Capítulo 11: Pensamientos
"Pienso, luego existo"
Morganne Tinúviel
18 años
Distrito 9
"Yo soy yo y mi circunstancia"
Tras las entrevistas vamos directos al ascensor. Alexia, la mentora de Loki, va cogida de su brazo. Yo no me fiaría si Loki tuviera que guiarme y quizá ella tampoco confíe en él demasiado porque lleva su bastón en la otra mano. Tal vez simplemente lo haga así con todo el mundo. Me da la sensación de ser una persona algo desconfiada. Intenté ganármela hablándole de que a veces contacto con el espíritu de su hermana, pero me dedicó una sonrisa condescendiente y me dijo que no me esforzara, que mi mentor iba a ser Mark.
Él no sé si cree en mis poderes o no. Es una persona difícil de leer. Se refugia detrás de una barrera de cortesía y es muy complicado saber qué está pensando. La gente así me pone nerviosa, pero Mark está de mi lado. Lo ha dejado claro desde el primer momento ayudándome a buscar patrocinadores promocionando mis habilidades.
Cuando llegamos a nuestro piso los vencedores nos aconsejan que nos vayamos a dormir. Pienso que Loki va a poner pegas porque parece que disfruta llevando la contraria por defecto, pero se limita a asentir.
–Será mejor que descansemos para mañana –comenta.
Su tono es casual y la frase en sí no tiene nada de particular, pero viniendo de él suena casi siniestra. De todos modos no hago ningún comentario. Loki y yo tenemos un trato y, aunque no apostaría mi vida a esa carta, no lo veo capaz de incumplirlo en el mismo baño de sangre.
Me despido de todo el mundo y entro en mi dormitorio. Me observo en el espejo de cuerpo entero antes de comenzar a desnudarme. Mi traje es muy parecido al que uso en casa y eso es ciertamente muy reconfortante. Vestida así me siento yo misma y es extraño pensar que hay muchas posibilidades de que sea la última vez que pueda sentirme así.
Me voy desvistiendo poco a poco. Me desprendo del disfraz de la señorita Morganne y debajo solo quedo yo. El problema es que llevo tantos años interpretando mi papel que no estoy segura de quién soy yo. Podría decir que mañana lo descubriré, pero sé que es estúpido; igual que es estúpido pensar que por desprenderme de mi ropa voy a dejar de ser quien soy, o quien represento. No obstante, no puedo evitar sentirme vulnerable.
Ahora me vendría bien algo de consuelo, alguien que me reconforte a mí de la manera en que yo he reconfortado a la gente de mi distrito. Podría aparecérseme el espíritu de Theodore Katermole o el de la dulce Audrey Swift. Las luces de la habitación parpadean un instante. Solo han sido unos segundos, pero es suficiente.
()()()()()()()()()()()()()
Everett Walsh
18 años
Distrito 6
"La muerte no es algo que debamos temer porque, mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos"
Kaylee y yo nos abrazamos por un largo rato antes de despedirnos. Luego ella se marcha a su habitación. Idylla y Lisbeth se han quedado abajo, así que Mathehw y yo estamos solos en el salón.
–¿No te vas a dormir, Everett? –pregunta él.
–quería hablar contigo antes. Sé que Kaylee no está de acuerdo, pero soy su hermano mayor y de verdad que quiero protegerla. Quiero que en caso de necesidad, si en algún momento nos separamos y tenéis que tomar la decisión de a quién de los dos ayudar, la elijáis a ella.
–Ella nos ha pedido lo mismo. Lo sabes, ¿verdad?
–Sí, pero es mi deber cuidar de ella. Yo soy el mayor de los dos.
–El deber es una cosa muy noble, pero la nobleza es algo que pocas veces se ve en los juegos. Ahora estás aquí diciendo que antepondrás la vida de tu hermana a la tuya, pero mañana tendrás que demostrarlo. Mañana puede que un profesional esté a punto de rebanarle la garganta a Kaylee y entonces tendrás que decidir entre arriesgarte a morir para salvarla o salir corriendo y preservar tu vida.
