Capítulo 14: Nuestra parte de noche
"La noche es oscura y alberga horrores"
Borealisse Lavis
17 años
Distrito 1
"Quizá fue la puta de la duda la que me llevó al error"
Termino de limpiar la garra de oso. Ya no queda rastro de la sangre de la chica del nueve. Vivi y Casian también están limpiando sus armas mientras que Winston y Astor reúnen las cosas que podrían sernos útiles del interior de la cornucopia. Siento una punzada de rabia al pensar que Jericó no está haciendo nada de esto, que nunca podrá hacer nada más. Es estúpido porque siempre he sabido que ella iba a morir, que debía hacerlo para que yo ganara, pero no me esperaba que lo hiciera tan pronto y a manos de una niñata de distrito. Hubiera estado bien tener un duelo final ella y yo. Esa sí que hubiera sido una batalla digna.
Casian entra en la cornucopia para ayudar a clasificar las cosas, pero Vivi se acerca a donde yo estoy. Tiene una expresión pensativa, pero no se anda por las ramas al hablar.
–¿Te fías de ellos?
Hace un gesto señalando a donde están los chicos. La miro sorprendida. Esto son los juegos del hambre y no hay que fiarse de nadie, pero tampoco sé a qué viene esta conversación. Finalmente respondo en un tono tan bajo como el que ella ha utilizado:
–¿Por qué lo preguntas?
–Hay cosas que me resultan raras. Winston no mató a nadie a pesar de que su misión era ayudar si alguien tenía problemas. Casian llegó justo demasiado tarde para salvar a Beomgyu y Astor casualmente se quedó sin flechas y no pudo ayudar tampoco a los que lo necesitaban. ¿No te parecen demasiadas coincidencias? Podría creerme que Winston no supo qué hacer porque no es profesional, pero Casian y Astor sí que lo son. Es raro que uno no controlara la cantidad de flechas que estaba usando y que el otro no fuera más rápido. ¿No te lo parece?
–¿Crees que dejaron morir a Jericó y a Beomgyu a propósito?
–No lo sé, pero es una posibilidad. Creo que deberíamos estar atentas. Tú y yo fuimos las únicas que realmente hicimos lo que debíamos.
–Bueno, Astor mató a Loki, aunque sí que es raro que usara todas las flechas. De todos modos Astor es bastante raro. A saber lo que se le pasó por la cabeza en ese momento.
Ella frunce el ceño y se da la vuelta desdeñosamente.
–Tú verás lo que decides creer, pero yo sigo pensando que hay algo aquí que no es normal.
La observo marcharse en dirección a los demás. Es cierto que todo ha sido un poco extraño, como demasiadas casualidades juntas. Todos parecíamos muy unidos antes de la arena, pero las apariencias engañan. ¿Será posible que los chicos nos estén engañando?
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Daisy Crawford
16 años
Distrito 7
"El que no se consuela es porque no quiere"
Subimos las escaleras en silencio. No queríamos quedarnos en el invernadero por si el chico del doce volvía y no vimos ninguna habitación que nos inspirara confianza en esta planta. Una era una sala de música, cosa que nos recordó a él, y la otra estaba llena de relojes que no paraban de hacer ruidos extraños. Justo después venían las escaleras y decidimos subir a ver qué hay en esta planta. En realidad lo decidí yo. Linette solo asintió como lleva haciendo desde que ocurrió todo.
Arriba hay un pasillo con un montón de puertas. Abro una al azar y entramos en un dormitorio bastante espacioso. En el centro hay una cama enorme y a uno de los lados un armario sin puertas con una manta raída. Al otro lado hay una cristalera que da a un balcón. Linette va directamente hacia la cama y se deja caer en ella, levantando una oleada de polvo que no parece importarle. Entonces el himno comienza a sonar. Deben de ser las doce. Es difícil calcular el tiempo aquí teniendo en cuenta que siempre es de noche.
