Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo Treinta y uno: La prisión y Niza, ¿acaso no es lindo?

BPOV

—Edward, no sé si puedo hacer esto —dije, retorciéndome las manos—. ¿Por qué demonios mi mamá quiere reunirse conmigo? ¿Y justo ahora?

—La verdad no lo sé, amor —dijo Edward al entrelazar sus dedos con los míos—. No saldrá de la prisión porque nadie pagará su fianza. Tal vez quiere expiar sus culpas.

Resoplé y le dediqué una mirada. Sí, claro.

—O podría ser una perra demente y chiflada. —Edward se encogió de hombros—. Estaré contigo, nena. Te lo prometo. No en la sala, pero estaré contigo. Solo respira.

—Bien —suspiré. Revisé mi reloj y sacudí la cabeza—. Tenemos que irnos. Las horas de visita son solo de una a cuatro.

—Entonces tenemos que terminar de empacar, amor. Nos iremos pasado mañana. —Edward sonrió—. Iremos a Niza. ¿Acaso no es lindo?

—Tonto —me reí entre dientes, poniendo los ojos en blanco. Edward agarró sus llaves y bajamos hacia su Volvo para manejar hasta la cárcel del condado donde tenían a Renée. Jugueteé con mi blusa color turquesa de camino a la cárcel. Eventualmente Edward entrelazó sus dedos con los míos para tranquilizarme. Le lancé una sonrisa de agradecimiento. Pronto nos encontrábamos estacionándonos en el lugar de visitas para entrar al edificio de la cárcel. Me acerqué a la recepcionista sentada en la entrada principal.

—Disculpe, estoy aquí para ver a Renée Higginbotham.

—¿Cuál es tu nombre? —preguntó, alzándome una ceja.

—Isabella Swan. Soy su… um… ella me está esperando —tartamudeé.

—Espera —respondió la recepcionista. Agarró el teléfono y marcó unos cuántos números—. Tengo una visita para Higginbotham. No es un abogado. Bien, gracias. —Después de colgar el teléfono la recepcionista volvió a verme—. Necesito ver tu licencia de conducir. También tienes que quitarte cualquier objeto filoso y toda la joyería, y ponerlos en el casillero que está girando la esquina. ¿Él entrará contigo?

—No. Solo yo —respondí en voz baja. Le entregué mi licencia de conducir y le tomó una foto para registrarla en el sistema. Luego me entregó un gafete que decía visitante en él, indicándome donde estaban los casilleros. Me quité el collar, el anillo de promesa y los aretes, y los deposité dentro del casillero. Edward me abrazó con fuerza mientras esperábamos a que me llevaran a la habitación o donde quiera que fuera a reunirme con Renée.

—¿Señorita Swan? Soy el oficial Johnson y yo voy a escoltarla para reunirse con Renée Higginbotham —dijo un hombre corpulento.

—Bien —dije. Besé a Edward, que fue a sentarse en la pequeña área de espera en el vestíbulo del edificio. Seguí al oficial Johnson a través de unos detectores de metal y por un laberinto de pasillos. Eventualmente me guio a una enorme sala con varias cámaras.

—Tome asiento, en un momento traen a Renée —explicó el oficial Johnson.

—¿Hay algún protocolo para esto? —pregunté.

—No debe tocar a la prisionera, ni ella tiene permitido tocarla. Si en algún momento se siente amenazada o incómoda, puede terminar su reunión. ¿Algo más?

—No. Creo que no —suspiré, sentándome en la incómoda banca en la mesa—. Gracias, oficial Johnson.

—De nada, señorita Swan —dijo al salir de la sala, supongo que para ir por mi mamá. Crucé las piernas y miré a la nada, analizando la austera habitación. Los únicos muebles eran la mesa que estaba en medio y las cámaras. Escuché voces y me giré hacia la puerta. Esta se abrió y el oficial Johnson guio a Renée dentro de la habitación. Tenía el cabello atado en una coleta desaliñada y parecía que tenía días sin lavárselo. No tenía nada de maquillaje en la cara y la verdad, se veía de mierda. Fue encadenada a la mesa. El oficial Johnson le dedicó una mirada de despedida y se fue.

—Hola, Renée —dije con tono gélido—. ¿Querías verme?

—Sí, Isabella —dijo de forma dócil—. Sé que nuestra relación está irrevocablemente arruinada, pero aun así tenía que decirte esto…

—¿No me vas a pedir que pague tu fianza? Porque no lo haré —espeté.

—No. No es eso —suspiró—. Solo quería explicarte por qué. Por qué te presioné.

—Por favor, Renée. Ilumíname —solté.

—No te hagas la lista conmigo, niña —gruñó Renée—. Sigo siendo tu madre.

—¿Necesito recordarte que puedo terminar con esto en cualquier momento? Eres tú la que está en la cárcel. Yo no —dije, poniéndome de pie y dirigiéndome a la puerta—. Y puede que me hayas parido, pero no eres mi madre.

Renée entrecerró los ojos. Su cara se sonrojó y se veía como si estuviera a punto de explotar. Moví la mano hacia el timbre para llamar la atención del oficial Johnson para que me llevara de regreso con Edward.

