Porque sigues siendo mía
Disclaimer : Ranma y todos sus personajes no me pertenecen. Simplemente soy una fan que se enamoró de este gran manga y anime desde la adolescencia y que agradece el poder tener un espacio para escribir historias relacionadas a estos maravillosos personajes y sobretodo compartir esta afición con el resto de los fan fictioners.
¡Espero que disfruten esta lectura!
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Capítulo 12. Receso
-¡DR. TOFU! ¡NECESITO SU AYUDA! – gritó con desesperación la chica del kimono roto y ensangrentado, sin esperar lo que encontraría - ¡RAN…! – su voz se diluyó de la sorpresa.
Unos ojos rasgados y de un azul profundo la miraron desde un extremo.
-Shinnosuke…– mencionó apenas audible la peliazul.
-¡Akane! – se levantó de su asiento el aludido con evidente sorpresa.
-¡¿TÚ?! – exaltados, hablaron a la par, el azabache que recién se incorporaba a la escena y el recién llegado de Chicago.
La peliazul, sin pensarlo, corrió hacia el joven que gritó su nombre, sin siquiera percatarse de la mano del azabache, que a su lado trató de detenerla.
Estaba asustada por todo lo acontecido esa noche, que al ver a alguien tan cercano e importante para ella, sintió un torbellino de emociones, y sin ser consciente, corrió a sus brazos, al darse cuenta de lo mucho que lo había extrañado.
-¡Shinnosuke! – dijo fuerte su nombre mientras hundía su cara en su pecho - ¿¡Qué haces aquí!? – preguntó con voz ahogada.
-¡Akane, yo necesitaba verte! – respondió con emoción, correspondiendo el abrazo con firmeza.
Todos los reunidos en el comedor vieron la escena con los ojos como platos y la boca entreabierta sin palabras, y más aún el artista marcial, quién de pronto sintió la cabeza ardiendo y palpitando. La vista se le nubló y sin saber más, se desvaneció. Se escuchó un sonido sordo con la caída.
-¡Hijo!
-¡Ranma!
Gritaron al unísono la madre del joven y la recién llegada, rompiendo el abrazo. Todos se levantaron de sus lugares para ayudar al desmayado, de quien apenas se daban cuenta que venía herido.
El doctor de la familia, como pudo, llegó hasta el joven de trenzas, pues se encontraba algo mareado por todo el sake bebido. A su lado, ya se encontraba la madre del mismo, tomándolo del rostro, tratando de despertarlo.
-¡Ranma, hijo! ¡¿Qué te sucedió?! ¡Despierta por favor!.
-Señora Saotome, tranquilícese por favor. Permítame hacer mi trabajo – le dijo con voz serena Tofu.
La chica de cabellos azulados también se dirigía hacia el desmayado, pero los brazos masculinos de los que acaba de separarse la sujetaron.
-¿Estás herida? – preguntó preocupado dirigiendo su mirada al kimono manchado de sangre.
-No… no es mía. Es de… - respondió con voz baja sin poder concluir la frase. Se soltó del agarre y se dirigió hacia donde estaba el joven Saotome.
-¡Dr. Tofu, necesitamos llevarlo a la clínica! ¡Ranma está muy malherido! – exclamó con evidente angustia.
-Sí, su pulso es débil y puedo ver heridas internas – contestó serio el médico.
-¿Heridas internas? ¿¡Akane-chan, qué fue lo que sucedió!? – preguntó la mujer mayor alterada.
-Afuera hay un auto esperándonos- indicó la chica ignorando la pregunta e hincándose a lado del joven herido. El doctor asintió con la cabeza, se levantó y salió de la habitación, seguido por su esposa Kasumi.
El resto de los presentes, con excepción de la chica de en medio, quien miraba la transmisión en el televisor, contemplaban al chico desmayado estupefactos.
-¿¡Qué fue lo que sucedió Akane-chan!? – preguntó Nodoka aún más insistente, sin soltar la cabeza de su hijo desmayado.
-Se lo contaré tía, pero por ahora es necesario que atendamos a Ranma - trató de sonar lo más amable y tranquila posible, pues sentía que la situación la rebasaba.
-Esta bien, iré con ustedes - sentenció Nodoka.
