Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo Veintiocho: Competencias y surfeo y más competencias
EPOV
—Estoy nerviosa, Edward —susurró Bella en la oscuridad. Estábamos en la víspera del programa corto en las Nacionales. Habíamos tenido dos increíbles ensayos en la pista de patinaje a veinticinco minutos de San José. Pero la mente de Bella se estaba alterando. Había estado distante toda la noche—. ¿Y si no pasamos del programa corto como en Londres?
—Bell, pasaremos —la tranquilicé mientras acunaba su cuerpo cerca de mi pecho. Se veía tan pequeña esta noche—. Eres más fuerte de lo que piensas, amor. Lo haremos bien. Solo recuerda quién está parado a tu lado.
—¿Carlisle? —se rio.
—No es gracioso, Swan —dije secamente.
—Lo sé. Edward, has sido maravilloso. Probablemente me habría desmoronado de haber estado con Jacob o cualquier otro patinador —susurró, mirándome. Sus ojos cafés estaban brillando con lágrimas—. Gracias.
—Haría lo que fuera por ti, Bella —dije, acunando su mejilla—. Absolutamente todo. Pero necesitamos dormir, amor. Alice estará aquí temprano para ponernos bellos a los dos.
—Edward, tú ya eres precioso —se rio ligeramente.
—Igual que tú, pero Alice quiere la perfección —me burlé, besando su frente—. Duerme, hermosa mía.
—Bien —murmuró, acurrucándose en mi abrazo. Eventualmente dormitó y se quedó profundamente dormida, tirada sobre mi pecho desnudo. Pasé mis dedos por su cabello mientras intentaba acallar mis propios nervios. Esta era la primera vez que nos presentaríamos en tierra de los Estados Unidos… para el Campeonato Nacional. Mis propios miedos asomaron la cabeza e intenté empujarlos a la parte trasera de mi mente. Necesitaba dormir, pero mi mente no se callaba. Suspirando, me solté del agarré de Bella y me puse unos pantalones para hacer ejercicio y una camiseta. Dejando un suave beso en su frente y una nota rápida, bajé hacia la recepción.
Me acomodé en uno de los sillones, agarrando un periódico. Hojeé algunas secciones, en realidad no me estaba concentrando en las palabras.
—¿No puedes dormir?
Alcé la vista y vi a Carlisle. Estaba sosteniendo dos tazas de té.
—Es manzanilla. Sé que no es masculino tomar té, pero al carajo. Lo necesito para calmarme.
—Soy más parcial con el Earl Grey —me burlé—. Pero lo aceptaré. Por favor, dime que no tienen crema.
—Ew, no. —Carlisle se estremeció.
—Bien. El té herbal y la crema saben asqueroso —sonreí. Bebí el líquido caliente, sonriendo suavemente. No era tan bueno como el té de casa, pero estaba cerca.
—¿Quieres hablar, Edward? —preguntó Carlisle.
—En realidad, no. —Me encogí de hombros—. Solo estoy nervioso. No puedo conseguir que mi mente se calle.
—Es comprensible. Este es tu debut con Bella en la arena Nacional —murmuró Carlisle—. ¿Cómo está ella?
—Está descansando. Yo no podía quedarme quieto y pensé que podría levantarme, calmarme y regresar a la cama —suspiré—. Esta es también la primera competencia grande en la que he estado desde… ya sabes.
—¿La muerte de tu papá? —preguntó. Asentí, apoyando la cabeza en las rodillas—. Edward, él debe estar muy orgulloso de ti. Tienes que saberlo.
—Lo sé, pero no es lo mismo. Mamá estará aquí para el programa largo, pero es… difícil —sollocé—. Hay veces cuando pienso que recibiré una llamada de él o un correo. Luego veo el anillo en mi mano derecha, su anillo de bodas, y lo recuerdo. Él no está.
—Patina por él —dijo Carlisle simplemente—. En tu mente, concentra tu atención en hacer este programa para tu papá. Te ayudará saber que él te está viendo.
—Gracias, Carlisle —sonreí suavemente.
—De nada, Edward —dijo al beber su té.
—Ahora yo tengo una pregunta para ti —sonreí—. ¿Cuáles son tus intenciones con mi mamá?
—¿Ella te contó? —Carlisle se sonrojó. Asentí—. Lo estamos llevando con calma, Edward. Ella sigue lidiando con la muerte de tu padre y no quiero presionarla. Pero estoy enamorado de Esme.
—Solo no la lastimes, Carlisle —dije.
—No lo haré. No puedo —susurró, mirándome a los ojos—. Ella significa demasiado para mí. Igual que tú, Edward.
Me mordí el labio y asentí lentamente. Al terminarme mi té, miré de nuevo a Carlisle. Estaba leyendo un libro.
—Voy a subir, Carlisle. Gracias por el té y la charla.
—De nada, Edward —sonrió.
Me paré y pasé junto a él. Con un suspiro, me senté y lo abracé con fuerza.
—Gracias por amar a mi mamá.
Carlisle me regresó el abrazo.
—También te quiero a ti, Edward. Eres bueno para Bella y has unido más a nuestra familia —susurró. Dejando un beso en mi mejilla, me soltó—. Duerme, hijo. Lo necesitas. Si de mi hija depende, estarás despierto al amanecer para ser embellecido.
—Gracias —me reí entre dientes—. Buenas noches.
—Duerme bien, hijo.
Le dediqué una sonrisa de despedida antes de subir a la suite que estaba compartiendo con Bella. Ella estaba acurrucada con mi almohada, haciendo un ligero puchero. Quitándome la ropa, sostuve a Bella contra mi pecho y le besé la frente.
—Te amo, Bella —susurré.
—Te amo —murmuró adormilada—. Mi Edward.
—Mi Isabella —suspiré. Con un último apretón a su pequeño cuerpo, mi mente se silenció y finalmente pude quedarme dormido.
xx FO xx
—Edward, ¡fuera! —gorjeó Alice al pararse en nuestra suite. Tenía los brazos cruzados y me estaba fulminando con la mirada—. Necesito poner muy buena a tu novia para el programa corto. Tú, ve al spa y que te corten el cabello. Te ves como un hippie.
—Mi cabello no está tan largo, Pequeña —dije. Rose resopló y me empujó al sofá. Agarró mi cabello, estaba lo suficientemente largo para hacerme una coleta. Una coleta corta y rara, pero coleta al fin—. Ugh, bien.
—Muy bien. Tu cita es con Genesis —dijo Alice al entregarme mi cartera, la llave del hotel y besar mi mejilla. Bella estaba en la ducha—. Diviértete, Brit.
—Dile a Bella que la amo, Pequeña —dije con una sonrisa torcida. Asintió y me sacó de la suite. Bajé al spa y Genesis me cortó el cabello, era un hombre chaparro con cabello rubio con luces y un tatuaje perverso en el brazo. Parloteó sobre su novia, que resultó ser la esteticista del spa. Eso me sorprendió. Creí que era gay, pero él se rio entre dientes, diciendo que solo porque trabajaba en un spa y cortaba el cabello no significaba que fuera gay. Me preguntó por qué estaba en San José. Le expliqué que era patinador y estaba aquí con mi pareja y novia para la competencia de parejas. Me preguntó quién era mi pareja. Le respondí que estaba con Bella Swan. Gritó como un cerdo bajo el sol y me pidió su autógrafo. Luego, después de mi corte, se tomó una foto conmigo. Le prometí a Genesis que traería a Bella antes de irnos.
