Disclaimer:

• Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama y de su obra Shingeki No Kyojin (Attack On Titan).

• Los hechos y acciones que aparecen en esta historia, son de mi total invención.

Advertencia:

• OoC (Personalidad diferente a la original).

• Tristeza.

• Un poco de Palabras Altisonantes.


—¿Estás seguro?.

—Sí, Hange, lo estoy.

El de tez nívea muerde su labio inferior para reprimir sus emociones y aquellas lágrimas traicioneras que se comenzaban a acumular en sus lagrimales. El castaño no se podía creer lo sucedido, mucho menos las palabras de su amigos, conocía a Eren y sabía que él amaba mucho a su amigo pero que no contestara llamada alguna del azabache, le parecía algo inimaginable y molesto.

—Oye Lev, creo que no deberías sacar conclusiones tú solo —Intentaba convencer a su amigo a lo cual sabía que era inútil. —Lo más seguro es que esté esforzándose mucho en los exámenes y...

—Yo se que no está estudiando, ni mucho menos haciendo exámenes Hange —El joven baja la mirada hacia la unión de sus manos sobre su regazo, las ganas de llorar se hacían más fuertes. —Hace ya dos meses que no me escribe, ni me llama y no atiende mis llamadas; él nunca fue así, mierda estábamos bien incluso me dijo que ya deseaba volver y que me extrañaba mucho.

—No saques conclusiones.

—¡No puedo! Simplemente no puedo. No entiendo qué es lo que pasa.

—Enano, solo... no le des importancia está bien —Palmea de forma reconfortante la espalda ajena. —Por el momento solo concéntrate en tus estudios que estás a punto de suspender.

—Me es imposible hacer como si no pasara nada, Han. Siendo honesto ahora mismo ya no se ni siquiera si me afecta que suspenda o no —Una lágrima resbaló por su mejilla acompañada de una leve y triste sonrisa.

Hange no sabia que hacer o qué decir para animar a su amigo, estaba entre la espada y la pared, lo animaba o lo dañaba más de lo que al parecer ya estaba. Él no pide muchos detalles al azabache, con solo ver su rostro y su mirada apagada era suficiente para darse cuenta de que lo que a él le sucedía, lo estaba matando por dentro.

Levi no podía entender los golpeteos desesperados de su corazón, dos meses, habían pasado dos meses desde que Eren había dejado de escribirle, en su última carta tal vez no supo expresarse bien y por ello el castaño probablemente se enojó; ni siquiera él mismo se creía eso, de ser así Eren le habría mandado una carta o le habría llamado aunque no fuera más de dos minutos, solo para disculparse y decirle que lo amaba como siempre lo hacía. Se mentiría a sí mismo si dijera que no quería salir corriendo y tomar el primer barco hacia Alemania para buscarlo y pedirle perdón. Desde su última carta estaba sintiendo un sin fin de punzadas en su corazón, como si lo apuñalaran, en otras ocasiones le era imposible respirar, su corazón palpitaba con euforia contra sus costillas, era como si le fuera a dar un paro cardiaco. En esos momentos solo susurraba el nombre de Eren, esperando que aquel castaño entrara por la puerta de su habitación y abrazara, besara y mimara diciéndole que todo estaría bien, aunque más no fuese una ilusión, imaginarse eso le traía una gran calma y lo ayudaba a tranquilizarse.


Los días cada vez pasaban más y más rápido, y la incertidumbre que tenía por saber dónde estaría, qué estaría haciendo y por qué no lo contactaba, taladraban su cerebro sin sesar.

Si se creía que las cosas podían ser peor, se equivocaban; al cumplirse el tercer mes todo empeoro más de lo que se hubiera deseado. Todos los amigos del azabache estaban preocupados por él, hacían de todo por invitarlo a alguna reunión o fiesta social, pero por más que insistieran el oji gris no desistió. Por su creciente desesperación perdió su trabajo. Cuando alguien trataba de hacerlo salir de su casa —donde se había encerrado y no salía— él contestaba con un sencillo «no puedo, Eren llegará pronto del trabajo».

—Levi, cariño, sal de tu habitación ¿no quieres ir de paseo?.