—¡Espera!

Me giré y la encaré con los brazos cruzados sobre el pecho. Alcé una ceja.

—Bien, bien —murmuró Renée abatida—. Isabella, te presioné porque quería que tuvieras el futuro que yo nunca tuve. Que siempre quise…

—¿Así que te convertirse en una perra cruel porque querías que yo tuviera un futuro? ¿Y si mi talento era cestería bajo el agua? —gruñí.

Renée dejó caer la cabeza, acomodándose la lacia coleta sobre el hombro.

—Isabella, antes de conocer a tu padre yo quería ir a Nueva York y convertirme en bailarina. Había tomado clases durante toda mi vida y me estaba preparando para una audición en Juilliard cuando Charles Swan se transfirió a la Preparatoria de Forks. Era el sueño de cada chica y, por alguna extraña razón, se interesó en mí. No lo creerías ahora, pero tu papá era muy apuesto cuando era más joven. Alto, moreno, guapo y peligroso.

—¿Peligroso? —pregunté.

—Era un poco un chico malo. Fumaba y metía alcohol a las fiestas. —Renée se encogió de hombros—. Sin embargo, todo eso cambió cuando su padre sufrió un grave accidente de autos que involucró a un conductor ebrio. El abuelo Swan ya no pudo usar sus piernas y poco después del accidente, perdió la voluntad de vivir. Murió mientras dormía cuando Charlie tenía dieciocho.

»Después de la muerte del papá de Charlie, se encerró en sí mismo y ya no hablaba con nadie. Sus coqueteos hacia mí prácticamente cesaron y yo volví a bailar en mi tiempo libre en lugar de estar con él, preparándome así para mi audición en Juilliard. Una noche, como tres meses después de la muerte del papá de Charlie, escuché algo en mi ventana. Pensé que era la rama de un árbol, pero era muy inconsistente. Abrí la ventana y vi a tu padre parado afuera de esta. Me rogó para hablar con él. Necesitaba un amigo y dijo que yo era la única a la que se sentía suficientemente cercano para platicar.

»Mi papá era muy estricto, así que bajé corriendo y llevé a Charlie a un cobertizo fuera de nuestra propiedad. En cuanto cerré las puertas, su boca estuvo sobre la mía y se disculpó por haber estado distante. Necesitaba tiempo para procesar la muerte de su papá. Lloró y me contó todo sobre cómo se sentía, sobre que su mamá apenas podía levantarse de la cama en las mañanas y cómo es que él tuvo que asumir el rol de protector y proveedor para su familia. También explicó que se convertiría en oficial de policía para prevenir que lo que le pasó a su papá volviera a suceder. Yo solo escuchaba, sostenía su mano y pasaba mis dedos a través de su cabello mientras él hablaba.

»Después de esa noche, Charlie y yo nos volvimos inseparables. Me acompañaba a clases, sostenía mi mano, me besaba tontamente y era la imagen del novio perfecto. En Acción de Gracias, mis padres invitaron a Charlie y su familia para la cena ya que se habían vuelto muy cercanos a tu abuela. En fin, después de la cena Charlie y yo hicimos el amor. Nos entregamos nuestras virginidades y fue muy especial —dijo Renée con una mirada soñadora en los ojos.

»Después de esa noche parecíamos conejos calenturientos. Hacíamos el amor tan seguido como podíamos sin ser atrapados por nuestros padres. Finalmente llegó el día que iba a ir a audicionar a Juilliard, pero estaba muy enferma. Apenas podía retener la comida y me sentía muy mareada. Mi mamá estaba preocupada por mí, pero de todas formas me llevó a la audición. Charlie estaba en el asiento trasero, apoyándome, ya que no había tenido que trabajar ese día. Al subir al escenario, me preparé para mi audición, pero al posicionarme para mi giro inicial, colapsé. Me desmayé. Quedé inconsciente. Me desperté en el hospital con mi madre mirándome como si fuera una enorme decepción. Estaba embarazada. Mis sueños de ir a Juilliard desaparecieron ya que había quedado embarazada.

»Salimos del hospital y mi mamá dejó a Charlie en su casa. Él estaba aterrado en ese momento. Igual yo. Cuando entré a casa, mis padres me regañaron por tomar tan malas decisiones y por no tener más cuidado. No había tenido un período regular en años debido al baile. Supuse que estaba segura. Charlie también se salía antes de… ya sabes. Mi mamá quería que abortara. Mi papá, que estaba muy en contra del aborto, me dijo que diera al bebé en adopción. Le conté a Charlie mis opciones y dijo que podríamos criar al bebé juntos. Ser una familia.

»La noche siguiente, Charlie llegó a mi casa usando su mejor traje. Estaba temblando como hoja, pero le preguntó a mi padre si podía casarse conmigo. Necesitaba hacerse responsable de sus acciones. Mi papá se sorprendió y dijo que podíamos casarnos, pero que tendría que ser antes de que naciera el bebé y de que se me notara el embarazo. También estipuló que ambos teníamos que terminar la preparatoria. Solos nos quedaban unos pocos meses, así que aceptamos. Tuvimos una pequeña ceremonia civil en mi patio trasero. Charlie y yo nos mudamos a un departamento diminuto después de la preparatoria mientras él asistía a la academia de policía. Yo conseguí trabajo como cajera en el Thriftway hasta que di a luz. A ti.