Después de estilizarme el cabello, subí para cambiarme la ropa con la que iría a la Arena de San José para el calentamiento. Bella llevaba puesto un pantalón para yoga y un top. Alice le estaba poniendo maquillaje en su tatuaje. Sin embargo, se veía hermosa. Tenía el cabello rizado y recogido suavemente lejos de su cara. Pero sabía que había una cantidad enorme de spray manteniéndole el cabello en su sitio. El maquillaje de Bella era suave y elegante.
—Me gusta. —Bella sonrió—. Quien quiera que te lo haya cortado necesita cortártelo de ahora en adelante.
—Se llama Genesis y quiere conocerte —sonreí, besando suavemente sus labios—. Alice, Rose; una vez más, la hicieron verse todavía más preciosa.
—Solo quieres conseguir sexo —se rio Rose.
—Rose, tendrá sexo —sonrió Bella. Sus ojos se movieron hacia el piano de cola en la suite, mordiéndose el labio.
¡Oooh! ¿Tocar a tu chica como tocas el piano? ¡Genial! Hagámoslo. Justo. Ahora.
No, chicos. Tenemos que patinar. Tal vez cuando terminemos, pervertidos.
Carajo.
—Dios, ustedes dos son como estrellas porno —gruñó Rose.
—Así eran Emmett y tú —dijo Alice mientras soplaba la espalda de Bella—. Pueden serlo de nuevo.
—Pero me niego. Es por principios. —Rose hizo un puchero—. Tomé mi decisión. Necesito apegarme a ella.
—No. No tienes que hacerlo —intervenimos todos. Rose nos fulminó con la mirada, abriendo la boca como un pez.
—Rose, te amamos, pero te has convertido en una mega perra desde que castigaste a Emmett —dijo Bella, tomando la mano de Rose en la suya—. Lo extrañas. Él te extraña a ti. Y carajo, ambos se necesitan. Por el bien de nuestra cordura, ten sexo con tu prometido. Sacude su mundo.
—Monta su salchicha como caballito —añadió Alice.
—Fóllalo —sonreí. Bella me lanzó una mirada—. ¿Qué?
—Eres todo un hombre —se burló Alice—. Pero tiene razón. Fóllalo, Rose.
—Necesito pensarlo —respondió Rose, arrugando la nariz—. Tienen que irse. Carlisle los está esperando en recepción.
Alice asintió y agarró las bolsas para ropa con nuestro vestuario. Bella se echó su bolsa de patinaje sobre los hombros, colgándose las credenciales en el cuello. Hice lo mismo y entrelacé mis dedos con los suyos. Rose nos vería en la arena después de que ella y Emmett recogieran a Jasper y Charlie. Cuando bajamos a recepción, Carlisle estaba platicando con Liam. Carlisle llevaba puesto un abrigo largo sobre su pantalón de vestir y camisa blanca. Su corbata hacía juego con el vestido que Bella usaría hoy, era de un profundo color morado. Salimos hacia la limusina y viajamos en silencio hacia la arena. Bella estaba sentada en mi regazo, frotando con sus dedos la parte trasera de mi cuello. Estaba acariciando mis mechones recientemente cortados.
Cuando llegamos a la arena, enseñamos nuestras credenciales y pasamos a nuestros vestidores. Teníamos una hora para calentar en el hielo antes del programa en sí. Desafortunadamente, estábamos cerca de una de las últimas parejas que saldrían. Jessica Stanley y Mike Newton patinarían después de nosotros, siendo la última presentación de la tarde. Rápidamente nos atamos los patines y salimos al hielo. Trabajamos en unas cuantas cosas que nos causaron problemas antes de nuestra llegada a San José. A mitad del calentamiento, hicimos el programa corto con la música. El ensayo salió bien. Sin embargo, no patinamos con todo nuestro esfuerzo. Queríamos guardar eso para la presentación real.
Terminamos nuestro calentamiento y regresamos hacia nuestro vestidor. Alice nos tenía listo algo de cenar. Bella mordisqueó su pollo con verduras mientras que yo devoraba mi filete con papas. El programa corto comenzó una hora después de cenar. Bella hizo estiramientos mientras yo me ponía el vestuario. Una hora más tarde, Bella se estaba poniendo su traje. Rose nos había mensajeado mientras se cambiaba para decirnos que Emmett, Jasper, Charlie y ella ya estaban en el recinto, sentados en la cabina que habíamos reservado.
Después de que Bella se vistiera, se escuchó un suave golpe en la puerta. Uno de los patinadores más jóvenes nos informó que formaríamos parte del siguiente grupo a presentarse. Bella se ató sus patines. Sin embargo, le temblaban las manos.
—¿Puedo tener unos momentos a solas con Bella antes de subir al hielo? —pregunté.
—Los veremos allá —dijo Carlisle, guiando a Liam y Alice hacia la salida del vestidor.
Me agaché frente a Bella, tomando sus manos en las mías.
—¿Qué sucede, amor?
—¿Y si… y si algo pasa, Edward? —susurró, sus ojos café chocolate miraban directo a los míos.
—Bella, no importa. Vamos a patinar para nosotros. Los jueces, la audiencia, nuestra competencia, ellos no importan. Solo patina conmigo. Déjanos hacer el amor sobre el hielo, mi Bella —la tranquilicé—. Solo somos tú y yo. ¿De acuerdo?
Se mordió el labio y sonrió débilmente.
—Solo tú y yo —susurró—. Bésame, Edward. —Asentí y tomé su perfecto rostro entre mis manos. Me incliné y acaricié sus labios con los míos. Mis dedos acariciaron sus mejillas. Ella ladeó la cabeza y profundizó nuestro beso. Su lengua se deslizó dentro de mi boca, masajeando la mía. Sus dedos se enredaron en mi cabello, jalándome más cerca de su cuerpo. Mordí su labio inferior mientras ella mordisqueaba mi labio superior—. Gracias, Edward —murmuró sobre mi boca—. Te amo, cielo.
—Te amo más, mi Bella —sonreí—. ¿Ya estás lista?
—Solo necesito retocar mi labial, y después sí —dijo, apartándose. Terminé de atarle los patines y le entregué el labial. Se lo reaplicó y se puso de pie. Subimos al recinto y esperamos junto con el resto de los patinadores. Jessica y Mike estaban haciendo estiramientos en un lado. Jessica se veía hinchada y llevaba un vestido que no era muy halagador. Era color verde azulado y tenía muchas capas de gasa—. ¿Soy yo o Jessica se ve de mierda?
—Se ve de mierda —me burlé—. Se ve hinchada.
—Ese vestido no es muy halagador —se rio—. Bien, tengo que dejar de pensar en Jessica y su hinchazón. Debo concentrarme en mi patinaje.
—Lo harás increíble —gorjeó Alice junto a mí—. Tengo un buen presentimiento.
—Damas y caballeros, por favor, denle la bienvenida a la última ronda de patinadores… —dijo el anunciador a través de las bocinas. Nos quitamos los protectores de cuchillas y salimos al hielo. Habíamos usado nuestro calentamiento para repasar algunos de los cambios mínimos. Miramos disimuladamente a Mike y Jessica batallar entre ellos.
El calentamiento terminó y esperamos tras bambalinas. Bella y yo nos sentamos el uno junto al otro, fingiendo ser solo compañeros. No una pareja. Fue jodidamente difícil. Todo lo que quería era tomar su mano y besarle el cuello. Pero necesitábamos permanecer distantes. A pesar del circo con Renée, nuestra relación seguía escondida y lo mantendríamos de esa manera. Bella ya había tenido suficiente drama con las mierdas de Renée. No necesitaba añadirle al fuego la pesadilla que sería nuestra relación saliendo a la luz.
