Disclaimer:
Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama y de su obra Shingeki No Kyojin.
Los hechos y acciones son de mi total invención.
Advertencia:
Algo de Drama Un poco de Tristeza Sentimientos dolorosos Posibles Palabras Altisonantes Mención del EreMika.
¡Hola personitas bellas! Me desaparecí un buen tiempo ¿verdad?. ¡Prometo que tendrán actualizaciones! Posiblemente la próxima semana les traiga el final de esta historia, espero que no me maten por ello, pero como es corta, todo irá algo rápido, pero prometo que no será mucho.
¡E N J O Y!
Suspiro levemente al ver que el barco había llegado a su destino, cerró los ojos unos segundos ante el llamado por castaño de lentes, para después poner se de pie y tomar su equipaje dándole una escueta mirada a su amigo diciéndole «estoy bien», ¿estaba bien? ¿Realmente él estaba bien? No, sin duda no lo estaba. Su corazón estaba un poco agitado y sentía que parte de la respiración se le cortaba, había decidido viajar en barco una semana antes que la fecha marcada en la invitación llegará; tendría tiempo para preparar su mente antes de ver a Eren con su prima lejana Mikasa, ese era su plan inicial, durante los primeros días estuvo sopesando el que diría, como saludaría, si debería de felicitarles o ¿exactamente qué debía hacer? Había evitado pensar en el asunto de la boda todo el tiempo, decidió concentrar se en sus estudios y en su trabajo, suficiente tenía con los exámenes finales de la universidad, los estudios habían sido su mejor escapatoria a sus tortuosos pensamientos. El viento fresco y el aroma salado del mar hicieron que se relajara, casi se cae por la borda cuando un delfín dió un salto a unos metros de él, sin mencionar que estaba por ahogarse con una espina de pescado mientras cenaban la segunda noche en el barco, un gran viaje lleno de acciones que casi terminaban con él muriendo en su primer viaje por el océano. Si bien había despejado su mente y estaba «superando» la situación sobre Eren y su prima Mikasa, sentía que le faltaba algo, había algo que debía de hacer para dejar de sentir ese dolor en el pecho, pero su pregunta era ¿hacer qué? Exactamente qué era lo que debía de hacer, se preguntaba minuto tras minuto, porque que él no lo sabía; inhaló profundamente antes de poner un pie en tierra firme y cerró sus ojos. «Eres fuerte Levi, ya te decidiste a venir y desearles felicidad, no te puedes echar hacia atrás», dió un pequeño salto en su lugar al sentir la mano del oji almendra, torció la boca en un intento de sonrisa y terminó por bajar del barco siendo secundado por su amigo.
Un auto se estacionó frente a ellos y un hombre desendio de él, había llegado a recoger les en el puerto, diciendo que iba por parte de la «novia» para llevar los a su hotel, a Levi le hubiera encantado rechazar aquello pero lo cierto era que no sabían hablar Alemán y el chófer afortunadamente entendía el Inglés, gracias a Dios, así que era mejor que nada aceptar la «invitación» de su adorada prima, para su fortuna Hange no dijo más de la cuenta y solo saludar al hombre, aunque eso le preocupaba un poco, tenía varios días que Hange había estado actuando algo más serio de lo normal y posiblemente el castaño estaría muy enojado con su ahora ex pareja —autoproclamada ya que ninguno de los dos había terminado formalmente con el otro— mucho más de lo que él mismo lo estuvo en su momento, sí bien él ahora se sentía mucho mejor y más calmado que antes, le preocupaba que Hange fuera a hacer algo que no debiera; por mucho dolor que el azabache haya sufrido de alguna forma no le gustaría que aquella boda fuera arruinada, cosa que le explicó a su amigo y él solo bufo en desacuerdo diciendo que era un idiota demasiado inocente.
El carro aparco treinta minutos después, ambos se quedaron impactados ante el recinto a varios metros del auto, una hermosa casa —mansion— color beige con arboledas frente a la misma y con la sigla de gran tamaño de la familia "A" a varios metros frente a la puerta de la vivienda.
—Enano, ¿por qué no me dijiste que tu familia era rica?.
—Mi familia es francesa, Hange y no son ricos.
