Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo Veintinueve: Fahrenheit, prensa y empacar

BPOV

—¡Tenemos que salir a celebrar! —grita Alice desde su lugar en la limusina—. Por favor, dime que vendrás con nosotros al club, Bella. ¡Por favor!

—Sí voy. ¿Tú? —le pregunté a Edward, besándole el cuello. Desde que habíamos hecho público que éramos pareja, no podíamos alejar las manos el uno del otro. Era algo inocente y casto, pero nos tocábamos constantemente.

—Definitivamente —ronroneó, capturando mis labios con los suyos.

—Oh, ¡DIOS! Se están convirtiendo en esa pareja —gruñó Rose.

—Calla, son lindos. —Esme se rio—. Además han sido unos días muy estresantes.

—Por decir lo menos —se burló Emmett—. Antes de salir, Bella, tienes que hacer estiramientos. Ese lanzamiento axel triple probablemente le causó un poco de daño a tu cadera.

—¿Quieres revisarme antes de irnos? —pregunté.

—Probablemente sería sabio hacerlo —dijo Emmett—. Jas, tú también debes venir. Es mejor prevenir que lamentar.

—¿Van a participar en la exhibición? —preguntó Rosalie—. No dudo que esperarán que lo hagan.

—Sí estaremos —dijo Edward—. Haremos la rutina de la canción de cuna. Es lenta y lírica. Es más sencilla en saltos y elevaciones. No será muy exigente para ninguno de los dos.

La limusina llegó al hotel y todos nos bajamos. Emmett me dijo que me remojara un rato en la tina y que subiría a revisarme en una hora. Una vez en nuestra suite, Edward me preparó un baño y me senté en el agua con mi amor detrás de mí hasta que se enfrió. Eventualmente, Edward se levantó y me ayudó a salirme de la tina. En definitiva, podía sentir mis músculos protestando por el movimiento. Hice una ligera mueca. El ceño de Edward se frunció mientras me guiaba a la habitación. Me puse un pantalón de yoga y una de las camisetas de Edward. Llamó a la habitación de Emmett y en diez minutos, Emmett llegó a la suite junto con Jasper.

Juntos evaluaron mis caderas y dijeron que no había empeorado. Pero, el lado malo era que tampoco había mejorado. Emmett manipuló mis piernas para relajaras. Edward se sentó junto a mi cabeza y me acarició las mejillas mientras lloriqueaba. Sus palabras de amor y confort se esparcieron sobre mi cuerpo, pero no hicieron mucho por mitigar el dolor que sentía en las caderas, espalda baja y pelvis. Después de mi sesión de "terapia" con Jasper y Emmett, Jas me dio un ligero analgésico. Estaba aprobado por la Federación de Patinaje de Estados Unidos. Me dijeron que debía descansar durante otra hora antes de irnos al club. Edward me acomodó en la cama, rodeándome de almohadas para estabilizar mi cuerpo. Encendió la televisión y miramos los momentos más destacados de la competencia de baile sobre hielo y de la final de patinaje femenina.

Al parecer me quedé dormida mientras veíamos televisión. Escuché a Edward hablar en voz baja con Alice. Basándome en sus voces, Alice no estaba muy feliz. La puerta se cerró y Edward se metió a la cama conmigo.

—¿Qué quería la Pequeña? —me reí, imitando su acento.

—Jugar con su muñeca Barbie de tamaño real —dijo, acariciando mi cuello—. Le dije que estabas descansando y que eras completamente capaz de alistarte sin su asistencia.

—Dios, te amo, Edward. Te enfrentaste a Alice —exhalé.

—Eh, eso intento —sonrió—. Si no quieres ir, no tenemos que ir.

—Sí quiero divertirme un poco con todos. No puedo dejarme llevar tanto como quisiera, pero de todas formas será divertido —dije, pasando los dedos por su suave cabello cobrizo. Me giré y lo empujé gentilmente sobre la cama, sentándome a horcajadas en su cintura. Mis caderas y mi espalda baja me gritaron, pero tenía a Edward en mis manos.

Sabes… entre sus piernas hay una cosa maravillosa. Su músculo del AMOOOOOOR. Podemos DIVERTIRNOS con eso.

Estoy demasiado dolorida, damas. Eso será un no. Dolería demasiado.

¿Y es divertido bailar en un bar abarrotado y maloliente?

Um, ah, ¿pues? *Me rasco la cabeza*.

Eso pensamos. Al menos, si juegas con el músculo del amor de Edward y hacen el mambo horizontal, nos sentimos bien. ¿Nos sentiremos bien en un club? Carajo. No.