La mujer de largos cabellos azabaches retrocedió dos pasos cuando la puerta de la habitación fue abierta dando paso a un azabache de mirada perdida, salir a toda prisa rumbo a la cocina.

—¡Mamá ya te dije que no puedo! Eren ya está apunto de llegar y aun no tengo la cena lista.

Sus pequeños y descalzos pies blancos daban paso tras paso dirigiéndose a la cocina, comenzó a sacar del refrigerador unas cuantas verduras: zanahorias, calabazas, papas, chayotes y muchas más. También tomó una olla grande donde claramente coloco cierta cantidad de agua y la dejo calentar, lavo las verduras, se giro y en una madera especial, comenzó a cortarlas en cuadros no muy bien proporcionados. La azabache mayor había estado observando cada uno de sus movimientos atónita, ¿lo que sus ojos veían era enserio? Levi estaba creyendo cosas que no, su cabeza estaba creando fantasías que lo único que hacian era confundirlo más y hacerlo que lo no crea en la realidad que tiene frente a sus ojos.

—¡Levi, ya basta! —Exclamó la mujer a punto de un colapso, tomo al contrario por los hombros sarandeando lo con desesperación. —¡Eren, no está aquí cariño y lo sabes, Eren no vendrá, Eren ya no volverá!.

—¡No, no no! —Apartó las manos de su madre con un movimiento brusco, comenzó a jalar su cabellera exaltado mientras su voz se desfiguraba con gritos. —¡TE EQUIVOCAS! ¡EREN ME AMA, ÉL VENDRÁ, SOLO ESTÁ TRABAJANDO MUY DURO! ¡YO SÉ QUE ÉL...! yo sé que él... no me dejaría.

Un cordero disfrazado de lobo. Kuchel se sentía impotente al no poder hacer nada ante tal situación, sabía que su hijo aparentaba ser alguien fuerte cuando en realidad era demasiado débil. No podía procesar el hecho de que Levi se haya aferrado de esa manera tan bestial hacia el castaño, que dependiera completamente de su presencia.

Abrazaba con fuerza su cuerpo, temblaba sacando a la luz su dolor y tristeza con sus gemidos dolorosos y transfigurados acompañados de esas gruesas lágrimas que no paraban de surgir de sus ojos. Lo extrañaba lo extrañaba demasiado, tanto que no podía hacerse a la simple idea de que no se encontraba a su lado, necesitaba sus besos, su cuerpo, su calor, sus ojos tan expresivos, su sonrisa de suspiro, incluso sus vulgaridades, pero lo que más extrañaba era justamente a él diciéndole «Te amo», como siempre lo había hecho.

Sus días soleados se volvieron grises y los días lluviosos eran en los que ya solamente se permitía llorar por la nostalgia, el dolor y la tristeza.

—Lo extraño… lo extraño mucho…

Repetía el joven siendo preso de los brazos de su progenitora que con dolor y pesar entendía sus sentimientos, abrazándolo con fuerza quería que su hijo supiera que ella estaba ahí, que ella lo apoyaría.

—Levi, amor mirame —Separó su cuerpo del menor para acunar su rostro entre la calidez de sus manos, el rostro del menor lleno de lágrimas y sus bellos ojos grises sin rastros de vida, le rompieron el corazón. —Cariño no puedes seguir así, ya no. Sabes muy bien lo que está sucediendo, sabes perfectamente lo que pasa solo que no quieres verlo, pero tienes que hacerte a la idea de que Eren ya no es tuyo. Eren ya no te ama.

Sabía que lo que acababa de decirle a su pequeño lo había herido hasta en lo más profundo de su corazón, ¿pero a quién podía engañar? Esa era la verdad, aparentemente. Levi también lo sabía en lo más profundo de su alma lo sabía, pero temía que fuera cierto, la esquivación —o era lo que creía el azabache— Eren hacia él, le daba una indirecta de que ya no quería saber nada sobre él. Algo que no le había dicho a nadie hasta el momento, había sido que las escasas cuatro veces que había podido llamar al castaño, el teléfono le daba inexistente.

Desahogo todo su dolor y tristeza en los brazos de su madre que lo abrazaban y lo mantenían de pie sin dejar que él mismo se derrumbara por las fantasías que tanto ansiaba que se cumplieran.