Ambos absortos al observar la insignia mientras que el chófer bajaba sus maletas, no se dieron cuenta de que un hombre de edad Intermedia de cabello negro, piel blanca, ojos verdes claro y de al menos un metro con ochenta se acercaba a ellos desde el costado derecho, había bajo del auto azul estacionado a dos metros del primero.
—Esa es la inicial de la familia Abrek —Sonríe—. Bienvenidos, soy Angelo Abrek, padre de Mikasa —Extiende su mano para saludar.
Giran a ver lo sorprendidos, ni lerdos o perezosos extienden sus manos hacia el hombre con algo de torpeza al mismo tiempo. El hombre tan atento y educado les dejo sin palabras por unos minutos, estaban algo sorprendidos y confundidos, el hombre con gran paciencia aclaro cada una de sus dudas —principalmente las de Hange, respecto a la casa—, lo interesado que era por el dinero, se le desbordaba en muchas ocasiones. Llevaron las maletas hasta dentro, dónde rápidamente les indicó dónde estaban sus habitaciones siendo guiados incluso por uno de los sirvientes de la casa, pidió que ambos desempacar con tranquilidad, tomarán un baño y que durmieran un poco, ya que su esposa y su hija no se encontraban, las dos mujeres no llegarían hasta dentro de dos días, un día antes de la boda para ser más exactos, por lo que les dió la libertad de explorar la casa también si querían, con ello se despidió de manera educada y se retiró a su oficina.
El oji gris suspiro con algo de cansancio casi al final de desempacar la primera maleta donde tenía lo más fundamental para higiene personal, lo demás podía quedarse guardado, decidió tomar un cambio de ropa dejando lo en la cama e ir a la ducha para darse un baño refrescante, se encontraba algo cansado de momento pero no quería dormir, había algo que lo preocupaba, ¿y a quién no? Si está en la casa de la futura esposa de su ex pareja y prima lejana, la incomodidad era demasiada para su propio gusto pero prefería distraerse en cualquier otra cosa y no pensar en la boda.
Unos golpes suaves sonaron en la puesta, apenas siendo escuchados por Levi desde el baño, no le dio tiempo de salir para ver quién era cuando Hange entró a la habitación precipitadamente tomando al más bajo por los hombros y sacudiendo le.
—¡Nos vamos ahora mismo! —soltó con brusquedad, sus ojos denotaban preocupación, ansiedad y enojo, Levi podía sentirlo al ver sus ojos almendrados. Soltó al más bajo y metió las pocas cosas que había sacado nuevamente a la maleta—. No quiero excusas, nos vamos ahora mismo, Levi.
—Oi' Hange ¿pero qué te sucede? Acabamos de llegar, no nos podemos ir así —Frunció su ceño y se acercó al castaño—. Tú eras quién más se quería quedar hace unos minutos.
—Pues ya he cambiado de decisión. Nos vamos.
—¿Por qué carajos quieres irte? Dame una razón, no vengas como si nada y quieras mandar, tch.
El de lentes detuvo lo que hacía, se puso recto para mirar al de tez nívea con la misma mirada de antes, solo que esta ocasión con indecisión, ¿debería decir lo que vió? ¿La razón del por qué quiere que se vayan? Debía darse prisa y sacarlo de ahí antes de que Levi lo viera, fue lo que pensó apenas se cruzó con aquella persona, no sabía cómo reaccionaría su amigo si viera a ese hombre antes de tiempo, estaba preparado para verlo en la boda desde lejos incluso sin que lo supiera, observar lo desde las sombras, pero temía que la reacción de Levi fuera negativa e hiciera que el hombre se derrumbada nuevamente; ya no lo soportaría una segunda vez, aceptó venir para apoyar le pero él mismo sabía que era realmente para proteger lo.
La determinación para que le dijera lo que sucedió era expresado en los pequeños orbes metálicos del menudo hombre, lo sabía, no importaba que fuera, si era bueno o malo, Levi aún sabiendo que podría dañarlo quería saber la verdad sin importar qué.
Era mejor saberlo por sus propias palabras a qué lo viera con sus ojos y no supiera reaccionar.
—En el piso de abajo está-
—Levi… ¿Qué haces aquí?
