Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Capítulo Treinta: Permiso y carreteras
EPOV
—Bella, volveré pronto. Tengo que hacer unos mandados. Es un día de práctica —dije mientras veía a mi novia. Estaba teniendo un momento de histeria. Había tenido muchos de esos desde que ESPN nos había nombrado los favoritos para ganar el oro en la Competencia Mundial.
—¡Pero necesitamos practicar! —dijo, sus ojos cafés se veían salvajes.
—Tú sientes dolor y yo tengo que hacer algunas cosas —dije firmemente—. Regresaré esta noche. Ve a relajarte con Alice y Rose. Tengan un día en el spa. Necesitas un poco de mimos. Un masaje… —Mi teléfono sonó, era Alice.
—¡Ya está hecho, Brit! —gritó en mi oreja—. Vamos de camino.
—¿Cómo demonios haces eso? —me burlé.
—Es un don —respondió—. ¡Hasta luego!
—Alice viene en camino con Rosalie —dije—. Te relajarás y lo disfrutarás, maldita sea.
Bella frunció el ceño y se dejó caer en el sofá. Cruzó los brazos sobre el pecho.
—Detesto desperdiciar un día…
—No estamos desperdiciando un día. Te caíste ayer, Emmett y Jasper dijeron que deberías descansar hoy. Eso me dará oportunidad de hacer algunos encargos, hermosa —dije, arrodillándome frente a ella.
—¿Qué son esos elusivos encargos? —preguntó Bella, alzando una ceja.
—Algunas cosas para mi mamá —mentí—. Encontró un condominio en Seattle y necesita que haga unas cosas antes de que ella pueda firmar los papeles. —Era verdad. Sin embargo, el trato ya estaba hecho. La única cosa que mi mamá necesitaba hacer era cerrar la casa en Londres. Algo que no haría hasta después de la competencia mundial.
—Bien —suspiró—. Tal vez vuelva a ver la lista de casas en Mercer Island y Bellevue para la casa a la que nos queremos mudar. O más bien, a la que nos tenemos que mudar…
—Ahora nos entendemos —dije, besando sus suaves y carnosos labios—. Hubo unas cuantas que captaron mi atención y siento curiosidad por saber si tenemos los mismos gustos en casas.
—Bien —dijo, rodeándome el cuello con los brazos—. Lo siento, cielo. Es que estoy estresada.
—Lo sé. Yo también lo estoy, pero es lo que es —dije, masajeando su espalda y hombros—. Tenemos poco más de un mes antes de la competencia mundial. Nuestras rutinas son sólidas y solo tenemos que retocar la rutina de la exhibición. Respira, amor. Solo respira. —Asintió y me besó la nariz. Me paré y me dirigí a la puerta—. Llámame si me necesitas, hermosa. Regresaré esta noche. Lo prometo. —Bella se despidió con la mano cuando salí de mi/nuestro apartamento. Ya estaba abajo en mi carro cuando mi celular sonó en mi bolsillo.
Lo siento, Edward. Intentaré relajarme. Oh, y te amo ;) – Bell
Te amo más, Bell – Brit
Saliendo en reversa de mi lugar, manejé hacia la tienda de Tiffany donde compré el anillo de promesa de Bella. Habían terminado ya su anillo de compromiso y estaba listo para recogerlo. Después de esa parada, iría a Forks para pedirle oficialmente a Charlie la mano de Bella en matrimonio. La verdad me estaba alterando. Le agradaba a Charlie. Lo sabía. Sin embargo, le iba a preguntar si podía casarme con su hija. Esencialmente era permiso para tener sexo con ella y hacer nietos con ella.
Por favor, no le dispares al mensajero. Nos agrada. Es un buen crío. También puede fertilizar para tener críos.
No quería ser tiro al blanco del jefe de policía de Forks. ¿Y en serio? ¿Fertilizar para tener críos?
Pídelo amablemente, Eddy.
Pagué el total del anillo de compromiso y el vendedor me entregó la preciosa pieza de joyería que haría que Bella fuera mi esposa. Era un anillo con tres diamantes y un total de casi catorce quilates de diamantes puesto sobre platino. En la banda estaban grabadas nuestras iniciales y mi amor por ella.
