Capítulo 15: Las cosas que perdimos en el fuego
"Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, estas cenizas no juegan con fuego, este ciego no mira para atrás"
Everet Walsh
18 años
Distrito 6
"En cortijo grande, el más lento se muere de hambre"
Kaylee y yo teníamos varios patrocinadores que estaban interesados en apoyar el fenómeno que suponían dos hermanos juntos en los juegos, pero ahora que ella ha muerto yo no debo de parecerles lo suficientemente interesante porque no he recibido nada. Me da rabia. Para esta gente significamos algo solo en la medida en la que podemos dar espectáculo. Es asqueroso.
No sé cuánto tiempo llevo dando vueltas por el jardín. Aquí es difícil calcular la hora al ser siempre de noche. Intento buscar una fuente de agua, pero solo encuentro hierbajos y estatuas. Más allá está el bosque. Preferiría no tener que entrar, pero estoy empezando a sospechar que tendré que hacerlo si quiero beber. Es probable que los vigilantes hayan puesto allí un río o un lago, aunque también podría ser que no hubiera agua y que entrara para nada.
Estoy intentando decidirme cuando la veo. Es la profesional del uno. Está sola y lleva el pecho cubierto de vendajes que asoman a través de su túnica desgarrada. Anoche se escucharon cañones poco después del imno. Sería demasiado pedir que hubieran sido todos de profesionales, pero quizá la alianza se metió en una pelea que no pudo ganar y acabaron separándose. También podría ser una trampa, aunque el estilo de los profesionales suele ser más bien atacar de frente.
La observo agachado, escondido detrás del pedestal de una estatua. Para mi mala suerte, ella escoge justo este mismo pedestal para sentarse a descansar. Me quedo quieto sin hacer ruido. Está jadeando, a pesar de que venía caminando a un paso bastante tranquilo. Debe de estar bastante herida.
Un paracaídas hace su aparición. Si es mío, mis patrocinadores han escogido el peor momento para hacer acto de presencia. Sin embargo, es de ella. Cae a sus pies y la veo agacharse para cogerlo.
Desde aquí no puedo ver mucho ya que no quiero levantar la cabeza y que justo le dé por volverse y me vea, pero escucho el sonido de un tapón siendo abierto y luego algo inconfundible: ruidos de tragar y agua que cae. La profesional tiene una botella de agua. Por fin tengo agua cerca, pero no puedo cogerla, aunque la profesional no parece estar en muy buenas condiciones. Quizá podría hacer un intento.
Niego con la cabeza. Es demasiado arriesgado. Sigue siendo una profesional y además ella tiene un arma, cosa de la que yo no dispongo. Ella suspira con satisfacción y oigo como cierra el tapón. Me arriesgo a asomarme. Ha dejado la botella a su lado en el pedestal mientras se examina los vendajes con un ruidito de disgusto.
Es ahora o nunca, pero no me atrevo. Puede que parezca vulnerable, pero esta chica está entrenada para matar. Ella alza la cabeza de pronto. Parece sorprendida. Me arriesgo a asomarme un poco más. Me llega un olor a quemado y enseguida puedo ver por qué. Hay humo saliendo de la casa que hay en el centro del jardín.
La profesional se ha quedado mirando el fuego como embobada. Ahora sí que es mi momento. No me importa mucho lo que esté pasando dentro. Solo me importa que puedo coger la botella y echar a correr hacia el bosque mientras ella escruta la casa para enterarse mejor de lo que está pasando. Ella no se da cuenta, o quizá piensa que estar allí a ver qué pasa le merece más la pena que seguirme a mí. De todos modos no me detengo hasta perderla de vista, ya totalmente dentro del bosque. Ahora sí, abro la botella y bebo al fin.
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Deacon Earth
14 años
Distrito 11
"El fuego siempre ha sido, y al parecer siempre será, el más terrible de los elementos"
–Deberíamos movernos. Si no lo hacemos tarde o temprano enviarán algo a por nosotros.