—¿Sigues nerviosa, Bell? —susurré en su oído. Mis labios estaban cerca de su oreja. La besé ligeramente. Se estremeció y me sonrió con dulzura. Negando con la cabeza, tomó mi mano y le dio un breve apretón antes de soltarla—. Solo tú y yo, amor. Tú y yo.
Mike y Jessica pasaron junto a nosotros. Estaban nerviosos. Mike ya estaba transpirando a través de su camisa negra y Jessica se estaba sacudiendo la falda. Cuando avanzaron de donde estábamos, Carlisle asintió hacia el hielo. Ayudé a Bella a ponerse de pie, entrelazando brevemente mis dedos con los suyos. Caminamos hacia el hielo mientras la pareja que se presentó antes de nosotros terminaba su programa corto. Después de su pose final, hicieron sus reverencias y salieron del hielo. Bella y yo nos quitamos los protectores de cuchilla, pisando el hielo. Patinamos hacia Carlisle.
—Diviértanse allá afuera —dijo en voz baja—. Lo que sea que pase, no importa. Nadie de estas personas importa.
Liam se paró a su lado.
—Ustedes patearán el trasero de todos. Especialmente el de la ballena —resopló.
—¿En serio lo dijo? —se burló Bella.
—Sí. Dios, eres un bufón, Liam —dije, rodando los ojos. Se encogió de hombros y sonrió torcidamente.
—¿Era así al ser tu entrenador cuando estabas con Tanya? —se rio Carlisle.
—No. Porque Tanya era muy seria y le hubiera pateado el culo —respondí—. Se ha relajado más desde entonces.
—Mentalmente, sí. Físicamente, no —dijo Liam con ironía—. Pero Jessica hace que Tanya parezca una modelo hambrienta. ¡Deja la comida rápida, chica!
—Suficiente, Liam —lo regañó Bella. Liam le guiñó y estiró el puño. Chocaron los puños y luego yo hice lo mismo con mi exentrenador—. Hagamos esta mierda. Quiero pasar el día de mañana en la playa.
Me reí entre dientes y nos alejamos patinando de los tableros.
—¡… los siguientes son Isabella Swan y Edward Masen bajo la tutela de Carlisle Cullen! Patinarán con una composición original llamada "Sueño". —Extendí la mano. Bella la tomó y patinamos alrededor de la pista, acostumbrándonos al hielo. Dimos dos vueltas antes de ocupar nuestro lugar en el centro de la pista.
Bella me miró a los ojos, musitando las palabras "Te amo" antes de que comenzara la música. Respondí de igual forma y comenzamos con nuestro programa corto. Fue como un sueño. Nuestras manos fluían y nuestros cuerpos estaban en perfecta sincronía. Cada giro, cada salto, cada elevación se sintió cómoda y sencilla. Al concluir nuestro programa, sostuve a Bella en mis brazos, acunando su cara.
—¿Sabes las ganas que tengo de besarte justo ahora? —jadeé.
—Lo sé. Yo también —susurró—. Lo hicimos bien, Edward.
Asentí y la ayudé a levantarse. Girándola para alejarla de mi cuerpo, hicimos nuestras reverencias. Nos deslizamos elegantemente fuera del hielo. Bella entró a un cálido abrazo con Carlisle mientras que Liam me abrazaba a mí.
—¡Lo hiciste increíble, Edward! —dijo Liam con entusiasmo—. ¡No puedo creer lo mucho que has crecido con Bella!
—Gracias, Liam —dije, palmeándole el hombro. Carlisle agarró mi mano y me abrazó con fuerza, siseando en mi oído que éramos los mejores de la noche. Caminamos hacia el área del Kiss and cry, esperando pacientemente nuestra puntuación. Pasé mi brazo por la cintura de Bella y le besé la frente. Había hecho eso con Tanya así que nadie sabría sobre nuestra relación. Ella se recargó en mi abrazo. Su cuerpo estaba cálido y podía sentir la ligera capa de sudor en su cuerpo. Yo estaba todo sudoroso, pero honestamente no podría importarme menos.
—Damas y caballeros, a continuación la puntuación para Isabella Swan y Edward Masen —dijo el anunciador—. Con una puntuación total de 75.40, la señorita Swan y el señor Masen están en primer lugar, con casi cinco puntos a la delantera de sus competidores más cercanos, Victoria y James Hunter. ¡Felicidades! Los siguientes serán Jessica Stanley y Michael Newton.
Jessica y Mike entraron al hielo y ocuparon su lugar en el centro de la pista. Su presentación estuvo muy desorganizada. Mike tenía grandes problemas para cargar a Jessica y sus saltos eran descuidados en el mejor de los casos. Su puntuación quedó casi diez puntos debajo de la nuestra y su reacción fue de sorpresa.
Regresamos al vestidor y nos pusimos ropa de calle. Hubo una breve conferencia de prensa después de las presentaciones. Nuestra conferencia de prensa fue breve y terminó una vez que los reporteros empezaron a hacer preguntas sobre las lesiones de Bella. Carlisle intervino en la conversación y nos escoltaron fuera de la sala de conferencias. Con la asistencia de Carlisle y Liam, pudimos subirnos a la limusina.
—Chicos, Rose sugirió que saliéramos a divertirnos un poco —gorjeó Alice desde su lugar en la limusina—. Encontró un club. Se llama Fahrenheit.
—No quiero ir a un club —murmuró Bella—. No esta noche. Mejor después del programa largo.
—Suena como una buena idea —respondí, rodeando a Bella con mi brazo—. Así es menos probable que resultemos heridos o lesionados. Saldremos después de la final. Esta noche solo quiero pasar un rato con Bella. Mañana nos divertiremos en la playa.
—Pero… —murmuró Alice.
—Alice, tienen razón. Relájate —se burló Carlisle—. Quiero que ambos hagan estiramientos una vez que lleguen a su habitación de hotel. Mañana tendrán el día libre. Diviértanse. El sábado en la mañana haremos un ensayo rápido de su programa largo y luego estarán listos para la presentación ese mismo día en la tarde.
—¿Cuándo recibiremos el orden en el que vamos? —preguntó Bella.
—Lo recibiré por mensaje más tarde esta noche —respondió Carlisle—. Ya llegamos al hotel. Descansen, niños.
Nos bajamos de la limusina y fuimos recibidos por Emmett, Jasper, Rose y el papá de Bella. Ella se encontró envuelta en un abrazo de Charlie. Le entregó un ramo de flores después de separarse. Sonreí suavemente al verlos juntos.
—Mi cielo —escuché detrás de mí. Me giré y me encontré con mi mamá.
—¿Mamá? —chillé. La jalé a mis brazos y la abracé con fuerza—. ¿Qué estás haciendo aquí? ¡Creí que llegarías hasta el viernes en la tarde!
—Tomé un vuelo que salía antes. Carlisle me consiguió una limusina que me llevó directo a la pista. Vi el último grupo de parejas, Edward. De los seis que vi, Bella y tú fueron los mejores. ¡Se veían hermosos!
—Gracias, mamá —dije, besándole la frente—. Me alegra tanto que estés aquí. ¿Dónde te vas a quedar?
—El hotel ya no tiene habitaciones. Me quedaré con Carlisle. Él tiene dos camas en su habitación, por si te preocupa mi virtud —se burló—. Confío en él.
—Igual que yo, mamá —sonreí torcidamente—. Es un buen hombre. Pero, por favor, debes saber que le cortaré las bolas si te lastima.
—Entendido, cielo —se rio.