Un suave jadeo de impresión salió de los labios del azabache, su cuerpo de quedó hecho de piedra, no podía girar se hacia la puerta de la habitación de dónde había provenido esa voz, la reconocía mejor que nadie; sin embargo, por más que deseara mirar hacia la entrada no podía, su cuerpo se lo impedía y no respondía a sus órdenes, aunque Levi quisiera mirar inconscientemente su miedo al confirmar que no era una alucinación no lo dejaba moverse. Paso saliva con dificultad, sintiendo que le raspaba la garganta de manera dolorosa, con ese miedo que lo abordó busco rápidamente la mirada de Hange esperando que su amigo fuera capaz de negar lo que había escuchado pero su miedo incremento al ver la mirada consternada y molesta de Hange hacia la puerta de su habitación.
¿El destino podía ser tan cruel? ¿Por qué tenía que pasar le esto? Su corazón se oprimía con fuerza causando le dolor, su pulso era acelerado, sus manos temblaban junto a su cuerpo, el picor en sus ojos le alertaba de que estaba a punto de llorar ¡NO! No podía llorar en ese momento, no debía. Apretó los dientes con fuerza y sus manos en puños reteniendo el llanto, se planteó nuevamente el motivo de su ida a Alemania y la sabía muy bien, no daría marcha atrás, aunque la vida le haya jugado una mala broma con anticipación; él la afrontaría, no permitiría que su esfuerzo y el de sus seres queridos se viniera abajo.
Sin saber realmente de dónde, sacó el coraje suficiente para mirar hacia la puerta con un rostro neutro, sin expresiones y con mirada afilada. No comprendía qué fuerza era la que lo mantenía de pie y con esa expresión, sentía que por dentro se derrumbaba como un templo antiguo siendo víctima de balas de cañón en una cruel guerra, sí, las balas eran muy poderosas, siempre habían sido de esa forma sin importar en qué lugar o situación estuvieran, una sola mirada de aquellos orbes esmeralda hacían que él sucumbierá, lo había hecho muchas veces en el pasado; amaba esos ojos tan expresivos que demostraban sus emociones sin dar alguna palabra, tan inocentes y llenos de bondad, aquellas joyas que siempre brillaban llenas de amor cada que lo veían. Sin duda los adoraba, pero ahora esos orbes lo miraban con un sentimiento extraño, el ceño fruncido del castaño demostraba enojo, ¿pero por qué? Su corazón volvió a oprimir se ante aquella mirada, ¿por qué lo miraba de esa forma? No tenía derecho a hacer lo, quién debería estar mirando le así es él, no Eren, no tenía derecho, quién causó daño fue Eren no él, más sin embargo quien parecía ser repudiado era su persona y nada más que por el amor de su vida.
Hubiera sido mejor enviar un regalo por correo.
—Te he hecho una pregunta ¿por qué estás aquí? —Cuestionó con voz demandante.
—Eso es algo que no te incumbe Eren, no entres a la habitación de otros sin su permiso, ¡lárgate! —Hange se puso delante del azabache de forma protectora.
—¡Cállate! Yo no te e preguntado a ti Zoe —Subiendo el tono de su voz hacía más notable su evidente enojo observando con ese mismo sentimiento a Hange para después dirigir su mirada a Levi con desprecio—. Responde de una jodida vez.
Levi despertó de su pequeño trance siendo consciente de la próxima situación que podría suceder, sujetó el brazo de su amigo desde atrás, cuando lo miró con reproche el azabache negó lentamente con la cabeza. Mantendría la calma, esta era una guerra que debía enfrentar solo, sí, solo era una guerra entre él y Eren.
—Estoy aquí por asuntos personales Jaeger, no es de tu incumbencia.
—¿Qué no lo es? Estás en una casa que no es de tu fami-... —Aprieta los dientes con fuerza —. ¿Cómo sabes de este lugar?
—Seria un completo idiota si no conociera la casa de mi prima —Da una mirada rápida a su amigo diciendo le con ello que se hiciera a un lado a lo cual él hizo caso a regañadientes —. Pero no te preocupes, no nos quedaremos.
Tomo su maleta y sujeto a Hange de un brazo para caminar hacia la puerta deteniéndo se frente a frente con Eren sin mirar lo al rostro. La mira de desprecio en Eren era tan evidente incluso para un ciego, no hacía falta ver su rostro para sentir el aura que desprendía de su cuerpo.
