Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo Treinta y dos: Mundiales y conexiones

EPOV

—Edward, hombre, ¿estás listo? —preguntó Emmett mientras subíamos todo nuestro equipo a la SUV. Esta tarde era el programa corto. Nos estábamos preparando para nuestro último programa corto como patinadores.

Estaba endemoniadamente nervioso.

—Mi mente dice que sí, pero estoy hecho un desastre, Em —me reí entre dientes—. Pero necesito mantenerme calmado ya que Bella está muy inquieta.

—Sí, sí lo está. Dios, ella está peor que Alice hoy. —Emmett se estremeció—. Está dando órdenes, corriendo por todos lados, hablando a una milla por minuto. Amigo, en serio, fóllala esta noche.

—¿Puedes ser más vulgar? —pregunté, alzando una ceja—. ¿Follarla? Nosotros no follamos.

—Cieeeerto —resopló Emmett—. Los escuché la tercera noche que estuvimos aquí. Son siempre los más callados. Bella es muy gritona.

—Emmett, si valoras tu masculinidad, te callarás. Mis cuchillas están así de cerca de volverse muy íntimas con tus pelotas —espeté—. Además, somos tan callados como ratones de iglesia si nos comparas contigo y con Rosalie. —Emmett se sonrojó y afortunadamente se calló. Bella había bajado y había soltado su mochila de patinaje. Tenía el cabello atado y en rizos apartados de su cara. Su maquillaje era suave y sutil, con cierto toque ahumado en sus ojos—. ¿Tienes todo, amor?

—Eso espero —dijo. Se mordió el labio—. Dios, estoy muy nerviosa, Edward. ¡Mira!

Alzó las manos y era obvio que estaban temblando. Acuné su mano y la jalé a mi pecho, poniéndola sobre mi corazón. Con mi otra mano tomé su mentón y miré sus ansiosos orbes color chocolate.

—Respira, mi amor. Somos tú y yo. Nada importa. Patinaremos para nosotros. ¿Sientes mi corazón? —Asintió, presionando más en mi pecho—. Está tranquilo, estable, y late solo por ti, hermosa. Solo tú y yo.

—Solo tú y yo —repitió, mirándome a los ojos. Respiró profundamente y se relajó de forma visible, derritiéndose sobre mi cuerpo. Le rodeé la cintura con mis brazos y besé su frente—. Te juro que eres un encantador para esto de los nervios. Gracias, Edward.

—De nada, Bell —me reí—. No voy a mentir, también estoy un poco nervioso. Pero sigo recordándome que no vamos a patinar por el oro. Es nuestro momento sobre el hielo lo que disfruto. Te amo, Bell.

—También te amo, Brit —se rio, besándome el corazón sobre la camisa.

—Vamos, niños. Tenemos que irnos —dijo Carlisle.

—Sí, tórtolos —bromeó Liam—. Nada de besarse sobre el hielo.

—Oh, cierra la boca —gruñí al subirnos al carro. Carlisle y Charlie estaban en el asiento de enfrente. Liam, Alice y mi mamá estaban en el asiento de en medio mientras que Bella y yo estábamos hasta atrás. Jasper, Rose y Emmett nos seguían en otro carro rentado. No en mi Vanquish. En un pequeño Mini Cooper.

El trayecto al recinto transcurrió en silencio mientras Carlisle aceleraba a lo largo de la carretera. Bella estaba apoyada en mi pecho, escuchando mi corazón latir y murmurando nuestra frase "Solo tú y yo" una y otra vez. Yo le acariciaba gentilmente la espalda mientras veía el paisaje francés transformarse en la bulliciosa ciudad de Niza. Eventualmente Carlisle paró la SUV en el estacionamiento del recinto y caminamos hacia la entrada de los atletas con las credenciales colgando del cuello.

Una vez dentro, Bella y yo nos vimos sometidos a un antidoping aleatorio, el cual ambos pasamos. Pero eso le provocó un poco de pánico a Bella. La tranquilicé y le expliqué que era algo aleatorio. Además, ninguno estaba tomando medicamentos que fueran prohibidos por la federación de patinaje. A ella le preocupaba que su anticonceptivo fuera a registrarse y que eso pudiera causarnos un inconveniente. Rosalie le dijo que se espabilara. Eventualmente lo hizo cuando el oficial dijo que todo estaba bien.

Realizamos estiramientos con ayuda de Emmett y Jasper después de recibir nuestros resultados. Una vez que nuestros cuerpos calentaron lo suficiente, nos pusimos los patines para un calentamiento de media hora sobre el hielo con todos los competidores. No era algo donde pudiéramos patinar con todas nuestras fuerzas, pero era suficiente para acostumbrarnos al hielo y prepararnos mentalmente para la inminente competencia.

