El siguiente fic es un DabiOcha sobre pedido de Bakumom de la página de facebook "Boku No Pollitos Academia", quien me dio su autorización para publicar el fic. Si gustan alguna historia de un personaje o pareja en especifico, me pueden mandar un mensaje para hablarlo.

AU donde All for One no existe y la Liga es un grupo de desadaptados. Ah, sí, Dabi no es Todoroki. Situado durante el último año de Ochako es UA. Sobra mencionar que está centrado en la pareja de Dabi y Ochako.

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El cometa Uravity

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"Y regresó en cada ocasión que la necesité,
iluminando un triste momento en mi historia.

Me pregunté si algún día coincidiría definitivamente
más allá de fugaces encuentros,
hasta que un día colisionó mi mundo,
creando un cráter con su nombre en mi corazón".

Érase una vez el principio de una historia de la cual solo conocemos el final.

Encontró refugio bajo la sombra de un árbol. Odiaba los días soleados casi tanto como los lluviosos. Emitió un gruñido de exasperación y observó el panorama un par de minutos; los niños jugando, el ruido de los automóviles, los asquerosos colores floridos y el desagradable olor a comida chatarra.

Escuchó gruñir su estómago ante el pensamiento. Soltó un bufido antes de detectar un edificio departamental al otro lado de la calle. Ese sería un buen lugar para saquear antes de incendiarlo. Se dedicó a observarlo, analizando su estructura, la posible alarma contra incendios y el tiempo que tendría para escapar, cuando se sobresaltó por el inusual toque en su mano. Bajó la mirada, frunciendo el ceño ante la imagen.

—Disculpe, señor, estoy perdida —las palabras salían entrecortadas por las lágrimas. Parpadeó un par de segundos, tratando de comprender si se refería a él—. ¿Me ayudaría a encontrar a mis padres, por favor? —Entreabrió ligeramente la boca para negarse.

—Niña, yo no… —Se detuvo al verse atrapado en ese par de ojos chocolate, la mirada brillante y la dulzura de su voz. Carraspeó, desviando su atención alrededor— ¿Dónde estaba tu familia? —cuestionó. Notó cómo sus ojos se cristalizaron, su labio inferior tembló y… luego la escuchó llorar. Mierda, pensó. Oh, genial, hizo llorar a una niña pequeña—. Hey, no, no —entró en pánico rápidamente, se colocó en cuclillas para estar a su altura e intentar calmarla—. Te ayudaré a encontrar a tus padres —se mordió la lengua justo después de decirlo.

¿Qué estaba pasando con él? Nunca ayuda a otros, menos se interesa sobre ellos, pero con los niños… maldición. Una parte de él temía que otro infante viviera su mierda y terminara incendiado medio Japón… o peor. Así que, a regañadientes, emprendió la búsqueda de la mano de la niña… al menos hasta encontrar a un policía o héroe que se hiciera cargo de ella.

—Mi nombre es Uraraka, Uraraka Ochako —devolvió su atención a la menor, que parecía más calmada y feliz—. ¿Cuál es su nombre, señor héroe? —Se detuvo, confundido.

—No soy un héroe, niña —replicó.

—Entonces, ¿Por qué me está salvando? —Se quedó sin palabras. Ni siquiera él sabía por qué lo hacía.

—Dabi —escupió de mala gana. Y. Su. Jodida. Sonrisa. Fue. Más. Brillante. Que. El. Sol. Se sintió abrumado por ella. Nunca había tratado con otros niños, ni siquiera cuando era más pequeño. Suspiró mientras seguía buscando a los padres de la niña.

—Yo también quiero ser una heroína, Dabi.

—Ajá —no prestó atención hasta que notó que se quedó atrás—. ¿Qué?

—¿No crees que pueda ser una heroína? —Cuestionó en un tono herido—. ¡Mi peculiaridad es la gravedad cero! ¡Puedo volar! —insistió, uniendo sus dedos y flotando ligeramente antes de caer de sentón.