Esa semana no sabía qué carajos estaba haciendo, su mente seguía divagando por todos lados sin darle tregua, preguntando y cuestionando los por qué. Durante los exámenes no hizo otra cosa más que pensar en Eren, en la mitad de estos lo sacaron del aula dónde se estaba impartiendo la prueba, en otras se lo cancelaron al verlo distraído y los restantes, apenas y había sido consciente para ponerles su nombre y la fecha.

—Nada enano, vamos no seas aguafiestas vamos a alguna cafetería —Rogaba Hange.

Todos sus amigos estaban insistiendo ya que realmente les rompía el corazón ver a su amigo en ese estado que no era para menos y querían animarlo tan siquiera un poco.

—¡Levi, por favor!.

—¡Ackerman, por favor!.

—¡Levi, anda!.

Todos y cada uno comenzaron a rogar y a suplicar, algo que les hizo seguir intentándolo fue la vena hinchada en la frente del oji gris, ¡era una señal de vida!. El azabache comenzó a caminar apurado por la plaza central del pueblo intentando perder a la manada de adefecios molestos que tenía por amigos.

—¡ENANO!.

—¡Con una mierda dejen de…!

No pudo terminar de articular sus palabras ya que de imprevisto, el castaño de lentes se había tirado al suelo aferrándose a su pierna mientras seguía rogando.

—¡Hange, suéltame, no seas idiota! —Cabreadisimo intentaba apartar a su amigo que parecía garrapata prensada a su pierna.

—¡Levi, anda!.

Eren podía irse al carajo en este momento y todo lo que tuviera que ver con él, lo que Levi en ese instante lo que quería era matar a esa bola de imbéciles que llamaba amigos y que lo matarán a él, joder estaba que se moría de la vergüenza. Varios de sus amigos estaban armando el mayor show vergonzoso que pudo tener en toda su vida. Isabel, Farlan, Hange y Hitch estaban sosteniéndo lo de las piernas tirados en el suelo mientras que Erwin, Mike, Gunther, Erd y Nanaba lo sostenían de los brazos, el torso y dos lo abrazaban por el cuello, apenas y era capaz de respirar.

La gente que se encontraba en la plaza los miraban, algunos con burla y otros con pena ajena. Sin dudas el azabache ya no podría regresar a su casa por ese camino.

—¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Ire, Ire! —Exclamó con su rostro hirviendo de la pena que le hacían pasar. Susurro bajando su cabeza:—Ahora sueltenme.

—¿Enserio? —Cuestionaron todos al mismo tiempo con asombro. Levi asintió sin levantar su vista.

Todos sus amigos lo soltaron, se miraron entre ellos con unas sonrisas maniaticas y gritaron al unísono:

—¡El escuadrón de los cerdos sucios ganó!.

La vergüenza producida en el azabache no podía ser mayor. ¿Sobra decir que Levi se desmayó?.

Entre Mike y Erwin tuvieron que simular una camisa de fuerza con sus suéteres y chamarras para que el azabache no intentará matarlos por lo que habían hecho y de paso para llevarlo a rastras y sin peros hasta una cafetería a la que solían acudir desde que eran unos mocosos de diez años. Sentaron al azabache en una de las sillas de su mesa favorita al fondo del rincón de aquel establecimiento. Temiendo por sus vidas lo pusieron en una esquina a él solo mientras todos se sentaban como podían al otro lado de la mesa; el valiente soldado que tuvo que quitarle todas aquellas prendas de encima al ojigris fue nada más y nada menos que el pobre de Gunther que terminó con un gran chichón en la frente al ser estrellado contra la mesa, no con la suficiente fuerza como para romperla pero sí para dejar un gran golpe.

—Maldita bola de imbeciles, ya me las pagaran. Esta les va a salir muy cara —Amenaza, mientras toma la taza de té que le había sido dejada. —No pueden estar un puto día sin sus estupideces.

—Ay Lev, no me vengas con berrinches ¿o qué? Acaso esperabas ir a uno de esos sitios clandestinos donde se dice que los hombres bailan.

—Pudrete, mierda andante.

—Jajaja lo sentimos mucho Levi, pero hacía tiempo en el que no pasabas el rato con nosotros —Comentó Erwin con pesar.