James y Victoria iban caminando hacia el hielo mientras nosotros salíamos de nuestro vestidor. Victoria puso los ojos en blanco al pasar, pero James se giró para vernos a Bella y a mí. La sostuve protectoramente contra mi costado.

—Chicos, solo quería decirles que espero que lleguen hasta el final. Y que creo que ambos son maravillosos patinadores —dijo James en voz baja—. Sé que nosotros no vamos a ganar, pero espero que ustedes sí.

—Um, gracias, James —dijo Bella, la sorpresa teñía su voz—. Espero que ustedes también lleguen al final.

—Muy poco probable. Vic me odia justo ahora y simplemente no nos coordinamos. Ambos estamos buscando nuevos compañeros. —Se encogió de hombros—. En fin, rómpanse una pierna. —Se fue y ambos nos quedamos ahí parados, mirando boquiabiertos su figura alejándose como un par de peces.

—¿En serio acaba de pasar esto? —pregunté.

—Sí. Sí sucedió —respondió Bella, sacudiendo la cabeza—. Ven. Vayamos a terminar con nuestro calentamiento sobre patines y pongámonos los vestuarios. —Caminamos hacia la pista y salimos al hielo. Nuestro calentamiento consistía de unas cuantas vueltas a la pista y algunas elevaciones sencillas. El hielo se sentía suave y la verdad con un poco de demasiada velocidad para mi gusto. Tendríamos que tomárnoslo con calma cuando tocara nuestro turno para el programa corto.

El calentamiento transcurrió rápidamente y pronto nos vimos conducidos hacia nuestro vestidor. Rose, Emmett, Jasper, Charlie, Esme y Liam se dirigieron a sus asientos mientras que Alice ayudaba a Bella a ponerse el vestido y Carlisle se quedaba ahí sentado leyendo un libro. Yo me puse el vestuario e intenté domar mi alocado cabello. Unos momentos después, Alice ya estaba terminando con Bella. Saltó hacia mí.

—Buena suerte, Brit —susurró antes de besarme la mejilla. Carlisle le entregó su boleto y Alice salió del vestidor. Bella apareció usando su vestuario morado y sosteniendo sus patines. Se veía tan increíblemente hermosa.

Pero era obvio que los nervios habían regresado. Su rizado cabello café estaba temblando y se mordía el labio. Me levanté y le quité los patines de las manos. La cargué.

—Edward, bájame —siseó.

La fulminé con la mirada, alcé una ceja y la llevé de regreso al cuarto trasero donde Alice la había cambiado. Cerrando la puerta, la senté en la dura silla de plástico.

—Habla conmigo, amor —susurré.

—Edward, sé que vamos a patinar para "nosotros", pero no puedo evitar pensar que esta es la última vez que me prepararé para un programa corto —respondió, una solitaria lágrima caía por su mejilla—. Parece estúpido. Yo tomé esta decisión, pero no puedo evitar sentirme triste.

—Bell, toda tu vida ha sido sobre patinar. Estaría preocupado si no te sintieras triste —dije, limpiándole la lágrima—. También me siento triste. Me voy a embarcar en un viaje que desde hace mucho tiempo pensé que no tomaría. Convertirme en doctor. Además, estoy empezando tarde. Tengo mucho miedo, pero sé que con tu amor y tu apoyo podré hacerlo.

—Pero tú tienes un plan. Yo no. Cuando terminemos, no tengo idea de qué voy a hacer. ¿Ser entrenadora? ¿Regresar a la escuela? —lloró—. Tengo un título en literatura… pero…

—Pero nada. Bella, ahora no es el momento de preocuparte por esto —la calmé—. Cruzaremos ese puente después de competir. Concéntrate en patinar lo mejor que podamos y disfruta de nuestro tiempo en el hielo. —Subí la mano y le masajeé el cuello—. Ya pensaremos en tu futuro después, nena. Pero lo haremos juntos.

Se mordió el labio y asintió, las lágrimas seguían fluyendo por sus mejillas. Empujé gentilmente su frente hacia la mía y la pegué a mi pecho. Sus dedos estaban jugando con mi cabello mientras yo le frotaba círculos en la espalda.

—¿Cómo te volviste tan inteligente, Brit? —se rio entre dientes.

—Es un don —dije con sarcasmo, besando gentilmente sus labios—. No estás sola en esto, Bella. Estoy contigo. Soy tu pareja dentro y fuera del hielo.

