Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.


Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!


Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.


Capítulo Treinta y cuatro: Exhibiciones, limonada y campanas de boda

EPOV

—Bella, despierta, prometida mía —canturreé.

—No, estoy cómoda —gruñó mientras se tapaba la cara con una almohada. Bella movió la almohada y vio que ya estaba vestido con unos jeans oscuros y una camisa de botones—. ¿Cuándo te vestiste?

—Llevo rato despierto, nena —me burlé—. Estabas fuera de combate y esperé tanto como pude antes de despertarte. Tenemos la exhibición hoy y nosotros, desafortunadamente, tenemos que dar una conferencia de prensa con los otros medallistas de oro antes de la exhibición. No es nada muy elaborado, solo una oportunidad para que los patrocinadores convenzan a los atletas de promocionar sus productos. Ya que nos vamos a retirar, no estoy seguro de si recibiremos ofertas, pero se supone que es un requisito.

—¿No podemos quedarnos aquí haciendo el amor todo el día? —Bella hizo un adorable puchero.

—Es tentador, nena. Verte aquí en la cama usando nada más que una sonrisa y mi anillo está haciendo que mis jeans se sientan muy, muy apretados —dije, acariciándola con mi mejilla. Tenía un poco de barba y Bella se rio—. Perdón, no traje mi maquinita de afeitar.

—No, así déjalo. Es sexy —dijo, sonriéndome—. Te da cierto atractivo de chico malo.

—Sí, porque soy muy rudo —dije secamente.

—Pues sí, tienes dos tatuajes —comentó Bella. Agarró mi camisa y se la pasó sobre su cuerpo desnudo. Su perfecto cuerpo desnudo. Bella se rio al verme—. Estás babeando, Edward.

—Tú estás preciosa —dije, dedicándole mi sonrisa torcida—. Especialmente cuando usas mi ropa y mi anillo.

—¿Qué te parece ahora? —dijo, dejó caer la camisa y puso las manos en sus caderas, mi anillo de compromiso brillaba bajo el sol de la mañana y su hermoso cuerpo desnudo estaba en exhibición. Me mordí el labio al verla. Alzó una ceja, dedicándome una sonrisa lenta, sexy y seductora.

Ella te desea, Masen. Estamos listos. Tan duros como una roca. En sus marcas, listos, ¡fuera!

Tenemos que irnos.

¿A quién carajos le importa? Tu mujer, tu PROMETIDA está parada frente a ti sin ropa, sonriéndote para que hagas lo que se te dé la gana con ella.

Caminé hacia Bella y la acorralé contra la pared.

—¿Quieres realizar la presentación de hoy, amor? —pregunté bruscamente, agaché la cabeza hacia su cuello y mordí su suave piel.

—Sí, pero te quiero a ti primero —canturreó. Sus manos agarraron el cinturón en mis jeans—. Siénteme, Edward. Siente lo lista que estoy para ti.

Bajé con mi mano desde su pierna hacia su rodilla, subí su pierna a mi cadera, abriendo su cuerpo para mí. Usando mis dedos, los pasé a lo largo de sus pliegues para encontrarla absolutamente empapada. Jodido infierno. Mientras jugaba con su cuerpo, Bella me bajó los jeans por las caderas y mi ahora prominente erección golpeó contra mi piel.

—Nena, esto será muy rápido.

—No me importa, Edward. Te necesito dentro de mí —me rogó, moviéndose contra mi mano. Sus manos se enredaron en mi cabello cuando la alcé con facilidad. Sus largas piernas me rodearon la cintura y me deslicé sin problemas dentro de su calidez—. ¡SÍ! —gimió Bella. Sus labios atacaron los míos y pronto me encontraba entrando y saliendo como lunático. Sus músculos se aferraban a mi excitación, jalándome más dentro de su apretado cuerpo.

—Bella —gemí al apartar mi boca de la suya para chuparle el lóbulo de la oreja—. Tan jodidamente buena, nena. Nunca quiero estar sin ti, amor.

—Nunca. Soy tuya, Edward. Estaré contigo. Siempre —siseó, tirando de mi cabello con fuerza—. Más duro, cielo. Haz que me corra.

—Tus deseos son órdenes para mí, amor —exclamé al hacerme hacia atrás, pegándola a la pared con mis manos mientras me mecía dentro y fuera de su centro. Bella rasguñó mi camisa mientras gimoteaba y gemía. Luego, su jodida mano izquierda se movió a su centro y empezó a jugar hábilmente con su clítoris. ¡Jodida y santísima mierda! Eso es muy sexy. Ahogué un gemido al ver su mano, la mano con mi anillo en su dedo, acercándola más al orgasmo mientras hacíamos el amor. Sus músculos ondearon alrededor de mí y pronto sus caderas se encontraron meciéndose con las mías—. Nena… tan cerca… —gruñí al embestir dentro de ella.