—Claro que sí, Uravity —afirmó, dándole suaves palmadas en la cabeza—. Ahora vamos a buscar a tus padres.

Sintió un tirón en su mano y un grito de emoción. La vio correr hacía dos siluetas a la distancia. Notó el parecido y suspiró con alivio. Luego, notó que regresó sola, con una brillante sonrisa que opacaba al Sol.

—Gracias, señor Dabi —agradeció con una leve inclinación. Y después le ofreció un llavero—. Es un cometa de la suerte, me ayudó a encontrarlo a usted y usted me ayudó a encontrar a mis padres. ¡Ojalá le ayude a encontrar su camino! —Y se alejó nuevamente, uniéndose a esas dos figuras a la distancia. Dabi observó el llavero, una bolita con ligeros cráteres. Sonrío.

El cometa Uravity —susurró para sí mismo.


Después de la primera vez, fue atrapado y puesto en un dilema que ahora lo tiene aquí.

Siente la ansiedad recorrer su cuerpo ante la expectativa. Jamás pensó tener un futuro diferente hasta que esa niña de ojos avellana se atravesó en su camino. Ahora está a punto de terminar una carrera, tiene un lugar al que llamar hogar y personas que considera familia.

Y mantiene esa detestable duda sobre si hace lo correcto o simplemente se equivocó de vida. Se sacude cuando el tren se detiene de golpe, las luces parpadearon y una voz resonó por el vagón "Este es un asalto al metro, sigan las instrucciones y estarán bien. Si hay algún héroe, no intentes hacer ninguna tontería que no dudaremos en asesinarlos".

La comunicación se cortó y la histeria se desató. Recordó la voz de sus profesores y las teorías vistas en clase, se congeló hasta que Shirakumo apareció en su cabeza "Reaccionar y actuar a tiempo puede cambiar vidas, tú elegiste este camino, sigue, aunque las dudas se absorban y te congelen".

Respiró profundamente por cuatro segundos, contuvo el aire por otros cuatro segundos y lo soltó en cuatro más. Repitió el ejercicio hasta que su cuerpo se relajó. Repasó el estado de los demás pasajeros. La mayoría estaban inmersos en sus celulares, llamando a sus familiares, amigos y jefes, pero hubo alguien que atrapó su atención. Notó cómo su pecho se elevaba rápidamente y la forma en que temblaba. Reconoció los indicios de un ataque de pánico, así que se acercó hasta ella. Vestía un uniforme de secundaria y su cuerpo era menudo.

—Hey, soy Dabi —se presentó, sentándose a su lado. Ni siquiera le prestó atención, estaba aferrada a su mochila y desconectada de su entorno—. Hey, hey —la llamó con más insistencia cuando sintió que perdía más el color en sus mejillas.

—No puedo respirar —susurró, entrando en un trance. Dabi la tomó por las manos, ejerciendo suavemente su quirk. La adolescente levantó la mirada—. Eres cálido —murmuró con voz monótona. El adulto río.

—¿Me puedes describir este objeto? —Pidió colocando el llavero de la suerte en sus manos. Permitió que lo tocara y se enfocara en él.

—Es redondo —frunció el ceño, notando las asperezas—. Tiene pequeños cráteres, es de un color café oscuro. Es un… ¿Es un cometa? ¿Por qué tendrías un cometa de llavero? —Cuestionó más relajada y confundida.

—Es un regalo —respondió. Buscó entre sus cosas los caramelos que Toga solía darle. Encontró un chocolate con relleno de fresa y se lo ofreció—. Te ayudará a distraerte —explicó después de pedirle que espere a que se disuelva en su boca. Lentamente la adolescente volvió en sí. Levantó su mirada caoba y extendió una sonrisa.

—Se supone que seré una heroína y ahora ni siquiera… —vio el violento movimiento de sus hombros y las lágrimas bordear su rostro. Sin saber qué más hacer, Dabi la abrazó al tiempo que acariciaba su cabello.