—Bien —suspiró. Bella cerró los ojos brevemente, pero cuando los abrió, la confianza brilló en ellos—. El futuro más tarde. Patinamos ahora y pateamos unos épicos traseros.

—Esa es mi chica —me reí, abrazándola con fuerza—. Te amo, Bella.

—También te amo, Edward —murmuró en mi hombro—. Gracias por ser mi compañero, mi mejor amigo y todo lo que alguna vez pude esperar tener en un novio.

Prometido. Esposo. Alma gemela.

—Nunca te soltaré, Bella —susurré, abrazándola con más fuerza.

—Chicos —nos llamó Carlisle a través de la puerta—. Es hora. Su calentamiento comenzará en quince minutos.

—Gracias, Carlisle —grité en respuesta. Cargué gentilmente a Bella y la senté en la silla. Le puse uno de los patines. Con cuidado até el patín a su pie mientras ella me veía embelesada. Repetí la acción con el otro pie antes de alzar la vista hacia ella. Estaba llorando. Otra vez—. No más lágrimas.

—Es que eres tan jodidamente perfecto —balbuceó.

—¿Porque te puse los patines? —me reí entre dientes, ayudándola a pararse.

—Eres el único en el que confiaría para ponerme los patines, además de mí —dijo, rodeándome con sus brazos—. Ni demasiado apretados ni demasiado flojos. Justos. Perfectos. Como tú.

La besé y la guie fuera del cuartito. Carlisle sonrió cuando pasamos junto a él. Juntos salimos hacia la pista de hielo y esperamos a que la última pareja terminara su rutina. Era una pareja de Argentina y no eran muy buenos. La música era interesante, pero su coreografía estaba muy desorganizada y los saltos eran torpes. Al final de su rutina recibieron un aplauso mediocre e hicieron una reverencia.

Uno de los oficiales parloteó en francés que necesitábamos esperar hasta que salieran del hielo antes de poder salir a nuestros seis minutos de calentamiento. Traduje rápidamente para Bella ya que ella no dominaba el francés como yo. En nuestro grupo, teníamos a Demetri y Heidi Vulturi junto con Austin Wheier y Chelsea Buckingham, a quienes conocíamos. Las otras dos parejas eran patinadores menos conocidos. Stefan Romani y Marietta Stanislov, que eran de la República Checa, y Maria Gutierrez y Luis Espinosa de España.

La pareja argentina salió del hielo hacia el área de Kiss and cry mientras que los patinadores juniores recogían los peluches y flores que llenaban la pista. El oficial nos dijo que después de nuestro calentamiento, la pulidora de hielo pondría una capa fresca de agua para alisar el hielo. Con un brusco asentimiento, el oficial abrió la puerta y todos salimos al hielo. Fue en ese momento que vi el tablero de puntajes. Una pareja rusa, Ivan e Irena Borislovski estaban en primer lugar con una puntuación altísima para su programa corto. James y Victoria estaban en segundo y una pareja china estaba en tercero.

Nos esperaba una tarea difícil por delante.

Mientras patinábamos por la pista, noté que Bella no había mirado el tablero de puntos. Estaba concentrada en la tarea en cuestión, la cual era realizar nuestro programa corto en la medida de nuestras habilidades. Durante el calentamiento de seis minutos, revisamos cambios sutiles que le hicimos al programa corto y hablamos sobre el resto de la rutina. El anunciador indicó que ya se había terminado el calentamiento y todos salimos del hielo. Bella y yo seríamos los segundos del último grupo. Heidi y Demetri eran los últimos.

Carlisle nos llevó a una esquina tranquila del recinto y rezamos. Después de eso, jalé a Bella a mis brazos y nos abrazamos mientras esperábamos que limpiaran el hielo y empezara la primera pareja, que era Maria y Luis. Patinaron muy bien con varias elecciones de la película Agua para elefantes. Sin embargo, Maria se cayó en su salto lanzado y Luis no estaba en sincronía con sus giros combinados.

Mientras anunciaban la puntuación de Maria y Luis, a Bella y a mí nos llevaron al hielo. Carlisle tomó las manos de Bella mientras que yo estaba parado detrás de ella con mis brazos rodeándole la cintura.

—Ambos son fuertes y llevan esta rutina en la piel. Ámense sobre el hielo. Viertan ese abrumador amor en su patinaje, ¿de acuerdo? —nos urgió Carlisle.

—Gracias, Carlisle —murmuró Bella, besándole la mejilla.

—Apreciamos todo lo que has hecho con nosotros, Carlisle —dije, sonriendo torcidamente.