I.M.S + E.A.M te amo para siempre. Solo tú+yo.
Era infantil y tonto, pero necesitaba añadir eso a su anillo de compromiso. Éramos Bella y yo contra el mundo. Con ella de mi lado, seríamos imparables.
El vendedor envolvió el anillo y salí de la tienda. Programando el Departamento de Policía de Forks en el GPS, me dirigí hacia el camino de tres horas que llevaba al pueblo donde nació Bella. Pronto estaba deteniéndome en el estacionamiento de visitantes del departamento de policía para dirigirme hacia adentro.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó una señora mayor.
—Um, sí. ¿Charlie Swan está disponible? —pregunté.
—Espera, dulzura. —Me guiñó—. Déjame llamar a su oficina. —Agarró el teléfono y marcó unos números—. ¿Charlie? Hay un jovencito aquí que quiere verte… no, no es uno de esos vagos que trajiste la semana pasada por manejar en el lado incorrecto de la carretera, hasta el techo con hongos… ojos verdes, cabello café rojizo, ¿tiene acento? Oh, claro. —Colgó y me sonrió—. Puedes pasar. Cruza la puerta y es la segunda puerta hacia la izquierda, dulzura.
—Gracias —dije al pasar hacia la parte trasera de la oficina. Caminé por un diminuto pasillo hasta que llegué a la oficina de Charlie. Estaba tecleando lentamente en una computadora extremadamente vieja—. ¿Charlie?
—Hola, Edward —dijo, haciendo un gesto para pasar—. Malditas computadoras. Las odio. No puedo teclear ni para salvar mi vida y este programa nuevo no funciona en este pedazo de basura. —Golpeó la pantalla de la computadora con un gruñido.
—¿Qué programa? —pregunté.
—Un programa de reconocimiento facial que siempre se congela —le espetó Charlie a la computadora.
—Creo que el problema es que la computadora está a un paso de ser una losa de roca y un cincel —bromeé.
—Cierra la boca. Forks está en una pequeña crisis financiera —dijo Charlie al apagar la pantalla—. Tendré que contactar al alcalde para que nos actualice el sistema de computadoras. Y bien, ¿qué sucede? ¿Bella está bien?
—Está bien. Perfecta, en realidad —dije al sentarme, jugueteando con la orilla de mi camiseta. Charlie alzó una ceja. Maldición, es bueno—. Es un manojo de nervios.
—Se pone así antes de competencias grandes. ¿Por qué no están patinando hoy?
—Se cayó ayer y hoy la "enviaron a la banca". Decidí usar el tiempo para hacer unos mandados —respondí.
—¿Como hablar conmigo? —Charlie se rio entre dientes.
—Um, sí. —Me sonrojé—. Charlie, sé que Bella y yo no hemos estado juntos por mucho tiempo, pero quería hablar contigo sobre mis intenciones con tu hija. La amo. Muchísimo. Ella sanó una parte de mi corazón que creí haber perdido para siempre cuando mi propio padre falleció. Es inteligente, hermosa, amable y todo lo que siempre había esperado tener en una pareja, una novia, una esposa… —Alcé los ojos hacia los de Charlie y sostuve su mirada—. Me gustaría mucho tener tu bendición para pedir la mano de Bella en matrimonio. Ella es todo mi mundo y quiero compartir todo lo que tengo para ofrecer con ella.
—Edward, tienes mi bendición y mi respeto —dijo Charlie en voz baja—. Se necesita valor para venir y hablar con el padre de la mujer que amas. Un padre que carga legalmente una pistola y puede hacerte desaparecer…
—Pero no lo harás —tragué.
—No. No lo haré. Bella me patearía el trasero con sus patines —se burló Charlie.
¡Sí! ¡Podremos fertilizar para tener críos! ¡Uju!
Cierren. La. Boca.
—Eres un buen hombre, Edward. Bueno para mi bebita. Las has ablandado y has hecho que vuelva a amar el patinaje. La ayudaste a encontrar su voz y estoy agradecido por eso. Ella siempre fue muy callada y dócil. Hacía lo que se le pedía, sin quejarse. Una parte de eso se debía al autoritario control que tenía Jacob sobre ella en el hielo y la presión de Renée por convertir a Bella en algo que honestamente no era.