Akane se levantó y se dirigió de nuevo al joven de ojos rasgados, quien miraba desde su esquina la escena con gesto impasible. También él estaba empezando a entender qué era lo que sucedía, instalándose en su pecho una sensación poco agradable.
Soun y Genma, quienes aún no carburaban todo lo que acontecía, se acercaron al muchacho en el suelo y a Nodoka.
-Prometo que te lo explicaré todo, pero ahora Ranma necesita mi ayuda – le dijo la joven con ojos llorosos pero con una voz firme y sincera.
Sin estar del todo de acuerdo, el joven asintió a su interlocutora.
En ese momento, el Dr. Tofu entró a la habitación avisándoles que estaba listo para partir a la clínica. Sin pronunciar palabra, y sin que nadie lo anticipara, el recién llegado de Chicago avanzó hacia donde se encontraba el artista marcial, lo levantó y cargándolo con cuidado sobre su espalda, salió de la habitación. Akane corrió detrás de ambos chicos, seguida de la Sra. Saotome.
-Les avisaré tan pronto como estabilicemos a Ranma – aseguró el médico al resto de la familia y con dulzura le dio un beso a su esposa, antes de salir de la residencia.
Afuera, el joven de Ryugenzawa, depositó con cuidado al joven herido adentro del auto, ayudado por el chofer del mismo. La señora Nodoka ya se encontraba en el interior del carro para recibir a su hijo.
-A...k..ne… - lo escucharon decir en murmullos. Parecía arder en fiebre. El castaño torció el gesto molesto.
-Gracias- le dijo Akane conmovida cuando el joven de ojos rasgados salió del auto.
-Quiero acompañarte – aseveró este, con una mirada insistente.
-Lo sé, pero será mejor que me esperes aquí. Debes estar cansado por el vuelo – le dijo dulcemente tomando una de sus manos para tranquilizarlo – Regresaré a casa en cuanto pueda – aseguró con una ligera sonrisa en señal de confianza.
La joven del kimono ensangrentado, soltó su mano y se subió al coche junto con el médico, quien justo acababa de salir del portón. El auto encendió la marcha y desapareció de la vista. El castaño suspiro, sintiendo un enorme vacío en el estómago y con un sentimiento de angustia clavándose en su corazón.
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Cuando regresó al interior de la casa de los Tendo, el recién llegado del extranjero, escuchó la conversación que se debatía en la sala principal.
-¡Vaya! Eso explica el estado de nuestro ex-cuñadito – se escuchó la voz de la mediana. De fondo, se distinguía en la transmisión de la televisión, los gritos y la voz exaltada del locutor narrando lo que sucedía en las gradas.
-¡Oh! – se escuchó la exclamación de la hija mayor de los Tendo.
-¡Pero qué…?! – exclamó el Sr. Tendo.
-¡Ranma debió volverse loco! ¿¡Cómo se le ocurrió hacer semejante tontería!? ¡Esto le puede costar el torneo! – concluyó molesto el padre del aludido, aún con voz pastosa por efecto del alcohol en sus venas.
-Tengo una idea del motivo – comentó sarcástica la mediana comiéndose otra galleta. Todos la voltearon a ver - … Akane – les dijo como si fuera lo más lógico y evidente.
El joven de ojos rasgados decidió que era momento de hacerse presente, por lo que deslizó la puerta de aquella habitación para ingresar. Por un momento, todos habían olvidado su presencia.
-Ruego que me disculpen, pero si no les molesta, quisiera retirarme a descansar – interrumpió el invitado.
-Claro, claro, está usted en su casa – comentó afable el patriarca aun con las mejillas coloreadas – sin embargo, mañana me gustaría que conversemos, no se quién es usted y mi linda Akane jamás lo ha mencionado – continuó hablando arrastrando las palabras, haciendo más incómoda la situación.
-Otousan, basta de decir tonterías- lo reprendió su hija Nabiki levantándose de su lugar y quitándole la botella de sake que sostenía en una mano.
-Lo acompaño a su habitación- se apresuró a decir Kasumi, levantándose de su sitio.
-Arigatou. Que pasen buena noche- se despidió el muchacho con una reverencia, siguiendo a la hermana mayor del motivo de su visita.