De todas formas iremos.

—Bella. —Edward se rio entre dientes—. Estás en las nubes, hermosa.

—¿Sí? —me reí. Asintió y me acarició las mejillas—. Perdón. En fin, ya que no tengo que soportar la tortura de la rutina de belleza de Alice, ¿qué propones que hagamos?

—Pues no podemos hacer mucho —dijo—. Nos iremos de aquí a las nueve. Ahora pasan de las ocho.

—Mierda. —Hice un puchero—. Supongo que es mejor que me aliste. ¿Qué vas a usar?

—Tengo el pantalón de vestir en color gris oscuro y una camisa negra —dijo Edward—. Puede que también me ponga un chaleco. No sé.

—Oh, usa el chaleco —dije al enredar mis dedos en su cabello—. Hoy te veías jodidamente sexy usando ese chaleco sobre el hielo.

—Bien, usaré el chaleco —dijo Edward, besándome rápidamente los labios—. ¿Puedo orinar antes de que te adueñes del baño?

—Supongo que sí —me burlé. Me bajé lentamente de su regazo y él corrió al baño. Busqué en mi armario y encontré un vestido que quedaría bien para una noche en el club. Era algo que normalmente nunca usaría, pero estaba de un humor atrevido y pícaro esta noche, y quería darle a Edward algo que me pudiera quitar cuando regresáramos a la suite del hotel. Era un vestido de encaje en un profundo color morado que abrazaba por completo cada una de mis curvas. Además, no se prestaba para usar ningún tipo de ropa interior. Sí, estoy caliente esta noche. Si Edward es cuidadoso, podemos hacer el amor.

Agarré mi vestido y esperé a que Edward terminara en el baño. Se oía el agua y asumí que se estaba lavando las manos. Poco después, salió e hizo una profunda reverencia para permitirme pasar a su lado. Le regresé la reverencia al pasar junto a él. Dentro del baño me quité la ropa y me puse mi vestido. Sin usar ropa interior. Todavía tenía el maquillaje de la presentación, así que solo necesitaba retocarlo un poco. Mi cabello también seguía alaciado de cuando lo peiné más temprano. Lo solté de la coleta y lo acomodé para que colgara libremente sobre mis hombros.

—Bella, pedí comida del servicio a la habitación. No es mucho. Solo son unos cuantos aperitivos —me dijo Edward a través de la puerta.

—Ahora salgo —dije mientras me ponía rápidamente la joyería para esa noche. Me pasé el cabello por los hombros y salí del baño. Edward se había puesto su conjunto para esta noche. Se veía tan malditamente bien. Llevaba el cabello en su desorden de siempre. La camisa negra y el chaleco abrazaban su musculoso cuerpo y ni siquiera empezaría con los pantalones.

Mamá ama tu culo, Masen. Ven aquí para darle un apretón.

Estaba de acuerdo. Dame tu traserito, Edward.

Sí, me gustaban los pantalones. Mucho. Su culo estaba perfectamente exhibido en los apretados pantalones color gris oscuro, casi negro.

Pero fue la expresión de Edward la que me mató. Sus ojos verdes me veían con lujuria. Se le aflojó la mandíbula y su respiración era muy errática.

—¿Te gusta? —pregunté coqueta.

—Carajo —espetó—. Eres un pecado andante. —Avanzó hacia mí y me abrazó contra su duro y musculoso cuerpo. Su polla estaba en su máximo punto y me picaba el vientre—. Quiero mantenerte aquí y hacerle cosas sucias a tu precioso cuerpo.

—Sí y por favor —gimoteé. Sus manos se deslizaron por mis hombros y se posaron sobre mi culo, apretando mis nalgas con fuerza.

—Una de dos, estás usando una tanga muy pequeña o no llevas nada —dijo con voz ahogada.

—Es la segunda opción —dije, besándole la nariz. Gimió y dejó caer la cabeza sobre mi hombro, continuando con su sensual asalto en mi culo. Con cada apretón, sentía la humedad acumularse entre mis piernas, y si él seguía con esto, no saldríamos de esta suite de hotel. Nuestra ropa quedaría hecha pedazos y estaríamos haciéndolo como estrellas porno en cada superficie plana de la habitación. Mordí su lóbulo y dancé fuera de su abrazo. Me senté recatadamente en la mesa. Mordisqueando algunos de los aperitivos, le guiñé a Edward, que me miraba en estado de shock—. Estás babeando, guapo.

—No llevas bragas —gimió—. Eres una criatura peligrosa, Isabella Marie Swan.