—No tuviste porque haber venido —Masculló entre dientes haciendo se a un lado abriendo le pasó a los dos hombres.
A Levi le habría encantado decir algo, pero la presión ya era suficiente, salió de la habitación a paso apresurado para salir de una vez por todas de esa casa, Hange había dejado sus maletas abajo desde un principio, las tomo en manos y salieron de ese lugar ignorando la voz del señor Abrek y de los sirvientes que estaban llamando les, su único objetivo era irse de ahí.
Golpe tras golpe, el sonido bajo era lo único que se escuchaba en la silenciosa habitación del hotel donde ahora se hospedaba, las manos del pelinegro daban con fuerza, dolor y frustración contra la almohada mientras que sus ojos bordeados por las lágrimas retenían el llanto, no quería largarse a llorar, sería patético si le hacía.
Miro hacia la ventana del balcón donde Hange se recargaba sosteniendo un cigarrillo entre sus manos, no había visto a su amigo fumar desde la preparatoria, solo lo hacía cuando estaba realmente preocupado por algo; respiro profundo secando las lágrimas intentando calmar sus sentimientos, por su mente pasaron las palabras de Eren cuando le dijo que nunca debió haber ido a Alemania y en lo más profundo de su corazón estaba de acuerdo con él pero sus caprichos habían podido más que si razonamiento, ya estaba ahí y tenía en claro a lo que había ido. Estaba seguro de que si no le ponía un fin, jamás podría superarlo.
El castaño de lentes apagó la colilla de cigarro al recibir una llamada, fue la primera vez que Levi lo vio sonreír en casi ocho horas y eso lo alivió, ya era entrada la madrugada alrededor de las dos por lo que en su ciudad ya habría amanecido. Su voz sonaba más viva y alegre, un par de risitas traviesas no pasaron desapercibidas por él, parecía que se estaba divirtiendo en esa llamada, un animalito de la curiosidad lo pico y quería saber de quién podría tratarse, por unos minutos llegó a pensar que era alguna enamorada de su amigo lo que le pareció imposible, o bueno, casi imposible. Se acercó hasta el oji almendra parándo se a su lado y con un ademán le solicitaba un cigarrillo, al encender lo dando la primera calada Hange le pasó el móvil con una sonrisa traviesa y maliciosa.
—Mamá quiere hablar con su pequeño terrón de azúcar —Balbuceo aguantando la risa viendo cómo su amigo llevaba el aparato a su oído para después soltar una carcajada cuando noto un pequeño sonrojo en las mejillas nivea.
Una agradable calidez invadió el corazón del hombre al escuchar la voz de su progenitora, hablar con ella le estaba reconfortando el mal día en aquel nuevo país, Kuchel se había negado a que él viajará para ir a esa boda, lloro, grito y regañó al azabache durante varios días negándo se rotundamente hasta que cedió al capricho de su hijo, ella misma sabía que Eren era todo el mundo de Levi aunque su hijo jamás lo admitiera estando en sus cinco sentidos, incluso ella había quedado consternada ante la noticia de la boda, lloro hartas lágrimas de tristeza y decepción al imaginarse y ver el daño que le causaría a su pequeño Levi; una cálida sonrisa se plantó en los labios del oji gris al recordar cuando su madre lo despidió, una bendición, un beso en la frente y un cálido te quiero.
La llamada no fue tan larga por la diferencia de horarios, pero duró lo suficiente como para levantar el ánimo de ambos hombres, aún faltaban dos días para el enfrentamiento final, pero el rompecabezas aún no estaba terminado.
A la mañana siguiente ambos hombres se vistieron con ropa abrigada por el gran frío que hacía en la Ciudad, Berlín era un lugar muy frío durante las épocas de invierno, habían recorrido un par de kilómetros caminando hacia una cafetería para tomar el almuerzo mientras admiraban una plaza donde algunos niños corrían de un lado a otro jugando con la nieve, Levi pateaba a su amigo por debajo de la mesa regañando lo entre dientes para que no se atreviera a levantarse de la mesa y causar le una gran vergüenza, el peli castaño quería salir hacia la plaza frente al local para ponerse a jugar con los niños del lugar, hacer un muñeco humanoide sin genitales y con una cabeza anormal le parecía algo divertido que podría gustar le a los niños y no, Levi no quería tener que disculparse una con los padres de los niños si es que terminaban con traumas.