Al llegar a la habitación que le fue asignada, Kasumi deslizó la puerta.
-Lamento que su llegada haya sido atropellada con esta situación – le dijo con sinceridad – Por favor, esta es su casa. Si necesita algo no dude en pedirlo. Que descanse – finalizó la mujer con una inclinación educada.
-Arigato Kasumi-kun. Akane me contó lo amable que eres. Muchas gracias – el joven ingresó a su habitación y cerró la puerta. Se dirigió a su maleta y comenzó a desempacar algunas cosas dejándose tratando de entender la situación a la que se enfrentaba.
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El Infinity color Oxford estacionó en la entrada de la clínica. Con sumo cuidado, Henry y Tofu tomaron al joven azabache de los brazos y pies, llevándolo al interior del hospital. Akane abrió las puertas de éste, permitiéndoles la entrada.
El dueño de la clínica dio la indicación de dejar al joven herido sobre una camilla en el consultorio principal.
-Gracias Sr. Johnson. Por favor esperen afuera – comentó con amabilidad a los presentes.
-Quiero quedarme, Ranma puede necesitarme – dijo necia la mujer mayor.
-Sra. Saotome, entiendo su preocupación pero será mejor que espere afuera. Akane estará ayudándome. Además, necesito su apoyo para preparar la habitación de Ranma – dijo con determinación sin dejar de ser amable. A Nodoka no le quedó mas remedio que aceptar las indicaciones del médico.
Una vez que sólo quedaron Akane y el doctor en la habitación, el joven medico comenzó a desvestir al muchacho. La peliazul no pudo evitar sonrojarse al ver el torso desnudo del artista, pero su sonrojo desapareció inmediatamente al ver lo golpeado que se encontraba el mismo; moretones oscuros coloreaban la zona de las costillas y el abdomen.
-Akane, ¿qué fue lo que sucedió? – preguntó el doctor.
-En realidad… no lo sé – contestó con evidente angustia- de pronto, en la ultima contienda, las cosas se salieron de control y Ranma y su contrincante empezaron a pelear de manera real – comenzó a relatar subiendo varios decibeles conforme hablaba - Ambos peleaban a muerte, recibiendo duros golpes y nadie, ni siquiera el réferi parecía poder detenerlos. Como pude llegué al centro del ring y fue entonces cuando la pelea cesó. Ranma recibió mas de un golpe en los costados. Debe tener mas de dos costillas rotas – exclamo muy preocupada y con la voz entrecortada, mientras el médico tomaba los signos vitales del joven, el cual, aún inconsciente se quejaba.
-Ya veo, necesitamos descartar que haya algún derrame interno o que algunos de sus órganos hayan sido lesionados. Tiene fiebre alta y está muy deshidratado – diagnosticó el sensei - Primero lo canalizaremos, aplicaremos medicamentos para el dolor y la fiebre y posteriormente haremos los estudios. ¿Estás de acuerdo?
-Sí… comenzaré con la canalización mientras usted prepara los medicamentos – afirmó, retomando la compostura. Le dolía enormemente ver en ese estado al que fue alguna vez su prometido. Había olvidado esa sensación de angustia de saber que su vida corría peligro, y no poder hacer mucho al respecto, por lo que ahora sí podía actuar y hacer algo para ayudarlo.
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Mientras los doctores atendían a Ranma, la señora Nodoka subió a las habitaciones para prepararlas pues por su estado, era altamente posible que tendría que permanecer algunos días en el hospital con él hasta su recuperación. Así que también preparó una habitación para ella, pues permanecería ahí con él en todo momento, y una para el señor Johnson, pues asumía que no sería conveniente que condujera tan tarde hacia donde quiera que viviera. Cuando terminó, bajo a ver si había noticias de su hijo.
Al asomarse al cubículo donde estaban atendiendo al artista marcial, notó que estaba vacía, lo cual la preocupó al instante.
Alejado en la sala de espera, el guardia de seguridad la miraba. Se aclaró la garganta para hablar.
-El médico y la señorita Akane llevaron al señor Saotome a Rayos X. No tardarán en volver – comentó desde su lugar dirigiéndose a la señora de kimono, quien volteó inmediatamente algo asustada.