—Carajo, yo también —gimoteó—. Taaaan bien, Edward. Me haces sentir tan bien. Fui hecha para ti, cielo.

—Fuimos hechos el uno para el otro, nena —jadeé. La mano de Bella se detuvo cuando se apretó a mi alrededor. Su espalda se arqueó, alejándose de la pared, y su cuerpo pulsó alrededor de mi excitación. Su liberación activó la mía y gruñí al derramarme dentro de mi prometida. Mi liberación salió en chorros y necesité de toda mi fuerza para no soltar a Bella ante el poder de mi orgasmo. Se recargó contra la pared y nos bajé lentamente hacia el piso, manteniendo a Bella pegada a mí, a horcajadas sobre mi cintura. Su cabeza estaba apoyada en mi hombro mientras respiraba pesadamente sobre mi cuello—. Ahora sí se nos hizo tarde, Bell.

—Hijo de puta —gruñó—. Quiero más. —Se removió sobre mi polla suavizada y esta reaccionó ante el prospecto de más momentos divertidos semidesnudos.

—Te daré todo lo que quieras, nena. Solo que después de que patinemos hoy —ronroneé, alzándole la cara para encontrarse con mi mirada—. Tenemos el resto de nuestras vidas, Bella. No me iré a ninguna parte. Te amo.

—También te amo, Edward —susurró. Con un suspiro pesado, se levantó de mi regazo y frunció el ceño cuando se rompió nuestra conexión.

Sí, también te extrañamos. Nos vemos luego, nena. Lo prometemos.

Definitivamente luego. Y más lento. Y con más juego previo.

Ahora ya nos entendemos.

Bella se dio una ducha rápida sin lavarse el cabello. Me volví a vestir y empaqué nuestras cosas, sacando las medallas de oro que teníamos que usar para la estúpida conferencia de prensa. Vaya, ¿estamos un poquito amargados? Eh, en realidad no. Solo que no tenía sentido para nosotros debido a que ya no seguiríamos compitiendo.

Registramos nuestra salida del hotel y nos subimos a regañadientes a la limusina que nos esperaba. Sorprendentemente, había un mar de periodistas cerca de la salida del hotel. El hotel nos proporcionó seguridad extra mientras los periodistas nos tomaban fotos y hacían preguntas personales. Escudé a Bella mientras ella se escondía detrás de unos enormes lentes de sol. Una vez dentro de la limusina, Bella se quitó sus lentes y se quedó boquiabierta.

—Eso fue una locura.

—Ganamos el oro e hicimos historia —dije, entrelazando mis dedos con los suyos—. Somos la primera pareja en comprometerse en el escenario de una competencia mundial de patinaje artístico. Me temo que vamos a tener que aguantar esto por unas semanas.

—Santo cielo —dijo Bella secamente.

—Bueno, lo lindo es que cuando volvamos a casa, nos mudaremos a nuestro nuevo hogar y este se encuentra en una ubicación segura en Mercer Island. Las únicas personas que pueden entrar a nuestro vecindario son invitados y los dueños de las casas —dije. Bella se sonrojó y asintió, dejando caer su cabeza sobre mi hombro. El viaje al recinto transcurrió en silencio. Bella agarró con mucha fuerza mi mano cuando nos detuvimos y vimos que había más periodistas afuera de la pista. Noté que Emmett y Liam nos estaban esperando—. Vamos, amor. Tenemos nuestro cuerpo de seguridad.

—Incluso están vestidos de negro y llevan gafas de sol —se rio Bella.

Emmett abrió la puerta y le ofreció su mano a Bella. Ella la aceptó y él se la llevó. Le entregué mi maleta a Liam y me bajé de la limusina, agradeciéndole al chofer. Él asintió antes de irse. Liam me agarró del bíceps y me llevó hacia el recinto.

—Es una jodida locura, Edward. ¡Incluso en la villa! —dijo Liam, lanzándome una mirada—. Tu propuesta estuvo en todas las noticias. El celular de tu mamá explotó esta mañana con propuestas para pasar tu boda por televisión en una de las principales cadenas de Estados Unidos. Bella recibió ofertas para contratos de modelaje si usa sus vestidos de novia. Es una locura.

—Santa mierda —exhalé.

—Sí. Te lo advierto. Esta conferencia de prensa será un espectáculo de Edward y Bella. Necesitas ponerle un alto si quieres un poco de privacidad cuando planeen su boda, hombre —dijo Liam—. Estoy muy feliz por ti, pero es una jodida locura.