—Lo sé —dije con sarcasmo—. Puede que quieras solucionar el problema en tus pantalones, Edward. Asustarás a los niños con tu erección.

—Tú hiciste esto —dijo, dejándose caer a mi lado—. Tú y tu falta de pantis.

—No quería que se me viera la línea de la ropa interior —dije al meterme a la boca un pedazo de queso.

—Va a ser una larga noche —gruñó Edward, jalándome más cerca de su cuerpo—. ¡No quiero que me arresten por todas las miradas que mi novia va a recibir y por todos los culos que voy a tener que patear! —Rodé los ojos y le ofrecí queso con galletas a Edward para que comiera. Cuando sus labios se cerraron sobre la comida que le ofrecía, mordisqueó mis dedos.

—No muerdas —lo regañé—. Me gustaría mantener mis dedos, bobo.

Edward movió mi cabello y mordisqueó mi oreja, sacándome un ruidoso gemido. Carajo, no te detengas. No te detengas, por favor. Por supuesto, se detuvo. Porque alguien estaba tocando en la puerta.

—Joder —gruñí.

—Tal vez más tarde, amor —se burló. Abrió la puerta y nuestros amigos nos estaban esperando del otro lado. Incluso Liam y Charlie estaban parados con ellos—. ¿Ya nos vamos?

—¡Sí! —gorjeó Alice desde atrás. Ella estaba saltando, gritando como loca—. ¡Te ves increíble, Bellarina! ¡Te he entrenado bien!

—Cuando volvamos de este viaje, te irás permanentemente y tendré que depender de mis propias habilidades en moda —me burlé—. Déjame ponerme mis zapatos y luego podremos irnos.

—Nos vemos en recepción —dijo Emmett con una sonrisa satisfecha. Él se veía más relajado y no tan, um, frustrado. Edward se rio entre dientes y extendió el puño. Emmett se sonrojó, pero chocó su puño con Edward, confirmando el hecho de que Rose había cedido y le había dado un poco de amor a su hombre. La puerta se cerró y corrí a ponerme los tacones. Edward se metió la cartera al bolsillo y se puso sus zapatos de vestir negros, pasándose las manos por el cabello.

—¿Lista, amor? —preguntó.

Agarré mi bolso de mano y asentí. Entrelazando nuestros dedos, nos reunimos con nuestros amigos y familia en la recepción del Fairmount. Carlisle y Esme también irían con nosotros. Edward se rio cuando vio cómo iba vestido Carlisle. Estaba intentando verse genial y en onda. Llevaba unos jeans deslavados oscuros, una apretada camisa negra y un fedora de tweed gris. Alice se agarraba la cabeza con vergüenza. Carlisle estaba erguido orgulloso como pavorreal de su conjunto.

—Um, Carlisle —me reí—. ¿En serio?

—Me veo sexy —dijo, rozándose los dedos sobre los hombros. Esme rodó los ojos y se ajustó su vestido negro. Se veía linda. A conjunto con el vestido negro llevaba unas sandalias negras, con turquesa y azul marino, y joyería en color turquesa. Llevaba el cabello sujeto en una coleta baja. Noté que no estaba usando su anillo de matrimonio. Edward también lo notó. Pasó sus dedos sobre el anillo de matrimonio de su padre que llevaba en la mano derecha. Pero no dijo nada.

—Papá, te ves ridículo —se quejó Alice, interrumpiendo nuestra reflexión sobre Esme y su anillo—. Tienes más de cincuenta. Ese conjunto se vería lindo en Jasper, Emmett o Edward. Posiblemente en Liam. ¿En ti? No tanto.

—Y los Converse, Papi C —resopló Emmett—. Son mucho. Demasiado.

—Me veo como todos ustedes —dijo, señalando a todos los chicos.

—Sí, ¿qué edad tenemos, Carlisle? —preguntó Jasper, alzando una ceja.

—Tú eres el mayor, Jasper. —Frunció el ceño—. Treinta y dos.

—Edward es el bebé y él se ve mejor que tú, papá —lo regañó Alice.

—No soy un bebé. —Edward frunció el ceño.

—De todos los hombres, eres el más joven. Bebé —me reí, besándole la nariz. Me miró con enojo antes de jalarme a sus brazos.

—Ustedes adelántense —dijo Alice, agarrando la mano de su papá—. Necesito arreglarlo.

—Alice, soy perfectamente capaz de vestirme solo —dijo Carlisle, lanzándole una feroz mirada a su hija.