Salgo al balcón para ver las caras. La muerte del chico del tres no me sorprende, pobrecillo, pero las de los dos profesionales y los chicos del nueve sí que me pilla por sorpresa. Siento también mucha pena por el chico del seis que ha perdido a su hermana y también estoy algo sorprendida por la chica del cinco, pensé que una chica tan enérgica duraría más.
La cara de Tricot me hace soltar un suspiro. No lo conocía mucho, pero me hubiera gustado hacerlo. La pequeña Gil se ve totalmente adorable en el cielo. Vuelvo la cabeza para ver a Linette, pero ella está de espaldas, acurrucada en la cama.
Me quedo un rato más en el balcón. Es un lugar agradable. Hace una brisa suave y se escucha el canto de los grillos. Hay una pequeña escalera que da al jardín. Otros dormitorios tienen balcones, pero no veo que ninguno más tenga una escalera. Este debe de ser el dormitorio principal.
La verdad es que la casa podría ser un lugar bonito si estuviera más limpia. El jardín parece descuidado, pero se ve amplio y a lo lejos se puede ver un bosque separado por una reja. No me importaría vivir en un lugar así. Arreglaría el jardín y limpiaría la casa y sería una mansión estupenda. Incluso tendría un bosque cerca para explorar.
Salgo de mis ensoñaciones cuando oigo a Linette moviéndose a mi espalda. Está sentada en la cama y me mira fijamente.
–Fue su culpa ¿verdad? Louie-Louie rompió el pacto. Fue culpa de él que la matara. No fue culpa mía. No lo fue ¿no?
–No, no lo fue. Él rompió el pacto.
Ella asiente y se tumba en la cama. Parece mucho más tranquila. Realmente ella podía haber respetado el pacto aunque él no lo hubiera hecho, pero no es eso lo que necesita oír y además creo que tiene razón en que ella no es la culpable, aunque tampoco lo es Louie-Louie. Los culpables son otros, pero eso sí que es algo que no se puede decir y menos en televisión.
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Astor Caverly
16 años
"No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes"
La última cara se desvanece en el cielo y el himno vuelve a sonar.
–¿Quién creeis que habrá matado a la niñita del doce? –pregunta Winston.
Parece bastante incómodo, pero se nota que está haciendo un esfuerzo por tratar el asunto con normalidad.
–Bueno –comenta Vivi–, hay dos tributos que ya han demostrado que tienen la capacidad de matar y que siguen vivos.
Dice eso último mirándonos a nosotros como si fuera una acusación, como si fuera nuestra culpa que la chica del diez y el chico del cinco consiguieran escapar del baño de sangre, como si a ella no se le hubiera escapado el chico del seis.
Casian no se da por aludido y hace su propia teoría.
–Realmente tampoco habría que ser muy fuerte para matar a esa niña. Era pequeña y no creo que supiera defenderse.
–Quizá incluso podría haberla matado su aliado. Ella parecía confiar mucho en él. Le habría sido fácil traicionarla.
Vivi vuelve a la carga. Esta vez Casian sí que responde a la indirecta.
–¿Pretendes decirnos algo?
–Tu compañera de distrito murió y el mío también y ninguno de los tres hizo nada. De hecho tú llegaste un segundo después de que mataran a Beomgyu y a Astor se le acabaron las flechas porque supuestamente no controló cuántas usaba para acabar con Loki. No sé, pero yo lo encuentro altamente sospechoso.
–¿De verdad piensas eso?
Casian parece muy indignado. Winston, a su lado, ha fruncido el ceño con disgusto también. Yo me pregunto si todo esto escalará a una pelea. Habíamos dicho que saldríamos a cazar cuando sonara el himno porque queríamos ver quiénes eran los dos cañonazos que sonaron cuando estábamos cenando, o merendando, no estoy seguro de la hora con eso de que siempre está oscuro; pero esto podría ser mucho más interesante que enfrentarnos a los demás tributos.