—Esme, ¿estás lista? —preguntó Carlisle—. Debes sentirte exhausta después de tu viaje.
—Lo estoy, Carlisle —respondió—. Diviértete, Edward. Te veré mañana. Te amo.
—También te amo, mamá. —Se echó al hombro su maleta de mano mientras que Carlisle rodaba la maleta grande hacia los elevadores. Antes de que se cerrara la puerta del elevador, vi a Carlisle tomar la mano de mamá para besarle la palma. Rose y Emmett estaban prácticamente montándose el uno sobre el otro en recepción. Alice y Jasper estaban platicando con Bella y Charlie. Ajustando mi mochila de patinaje, me puse detrás de Bella para rodearle la cintura con el brazo. Charlie nos ofreció sus felicitaciones y subió a su habitación.
—Veo que tu mamá vino —sonrió Bella.
—Sabías sobre esto —inhalé.
—¿Quién crees que la convenció de que tomara un vuelo antes? —se rio Bella—. Sé que te molestaba que no pudiera estar aquí para el programa corto. La llamé una noche y básicamente le dije que yo me encargaría de su viaje. Aceptó, pero pagó por todo ella misma.
—¿Puedo llevarte arriba para agradecerte adecuadamente? —gruñí.
—Puedes llevarme arriba, estirarme y luego agradecerme adecuadamente —respondió Bella, despeinándome el cabello.
—Buenas noches a todos —dije rápidamente, cargándola en mis brazos. Bella se despidió sobre mi hombro y subimos al elevador. Dentro de nuestra suite, Bella y yo nos duchamos juntos. No hubo nada sexual en ello. Nos masajeamos, fue relajante y amorosa. Después de la ducha, Bella me corrió del baño y me puse unos jeans. Me senté frente al piano de la suite. Improvisando un poco con las teclas, toqué la música que usamos para nuestro programa corto de hoy. Bella se acercó por detrás de mí y masajeó mi cuello y hombros—. Hmm, eso se siente bien, amor.
—Estás muy tenso —me susurró al oído.
—Solo mis músculos están tensos. Me siento muy relajado —dije, girándome en la banca del piano.
Jódanme.
Bella llevaba puesta una bata de baño de satín rojo. Era corta y dejaba muy poco a la imaginación. El contorno de sus pezones quedaba muy marcado y apenas le tapaba el culo.
—¿Edward? —preguntó Bella, agitando su mano frente a mis ojos. Sus pechos se agitaron cuando movió la mano—. ¿Uju? ¿Brit?
—Lo siento. Toda la sangre se me fue del cerebro —dije con una sonrisa perversa. La jalé entre mis piernas y le besé el cuello. Su piel seguía un poco húmeda por nuestra ducha. Olía a su jabón corporal de vainilla y champú de fresas. Jalé gentilmente el nudo de su bata. Se abrió para revelar su cuerpo desnudo—. Te necesito, mi Bella. ¿Por favor?
—En el piano —ronroneó, pasando sus dedos a través de mi cabello húmedo. Besé sus labios rápidamente y cerré la tapa del piano. La cargué, depositándola sobre el elegante piano de cola color negro. Abrió ligeramente las piernas y se veía jodidamente perfecta sentada sobre la madera esmaltada. Me paré, acuné su cara y besé sus suaves labios. Nuestras bocas se abrieron de inmediato y prácticamente me rogó por mi lengua. Obedecí su solicitud silenciosa y metí mi lengua dentro de su caliente y húmeda boca. La arrastré hasta la orilla del piano y bajé mis dedos trazando su esbelto cuerpo. Arqueó la espalda, empujando sus pechos hacia mí.
Liberé sus labios y bajé besando por su cuello. Mis dedos se deslizaron sobre sus turgentes pechos, jugando con sus pezones rosas. Los jalé entre mis dedos, pellizcándolos ligeramente. Maulló en voz baja, agarrando mi cabello con sus pequeños puños. Sus pies se movían sobre el teclado, provocando notas discordantes que resonaban a través de la suite. La guie hacia atrás, manteniendo mis manos en sus pechos. Mi boca siguió el mismo camino que mis manos, lamiendo y mordisqueando sus erectos botones rosas.
—Edward —exhaló—. Más, cielo.
Alcé la vista hacia mi chica y bajé con mis dedos sobre su vientre. Los pasé a lo largo del hueso de sus caderas, haciendo rebotar su cuerpo. Mis manos siguieron con su erótica tortura por sus piernas y hacia sus pies. Intentó cerrar las piernas para darse más fricción, pero las mantuve separadas. Subí deslizando mis dedos por sus piernas en dirección a su centro. Aparté mis labios de sus pechos y miré su abierto coño rosa y húmedo. Bella siempre me dejaba guiar nuestras aventuras en la habitación.
En el piano, idiota.
Como sea.
Me sorprendió hasta el carajo cuando sus dedos se encaminaron hacia su clítoris, e hicieron círculos sobre su hinchado botón.
—Santo infierno —gemí, viéndola darse placer.
—Me estabas provocando, Edward. Necesitaba tomar el asunto en mis propias manos —dijo con una sonrisa lasciva. Agarré su mano y chupé sus dedos entre mis labios. Su esencia le cubría las puntas de los dedos—. Carajo, Edward. Eso es muy caliente.
—Tócate, Isabella —dije con voz ronca—. Muéstrame qué es lo que te gusta.
—Tú —sonrió al pasar sus dedos sobre mis labios. Se sentó y puso una pierna sobre el piano, abriendo más su coño para que lo viera. Sus dedos se movían sobre sus brillantes pliegues—. ¿Te gusta esto, Edward? ¿Verme cómo me toco?
—Carajo, sí —gruñí. Me desabroché los jeans y los bajé por mis caderas.
—¿No llevas ropa interior, Edward? —se rio Bella.
—Esta noche no, amor —dije al rodearme la polla con una mano. Me acaricié mi excitación un par de veces—. ¿Quieres ayuda, Bella?
—Me encantaría sentir tu lengua —sonrió—. Justo aquí. —Abrió los labios de su coño y se mordió el labio. Gemí y solté mi polla. Inclinándome hacia enfrente, pasé mi lengua a lo largo de su excitación. Soltó un gemido largo, dejándose caer sobre sus codos. Su sabor no era como nada que hubiera tenido antes. Era dulce, ácido e inherentemente mi Bella. Podría darme un festín de ella durante días. Con la punta de mi lengua hurgué en las sedosas paredes de su coño. Sus músculos sufrieron espasmos alrededor de mi lengua mientras le acariciaba el interior de su sexo. La mano de Bella continuaba dándose placer incesantemente en el clítoris. Sus caderas se levantaban contra mi cara mientras se acercaba cada vez más y más a su liberación—. Oh, ¡CARAJO! —gritó.
Sonreí sobre sus pliegues, besando con fuerza su sexo. Mi lengua entraba y salía fácilmente de su entrada y podía sentir su excitación cubrir mi lengua. Agregué dos dedos a la mezcla, metiéndolos a su centro. Se dejó caer sobre el piano, tocándose los pechos. Masajeando su clítoris con mi lengua, incrementé el poder de mis embestidas en su cuerpo. Sus caderas se menearon al apretarse alrededor de mis dedos.
—Déjate ir, mi amor.
—Ugh —gimió, sentándose en el piano—. Te necesito, Edward. Todo de ti. ¡AHORA! Entra en mí. ¡¿Por favor?!