—¿Qué era eso, Charlie?
—Alguien más grande que la vida misma —respondió Charlie—. Renée tenía grandes sueños para ella misma, luego nos embarazamos. Me resintió por ser estúpido al no "salirme". Yo estaba emocionado por ser papá, pero fui ingenuo cuando ella me dijo que estaba "protegida". Nueve meses después, tuvimos a Bella. Los padres de Renée exigieron que nos casáramos y eso hicimos. Sorprendentemente, hicimos que nuestro matrimonio funcionara hasta que te conocimos.
—Pero ¿ella quería más? O sea, Renée —pregunté.
—Sí —suspiró Charlie—. Vio la oportunidad de hacerlo funcionar con el talento que Bella tenía sobre el hielo. El glamur y el brillo de ser una atleta profesional. Nunca comprendí lo mucho que estaba manipulando la carrera de Bella para su propio beneficio hasta nuestro divorcio. En fin, ese asunto ya quedó olvidado. Renée está en la cárcel por ser una zorra y ahí se quedará. Indefinidamente, si de mí depende. Ahora, ¿cuándo planeas proponerle matrimonio a mi bebita?
—En la competencia mundial —respondí—. Después de nuestra última vez patinando.
—¿Ya tienes el anillo? —preguntó Charlie, su bigote se movió debajo de su nariz, intentando reprimir sus lágrimas.
—Lo recogí hoy antes de venir aquí —sonreí—. ¿Quieres verlo? —Asintió con emoción. Metí la mano al bolsillo y saqué la cajita. Abriéndola, se lo enseñé a Charlie. Jadeó en voz baja—. ¿Crees que le gustará?
—Se quejará y lamentará que gastaste mucho dinero, pero lo amará en secreto —murmuró Charlie con añoranza—. Cuando era más joven, a Bella siempre le gustaron los vestuarios brillantes de los patinadores. Entre más llamativo fuera su vestuario, más feliz estaba, eso hasta hace unos años. Pero creció. Demasiado rápido. Parece que fue solo ayer que usaba coletas y le faltaban los dos dientes de enfrente. Ahora es una mujer adulta a punto de comprometerse. Felicidades, Edward.
—Gracias, Charlie —dije al ponerme de pie. Extendí mi mano para darle un apretón. Agarró mi mano en la suya y me jaló a sus brazos para un torpe abrazo.
—Cuida a mi hijita, Edward —me susurró Charlie al oído—. Ella te ama mucho y no puedo imaginar a un hombre más maravilloso para que sea su esposo. —Me soltó y sonrió suavemente. Sin embargo, nuestro "momento" se vio interrumpido por el teléfono. Gruñó y contestó—. Swan… bien. Llegaré en diez minutos. Gracias. —Colgando el teléfono, se giró hacia mí—. Tengo que irme. Hay un altercado doméstico en la casa de los Greene, es el antiguo director de la escuela, pero lo despidieron porque estaba teniendo sexo con un exestudiante.
—Asco —gemí, arrugando la nariz—. Te dejaré, um, lidiar con eso. Buena suerte.
—Oh, no se necesita suerte. Es la ex señora Greene la que está pintando con aerosol en la puerta del garaje el tamaño de su pene y su falta de destreza en la cama. —Charlie se rio entre dientes—. Personalmente creo que es gracioso, pero es ilegal.
—¿Y lo que hizo el director no era ilegal?
—No. Él ya tenía la mayoría de edad y ya no era su estudiante —dijo Charlie.
—¿Dijiste "él"?
—Sí. Es por eso que Greene es el exdirector. Estaba teniendo sexo con un antiguo estudiante hombre de veinte años. Estaba avergonzado por su orientación sexual —dijo Charlie secamente—. Platicamos luego, Edward. Maneja con cuidado de regreso a Seattle.