Rita ojea con desgana uno de los libros de la biblioteca. Se trata de un tomo gordísimo lleno de ilustraciones siniestras. Se supone que describe monstruos o algo así. A mí me parece surrealista que se haya puesto a leer en los juegos del hambre, pero es lo que lleva haciendo toda la mañana, aunque supongo que debe de haberse cansado si ahora quiere irse.
Yo estoy bastante cómodo aquí. Hay sillones mullidos y sin bichos dentro y hemos desayunado bien gracias a que guardamos parte de la comida que nuestros mentores nos mandaron anoche poco después de que enviaran el antídoto para el veneno. Supongo que en algún momento tendremos que salir a buscar algo de comer porque no creo que nos envíen más nada estando aquí parados sin dar espectáculo, pero no tengo hambre todavía.
–¿Cuál es el punto? Si salimos, también nos enviarán algo.
–O a lo mejor no.
–O a lo mejor sí.
–¿Ese es tu mejor razonamiento?
Deja el libro a un lado y me mira con desprecio. Le devuelvo la mirada. No es como si yo la apreciara a ella.
–Has empezado tú.
Rita está a punto de contestar, pero entonces empezamos a escuchar el ruido. Ambos nos ponemos de pie en alerta. El olor no tarda en llegar y entonces sé lo que estoy escuchando: fuego.
Hay que irse. Al final Rita va a tener razón.
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Jonathan Stock
15 años
Distrito 5
"Enciéndele a un hombre un fuego y tendrá calor durante un día. Ponlo en el fuego y estará caliente durante toda su vida"
Mi mente me suplica que siga corriendo, pero mi cuerpo me pide a gritos parar. No puedo más. Neelas hizo un buen trabajo con mis heridas ayer, pero estoy al límite de mis fuerzas, no puedo respirar y siento que el pecho me arde. Creo que las heridas se están volviendo a abrir por el esfuerzo, pero si me paro no solo va a ser el pecho lo que me arda.
La casa no me parecía tan grande, pero ahora se siente como si estuviéramos recorriendo un distrito entero.
. No puedo más. Lo intento con todas mis fuerzas pero las piernas me tiemblan. Caigo al suelo. Este va a ser el final. Siento una mano que tira de mí. Levanto la cabeza y veo a Neelas. Parece desesperado, pero algo en él irradia calma incluso en esta situación. Neelas sabe lo que hay que hacer. Angie y yo lo hablamos antes de la arena, que él es listo y prudente. Él sabrá sacarme de aquí. Tiene que saber porque yo no sé, yo no puedo. No, no puedo.
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Iralene Martelé
18 años
Distrito 10
"Las hogueras no iluminan las tinieblas"
El acceso a la escalera está cortado por el fuego.
–¡Tenemos que encontrar una ventana!
Asiento a lo dicho por May Belle. Tiene que haber una ventana en alguno de los dormitorios. Se lo digo y ella asiente. Me lleva cogida de la mano. La aprieto fuerte y la sigo mientras buscamos alguna puerta.
Entonces comienzo a oír la voz. El ruido del fuego debería ahogarla, pero la escucho alta y clara. Me dice lo preciosa que soy, lo mucho que me desea y las cosas que quiere hacer conmigo. Grito mientras siento sus manos sobre mi cintura. Mmay Belle tira de mí, pero yo no puedo moverme. Ella se vuelve enfadada y asustada. Quiero decirle que a ella no le hará nada, que mi padrastro solo me busca a mí. No obstante, May Belle me suelta y se marcha. Desaparece por una puerta un poco más adelante. Siento algo detrás de mí. No son sus manos, es algo más, algo caliente: el fuego. Me quemo. Grito, y el humo entra dentro de mí.
–¿May!
Pero mi grito se queda a medias. Es igual. Ella ya no puede ayudarme.