-¿A Rayos X? Eso significa…- murmuró para si preocupada.
-Su hijo se pondrá bien. Él nunca se rinde – aseguró el señor con acento marcado tratando de darle ánimos.
-Señor… ¿Johnson? … necesito saber qué fue lo que sucedió. Ranma… mi hijo, es impulsivo, lo sé, pero ha trabajado mucho para llegar a este punto de su carrera. No logro entender qué pudo haber pasado… ¿cómo fue que sucedió esto? – preguntó afligida. Había visto herido a su hijo en otras ocasiones, pero nada parecido a esto.
-El Sr. Saotome es un excelente contendiente. Si peleó de esa manera lo hizo también para defenderse. Me gustaría poder contestar su pregunta, pero eso es algo que en este momento sólo el joven Saotome sabe – cuando estaba explicando esto a la mujer, un teléfono empezó a sonar. Provenía del traje del hombre - Si me permite, tengo que contestar esta llamada – comentó con firmeza.
-Sr. Miura - contestó el teléfono levantándose del lugar y saliendo al patio – Sí estoy con Saotome, en un hospital… Sí, lo están revisando… No, fuera de Tokyo…
Justo en ese momento Akane y el Dr. Tofu entraban al pasillo central, arrastrando en una camilla al artista marcial, quien parecía seguir inconsciente.
-Dr. Tofu, ¿cómo está mi hijo? – preguntó la mujer preocupada, acercándose hacia ellos.
-Ranma tiene un par de costillas rotas pero afortunadamente no hay ningún daño grave en sus órganos. Está bastante deshidratado y tiene fiebre. Akane le ha suministrado vía intravenosa medicamentos para el dolor y para la fiebre para que se sienta más cómodo. Necesitará quedarse en la clínica para observación.
-Ranma es muy fuerte tía Nodoka. Se pondrá bien – aseguró la peliazul, aunque en su mirada aun podía percibirse preocupación y angustia.
El doctor ingresó a Ranma de nuevo al cubículo para terminar de tratar sus heridas. Cuando iban a comenzar a vendarle, a la puerta llamó el agente de seguridad.
-Disculpe, doctor. ¿Puedo robarle unos minutos? Tengo que reportar el estado de salud del Sr. Saotome – explicó señalando el celular que traía en la mano. El doctor asintió.
-Akane, ¿puedes continuar? – preguntó el médico haciendo referencia al vendaje. La chica asintió.
La joven peliazul comenzó con el torso, vendando con sumo cuidado para evitar lesionar más a su ex prometido. Después, inició con el hombro derecho, el cual también se encontraba luxado. Cuando pasaba la venda por el omóplato, sintió la piel demasiado caliente, lo que llamó su atención. Entonces recordó lo que hacía ya unas cuantas horas despertó su curiosidad. Un tatuaje marcaba la piel de esta zona hasta casi la mitad de la espalda. Tinta negra formaba una especie de dragón, pero había algo particular en este, pues tenía algunas marcas en relieve en las diferentes garras del dragón, que hacían que se viera aún más extraño.
Sin poder evitarlo, la joven quiso tocar con sus dedos las marcas; cuando lo hizo, una corriente eléctrica parecida a un campo de energía recorrió su cuerpo haciéndola retroceder y generando una especie de descarga al propietario inconsciente, convulsionando su cuerpo.
-A…ka…ne – escuchó nuevamente decir al joven herido. Sorprendida por lo que acababa de suceder, regresó al lado del joven, tocando su rostro para tranquilizarlo.
-Tranquilo… estoy aquí- le dijo en un susurro y retomó el vendaje del hombro, tratando de tener más cuidado al tocar aquella zona dibujada pero sin explicarse qué pudo haber sucedido. Ya lo averiguaría después.
Al terminar de vendar los puños, la chica limpió y desinfectó las heridas de su rostro favorito, colocando vendoletes para cerrar la herida del pómulo. En ese momento, el dueño de la clínica entró al cubículo. Al ver que la peliazul terminaba con su paciente, decidieron llevarlo a la que sería su habitación en los siguientes días. En esta, los esperaba la madre del chico. Ya eran más de las 12 de la mañana.