—Pateen unos cuantos traseros —se burló Carlisle, apretando nuestras manos.

Introduire, représenter les Etats-Unis d'Amérique, sous la tutelle de Carlisle Cullen, Isabella Swan et Edward Masen! —anunció el presentador—. Presentando ahora a los representantes de Estados Unidos de América, bajo la tutela de Carlisle Cullen, ¡Isabella Swan y Edward Masen!

Entrelacé mis dedos con los de Bella y le dimos una vuelta patinando a la pista. Con un apretón soltamos nuestras manos y ocupamos nuestras poses de apertura.

—Solo tú y yo —susurré—. Te amo.

—Te amo más, Edward —murmuró en respuesta. Con un guiño, alzó sus brazos en la primera pose y yo adopté mi posición inicial. Las suaves notas de mi composición llenaron la pista y fue como si el mundo hubiera desaparecido. Bella y yo estábamos patinando en un sueño, para nadie más que para nosotros. Hacíamos el amor sobre el hielo con un beso de ángel. Con cada tierna caricia de nuestras manos.

Se sintió como si estuviéramos patinando en el aire. Nada salió mal en nuestro programa corto. Cada salto fue sólido. Nuestras elevaciones eran impecables y el amor que teníamos el uno por el otro emanaba de nuestros poros. No pude haber rezado por un programa corto más perfecto. Al final, estaba sosteniendo a Bella en mis brazos, acunando su cara con una mano y pegando su cuerpo al mío con la otra.

—Solo tú y yo —sonrió. Sonreí en respuesta y besé sus suaves labios mientras la enderezaba. Apartándola de mi cuerpo con un giro, hicimos nuestras reverencias. Los vítores eran ensordecedores.

—Mira, Edward. —Bella se rio entre dientes. Asintió hacia donde estaban sentadas nuestras familias. Habían pintado una sábana y decía: Bella y Edward: ¡hasta el final en el hielo!

—Te apuesto cincuenta dólares a que fue idea de Emmett —me reí mientras patinábamos hacia el Kiss and cry.

—O de Alice. —Bella se encogió de hombros. Llegamos al Kiss and cry, saludando a la multitud que seguía gritando. Austin y Chelsea estaban esperando para patinar y se veían muy verdes.

—Damas y caballeros, la puntuación para Isabella Swan y Edward Masen… —dijo el presentador en francés. Miramos la pantalla frente a nosotros y se presentaron nuestras puntuaciones.

—Dios mío —gritó Bella cuando vio el total. Íbamos a la delantera de la pareja rusa por casi siete puntos completos. Bella y yo nos abrazamos. Me besó animadamente mientras me sostenía cerca de ella, enredando sus dedos en mi cabello húmedo con sudor. Nos paramos y saludamos a la multitud una última vez antes de regresar a nuestro vestidor. Al hacerlo, nos vimos bombardeados con entrevistas para ESPN y SKYY de Inglaterra. Nos detuvimos juntos, respondiendo preguntas en voz baja y respetuosa. Sin embargo, cuando se volvieron más personales, tocando el tema de nuestra relación, nos alejamos y continuamos nuestro camino hacia el vestidor.

Carlisle dijo que él iría con nuestra familia mientras nosotros nos cambiábamos en el vestidor. Bueno, más o menos nos cambiamos en el vestidor.

Cierra la boca. Hicieron el acto sucio en el vestidor. Frente al maldito espejo.

*Agacha la cabeza con vergüenza*

Nada de vergüenza, mi niño. Yo también le daría si fuera tú. Oh, espera. Soy tú. ¡JA! ¡JA! ¡JA!

Cierra. La. Maldita. Boca.

Después de eso, Bella y yo dejamos el recinto en compañía de nuestros amigos y familia. Manejamos hacia una cafetería y compartimos varias hogazas de pan, queso endulzado y cuatro botellas de vino tinto. Estábamos firmemente en primer lugar con Heidi y Demetri en segundo, e Ivan con Irena en tercero.

Terminamos nuestra cena y regresamos a la casa. Bella estaba cansada, exhausta en realidad. Después de divertirnos desnudos en el vestidor, me dijo que se había levantado a las tres de la mañana. Le alcé una ceja. Ella solo bostezó. La empujé gentilmente hacia nuestra cama, algo que no me disputó.

Luego de que ella se quedó en nuestra habitación, yo salí hacia donde estaban sentados Charlie y Carlisle. Estaban siguiendo con su festival de vino en el patio de la casa, fumando puros.

—Hola, Edward. —Charlie sonrió—. ¿Quieres uno?