—Lo haré, Charlie. Gracias —dije, siguiéndolo para salir de la oficina. Charlie le pidió los detalles a su secretaria y yo me dirigí a mi Volvo. Me salí del estacionamiento y me despedí de Charlie con un gesto de mano al pasar junto a él. Programé la dirección de mi apartamento en el GPS y le marqué a Bella en mi celular.
—Teléfono de Bella… esta es una Rosalie muy relajada respondiendo —se burló Rose.
—Hola, Rose. ¿Cómo está el spa? —pregunté.
—Relajante. Justo lo que el doctor, entrenador, terapeuta y coreógrafo ordenaron —suspiró—. ¿Buscas a tu chica?
—Esa sería la razón por la que llamo a su celular, Rose —dije inexpresivo.
—Supongo que puedo sacarla de su pedicura…
—¡Rosalie Lillian Hale! Dame el maldito teléfono —ladró Bella en la distancia. Rose se rio fuertemente—. Dios, le pedí que trajera mi bolso y se apoderó de mi teléfono.
—Pobre bebé —bromeé—. ¿Es un viaje relajante, amor?
—Mucho. La masajista convirtió mi cuerpo en gelatina. —Bella suspiró—. Incluso manipuló mis caderas y espalda baja para liberar un poco de tensión. Debería estar lista para ensayar mañana.
—Muy bien —sonreí. Mientras hablaba con mi chica, noté un destartalado y viejo Volkswagen Rabbit siguiéndome. O sea, estaba casi pegado a mí. Me sorprendía que fuera capaz de seguirme el ritmo ya que mi Volvo fácilmente marchaba a casi sesenta millas por hora, en dirección a la autopista. Bajé la velocidad con la esperanza de que este "demonio veloz" me rebasara, pero en lugar de eso me sonó el claxon—. Escucha, Bella. Tengo a un idiota detrás de mí. Te llamaré cuando me deshaga de esta peste.
—Bien. Ten cuidado, Edward —dijo Bella temblorosamente—. Te amo.
—También te amo. —Colgué y lancé mi teléfono al portavasos—. Aléjate, cabrón. —Bajé más la velocidad hasta que llegué a un lugar donde pararme para dejarlo pasar junto a mí. Lo cual hizo para después bloquearme la salida. Estacionó su carro en perpendicular al mío. El hombre que saltó del carro no era quien esperaba ver.
—Bájate al carajo de tu carro, Masen —espetó Jacob—. Necesitamos hablar.
Abrí la puerta, metiendo mi celular a mi bolsillo. Podía llamarle a Charlie si había problemas. Mi dedo se posó sobre la marcación rápida, estaba listo.
—¿Qué quieres, Black?
—Quiero hacer esto —dijo al echarse hacia atrás, apretando los puños. Con un puñetazo serpenteante, me pegó en la mandíbula y caí sobre el cofre de mi carro. Toqué el botón de marcado rápido y esperé a que Charlie contestara—. Eso es por robarme a Bella.
Me giré y lo fulminé con la mirada.
—Para empezar, ella no era tuya —espeté. La mandíbula me latía, pero ciertamente no dejaba que se notara en mi postura—. Jacob, métete a tu dura cabeza que ella nunca será tuya. ¿Quién te metió la idea de que alguna vez serían algo más que compañeros?
—Renée —dijo Jacob abatido—. Ella fue quien me dijo que podía hacer que Bella me amara.
—¿Cómo? ¿Menospreciándola y haciéndola sentir que no valía nada dentro y fuera del hielo? —gruñí—. Esa sí que es una forma infalible de conseguir el afecto de alguien.
—Tal vez debería intentar lo que tú hiciste… convencerla de abrirte las piernas —replicó Jacob con amargura—. Te la follas cada noche que puedes, ¿no? Apuesto a que es una buena follada. Un coñito lindo y apretado.
—No hables así de ella —dije, preparando mi cuerpo para lanzarme sobre Jacob si seguía faltándole al respeto a Bella—. Te convendría desaparecer de la faz de la tierra, Jacob. Bella nunca te querrá. Ella está conmigo, y lo estará para siempre. Nos amamos y punto.