—Fabuloso —suspiré. Llegamos a la entrada del recinto. Carlisle me entregó mis credenciales y me puse la medalla de oro en el cuello. Me acerqué a Bella y entrelacé mis dedos con los suyos. Juntos tomamos asiento a un lado del campeón de la categoría de hombres, Charles McDonough de Irlanda.

—Felicidades —dijo Charles con un ligero acento irlandés—. Los vi patinar anoche y fue increíble.

—Gracias, Charles —dijo Bella con gracia—. Me encantó tu programa corto. La música fue muy única. ¿De dónde es?

—Es de la película Blancanieves y el Cazador —respondió—. En el programa corto yo patiné la parte del cazador. Fue muy divertido.

—¿Qué vas a patinar para la exhibición? —pregunté.

—Bond. James Bond —respondió Charles, alzando una ceja—. Llevo puesto un esmoquin y es una rutina muy sexy. ¿Qué hay de ustedes? ¿Su exhibición será tan sexy como su programa largo?

—No. Es más bien una despedida —dijo Bella en voz baja—. Patinaremos con A Thousand Years de Christina Perri.

—Qué hermoso. —Charles sonrió—. Oh, debemos prepararnos. Nos vemos en el hielo. ¡Felicidades de nuevo!

La conferencia de presa empezó y respondimos todas las preguntas. Sin embargo, no fue sorpresa que la mayoría de las preguntas fueran dirigidas hacia Bella y hacia mí. No obstante, ante la primera pregunta que se hizo respecto a nuestro compromiso, sonreí y respondí:

—Gracias por las felicitaciones y la pregunta. Aunque mi propuesta se realizó de forma muy pública, apreciaríamos su discreción en cuanto a la planeación y la cobertura de nuestra boda. Somos personas muy privadas y después de hoy nos alejaremos de los reflectores. Gracias. —La prensa se quedó un poco sorprendida con mi respuesta, pero respetaron mis deseos. Casi una hora después de que comenzó, la conferencia terminó y bajamos hacia los vestidores para la última vez que nos ataríamos los patines.

En el vestidor, Alice estaba esperando a Bella con su vestuario. La arrastró al cuartito para ponerle el vestido. Carlisle me entregó mi vestuario y salió del lugar ya que sabía que actualmente no llevaba ropa interior. En la bolsa de ropa había un bóxer negro. Me puse rápidamente mi vestuario, menos los patines. Tenía que ponerme un poco de cinta en los tobillos ya que tenía ampollas en la piel. Luego de ponerme la suficiente cinta, me puse los calcetines e hice estiramientos ligeros mientras esperaba por Bella.

Ella salió unos momentos después con su cabello atado en un chongo flojo con mechones rizados cayéndole alrededor de la cara. Alice salió unos minutos después y le dio un abrazo después de poner un poco de polvo en el cuello de Bella. Pequeña me fulminó con la mirada.

—Lindo chupetón, Edward. Gracias a Dios que tenía el maquillaje que usamos para el tatuaje de Bella para taparlo —espetó.

—Me alegra tanto que el maquillaje para mi tatuaje se usara para lo que fue hecho —dijo Bella secamente. Se giró, su tatuaje estaba orgullosamente exhibido entre sus omóplatos—. Estaría de acuerdo si mi chupetón también se viera, pero Alice cree que es de mal gusto. Que tú me marcaras como cavernícola.

—Sí te marcó —dijo Alice. Agarró la mano izquierda de Bella—. ¿Ves?

—Me gustan ambos —dijo Bella—. Sin embargo, uno es más caro que el otro.

—Pequeña, relájate —bromeé—. Yo también tengo mis propios chupetones. —Bella sonrió pícara ante ese comentario. Me dejó un buen chupetón en la parte interna del muslo y otro en mi pectoral derecho, justo sobre mi tatuaje—. Solo que no puedes verlos.

—Pruébalo —dijo Alice.

Me agarré la bragueta, listo para poner en evidencia a Alice, pero ella chilló diciendo que me creía. Sonreí y me senté, agarrando mis patines. Bella se rio ante la forma en que Alice huyó rápidamente de nuestro vestidor. Ahora, a diferencia de la competencia, podíamos ver las rutinas de exhibición. Con los patines puestos, agarré una chaqueta para Bella y subimos hacia la pista. Nos sentamos detrás del Kiss and cry, en las sillas acomodadas por los oficiales para ver las presentaciones. Mientras veíamos las presentaciones, recibimos felicitaciones de nuestros colegas competidores. Las mujeres parloteaban con entusiasmo sobre el anillo de Bella y los chicos, al menos los heterosexuales que estaban casados, me desearon buena suerte.