—Entonces, ¿arruiné tus sueños de convertirte en bailarina? —espeté—. Existían los condones en ese entonces, sabes. Se pudieron haber evitado toda esta angustia.

—Bella, mis sueños de convertirme en bailarina terminaron cuando me embaracé de ti, pero quería que tú tuvieras el futuro que yo no tuve. Es por eso que te presioné para convertirte en patinadora. Tienes un millón de veces más el talento que yo tenía como bailarina. Tienes gracia, porte y poder. Creí que llegarías lejos con Jacob…

—Ya viste cómo resultó eso —dije, cruzando los brazos sobre mi pecho—. Él me hacía sentir así de grande, Renée. —Sostuve mis dedos a centímetros de distancia—. Muy pequeña. No era gentil. Es debido a él y a su incapacidad de dejarme sanar que tengo que retirarme después de esta temporada. Tú obtuviste ilegalmente mi historial médico. Viste el daño en mis caderas y espalda baja. Todo eso es debido a Jacob.

—No todo —dijo Renée.

—No. Es por él que tengo este daño. Es por ti que tenía miedo de hablar cuando estaba lastimada, sabiendo que te echarías sobre mí por ser floja. Amo este deporte. Muchísimo, y me encantaría practicarlo durante el resto de mi vida. Ahora eso no es posible. Después de mi última vez patinando en la Competencia Mundial, voy a colgar los patines como competidora y seguiré viviendo mi vida. Con Edward, Charlie y mi familia. Eso ya no te incluye, Renée. Cavaste tu tumba, ahora túmbate en ella.

—Ahora lo comprendo —dijo, encogiéndose en la banca—. He arruinado la única cosa buena de mi vida, Bella. Eso eres tú.

—Pues ya es demasiado tarde, Renée. Necesitas dejar de ser tan egoísta y tal vez si comprendes lo que me hiciste y te disculpas; si te disculpas de verdad, no solo escupir las palabras que crees que quiero oír, entonces hablaremos. Hasta entonces, disfruta tu tiempo aquí en la cárcel. Te dará la oportunidad de madurar ya que nunca lo hiciste cuando tenías dieciocho. —Me giré y toqué el timbre. En pocos segundos el oficial Johnson abrió la puerta. Salí de la sofocante habitación sin mirar a mi madre, que sollozaba descontroladamente en la mesa.

Un oficial distinto me guio a recepción y le entregó mi pase de visitante a la recepcionista. Agarré mi joyería y mi licencia de conducir del casillero, y me giré hacia Edward. Él me estaba viendo, sus ojos verdes estaban llenos de preocupación. Tomó mi mano. Juntos caminamos hacia su carro. Las lágrimas amenazaban con derramarse por mis mejillas.

—¿Amor? —preguntó Edward, acariciando mi mandíbula. Cerré los ojos y caí en sus brazos. Los sollozos que estaba conteniendo explotaron de mi cuerpo al desmoronarme en sus brazos. No dijo nada. Solo me abrazó y se meció conmigo, susurrando palabras de amor y devoción.

No supe cuánto tiempo pasamos en los brazos del otro, pero eventualmente me aparté. Había una enorme mancha de lágrimas y rímel en su camisa azul clarito. Ver eso me hizo llorar todavía más. Había arruinado su camisa.

—Lo siento —sollocé.

—¿Por qué te estás disculpando? —preguntó Edward, aplastándome contra su musculoso pecho.

—Arruiné tu camisa —lloré, aferrándome con fuerza a sus brazos.

—Bella, es una camisa —se rio entre dientes—. Estoy más preocupado por ti. Habla conmigo, amor.

—¿Podemos subirnos al carro? —sollocé, limpiándome la cara—. Tengo frío.

—Por supuesto —dijo, y me ayudó a subirme a su Volvo. Corrió hacia el otro lado y encendió el carro. Prendiendo la calefacción, Edward salió de reversa del estacionamiento de visitantes y manejamos de regreso a nuestro apartamento. Sostuve la mano de Edward en el carro, pero no dije nada. Estaba intentando formular y entender lo que mi madre había dicho. Lo que yo le había dicho en respuesta…

Regresamos a su apartamento y subimos en elevador. Ya una vez dentro, fui a ponerme ropa cómoda antes de hablar con él. Edward se puso una pantalonera deportiva y una Henley de manga larga. Yo me puse un pantalón de yoga y una de sus enormes sudaderas que parecía un vestido en mí. Me llevó a su cama y me obligó a acostarme.

—¿Qué sucedió? —preguntó en voz baja, rodeándome con sus brazos.

—Me dijo que esencialmente había arruinado su carrera de bailarina y que el que yo fuera patinadora era su forma de recuperar su sueño —dije, arrugando la nariz—. También me contó sobre su relación con Charlie antes de que yo naciera. Esa parte fue dulce, pero me enojó mucho que me culpara por perder su carrera de bailarina.