Los regaños poco discretos del más bajo no pasaron desapercibidos por nadie dentro del lugar, algunos grupos pequeños de mujeres que estaban ahí incluso soltaron unas pequeñas risas cuando vieron al par de amigo pensando que eran pareja.
El desayuno pasó sin mayores problemas, mientras caminaban de regreso al hotel el azabache iba perdido en sus pensamientos, recordó los ojos esmeralda de Eren y el brillo que estos solían tener siempre que lo miraba. En esos tiempos Levi podía jurar que Eren lo amaba como a nadie.
—Necesito ir al baño, ¿podemos desviarnos al centro comercial? Queda más cerca que el hotel.
—Mientras no te hagas encima.
El castaño sonrió con alegría para tomar la mano de Levi y contra la voluntad de él salió corriendo en dirección al centro comercial como si su vida dependiera de ello, a pesar de las réplicas y casi asesinatos causados por Hange, Levi no pudo evitar sentirse aliviado de que su amigo ahora estuviera actuando como el loco desquiciado que siempre había sido.
Apenas pusieron un pie dentro del edificio Hange desapareció dejando a su suerte al de menor estatura, entre maldiciones y suspiros de rendimiento Levi salió del lugar para acercarse a una de las bancas cerca de las jardineras. Se sentó al otro lado de la banca haciendo caso omiso de la persona que estuviera sentada al otro extremo, refregó sus manos para conseguir un poco de calor y soplo un poco de su aliento en ellas, la temperatura por la mañana no era agradable, metió la mano en el bolsillo de su saco para tomar la cajetilla de cigarrillos, encendió uno y dió una calada satisfactoria sintiéndo se relajado.
Dejó caer su cabeza hacia atrás y una risa a su lado bastante conocida fue suficiente para llamar su atención, sus ojos giraron lento hasta dar con el dueño de esa risa sentado al otro extremo de la banca, los ojos fieros que miraban a Levi provocaron un escalofrío en su nuca y pasó saliva de forma involuntaria haciendo un sonido al momento, el color esmeralda en esos instantes parecía tener un pequeño brillo misterioso.
El castaño dio una calada al cigarrillo que estaba apunto de acabarse entre sus falanges para después soltar el humo despacio sin despegar aquellos orbes del azabache.
—¿Por qué parece que me sigues?
El ojo gris suspiró tranquilo soltando un poco de vaho, la sonrisa en los labios de Eren hubieran causado que se molestara en otro momento, pero su trasero estaba que se congelaba por el gélido frío.
—¿A qué te refieres? —Cuestiono dando una segunda calada a su cigarrillo.
—No es difícil que adivines —Lanzó la colilla de cigarro al suelo para después darse media vuelta en la banca y así poder mirar a Levi mejor—. ¿Qué haces aquí?
—Espero a que Hange termine de cagar en el baño.
El moreno rodó los ojos con molestia cuando el nombre de Zoe fue mencionado y solo respondió con un «hum».
—¿Cómo sabías que estaría aquí?
—Tch, Eren no toda mi vida gira entorno a ti ¿sabes? ¿Qué quieres ahora de mí? —Suspiro con frustración enderezando se en la banca para después mirar molesto a su compañero de asiento—. ¿Por qué me hablas? ¿No dijiste que no querías volver a verme, hablarme o saber de mí?
—Tampoco es que yo haya deseado estar aquí —Peina sus cabellos metiendo sus manos entre las hebras para ir lo recogiendo en una coleta alta—. Tú fuiste quién vino a sentar se ¿o no?
—Tch, eres insoportable.
Dispuesto a ir se de ahí, apagó el cigarrillo y guardo la cajetilla que había estado sosteniendo en su mano, apoyó su mano izquierda en la banca para ponerse de pie; el moreno abrió sus ojos con algo de sorpresa al ver cómo el contrario se ponía de pie, no supo qué fue lo que le impulsó a sostener la mano nívea y jalarlo hacia él, el oji gris perdió el equilibrio ante la acción y calló encima de Eren, ambos quedaron a centímetros del rostro ajeno.