—Incluso los héroes tienen crisis y se paralizan. Aún eres una niña, verás que algún día tendrás las herramientas para entrar a un edificio en llamas y salvar a cientos de personas —prometió.

Fuera de la burbuja que creó para darle soporte a la desconocida, los villanos que raptaron el tren habían desaparecido. Aquello había sido solo una distracción para un ataque mayor. A Dabi no podía importarle menos. Cuando la policía llegó y se separó de la chica, le dio una suave sonrisa.

—Gracias —le susurró—. Cuando sea heroína te agradeceré adecuadamente. Por favor, si llegas a necesitar ayuda más adelante… Soy Uraraka Ochako y algún día, Uravity.

En ese momento reconoció a la misma niña que lo guío por un camino diferente cuando era un adolescente y ahora le daba la confianza para ejercer su carrera. Le devolvió la sonrisa.

—Es un increíble nombre, Uravity.


Alcanzó a ver un mechón castaño. Parpadeó confundido y negó suavemente antes de regresar su atención a la planeación que estaba haciendo hasta que...

—La quiero fuera —rodó los ojos antes de levantar la mirada para encontrarse a una Toga enfadada en la puerta—. No sé por qué Shirakumo sigue trayendo a esos niños si se terminan yendo —continuó con su queja—. Te estoy hablando, Dabi.

—Ya sabes cómo son las cosas, enana —explicó—. Ve a seguir con tu clase, hablaré más tarde con Shirakumo, ¿Está bien? —No era la respuesta que la rubia quería pero sirvió para calmarla. Observó cómo desapareció por la puerta y él se recargó en la silla. Entonces, el mechón castaño que vio no era una alucinación. Suspiró antes de ponerse de pie e ir a la oficina de su mentor.

—Oboro, Himiko está... —abrió la puerta, encontrando a su mentor y a la dueña de la cabellera castaña. Tardó medio segundo en reconocerla y otro en ser bombardeado por recuerdos; la voz temblorosa, la suavidad de su piel y la vulnerabilidad en sus ojos. Respiró con fuerza antes de hablar nuevamente—. No sabía que tenías visitas, volveré más tarde —se disculpó, tratando de poner distancia entre ambos.

Jamás creyó volver a encontrarse al cometa que marcó su vida. Observó el llavero de la suerte, emitiendo un suspiro.


Los días pasaron tan rápido como un aleteo de colibrí. Cada día se daba cuenta de la increíble heroína que era, la extraordinaria persona en la que se convirtió y la belleza que desbordaba. Poco quedaba de la niña de catorce años que conoció. Aún contempla el cometa que le regaló y el que cruza por su cielo e ilumina el centro cada vez que llega.

—Conozco esa cara —Toga se dejó caer a su lado—. Es la misma que Jin pone cuando estamos juntos. —Dabi rodó los ojos antes de negar y hacer ademán de levantarse—. Hey, espera, no quiero que la historia se repita —musito, sosteniendo su mano—. Sufrí mucho por el rechazo, creyendo que no era correspondida por años. No me gustaría que otra persona pase por lo mismo otra vez. —Su voz se suavizó al final—. Quizá tú no quieras verlo, pero incluso Eri se dio cuenta de que ambos gravitan cerca del otro.

—Es una niña, Toga. Apenas está empezando su vida y no quiero ser un impedimento —respondió. La aludida resopló.

Dabi siguió su camino hasta la oficina donde continuó revisando las cuentas cuando Shirakumo lo interrumpió.

—Hay que hablar. —En ese momento supo perfectamente a qué se refería. Lo vio cerrar la puerta y sentarse frente a él—. Tengo más de diez años conociéndote, Dabi.

—De los cuales agradezco tu apoyo —lo detuvo, leyendo sus intenciones— y el respeto que tienes por mis decisiones, sería bueno que se mantenga así. —Oboro se echó a reír. Hacía tiempo que no reía genuinamente. Pese a su desborde constante de energía, pocas veces veía un brillo real en sus ojos.