Con cuidado lo recostaron y lo pusieron lo más cómodo posible. Al finalizar, el Dr. Tofu se ofreció a preparar un té caliente para todos y salió de la habitación, dejando solas a las mujeres.
-Me alegra que fueras tú la que lo acompañaba esta noche – rompió el silencio la mujer mayor – Mi hijo no podría haber estado en mejores manos. He visto tu dedicación y tu destreza como médica atendiéndolo. Arigato Akane-chan – le sonrió y tomó una de las pequeñas manos de la aludida en agradecimiento.
-En realidad yo… no sé si fue lo mejor haber aparecido con él esta noche… quizá nada de esto hubiera pasado – respondió con pesar la menuda joven sentándose a su lado.
-¿Pero por qué piensas eso? – cuestionó preocupada la mujer mayor. Sí, era cierto que algo grave tuvo que haber sucedido para que su hijo perdiera el control de esa manera, pero bajo ningún motivo ella pensaba que fuera la culpa de su linda ex nuera.
-No lo sé, yo sólo…
-Akane-chan, escúchame. Esto no tiene nada que ver con tu decisión de haber acompañado a mi hijo. Por favor, no te arrepientas de eso – replicó con una voz firme.
Ambas mujeres se quedaron un rato más en silencio, cada una inmersa en sus pensamientos, cuando la Sra. Saotome tomó nuevamente la palabra.
-Akane-chan, hay algo que debo preguntarte – dijo en un tono serio. La peliazul levantó la mirada a su interlocutora expectante. – El joven que llegó a tu casa… Shinnosuke… ¿es cierto que es tu novio?
Sin poder mantener la mirada de la mujer que tenía enfrente, la chica bajó la cabeza y apretó con sus manos los pedazos de tela manchada de su kimono.
-Bueno, él y yo, somos… muy buenos amigos… él… - trató de explicar pero por alguna razón un nudo en la garganta le dificultaba continuar.
-¿Él es el joven de Ryugenzawa que ayudaron a rescatar años atrás? – necesitaba confirmar sus sospechas.
-Sí… - confirmó la joven.
-Es un joven muy apuesto – comentó con amabilidad la mujer mayor.
-No sólo es apuesto, él es… -contestó abruptamente la menor, interrumpiéndose.
La mayor la miró algo sorprendida. Conocía a la chica que tenía enfrente y sabía que era sencilla y honesta. Si ese chico estaba aquí era porque algo más fuerte que una amistad había de por medio entre ellos. Suspiró con pesar por su hijo, pues quizá había perdido ya su oportunidad con la hermosa chica que tenía enfrente.
-Creo que lo mejor es que regreses a casa – le dijo Nodoka con dulzura después de varios minutos – deben de estar preocupados por ti – finalizó haciendo alusión al joven recién llegado del extranjero.
La peliazul la miró apenada, pues no sabía que hacer ni que decir. Quería quedarse en esa habitación hasta saber a aquél joven malherido fuera de peligro y consiente, pero sabía muy bien que alguien en casa la esperaba y que ese joven merecía al menos alguna explicación de lo acontecido.
Sin decir más, la joven se levantó de su silla, apretó suavemente la mano vendada del artista marcial y se retiró de la habitación.
Una vez abajo, fue hacia donde se encontraban su sensei y el agente de seguridad, quienes tomaban una taza de té.
-Dr. Tofu, ¿está bien si regreso a casa? Estoy algo cansada y mi hermana Kasumi y los demás deben estar preocupados – comentó con voz apagada.
-Claro que sí Akane, ya es tarde y fue una noche complicada. La Sra. Nodoka y yo cuidaremos de Ranma. Les avisaremos si hay alguna noticia – le aseguró el médico afablemente.
-Gracias Dr. Tofu. No sé qué hubiéramos hecho sin su ayuda- le dijo la muchacha con voz llorosa.
-Al contrario Akane-chan. Fuiste tú la que ayudó más a Ranma esta noche. No cabe duda que te convertirás en una excelente doctora – trató de darle confianza su sensei. La chica asintió a manera de agradecimiento.
-Llamaré a un taxi – comentó la menor más compuesta.