—No sabía que era bailarina —murmuró Edward—. Entonces, ¿básicamente te hizo sentir culpable?

—Así es. Estaba intentando ayudarme a entender por qué era tan dura conmigo —sollocé—. A la larga, he perdido a mi madre. No puedo soportar estar cerca de ella o incluso pensar en ella. Me lastimó en tantas formas que estoy mejor sin ella. ¿Sabes?

—Todavía no la des por perdida —dijo Edward sabiamente—. Ahora te sientes herida, pero puede que quieras reparar ese puente entre tu madre y tú después de que hayas tenido un poco de distancia y perspectiva.

—Posiblemente —suspiré—. Solo que no pronto.

—¿Sabes cuándo saldrá de la cárcel?

—No sé. Honestamente no me importa —dije, acurrucándome en sus brazos—. ¿Podemos tomar una siesta, Edward? Estoy cansada.

—Puedo imaginarlo, nena. Debes estar emocionalmente exhausta —me arrulló Edward mientras acariciaba mi cabello—. Solo cierra los ojos y descansa, amor. —Asentí y posé mi cabeza sobre su corazón. Tarareó en voz baja mientras yo me dejaba llevar por el sueño.

Dormí de corrido hasta la mañana siguiente. Edward seguía dormido cuando me desperté y le preparé el desayuno antes de nuestro último ensayo en Seattle. Después de eso, iríamos a cerrar el trato de nuestra casa en la tarde. En la noche, terminaríamos de empacar para nuestras casi dos semanas en Niza. Las pasaríamos en una enorme casa a casi una hora de distancia de la locura en la ciudad. Edward había insistido en eso. Además, también toda nuestra comitiva se quedaría con nosotros.

Después del desayuno, Edward y yo nos pusimos la ropa de entrenamiento para dirigirnos a la pista. Hoy solo ensayaríamos los dos programas de la competencia y recibiríamos comentarios de Carlisle y Rose. Haríamos ajustes en base a los comentarios cuando voláramos hacia Niza.

Terminamos el ensayo y repasamos los comentarios con Carlisle y Rose. Teníamos que hacer algunos cambios pequeños en el programa corto, pero todo lo demás estaba en orden. Salimos a comer con Carlisle y Rose antes de manejar hacia el edificio donde firmaríamos para entregar nuestras vidas por la casa que compraríamos.

Al juntar nuestros recursos, Edward y yo podríamos comprar la casa de contado. Nada de hipotecas. Habíamos combinado nuestras finanzas y en la cartera de Edward estaba un cheque al portador por el total del costo de la casa. Muchas firmas y un caso severo de calambre de escritor después, ya teníamos en nuestra posesión una hermosa casa en Mercer Island. Desafortunadamente, no teníamos tiempo para celebrar ya que teníamos que ir a casa a empacar. Aunque sí dimos un recorrido. Edward me miró cuando pasamos junto al piano, sus ojos se oscurecieron. Me reí y lo dejé con sus fantasías.

Hoy no, amigo. El útero está asqueroso.

Perdónenme por tener el maldito periodo. Tengo cuatro por año.

Aun así. Apesta. Y nada de momentos sexys, felices y divertidos con el musculoso Brit.

Podríamos hacer el amor con él.

Ewww… no, gracias. Es asqueroso.

Por primera vez en mi vida, estaba de acuerdo. Gracias a Dios.

El resto de la tarde y la primera parte del día siguiente lo pasamos empacando. Yo me sentía nerviosa mientras que Edward era la imagen de la tranquilidad. Quería ahorcarlo. Él estaba muy relajado mientras que yo entraba en pánico al pensar en olvidar algo.

Como mis patines.

Él me jaló a sus brazos cuando despotricaba y desvariaba como lunática, y me sacudió. Lo miré enfadada cuando se cayó en un ataque de risa. Volví a ser una persona loca hasta que estuvimos en la limusina de camino al aeropuerto. Todos vendrían con nosotros con excepción de Liam. Él volaría después ya que tenía que estar en la competencia de Jared. Liam llegaría la mañana del programa corto.

El vuelo fue largo y no pude dormirme como el resto de nuestro grupo. Estaba demasiado acelerada. Intenté leer. Escuchar música. Todo para calmar mi hiperactivo cerebro, pero nada funcionó en realidad. Así que solo apoyé la cabeza en el hombro de Edward mientras él dormía. Once horas después de despegar, el avión tocó tierra en Niza.

Durante el viaje a la mansión rentada, finalmente me quedé dormida con la cabeza en el regazo de Edward. Su toque tranquilizante, el pasar de sus dedos entre mi cabello, me arrulló en un profundo sueño. Vagamente recordaba haber sido cargada y llevada a la casa antes de dormirme sobre el suave colchón que tenía debajo de mí.

xx FO xx

—¿Ya supiste algo de Jared? —pregunté. Estábamos manejando de regreso de un ensayo largo en la pista justo afuera del pueblo donde nos estábamos quedando—. ¡Él ya debe saberlo!