—No, gracias —dije—. Voy a competir.

—Un puro no te lastimará —me animó Carlisle.

Sacudí la cabeza y me bebí mi agua.

—Carlisle, necesito tu ayuda.

—¿Debería tener miedo? —se burló Carlisle.

—No —respondí, poniendo los ojos en blanco—. Mira, quiero proponerle matrimonio a Bella.

—Oye, espera un minuto. ¿No deberías pedirle permiso primero a Charlie? —preguntó Carlisle, frunciendo las cejas.

—Ya me lo pidió —dijo Charlie al inhalar su puro.

—¿Y apruebas a este jovencito? —bromeó Carlisle.

—Es adecuado. Pero si la lastima, le dispararé en su culito blanco —resopló Charlie—. ¿Me escuchaste?

—Sí, señor —me reí entre dientes—. Entonces, Carlisle, regresando a lo de ayudarme…

—¿Qué quieres, Edward?

—Quiero proponerle matrimonio a Bella después de patinar por última vez. Espero poder hacerlo sobre el podio —dije, mordiéndome el labio—. Pero no puedo llevar el anillo conmigo.

—¿Lo tienes? —preguntó Carlisle. Asentí y metí la mano al bolsillo de mi mochila de patinaje que había sacado junto conmigo, saqué la cajita azul que contenía el anillo de compromiso de Bella. Carlisle abrió la caja y soltó un silbido—. Es precioso.

—Gracias. Ella se merece el mejor anillo, el más perfecto y precioso. Aunque esto palidece en comparación —dije, sonrojándome ligeramente.

—Lameculos —bramó Charlie.

Carlisle puso los ojos en blanco y me miró.

—¿Qué quieres que haga?

—Quiero que el día de nuestro programa largo lleves esto contigo. En la ceremonia de premiación… —comencé.

—Lo entiendo. —Carlisle sonrió—. Considéralo hecho. Ahora, debes estar cansado. Sube y descansa. Mañana nos la pasaremos viendo los videos y en la tarde iremos a la pista del recinto que está aquí. Buenas noches, Edward.

Agarré mis patines y subí corriendo las escaleras. Bella estaba roncando ligeramente en nuestra habitación, murmurando cosas al azar.

—Baguette… queso… verde… patines… Edward… mi Edward —suspiró.

—Mi Bella —dije, besándole la frente. Enterró la nariz en mi almohada y se metió más en las cobijas—. Te amo, hermosa.

—Te amo más —murmuró. Me reí ligeramente mientras iba a darme una ducha rápida para quitarme el sudor, la suciedad y la evidencia de cuando habíamos hecho el amor del cuerpo. Le rodeé la cintura con los brazos y besé su cuello suavemente. Se acurrucó más cerca de mí, entrelazando sus dedos con los míos—. Mi Edward…

xx FO xx

El día siguiente empezó ya tarde. Carlisle había insistido en que durmiéramos un poco más ya que habíamos tenido una noche estresante con el asunto del programa corto. Después de quedarnos acostados un rato y de un llenador desayuno, manejamos hacia la pista donde habíamos estado ensayando. Carlisle había obtenido una copia de la grabación de nuestro programa corto. Antes del ensayo, la miramos. Bella estaba sentada en mi regazo mientras veíamos el programa corto de ensueño.

Sabía que lo habíamos hecho extraordinariamente bien, pero verlo en video era algo irreal. No éramos dos personas sobre el hielo, sino una, moviéndose en sincronía, anticipando cada movimiento. Amándonos el uno al otro en el hielo con toda la gracia y la belleza que implicaba el patinaje artístico.

—Vaya —murmuró Bella—. ¿Así nos veíamos?

—Sí —dijo Carlisle al apagar la televisión—. La verdad no tengo comentarios para ustedes. Lo que Edward y tú hicieron anoche fue casi perfecto. Fue como si el mundo no existiera. Ambos estaban patinando por el placer de patinar, amándose sobre el hielo. Estoy seguro de que esa presentación se quedará en la historia como el epítome de la perfección para futuras parejas de patinaje.

—¿Qué hay de mañana? —pregunté.