-Para nada, yo la llevaré a su casa si me lo permite – se levantó de su asiento el Sr. Johnson – además, yo también tengo que regresar a Tokyo y recibir indicaciones del Sr. Sadao.
-Arigatou, Henry – agradeció la chica con sinceridad.
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En la residencia de los Tendo, en la habitación que alguna vez fue ocupada por los miembros de la familia Saotome, un joven de ojos rasgados se encontraba recostado sobre el futon, viendo el techo pensando:
- Saotome… Ranma Saotome… ¿de nuevo aquí?... Akane me había dicho que él se marchó a China, años antes de que ella viajara a Chicago…¿Qué hace otra vez él aquí? Y Akane… ¿qué hacía ella con él? No lo mencionó en ningún momento cuando hablamos por teléfono… ¿por qué lo ocultaría? Además él parecía también sorprendido al verme. No entiendo que está pasando, pero no me gusta… Akane es… yo la quiero… me enamoré de ella desde la primera vez que supe su nombre… no puedo permitir que nadie la aleje de mi lado…mucho menos él. ¡NO LO PERMITIRÉ!
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La madrugada era fría esa noche, pero no sólo por el clima sino por los acontecimientos ocurridos. La chica Tendo miraba la ventana en silencio, mientras el agente de seguridad de su ex prometido la llevaba a su hogar.
-Si me permite decirlo, todo lo que dijo el doctor es cierto – la sacó de su ensoñación, mirándola por el retrovisor - Gracias a usted el Sr. Saotome se encuentra estable y tranquilo, lejos de los medios de comunicación, que en este momento se encuentran como buitres- le dijo el conductor a modo de reconfortarla un poco.
La chica agradeció internamente las palabras, aunque estas no calmaban el pesar que sentía en esos momentos.
- Henry ¿qué tan grave es la situación? ¿Hay ya una decisión de la liga con respecto a lo ocurrido esta noche? – preguntó a su vez con evidente preocupación.
-Sí y es grave. El Sr. Sadao se reunirá en unas horas con los abogados para analizar el caso y ver la manera de rebatirlo – le dijo en tono muy serio.
-Lamento escuchar eso – fue lo único que pudo decir la joven del kimono roto.
Pasados unos minutos, el auto estacionó enfrente del portón que tenía la leyenda Dojo Tendo. El chófer bajó rápidamente del auto para abrir la puerta de su acompañante.
-Gracias por traerme Henry. Fue un gusto conocerle – habló con sinceridad la peliazul y con pesar, pues jamás imaginó que iba a terminar todo tan mal.
-El placer ha sido mío señorita Akane. Me alegro que el Sr. Saotome decidió invitarla esta noche. Independientemente de lo que pasó, nunca lo había visto tan sereno y… feliz.
Sin pensarlo, la joven abrazó a aquél hombre en signo de agradecimiento; a pesar de conocerlo de sólo algunas horas, pareciera que lo conocía de años. Le dio un beso en la mejilla y desapareció detrás del portón. Asimismo, el hombre, algo sorprendido por el gesto, sonrió genuinamente y regresando al volante de su auto, se marchó.
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Cuando Akane entró al recibidor de su residencia, eran cerca de las 2 de la madrugada. Todas las luces se encontraban apagadas a excepción de ésta y la de la cocina. Cansada, se sacó las zapatillas y se dirigió a la cocina. En esta se encontraba su hermana mayor en un camisón y bata color lila de seda, sentada, pero dormida con sus brazos cruzados en la mesa del centro.
-Kasumi one-chan – la llamó con voz queda tocándole un hombro. La chica de la bata despertó.
-Akane-chan… ¡qué bueno que llegas! ¡¿Cómo está todo?! ¡¿Cómo está Ranma-kun?! – preguntó afligida.
-Él está estable… aún inconsciente pero todo parece indicar que no hay ningún daño interno grave… sólo algunos huesos rotos y moretones… - respondió la menor con severo desasosiego.
-Tranquila, Ranma-kun es un chico muy fuerte… sé que se pondrá bien – trató de animarla la mayor - Ven, siéntate un momento para que bebas una taza de té caliente, te ayudará a sentirte mejor- le dijo ofreciéndole una silla y mientras se dirigía por una taza del estante, la menor habló.