—¿Sabes quién la envió? —Negó— Aizawa. Él mantiene una esperanza que apagué hace tiempo. Lo intentaba cada vez con un chico diferente y el resultado solía ser el mismo, hasta que ella llegó —Respiró profundamente, era difícil hablar de sí mismo—. Fue un puente que me obligó a enfrentar mis miedos. No te castigues siendo infeliz por los errores del pasado.

—Lo que sucedió con Aizawa es completamente diferente a lo que pasó entre nosotros.

—No, es muy similar, solo que en diferente perspectiva. Él jamás se perdonó por no salvarme y yo preferí aislarme. Vivimos las consecuencias de las decisiones adolescentes.

El silencio reinó un par de minutos donde ambos se sumieron en sus pensamientos. Las palabras de Shirakumo tenían un gran peso. Él conocía los sentimientos y temores de su mentor, la melancólica aura que lo rodeaba y la tristeza que desbordaban sus ojos.

Era cierto que recientemente lo veía más alegre y también conocía la razón. Quizá podría darse una oportunidad. Quizá, solo tal vez, podría merecer ser feliz.


Y después el incendio sucedió. Vio su mirada determinada y se sintió tan cautivado como la primera vez que tiró de su mano y lo forzó a ser un héroe. Aunque también radicaba un miedo abrumador. Creyó que habían salido victoriosos hasta que la vio desvanecerse en la puerta. Reconoció inmediatamente las quemaduras en su piel y sintió el alma desprenderse de su cuerpo hasta que la escuchó murmurar su nombre.

—¿Por qué no te quedas hasta que despierte? —Se sobresaltó al escuchar el gruñido. Inmediatamente soltó la mano de la chica dormida y se giró para enfrentar al muchacho rubio recargado en la puerta—. Debes ser Dabi.

—Ya estaba de salida —musitó, levantándose. Dabi se quedó esperando a que se moviera de la entrada, más se quedó en su lugar. Supuso que debía ser uno de los compañeros de Uraraka. Frunció el ceño, recordando que mencionó a un muchacho con sus características—. No sabía que Uraraka tenía novio —musitó, generando una expresión de desagrado.

—Es mi mejor amiga —aclaró, volviendo a su expresión estoica—. Y te agradecería que fueses sincero con tus sentimientos y no juegues con los de ella —advirtió—. Es el jodido sol que iluminó mi vida y si te atreves a eclipsarlo, tendremos muchos problemas.

Dabi se río suavemente. Sostuvo la mirada carmesí, reconociendo sentimientos que no se molestaba en ocultar.

—Estás enamorado de ella —supuso erróneamente. Él negó.

—Ella es mi alma gemela. La amo y deseo que sea feliz —replicó tajante—. Si ella te eligió, espero que seas claro con tus intenciones o te explotaré hasta la luna. —En ese momento comprendió que sus palabras carecían de intenciones románticas. Este muchacho le estaba hablando de sentimientos que jamás creyó ver, de una genuina preocupación y devoción por otra persona sin tintes amorosos. Le dio una última mirada a la chica que yacía en la calma y la culpa lo abrumó—. Ni siquiera atándola hubieras evitado que ella interviniera —agregó—Es más de lo que puedes imaginar, asimílalo o déjala brillar.

En ese momento, Bakugo se movió de la puerta, permitiéndole que saliera. Dabi continuó con su camino, pero se detuvo.

—Gracias —susurró antes de desaparecer por el pasillo.


Cuando Toga le dijo que ella había vuelto, sintió su corazón estremecerse. Caminó con duda hasta el techo y sintió que sería la última vez que vería a ese hermoso cometa, así que disfrutaría tanto como pudiera de su compañía con la esperanza de que algún día volviera a cruzar su cielo.

La dejó en la estación del metro con una ilusión latente.

—Dabi, ¿Tú quieres a Ochako? —Cuestionó Eri desde el asiento trasero, su voz denotaba curiosidad y perspicacia—. Ella te quiere mucho, aunque no lo diga.