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Rita Meawdobrook
16 años
Distrito 3
"Hacen falta dos pedernales para encender un fuego"
El fuego está cada vez más cerca. Deacon y yo corremos. La biblioteca no tenía ventanas, ya que todas las paredes estaban cubiertas con libros, así que recorremos el pasillo en busca de otra habitación por la que podamos salir. En estos juegos no he hecho nada más que correr. Empecé corriendo con Ryo para huir de Loki, seguí corriendo con Deacon para huir de la araña y ahora corremos otra vez huyendo del fuego.
Me pregunto si este fuego lo habrán creado los vigilantes. Es cierto que yo le dije a Deacon que deberíamos movernos para evitar que nos mandaran algo, pero esto me parece un poco drástico. Pensé que forzarían un encuentro haciendo que otro tributo viniera hasta nosotros o que nos enviarían un muto, pero quemar la arena tan pronto es una forma de actuar extraña: o nadie estaba haciendo nada, cosa que dudo con la cantidad de cañones que sonaron anoche después del himno, o esto lo ha hecho un tributo. Si es así no puedo más que admirar una maniobra tan inteligente. Es una forma sencilla y eficaz de quitarte a la competencia.
La luz de la luna se cuela por una de las habitaciones. Entramos y comprobamos que se trata de una cocina con una puerta pequeña, una puerta de servicio, al fondo de ella. Al final ni siquiera tendremos que salir por una ventana.
La puerta es estrecha y no cabremos los dos a la vez. Aprieto el paso. Quiero salir de aquí cuanto antes. Deacon también corre más deprisa. Sonríe. El fuego se aproxima, pero la salida está cerca y podremos escapar.
Es entonces cuando una idea cruza por mi mente. Quien quiera que haya hecho esto quería deshacerse de nosotros y yo misma he pensado que me parece una buena idea. Podría aprovecharla. Deacon no es Ryo. No es fácil de engañar, pero no se espera que estire la pierna en su dirección y acaba enredándose con ella y cayendo al suelo. El fuego ya casi está aquí. Salto por encima de él, pero un tirón de sus manos en mi pantorrilla me hace caer.
Intento levantarme, pero estoy enredada con Deacon. Él intenta moverse también,, pero solo conseguimos enredarnos más, ya que lo estamos haciendo a la vez y sin ningún orden. El fuego ya está aquí.
–Podría haberme salvado –susurro.
–Podríamos habernos salvado los dos, maldita.
Cierto, pero ya es demasiado tarde para ambos.
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Neelas Amaranta
18 años
Distrito 10
"Todos vivimos en una casa en llamas. No hay vomberos a los que llamar y tampoco hay salida"
–Ya estamos, Stock.
Mi voz sale en apenas un susurro por el humo. Stock no contesta. Hace rato que es solo un peso muerto en mis brazos. Una parte de mi cerebro intenta decirme que lo más probable es que esté muerto por inhalar tanto humo, pero no la escucho. Esto no puede estar pasando. No puedo quedarme sin aliados en el segundo día de juegos.
El ventanal de la habitación donde nos encontramos está abierto. Levanto el cuerpo de stock para que pueda salir. Yo voy detrás. Caigo contra el césped. Estoy salvado. Ya ha pasado todo. Intento decírselo a Stock, pero cuando abro la boca un ataque de tos me impide pronunciar palabra.
No puedo parar. Siento como si los pulmones me ardieran y tuviera que sacar de ellos lo que los está quemando. Intento incorporarme sin dejar de toser. Acabo a cuatro patas, sosteniéndome con los brazos y las piernas que me tiemblan. Caigo de nuevo. La tos no disminuye. Cierro los ojos. Quizá Stock sí que esté muerto. Quizá yo vaya a estarlo también.
