en la que estoy trabajando.
–Eso tiene pinta de ser complicadísimo –comenta alguien a mi lado.
Es el chico del once, al parecer era a él a quien estaba atendiendo la instructora. Asiento con la cabeza y le enseño mi trampa. Estoy muy orgulloso de ella. Se trata de una trampa con tres funciones. Primero una cuerda atrapará a quien caiga en ella. Luego unos resortes se moverán para que se despliegue una especie de jaula rudimentaria alrededor de esa persona y por último, si intenta escapar, nuevas cuerdas saldrán para terminar de aprisionarlo.
–¿Qué te parece?
Él no parece para nada impresionado.
–Pues me parece que es una auténtica pérdida de tiempo. Tardas más en fabricar esta cosa, si es que en la arena encuentras los materiales que te hacen falta, que en capturar a alguien con una trampa más simple y cargártelo de una cuchillada.
Me desinflo un poco. Tiene razón. De todas maneras ha sido divertido fabricar la trampa.
Él lo está intentando con una mucho más simple y yo decido hacer lo mismo. He estado tan centrado en probar a inventar trampas difíciles que no he probado con las más sencillas. La instructora nos da unas cuantas indicaciones y luego el chico y yo nos dedicamos a intentar hacerlo rápido y a probar la resistencia con pequeños objetos.
Cuando terminamos abandonamos juntos el puesto. Busco a Rita con la mirada para ver en qué se está entrenando ella, pero no la encuentro. Debe de estar en alguno de los puestos de más al fondo. Seguro que ha ido a la zona de libros otra vez. Le encanta ese sitio.
–¿Buscas algo? –pregunta el del once, Deacon, según me ha dicho.
–Sí, a mi aliada. Quería saber en qué se estaba entrenando para no repetir. Queremos diversificarnos, aunque en algunas cosas hemos entrenado los dos, claro, porque son básicas.
–Ah, yo a ella la veo mucho por la zona de los libros.
–Sí, es que dice que los libros podrían ser pistas y que aprende mejor leyendo que con la práctica. Tú no tienes aliados ¿no?
–No, pretendo entrar solo. No quiero tener que andar pensando en nadie.
–Entrar solo es más peligroso.
–La gente no es lo mío.
–Rita y yo tampoco somos muy sociables. Podrías venir con nosotros.
Quizá tendría que consultar esto con Rita, pero Deacon parece un buen chico y además es bastante pragmático. Creo que podría ser un buen añadido a la alianza, pero él niega con la cabeza.
–Te lo agradezco, supongo, pero no quiero llevar una diana en la espalda desde el primer momento.
–¿Una diana en la espalda?
–Sí, estaba delante cuando a tu compañera y a ti se os jodieron los planes con el del nueve y él le dijo que iría a por ella en el baño de sangre. No te lo tomes a mal, pero paso de ese tipo de problemas.
Lo miro desconcertado. No tengo ni idea de lo que me está contando. Rita y yo nunca hemos tenido planes con Loki. Él se sentó a comer con nosotros y estuvimos hablando, pero nada más, aunque sí que recuerdo que Rita estaba rarísima, como muy incómoda y más callada de lo habitual.
–No lo sabías ¿no? –pregunta Deacon, que parece un poco arrepentido de haber sacado el tema.
–No –contesto sin más.
Luego me despido de él y voy a buscar a Rita. La encuentro en la zona de los libros y la llamo nada más entrar. Está sola, así que tendremos privacidad para hablar ya que no hay ningún instructor en esta sección.
–Espera, Ryo –me pide–. Estoy leyendo un artículo sobre la trayectoria de la vigilante jefa y creo que podría contener alguna pista sobre la Arena.
–He estado hablando con el chico del once, Deacon. Le he invitado a la alianza –le digo de todos modos.
–Es un crío. ¿Para qué lo queremos? Deberías haberme consultado eso ¿no? –contesta sin apartar la vista de lo que está leyendo.
–Según él eres tú la que hizo un trato con alguien sin consultarme. Me ha dicho que el chico del nueve pretende ir a por nosotros.
Ahora sí que deja su lectura a un lado y me mira.
–Pensé que no llegarías a enterarme. Sí, hice un trato con él cuando pensaba que íbamos a tener esa ventaja, pero ya no la tenemos y me dijo que si no le daba algo me mataría en el baño.