–Intentaría salvarla como fuera.
–¿Te hubieras presentado voluntario por ella si no hubieras salido cosechado?
Pienso en mentir para acabar con esta conversación, pero finalmente niego con la cabeza.
–No lo hubiera hecho, pero no es lo mismo.
–Es similar. Tienes unos segundos para decidir qué te importa más, si tu vida o la suya. No me malinterpretes, yo no te estoy juzgando. Es totalmente lícito que decidas que es tu vida la que más te importa. Solo te digo que pienses bien esta noche cómo quieres jugar estos juegos y si realmente estás dispuesto a morir.
Quiero decir que lo estoy, pero las palabras se niegan a salir de mi boca. Mathew asiente con una expresión triste y me da la espalda para encender la televisión. Yo me marcho a mi dormitorio. Suena tonto, pero no había pensado realmente en la posibilidad de morir. Había pensado en proteger a Kaylee. Sin embargo, no me había dado cuenta de que para que ella gane, yo tendría que acabar muerto. Lisbeth dice que a veces la mente tarda en procesar y la mía ha tardado varios días en comprender del todo la situación. Me gustaría decir que eso no cambia nada y que tengo un propósito claro. No obstante, no me hubiera arriesgado a morir presentándome voluntario. ¿Seré capaz de exponerme a la muerte por defenderla en la arena?
()()()()()()()()()()()()()
Jonathan Stock
15 años
Distrito 5
"Me interesa el futuro porque es donde voy a pasar el resto de mi vida"
Felicity no es una persona cariñosa, cosa de la que me alegro. Siento un gran respeto hacia mi mentora, pero no me habría sentido cómodo dándole un abrazo de despedida o algo así. Angie sí que me abraza en la puerta de los dormitorios, pero con ella no es incómodo en absoluto. Angie es un torbellino, como dijo Neelas, y desborda calidez. Darle un abrazo se siente como lo más natural del mundo.
La verdad es que me alegro de tenerla como aliada. Es una persona de trato fácil y siempre tiene claro lo que hay que hacer, así que yo no tengo que andar pensando en planes ni en cosas de esas.
Una vez solo en mi cuarto me quito el traje de la entrevista. Sé que no he brillado demasiado, pero al menos no me he puesto tan nervioso como creía que iba a estar. Me pongo un pijama peludito y me meto bajo las sábanas. No obstante, no apago la luz. Sé que no voy a quedarme dormido y me gusta mirar por la ventana y jugar con el mando que va cambiando los paisajes que voy viendo. Podría ser mi última noche con vida y prefiero pasarla viendo algo bonito.
Los paisajes me encantan, pero es difícil disfrutar de la belleza esta noche. No dejo de darle vueltas a la cabeza sobre lo que pueda pasar mañana. Normalmente no soy mucho de pensar en el futuro ni de plantearme preguntas cuya respuesta no puedo obtener de inmediato. No obstante, esta noche no puedo evitarlo.
Angie me confesó que alguna vez había fantaseado con ir a los juegos. A ella le encanta imaginarse en situaciones ficticias. Yo nunca lo he hecho, pero esta noche dejo volar mi imaginación intentando pensar cómo será el baño de sangre de mañana. Intento visualizarnos a mí y a mis aliados corriendo lejos sin un rasguño, pero otras imágenes se cuelan en mi mente. Veo al chico raro del nueve echarse encima de nosotros o a los profesionales rodeándonos y cortándonos la huida. Me pregunto qué haría yo en esas situaciones, si sería capaz de enfrentarme a ellos. En las simulaciones probé a luchar contra la máquina y gané a veces, matando a los tributos falsos. Eso fue más o menos sencillo. Lo complicado es hacerlo en la realidad. Me pregunto si seré capaz de hacerlo, pero decido apartar la cuestión e intentar dormir. De todos modos mañana averiguaré la respuesta.