Todos los medallistas de oro iban a presentarse casi al final de la exhibición. En vistas de nuestro retiro, nosotros seríamos los últimos. Nuestro final trágico, por así decirlo. Nos presentaríamos después de la campeona en la categoría de mujeres, Michele Chu, otra americana. Michele estaba haciendo su reverencia y Bella y yo salimos al hielo. Carlisle estaba entre la audiencia con nuestra familia. Éramos solo nosotros.

—No puedo creer que esto sea el fin —murmuró Bella.

—Lo es, pero no es el final para nosotros. Puede que no vayamos a competir como patinadores, pero podemos hacer exhibiciones y eventos de caridad, Bell —dije, rozándole la mejilla con mis dedos.

La voz del anunciador resonó a través del recinto en francés.

—Nuestra última presentación de la tarde es de los medallistas de oro para el evento de parejas. Esta también será su última rutina como pareja, pero no en la vida. ¡Felicidades por su compromiso! Por favor, ¡denles una cálida ronda de aplausos a Isabella Swan y Edward Masen!

Bella y yo entrelazamos nuestros dedos y dimos una vuelta a la pista. Al llegar al centro del hielo, nos separamos y nos preparamos para nuestro final. El inicio de la pieza incluía un poco de trabajo individual. Bella iba primero. El piano empezó a sonar y Bella se impulsó en sus cuchillas, sonriendo suavemente mientras se deslizaba sobre el hielo. Hizo un giro triple y patinó de espaldas, ganó velocidad antes de girarse hacia enfrente para hacer su característica secuencia de espiral. Cuando comenzó el coro me uní a ella. Ella se giró en mis brazos, acariciándome gentilmente las mejillas antes de alzarla en mis brazos. La sostuve contra mi pecho mientras nos giraba sobre el hielo.

La bajé y me aparté de un giró. Ella me miró ganar velocidad para hacer mi único salto fuerte individual: mi tano triple lutz. Estiré las manos hacia atrás y lancé mi cuerpo al aire, alcé el brazo derecho sobre mi cabeza al girar tres veces en el aire. Aterricé firmemente y patiné de regreso a Bella, me dejé caer de rodillas al acercarme a ella. Enterré la cara en su estómago mientras la sostenía. Ella se agachó y me besó los labios al buscar mis manos. Me levanté y juntos nos movimos sobre el hielo: amándonos y disfrutando de nuestra última presentación.

Cuando la canción terminó, Bella y yo nos reunimos en el centro de la pista. Mis manos acunaron gentilmente su hermosa cara en forma de corazón y me agaché para dejar un suave beso en sus labios mientras la bajaba para formar nuestra pose final. Al separarnos notamos a la multitud gritando mientras Bella y yo nos veíamos a los ojos.

—Solo tú y yo, mi amor —susurré sobre el bullicio—. Gracias.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se derramaron pesadamente mientras ella caía en mis brazos. La cargué y me rodeó la cintura con sus piernas. Su voz casi se veía ahogada por la multitud, pero estaba repitiendo una y otra vez que me amaba. La abracé hasta que murmuré que teníamos que hacer nuestra reverencia. Con reticencia bajó sus piernas. La deposité sobre el suelo e hicimos nuestra reverencia. Los gritos eran ensordecedores mientras la multitud nos rogaba que no nos retiráramos. En ese momento, las lágrimas ya caían también por mis mejillas.

La ovación de pie y el aplauso duró por casi quince minutos. El hielo estaba lleno de flores, peluches y otras baratijas. Con una última reverencia, salimos del hielo y al hacerlo, Bella colapsó contra mí, sollozando incontrolablemente. Charlie estaba parado cerca de la salida. Él la tomó en sus brazos y la abrazó mientras salíamos de la pista para procesar lo que había pasado. En el vestidor, Bella se sentó en el regazo de Charlie mientras seguía sollozando. Sostuve su mano. La carga emocional de esta competencia finalmente la había afectado. A mí también me afectó, pero no podía dejar que Bella me viera desmoronándome.

Bella se calmó y nos cambiamos a la ropa que usamos para la conferencia de prensa. Al salir del recinto nos acompañaba un equipo de seguridad ya que los periodistas seguían afuera. Bella no estaba preparada para eso, así que la sostuve en mis brazos al subirnos a la SUV que nos llevaría de regreso a la villa.

xx FO xx

—Me sentiré muy feliz cuando regresemos a Estados Unidos —sonrió Emmett—. Me gustó Niza, pero después de un tiempo ya no era tan lindo.

