—Despieeeerta, Ginnyyyyyy—dijo una voz seductora.
Ginny abrió los ojos y miró aterrorizada a su alrededor. Seguía en la cama, sí. Pero el baldaquino y las cortinas habían desaparecido, y le permitían ver que ya no estaba en su dormitorio de la torre de Gryffindor, estaba ¡en la Cámara Secreta! Y frente a ella, sonriendo malévolamente, estaba Tom Riddle, exactamente igual que cuando le había visto salir del diario.
—¡No!—murmuró espantada.
—Vamos, preciosa, ¿no me echabas de menos?—Riddle se rió por lo bajo, se acercó a la cama y se subió a ella, colocándose a cuatro patas encima de Ginny. La niña trató de gritar o moverse pero estaba paralizada por el terror.
—V…vete—dijo con voz casi inaudible.
—Tch, tch, tch—Riddle agitó el dedo en un gesto de reprensión— ¿vas a echarme después de todo lo que hemos compartido? Soy parte de ti. Y aún no te he convertido en mujer como dije que haría.
Ginny empezó a sollozar quedamente. ¿Qué significaba aquello? ¡Harry había destruido a Riddle! ¿Es que había alguna clase de magia maligna relacionada con el diario que la había llevado allí? Mientras, Riddle empezó a acariciar suavemente la mejilla de Ginny, que sintió náuseas.
—P…por favor, vete—suplicó.
—Tranquila, bonita—Riddle acercó los dedos a los botones superiores del camisón de Ginny. —No te dolerá nada y vas a pasarlo muy bien.
—¡Aparta tus sucias manos de ella, villano!—gritó una voz.
Ginny casi lloró de alegría al reconocer la voz. No podía ver a quien había dicho esas palabras porque Riddle tapaba su visión. Pero habría reconocido aquella voz entre un millón. Riddle se giró y Ginny pudo ver a Harry, que iba vestido con una armadura completa, portaba un escudo rojo con un león dorado en la mano izquierda y blandía la espada de Gryffindor con la mano derecha.
—¡Potter!—rugió Riddle, saltando de la cama.
—El mismo, que viene a acabar contigo—respondió Harry, cuya voz se volvió de pronto más grave, como si le hubiera cambiado la voz de golpe. Al mismo tiempo, Harry creció como un palmo de estatura, se volvió más corpulento y su rostro se hizo más varonil. —¡Defiéndete, porque no te voy a dar cuartel!—alzó la espada.
En la mano de Riddle apareció de golpe una varita mágica. Harry alzó el escudo y se puso en guardia.
—¡AVADA KEDAVRA!—gritó Tom Riddle, haciendo un movimiento rápido con la varita.
De la varita salió un fuego verde, que en una fracción de segundo recorrió la distancia que separaba a Tom de Harry. Sin embargo, rebotó en el escudo y recorrió esa misma distancia en sentido inverso, golpeando de lleno a Tom.
—¡NOOOOOOOOO!—gritó Tom, mientras se convertía en polvo, que al instante desapareció. Harry, entonces, se volvió hacia Ginny, alzó la espada hasta colocarla paralela a su cuerpo, e hizo una reverencia.
—Ya estáis a salvo, gentil dama—dijo.
—Mi héroe—suspiró Ginny, levantando las manos hacia él.
Harry sonrió y se dirigió con pasos seguros hacia Ginny, luego la tomó en brazos. Ginny creyó que el corazón iba a reventarle, tan fuerte se había puesto a latirle. Harry, entonces, acercó sus labios a los de Ginny. ¿Iba a besarla? Ginny cerró los ojos…
—Ginny, ya es hora de levantarse—dijo Harry.
Algo no iba bien. ¿Por qué Harry había dicho eso tan raro? Y sobre todo, ¿por qué de pronto Harry hablaba con la voz de su compañera de cuarto Demelza Robbins? Ginny abrió los ojos, y se encontró en su cuarto de la torre de Gryffindor, y vio a su compañera Demelza inclinada sobre ella.
—Ah, era un sueño—dijo con desánimo.
—¿Has vuelto a soñar con Potter, pillina?—dijo Demelza Robbins guiñándole un ojo.
—Cállate—replicó Ginny, lanzándole la almohada.
—¿Por qué me voy a callar?—respondió su compañera cruzando los brazos. —No tiene nada de malo que te guste Potter.
—No sé de qué me hablas—Ginny salió de su cama y se dispuso a coger su ropa del baúl.
—Mentirosa—respondió Demelza Robbins. —Todas sabemos que estás coladita por Potter, y más después de lo que ha pasado—miró hacia sus otras compañeras, que se estaban vistiendo. —¿Por qué no se lo dices de una vez?
—N…no puedo—Ginny sintió que la cara le ardía. —Además, soy muy joven para tener novio.