–¿Y qué le vas a dar?
–No lo sé. Por eso estoy aquí. Estoy intentando buscar algo de información que pueda interesarle. Tal vez si consigo hacerme una idea de cómo será la arena pueda convencerlo de que esa es la ventaja que le prometí. No llegué a explicarle lo que era.
La miro. Parece nerviosa. Ahora entiendo por qué estaba tan asustada la noche en que nos descubrieron. Suspiro y voy a las estanterías para buscar un libro. Puede que haya hecho movimientos sin consultarme, pero al fin y al cabo yo también y ella es mi única aliada. No voy a dejarla sola en esto.
()()()()()()()()()()()()()
Daisy Crawford
16 años
Distrito 7
"Cuando el esfuerzo se vuelve rutina, el éxito se convierte en costumbre"
El simulador de combate está puesto en el modo doble. Las chicas del uno y el dos estuvieron aquí antes y supongo que compitieron la una contra la otra en lugar de contra la máquina. Estoy mirando cómo cambiarlo cuando alguien coge el mando del lado contrario y el otro personaje se activa. No puedo ver quién es ya que la pantalla nos separa, pero no le doy mucha importancia. Ya estuve peleando contra la máquina ayer, así que quizá sea interesante hacerlo con otro tributo. Al fin y al cabo no podemos hacernos daño.
El combate comienza. Mi oponente escoge la opción de cuerpo a cuerpo y la máquina me pregunta si deseo escoger lo mismo o si prefiero tener algún arma. Me decanto por lo primero. Ayer contra la máquina no me fue nada mal. Al principio me hice un lío, pero una vez le cogí el tranquillo me pasé el modo fácil y el medio. No obstante, estoy segura de que esta persona jugaría en el modo difícil sin despeinarse. Es muy bueno y tengo que esforzarme por seguirle el ritmo.
En el puesto de cuerpo a cuerpo de verdad me enseñaron la manera de aprovechar los movimientos que aprendí para la gimnasia y me esfuerzo todo lo posible en replicarlos en el simulador.
Es una máquina muy interesante. Tiene un mando que me engancho en el brazo y recoge los movimientos que hago con todo el cuerpo para replicarlos en la pantalla. Me pregunto cómo funcionará. Me gustaría que nos enseñaran algo de estas cosas en la escuela, que no todo fuera sobre árboles y que así cada quien pudiera elegir a qué desea dedicarse. Sin embargo, no tengo tiempo para darle muchas vueltas. Tengo que poner toda mi concentración en lo que estoy haciendo.
Al final acabo tan cansada como si fuera un combate de verdad, aunque menos dolorida, por supuesto. He perdido, pero me siento orgullosa de haber dado una buena pelea. Creo que quien está al otro lado es un profesional. Quizá alguna de las dos chicas de antes que ha vuelto.
Al salir del cubículo donde está la máquina veo que por el otro lado, el de mi oponente, sale el chico del dos. Él me mira sorprendido y yo me permito dedicarle una sonrisa de suficiencia.
–Vaya, me has dado un buen combate. No pensé que serías tú. Quiero decir que te ves muy pequeñita como para dar tanta guerra.
No sé si debería sentirme insultada o halagada. Al final me decido por lo segundo y me encojo de hombros.
–Hacía gimnasia en el colegio. Intento replicar los movimientos en la lucha.
–Eres la compañera de distrito de Winston ¿verdad? Este año el siete viene fuerte.
–A lo mejor teníais que habegme reclutado a mí también antes de que me conviegta en una amenaza para vosotros.
Espero que se ría con mi broma, pero en lugar de eso me mira pensativo y sonríe.
–A lo mejor tienes razón. No nos fijamos en ti al buscar candidatos y quizá pasamos por alto a una aliada digna.
No sé muy bien qué contestar a eso, así que me limito a decir:
–Bueno, hago lo que puedo por sobrevivir. No tengo el entrenamiento de Winston ni mucho menos el vuestro, pero estoy intentando aprovechar mis puntos fuegtes.
Él asiente. Casian Marte me había parecido desde que lo vi en su cosecha un chico de lo más intimidante, pero en las distancias cortas es incluso agradable.
–Tu esfuerzo te honra –responde y me hace un gesto con los dedos que he visto alguna vez en televisión, una señal de respeto del distrito dos.