()()()()()()()()()()()()()
Astor Caverly
16 años
Distrito 1
"Morir será una aventura apasionante"
Me despierta el ruido de gente andando por el pasillo. Imagino que son Borealisse y su estilista yendo hacia el aerodeslizador que la llevará a la arena. Vendrán a por mí en un rato para que no coincidamos. No intento volver a dormirme, pero tampoco me levanto. Simplemente espero a que llamen a mi puerta.
Hoy es el día decisivo. Al caer la noche podría estar muerto. No me desagrada del todo la posibilidad, aunque tampoco es lo que he venido a buscar. Realmente no sé a lo que he venido. A Aemilia le conté que estoy aquí para cumplir el sueño de mi amigo muerto y puede que sea verdad, pero puede que eso sea solo una excusa, una forma de romantizar el hecho de que me haya presentado voluntario para matar niños. A lo mejor eso es exactamente lo que quiero: matar y descargar toda la rabia que siento desde que perdí a mis amigos.
Luster me dijo que nadie debería entrar en la arena sin tener las cosas claras, sin tener un motivo por el que luchar y una razón para salir vivo de allí. Yo no estoy seguro de tener ese motivo. Pretty dice que quizá lo encuentre ahí dentro y creo que podría tener razón. Una parte de mí espera que la tenga y encontrarle por fin el sentido a algo de todo esto.
Tocan a mi puerta y ahora sí que me levanto. Todo está a punto de comenzar, o tal vez de terminar. Siento un cosquilleo de anticipación, de curiosidad por lo desconocido. Es una sensación agradable. Incluso sonrío a mi estilista cuando le abro la puerta. No he sido especialmente borde con ella estos días, pero tampoco simpático. No obstante, Celestia no me guarda rencor y me dedica una sonrisa enorme.
–¿Estás nervioso? –pregunta con amabilidad.
¿Lo estoy? Me doy cuenta de que sí y asiento. Ella me da unas palmaditas en el hombro para reconfortarme. No me molesto en aclararle que estoy contento, que los nervios son una sensación cálida en comparación con el vacío.
()()()()()()()()()()()()()
Jericó Clockwork
17 años
Distrito 2
"Al final la muerte es para todos igual"
El traje que me tiende mi estilista es completamente blanco. Cicero no parece muy contento con eso.
–Se va a estropear en nada. Con el blanco las manchas de sangre se van a notar muchísimo.
A lo mejor eso es justo lo que quiere la loca de la vigilante jefa. Es una señora que se ha tatuado sus venas por todos los brazos, el tema de la sangre parece que le mola bastante. No obstante, no digo nada. Hasta yo sé que no hay que meterse con una vigilante y menos delante de un capitolino. No me apetece que la señora siniestra me mande un muto asesino porque cicero se vaya de la lengua y le cuente que la he insultado.
Me pongo la ropa. En efecto todo es completamente blanco. Se trata de unos pantalones y una camiseta de tirantas, lo que podría dar a entender que en la arena hará calor, pero después hay una túnica gruesa y con capucha. No tiene pinta de ser lo más cómodo para correr, pero es abrigada por si hace frío. Los zapatos son planos y sin nada de especial.
Me pongo el traje completo, túnica incluida. No es tan incómoda como parece, aunque tendría que subírmela para correr porque es muy larga. Una vez vestida ya no tengo nada más que hacer y eso me pone nerviosa. No me gusta estar sin hacer nada.
Repaso el plan de la alianza mentalmente aunque solo sea por hacer algo. A mí me toca la chica fuerte del diez, la que se hartó de llorar en las entrevistas. No me da miedo. Es como la oxidiana: parece dura, pero luego es muy fácil resquebrajarla.
El que tiene el objetivo más complicado es Astor, sin duda. Vivi y Borealisse también tienen decidido contra qué tributos van a pelear, pero los demás estudiarán a ver qué hace el resto y decidirán sobre la marcha. Así tendremos más margen de maniobra y podrán echar una mano si alguno de nosotros tiene dificultades. Por supuesto esto no va por mí. Yo sé que puedo machacar y bien a la chica oxidiana, pero quizá algún otro nos dé sorpresas. Especialmente Vivi lo puede tener complicado peleando sola contra dos tributos, aunque ninguno de los hermanos parece un buen luchador.