—Mañana será más intenso. Su programa corto fue hacer el amor en su forma más elegante. Mañana, su patinaje debería ser más intenso, salvaje, apasionado, brusco, y necesitan "follarse" el uno al otro. —Carlisle se sonrojó—. Vi un poco de eso en las Nacionales. Pero necesitan más aquí en el escenario mundial. Ahora, vamos a practicar dos veces el programa largo. Emmett y Liam han instalado cámaras alrededor de la pista. Nuestros amigos y familia las estarán manejando. La primera vez que patinen, solo patinen. Hagan los movimientos. Lo miraremos, tomaremos notas y habrá un descanso para comer. Después de comer, lo realizarán de nuevo con todo su esfuerzo, follándose sobre el hielo. Toda su agresión, pasión y emoción pura deberá derramarse sobre la pista. La única cosa que les pido es que no completen el lanzamiento triple axel. Háganlo doble. No quiero que sientas dolor mañana, Bella. ¿De acuerdo?

Ambos asentimos y fuimos a ponernos los patines. Bella estaba usando un vestido rojo asimétrico. Yo decidí no usar mi negro de siempre y combinar con ella. Mis pantalones de patinaje eran negros y llevaba una camisa con cuello V en color rojo. Siguiendo las indicaciones de Carlisle, solo patinamos con la música de nuestro programa largo. Nada de fuego. Nada de pasión. Solo coreografiamos los movimientos sobre el hielo. No fue tan divertido, pero es lo que nuestro entrenador quería que hiciéramos.

Carlisle, Liam y mamá nos hicieron comentarios sobre lo que vieron mientras que Emmett trabajaba en editar el video para poder verlo después de comer. El consenso general fue que como no había conexión entre nosotros, la presentación se sintió simple. No éramos un equipo, sino dos individuos sobre el hielo. Técnicamente nuestra rutina era sólida. Lo demás apestaba.

Antes de irnos a comer, mi mamá se puso sus patines y trabajó con Bella y conmigo. Ahora, ella no era tan conocedora como Carlisle y Liam, pero había sido una exitosa patinadora de exhibiciones durante muchos años. Mi mamá estaba preocupada por nuestros agarres durante las espirales de muerte y quería mejorarlos. Nada más raro que patinar con tu mamá y sostenerla en una espiral de la muerte.

—Edward, puede que sea mayor, pero no soy frágil. Puedo sentir que te estás conteniendo —dijo cuando la enderecé. Era un poco más alta que Bella y más pesada por al menos nueve kilos—. No me romperé.

—Solo me estoy ajustando por la diferencia de estatura y peso, mamá. Bella es más bajita y pesa menos —dije.

—¿Me estás diciendo gorda? —bromeó.

—No. Estás en fabulosa forma, pero eres más alta que mi novia —me reí entre dientes.

—¿Cómo estuvo tu agarre en mi mano, Edward? —preguntó, rodeándome la muñeca con sus dedos.

—Se sintió sólido, pero es raro girarte a ti y no a Bella.

—Oh, supéralo, Brit —se rio Bella. Me giré hacia ella y le saqué la lengua. Ella se dio la vuelta, haciendo revolotear su falda, y agitó el trasero.

—Más tarde, nena —me carcajeé. Ensayé el nuevo agarre de mano con mi mamá dos veces antes de intentarlo con Bella. Sí se sentía más seguro y tenía más confianza con Bella que con mi mamá. Aunque creo que tenía mucho que ver con el hecho de que sentía que iba a lastimar a mi mamá, mientras que con Bella ya tenía establecida esa relación de patinaje.

Terminamos nuestra lección con Esme y decidimos ir por algo de comer. Comimos en un pequeño bistró en la esquina de donde estaba la pista, disfrutando así de diferentes manjares. La comida pasó volando y regresamos caminando a la pista cuando Emmett nos avisó por mensaje que el video ya estaba editado. Sentándonos en nuestros lugares después de la corta caminata de regreso a la pequeña pista, miramos el video de nuestro ensayo matutino de la rutina Carmina. La luz entre nosotros era inexistente y la verdad fue muy aburrido verlo.

—Ahora, sé que se están preguntando por qué les pedí que hicieran esto —dijo Carlisle.

—Sí. Ayer hicimos una maravillosa presentación y ver esto es increíblemente desalentador —espetó Bella, señalando la pantalla de la televisión—. Somos mejor que esto.

—¿Están enojados? —preguntó Liam.

—¡Sí! —respondimos ambos.

—Bien. Ahora patínenlo —dijo Carlisle—. Muéstrenos cómo quieren que se vea en realidad esa rutina.

Bella y yo compartimos una mirada y asentimos firmemente. Nuestros amigos y familia se fueron a sus respectivas cámaras mientras nosotros nos volvíamos a poner los patines. Una vez en el hielo, Bella me fulminó con la mirada.

—Esto es algo sucio. Algo salvaje. Fóllame, Edward.