—Relájate, amor. —Edward se rio entre dientes al revisar su celular—. Todavía nada. Jared me llamará cuando termine.

—Bien. —Hice un puchero. Edward nos llevó a una pequeña cafetería cerca de donde nos estábamos quedando. Se había convertido en nuestro pequeño ritual ir y compartir un baguette con queso y una botella de vino tinto. En serio, esa mierda era la cosa más deliciosa del mundo. Me sentía escéptica cuando Edward lo sugirió ya que detestaba el vino tinto. Pero confiaba en él ya que solía ir de vacaciones con su familia a Niza cuando era más joven. Había adquirido su amor por los excelentes vinos tintos debido a esos viajes.

Ahora estaba de acuerdo con él.

En serio quería comprar un viñedo en Francia solo para poder disfrutar del fantástico vino tinto.

Edward estacionó el carro y entramos. Edward entrelazó sus dedos con los míos.

Bonjour. Mon amie et j'aimerais placer de l'ordre de nourriture?

Bien sûr, monsieur. Qu'aimeriez-vous? —preguntó la joven que estaba detrás del mostrador.

Une grande miche de pain, quelque brie avec le miel et une bouteille de vin rouge, s'il vous plait —respondió Edward.

Aimeriez-vous quelque saucisson avec cela, monsieur?

Oui —respondió Edward—. Et quelque gâteau au chocolat. Nous avons travaillé hors aujourd'hui et avons beaucoup besoin de quelques calories supplémentaires.

Bien sûr, monsieur. Je ferai entrer votre ordre hors juste quelques moments. S'il vous plaît, avoir un siege.

Merci. —Edward sonrió.

¿Puede hablarnos así en la cama? ¡Hazlo decir "fóllame más fuerte" en francés, chica!

Um, ¡demonios, sí!

—¿Bella? Me estás mirando como si fuera un filete. —Edward se rio entre dientes.

—Lo siento, cielo. Es que cuando hablas francés me pongo muy efusiva —me reí—. ¿Qué dijiste?

—Básicamente ordené pan, queso, vino tinto y pastel de chocolate para nosotros —sonrió—. ¿Cuando hablo francés te pones efusiva? ¿Qué demonios significa eso?

—Significa que quiero saltarte encima —resoplé. Me incliné y siseé en su oído—. ¿Cómo se dice "fóllame" en francés?

Me baiser fort —ronroneó—. Mais, je ne veux pas a la baise vous fort. Je veux que l'adoration et chérit votre corps, Isabella. Je veux vous aimer à jamais. Vous épouser. Faire des bébés avec vous. Je le veux tous avec vous, mon seul amor.

—Bien, mis bragas explotaron espontáneamente —ronroneé—. ¿Qué dijiste?

—Lo sabrás muy pronto —dijo, besándome suavemente.

Monsieur, voici votre ordre. Ce sera 37 euros. Apprécier votre repas —dijo la joven al poner una bandeja frente a nosotros—. Merci!

Non, merci, mademoiselle —dijo Edward al entregarle cincuenta euros—. Garder le changement.

Merci, monsieur —sonrió al dejarnos para comer nuestra comida.

Edward cortó el pan y empezamos a comer el pan caliente y el queso endulzado. Estaba todo muy tranquilo, lo cual era un cambio muy bien recibido de los momentos que estábamos en la casa. Rose y Emmett se habían reconciliado de su pelea en Fahrenheit y eran muy ruidosos. Además, creía que habían roto la cabecera de la cama debido a su excitación. Alice se estaba convirtiendo en una pequeña Hitler del patinaje con todas las reglas que tenía para nuestros vestuarios.

Que Dios te ayude cuando te cases, Bella. Estará en el paraíso de los controladores.

¿Casarme? ¿De dónde demonios salió eso?

Acéptalo. Quieres ser la señora de Edward Masen. ¿Cierto?

Lo acepto.

Je, "Lo acepto". Aquí viene la novia… vestida de blanco…

Pero ¿Edward quiere eso?

Por supuesto que sí. Quiero decir, en serio. ¿Acaso no ves la forma en que te mira? ¿Cómo te adora? ¿En serio eres tan cabezota, Swan?

Tal vez.

—Bella, estás en las nubes, amor —dijo Edward al beber su vino.

—Perdón, solo pensaba —dije, limpiándome los labios. El celular de Edward sonó desde su lugar en la mesa. Salté de mi asiento y casi me caigo de culo en el adoquín.

—Jesús, Bell. Relájate. —Edward se rio entre dientes. Miró su teléfono—. Es Jared. Voy a ponerlo en altavoz, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —dije al acomodarme en la silla.

—¿Hola? —dijo Edward, poniendo el teléfono entre nosotros.

—¿Edward? ¡Soy yo! Jared —anunció—. ¿Qué tal está Niza? ¿Es lindo?

—Ugh, no tú también —gemí.

—Edward me dijo que lo dijera —se carcajeó Jared—. Pero en serio, ¿qué tal todo?

—Es hermoso, pequeño. Bella y yo estamos sentados en una cafetería al aire libre, compartiendo un baguette y bebiendo un delicioso vino tinto.