Me paré y alineé mi polla con sus sedosas paredes. Entré en su perfecto cuerpo, sosteniéndola contra mi pecho. Los labios de Bella se estrellaron con los míos cuando empecé a embestir y entrar y salir. Mis dedos se enredaron en su cabello. Los brazos de Bella estaban tirando de mis hombros, intentando acercarme a su cuerpo. Enganché una de sus piernas sobre mi brazo y eso me dio un nuevo ángulo.
—Sssssí —siseó—. Justo así, Edward.
—¿Te gusta esto, amor? —murmuré, entrando en su sedoso coño.
—Carajo, sí —gimió, mirándome a los ojos—. Te sientes tan bien, Edward. ¡Más!
Sonreí y profundicé mis estocadas. Podía sentir cada parte de mi amor. Su cuerpo me estaba abrazando, exprimiendo mi ser de todo lo que era. Inclinándome hacia enfrente, besé su cuello y subí hacia su oreja. Mordisqueé su lóbulo mientras Bella me mordía el hombro. Sus dedos estaban rastrillando mi espalda, casi hasta causarme dolor. Me estaba marcando.
Sabes que eres suyo. Ya ponle un anillo en el dedo… y termina con esto.
Pronto, chicos. Muy pronto. Por ahora, interpretaría el que me rasguñara la espalda como que estaba marcando su territorio.
¿Qué te parece un chupetón?
—¡Carajo! —gritó Bella, enterrando sus uñas en mis bíceps—. Dios, Edward, estoy tan jodidamente cerca. ¡Más duro!
—Sí, nena —jadeé. Mis caderas golpeteaban su suave cuerpo. Reclamé posesivamente su boca, empujando mi lengua entre sus dientes. Se frotaba el clítoris con los dedos, rozando mi polla en cada pasada—. Maldición, eres tan jodidamente maravillosa, Bella. Tan sexy. Explotaré cuando me corra.
Bella sonrió. Sus dedos bajaron más, rodeando el área donde nos convertíamos en uno. La sensación extra de su mano, su coño y verla jugar con su cuerpo fue mi perdición. Mis embestidas se hicieron más fuertes y menos controladas. Los músculos alrededor de mi polla estaban sufriendo espasmos y la cara de Bella se sonrojó de placer.
—Edward… —exhaló—. Me voy a correr. ¡Más!
Mis muslos golpeaban los de ella. El sonido de nuestra piel chocando entre sí era abrumadoramente erótico. La cara de Bella estaba arrugada en una sensual mueca. Mi mandíbula se relajó al ver a Bella desmoronarse. Gritó y me rasguñó la espalda mientras su coño se apretaba a mi alrededor. Pronto mi propia liberación siguió a la suya, salió pulsando infinitamente de mi cuerpo. Solté su pierna y su pie cayó sobre el registro superior del piano. Se dejó caer sobre mí, apoyando la cabeza en mi hombro.
—Eso fue increíble, Edward —jadeó.
Asentí fervientemente. Todas mis neuronas se habían hecho puré.
¡Follaste hasta quedarte sin neuronas! ¡Ja!
No me hagan lastimarlos.
—Esto fue mucho mejor que el club —se rio.
Me aparté y acuné su cara.
—Por mucho que quiera a nuestros amigos, necesitaba estar contigo y solo contigo esta noche, Bell. Nos divertiremos con ellos mañana en la playa. Hicimos el amor sobre el hielo y necesitaba hacer lo mismo aquí en nuestra suite.
—En el piano —sonrió.
—En el piano —repliqué—. ¿Fue como lo soñaste, Bella?
—Fue erótico porque fue contigo, pero la verdad me duele el culo —respondió, pasando sus dedos entre mi cabello sudado.
—Rodéame la cintura con tus piernas, hermosa —dije. Se aferró. Su coño se estaba frotando sobre mi vientre. Podía sentir su humedad, o más bien nuestra humedad combinada contra mi estómago. La cargué y la llevé hacia nuestra cómoda y suave cama. Poniéndola sobre las sábanas, me posicioné sobre ella y besé sus labios con suavidad—. ¿Estás mejor?
Se mordió el labio y asintió. Sus ojos bajaron hacia mi polla. La cercanía de su coño la hizo despertar. Me acaricié unas cuantas veces para endurecerla más. Volví a entrar en los pliegues de Bella e hicimos el amor lenta y reverentemente en la cama. Nos quedamos dormidos poco después de nuestra tercera ronda de hacer el amor, sexual y emocionalmente satisfechos. Nuestras silenciosas proclamaciones de amor llenaron la suite antes de caer en un profundo y reparador sueño.
xx FO xx
—Bien —gorjeó Alice—. Tengo protector solar, toallas, pelotas de playa y cubetas. Además de que él hotel preparó varias canastas de picnic para nuestra excursión a la playa.
—Alice, solo queremos descansar y relajarnos —dijo Bella, ajustándose su vestido de verano. A pesar de que en realidad estábamos a finales de enero, el clima estaba muy cálido, llegando a los 27 grados y el sol brillaba muy fuerte—. Nada de actividades coordinadas, nada de horarios… solo diversión. Además, quiero leer mi libro.
—Bella, vamos a ir a la playa. Necesitamos un horario —se quejó Alice.
—Dios, Alice —espetó Rose—. Deja de ser una maníaca del control.
—Cálmate, querida —se burló Jasper, besándole la frente.
—Oye, Bells, caminas algo raro —se carcajeó Emmett.
Bella y yo fulminamos a Emmett con la mirada.
—Me duele la cadera, imbécil —gruñó Bella.
—¿Hiciste tus estiramientos, Bella? —preguntó Jasper.
—Oh, sí —resoplé—. Definitivamente nos estiramos. —Bella y yo compartimos una mirada. Ella se sonrojó y entrelazó sus dedos con los míos.
—No esos músculos —bramó Rose—. Apuesto a que Bella estiró el…
—No digas ni una palabra —gruñó Bella—. Vayamos a la playa. —Agarró su bolso de mano y avanzó a zancadas hacia la salida del hotel. Emmett me palmeó la espalda, sonriendo como idiota. Jasper alzó el puño para chocarla. Sin embargo, los ignoré a los dos y seguí a Bella. Ya estaba en la camioneta que habíamos pedido para que nos llevara a la playa. Tenía la vista apartada de la puerta y las lágrimas ya eran evidentes en su cara. Sentándome junto a ella, la jalé hacia mi costado.
—Lo siento, Bella —susurré.
—No es tu culpa —respondió.
—Lo es, nena —respondí—. Debí haber sido más cuidadoso.
—Yo lo deseaba tanto como tú —dijo, mirándome a los ojos. Nuestros amigos empezaron a subirse a la camioneta, estaban extrañamente callados. Emmett se subió al asiento del piloto de la camioneta y nos llevó a la playa. Los dedos de Bella estuvieron entrelazados con los míos hasta que llegamos a la playa.
Una vez ahí, Alice y Rose me arrastraron lejos de Bella. Emmett y Jasper abrazaron a Bella. Mientras me iba se estaban disculpando profundamente por haberla avergonzado.
—Entonces, Brit —gorjeó Alice—. ¿Cuándo le pedirás matrimonio a nuestra chica?
—Vaya, Pequeña —me reí entre dientes—. ¿No crees que eres muy directa?
—Cierra el pico —dijo mientras sacaba su toalla, extendiéndola sobre la arena. Rápidamente se quitó el vestido para revelar un bikini de rayas negro con blanco y flores color turquesa. Se dejó caer y me miró. Rose hizo lo mismo y se ajustó su traje de baño estilo halter—. ¿Anillo? ¿Propuesta? ¿Boda?
—Pronto —respondí—. Muy pronto. Aunque necesito comprarle un anillo.
