Aprovechando que la siguiente semana nos la han dado libre en la U, terminé de revisar este capítulo que ya estaba finalizado hace no más de una semana uwu con suerte llevo un poco más de un mes de semestre y ya necesito unas malditas vacaciones, la escuelita online hace que den ganas de congelar... cof cof para mi familia, ese comentario es bromita cof cof


[ Al compás de la melodía ]

Capítulo 5

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A pesar de haber estado empleando un truco tan simple que, bajo sus ojos, era típico de un niño de seis años, tres semanas fueron más que suficientes para que Naruto se volviese un experto en el puro arte de la hurtadilla. Tal y como acostumbró hacer en tal acotado periodo de tiempo, tocó la puerta suavemente con sus nudillos y aguardó a la misma afirmativa respuesta de Haruno para adentrarse en la habitación.

Como era de esperarse de una propiedad cuya lujosa apariencia no yacía limitada a su exterior, si no que también se extendía a su interior, el espacio con el que estuvieron contando para llevar a cabo sus clandestinos encuentros era bastante espacioso, pero ciertamente más pequeño en comparación al resto de cuartos que Namikaze había tenido la oportunidad de ver. A diferencia del salón en que era instruido, este cuarto yacía perfectamente amueblado, en su centro yacía una rectangular mesa de cristal, la cual contaba con dos largos y grises sofás a cada lado, lo demás no dejaba mucho qué destacar, puesto que gran parte de la habitación yacía amueblada con altas estanterías con varios libros de distinto grosor acomodados en ellos y pared que no estuviese cubierta por dichas estanterías fue decorada por uno que otro cuadro que, según se atrevía a suponer, debían de tener un costoso valor.

Sakura, quien yacía de pie junto al llamativo ventanal característico del cuarto, comentó. –Haz sido bastante puntual.

–Cada minuto cuenta, al fin y al cabo, veinte minutos diarios siguen siendo muy pocos.

Independientemente de la escasez de tiempo con la que dispusieron las últimas semanas para dar lugar a aquellos encuentros, Namikaze experimentó la curiosa sensación de haber estado cometiendo dicha acción durante mucho más y fue en ese periodo de tiempo en que aprendió bastantes cosas que antes desconocía completamente de la única hija de Kakashi Hatake, no tenía cómo comprobarlo, pero tenía total seguridad de que Sakura compartía su mismo sentimiento. Más allá de confirmar su gusto por la música clásica, también tuvo la posibilidad de oír con un poco más de detalle sobre su situación de vida y Sakura no tuvo pelos en la lengua al momento de contarle, por ejemplo, cuál fue la enfermedad que a tan solo una edad de diecisiete años la mantenía completamente ciega.

¿Glaucoma?

Frente a la pregunta hecha por su acompañante, Haruno asintió con la cabeza. –Me lo diagnosticaron poco después de cumplir los ocho años, fue una sorpresa para mi familia considerando que me llevaron al médico creyendo que solo necesitaba usar anteojos.

Haciendo uso del silencio concedido por Naruto, Sakura añadió. –Es una enfermedad degenerativa y los primeros síntomas apenas son detectables, quizás fue una suerte de que me la detectaran tempranamente, aunque eso no cambiara demasiado las cosas.

Yo... Cuando te conocí, creía que habías nacido sin poder ver. Debió ser difícil, digo, tenías apenas ocho años.

Un poco, sí. –Contestó. –Tener que adaptarme a eso siendo tan pequeña, fue aterrador tener que despertar un día sin ver absolutamente nada, pero con el tiempo pude acostumbrarme.

La simpleza con la que Haruno relataba lo que fue para ella la pérdida total de la vista era abrumadora, pero era cierto que parecía estar más que adaptada a tener que vivir con ello, puesto que durante sus visitas caminaba por el cuarto sin ningún tipo de cuidado, si no lo hubiera sabido previamente, a Namikaze no se le habría pasado por la cabeza la idea de que tuviera un problema de visión, en otras palabras, se percató que Sakura conocía los interiores de la edificación como la palma de su mano.

Cabe destacar que la ceguera de Haruno no fue el único tema del que Naruto se hizo conocedor recientemente, también acabaron platicando sobre el tipo de educación que estuvo recibiendo, ahora sabía que Sakura comenzó a ser estudiante en casa a los diez años, se sentaba en la sala únicamente en compañía de sus profesores particulares contratados minuciosamente por su padre y recibía la información que ellos tenían para ofrecerle, nada más y nada menos.

–Mmm, suena desgastante tener que viajar desde la escuela hasta aquí casi todos los días. –Comentó Sakura, provocando que Naruto dejase de rememorar de forma inmediata los temas tratados en encuentros pasados. –Quiero decir, te levantas de un pupitre después de horas para luego venir a sentarte frente al piano.

