Los sueños son un lugar maravilloso.
Pero el despertador del Sargento Kurtis Stryker no pensaba lo mismo. Fue así que no tuvo piedad al sonar y, taladrar su cabeza con ese "bip", a las 5:30 a.m.
—¡Calla, mierda! —El policía apagó la alarma al darle un golpe a puño cerrado.
Despertó de mala gana.
Era todavía muy temprano para ir a trabajar e iniciar su turno dos horas antes.
Estaba teniendo ese sueño increíble donde un emperador quería dominar la planeta tierra y, él formaba parte de un grupo de Supervivientes que eran miembros de una resistencia.
Algo que relució bastante fue la aparición de su mejor amigo Kabal y, la de una mujer alta y de cabello negro, lacio y largo.
—No negaré que me gustó —Sonrió él al recordar cómo masacraba demonios con sus armas.
Kurtis caminó desnudo por su hogar y llegó al baño. Quería que una ducha caliente fuera aquello con lo que iniciara su día.
Y así fue.
El agua caliente cayó sobre su cara, su cuerpo firme y de ensueño. Por un momento tuvo una visión de él con una pierna de metal.
—Estás muy raro hoy, Kurtis Stryker —Susurró él. Todavía quería quedarse dormido en la ducha.
Suspiró luego de sentir ese escalofrío sobre sus hombros y cerró la regadera. Ya había terminado con la rutina.
—Es muy temprano todavía... quizás Kabal siga en la estación. Le llevaré algo —Tuvo la idea de pasar a ése restaurante para pedir un par de cafés cargados y algo de carne con la que llevar al trabajo.
Se vistió como todo un oficial. Al ver la hora ya había pasado cerca de media hora desde que despertó de una manera muy inusual.
Salió de su hogar, le puso seguro a la puerta y subió a su vehículo. Ya tenía un plan: Conseguir comida y llegar al trabajo a pesar de que todavía era temprano.
Kurtis condujo por una carretera desolada, apenas habían algunos automóviles y, no fue para su sorpresa que el estacionamiento de McRonald's estuviera vacío.
Tras obtener su orden y tener todo empaquetado y caliente para Kabal, el conductor algo malhumorado refunfuñó y estuvo viajando en la carretera por varios minutos.
Al haber llegado al estacionamiento de la estación, Stryker se recargó sobre el volante y se preguntó si realmente fue buena idea llegar tan temprano.
—Si estás ahí, Dios, ésto no es gracioso —Dijo él antes de tomar la bolsa con comida, ponerse su chaqueta de cuero y cerrar la puerta del vehículo. —Qué raro es éste lugar temprano.
Stryker se encaminó a la recepción luego de salir del estacionamiento, no era de extrañar que se encontrara al amigo Kabal jugando Sudoku.
—¡Hola! —Stryker sonrió por primera vez.
—¡Kurtis! —Kabal se acercó y lo abrazó.
Esa fraternidad tan inquebrantable.
—¿Me extrañaste mi amor?
—¡Todo el día he estado pensando en tí! —Kabal le dió una palmada a la espalda de su colega. —¡Huele delicioso! ¿Lo preparaste para mí?
—Nah, pero lo compré para tí. Tenía la sensación de que estarías hambriento.
—¡Y no estabas equivocado! Muchas gracias Kurtis. Eres un gran amigo y... te amo ¿Lo sabes?
—Yo también te amo, Kabal. Daría mi vida por tí y eres lo más importante que tengo. Vine a acompañarte... ¿Te importa si me quedo aquí?
—¡En lo absoluto! Me ha tocado vigilar la entrada. Uno nunca sabe qué puede encontrar.
—Kabal... ¿Cómo ha estado tu noche? Hoy siento algo extraño. Me siento raro.
—¿Fuiste al urólogo? —Kabal rió.
—¡Qué va! Todavía no me toca. Y no, no es eso... es otra cosa. Joder, estoy muy cansado.
—Deberías ir a dormir a la sala de descanso. Todavía falta una hora para que tu turno comience —Aconsejó el ex-criminal.
—Claro. Tomaré mi comida y... ¡Buen provecho! De verdad lamento venir con éste humor mío. No quería arruinar tu día.
—¡Descuida! Tu sola presencia me alegra. Recuerda que hoy vamos a ese restaurante. Me lo prometiste.
—Sí sí sí. ¿Algo más que quiera la señorita?
—Nada más de momento, gracias —Bostezó él. —Tal vez debería... no sé... me gustaría descansar.
—Pues ¿Qué haces aquí? Se supone que tenemos una recepcionista y dos guardias —Enojado preguntó el castaño.