Los nervios con los que entré a la arena se han convertido en algo más. Es una emoción difícil de describir. Es anhelo porque el final está cerca y adrenalina por ver cuánto tiempo soy capaz de aplazarlo. Sentí eso mientras mataba a Loki, pero más aún cuando vi a Jericó y Beomgyu muertos en el suelo y la vuelvo a sentir ahora. Es como si ahora que sé que estoy cerca de perder la vida me sintiera más vivo que nunca, como si vivir solo valiera la pena ahora que sé que podría dejar de hacerlo.
La conversación sigue. Vivi dice que sí, que eso es justo lo que piensa y Borealisse añade titubeante:
–A ver, es que un poco sospechoso sí que resulta.
–¡Yo nunca traicionaría a la alianza! –exclama Casian.
–Yo tampoco –asegura Winston.
Después todas las miradas se vuelven hacia mí. Supongo que debería hacer lo mismo que mis compañeros y negar que soy un traidor ya que en verdad no lo soy, pero esa sería la opción más sencilla, así que no digo nada. Me limito a alargar una mano hacia mi arco y la otra hacia el carcaj. Mejor estar preparado para lo que venga.
Todos se ponen en guardia de inmediato. Vivi es la más rápida. Ella también estaba esperando esto. Coge su propio arco y apunta en mi dirección. Disparamos la flecha a la vez. Sonrío. Una parte de mí pide a gritos que este sea mi final mientras que otra se aferra a la esperanza de que mi puntería sea mejor que la de mi contrincante. Es una esperanza inútil. Ella es lo suficientemente ágil como para esquivar mi flecha. La suya se clava en mi pecho. Estoy muriendo y es el momento en el que más vivo me he sentido en estos años.
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Louie-Louie Odity
16 años
Distrito 12
"Herege no es el que arde en la hoguera, herege es el que la enciende"
El lugar donde me hallo es hermoso a pesar de todo. Es un salón de baile. El centro de la estancia está ocupado por la pista y a los lados hay corrillos de sillones en torno a varias mesitas decoradas con centros de flores marchitas. Es tétrico, pero hermoso. Los cuadros de las paredes van a tono con el salón. En uno una niña con un tutú rosa posa sonriente mientras hace una pirueta de ballet. Está a punto de ejecutar un giro y se puede ver parte de su espalda y el cuchillo que tiene clavado en ella. En otro retrato una pareja de novios brinda con un vino tan rojo como la sangre que les sale a los dos del pecho. Son terroríficos, pero, al igual que la habitación, tienen algo de belleza en ellos.
Al fondo del salón hay unas puertas entreabiertas que dan al jardín. Si Gil estuviera aquí jugaría con ella a interpretar un papel. Yo sería el anfitrión que lleva a su bella damita a bailar y luego saldríamos al jardín a contemplar la luna y las estrellas.
Salgo a contemplarlas de todos modos y me permito derramar unas lágrimas al mirarlas mientras susurro el nombre de mi aliada.
–Gil, dulce como la brisa de abril –Después, más alto declamo–. Juro por la música, para mí lo más sagrado, que no descansaré hasta haberte vengado.
No tengo una intención especial de vengarme de Linette Squab, aunque claro está que si nos vemos pelearé con ella. No obstante, cualquier caballero que se precie diría eso si le hubieran matado a su damita. La muerte de Gil me apena en verdad, pero hice todo lo que pude por ella. La ayudé a crear su ángulo y la acompañé desde que nos cosecharon. Nunca pensé que Linette fuera capaz de matarla. Me parecía demasiado compasiva y pensé que la dejaría marchar. Sin embargo, me alegra no haber sido yo el que haya tenido que ponerle fin a la vida de mi pequeña aliada.
Entro en el salón. El himno no hace mucho que ha sonado, vi las caras en el cielo desde una salita cercana a este lugar , así que deben ser más de las doce y es hora de dormir.
Cierro las puertas para que no entre el viento. Cchirrían, pero aquí todo cruje, así que no he tenido por qué llamar la atención de nadie.