-Lo lamento Kasumi one-chan… no quise mentirte… es sólo que yo… - trató de disculparse.
-No tienes por qué disculparte hermanita… sé que tuviste tus razones para no comentar a dónde irías esta noche – le aseguró la mujer mayor con dulzura – lo importante es que tanto Ranma-kun como tú, estén bien.
En ese momento, ambas chicas sintieron la presencia de alguien más en la habitación. Al voltear, encontraron la figura masculina de un joven alto y fuerte.
-Shinnosuke…- pronunció su nombre la menor.
-Akane… me alegro que estés aquí, estaba preocupado- exclamó el castaño con ansiedad.
-Será mejor que los deje solos… - aseveró la hermana mayor dejando la taza de té ya servida en la mesa – voy a dormir un poco. Que descansen – y diciendo esto último se retiró de la cocina.
Ambos jóvenes no sabían que hacer o qué decir. Varios minutos pasaron hasta que la peliazul tomó valor para hablar.
-Shinnosuke… yo… lo lamento… - dijo bajando la mirada avergonzada… - lamento lo de esta noche… yo… tenía que habértelo dicho… perdóname…
-Akane… mírame- respondió el joven adelantándose un paso y tomando de los hombros a la joven que se encontraba frente a él. La chica obedeció- no tienes por qué disculparte… yo se que hay una buena razón para todo esto… y si viajé hasta aquí, es porque te extrañaba y quería verte – dijo con vehemencia- y estar en este momento, a tu lado, es lo que me importa más que cualquier cosa. Dime Akane, ¿estás contenta de verme? – preguntó ilusionado.
La chica de kimono dudó en responder. Claro que estaba contenta de ver a su wasureppoi, pues ese era el plan inicial y uno de los motivos de hacer este viaje. Venir con él y presentarlo apropiadamente a su familia. Sin embargo, nunca imaginó que el plan cambiaría y peor aún, que se encontraría nuevamente con el hombre que le destrozó el corazón años atrás y que todo se volvería un caos como ahora.
-Claro que sí… me alegro mucho de que vinieras… - le sonrió dulcemente. Como siempre, cuando estaba con él, una calma inevitable se expandía por todo su cuerpo, haciéndola sentirse mejor y protegida - … aunque, lamento que todo esto esté sucediendo… yo… quiero explicarte… - dijo en tono de súplica.
-Y te escucharé, pero ahora es tarde, no has dormido nada y necesitas descansar – le dijo el joven con voz serena- ven, te llevaré a tu recámara para que te pongas cómoda y duermas un poco. Mañana hablaremos.
El chico de la coleta corta la tomó de la mano y con un movimiento rápido y suave, cargó a la chica en sus brazos. La joven sorprendida, se sonrojó en la penumbra de la noche, y sin oponer resistencia recargó su cabeza en el duro pecho del joven, dejándose llevar por él.
Al entrar a la habitación de la muchacha, la depositó en la cama con sumo cuidado, como si se tratara de una muñeca de porcelana, le retiró las pantuflas y se acercó peligrosamente a su rostro.
La joven congelada, abrió mucho los ojos y su pulso se aceleró. Sintió que unos labios húmedos depositaban un cálido beso en su frente. Sin más palabras, el joven salió de su habitación, deseándole buenas noches. La peliazul lo miró retirarse con una sensación en el estómago muy familiar a lo que había sentido el día de hoy, horas atrás, con aquél joven que conoció en su adolescencia.
Continuará…
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¡Hola a todas y todos de nuevo!
Después de miles de meses, nuevamente regreso con un capítulo. Podría aburrirlos con miles de pretextos de por qué he tardado tanto en actualizar, pero en mi defensa sólo diré que no carezco de la habilidad de ser multitask. El trabajo, la casa, la pandemia y mi salud han sufrido altas y bajas y apenas en estos días pude darme la oportunidad de seguir explotando mi imaginación y de hacer algo que me gusta mucho… continuar este fic.
A todos aquellos que me leen, nuevamente muchas gracias por regalarme de su tiempo. Se llevan un pedacito de mi corazón.
Les mando un abrazo y cuídense mucho.
AS DE GREY