Cicero interrumpe mis pensamientos poniéndome una mano en el hombro. Es la hora de entrar en el tuvo que me conducirá a la arena. Antes de que se cierre me sube la capucha de la túnica.
–Órdenes de la vigilante jefa –murmura.
Menudo fastidio. Puedo ver bien, pero va a costar reconocernos unos a otros si todos llevamos esta cosa puesta. Va a ser un maldito caos al principio, pero supongo que al fin y al cabo de eso se tratan los juegos del hambre.
()()()()()()()()()()()()()
Casian Marte
18 años
Distrito 2
"Hoy es el principio del final. Yo te prometo que no voy a llorar"
Comienza la cuenta atrás. La cornucopia se alza justo delante de mí. A un lado tengo a alguna de las chicas más bajas, la del siete, la del cinco o la del doce. No puedo distinguir cuál de ellas es con la capucha puesta. A mi otro lado está la chica del seis. Lo sé porque está haciendo una especie de ejercicios para controlar la respiración y según tengo entendido ella es la única que hace eso.
La poca luz no ayuda a que nos reconozcamos unos a otros. El cielo nocturno está salpicado de estrellas y la luna llena brilla en todo su esplendor, pero no es lo mismo que una arena de día. De todos modos tendré que acostumbrarme. No han pasado las suficientes horas como para que se haya hecho de noche de forma natural, así que esta debe ser una arena nocturna.
Nos encontramos en una especie de patio. Hay cuatro puertas que parecen llevar al interior de algún sitio, así que supongo que la arena será en una casa o algo así. Preferiría una arena de exterior, la verdad. Las estadísticas dicen que una arena de exterior favorece más a los profesionales porque es más fácil cazar en ellas ya que los tributos suelen tener menos lugares en los que esconderse y, sobre todo si provienen de distritos urbanos, suelen cometer errores.
No obstante, me ha tocado esto y tendré que apañármelas. No es como si hubiera pensado que los juegos del hambre iban a ser fáciles. Estoy aquí para luchar por recuperar el honor de mi familia, igual que luchó mi padre en la guerra. Él no lo tuvo precisamente fácil y yo tampoco, pero él logró volver victorioso. Ojalá pueda hacerlo yo también.
La cuenta atrás llega a diez. La del seis deja sus ejercicios de respiración y se pone en guardia. Llega a nueve y veo que algunos otros tributos se han puesto en posición para echar a correr. Llega a ocho y yo escaneo la cornucopia en busca de un arma apropiada. Llega el siete y encuentro una espada que podría venirme bien. Llega el seis y me pongo en posición, pero sin indicar directamente que voy a ir a por ella para no atraer la atención de nadie. Llega el cinco y veo que la chica bajita se lleva la mano a algo que tiene prendido en el pecho por debajo de la capa, como para darse ánimos. Llega el cuatro y yo no tengo ningún objeto al que aferrarme porque decidí no traer nada, pero dedico un pensamiento a mi padre esperando tener su fuerza y su valor. Llega el tres y pienso en mis hermanos y mi madre, que me estarán animando desde casa. Llega el dos y pienso en Max y en como no pudo estar aquí, pero yo sí. Llega el uno y entonces suena el gong y se acabó el pensar. Ahora toca actuar.
()()()()()()()()()()())()
Capítulo cortito, pero necesario para cerrar algunas cosas. El próximo es el baño de sangre y estoy muy emocionada.
Las citas son de Descartes. Ortega y Gaset, Antonio Machado, Woody Allen, de la película Descubriendo nunca jamás, la de Jericó la he oído en varios sitios y por último de la canción Hoy es el principio del final de Amaral.
Antes de despedirme quiero dar las gracias a todas las personas que enviaron tributo. Les tengo mucho cariño a todos y disfruto mucho escribiéndolos. También muchas gracias por leer y comentar.