—¡Nadie ha dicho que seáis novios formales, so tonta!—respondió Demelza, riendo. —Es sólo que le digas que te gusta, y luego, pues a ver qué pasa. Puede que sólo dure unos días o…quién sabe, puede que sea el principio de algo serio. Pero si no se lo dices, nunca lo sabrás, ¿no crees? Y lo que es peor, alguna otra chica tal vez se te adelante. Por ejemplo, esa empollona con el pelo de estropajo que va siempre con Potter y con tu hermano.
Ginny sintió un brutal ataque de celos hacia Hermione. Por un instante deseó que se convirtiera en piedra otra vez. Demelza se echó a reír.
—¿De qué te ríes?—le preguntó Ginny.
—Que te ha dado un ataque de celos en cuanto he mencionado a Granger. Admítelo. Estás tan colada por Potter que no soportas la idea de verlo con otra chica—le palmeó en el hombro afectuosamente.
Ginny bajó la mirada. Eso era otra prueba definitiva de lo colada que ya estaba por Harry.
—No…no sé si me atreveré. Cuando Harry está cerca no soy capaz de hilar más de dos palabras seguidas.
—Lo sé—asintió Demelza. —¿Me haces una trenza mientras pienso un modo de solucionarlo?
Ginny accedió. Mientras, Demelza se quedó pensando.
—¿Tienes alguna idea?—preguntó Ginny una vez hubo colocado un lacito al extremo de la trenza de su amiga.
—Sí—respondió Demelza. —¿Quién es el adulto en quien Potter confía más?
—Hagrid—respondió Ginny sin dudarlo.
—Pues ve a verle y pídele consejo—respondió Demelza. —Seguro que está encantado de ayudarte. Y nadie sospechará nada porque todos pensarán que solo quieres interesarte por él después de todo lo que ha pasado. Dios…Azkaban tiene que ser horrible, mi padre fue allí una vez para hablar con un preso cuya libertad condicional estaba tramitando, y no se me olvidará la cara que traía al volver.
—Lo sé—asintió Ginny, que tenía un recuerdo parecido de cuando su propio padre visitó Azkaban. —He oído que en Azkaban vigilan unos seres monstruosos llamados los Dementores que te hacen enloquecer si pasas mucho tiempo cerca de ellos.
—Te roban tu alegría—precisó Demelza. —Me lo explicó mi padre. Me dijo que cerca de ellos sientes como si toda la felicidad del mundo hubiera desaparecido. No quiero ni pensar lo que tiene que ser el pasar años cerca de esos seres. Muchos presos de Azkaban enloquecen. Pero no hablemos de ellos ahora. Hablemos de Potter. Te he sugerido que le pidas consejo a Hagrid.
—Eso haré—asintió Ginny.
—Resumiendo, que quieres decirle a Harry que estás loca por él, pero no te atreves—dijo Hagrid, que a continuación bebió un poco de té.
—Así es—asintió Ginny.
—¿Cómo de loca estás por él?
—Creo que bastante. Anoche soñé que él me salvaba de Tom Riddle.
—Bueno, técnicamente eso es lo que hizo—sonrió Hagrid. —No es raro que sueñes con eso.
—Pero es que también soñé que se convertía en un apuesto galán, y se disponía a…a besarme, pero entonces me desperté—Ginny tenía la cara roja de vergüenza, pero aún así logró contarlo todo sin dificultad. Por algún motivo, Hagrid le inspiraba una gran confianza.
—¿Has soñado alguna otra vez que Harry te besaba?
—No. He soñado muchas veces que estábamos a punto de besarnos pero siempre algo lo impedía.
—Ya—asintió Hagrid. —Es duro enamorarse tan joven, por un lado tus sentimientos son muy fuertes pero por otro no tienes la madurez suficiente para tener una relación seria.
—Eso es muy sabio—dijo Ginny, admirada.
—Oh, no, oh, no. No es sabiduría, son muchos años viendo enamorarse a chicos de once a diecisiete años—respondió Hagrid, riendo. —La mayoría de esos enamoramientos no van muy lejos pero algunos son duraderos y a veces van más allá de Hogwarts. Por ejemplo, el de los padres de Harry—una expresión de tristeza apareció en el rostro del semigigante.
—¿Los recuerdas?—preguntó Ginny.
—Ya lo creo que sí. Con Lily Evans, la madre de Harry, no tuve mucha relación mientras estuvo en Hogwarts hasta que empezó a salir con James Potter, el padre de Harry. Pero con James…él pasaba mucho tiempo aquí, lo mismo que Harry. Solía venir con otros tres amigos suyos…prefiero no hablar de eso.
—¿Tres amigos? ¿Quiénes?
—Prefiero no hablar de eso—replicó bruscamente Hagrid. —Perdona, no quería asustarte, es que se han despertado recuerdos muy dolorosos.
—Lo siento, no quería entristecerte—Ginny se sintió muy culpable.
—No pasa nada, no tenías por qué saberlo. Estábamos hablando de ti, de lo enamorada que estás de Harry.