—Realmente extrañamos tu presencia —Las mejilla de Petra se colorearon de un bonito carmín. —Incluso Auro no se ha atrevido a imitarte.

—Sí y aunque no lo admitas sabes que tú también nos extrañaste —En el blanco, Farlan había acertado.

Aunque Levi realmente no lo dijera o no se atreviera a admitirlo, extrañaba mucho a sus amigos había olvidado el ambiente tan cálido que le brindaban cada uno de ellos a sus elocuentes y únicas maneras, cada uno era especial para él, eran únicos en su clase. El azabache bufó y rodó los ojos con un leve pero visible sonrojo en sus mejillas, varios de sus amigos soltaron risas y carcajadas haciendo que el ojigris se sonrojara más de la vergüenza.

—Hermano mayor —La dulce voz de Isabel resonó al costado derecho de Levi y ese bello llamado vino acompañado de un fuerte y cálido abrazo que reconforto de alguna manera al azabache. —Debes olvidar.

Ganas no le faltaron pero ninguna lágrima cayó de sus hermosos orbes grises, esta vez no lloraría, no frente a su linda hermanita menor y de sus amigos, las personas que se preocupaban por él. A cambió de lágrimas una sonrisa angelical se instaló en sus labios y susurro un:

—También los extrañe.

Dos meses más habían transcurrido, cinco meses desde que perdió total contacto con el castaño, reflexiono demasiado y con ayuda de sus amigos y su madre había vuelto a ser el mismo de antes, aunque era un poco más blando. El día de exámenes prefinales había llegado, Hange intentó convencerlo de que no fuera, que él entregaría una constancia médica de que él no se encontraba en condiciones ya que tenía miedo de que el azabache pidiera suspender nuevamente y si lo hacía tendría que repetir año. Y siendo honestos, el azabache no estaba en sus cabales por completo, pero había estado estudiando todo lo que el tiempo y el día le permitían, volvió a poner atención en las clases y participaba constantemente, estaba decidido a salir a delante, ya no quería hundirse más en la miseria.

—Todos pueden salir. Ackerman, tu te quedas —Anunció su maestro de tutor.

Hange preocupado por lo que pudiera suceder optó por quedarse al lado de Levi, sostuvo la mano contraria dando un leve apretón para transmitirle su apoyo.

—Maestro, necesito hablar con usted… —Un jalón a su mano la hizo mirar a su costado encontrándose con un asentimiento de cabeza por parte del azabache. —Ambos necesitamos hablar con usted.

—¿Tú de que tendrias que hablar conmigo Zoe?.

—Maestro, me gustaria que me dejara volver a ejercer los exámenes del curso anterior —Levi interrumpió a al castaño con decisión antes de que este hablara. —Le sere honesto. Me he comportado peor que la mierda y es tan frustrante eso, descuide mis estudios por una razón que puede ser dolorosa pero igual se puede superar. No justifico mi falta de atención pero realmente he mi estado y me gustaría que me diera la oportunidad de poner repetir los exámenes, no quiero echar por la borda todo mi esfuerzo de los exámenes y años anteriores; quiero terminar mi mis estudios y poner tener mi carrera, sin atrasos ni impedimentos.

—Maestro. Usted sabe muy bien que Levi no es alguien de bajas calificaciones. Tampoco es el chico distraído e imbécil que se a mostrado en los últimos cinco meses —Hace una inclinación. —Por favor déjelo hace ejercer los exámenes.

—No puedo hacer eso, Ackerman reprobó los exámenes necesitaría la aprobación del director y dudo mucho que él acepte tal pedido.

—Maestro se lo ruego, deje me ejercer los exámenes —Levi aprieta sus manos hechas puño, sus ojos grises muestran un tono plateado ante la determinación de su mirada. A pesar de todo quería hacer las cosas bien y suplicó con un:—Por favor.

El hombre llevó su mirada café del castaño al azabache y viceversa, ambos jóvenes ahora lo miraban fijamente sin apartar su mirada, sus ojos estaban con un brillo especial, algo que milagrosamente logró que su profesor se rindiera ante su determinación. De alguna manera, se sentía orgulloso de esos dos alumnos.

—Está bien, intentaré convencer al director.