—No, no lo eres —dijo ella—. Les enviaré un mensaje cuando lleguemos. Vamos, papá. Vayamos a perder el aspecto de imitador de Pandilla de Ratas*.

—Rentamos una limusina para esta noche. Podemos relajarnos —explicó Esme—. Celebrar su victoria.

—Pero no demasiado —replicó Edward—. Todavía tenemos que participar en la exhibición. No me embriagaré por completo. ¿Un poco achispado? Sí. ¿Completamente borracho?

—Demonios, no —dije, recargándome en su abrazo. Edward apretó mi nalga derecha, que estaba presionada en su entrepierna. Charlie nos veía atentamente. Codeé a Edward, que soltó mi trasero cuando vio la mirada poco feliz de Charlie.

Edward se agachó, sus labios acariciaron mi lóbulo.

—Supongo que no podremos escaparnos a una esquina para hacerte perversidades, ¿eh?

—Probablemente no. —Hice un puchero. Nuestro grupo salió hacia la Hummer que nos esperaba. Nos subimos y nos entregaron una copa de champaña—. ¿Qué es esto?

—¡Felicidades a la pareja victoriosa del Campeonato Nacional! —gritaron todos. Me sonrojé y me acurruqué en el costado de Edward. Él me besó la frente, pero alzó su copa. Nos bebimos la champaña en la limusina hasta que nos detuvimos en un bar con muy buen aspecto. Cuando nos bajamos de la limusina, nos guiaron hacia la sección VIP del club. Tenían una barra privada y varias mesas pequeñas esparcidas por todo el lugar.

Nos sentamos en una de las mesas y pedimos una ronda de tragos. Nos ofrecieron más felicitaciones y nos bebimos los tragos de golpe. Pasó una hora antes de que Carlisle y Alice llegaran a la sección VIP. Emmett ya estaba muy borracho. Por cada trago que nos tomábamos, Emmett se tomaba tres. Eso causó una Rosalie muy cabreada. No quería ser su niñera por estar borracho. Sin embargo, rápidamente se estaba convirtiendo en eso. Edward no había bebido mucho. Tampoco yo. Teníamos la conferencia de prensa mañana y se vería muy mal si ambos llegábamos medio dormidos por tener resaca.

Eventualmente Edward me sacó a la pista de baile, para mi pesar. Me encantaba patinar. No me malinterpreten, pero ¿bailar? Sin embargo, bailar con Edward era una experiencia muy sensual. Sus manos estaban cubriendo mi piel y me guiaron fácilmente hacia un baile erótico. Cuando estaba en sus brazos, el mundo desaparecía y solo estábamos nosotros. Era igual en el hielo.

—Solo tú y yo —murmuró Edward, mirándome a los ojos.

—Solo tú y yo —sonreí, besándole la boca. Las luces estaban parpadeando y el bajo repercutía en mi vientre, pero solo estábamos nosotros dos en esa pista de baile.

Si tan solo pudiéramos quedarnos en nuestra pequeña burbuja de lujuria y amor.

—¡Maldita sea! ¡Emmett! —gritó Rose furiosa—. ¡Detesto cuando bebes! No metas la cara entre los pechos de tu prometida estando en público, idiota.

—Uh oh —dijo Edward mientras veíamos a Rose alejarse a zancadas de Emmett. Él se rascaba la cabeza con confusión—. Creo que ya se terminó la fiesta.

—Tú encárgate de Em. Yo iré a ver cómo está Rose —dije—. Oh, y Rose tiene razón. No metas la cabeza entre los pechos de tu prometida, novia o cualquier mujer en realidad, si están en público.

—Entendido —dijo Edward, besando mis labios. Nos separamos en la pista de baile. Fui al tocador de mujeres mientras que Edward comenzaba a golpear la cabeza de Emmett junto a la barra, donde ya estaba pidiendo otra cerveza. Encontré a Rose con Alice y Esme en el baño. Estaba llorando, obviamente estaba mortificada.

—Carlisle llamó a la limusina —la tranquilizó Esme.

—Emmett puede irse caminando —espetó Rose—. O pedir un maldito taxi. Lo amo, pero ¡carajo! Mis pechos no están ahí para que él se meta entre ellos.

—¿Te vas a quedar con Emmett? —preguntó Alice.

—Esta noche no. ¿Puedo quedarme contigo, Ali? —replicó Rose.

—Haremos que Jasper duerma con Emmett —se rio—. Jasper tiene el pecho suficiente para servir como sustituto efectivo de tus tetas.

—¿Jasper tiene bubis de hombre? —resoplé.