—¿Han hablado sobre anillos? —preguntó Rose mientras se untaba bloqueador solar.
—No. Pero creo que a Bella le gustaría algo que sea hermoso de forma clásica. Nada demasiado "moderno" —respondí al quitarme la camiseta y acostarme bocabajo.
—Sí, haces que Bella parezca bronceada —se burló Rose—. Déjame untarte bloqueador, Brit.
—Adelante, Rose —sonreí. Sus manos cubrieron rápidamente mi espalda con bloqueador solar. Me di la vuelta y me apliqué el bloqueador en pecho, brazos y cara. Me puse mis gafas de sol y miré a Bella. Estaba sentada junto al agua con Emmett y Jasper. Ella estaba asintiendo. Emmett estaba de rodillas, rogando por su perdón. Jasper estaba buscando conchitas para dárselas a Bella a cambio de su perdón.
—Son unos idiotas, pero nosotras tampoco ayudamos —suspiró Rose—. Después de que ellos se hayan arrastrado un poco, nosotras nos disculparemos. Lo que Bella y tú hacen en la habitación es asunto suyo. Si quieren follar hasta que ella termine caminando raro, están en todo su derecho. Sin embargo, ¿esto no afectará su presentación?
—No. Haremos estiramientos esta noche y no haremos el amor para asegurarnos de que ninguno camina raro —respondí—. Bella lo está resintiendo, igual que yo. Me siento un poco irritado.
—¿Eddie Junior está un poco rozado? —preguntó Alice, formando media sonrisa en su cara. Me sonrojé y asentí. Pero maldición, se sentía bien admitirlo. Poco después Bella regresó y se dejó caer en mi toalla. Apoyó la cabeza en mi pecho. Poco después de su regreso, Alice y Rose se la llevaron.
Emmett y Jasper se sentaron junto a mí.
—Las olas están muy fuertes, Edward. Vamos a surfear. —Jasper sonrió.
—No sé —dije, apoyándome en mis codos—. No quiero lastimarme justo antes del programa largo.
—Te conseguiremos una tabla larga. Estarás bien, Edward —dijo Emmett—. Nosotros invitamos ya que los avergonzamos mucho a Bella y a ti esta mañana.
—Vamos, Brit. ¿Alguna vez has surfeado? —resopló Jasper.
—Um, nunca —respondí secamente, alzando una ceja.
—Exacto. Jasper es novato, pero yo soy un jodido profesional —dijo Emmett, jalándome para levantarme de la toalla—. Será divertido y les dará oportunidad de hablar a las chicas. —Corrimos hacia la tienda de renta de equipo de surfeo y pedimos tres tablas largas y tres neoprenos. El chico de la tienda dijo que el agua estaba muy helada. Emmett nos explicó cómo salir al océano y cómo remar con las olas. Con una sonrisa bulliciosa, corrió al agua y demostró cómo atrapar una ola perfecta. Jasper me guiñó y nos dirigimos hacia el agua helada.
¿Estás intentando matar a todos tus pequeños nadadores, Ed? ¡Está co-congelada!
Un pequeño cambio de temperatura no les hará mucho daño, idiotas.
¿E-en serio? ¡T-tu p-polla s-se e-está c-convirtiendo e-en v-vagina!
Nos sentamos en las tablas y miramos a Emmett desde el agua mientras atravesaba con gracia las olas. Eventualmente se cayó y resurgió. Gritó que quería que Jas y yo fuéramos por separado en caso de que sucediera algo. Jasper me pidió que fuera primero ya que él había surfeado antes. Emmett asintió y me hizo remar hacia aguas más profundas para agarrar un mejor oleaje. Esperamos hasta que las olas empezaron a formarse otra vez. Emmett me indicó que me pusiera bocabajo y que remara hasta que el agua me alzara. Luego tenía que ponerme de pie y montar la tabla como si fuera una patineta. Le lancé una mirada. Nunca había andado en patineta. Jamás. Esme era muy paranoica con mis tobillos. Además, no fui el chico típico.
Emmett señaló una ola y proclamó que esa sería la ola que intentaríamos montar. Asentí y giré la tabla hacia la costa. Emmett me indicó que empezara a remar y seguí su indicación. Sentí la tabla elevarse y me puse en cuclillas. Sobre miembros temblorosos, me puse de pie. Duró un segundo y luego la tabla se fue por un lado y yo por el otro. Tragué un montón de agua salada. Salí a la superficie y tosí mientras recuperaba la tabla. Volví a subir mi cuerpo en ella y me aparté el cabello de la cara.
—Nada mal, Edward. La mayoría de los chicos ni siquiera habrían podido levantarse. Tú estuviste unos segundos de pie —dijo Emmett con una sonrisa infantil.
Arrugué la nariz.
—El agua salada sabe asqueroso —gruñí.
—Así es. Considéralo un estímulo para mantenerte en la tabla —resopló Emmett—. Hay que intentarlo otra vez. Te mantendrás de pie esta vez. Tengo un buen presentimiento.
—¿Estás canalizando a tu Pequeña interna? —pregunté, remando de regreso a nuestra posición en aguas más profundas. Emmett puso los ojos en blanco y asintió. Pero tenía razón. Me paré y monté la ola hacia la costa. Me entusiasmé. Pasamos la mañana surfeando hasta que se nos pusieron azules los labios. Durante mi tercer recorrido hacia la costa ya había superado a Jasper y él se sentía un poco amargado. Me reí entre dientes cuando me frunció el ceño.
Eventualmente regresamos con las chicas, empapados, cansados y congelados. Bella me entregó una toalla para secarme y me calenté sobre la arena. Nuestro tiempo en la playa llegó a su final debido a que Jasper se estaba quejando de que tenía frío, y regresamos al hotel. Y a la piscina climatizada.
Pasamos el resto de la tarde en la alberca y nos divertimos mucho, jugamos a la gallinita y actuamos como completos tontos. En algún momento mientras nos divertíamos, Liam, Carlisle, Charlie y Esme habían bajado para ver nuestras payasadas. Emmett, Jasper y yo sonreímos perversamente. Carlisle llevaba puesto un pantalón color caqui, obviamente se había vestido bien para una cita con mi mamá. Ella llevaba puesto un suave vestido veraniego. Charlie y Liam llevaban shorts. Emmett se salió de un salto y caminó hacia Charlie. Jasper y yo le sonreímos a Liam.
—Oh, ¡CARAJO NO! —ladró Liam al salir corriendo. Jasper y yo lo alcanzamos rápidamente y lo aventamos a la alberca, con todo y ropa. Salió a la superficie con Charlie junto a él, que se reía histéricamente. Carlisle y Esme estaban tirados uno encima del otro de la risa en una de las tumbonas. Bella y las chicas se sostenían los costados, riéndose sin descanso—. ¡No puedo creer que hicieran eso!
—En venganza por cada ensayo larguísimo y más —me burlé. Carlisle se acercó a mí y luego me aventó a la alberca. Solté una carcajada. Me peiné el cabello hacia atrás y le sonreí torcidamente a mi entrenador—. No creas que estás a salvo, Cullen.
—Oh, lo sé —respondió—. Pero te agradecemos por no aventarme a la alberca. Tu madre y yo iremos a cenar, tenemos reservaciones.
—Prepárate, Carlisle —se rio Bella—. Cuando menos te lo esperes, te hundirán.