Me quedo un tanto desconcertada pensando en lo que acaba de pasar. Linette y Tricot me sacan de mis pensamientos cuando se acercan a mí.
–¿Te ha hecho algo el profesional? –pregunta Linette–. Lo hemos visto hablar contigo. ¿Te ha dicho algo desagradable?
Yo niego con la cabeza.
–Estoy bien. Solo estaba pensando.
Ellos asienten. Son buenos chicos y me alegro de tenerlos. Veo por el rabillo del ojo que Casian Marte está ahora hablando con la chica del cuatro. Ha sido muy simpático conmigo, pero ya he visto en la simulación lo que es capaz de hacer y en la arena no será ni de lejos tan amable.
()()()()()()()()()()()()()
Loki Vándr
18 años
Distrito 9
"Soy Loki de Asgard y en mí descansa un glorioso propósito"
Morganne y yo cogemos el ascensor a la vez cuando el entrenamiento termina. Ella no dice nada. Casi nunca habla a menos que alguien le pregunte algo, por lo menos cuando está conmigo. Hoy la he visto comer con sus aliadas y parecía tener una conversación bastante animada con la chica del once. No me interesa mucho el asunto, pero tampoco me gusta el silencio, así que inquiero:
–¿Tú y la brujita os habéis hecho amigas?
–Iralene quiere que haya concordia en la alianza y por mi parte no va a haber problemas.
–Así que la bruja y tú fingís que sois íntimas para que la otra, que es la que os interesa, no se enfade. Tiene que ser un show. A lo mejor mañana me siento con vosotras y lo veo.
Ella sonríe, como si la idea no le desagradara del todo, pero cambia de tema.
–Hoy no te has sentado con los del tres, ni con nadie, de hecho. ¿Te ha fallado ese plan de los tratos?
–No, va como la seda. Simplemente me apetecía un poco de soledad.
Las puertas se abren y ambos abandonamos el ascensor. Lo que le he dicho a Morganne es cierto en parte. Me gusta estar solo a veces, pero tampoco podía sentarme con ninguna de las personas con las que he pactado porque el resto de sus alianzas no sabe que andan en tratos conmigo. Las niñitas del seis y del doce están demasiado desesperadas por demostrar que aportan algo a su alianza como para contarlo. Estoy seguro de que querrán presentarme como su carta maestra una vez estemos en la arena. A la chica del ocho no parece que yo le agrade, así que seguramente su compañero tampoco le haya contado nuestra conversación. Quiero dejarle su espacio a Rita para que intente arreglar el desastre de trato que me propuso. Alexia ya me contó que no tiene nada, aunque estuvo a punto de tenerlo, pero tengo esperanzas en que consiga ofrecerme algo de todos modos. Por último está Morganne, pero me da la sensación de que no sería bienvenido por la tal Iralene y tampoco deseo chafarle la alianza a mi compañera, no cuando ella también puede beneficiarme.
Tengo tratos con cuatro alianzas distintas. Solo me quedan el crío que va solo, que no creo que me sea útil para nada, los profesionales, con los que ni siquiera voy a intentarlo, y los del cinco y el del diez, que tampoco parecen la gran cosa. En cambio tengo ojos en la alianza de los hermanos y el cantante, una de las más populares, en la de las místicas, nombre que por cierto me hace mucha gracia, en la de Rita y su compañero, que dicen que es un genio, y en la de los del ocho y la chica del siete, tres tributos que creo que son más peligrosos de lo que aparentan.
Estoy satisfecho. La partida de ajedrez está a punto de comenzar y yo ya tengo colocadas mis piezas.
()()()()()()()()()()()()
Siempre tardo en actualizar más de lo que me gustaría, pero el caso es que he vuelto.
Las citas corresponden a Aristóteles Onasis, a la canción A mi yo de ayer de Rayden, a la mítica frase que Effie dice en Los juegos del hambre (más porque me apetecía poner una frase con metáforas de minería por la conversación de Borealisse y Jericó que por otra cosa), a la canción de Cariño Canción de pop de amor (sí, esta cita ya la usé en El doble, pero es que me encanta), a Elbert Hubbard, la de Daisy la vi en el estado de wa de un conocido y ni idea de dónde la sacó (la he buscado en google, pero no aparece) y la de Loki es, como siempre, de Loki en Marvel.
La encuesta sigue abierta. La cerraré cuando publique el siguiente capítulo.