—Sí—suspiró Ginny. —¿Sabes? Ayer estaba en la Sala Común, nadie me hacía mucho caso y él se me acercó con cara de mucha preocupación y me preguntó qué tal estaba y me preguntó si quería jugar al snap explosivo y … y …—sintió que la cara le empezaba a arder otra vez.
—Continúa—dijo Hagrid con gran interés.
—Y nos lo pasamos la mar de bien.
—¿Y pudiste hablar con él?
—Sí—recordó Ginny. —No me puse nada nerviosa.
—¿De qué hablasteis?
—Oh, no mucho. Simplemente le conté historias del mundo mágico, que el pobre no sabe nada de nuestro mundo.
—¿Y él qué tal estuvo contigo?
—Ay…fue tan amable, tan atento, tan…—Ginny se interrumpió, avergonzada. —Es perfecto, Hagrid. Pienso en él y no puedo encontrarle un solo defecto.
—Es lo que ocurre cuando estás enamorado—respondió Hagrid en tono filosófico. —De momento mi consejo es este: medita cuidadosamente sobre ese rato que pasasteis juntos. Y piensa por qué entonces no te pusiste nerviosa.
—Mi amiga Demmy dice que debo decirle a Harry que me gusta—objetó Ginny.
—El típico consejo de chiquilla inexperta—Hagrid movió la cabeza. —Piensa que Harry no tiene padres y si le sueltas eso a la cara simplemente no sabrá cómo reaccionar porque no tendrá a quién pedir consejo.
—Es verdad—admitió Ginny. —Pobrecito, no había pensado en eso. Qué solo se debe sentir, sin padres, sin una familia que le quiera, porque mi hermano me dijo que los muggles con los que vive son horribles.
—Lo son—asintió Hagrid. —Por eso, para Harry Hogwarts es su verdadero hogar, como para mí. Hasta los once años, Harry tuvo que cuidar de sí mismo porque sus tíos no se interesaban por él. Nunca tuvo un amigo hasta que conoció a tu hermano Ron y luego a Hermione.
—Yo creo que Ron ha adoptado a Harry como hermano—observó Ginny.
—Y viceversa. Cada uno tenía una cosa que el otro necesitaba. Harry necesitaba un hermano y Ron necesitaba un hermano que no le tratara como un hermano pequeño—explicó Hagrid en el mismo tono en que un profesor explicaría una lección. —Por eso son tan cercanos. Y eso me da otra idea. Debes pensar en lo que le puedes dar a Harry. Si le das algo que no tenga, se fijará en ti, y eso puede ser el primer paso.
—¿Y qué le puedo dar a Harry?—preguntó Ginny.
—No lo sé—respondió Hagrid. —Pero si te parece, piensa en lo que te dije. Piensa en ese momento en que los dos estuvisteis a gusto juntos. Si pudisteis estar así en una ocasión…
—…podremos estarlo en otras—completó Ginny. —Gracias, Hagrid.
Estuvieron hablando un rato más. Ginny le reveló un cotilleo: había pillado a Percy morreándose con la prefecta de Ravenclaw Penelope Clearwater. Hagrid, a su vez, le contó algunas historias de sus años en Hogwarts, primero como ayudante del guarda Ogg y luego como guardián de los terrenos y de las llaves. Hablaron de los profesores de Defensa contra las Artes Oscuras y de cómo el puesto parecía tocado por una maldición. También hubo bastante tiempo para comentar travesuras de Fred y George.
—Qué bribones que son tus hermanos. Me recuerdan a…—se interrumpió.
—¿A quiénes?
—No quiero hablar de eso, no quiero hablar de eso—replicó secamente HAgrid, muy incómodo. —Si te parece, vete ya, que ya es tarde.
Ginny volvió al castillo más calmada. Ciertamente, aún sería muy complicado ser capaz de hablar con Harry. Pero ya sabía por dónde empezar: por algo que les gustara a los dos. Porque esa había sido la clave del buen momento que habían pasado juntos jugando al snap: que estaban haciendo algo que les gustaba y eso hacía que Ginny no tuviera tiempo de ponerse nerviosa y que pudiera ser ella misma. Vio de lejos el campo de quidditch, y se dio cuenta de que eso era otro tema de conversación que podía gustarle a Harry. Porque a Harry le apasionaba jugar al quidditch pero, como Ginny sabía por Ron, apenas sabía nada de cómo funcionaba el quidditch profesional. ¿Y si empezaba por ahí? Eso podía hacer que Harry se interesara más por ella, y ¿quién sabe qué podría derivarse de ello?
"En marcha la operación Cazar a Harry," se dijo la niña mientras subía las escaleras que conducían a la torre de Gryffindor.
¡Hola! No sé adónde va a conducirme esta historia, pero espero que haya despertado vuestro interés. Si alguno de vosotros sabe inglés, podéis adaptarla a ese idioma. ¡Un saludo, pottermaníacos!