—Sí, papi —replicó Alice, despidiéndose de su padre con un gesto de mano. Carlisle meneó la cabeza y abandonó el área de la alberca. Liam y Charlie se salieron de la alberca y se sentaron junto a las chicas. Nos quedamos en el agua hasta que se puso demasiado frío para seguir ahí. Luego subimos a nuestras respectivas habitaciones. Bella y yo pedimos comida a la habitación y nos relajamos en nuestra cama. Nos quedamos dormidos temprano, acurrucados en los brazos del otro.
La siguiente mañana llegó temprano. Alice y Rose se llevaron a Bella de nuestra suite para alistarla para el programa largo. Después de hora y media, ella estaba totalmente arreglada y lista para irnos. Carlisle nos llevó hacia la pista que estaba a las afueras de San José para un ensayo más extensivo de nuestro programa largo sin las miradas indiscretas de la prensa. Terminamos nuestro ensayo de dos horas y manejamos hacia el recinto de San José. En nuestro vestidor, Alice y Rose retocaron el maquillaje de Bella y le ajustaron el cabello. Estaba completamente liso y atado en una coleta baja.
Al terminar los retoques, Carlisle nos hizo algunos comentarios sobre el ensayo de esta mañana. Explicó que, si nos divertíamos con nuestro programa largo, lo haríamos bien. Bella estaba visiblemente nerviosa. Yo estaba preocupado por ella. Me incliné y le susurré al oído:
—Solo tú y yo.
—Tú y yo —susurró en respuesta.
Carlisle nos sonrió y nos dijo que nos vistiéramos. Ya era casi la hora de salir al hielo. Seríamos los últimos competidores en patinar ya que estábamos en primer lugar. Sin embargo, la competencia había comenzado ya tarde por la mañana y terminaría a las seis de la tarde. Las finales de los hombres empezarían a las siete.
Nos pusimos nuestro vestuario. Alice ajustó mi chaleco y aflojó mi corbata. Era un poco gracioso ver a Alice haciendo alboroto por mí. Me cernía muy sobre ella en mis patines. Llegaba al metro y noventa cuando usaba mis patines. Alice apenas me llegaba al pecho.
—Sí que eres pequeña, Alice.
—Cierra el pico, Gigantón —dijo, pellizcándome el costado.
—Entonces, ¿cuál es tu predicción, Alice? —pregunté. Bella y Rose estaban ajustando el corsé de su vestido—. Dime.
—Ganarán el oro —respondió—. Destruirán por completo a sus competidores más cercanos.
—Gracias, Ali —dije, abrazándola—. Necesitaba escuchar eso.
Subimos hacia el área tras bambalinas de la pista. James y Victoria, Mike y Jessica, y otras tres parejas estaban esperando por su última ronda de patinaje. La pulidora de hielo estaba dando vueltas por la pista, alisando el hielo. Bella estaba muy callada, se retorcía los dedos mientras esperábamos a que la pulidora terminara de hacer su trabajo. Le rodeé la cintura con mi brazo, presionando mis labios sobre su cabello.
—Tú y yo. Solo tú y yo.
—Lo sé, Edward —susurró, apoyándose en mi abrazo.
—Oye, Isabella —dijo Victoria con desdén—. Que gane la mejor pareja.
—Buena suerte, Victoria —dijo Bella en voz suave—. Para ti también, James.
James asintió y nos dedicó una pequeña sonrisa. No habíamos sabido mucho de él desde nuestro último encuentro. Sin embargo, se había disculpado con nosotros a su manera. Le había enviado una carta a Bella a través de Carlisle y explicó que había estado pasando por un mal momento. Actualmente se encontraba asintiendo a cursos para el manejo de la ira.
—Damas y caballeros, por favor, reciban a nuestro último grupo de patinadores de esta tarde —dijo el anunciador. Recitó nuestros nombres mientras llenábamos el hielo para los diez minutos de calentamiento. Nuestro programa corto fue lírico y hermoso. Nuestro programa largo era más sensual y enérgico. La esencia de nuestro calentamiento era muy diferente en esta ocasión. Patinábamos deliberadamente y con agresividad. Cargué a Bella en una elevación sobre mi cabeza y ella murmuró que sentía que estaba volando. Torciéndola para bajarla, la sostuve pegada a mi cuerpo, presionándola contra mi dureza.
—¿Estás excitado, Edward? —se rio.
—Sí. Siempre por ti —dije, alejándola con un giro y tirándola en una espiral de la muerte. Terminamos nuestro truco e hicimos un poco de la secuencia de pies. Pronto terminamos nuestro calentamiento y nos dirigimos a la parte trasera. Alice puso un abrigo sobre los hombros de Bella. Carlisle asintió hacia una esquina tranquila del área tras bambalinas.
—Bien, sé que ambos están nerviosos —murmuró Carlisle—. Se veían un poco temblorosos durante el calentamiento.
—Es nuestra primera vez haciendo esta rutina frente a una audiencia —replicó Bella.
—Es un programa fuerte. Salgan ahí, patinen con fuerza. Por muy vulgar que suene, su programa corto era hacer el amor; este programa es follar. Follar de forma sucia. Muestren la diferencia entre los dos. Bella, confía en tu pareja y déjalo llevarte en este salvaje viaje. Edward, tómala. Con brusquedad.
Bella se paró sobre la puntilla de sus patines.
—El piano, Edward.
Gemí y le lancé una mirada de lado. Me sonrojé y me giré de regreso hacia Carlisle.
—Asumiré que ambos saben de qué estoy hablando —se rio entre dientes—. Pero tal vez podamos hacer una oración rápida antes de que patinen. Sería bueno tener un poco de divina providencia.
—Eso me gustaría —dijo Bella—. Jacob nunca quería rezar.
—Entonces recemos —dije, tomando la mano de Bella en la mía y entrelazando nuestros dedos. Carlisle tomó mi mano y agachamos la cabeza. Cerré los ojos. Le recé a Dios. Recé por mi padre. Recé por nuestra presentación. Carlisle nos acercó a él, y rodeó nuestras cinturas con sus brazos. Hicimos lo mismo.
—Los quiero a ambos —susurró Carlisle—. Estoy muy orgulloso de ustedes. Son patinadores hermosos y cuando llegue marzo, me sentiré triste de verlos dejar las competencias.
—También te queremos, Carlisle —dijo Bella, alzando la vista hacia su cara—. Gracias por todo. —Le besó la mejilla y sonrió suavemente.
—Si esperas que te bese, estás muy equivocado, Cullen —resoplé—. Pero sí te quiero. Gracias.
Carlisle puso los ojos en blanco y me besó la mejilla.
—Los dejaré para que se concentren. No se besen.
—No lo haremos. Nuestra relación todavía no es pública —explicó Bella.
—La gente empieza a sospechar —dijo Carlisle—. Pero cruzaremos ese puente más tarde.
—Lo añadiremos a la conferencia de prensa. Lo de confirmar nuestra relación —dijo Bella, mirándome. Asentí y le sonreí—. Todo está listo para después de la ceremonia de premiación, ¿cierto?
—Lo está —dijo Carlisle—. No te preocupes por eso ahora, Bella. Patina. Diviértete. Disfruta tu tiempo con Edward. Los veré justo antes de que tengan que patinar. —Se apartó y nos dio tiempo para pensar.
Bella tomó mis manos y se apoyó en mi hombro. Dejé un beso en su cabello caoba.
—Sea lo que sea que pase, amor, me siento muy honrado de poder ser tu pareja.
—Yo también, Edward —dijo—. Solo desearía que pudiéramos tener más de una temporada.
—Lo sé, amor —respondí—. Pero siempre nos tendremos el uno al otro. Somos pareja en el hielo y también fuera de él. Para siempre, Bella. Nunca te dejaré ir.