—No puedes sobrevivir solo con amor —dijo Jacob al erguirse en toda su estatura. Caminó lentamente hacia mí—. Ambos se van a retirar. ¿Cómo vivirán? Bella no puede ser patinadora de espectáculos por su lesión… terminarán pobres y en la miseria. Yo puedo mantenerla.
—¿Con qué? Probablemente estás viviendo con tus padres y apenas puedes mantenerte con todas las facturas de abogados que tienes —me reí sombríamente—. Preocúpate por ti, Jacob Black. Sigue adelante con tu patética vida y déjanos en paz a Bella y a mí.
—Jacob Black, ¡no te muevas! —gritó Charlie al avanzar hacia donde estábamos. Ni siquiera lo había escuchado llegar. Charlie tenía la mano apoyada en su revólver.
—Aw, demonios —gruñó Jacob—. Solo estábamos hablando.
—El moretón en la mandíbula de Edward dice otra cosa —dijo Charlie gélidamente—. Estás acabado, Jacob. Violaste tu libertad condicional de Chicago al atacar a otro hombre. Un hombre que está relacionado directamente con la mujer que atacaste en Chicago. Serás extraditado de regreso a Chicago y te meterán a la cárcel. —Giró a Jacob y le puso unas esposas—. ¿Quieres presentar cargos, hijo?
—Sí, señor —sonreí.
—Bien. Jacob Black, estás bajo arresto por violencia, agresión, conducir mal y ser un jodido idiota. Tienes derecho a permanecer en silencio… —dijo Charlie con una enorme sonrisa en la cara, lanzando a Jacob al asiento trasero de su patrulla. Lo seguí de regreso a la estación y le di mi declaración a Charlie mientras Jacob estaba hecho una furia en la celda. La secretaria, Sue, me dio hielo para la mandíbula. Cuando terminé de dar mi declaración, Charlie contactó al detective asignado en el caso de Bella en Chicago. Como Charlie predijo, había violado su libertad condicional y esta fue revocada de forma inmediata. Un oficial tomaría un vuelo hacia acá para extraditarlo de regreso a Chicago para su juicio contra Bella en dos años.
Había una acumulación de casos. Una enorme acumulación.
Después de terminar mis asuntos en el Departamento de Policía de Forks, manejé de regreso a Seattle. Me reí con ganas al pasar junto a la grúa que estaba recogiendo el Rabbit de Jacob de un costado de la carretera. Al acelerar junto al lugar donde había tenido mi confrontación con Jacob, revisé mi teléfono.
Cinco llamadas perdidas. Treinta mensajes nuevos.
Mierda.
Marqué el número de Bella y me lo llevé a la oreja. Apenas sonó antes de escuchar la ansiosa voz de Bella.
—¡Edward Anthony Masen! ¿Estás bien? Por favor, dime que estás bien. ¿Edward?
—Respira, nena —dije—. Estoy bien.
—Qué bueno. Ahora puedo patearte el culo. ¿Dónde has estado? ¡Te he estado llame y llame! —gimió.
—Um tuve un enfrentamiento con Jacob Black —murmuré.
—Voy a matarlo. ¿Dónde están mis patines? Necesitan afilarse con las bolas de Jacob —gruñó.
—Tranquila, matona —la tranquilicé—. Actualmente está en una celda y será enviado de regreso a Chicago en el primer vuelo con uno de los mejores oficiales de Chicago. Yo llegaré en unas horas. Estoy terminando con papeleo antes de ser libre.
—¿Te lastimó? —preguntó Bella.
—Me dio un puñetazo en la mandíbula, pero estoy bien. Aunque sí tengo un buen moretón —dije, frotándome el mentón—. ¿Me darás un beso para curarlo?
—Oh, sí, cielo —ronroneó—. En fin, maneja con cuidado de regreso a casa. Te extraño, ¡y quiero enseñarte la casa que me encantó de las fotos! Si juntamos nuestros recursos, podemos comprarla.
—Genial, Bell. Hablamos pronto. Te amo.