Al fin Hange y Levi pudieron respirar con alegría y alivio. Eren había decidido olvidarlo, así que qué más daba, adelante, podía hacerlo. Por que él también lo olvidaría.

El día era lluvioso, las gotas caían con pesar, no podía verse a nadie caminando por la calle, ¿quién lo haría con ese aguacero? Solo un loco. Curiosamente un azabache de ojos gris tormenta caminaba por las calles muy apacible, sin prisa alguna, diría que la lluvia no le afectaba o molestaba en lo absoluto, iba de manera despreocupada solo estaba mojando su rostro, cabello y su pantalón, llevaba un abrigo negro de cuero, así que la lluvia era lo de menos para él.

Había pasado exactamente un año y medio desde que decidió dejar atrás el pasado y junto a ello a Eren. No hacía falta decirlo, lo recordaba de vez en cuando, rara la ocasión, pero tampoco quería engañarse él mismo sabía que no podía olvidarlo de un día a otro, había sido su novio desde que tenían diez y seis, cinco años de relación, una que sería premiada como la mejor del mundo, llena de amor o eso se creería. Esos cinco años no podía tirarlos a la basura como si nada, mucho menos aquella promesa de casarse cuando Eren y Levi se recibieran en sus carreras, un sueño que había esperado tanto. Al inicio le dolía recordar el pasado junto a aquel castaño de ojos hermosos, pero dicen que el tiempo cura las heridas y el apoyo de sus amigos y familia reforzaban sus alas para que volviera a volar; probablemente si le preguntaran que sentía al recordar aquellos momentos junto a Eren, su respuesta sería «Felicidad», aunque las cosas fueran difíciles para él no podía negar que esos años con el oji esmeralda serian los mejores de su vida.

Saco las llaves de la casa de su madre de su maletín, apenas regresaba de su trabajo en la clínica de Sina, al abrir la puerta las luces de la entrada y la sala estaban apagadas, le pareció raro, tal vez su madre había salido a comprar algo y la lluvia la había tomado por sorpresa. Dejó su maletín al lado de la puerta y colgó su abrigo mojado en el perchero, camino hacia la cocina y la escena que vio lo desconcertó. Hange estaba frente a su madre y ambos tenían una mirada seria y pérdida, entre ambas personas se encontraba un sobre abierto, la curiosidad lo invadió ¿que sería aquel objeto?.

—Hange, mamá ¿qué sucede? Parece que alguien se murió.

—No es nada cariño —Kuche hace un intento de sonrisa.

—¿M-Mamá qué sucedió? —Levi pasa saliva. Se acerca a su madre y toma su rostro entre sus manos del cual comenzaron a salir lágrimas sin percatarse.

—N-No es nada. Amor… snif… no es nada…

Secó las lágrimas que corrían por el bello rostro de la azabache y miró a la tercera persona que se encontraba en la cocina, pidió una explicación silenciosa. Hange suspiro muy largo y pesado. Esas acciones solo le ponían los nervios de punta al azabache aún más que antes. El castaño por su parte estaba decidido. Tarde o temprano su amigo se enteraria.

—Levi, primero que nada quiero que me prometas que lo que te suceda, no permitirás que te hunda de nuevo.

—Joder, habla de una vez —Exige.

—Prometelo —Reitero.

—Hange a qué mierda vien…

—¿Conoces a Mikasa?

—Creo haber escuchado de ella —Siente una punzada en su pecho. —¿Qué tiene que ver ella?.

El oji almendra toma el sobre que se encontraba en la mesa y se lo entiende al azabache quien lo toma entre sus manos dudoso, mira el sobre por el exterior para luego mirar a su amigo.

—Ella es una Ackerman…

Levi asiente, saca lo que se encuentra dentro del sobre y lo que observa su vista nublada por el llanto, le hace saber que su corazón aún no había sido roto por completo…

«Te enviamos un cordial saludo y queremos avisarte que estás invitado a nuestra boda en la cual nos hagas el honor de ser nuestro padrino

Att: Eren Jaeger y Mikasa Ackerman»

—Y es la prometida de Eren.

Por qué había sido desgarrado sin piedad en ese momento.

No tengo cara para enfrentaros

Att: Juriko Matsuoka De Ackerman

RivailleAkkaman