—Qué bueno. Porque no quiero que lo hagas —dijo, sonriendo suavemente.
—Oigan, chicos, ustedes siguen —nos llamó Liam—. Victoria y James acaban de pasar su punto medio.
Bella se quitó el abrigo y se lo entregó a Liam. Le masajeé los hombros mientras caminábamos hacia la orilla de la pista. Victoria y James estaban patinando bien, pero había cierta desconexión entre ellos dos. No estaban en sincronía. James se veía más relajado mientras que Victoria actuaba más agresiva. Ninguna de sus posturas estaba a la par de la música.
Terminaron su pieza y aceptaron sus aplausos. Salieron patinando del hielo y se acercaron hacia el Kiss and cry. El anunciador los felicitó y le explicó a la audiencia que los jueces estaban finalizando las puntuaciones. Bella y yo nos metimos al hielo y esperamos su puntuación mientras hablábamos con Liam y Carlisle. Anunciaron sus puntuaciones y quedaron en primer lugar por unos cuantos puntos decimales. Mike y Jessica estaban en segundo lugar y una pareja más joven estaba en tercero.
—Damas y caballeros, nuestra última pareja de la noche en patinar es Isabella Swan y Edward Masen. Están bajo el mando de Carlisle Cullen y patinarán con selecciones de Carmina Burana.
Tomé la mano de Bella y le dimos una vuelta patinando a la pista. Llegamos a nuestra posición en la pista y alzamos los brazos, fulminándonos con la mirada. En cuanto estalló el timbal bajo, entramos en nuestros personajes. Patinamos el uno hacia el otro, solo para alejarnos girando. Atrapé su muñeca y la jalé a mi pecho. Sus manos se enredaron en mi cabello mientras que sus labios rozaron brevemente los míos.
—Fóllame en el hielo, Edward —ronroneó.
Sonreí y bajé las manos por el corpiño de su vestuario. Me aparté, patinando de espaldas y trayéndola conmigo. Nos movimos a lo largo de la resbaladiza superficie, preparándonos para nuestro primer elemento: un lanzamiento triple salchow. Entramos al salto y la lancé de mis brazos. Bella aterrizó perfectamente, sonriendo de forma lasciva. Rápidamente quedamos lado a lado para hacer nuestros giros sentados. Nuestros cuerpos se contorsionaron mientras cambiábamos de posiciones en perfecta armonía. Terminamos los giros y empezamos la nueva secuencia de pies que Liam y Maggie habían añadido en Londres. Era intensa y poderosa.
Nos separamos al final de la secuencia de pasos para hacer nuestros giros sentados de conmoción. Nuestras cabezas estaban separadas por centímetros. Podía sentir la coleta de Bella golpear sobre mi cara cuando entramos a los giros. Giramos y luego juntamos velocidad para el lanzamiento triple split. La punta de la cuchilla de Bella golpeó entre mis piernas y ella voló sobre mí. La atrapé con facilidad y la impulsé. Se detuvo y acunó mi sudorosa cara en sus manos, bajando sus dedos por mi cuello. Envolví mis dedos en su coleta y la cargué. Me rodeó la cintura con sus piernas, inclinándose hacia atrás, lejos de mi cuerpo.
—Ya casi terminamos, Edward —exhaló Bella al enderezarse—. Lanzamiento axel doble y toe loops triples lado a lado.
—Podemos hacerlo, amor —dije al alzarla en una elevación estrella. Cruzó sobre mi cuerpo y se balanceó en mis brazos, moviendo sus piernas hacia un split. La giré con cuidado y la deposité sobre el hielo. Guiándola sobre el hielo, reunimos velocidad para nuestro lanzamiento axel doble—. No dejes que el salto te asuste, Bell.
—Lo sé —susurró al alejarse de mi pecho—. Confío en ti, Edward.
—Qué bueno —respondí—. Te amo, nena. Ahora, ¡vuela! —La lancé lejos de mi cuerpo y su cuerpo se tensó. Uno… dos… tres… ¡ATERRIZÓ! Mi nena acababa de hacer un lanzamiento axel triple. Hizo una mueca, pero sonrió triunfante. Se giró sobre el hielo e hicimos la secuencia de pasos entre nuestros toe loops triple lado a lado.
—¿Puedes añadir un giro triple después de los toe loops? —preguntó Bella.
Asentí imperceptiblemente y preparamos nuestro toe loops. Los aterrizamos limpiamente y añadimos los giros. Desafortunadamente, tuve que hacer doble el mío ya que era más largo que mi chica. Era hacer doble o fallar. Creo que hacerlo doble fue la decisión más sabia. Nuestro programa ya casi terminaba. Solo nos quedaba la espiral de la muerte y nuestra pose final. La dejé caer en una espiral de la muerte de adentro hacia afuera. La levanté con cuidado y rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos. Sus dedos trazaron mis labios mientras me dejaba caer entre sus piernas, alzándola sobre el hielo. La nota final sonó y terminamos.
—Santa madre, carajo —exhaló Bella.
—¿Sabes que hiciste un lanzamiento axel triple? —jadeé.
—Creo que sí lo noté —sonreí. La ayudé a ponerse de pie y la giré para nuestra reverencia. La multitud estaba gritando. Era ensordecedor. Sonreímos y saludamos a los espectadores. Bella entrelazó sus dedos con los míos al salir de la pista. Carlisle cargó a Bella en un abrazo. Liam estaba boquiabierto. Cerré su boca y lo abracé. Nos apuraron hacia el área de Kiss and cry. Bella y yo nos sentamos, y nos abrazamos—. ¿Quieres aparecer en las noticias nacionales?
—Nena, ya somos noticia nacional —me burlé.
—Bésame —dijo, mirándome a los ojos. Sonreí y acuné su cara, rocé mis labios sobre los suyos. Apareció en la pantalla gigante y probablemente fue transmitido en todas las salas de las personas viendo las Nacionales—. Te amo, Edward.
—Te amo muchísimo, Bella —dije, besé su frente y luego sus labios una vez más.
—Damas y caballeros, la puntuación para Isabella Swan y Edward Masen —exclamó el anunciador—. Con una puntuación de 143.87, Isabella Swan y Edward Masen han recibido un total combinado de 219.27. La señorita Swan y el señor Masen son los campeones nacionales con la puntuación más alta en la historia de las Nacionales. También son la única pareja en aterrizar un lanzamiento axel triple. ¡Felicidades! ¡Favor de dar una última vuelta en el hielo!
Tomando la mano de Bella, caminamos hacia la orilla de la pista y salimos al hielo. Nos deslizamos fácilmente hacia el centro. Hicimos nuestra reverencia y patinamos alrededor del hielo, saludando a nuestros fans. Unos cuantos fans más jóvenes estaban cerca de la orilla, pidiéndonos autógrafos. Patinamos por enfrente, chocándolas con ellos. Después de nuestra vuelta, jalé a Bella otra vez hacia el centro e hicimos una última reverencia. La giré hacia mi pecho y tomé su cara en mis manos. Besé su boca con dulzura, ganándome un ruidoso grito de la multitud.
—Felicidades, Bella —murmuré sobre su boca.
—Igual a ti, Edward —sonrió, rodeándome el cuello con sus brazos—. Te amo. Jodidamente mucho.
—También te amo jodidamente mucho —me reí, cargándola hasta que sus pies colgaron sobre el hielo. Ella se rio con felicidad y siguió besándome.
Era aquí donde quería proponerle matrimonio. En el Mundial. Sobre el hielo. Después de ganar.
Excelente idea, Eddie. Hagámoslo.
¡Carajo, sí!