—Te amo más.
xx FO xx
Al regresar al apartamento, Bella se lanzó a mis brazos y me rodeó el cuerpo con las piernas. Estaba muy ansiosa a causa de la preocupación. La calmé lo mejor que pude, dejé que me tocara y sintiera que era real. No me iría a ninguna parte. Esa noche hicimos el amor reverentemente. Sus labios acariciaron el moretón de mi mandíbula, intentando borrarlo de mi piel. Dolía más que nada, pero saber que Bella intentaba hacer desaparecer mi dolor hizo que mi corazón se hinchara un millón de veces más por ella.
Los siguientes días fueron un borrón de actividades en el apartamento y la pista. Alice había finalizado los diseños para nuestro vestuario de la exhibición. También habíamos terminado nuestra coreografía para la exhibición y pasábamos los ensayos ajustando nuestras rutinas.
Bella y yo también habíamos encontrado una casa de la que ambos nos enamoramos. Era una casa blanca en Mercer Island con un precioso jardín y una piscina interior. La casa era una mezcla de moderno, cómodo y "hogar". Bella se enamoró de la cocina. Demonios, también yo. También me enamoré de la enorme oficina en un lado de la sala, junto con la amplia antesala que contenía un piano de cola. Los dueños lo dejarían en la casa ya que era el producto de un desagradable divorcio. El esposo no quería transportarlo para sacarlo de la casa y la esposa lo detestaba ya que ahí es donde encontró a su exesposo follándose a su secretaria.
Bella dijo que nos quedaríamos con el piano si pagaban por barnizarlo y desinfectarlo.
¡Vendido!
Ahora nosotros podríamos hacer nuestra propia música en el piano.
Somos unos pervertidos…
Sí. Sí lo somos. Pero les encanta.
También a tu prometida le encantará… ¿cuándo dijiste que se lo pedirías?
Cierren la boca. En el Mundial, idiotas.
No era necesario decir que ahora éramos los orgullosos dueños de una casa nueva en Mercer Island, con todo y un piano de cola recién barnizado. Cerraríamos el trato una semana antes de irnos a Niza y nos mudaríamos a la casa en abril.
Hoy estábamos tomándonos un descanso de los entrenamientos y estábamos disfrutando de pasar un rato en el hielo con Jared y Liam. Él se estaba preparando para su primera competencia y espectáculo sobre hielo. Le rogó a Liam que nosotros pudiéramos verlo, estaba orgulloso del trabajo que había hecho. Estábamos en una buena posición, en lo que a entrenamientos respectaba, y aceptamos venir a verlo. La verdad me sorprendió que Bella dijera que vería a Jared sin tener que engatusarla. Parecía emocionada y en paz cuando habló con Jared sobre ver su rutina.
Estábamos parados sobre el hielo, hablando con Carlisle después de un corto ensayo con él. La voz emocionada de Jared llenó la pista mientras platicaba con Liam.
—… de verdad espero que les guste a Edward y Bella. ¿Crees que les gustará? ¿Y si no les gusta la canción? ¡Oh, no! No puedo olvidar los pasos… ¡Liam! ¿Qué sucederá si…?
—Jared, amigo, necesitas respirar. —Liam se rio entre dientes—. No vas a competir hoy. Hoy solo tendrás a dos amigos viendo tu rutina. Estoy seguro de que les va a encantar. Ve a atarte los patines y le daré tu música a Carlisle.
—¿Él también está aquí? —se lamentó Jared.
—Has causado una gran impresión en el muchacho —bromeé—. Qué bien, Carlisle.
—¿Qué le dijiste, Carlisle? —lo regañó Bella.
—Nada —dijo Carlisle, alzando las manos de forma defensiva. Liam patinó sobre el hielo y le entregó un disco a Carlisle—. ¿Qué le dijiste a ese niño?
—No le dije nada. Se le metió un bicho a la cabeza y ahora piensa que eres un entrenador presumido ya que trabajas con los campeones actuales de la Nacional de Parejas. —Guiñó Liam—. ¡Oye! Jared, vamos a bailar.
—Ya voy —dijo al patinar sobre el hielo—. Hola a todos.
—Hola, Jared. —Bella sonrió—. Estoy muy emocionada por ver tu rutina. ¿Cuándo es tu competencia?