—Unas chiquitas —se burló Alice, separando unos centímetros sus dedos—. Copas A negativo.

xx FO xx

Las mujeres regresamos al hotel en la limusina mientras que los chicos peleaban con Emmett en el taxi. Edward, Liam y Jasper tardaron casi dos horas para meter a Emmett en el taxi y regresar al hotel. Edward se metió a la cama casi a las tres de la mañana, maldiciendo a Emmett.

—Quiero a ese tipo como si fuera mi hermano, pero carajo, es un desastre cuando se pone borracho —gruñó Edward al enterrar la nariz en mi cabello—. Lamento que solo pudiéramos tener un baile, hermosa.

—Está bien —dije adormilada—. Cierra los ojos, Edward. Duérmete.

—De acuerdo, amor —se rio entre dientes.

Dormimos hasta que sonó la alarma. Me sentía muy dolorida cuando arrastré mi cuerpo para salir del abrazo de Edward. Abriendo el agua del espacioso baño, esperé a que se calentara. Me metí bajo el chorro caliente y dejé que el agua relajara mis doloridos músculos. Un par de fuertes brazos me rodearon la cintura.

—Cómo te atreves a bañarte sin mí —me regañó Edward, besándome el cuello.

—Cuando nos duchamos juntos, siempre se convierte en algo más que solo limpiar nuestros cuerpos —me reí. Empujó su creciente excitación contra mi espalda—. Obviamente estás demostrando que tengo razón.

—Me comportaré —se rio entre dientes—. No puedo evitarlo si la mujer más hermosa del mundo está desnuda y mojada en mis brazos.

—En más de una forma —murmuré.

—¿Qué fue eso? —se burló Edward.

—Nada —dije, entregándole el jabón—. Necesitamos darnos prisa. Nuestra conferencia de prensa es a las doce.

—Ugh, bien. —Hizo un puchero. Para pesar de Edward, nuestra ducha fue solo eso. Una ducha. Cuando terminamos, envié a Edward a la habitación a vestirse para yo poder maquillarme para la conferencia de prensa y la exhibición. Me arreglé el cabello en suaves rizos y lo até en una coleta floja. Mi cara estaba al natural, con excepción del rubor extra y un maquillaje de ojos que daba aspecto de profundidad.

Salí del baño y vi que Edward ya había empacado mi maleta de patinaje. Estaba metiendo varias cosas en la suya. Se veía tan guapo en su pantalón de vestir azul marino y su camisa azul clarito. Lo abrazaba en todos los lugares correctos. Dejé de comérmelo descaradamente con la mirada y me puse mi conjunto para la conferencia de prensa: una falda roja y una blusa negra. Me puse mis aretes de diamante de la suerte en las orejas y le sonreí suavemente a Edward.

—Te ves hermosa, Bella —murmuró Edward.

—Estoy un poco desvelada esta mañana. —Me encogí de hombros—. Alguien me despertó a las tres.

—Culpa a Emmett. —Edward se rio entre dientes—. Alice me envió un mensaje diciendo que ella tiene nuestro vestuario. Carlisle ya le dio al personal de la pista nuestra música y el esquema de luces anoche después de nuestra victoria. Todo lo que tenemos que hacer es la conferencia de prensa y la exhibición. ¿Estás nerviosa?

—¿Por la exhibición? No. Por la conferencia de prensa, sí —suspiré.

—Estaré ahí a tu lado, nena. Solo tú y yo —dijo, acariciando mi mejilla—. Ambos anunciaremos que nos retiraremos al final de esta temporada. Tú debido a tu lesión, y yo por el cambio de carrera. Todo saldrá bien.

Suspiré pesadamente y asentí. Me besó con dulzura antes de colgarse nuestras maletas al hombro. El viaje hacia la recepción pasó en silencio. No incómodo, solo tranquilo. Nos estábamos preparando para la masacre de la prensa. Al llegar a recepción, Carlisle nos recibió en el elevador. Dijo que necesitábamos salir por la parte de atrás a través del callejón ya que los reporteros ya estaban pululando por la entrada del hotel, ansiosos por obtener una foto de Edward y de mí.

Carlisle, Liam y Charlie nos empujaron a través de la entrada de empleados hacia una SUV negra muy discreta. Jasper estaba tras el volante con Alice en el asiento del copiloto. Nos acomodamos en la SUV y Jasper arrancó, dirigiéndose a la pista. Poco tiempo después ya nos encontrábamos bien resguardados en nuestro vestidor. Alice estaba colgando nuestros vestuarios mientras que Edward caminaba de un lado a otro. Carlisle estaba hablando con la prensa, abordando el tipo de preguntas adecuadas que podían hacer y los protocolos. Normalmente Rose se encargaría de esto, ya que ella era buena para manejar las multitudes. Pero ella se sentía muy molesta y avergonzada por el fiasco de Emmett en el club.