Gruñí en voz baja antes de capturar sus labios en un apasionado beso. Separándome de ella, le correspondí la mirada de enojo antes de ocupar mi posición inicial. La música comenzó y la energía crepitó entre nosotros. El segundo ensayo fue más poderoso que el primero, a pesar de un traspié de mi parte después de nuestra combinación axel doble lado a lado y giro triple. La música terminó. Bella y yo estábamos ya en nuestra posición final, respirando pesadamente.

—Bien, ya terminaron —gritó Carlisle desde un costado de la pista—. Emmett trabajará contigo, Edward, y Jasper le hará estiramientos a Bella cuando regresemos a la casa. Después de eso ambos tendrán que irse temprano a dormir.

Entrelazando nuestros dedos, patinamos hacia la orilla de la pista. Nos quitamos los patines en silencio y nos subimos a la SUV. El viaje pasó en silencio con excepción del pop europeo que se escuchaba en la radio. Bella se estaba frotando la cadera con la mano, indicando que sentía dolor. Estiré el brazo alrededor de ella y le masajeé gentilmente la cadera. Suspiró y se recargó en mí mientras yo frotaba los nudos de su cuerpo. Bueno, tan bien como podía hacerlo en los confines de un carro.

En la casa, Esme se fue hacia la cocina mientras que Bella y yo nos separábamos para nuestros respectivos masajes de "enfriamiento". Una hora después yo tenía la consistencia de un tallarín flácido y estaba recién bañado. Estaba sentado en la habitación que compartía con Bella, leyendo uno de los libros de texto para las clases que estaba tomando en línea.

Ella entró unos minutos después con una bolsa de hielo pegada a la cadera. Estaba cojeando ligeramente.

—¿Qué sucede?

—Me di un tirón —dijo al sentarse rígidamente sobre la cama—. Tengo que mantener esto aquí por otros diez minutos, luego me ducharé. Emmett me hará masajes de estiramiento después de eso.

—¿Qué fue? ¿Te lastimé? —pregunté, parándome de la cama y arrodillándome frente a ella.

—No. Fue ese asunto de la adrenalina que mencionó Jasper. Me presioné demasiado ayer y hoy me pasó factura —dijo—. Estaré bien. Jasper me hizo electroestimulación y ya se siente muchísimo mejor.

—Necesitas tomártelo con calma esta noche después de tu sesión con Emmett. Yo estoy a tu disposición. Lo que sea que quieras, lo traeré para ti, amor —dije, tomando su cara en mis manos. Ella resopló, obviamente detestaba el no ser infalible. Me miró, asintiendo suavemente. Sus ojos brillaban con lágrimas—. Bien.

Su cara se desmoronó y cayó en mis brazos sobre el piso. Sollozó, aferrándose a mi camiseta. No hablé. Solo la abracé con fuerza contra mi pecho, amándola con todo mi cuerpo y corazón. Charlie debió escucharla llorar ya que asomó la cabeza en nuestra habitación. Cuando me vio acunando a su hija en mis brazos, sonrió suavemente, dándome su clara aprobación.

Nos quedamos sentados en el piso hasta que el hielo de Bella empezó a gotear. Sin decir palabra, la cargué y la llevé al baño. Le quité el hielo y lo aventé al lavamanos. Abrí el agua de la bañera de hidromasaje, llenándola con sales marinas y burbujas. Ella seguía con ojos llorosos cuando le quité la ropa, besándola suavemente cada vez que le quitaba una prenda. Cuando llegué a sus bragas, me arrodillé frente a ella y besé sus caderas, rezando silenciosamente que ella estuviera bien para la competencia de mañana. Sus lágrimas caían sin cesar por sus mejillas mientras le quitaba la ropa interior. Con un último beso en su cadera lesionada, me paré y también me quité mi ropa. Cargándola otra vez, la sostuve contra mi pecho desnudo. Su pequeña mano se posó sobre mi corazón mientras me veía a los ojos.

Con mucho cuidado la deposité en la tina que ya estaba llena antes de meterme detrás de ella. Se acurrucó en mi pecho, escuchando mi corazón. Yo solo tarareaba en voz baja, manteniendo mis labios sobre su piel mientras ella lloraba. Las burbujas se habían evaporado desde hacía mucho y el agua estaba fría.

—Gracias, Edward —susurró.

—¿Por qué me agradeces? —pregunté—. Te estoy amando. Siempre te amaré.

—Lo haces de forma incondicional. Siempre sabes lo que necesito, lo que quiero —respondió. Entonces, se estremeció contra mí.