Al cerrar veo un mecanismo al lado de una de las puertas. Sé lo que es. Usamos este tipo de cosas a veces en los espectáculos. Sirve para subir y bajar cosas. En este caso debe de controlar la gran lámpara de araña del techo. Pruebo a bajarla por simple curiosidad. El mecanismo funciona bien, ni siquiera chirría. La lámpara es hermosa. Es de aceite y para mi sorpresa las mechas están listas y los recipientes llenos. Podría encenderla si tuviera cerillas o un mechero. No necesito la luz ya que por las ventanas entra el brillo de la luna, pero quizá podría venirme bien el fuego. La mayor parte de la casa es de madera y la mayoría de los tributos estarán dentro.
Subo la lámpara de nuevo. Es tarde y necesito dormir. Mañana decidiré qué hacer. Un sonido me llama la atención. Es un paracaídas golpeando la ventana. Lo cojo antes de que caiga al suelo. Dentro hay un paquete de cerillas. Bien, parece que la decisión está tomada.
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Winston Morgan
18 años
Distrito 7
"Dos no discuten si uno no quiere"
Todo ocurre muy rápido. Estábamos discutiendo y de repente Astor tiene una flecha clavada en el corazón y suena un cañón. Borealisse lleva su garra de oso en la mano y Casian la apunta con su lanza. Vivi se acerca también. Tiene el arco en tensión, lista para disparar otra flecha, y me apunta a mí.
Me tiro al suelo en un acto reflejo. Casian y Borealisse ya han empezado a pelearse. Él parece que está consiguiendo mantenerla a raya con la lanza, pero ella se tira encima de él con la garra estirada y le da en el pecho. Vivi lanza otra flecha. Yo me arrastro lejos. Ella se acerca y entonces veo mi oportunidad. Estiro la mano y la agarro de la pierna. Soy más fuerte que ella y no me es complicado desestabilizarla y hacer que caiga al suelo, pero ella es muy ágil. Suelta el arco y cae con las manos apoyadas en el suelo, con lo que no solo no se hace daño, sino que además no le cuesta volver a levantarse. Yo me levanto también. No voy a luchar en el suelo. Tengo que hacer algo más que arrastrarme.
Vivi no coge el arco de nuevo. Estoy demasiado cerca, así que será una lucha cuerpo a cuerpo. Es ella la primera en lanzar un puñetazo, pero no me cuesta devolvérselo. Ella sonríe, era su objetivo. Mientras yo adelanto el brazo para pegarle ella se cuela hacia mi pecho y me empuja hasta que caigo. Es más delgada que yo, pero es fuerte y consigue aprisionarme las piernas con las suyas. Yo intento despegarla de mí, pero es imposible. Vivi lleva las manos a mi cuello.
–Llegó tu final, traidor.
Me hierbe la sangre. Yo no soy un traidor. Si no ayudé a mis compañeros fue porque realmente no pude hacerlo. Yo creía en esta alianza, en que podíamos llegar lejos, y nunca los habría traicionado. Nunca debes traicionar a los miembros de tu alianza. Es una regla no escrita de los juegos y yo siempre sigo las reglas de cualquier clase. Es ella la que nos ha traicionado a nosotros matando a Astor. Ella es la traidora.
Vivi comienza a apretar mi cuello. Yo relajo las piernas. Intentando disminuir el dolor de su empuje. Ella se confía, debe de pensar que me estoy quedando sin fuerzas. No se me había ocurrido que eso pudiera pasar, pero aprovecho la oportunidad y hago un movimiento brusco con las piernas para quitármela de encima.
En un segundo soy yo el que está encima de ella. Puedo oír a Casian gritar, pero no tengo tiempo de mirar qué le pasa. Aprieto a Vivi contra el suelo con mi cuerpo. Ella sigue con los brazos en torno a mi cuello y yo coloco mis manos en torno al suyo a la vez que me aprieto más contra su pecho. Se está quedando sin aire y sin fuerzas. Finalmente suelta su agarre.