–Lo es. Cuando era pequeño hubieron varias ocasiones en las que incluso hacía pataletas por el simple hecho de no querer venir, pero como te habrás dado cuenta, nada de lo que hice dio resultado. –Explicó, permitiendo que unas cuantas risitas nerviosas fuesen escuchadas a través de sus labios. –Literalmente me traían a arrastras.

Tener que recordar a su yo de hace años haciendo tales berrinches le hacían sentir una mezcla entre gracia y vergüenza, ni siquiera entendía cómo es que sus padres tuvieron la paciencia suficiente para aguantar su comportamiento.

Aunque le parecía divertido recordarlo, Naruto cesó sus risas al oír la voz de Sakura formulando la pregunta. –¿Eso significa que odias tener que tocar?

–No, no es eso. Estoy siendo sincero cuando digo que me gusta tocar el piano, pero eso no quita el hecho de que crea que obligar a un niño a practicar una actividad durante varias horas a la semana por mero placer de otros... es una estupidez.

–Es una pena que hayas tenido que pasar por eso, suena duro.

–Bueno, lo fue durante un largo tiempo, pero... últimamente ya no es tan desagradable.

Sakura, incapaz de comprender el mensaje oculto tras aquellas palabras, manifestó cierta confusión en la expresión de su rostro. –¿Qué quieres decir?

Naruto meditó durante unos instantes cuáles serían las próximas palabras que saldrían de su boca. –Hasta hace no mucho creí que había estado desarrollando un odio a tocar música, cuando niño era como una obsesión y luego pasó a ser una simple obligación.

Decidiendo acortar la distancia que yacía entre ambos, Naruto se hizo próximo hacia el ventanal y dejó que la suave ventisca que se colaba a través de esta entrara en contacto con su rostro, teniendo a Sakura a su lado.

–Lo que intento decir es que... estos pocos minutos de libertad que tengo contigo hacen que todo sea más divertido.

–Me hace feliz oírte decir todo eso. –Sakura, quien había estado dirigiendo su rostro directamente hacia la ventana, se giró hacia el rubio muchacho a su lado y añadió. –Porque yo tengo el mismo sentimiento.

Naruto no formuló palabra alguna en un principio, optó por mantener sus labios sellados en un silencio en lo que sus azules ojos se ocupaban de analizar cada rasgo del rostro de Sakura Haruno, pasaron desde sus pestañas y descendieron lentamente por su nariz y mejillas hasta paralizarse en sus rosados labios, perdiéndose en aquella suave sonrisa que por ellos fue reflejada.

Una vez se dio cuenta de lo que estuvo haciendo, Namikaze carraspeó su garganta y en un intento por desviar la conversación, dijo. –Quizás sea mejor que lo dejemos hasta aquí por hoy, si no nos ponemos un alto podríamos pasar toda la siguiente hora platicando.

–Hehe, es probable que así sería. Antes de que te vayas, antes me comentaste que no estarías aquí mañana, ¿por qué?

–Ah eso, estaré ocupado con unos cuantos asuntos de mis clases, las de la preparatoria quiero decir. –Explicó con sencillez. –Quisiera no tener que hacerlo, pero a veces no nos dan tregua. Aún así no te preocupes, aquí me tendrás el lunes sin falta, lo prometo.

Puede que no haya tenido la oportunidad de expresarlo con palabras, pero el rubio pianista compartía el pensamiento que Sakura manifestó minutos atrás, él igualmente creía que ella había tenido una vida complicada e incluso mucho más que la suya. Aunque sus padres le obligasen a tomar lecciones de piano después de clases, nunca le negaron la posibilidad de relacionarse con otros, él aún tenía a sus amigos, pero Sakura estuvo viviendo completamente alejada de personas de su mismo rango etario... la tenían encerrada entre esas paredes cuan ave enjaulada.

Realmente le habría gustado continuar con aquella conversación, pero si hubiera abierto la boca de forma innecesaria probablemente habría acabado lastimando a Sakura de algún modo al tratar un tema tan sensible y no quería eso en lo absoluto, no quería tener que ver su pálido rostro luciendo una vez más la vacía expresión con la que la conoció, no quería ser la causa por la que su sonrisa acabara siendo desvanecida, al contrario, quería hacer que prevaleciera.

Cada vez que cerraba aquella puerta para marcharse, una sensación de despreocupación, o más bien de alivio, abordaban el joven cuerpo de Namikaze, sin embargo, tal agradable sentimiento se vio interrumpido al instante en que cruzó la esquina del pasillo que lo llevaría de regreso al salón del que vino. No solo detuvo el avance de sus pies, si no que retrocedió unos pasos y se ocultó tras el muro, en las últimas semanas nunca había tenido que toparse con la sorpresa de ver a Jiraiya esperando por su regreso.