Liam estaba rondando junto a la puerta mientras que Charlie estaba sentado a mi lado.

—¿Estás bien, Bells? —preguntó.

—Lo estaré cuando terminemos con esto —dije, tomando su mano en la mía—. Gracias por estar aquí, papá. Te quiero.

—También te quiero, Bells. Estoy muy orgulloso de ti —dijo, besando mi sien—. ¿Tienes planeado lo que vas a decir?

—No. Hablaré desde el corazón —dije—. Será más genuino de esa forma, papi.

—¿Has sabido algo de tu exesposa? —preguntó Edward, alzando una ceja.

—Irónicamente, sí. Me pidió dinero para la fianza. —Charlie se rio entre dientes—. Phil pagó su fianza por indecencia pública, pero no pagó por Renée. Pagó su multa y se fue, arrastrándose de regreso al agujero de donde salió.

—¿Y mamá? —dije.

—Sigue en la cárcel. —Charlie sonrió—. Probablemente estará ahí hasta la fecha del juicio por difamación y por todo el otro montón de cargos contra ella. Me niego a sacarla. Probablemente te llamará a ti después.

—¿En serio? —pregunté secamente.

—Tu madre no es la más inteligente del mundo. —Charlie se rio entre dientes.

Carlisle entró a la habitación y sonrió suavemente.

—Están listos para ustedes. Muchos de los reporteros tienen sospechas ya que nunca confirmaron ni negaron el reportaje de ESPN —explicó—. Tenemos aproximadamente quince minutos antes de que tengan que alistarse para la ceremonia de premiación.

—¿Usaremos los vestuarios de la exhibición? —preguntó Edward.

—Sí —gorjeó Alice mientras vaporizaba la camisa de Edward.

—Vamos —dijo Carlisle, abriendo la puerta. Edward tomó mi mano y me besó los nudillos. Salimos hacia la recepción de la pista de patinaje, donde estaba establecido el espacio para la conferencia de prensa. Había varias luces y un podio en medio de la recepción. Parados ahí alrededor había cerca de treinta miembros de la prensa. Exhalé un aliento y miré a Edward.

—Te amo, Bella —susurró—. Eres muy fuerte. Puedes hacerlo.

—Bien —murmuré en respuesta. Enderecé la espalda y avancé hacia el podio. Los destellos de las cámaras eran cegadores, pero no permití que se notara—. Buenas tardes —empecé con confianza—. Primero que nada, gracias por estar aquí hoy. Estoy muy consciente de las preocupaciones y preguntas respecto a mi futuro en el mundo del patinaje artístico en parejas.

»Hace aproximadamente un mes, ESPN escribió una historia detallando una lesión que sufrí mientras estaba en la competencia de Londres. Mi compañero, Edward Masen, me impulsó hacia un axel doble y caí al hielo sobre mi cadera derecha. Descansé la cadera con la esperanza de poder continuar con la competencia de Londres, pero después de un inestable ensayo, tuvimos que retirarnos. A nuestro regreso a Estados Unidos, mi doctor me examinó la cadera y los muchos años de patinaje artístico habían causado una cantidad significativa de daño en mis caderas, espalda baja y pelvis. Ya casi no tengo nada de cartílago en las caderas y cada vez que salgo al hielo es una batalla.

»Trabajé con mi entrenador, mi doctor y mi compañero, Edward, para rehabilitar mis caderas y espalda baja. Sin embargo, la rehabilitación que soporté es solo para permitirme competir en las Nacionales y, si tenemos la suficiente suerte, en el Mundial. Es con gran pesar que al final de esta temporada me retiraré de las competencias de patinaje en pareja, después de la competencia mundial en Niza, Francia. Por mucho que ame este deporte, ya no puedo seguir maltratando mi cuerpo diariamente. Gracias.

—¿Hay alguna pregunta para Isabella? —preguntó Carlisle.

Las manos se alzaron rápidamente. Señalé a un caballero mayor que estaba enfrente.

—Si te vas a retirar, ¿qué significa eso para tu compañero?

Retrocedí y le permití a Edward avanzar al podio.

—Yo puedo responder eso —dijo—. Junto con Bella, me retiraré al concluir con la competencia mundial. Recientemente fui aceptado en la escuela de medicina y pretendo seguir los pasos de mi padre para convertirme en doctor. —Retrocedió, dándole un apretón gentil a mi mano.