—¡Genial! —dijo Jared con emoción.

—Bien, Jared. Necesito saberlo. ¿Cómo te fue? —rogué—. Le he estado preguntando cada cinco minutos a Edward si ya llamaste y he estado esperando con ansias.

—¡Gané! —exclamó Jared.

—¿De verdad? —Edward sonrió—. ¿Qué pasó? Cuéntanos todo. —Jared describió toda la competencia, desde su calentamiento hasta su última reverencia después de recibir la medalla de oro. La emoción en su voz era evidente mientras compartía todo lo que había sucedido la noche anterior—. Pequeño, cuando regresemos, Bella y yo te llevaremos a cenar para celebrar tu victoria.

—¡Genial! ¿Puedo elegir el lugar? —preguntó Jared.

—Claro, Jared —respondí.

—¡Genial! Miren, tengo que irme. Liam está empacando para irse a Niza en unas horas, pero quería que llamara usando su teléfono ya que él tiene un plan internacional. Les avisaré a dónde quiero ir a cenar, ¿de acuerdo?

—Suena bien, Jared. —Edward sonrió.

—Oh, y Liam quería que les dijera que Charlie irá con él —explicó Jared.

—¿Qué? —chillé—. ¿Cómo es posible? Jared, ¿podemos hablar con Liam?

—Claro, Bella —dijo Jared mientras le gritaba a Liam.

—Bella, antes de que te alteres —la persuadió Liam—. Charlie quería irse conmigo. Cambió sus turnos para poder estar ahí durante toda la competencia. Se acercó a mí y yo solo lo hice posible. Así que, si quieres gritarle a alguien, grítame a mí.

—Mi papá no puede pagar los boletos. —Hice un puchero.

—Es un regalo adelantado del día de los padres. —Edward sonrió.

—Bella, cariño, por mucho que me encantaría discutir contigo sobre esto, tengo que irme. La limusina llegará en unos minutos y todavía no tengo calzoncillos en la maleta —bramó Liam.

—Asco, Liam —dijo Edward, arrugando la nariz—. Ve. Empaca tu ropa interior, idiota.

—¡Adiós! —cantó al colgar la llamada.

—¿Lo sabías? —pregunté.

—Liam me dijo que Charlie lo llamó para poder sorprenderte en tu última competencia. Sin embargo, no quería esperanzarte si al final no podía lograrlo en cuanto al dinero, si no podía conseguir el pasaporte o si no podía cambiar los turnos. En fin, Liam dijo que Charlie había conseguido el tiempo libre, pero que el costo era muy grande. Lo llamé y le dije que necesitaba darle un regalo del día del padre ya que es el padre de la mujer de mis sueños…

—Edward —gruñí.

—Él lo aceptó. Sin embargo, dijo que tenía que ir a pescar con él antes de que mis estudios de medicina se pusieran pesados —se burló Edward—. Acepté y Charlie tiene ahora boletos de primera clase hacia Niza. ¿No es lindo?

—No me hagas ahorcarte, Edward Anthony Masen —dije, fulminándolo juguetonamente con la mirada.

—Me amas. Admítelo —dijo Edward al meterse un pedazo de pan a la boca.

—Sí te amo, pero yo pude haber pagado los boletos de mi papá. —Hice un puchero.

—Él quería sorprenderte. Y funcionó, ¿no? —dijo Edward, tomando mi mano en la suya.

—Así es —suspiré—. Supongo que no puedo enojarme mucho. Mi papi vendrá a verme patinar en la Competencia Mundial. Nunca antes ha podido venir. La falta de pasaporte y un horario ocupado de trabajo lo impedían. ¿Hablando de pasaportes?

—Tramitó uno cerca de Navidad, alrededor del tiempo en que estabas indecisa sobre retirarte. Pagó extra para que lo expeditaran y supongo que funcionó. —Edward se encogió de hombros.

—¿Cómo sabes todo esto? ¿Eres el mejor amigo de mi papá?

—Somos así de cercanos. —Edward se rio entre dientes, entrelazando dos de sus dedos—. Somos uña y carne.

—Al menos le agradas —sonreí.

—Es más que solo agradarle. Me quiere —dijo Edward con su sonrisa torcida. Mientras hablaba conmigo, la mesera entregó un enorme pedazo de pastel de chocolate—. Merci beaucoup, mademoiselle.

De rien —respondió ella y se fue.

Edward me entregó un tenedor y empezamos a comer el húmedo y delicioso pastel. Sabía increíble, y era justo lo que el doctor había recetado. Bueno, no en realidad. Sabía que Jasper me patearía el culo por comer algo con tantas calorías estando tan cerca de una competencia tan grande, pero necesitábamos esto. La locura empezaría mañana. Bueno, para nosotros estaría empezando. Recibiríamos nuestra posición en el orden de presentación. El programa corto se realizaría en dos días. Además de eso, mañana tendríamos nuestro último ensayo en el hielo antes del programa corto. Sería la única vez que entraríamos al recinto antes de la presentación verdadera.