—En dos semanas. Será mientras ustedes estén en Niza —respondió—. No cuando compitan, sino cuando estén llegando. ¿Por qué tienen que irse tan pronto?
—No queremos sufrir de jet lag y que eso pueda afectar nuestro desempeño —expliqué—. Hay una diferencia de once horas más en Niza. Básicamente es de noche mientras es de día aquí para nosotros. Nuestros cuerpos necesitan acostumbrarse al cambio de horario. Además, podremos relajarnos en una increíble casa alquilada por casi dos semanas.
—¿Todos se irán? —preguntó Jared.
—Sí. Incluido Liam —respondió Bella—. Sin embargo, él se irá después de tu competencia, Jared. Llegará allá el día que hagamos la presentación del programa corto.
—Quiero ir. —Jared hizo un puchero.
—Necesitas tener un pasaporte, pequeño —dijo Carlisle, despeinándole el cabello.
—Rayos —espetó Jared petulante.
—Jared, probablemente lo disfrutarás más en televisión —se rio Bella—. Además, se involucran muchas situaciones de "apúrate y espera". Ahora quiero verte realizar tu rutina. Vas a patinar con una de mis canciones favoritas.
—¿Conoces a los Rascal Flatts? ¿Life is a Highway? —preguntó emocionado. Bella sonrió y asintió feliz—. ¡De acuerdo! —Jared lanzó un puño al aire y patinó hacia lo que parecía ser su posición inicial. Todos patinamos hacia la orilla del hielo mientras Carlisle ponía el disco en el sistema de sonido. Cuando las primeras notas de la guitarra llenaron la pista, Jared, el hombre del espectáculo, apareció.
Se deslizó sobre el hielo sin esfuerzo alguno y su sonrisa era contagiosa. La rutina era retadora, pero divertida. Sus saltos eran sólidos y su secuencia de pies parecía ser natural. Al final de la rutina, Jared sostuvo su pose final y se giró expectante a vernos.
—¿Y bien?
—Jared, eso fue… —exhaló Bella.
—Malditamente fantástico —terminé—. Eres increíble, hombre.
—Jared, te hablo como entrenador y como alguien que conoce patinadores —comenzó Carlisle—. Eres la siguiente gran estrella. Si pules tus habilidades, te veremos en la Competencia Mundial dentro de unos años como competidor.
—¿En serio? —gritó Jared, saltando sobre sus cuchillas.
—¡Sí! —gritamos todos.
Patiné sobre el hielo y lo cargué. Sus brazos me rodearon el cuello y nos abrazamos.
—Gracias, Edward —me susurró Jared al oído—. Eres mi mejor amigo y el hombre que me ayudó a superar la muerte de mi papá. Espero no perderte nunca.
—Te prometo, Jared, que no me iré a ninguna parte —juré—. También eres uno de mis mejores amigos. Sé que no puedo estar en tu competencia, pero tienes que prometerme que en tu competencia harás lo que hiciste hoy sobre el hielo. Si lo haces, ganarás. Llámame, envíame un mensaje o una paloma mensajera cuando tengas los resultados, ¿entendido?
—Lo haré, Edward —dijo, abrazándome con más fuerza—. Tú haz lo mismo en el Mundial. Aunque saldrá en televisión.
—Lo haré —me reí.
—Y más te vale invitarme a tu boda —dijo, alzándome una ceja.
—¿Cómo? —pregunté, poniéndolo sobre el hielo—. La única persona que sabe es el papá de Bella.
—Y Alice. —Jared sonrió—. Me estaba midiendo el vestuario para mi competencia y soltó la sopa al decir que tienes un anillo.
—¿Y cómo lo encontró?
—Tenía que conseguir la talla de tu pantalón y entró a tu apartamento con el permiso de Bella. Encontró el anillo en tu armario enterrado entre unas pantaloneras —respondió Jared.
—Esa metiche —gruñí—. Pero te aseguro, Jared, que serás parte de la boda. Si no le dices ni una palabra a Bella. ¿De acuerdo?
—Tu secreto está a salvo conmigo —dijo, extendiendo su puño. Lo choqué con él y le despeiné el cabello.