—No te enfades, Kurtis. Todavía no han llegado. Apenas la gente del turno anterior se fue.
—Joder... bueno, hagamos ésto. Yo me iré a descansar y, hasta que mi turno empiece, vas a dormir un rato y yo comienzo con las actividades. Has estado despierto toda la noche.
—Oh. Claro.
El súperpolicía abandonó la recepción y fue a la sala de descanso. Encontró el sofá donde tener una siesta.
Era un día común después de todo.
Antes de dormir tuvo la sensación de que sería mejor ponerle seguro a la puerta, por lo que se levantó e hizo eso.
"Click".
Kurtis se quitó los zapatos y recargó sus pies contra la esquina del sofá, así podía estar mejor.
Cerró los ojos.
Durmió.
No sabía por cuánto tiempo había estado así, pero parecía sólo eso, un pestañeo.
Un abrir y cerrar de ojos.
Se asustó al ver que eran las 8:57 a.m.
—¡Joder! —Él deprisa se puso sus botas y le quitó el seguro a la puerta.
Cuando la abrió.
El cadáver desmembrado de un oficial lo recibió. El cuerpo cayó sobre Kurtis.
Apenas podía entender qué ocurría.
Su cara estaba derretida por un ácido y podía verse que tenía agujeros por el torso de un diámetro extenso.
Stryker lo quitó de encima y al salir de la habitación vió que la comisaría estaba devastada.
Cuerpos de múltiples oficiales en los suelos, algunos enterrados en la pared por un metal extraño.
—Q-qué coño...
El olor a carne quemada fue lo que más le dió asco.
Vomitó al ver que esa chica que le había gustado ahora estaba tendida en el suelo, sin brazos.
—Mierda... mierda... mierda...
Stryker trató de contactar con la radio pero fue inútil.
—¡Kabal! Kabal...
El policía trataba de encontrar a su amigo, pero sólo halló más cuerpos de gente que no conocía.
—Qué hago... qué hago... qué hago...
A pesar de ser algo desagradable, él sacó una mochila de la sala de descanso y metió la munición de los cargadores de las armas de los caídos.
No sabía qué había ocurrido ni tampoco qué sucedió, pero debía salvaguardar su vida.
Y los muertos no necesitaban armas ni balas.
Stryker se armó con dos pistolas y una escopeta que había encontrado en la armería. Para estar seguro le puso seguro a la puerta para evitar que alguien ajeno entrara.
Con munición y cinturones para portar su TASER y algunas granadas, el joven salió de la estación.
No era de extrañar ver gente muerta o siendo asesinada por criaturas extrañas con cuchillas en vez de brazos.
Uno de ellos incluso trató de decapitarlo pero él fue más hábil y veloz, por lo que no tuvo piedad al reventarle la cabeza con un disparo de la escopeta.
—Vete al infierno cabrón hijo de puta.
Bajó al estacionamiento y ahí estaba intacto su vehículo. No dudó en subirse y encender el motor.
En el intento atropelló a una de esas criaturas que estaba comiéndose a un niño que carecía de cabeza.
—Esto no está bien. Ésto es una puta locura... una mierda. ¡Carajo!
Stryker tenía como objetivo su hogar, ya que ahí contaba con los recursos necesarios para contactar con su amiga y camarada Sonya Blade y el colega Jackson Briggs.
No importaba a cuántos atropellara, debía llegar.
—¿Es un brote? ¿Es una epidemia?
Por más que trataba de encontrar explicaciones no las hallaba.
—Esto no está bien.
Kurtis abandonó la zona que consideró como un foco rojo. El camino por la carretera era un sin fin de tragedias y cuerpos apilados en grupos.
Habían sido quemados y humo negro salía de dichos Cúmulos.
Por un instante Stryker miró a su lateral izquierda y vió lo que eran los restos de un gran centro comercial.
Pudo ver cómo una joven alzaba sus manos asustada, estaba desnuda y su cuerpo presentaba heridas y moretones.
Kurtis pudo ver que detrás de ella venían un par de monstruos con piel verde.
—Ya he visto suficientes muertos —Detuvo el vehículo y, armado con su escopeta le ordenó a la mujer que se tirara al suelo.
Él no supo de dónde sacó la frialdad para despedazar a los monstruos podridos.
Cayeron, uno sin cabeza y el otro con apenas el torso sosteniéndose por una delgada capa de tejido.
Kurtis corrió hasta la mujer y la cargó, metiendo a ésta en los asientos traseros y dando marcha pues los ruidos habían atraído a más.
Era un largo camino por recorrer y no había tiempo.
Qué día.