Terminamos nuestro pastel y Edward me jaló a su regazo mientras bebíamos el resto de nuestro vino. Estaba cansada y comenzaba a dormitar en los brazos de Edward. Me cargó en sus brazos y me llevó al carro rentado: un Aston Martin Vanquish. Pensé que él estaba siendo muy derrochador, pero insistió en que era un increíble carro. Nos llevó de regreso a la mansión. Una vez ahí, nos bañamos juntos e hicimos el amor contra la pared de azulejos antes de meternos a la cama.

La mañana siguiente llegó temprano con Carlisle entrando a la habitación. Edward tenía una ligera resaca por el vino que habíamos bebido la noche anterior. Nos contó muy emocionado que estábamos en el último grupo a presentarse para el programa corto. Yo estaba emocionada mientras que Edward se mostraba tan emocionado como su cerebro medio despierto le permitía estar. Cuando Carlisle se fue, me levanté y me vestí para nuestro ensayo mientras Edward colapsaba de nuevo en la cama, pasándose el brazo sobre los ojos. Me sentía mal por el pobrecito. Era más grande que yo, pero beberse tres cuartas partes de una botella de vino de dos litros te daría una paliza. Le llevé un litro de agua a Edward, una taza de café y tres ibuprofenos. Se tomó animadamente las píldoras con toda la botella de agua antes de girarse hacia el café. Con un beso en mi mejilla, caminó descalzo hacia el baño para ducharse y despertar.

Mientras esperaba a Edward, revisé mi mochila de patinaje para ver que estuvieran todas las cosas necesarias para nuestro ensayo de hoy. Maggie, la ex coreógrafa de Edward, iba a estar ahí con otra pareja de patinadores, pero dijo que vería nuestro programa corto. Además de eso, íbamos a realizar nuestro programa corto finalizado implementando los cambios que Carlisle y Rose habían sugerido antes de dejar Seattle.

Edward salió unos minutos después, ya se veía mejor. Sus ojos verdes brillaban y no estaba tan pálido. Manejamos hacia el recinto en la SUV que Carlisle había rentado para el tiempo que estuviéramos aquí y salimos al hielo. Teníamos las credenciales colgando del cuello hasta que entramos al hielo. El ensayo salió increíble y Maggie se mostró asombrada por nuestro programa corto. No podía decir mucho ya que estaba ahí con otra pareja, pero podías notar que estaba encantada con lo que habíamos hecho. Dijo que no podía esperar para ver el resultado final, completo con cabello, vestuarios y maquillaje, el día de mañana.

Después de nuestro repaso, nuestros amigos nos consintieron con un tratamiento de spa para Edward y para mí para relajarnos antes de nuestro último programa corto como pareja. Nos dieron masajes. Luego Edward se fue a un masaje de piedras calientes mientras yo recibía mimos femeninos en forma de pedicura, manicura y depilación de cuerpo completo. Después, volvimos a reunirnos y fuimos a cortarnos el pelo, además de que a mí me lo secaron. Tres horas más tarde, salimos del spa relajados y en la gloria. Bien, yo no me sentía tan en la gloria. Mis partes femeninas me estaban reclamando por haber sido depiladas.

Al llegar a casa, nuestros amigos y familia nos cocinaron una comida gourmet. Cada uno preparó su mejor platillo para desearnos suerte antes de patinar. Luego vimos videos de algunas de nuestras peores rutinas para reírnos. Mi favorita era una donde Edward llevaba un ajustado leotardo color azul eléctrico con su salchicha y huevos exhibiéndose de manera destacada. Él se puso de muchas tonalidades de rojo mientras lo veíamos patinar con Tanya, que llevaba un vestido a juego que no la favorecía para nada.

El favorito de Edward fue de mi fase de brillos. Mi vestuario tenía tantos malditos brillos y mi cabello tenía fácilmente tres veces su tamaño. Jacob y yo estábamos patinando para una exhibición con Dancing Queen. Él llevaba un chándal blanco con la camisa desabotonada hasta el vientre. Mi vestido con brillos blancos era absolutamente cegador. La rutina era muy divertida, pero los vestuarios distraían de esos elementos.

Una vez que terminó nuestro viaje por el camino de los recuerdos, Carlisle abrió una botella de champaña y les sirvió una copa a todos.

—Ahora, Edward y Bella, esto es algo que no hago normalmente, pero siento que es importante. Quiero que sepan que hoy, esta noche, sin importar cuál sea el resultado de la competencia, me siento increíblemente orgulloso de ustedes. Ante mis ojos, ambos son ganadores de la medalla de oro y me siento honrado de ser su entrenador. ¡Salud! —Le dio un trago a su champaña y se giró hacia Esme, que estaba sentada a su derecha.