–Yo nunca he sido un traidor –le digo.
Quiero que lo sepa. Quiero que se dé cuenta de que es ella la traidora, pero Vivi no está en condiciones de darse cuenta de nada ya. El cañón suena. Tardo unos segundos en comprender que es por ella, que la acabo de matar.
Me levanto del suelo. Borealisse me ve y me apunta con su garra de oso. Tiene toda la túnica rasgada y le sale sangre de varios cortes. Casian está en el suelo y respira con dificultad. Doy un paso hacia ellos. Borealisse echa a correr. Va dejando un rastro de sangre. Imagino que sabe que yo estoy en mejores condiciones para una pelea. Me acerco a Casian. Es más importante atenderlo a él que ir a por ella.
Tiene el pecho todo lleno de cortes de la garra de oso de Borealisse. Estuve aprendiendo algo de sanación en el centro de entrenamiento, pero no tengo ni idea de qué tengo que hacer.
–No sé cómo curarte, Casian –le digo.
–Creo que no puedes. Creo que voy a morir, Winston.
–Vivi también ha muerto.
No sé por qué se lo digo. Quizá porque no se me ocurre otra cosa que decir.
–Yo no soy un traidor. Vine aquí a defender el honor de mi familia, a demostrar que no soy un traidor.
–Y no lo eres, Casian. Tú no eres un traidor.
–No, no lo soy.
Después de eso no dice nada más. Suena un cañón, solo uno. Parece que Borealisse ha conseguido sobrevivir, al menos por ahora.
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Karmilla Du Mourier
30 años
Vigilante jefa de los juegos del hambre
"Qué ironía, fuego de noche y nieve de día"
En mi ventana luce el sol del mediodía en esta segunda jornada de juegos, pero en la arena sigue reinando la oscuridad. Estoy realmente satisfecha. Sé que hay quien prefiere los juegos largos, pero a mí siempre me han gustado cortos y contundentes y los de este año están siendo así. Quedan doce tributos y si todo va bien pronto quedarán aún menos.
Observo a Louie-Louie con satisfacción mientras distribuye las velas ya encendidas en los principales pasillos de las tres alas. A algunos de mis ayudantes les horroriza su idea de quemar la casa. A mí, en cambio, me parece magistral. El fuego dará un nuevo toque a la arena. Estoy deseando verlo.
Está teniendo suerte. La mayoría de los tributos o han salido fuera o están tan dentro de la casa que no se cruzan con él. Las ha dejado todas en las esquinas. Solo es cuestión de unos minutos para que el viento avive los pequeños fuegos y la madera comience a prender. Ni siquiera tengo que intervenir para aumentar el aire, cosa que estaba dispuesta a hacer.
El fuego comienza a crecer. Nada prende mejor que la madera vieja y los tributos están a punto de descubrirlo.
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Aquí otro capítulo. El título es por un libro de Mariana Enríquez que estoy leyendo ahora, aunque me está gustando más el título que el libro jaja. Las citas son de George R. r. martin, melendi, dos dichos populares, de William Shakespeare, otro dicho popular y de Ricky Martin.
Encomios de este capítulo:
Puesto 15: Astor: Me gustó muchísimo llevarte. Tus povs se me hacían muy interesantes y fáciles de escribir. Al menos te dio tiempo a encontrar lo que querías, aunque ni tú mismo estuvieras seguro de lo que era.
Puesto 14: Vivi: Tu desconfianza te jugó una mala pasada. Este capítulo fue divertido de escribir y todo el drama de la alianza pro se dio gracias a ti. Se te recordará por eso.
Puesto 13: Casian: No, Casian, tú no eras un traidor, pero tuviste mala suerte. Me dabas mucha ternura y me encantaba escribirte. Se te echará de menos.
Antes de despedirme quería contaros que cuando termine con este syot voy a empezar con otro, pero será algo diferente. Si alguna está interesada puede mandarme un PM y le doy más información.