—Emmett, eres un idiota —dijo Rose—. ¡Es el jodido sur de Francia! Es increíble. Tienes la playa, centros de compras, guapos franceses, hombres y mujeres, comida deliciosa, más guapos franceses…

—¡Hola! Nos vamos a casar en un mes, Ro. ¿Qué soy? ¿Hígado picado? —se burló Emmett.

—Tienes razón —se rio Rose—. Ansío poder dormir en mi propia cama.

—Yo también —suspiró Bella, acurrucándose en mi pecho. Estábamos en el avión de regreso a Estados Unidos. Nos habíamos adueñado de la sección de primera clase del enorme avión y era perfecto. Habíamos pasado dos días más en Niza después de la rutina de exhibición haciendo cosas de turistas. Luego habíamos empacado para volar a casa.

—Bella —intervino Alice.

—¿Qué, Alice? —preguntó Bella, girándose para verla de frente.

—Tengo un montón de ideas para tu boda. ¡Tienes que dejarme planearla! —gritó Alice—. Compré un montón de revistas de novias. Desafortunadamente, están en francés…

—Alice, detente —dijo Bella.

—¿Por qué?

Compartimos una mirada y luego vimos a Alice.

—Pequeña, esta es nuestra boda. Aunque apreciamos el gesto, nosotros queremos planearla —dije.

—Pero… pero… —sollozó Alice—. Es tu boda.

—Exacto. Nuestra boda —dijo Bella, señalándonos—. Nosotros queremos planearla.

—¿Ya eligieron una fecha? —preguntó Esme.

—Sí. —Bella sonrió—. Nos vamos a casar antes de que Edward empiece la escuela de medicina en septiembre. Estamos planeando que sea el segundo fin de semana de agosto.

—¡Pero solo faltan cinco meses! —gritó Alice. Una azafata entró a la cabina de primera clase y fulminó con la mirada a Alice. Ella se sonrojó y se disculpó—. ¿Cómo lo van a lograr?

—Fácil. Será una boda pequeña en el patio trasero de nuestra casa —dijo Bella simplemente—. Todos los que ves aquí más Jared y Meg estarán en nuestra boda.

—No olvides a Tanya y Steve —dije.

—Cierto, ellos también —dijo Bella—. Alice, no quiero una boda lujosa y enorme. La única cosa que importa es que se trata de nosotros. De decir nuestros votos. Prometernos amarnos por el resto de nuestras vidas.

—Con cuidado, sino luego me dirás que no vas a tener damas de honor —gruñó Alice. Bella se mordió el labio—. ¡Oh, mierda! ¿En serio?

—Vamos a tener testigos, pero no damas ni padrinos —respondí—. Es poco ortodoxo, pero mi mamá y el papá de Bella son nuestros testigos.

—Se los pedimos anoche y dijeron que sí —dijo Bella con una sonrisa pequeña, mirando a mi mamá. Esme sonrió enormemente y palmeó las manos de Bella—. Así que ustedes se salvarán de tener que usar un feo vestido de caftán. Pueden usar lo que quieran para nuestra boda. Demonios, ¡usen jeans!

Alice miró boquiabierta a Bella, se puso de diferentes tonalidades de rojo, luego morado, luego azul ya que había dejado de respirar. Gruñó y se fue dando pisotones hacia el baño, cerrándolo de golpe. Carlisle suspiró y dijo que él hablaría con ella. Bella había sospechado que Alice se molestaría, pero no habíamos anticipado esto. Un berrinche a 35,000 pies de altura.

—Creo que están en todo su derecho de planear la boda que quieran —dijo Rose—. Demonios, lo que no daría por tener una tranquila boda en un patio trasero. En lugar de eso, tendremos una boda enorme porque mi madre insiste en ello. Cuatrocientos invitados, una catedral enorme, un salón de banquetes que podría ser un país por sí solo… una locura, te digo. ¿Cierto, Emmett?

—Tu mamá está loca —dijo Emmett inexpresivo—. Adoro a mamá Hale, pero santo cielo con el acomodo de asientos, las degustaciones y los arreglos florales.

—Tu boda será hermosa, Rosalie —dijo Esme con una sonrisa.

—Estoy segura de eso, pero no será mi boda. Me encantaría reducir la lista de invitados a la mitad y así… pero ¿qué se puede hacer?