—Vamos, amor. Me estoy convirtiendo en pasa y tus dientes están castañeando —me reí entre dientes. Asintió y se apartó de mí. Me salí de la tina, rodeándome la cintura con una toalla. Dejé una toalla aparte en el mostrador antes de cargar a Bella fuera de la tina. Ella gritó y se agarró de mi cuello—. No te soltaré, nena.

—Lo sé —dijo, sonriendo—. Confío en ti, Edward.

La deposité sobre el mostrador y la sequé con cuidado.

—¿Qué quieres usar?

—Una de tus camisetas —dijo después de pensarlo por unos momentos—. Y mi pantalón para yoga.

—No te muevas —dije, besándole la nariz. Su cara se arrugó al reírse. Me fui a la habitación, agarré una camiseta de cuello V color azul para Bella junto con su pantalón negro de yoga y unas bragas. También agarré un bóxer limpio para mí, decidiendo ponerme la misma ropa que tenía antes de nuestro baño. Solo las había usado por quince minutos antes de mi segunda ronda en el baño. Me puse el bóxer y regresé descalzo al baño, llevando la ropa de Bella.

Ella seguía sentada en el mostrador, moviendo sus pies inocentemente. La miré. Era verdaderamente una visión de belleza, incluso con ojos hinchados y rojos, y mejillas sonrojadas por llorar. Su cabello brillaba en un millón de tonalidades de rojo, café, castaño, rubio, miel y jengibre. Sus ojos eran de la tonalidad perfecta de café chocolate; piscinas fundidas que me conectaban a su misma alma. Su cremosa piel de alabastro era impecable. La cara en forma de corazón de Bella era tan expresiva, especialmente con su boca rosa y cejas perfectamente formadas.

Mi ensoñación se vio interrumpida por la dulce voz de Bella.

—Me estás mirando, Brit —bromeó—. Debo parecer una rata ahogada con ojos hinchados.

—Te ves perfecta —dije al caminar hacia ella, acercándola a mí. Sus piernas estaban a cada lado de mis caderas—. Tan hermosa, mi Isabella.

Se sonrojó y agachó la cabeza. Otro aspecto de ella que encontraba fascinante. Acunando su mentón con mis dedos, levanté tiernamente su cara hacia la mía.

—Lo eres. Para mí —susurré—. Ahora, vamos a vestirte para bajar con Emmett. Probablemente te torturará con su mal acento francés.

—¿Hizo eso contigo? —preguntó Bella.

—Desafortunadamente —dije inexpresivo. Con un poco de ayuda, Bella se vistió y bajé las escaleras cargándola, a pesar de sus protestas. Al menos la cargué en mi espalda y no como una "princesa" (sus palabras, no mías) en mis brazos. Emmett me quitó a Bella de la espalda y la echó sobre su hombro. Exclamó malévolamente al decir que le patearía el culo. Los golpes que ella le daba en la espalda se escucharon por toda la casa hasta que se cerró la puerta de su "habitación de terapia".

Mi mamá me jaló a la cocina y juntos terminamos de preparar la cena. Bella salió de la habitación de terapia, todavía cojeaba ligeramente, pero caminaba con más fuerza que antes. Todos nos reunimos alrededor de la enorme mesa del comedor y tuvimos una deliciosa comida que consistía en lasaña, palitos de pan de ajo y una enorme ensalada.

Todos colaboramos para lavar los trastes, excepto por Bella y Esme. Bella se vio arrastrada a la gigante sala con mi mamá mientras nosotros limpiábamos la cocina. Luego vimos una película en grupo. Bella estaba acurrucada en mi regazo, roncando ligeramente, mientras veíamos una comedia absurda. La película terminó y todos nos dispersamos. Emmett cargó a Bella de mi regazo, diciendo que yo necesitaba descansar los brazos, y la llevó a nuestra habitación. Emmett depositó a mi novia dormida… prometida… en la cama, arropándola con las cobijas. Con una sonrisa, me recordó que Rose y Alice estarían tocando la puerta a las ocho para comenzar con el proceso de embellecimiento de Bella. Alcé un puño al aire de forma sarcástica. Emmett se burló al salir de la habitación y cerrar la puerta. Le puse el pestillo cuando se fue, quería darle a Bella todo el descanso posible antes de que las gemelas Barbie la atacaran con su pinza de rizos y la brocha de maquillaje.

En cuanto mi cabeza tocó la almohada, Bella se acurrucó junto a mí. Sonreí y la abracé con fuerza antes de que mis propios ojos perdieran la batalla por permanecer abiertos. Mi último pensamiento consciente antes de caer en un pacífico sueño fue que mañana, sin importar el resultado como patinadores, le pediría a Bella que fuera mi esposa.

No podía esperar.