Más manos se alzaron de golpe. Señalé a una mujer que parecía pequinés.

—¿Es verdad que Edward y tú son pareja? Se besaron anoche en el hielo.

—Sí, somos pareja —respondí—. Estamos muy enamorados y nuestra colaboración funciona por nuestra relación.

—Solo tú y yo —musitó Edward. Sonreí al verlo.

—¿Qué hay de la relación con tu madre? —preguntó otro reportero.

—Esa es una pregunta complicada. Mi relación con mi madre es inexistente. Fue ella quien filtró la historia a ESPN sin que yo lo supiera, aprovechándose de una enfermera nueva para obtener el historial médico de forma ilegal —dije con enojo.

—¿Qué planes tienes cuando dejes de patinar?

—Todavía no lo sé. Quizás sea entrenadora —respondí—. Puede que regrese a obtener mi maestría en literatura. Puede que viaje por el mundo durante un año. Todo está muy en el aire, pero lo que sea que haga, lo haré para mí. Y para Edward.

—Desafortunadamente —interrumpió Carlisle—, estos dos necesitan preparase para la ceremonia de premiación y la exhibición. Muchas gracias otra vez por su paciencia y su tiempo. Si tienen más preguntas, favor de contactar a mi oficina y las responderemos directamente. Disfruten de la exhibición. —Carlisle apoyó su mano en mi espalda baja, guiándome de regreso al área tras bambalinas. Las cámaras resultaron cegadoras otra vez y permanecieron así hasta que regresamos al pasillo.

Nos dirigimos a nuestro vestidor. Alice sacó a Liam y Charlie del lugar y me desvistió hasta dejarme solo con las bragas. Me vestimos rápidamente con mi vestido de gasa azul clarito. Ella le había añadido más brillos y había puesto pedrería en mi cabello. Una vez con el vestido puesto, me puse los patines y me abroché los cubre-botas sobre los patines.

—¡Mierda! —exclamó Alice—. No tapamos tu tatuaje.

—Así déjalo. —Me encogí de hombros—. No voy a esconder quien soy.

—Señor Masen, señorita Swan, es hora —se escuchó una suave voz.

Edward se alisó la camisa y me miró.

—¿Lista para ir por nuestra medalla de oro? —sonrió.

—Claro que sí, cielo —dije, tomando su mano. Subimos hacia la pista y nos paramos en un lado. Actualmente les estaban entregando las medallas a los hombres. Junto a nosotros, James y Victoria, que habían ganado la plata, estaban esperando junto con la pareja nueva, Ashlyn Heigl y Matthew Garner, que ganaron el bronce.

—¡Felicidades a los patinadores de la categoría de hombres y la mejor de las suertes para Peter Lutz y Gary O'Shea en la Competencia Mundial en Niza! —anunció el presentador. Los chicos salieron del hielo—. Sigue ahora la ceremonia de premiación para la competencia de parejas. Los ganadores de la medalla de bronce, ¡Ashlyn Heigl y Matthew Garner! —Sonrieron y salieron al hielo, le dieron una vuelta a la pista antes de llegar al podio en el centro. Se subieron al nivel más bajo, saludando a la audiencia. Uno de los jueces le entregó unas flores a Ashlyn.

»Representando a Estados Unidos en la Competencia Mundial con la medalla de plata, ¡felicidades a James y Victoria Hunter!

Dieron una vuelta de forma idéntica a Ashlyn y Matthew, y se pararon en el siguiente nivel más alto del podio. Edward y yo nos quitamos los protectores de cuchilla, pasándoselos a Carlisle.

»Por último, pero ciertamente no menos importante, nuestros medallistas de oro y representantes de los Estados Unidos en la competencia Mundial, ¡Isabella Swan y Edward Masen!

Edward tomó mi mano y le dimos dos vueltas al hielo. Con la ayuda de Edward me subí al escalón más alto del podio. Edward me siguió y me rodeó la cintura con su brazo mientras saludábamos a la multitud. Me entregaron un ramo de rosas y me agaché para recibir mi medalla. Edward recibió su medalla y le sonreímos a la audiencia que nos estaba aplaudiendo.

—Felicidades a los patinadores en pareja, ¡y la mejor de las suertes para Isabella Swan, Edward Masen, y Victoria y James Hunter al competir en los Mundiales en Niza!

La exhibición transcurrió sin problemas. Nuestra actuación fue suave y lírica mientras patinábamos al final para la audiencia. Los vítores que recibimos fueron ensordecedores. Se hicieron incluso más altos cuando Edward me besó suavemente después de terminar nuestra presentación. Al parecer, a la multitud le encantaba saber que éramos pareja.