Dabi se río. No negó ni afirmó nada, sus sentimientos eran obvios para más de uno, aunque parecía que no para la persona correcta.


Y un día, el cometa se convirtió en un meteorito que colisionó contra su mundo creándole un cráter en el corazón con su nombre.

Sucedió más tarde que pronto. Tres años después de su último encuentro. Pese a intentarlo, Uraraka Ochako no pudo sostener su palabra de volver. Entró en un torrente tan rápido entre las pasantías, la graduación y su trabajo de compañera de héroe que cuando menos lo esperó alcanzó el top veinte, tomando gran popularidad y, con ello, demasiado trabajo.

Con el tiempo, terminó haciendo a un lado la promesa de un amor adolescente y se centró en su apremiante presente.

Dabi conservó los recortes que Eri solía llevarle de las hazañas de Uraraka, mientras que Toga lo veía con odio cada vez que aparecía en las noticias por no ir tras ella. Shirakumo se dedicaba a negar y comprender, él también dio un paso en falso que terminó por fracturar la relación que más atesoraba, pues el incendio fue suficiente para que Aizawa cortara completamente su comunicación con él.

El centro lentamente se apagó sin ella revoloteando por su alrededor. Se tomaron su tiempo para volver a la antigua normalidad, aunque mantenían un lugar en su corazón para la heroína de la gravedad.

Para Dabi, todo ocurrió a finales del invierno, cuando tenía que recoger flores para el abuelo de Eri. Iba de camino en el metro cuando reconoció un mechón castaño. La observó, creyendo que veía un espejismo hasta que los ojos chocolate lo confrontaron. La primera en acercarse fue ella, sin dudas o temores. Se plantó de pie frente a él.

Detalló cada uno de sus rasgos. Su cabello se mantenía corto, apenas tocando sus oídos, sus ojos brillaron por la determinación, y los rasgos infantiles dieron paso a una abrumante adultez. Su figura se acentuaba debajo de su gabardina, aquella que le prestó en su último encuentro y jamás devolvió; era la única forma de mantenerlo cerca sin olvidarlo completamente.

Dabi temió tocarla y que se desvaneciera frente a sus ojos.

—¿Volviste a ver a la chica cometa? —Se estremeció al escuchar su voz, la cual también cambió, dejando de lado las vibras infantiles para dar paso a una sensualidad sutil. Y comprendió sus palabras, dándose cuenta que jamás entiendo que ella es su cometa.

—La estoy viendo ahora —respondió, colocando una mano en su cuello, sintiendo leves secuelas de sus quemaduras. Subió la mano hasta ahuecar su mejilla en ella, y disfrutó de la suavidad de su piel y la calidez que emanaba. Acarició con su pulgar los labios de melocotón. Se inclinó hasta su altura—. Tu eres el cometa que cruzó e iluminó mi cielo, Uravity. —Uraraka se puso de puntas para acortar la distancia y unir sus labios en un anhelante beso. Envolvió sus brazos en el cuello del mayor, mientras Dabi la atrajo por la cintura. Disfrutaron del toque desesperado. Cuando se alejaron por la falta de aire y el espectáculo que estaban haciendo, la castaña se río, limpiando el labial rosa de la boca de Dabi.

—Ya no seré más un cometa, Dabi —mencionó, tomando su mano y depositando un suave beso en el dorso—. Me volví un meteorito dispuesto a colisionar contra tu mundo y permanecer en él.

Ambos se quedaron en silencio, disfrutando del viaje, de la compañía y del vínculo que terminó por sellarse.

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Y este es el momento en donde les cuento como adoré hacer esgte escrito. El Dabiocha es mis parejas favoritas y este fic, de lejos, uno de los que más he disfrutado escribiendo por el concepto. Ojala les guste tanto como a Bakumom, ¡gracias por tu confianza!

¡Nos leemos la otra semana con la siguiente parte!