—Bien, mi objetivo es no llorar —dijo con lágrimas brillándole en sus ojos avellana—. De acuerdo, ya estoy bien. Mi bebito, estoy tan asombrada del maravilloso hombre en que te has convertido. Te pareces tanto a tu papá: compasivo, amoroso, generoso, inteligente y tan maravilloso. Todos los días veo nuevas cualidades que son tan afines a las de tu padre. Sé que dejar este deporte es algo por lo que te sentías dividido en decidir, pero debes saber que Edward Senior estaría muy orgulloso de ti y tus logros, tanto dentro como fuera del hielo. Y, Bella, no puedo imaginar una pareja más maravillosa para mi dulce niño. Eres su pareja perfecta, fuerte, grácil y tan increíblemente hermosa. Es triste que el deporte te vaya a perder después de esta competencia, pero has inspirado a muchísimas niñas a convertirse en patinadoras sobre hielo. Y espero poder llamarte mi hija. Indirecta, codazo, Edward Anthony…

—Ma —gruñó Edward—. No presiones.

—Perdón, perdón —se rio entre dientes—. En fin, como dijo Carlisle, sin importar lo que pase, ambos son ganadores para mí y estoy muy orgullosa de ambos. Los amo. A los dos. ¿Alice?

—¡Sí! Mi turno —gritó—. No seré cursi como estos dos. Mantendré lo que diga corto y directo. Pateen culos y no arruinen mis vestuarios. ¡Mazal tov*!

—Oh, Pequeña —se burló Edward.

—En serio. No arruinen mis vestuarios —dijo Alice, bebiendo su champaña—. ¿Jas?

—Yo seré más la voz de la razón. Mañana ambos sentirán mucha adrenalina. Eso enmascarará cualquier incomodidad o dolor que puedan sentir. Sean conscientes de sus cuerpos y cómo se sienten. Especialmente tú, Bella. Tus caderas y espalda están más fuerte hoy de lo que han estado en mucho tiempo, pero todavía tienes un daño significativo ahí. Confía en tu pareja. Confía en ti y diviértete.

Sonreí y me acurruqué en el costado de Edward. Él me besó la frente mientras Emmett se aclaraba la garganta.

—Bueno, ya que la Pequeña robó lo que yo iba a decir…

—¿Qué? ¿No arruinar los vestuarios? —gorjeó Alice.

—No. Lo de patear culos —resopló Emmett—. Solo diré que sin importar nada, los quiero a ambos. Asómbrenlos con sus increíbles habilidades sobre el hielo y con ese lanzamiento de triple axel. Oh, y pateen culos.

—Lo mismo digo —dijo Rose, alzando su copa. Emmett le alzó una ceja—. ¿Qué? Sabes que no soy una perra que hable mucho.

—Oh, Rose —me reí—. Te entiendo, cariño.

—Bien —dijo Rose, terminándose su bebida.

—¿Quieres decir algo, amor? —preguntó Edward.

—Tú eres más elocuente que yo —dije—. También tienes la ventaja del acento, cielo. Hazlo tú.

—Muy bien. —Edward se rio entre dientes—. Ya que yo soy la voz, me gustaría agradecerles a todos y cada uno de ustedes por sus consejos, su paciencia y asistencia mientras nos preparábamos para estas dos competencias. Las dos competencias más importantes de nuestras carreras. Creo firmemente, y estoy seguro de que Bella piensa lo mismo, que sin ustedes no habríamos llegado al nivel donde nos encontramos ahora. Cuando comenzamos, yo estaba en un lugar muy sombrío al haber perdido recientemente a mi exnovia, excompañera y a mi padre, pero desde que empecé a trabajar con ustedes y contigo, Bella, gané una familia muy fuerte. Me siento muy bendecido por eso. Los quiero a todos.

—¿Incluso a mí? —preguntó Emmett.

—Incluso a ti. —Edward se rio—. Todos tienen sus peculiaridades y matices que sacan lo mejor de nuestro patinaje y nuestras personalidades. Carlisle, eres la figura paterna de nuestra pandilla de vándalos. Mamá, eres la compasión y el amor que todos ansiamos tan desesperadamente. Alice, eres la energía y la emoción. Jasper, eres la calma y la voz de la razón. Emmett, eres el protector y el alivio cómico.

—¡Carajo, sí! —bramó Emmett.

—Cuida el lenguaje, Emmett —se burló Esme.

—Lo siento, mamá Masen —dijo.

—Rose, eres la fortaleza y la confianza. Además de que mantienes a Emmett a raya.

Rose golpeó el brazo de Emmett para enfatizar ese último comentario. Él le frunció el ceño, pero la ajustó fuertemente en su costado y le besó la mejilla.

—Bella, en todo esto he ganado mucho, pero lo más grande que he ganado es a ti. Eres mi mejor amiga, mi pareja dentro y fuera del hielo, mi novia, mi amante y mucho más. Cuando esto termine, extrañaré estar en el hielo contigo, pero atesoraré cada momento que tuvimos durante el último año. Te amo, hermosa. Muchísimo.

—Te amo, Edward —susurré al inclinarme, apoyando mi frente en la suya—. En el hielo mañana no importa ninguno de los jueces. Somos solo tú y yo.

—Solo tú y yo —murmuró en respuesta.


*Mazal Tov o Mazel Tov, es una locución que significa literalmente "buena suerte". Se utiliza en hebreo moderno y en otros idiomas occidentales. Frecuentemente se la asocia a "felicidades".