Nadie tenía una respuesta y seguimos con nuestros propios asuntos. Bella estaba cansada y honestamente yo también. Ambos reclinamos los asientos y rápidamente nos quedamos dormidos, enredados lo mejor que podíamos en los asientos del avión. Dormimos hasta que estábamos a punto de aterrizar, que fue cuando la azafata nos pidió que nos enderezáramos. Alice estaba sentada al otro lado del avión, seguía enfadada. Jasper frunció el ceño y nos musitó un "lo siento". No era su culpa que la Pequeña estuviera siendo una malcriada. Sin embargo, obviamente Bella estaba molesta con el comportamiento de Alice, y se acurrucó contra mí cuando ya estábamos a punto de aterrizar. El avión tocó tierra y todos salimos de él, malhumorados y desesperados por estar en nuestras casas. Afortunadamente Carlisle había solicitado limusinas separadas para llevarnos a nuestros respectivos lugares de residencia.

Desafortunadamente, cuando pasamos aduanas y agarramos nuestro equipaje nos vimos rodeados de reporteros. Estaban tomando fotos, se nos ponían enfrente y nos sondeaban con preguntas sobre Bella y sobre mí. Los ignoramos y nos subimos a la limusina negra que nos esperaba. El chofer nos preguntó a dónde nos llevaría y le di las indicaciones hacia el apartamento. Lo dirigí hacia el estacionamiento subterráneo, y presioné el código para dejarnos pasar. Firmé el recibo de la limusina y le di propina para luego subir en elevador hasta mi apartamento. Una vez dentro depositamos nuestras maletas junto a la puerta y nos fuimos directo a la habitación. Bella se quitó los jeans y la sudadera, quedándose con un par de bragas diminutas y una camiseta. Me quité la ropa y me metí debajo de las cobijas para terminar nuestra siesta en la comodidad de nuestra cama.

xx FO xx

—Edward, nunca más nos volveremos a mudar —dijo Bella, dejándose caer en el sofá.

—Dímelo a mí —me reí entre dientes—. Al menos no nos llevó tanto como habíamos anticipado.

—Síp. Gracias a Dios por la buena mudanza, buenos amigos y el prometido más paciente —se rio—. Te amo, Brit.

—Te amo más, Bell —sonreí al besar sus labios, rodeándole la cintura con mi brazo cuando se acurrucó en mi costado.

Había pasado casi un mes desde nuestra victoria en la Competencia Mundial. Después de dormir por casi un día para superar el cambio de horario, Bella atacó mi apartamento y empezó a empacar todo. Me sorprendí ante el candor con el que enfrentó el tema de empacar. Sin embargo, no esperaba nada menos. Estaba ansiosa por mudarnos a nuestra casa. Igual que yo. En pocos días ya habíamos empacado todo lo de mi apartamento. Al día siguiente vinieron los de la mudanza y finalmente nos trasladamos a nuestra casa en Mercer Island. Sin embargo, desempacar fue una historia diferente. Bella era muy particular sobre dónde debía ir cada cosa y tardamos casi un mes en dejar la casa como debería estar.

—¿Has hablado con la Pequeña? —pregunté, entregándole una botella de agua. La aceptó animadamente y se tomó la mitad de la botella de un trago.

—No. Sigue enojada sobre todo el asunto de la boda. Hablando de eso, tu mamá y yo iremos a comprar mi vestido mañana. Además, iremos a buscar arreglos florales. ¿Hay algún color que quieras que evite?

—Amarillo. No queda bien con mi cabello —me burlé.

—Nada de amarillo. Entendido —suspiró—. ¿Crees que podremos organizar esta boda en menos de cuatro meses?

—Más nos vale. Ya reservé nuestra luna de miel —dije, besándole el cabello—. Nos vamos el 13 de agosto para dos semanas de gozar en nuestra luna de miel.

—¿Me vas a decir a dónde iremos? —comentó—. Me gustaría saber qué debería empacar.

—Nada. Pasaremos toda la luna de miel en la cama, haciendo el amor —gruñí, mordiéndole el cuello. Se rio y se retorció en mis brazos.

—En serio, Edward —sonrió.

—Habrá clima cálido. Trajes de baño, vestidos coquetos. Pero nada de bragas —gruñí—. Tendré acceso fácil para poder follar a mi esposa.

—Pervertido —se rio—. Hemos bautizado la mayoría de las superficies en esta casa. Además del piano, dos veces.

—Nop, tres veces —dije, alzando una ceja—. ¿Olvidaste nuestra primera noche?

—Oh, sí —dijo Bella mientras recordaba soñadoramente nuestra primera noche en la casa.