Salimos a comer con nuestros amigos, entrenadores y familia después de la exhibición. Rose seguía enojada con Emmett y eso hizo que fuera una comida muy tensa. Esme y Carlisle tuvieron que fungir como mediadores para hacerlos "madurar y lidiar con sus problemas". Sí, Emmett había avergonzado a Rosalie, pero estaba muy borracho. Eso no validaba sus decisiones. Sin embargo, debía admitir su error, algo que se negaba a hacer, y Rose necesitaba tomar a consideración que Emmett estaba borracho.

Durante la cena no ocurrió ninguna disculpa. Ni siquiera en el viaje a casa un día después. Emmett terminó quedándose en el apartamento de Edward, en su habitación de invitados, por casi dos semanas antes de que finalmente cediera y se disculpara con Rosalie. También creía que fue por Edward que estaba listo para golpear a Emmett por sus hábitos sucios y desordenados. A Emmett le encantaba dejar platos llenos de comida a medio terminar por todo el apartamento. También dejaba sus asquerosos y apestosos calcetines por todo el piso. Edward se tropezó y cayó sobre un par particularmente apestoso en la cocina cuando estaba preparando la cena. Se volvió loco después de eso y le exigió a Emmett que se sacara la cabeza del culo y se disculpara. Si no lo hacía, Edward mataría a Emmett y escondería todos los pedazos en sus fétidos y sucios calcetines.

Además, Edward quería alistar su apartamento para mí cuando me mudara al final del mes. Estaba guardando mis muebles en una bodega hasta que encontráramos una casa donde mudarnos juntos. Actualmente me encontraba sentada en la cama de Alice mientras ella empacaba su armario. Abrazaba su almohada con tristeza.

—Te voy a extrañar, Pequeña.

—Dios, ¿tú también? —se rio—. Desde que Edward empezó a decirme así, todos me dicen "Pequeña".

—Eres diminuta —me burlé—. Todavía no puedo creer que te vayas a mudar.

—Créelo, hermana —dijo con sarcasmo—. Ya fui a casa de Jasper y destruí la mayoría de sus muebles. Cuando me mude, compraremos todo nuevo. También lo obligaré a fumigar y limpiar a profundidad el lugar. Amo a mi bebé, pero es un chico muy, muy desordenado.

—Edward es muy quisquilloso —dije.

—Lo sé. Casi llega al límite del trastorno obsesivo compulsivo. —Alice sonrió—. Pero tú eres igual. La verdad, tienes tus momentos de desorden. Aunque en su mayor parte también eres muy quisquillosa.

—Son mis tendencias de querer controlar todo —dije—. En fin, en serio voy a extrañarte, Alice.

—También te voy a extrañar, Bellarina —dijo al lanzarse hacia la cama, aplastándome en un abrazo—. Están sucediendo muchos cambios.

—Lo sé —respondí, correspondiéndole el abrazo—. Nos vamos a mudar, me voy a retirar del patinaje, mi carrera está en el aire…

—Me voy a mudar con Jasper, ya no tendré que vestirte para tus competencias, abriré una segunda tienda en Portland… —sonrió, sonrojándose de un profundo rojo.

—¿Cuándo pasó eso? —pregunté.

—Esta mañana acabo de recibir la preaprobación para el préstamo —susurró—. Sé que no eres diseñadora ni nada así, pero me encantaría tu punto de vista, Bella. Pero después de las competencias y todo eso.

—Me encantaría ayudarte —dije—. Pero antes de entrar de golpe a la tienda de Portland, quiero que diseñes un vestido estelar para nuestra exhibición en el Mundial. Edward y yo haremos una rutina nueva. Rose y yo escuchamos una canción muy hermosa en la radio. Comenzamos a coreografiarla en el carro y es maravillosa, Ali.

—¿Qué canción es?

A Thousand Years de Christina Perri —respondí—. Esa canción encaja muy bien para la última vez que patinemos.

—¿La tienes? —chilló Alice. Asentí y agarré mi iPod. Conectándolo a sus bocinas, escuchamos la canción. Los ojos de Alice se nublaron y su cara adoptó una expresión soñadora—. Ya puedo imaginar sus vestuarios, Bella. Serán muy mágicos y románticos. ¿Confías en mí?

—Sí, Alice —dije.

—Bien —respondió alegre.


*Pandilla de ratas fue el nombre con el que se conoció a un grupo de actores y músicos estadounidenses de la escena de Las Vegas.