Levi hubiera jurado que los ojos esmeralda de Eren expresaban un brillo especial, era como si hubiera vuelto a ver al amor de su vida de hace tiempo.
Carraspeó desviando la mirada de aquellos ojos tan vivaces y de un jalón soltó su brazo del agarre de Eren, pudo ver de reojo como el castaño pasaba un poco de saliva con lo que parecían nervios para después soltar un suspiro frustrado.
—Quiero que me respondas algo. Y no aceptaré un no por respuesta.
El azabache cerró sus ojos conteniendo por unos segundos la respiración tratando de calmarse, ¿qué pretendía Eren? ¿Por qué ahora lo trataba más amigable? Las actitudes del más alto lo estaba haciendo dudar de todo lo que había pasado hasta ahora, no solo sus palabras, sino su mirada y el agarre a su brazo, la sensación de la mano ajena aún podía sentir lo en su brazo, cómo si Eres hubiera dejado ese toque grabado a fuego en su piel, sentía como esa zona se calentaba un poco.
«¡Eren ya no te ama! ¡Entiéndelo» las palabras que Hange le había repetido en aquella época de desesperación resonaron en su cabeza, la mirada de desagrado que le había dedicado el día anterior había sido como un flashback cegador, los recuerdos dolorosos pasaron rápido por su memoria; era verdad, no debía dejarse engañar, pero ya no sabía qué hacer. Desde que se dio cuenta que estaba sentado al lado de Eren en esa banca, su corazón había estado latiendo con fuerza, apelando a todo su autocontrol fue capaz de soportar aquella mínima conversación aunque quisiera salir corriendo como hace unos minutos.
Apretando sus manos en puños giro suave para mirar al de ojos esmeralda, sus labios apretados en una línea recta sin hacer visible su mandíbula un poco tensa.
—¿Qué fue lo que sucedió entre tú y Zeke?
Oscuros. Los ojos esmeralda habían perdido ese brillo y ahora eran opacos, reflejaban la mirada de alguien peligroso, con los vellos a flor de piel Levi intentaba comprender a qué se refería Eren con esa pregunta ¿qué había pasado entre su cuñado y él? No entendía la pregunta, siempre se había llevado bien con su cuñado, incluso jugaban ajedrez juntos algunas veces, ¿o es que Eren estaba insinuando que él lo había engañado con Zeke? ¿Esa sería su excusa para su matrimonio con Mikasa?
—No entiendo a qué te refieres —Frunció un poco su entrecejo intentando descifrar a dónde iba la conversación.
—¿No recuerdas lo que pasó hace dos años? —Apartó la mirada del azabache y se dedicó a mirar el cielo.
Mordió suavemente su labio inferior pensando en las cosas que pudieron haber pasado hace dos años, la mirada perdida de Eren sobre el cielo nublado le daba la sensación de que hace dos años Levi había hecho algo malo, que algo había sucedido, debía de ser importante si los ojos vivaces del moreno se habían apagado y ahora parecían guardar una gran tristeza.
Si no estuviera frente al castaño, se habría abofeteado varias veces obligándose a recordar, pero nada, su mente estaba en blanco, solo podía recordar que hace dos años fue cuando Eren había partido hacia Alemania dejándo lo solo, para después alejarlo como un trapo viejo. El chasquido de lengua fue suficiente para que se diera cuenta de que Levi realmente no recordaba nada, su rostro también parecía esforzarse por recordar lo que sea que haya ocurrido en ese tiempo. Relamiendo sus labios asintió suavemente y se puso de pie para comenzar a caminar con pasos suaves alejándo se de Levi. De no ser porque las piernas no le respondía él de tez nívea habría ido detrás del más alto para pedirle que no se fuera, ese impulso y pensamientos abundaron en la cabeza de Levi, las pocas lágrimas retenidas comenzaron a caer cuando la silueta de Eren era más pequeña en la lejanía, solo en ese momento fue en que Levi se permitió abofetearse y Hange a metros de distancia, sólo podía preguntar se ¿por qué Levi parecía ser el único que tenía que sufrir?
Ahora sí, la historia está a la par igual que Wattpad, espero que les guste, a mí no me convenció mucho jaja.
Les mando un abrazo de Pancake
RivailleAkkaman