Ambos estábamos exhaustos debido a la mudanza. Nuestros amigos se habían ido y habíamos pasado mucho tiempo en la ducha, masajeando nuestros músculos cansados. Luego de limpiarnos, Bella quería usar nuestra nueva cocina. Revoloteó alegremente por la cocina, reuniendo los ingredientes para hacer un sofrito. Decidí juguetear un poco con el piano ya que finalmente tenía uno a mi disposición por primera vez en muchos años.

Me senté en el piano, que había afinado antes de mudarnos, y pasé los dedos de un lado a otro sobre las teclas, calentando. Luego empecé a tocar algunas piezas que había memorizado, meciéndome gentilmente con la música. Mis dedos se deslizaron sobre las teclas, tocando la canción de Bella. Al tocar, una suave sonrisa brotó en mis labios al poner todo mi ser en interpretar su canción.

Bella se escabulló detrás de mí y me besó el cuello mientras tocaba. Gemí en voz baja, apartando las manos del piano.

No te detengas —me susurró al oído. Sus labios me rodearon el lóbulo y regresé los dedos a las teclas, siguiendo donde me había quedado. Su boca asaltó mi cuello mientras sus dedos se deslizaban sobre mi torso. Intenté seguir tocando, pero su boca, sus manos, su cuerpo contra el mío me distraían mucho.

Bella —dije con voz ronca—. Te necesito, amor.

Hmmm, ¿qué necesitas, Edward? —murmuró, separándose de mí. De inmediato extrañé su calidez en mi espalda. Sin embargo, eso duró poco. Su cuerpo se volvió a pegar al mío cuando sus dedos se metieron debajo de mi camiseta—. Dime…

A ti. Necesito hacerte el amor —gimoteé. Bella sonrió sobre mi cuello y me levantó la camiseta. Alcé las manos sobre mi cabeza y aventó mi camiseta al piso. Bella se volvió a presionar contra mí y, carajo, estaba desnuda. Sus pechos estaban aplastados sobre mi espalda y podía sentir el calor que su centro emanaba en mi culo. Más rápido de lo que duraba un parpadeo, me giré y jalé a Bella a mi regazo. Mis labios chocaron con los suyos mientras que mis dedos se movían a su empapado centro. Sus manos bajaron hacia mi pantalonera y la bajaron todo lo que podían sin que tuviera que moverme. Ella se levantó y yo me quité la pantalonera. Sonrió y se sentó a horcajadas en mi cintura, resbalando mi excitación dentro de su caliente, húmedo y apretado centro. Se hizo hacia atrás y meneó sus caderas sobre mí, hizo que notas disonantes sonaran del piano cuando sus manos cayeron sobre las teclas—. Hermosa —murmuré al verla montarme.

Los ojos de Bella estaban oscurecidos con deseo mientras saltaba en mi polla. Sus pechos rogaban por mi boca. ¿Quién era yo para negarme? Inclinándome hacia enfrente, mis labios rodearon su pezón y agarré su otro pecho con mi mano. Su cuerpo onduló sensualmente sobre mí, parecía una serpiente.

Edward, más…

Mi otro brazo le rodeó la cintura y la sostuve mientras alzaba las caderas, embistiendo contra ella, llenando su calor con mi cuerpo. Chupé sus pechos, le mordí los pezones. Sus gemidos se hicieron más altos y su excitación se derramó sobre mí, mojándole los muslos. Sus músculos se contraían a mi alrededor y podía sentir que estaba cerca.

Déjate llevar, mi amor —ronroneé—. Señora Masen.

Ugh —gimió cuando sus músculos se apretaron en mí. Sus manos volaron a mi cabello, tirando con fuerza de mis mechones. Un golpe de calidez, humedad y algo únicamente Bella bañó mi polla y causó que mi propia liberación brotara. Gruñí el amor que sentía por ella mientras me corría dentro de mi prometida. Mi futura esposa. Nuestros movimientos se hicieron lentos y Bella se dejó caer sobre mí. Sus manos se deslizaban sobre mi sudorosa espalda—. Señor Swan —se rio.

¡Bella! —me quejé. Me contagió de las risas que soltó en respuesta hasta que sonó el detector de humo. Gritó y se bajó de un salto de mi regazó, se puso mi camisa y corrió a la cocina. Desafortunadamente, la cena se había arruinado. Pero hicimos el amor en el mostrador de la cocina antes de ordenar pizza. Así que al final todos ganamos.

—Había olvidado esa noche. Estaba muy preocupada por la maldita cena —se rio—. Habría sido muy malo si hubiera quemado nuestra casa nueva en la primera noche aquí.

—Solo se achicharró el sartén. No causó mayores daños —dije, besándole la frente.