Ese pasillo era el único camino que tenía para llegar y las posibilidades de ser visto por Jiraiya eran considerablemente altas, pero no podía solo quedarse ahí de pie observando a su tutor esperando por él.

A pesar de lo ansioso que lo hacían sentir el choque de sus ideas en su conciencia, Naruto fue lo suficientemente listo para darse cuenta de que Jiraiya en todo momento había estado dándole la espalda sin mostrar señal alguna de querer voltear, puesto que yacía ensimismado en lo que creía que eran una de las partituras que siempre traía consigo. Era la oportunidad perfecta, por lo que armándose de valor, retomó su caminar a paso rápido procurando no ser ruidoso y en cada uno de los segundos que transcurrieron a continuación tuvo el corazón en un puño, pero para su suerte, Jiraiya nunca se giró.

–Así que ya estabas esperándome. –Comentó en un intento de demostrar despreocupación con el objetivo de amainar el nerviosismo que estuvo abordándolo los últimos segundos.

–No te vi por ningún lado cuando venía de regreso, ¿dónde estabas?

De repente, la respiración de Namikaze pareció detenerse y por unos instantes tuvo la sensación de que todo lo que estuvo haciendo durante ya tres semanas se había ido directo al carajo, no obstante, hizo el esfuerzo de mantener su relajado y desinteresado semblante.

–Hey, yo no te pregunto a ti qué es lo que haces cuando vas al baño. Si la naturaleza llama, hay que ir.

Pensó en preguntarle a su experimentado instructor alguna tontería al azar con tal de conseguir desviar el rumbo de la conversación, esperando tener la suerte de dejar en el olvido aquello que sembró la tensión en primer lugar, esa era la idea, pero sus planes tomaron un giro distinto en el instante en que la aguda y a su vez constante presión en su pecho decidió manifestarse, provocando que su espalda se encorvarse ligeramente ante tal molesta y dolorosa sensación, dificultándole incluso la tarea de respirar.

Fue durante aquellos breves segundos en los que Naruto se apresuró en llevar su mano al bolsillo de su pantalón para alcanzar el pequeño frasco de pastillas que traía consigo, repitiendo la acción de dejar caer una sobre la palma de su mano para llevarla directamente hasta su boca, tuvieron que pasar unos segundos más luego de que esta descendiera por su garganta para que la agonizante punzada en su corazón se desvaneciera, y en todo momento, Jiraiya estuvo a su lado, apoyando su mano por detrás de su espalda para contenerlo y fue también por él que Naruto acabó sentado junto al piano en lo que se recuperaba, el mayor se mantuvo arrodillado frente a él, atento a cada movimiento o expresión que hiciese a continuación.

–¿Te encuentras bien?

–N-No pasa nada... No es nada nuevo.

Varias han sido las oportunidades que ha tenido Jiraiya para presenciar tales ataques en que la vulnerabilidad tendía a apropiarse de Namikaze y en cada ocasión se encargó de entregarle toda la ayuda que pudiese brindarle.

Jiraiya, aún en estado de alerta, continuó preguntando. –¿Estás lo suficientemente bien como para continuar?, podemos dejar las cosas hasta aquí por hoy y llevarte de regreso a casa.

–No es necesario, ya te he dicho que esto no es nada del otro mundo. –Luego de acomodarse correctamente frente al instrumento, Namikaze añadió. –No te preocupes tanto. Si te sirve de algo, mañana tengo mi chequeo médico.

–Lo recuerdo, pero de todos modos ve haciéndote la idea de que terminaremos antes, procuraré que te vayas más temprano hoy.

A pesar del frío semblante que Jiraiya tendía a enseñar la mayoría del tiempo en que impartía sus clases, Naruto era bastante consciente de la preocupación que el mayor tenía por él en este tipo de circunstancias, mostrándose siempre atento. Aunque en parte le estaba agradecido, tales gestos le causaban cierta irritación y no es que no quisiera recibir su ayuda, más bien, sentirse como alguien que debía de ser protegido era el verdadero problema.

La relación que forjó con Sakura en definitiva presentó un progreso las últimas semanas y la confianza que cada uno dejó caer sobre el otro era alucinante. Pese a ello, Naruto no se sentía completamente satisfecho, Sakura había sido tan sincera y él fue incapaz de hacer lo mismo por ella, aunque le dejara un mal sabor en la boca, tuvo el atrevimiento de mentirle en la cara al justificar su ausencia del día siguiente con meros asuntos escolares, cuando la realidad era que debía ir a ver su médico, tal y como hacía cada mes.