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May Belle Swanson
16 años
Distrito 11
"No hay fuego. El infierno son los otros"
Creo que me he roto el brazo, pero no tengo tiempo de pararme a comprobarlo. Recojo la hoz con la mano buena y la uso de bastón para levantarme. Toso un poco de humo y me lloran los ojos, pero podría ser peor. Podría seguir ahí dentro. La voz de Iralene me susurra que ella sí que sigue ahí dentro. La voz de Morganne pregunta irónica si a Iralene también la he abandonado como hice con ella. Sé que no son reales, no son realmente ellas. Es mi conciencia o el miedo o algo así, pero duele igual oírlas.
Me alejo de la casa. No sé hasta donde va a llegar el fuego. De vez en cuando aún toso y el brazo me duele a rabiar, pero intento no pensar en ello. Me recuerdo que estoy viva. Iralene y Morganne me recuerdan que ellas ya no lo están. Sigo llorando y ya no sé si es por el humo o por el dolor o porque quiero que las voces me dejen en paz.
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Linette Squab
16 años
Distrito 8
"Es mejor arder en un instante que consumirse lentamente"
Daisy y yo observamos el fuego a lo lejos. La casa arde hasta los cimientos. Es una suerte que nosotras estuviéramos en un dormitorio con escalera al jardín. Imagino que muchos otros no habrán tenido tanta suerte. Pobres, morir quemado es una de las peores formas de morir. Todo el mundo lo decía en el distrito. Pienso en el niño del once y deseo que no estuviera dentro de la casa. Es un deseo estúpido, lo sé, pero no puedo evitarlo. Al chico del doce, a Louie-Louie, mil veces desgraciado, sí que le deseo estar ahí.
–Deberíamos entrar en el bosque. Aquí estamos demasiado al descubiegto.
Daisy ya se ha puesto a pensar en el siguiente movimiento. Es curioso porque yo siempre he sido la práctica en mis relaciones con los demás, pero ella tiene la cabeza más fría. Ella no ha matado a nadie, aunque podría haberlo hecho. Podría haber matado a Louie-Louie con el látigo.
No sirve de nada pensar en el pasado. Daisy no fue capaz de matar y yo, que sí lo fui, no le deseo ese dolor a nadie, aunque a la vez me dé rabia ser la única que lo sienta. ¿Qué me pasa? Nunca he sido tan contradictoria. Siempre he tenido las cosas muy claras, pero aquí todo es diferente.
Asiento hacia Daisy, que me estaba mirando en espera de una respuesta. Nos ponemos en camino hacia el bosque. A mis hermanos solía contarles cuentos con bosques llenos de criaturas malvadas, lobos, hogros, brujas y todo lo demás. Los juegos del hambre no son un cuento, pero no descartaría la posibilidad de que en el bosque nos espere algo no precisamente amigable.
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Actualizo pronto porque tenía muchas ganas de escribir el incendio. Mi plan es que ahora haya dos capis más tranquilos, uno de entrevistas a familiares y otro con un pov de todos los que siguen vivos para que veamos como están de cara al banquete. Luego ya irían el banquete, la final y la coronación.
El título es otra vez de un libro de Mariana Enríquez. Las citas son de Joaquín Sabina, un dicho popular, de Houdini, de Terry Pratchet, Stanislaw Lec, de Lowisa May Alcott, de Tennesee Williams, de Jean Paul Sartre y de Neil Young.
Encomios:
Puesto 12: Stock: Me gustó muchísimo llevarte. Eras un adolescente normal con alma de artista y pocas ganas de complicarte la vida. Eras el chico sencillo que este syot lleno de villanos necesitaba.
Puesto 11: Iralene: Eras una chica muy fuerte y que había tenido que pasar por mucho. Fue un placer llevarte.
Puesto 10: Deacon: Eras uno de mis favoritos y tus povs eran muy divertidos de escribir. Ah, y tenías razón: podríais haberos salvado los dos.
Puesto 9: Rita: Has sido una fuente inagotable de maldad y de salseo. Se te recordará con cariño, pero también con odio, como tú querías.
Puesto 8: Neelas: Eras práctico, listo, decidido y prudente, pero los juegos se escapaban totalmente a tu control y el fuego todavía más.