—¿Qué deberíamos hacer con Alice? Detesto no hablar con ella, Edward. Es mi mejor amiga y lo más cercano que tengo a una hermana. —Bella frunció el ceño. La situación con Alice le había pesado mucho a Bella en la mente. De hecho, soñaba muy seguido sobre eso. Sus sueños consistían en Alice atacando el vestido de novia de Bella con unas tijeras dentadas momentos antes de la ceremonia.

—Bella, no tenemos que hacer nada. Tomamos nuestra decisión. Ella tiene que apegarse a eso —respondí—. Así de simple. Sé que es feo que no puedas hablar con ella, pero si va a armar tanto alboroto por nuestra boda, entonces estoy seguro de que no quiero que ella se haga cargo. Tendríamos domadores de leones, artistas de circo y un elefante llamado Tai.

—Demonios. No —dijo Bella empáticamente.

—Mira, mañana iré a la pista. Voy a pasar un rato con Jared y Liam. Él se está preparando para las presentaciones de primavera en la pista y quiere que revise sus movimientos. Hablaré con Carlisle o rayos, iré a atacar a la Pequeña en su tienda. Ella tiene que entenderlo, Bell. Este es nuestro momento. No el suyo.

—Gracias, Edward —dijo Bella, acurrucándose en mi costado mientras veíamos una película en la televisión. Nos fuimos a dormir temprano y a las nueve de la mañana siguiente Bella se fue a recoger a mi mamá de su condominio para ir a buscar vestidos de novia, además de flores, el pastel y otras necesidades para la boda. Manejé hacia la pista para ver a Jared practicar con Liam. Cuando entré al lugar, Jared estaba dando sus vueltas de calentamiento con Liam. Me puse unos patines viejos y salí al hielo.

Cuando me uní a ellos ya casi terminaban con su calentamiento, y me gané un ruidoso grito por parte de Jared. No lo había visto desde que ganamos en Niza.

—¡EDWARD! —gritó al patinar hacia mí para saltar a mis brazos.

—Hola, Jared —sonreí al atraparlo antes de que cayera de cara—. ¿Cómo estás, amigo?

—¡Estoy genial! Te extrañé —dijo, estaba rebotando sobre sus cuchillas y me abrazaba con fuerza—. ¿Cómo está Bella?

—Está bien. Salió con mi mamá a buscar su vestido de novia y otras cosas —dije—. Quería venir a ver cómo ibas para la presentación de primavera y para estar un rato en el hielo.

—¿Lo extrañas, Edward? —preguntó Liam.

—Un poco, pero con la mudanza, prepararme para la escuela, planear nuestra boda y hacer los arreglos de nuestra luna de miel, he estado ocupado —sonreí—. Así que quiero ver cómo vas, Jared.

—Bien —dijo. Liam patinó hacia la cabina de sonido y preparó la música de Jared. Me senté sobre la orilla mientras Jared patinaba en el centro de la pista. Realizó su pose inicial y las notas de Michael Jackson llenaron la pista. Oh, Dios mío, Jared imitaba a Michael Jackson sobre el hielo y era fantástico; un artista natural. Después de que terminara la mezcla de canciones de Michael Jackson, Jared hizo su pose final y me sonrió—. ¿Y bien?

—Me gusta —dije, bajándome de la orilla—. Pero hay una parte donde la secuencia de pasos es un poco torpe.

—¿Durante Beat It? —preguntó Liam.

—Sí —dije, arrugando la nariz—. Estás usando un borde exterior cuando tu cuerpo se inclina hacia un borde interior. —Demostré lo que estaba haciendo y Jared asintió—. Esto tiene más sentido, Jared. —Una vez más lo demostré y él lo intentó. Lo ayudé con cuidado durante la secuencia de pasos y más o menos una hora después ya se sentía cómodo con eso. Antes de irme, Jared volvió a realizar la rutina con la secuencia de pasos ajustada y había una chispa ahí que no estaba en la presentación inicial.

—Edward, ¿estarás aquí para la presentación de primavera? —preguntó Jared mientras se terminaba una botella de agua.

—Claro que sí. Creo que Carlisle quiere que hagamos la rutina de A Thousand Years —respondí—. Además de que seamos parte del final. Puede que nos hayamos retirado de las competencias, pero esto ha sido una parte muy importante de nuestras vidas, Jared. Bella y yo estaremos en las presentaciones tanto tiempo como podamos. En fin, tengo que irme, Jared.

—Gracias por tu ayuda con la secuencia de pasos, Edward. Creo que eso hará que mi rutina sea más increíble —dijo, abrazándome la cintura.

—Hasta luego, pequeño —dije, despeinándole el cabello. Liam me dio un apretón de manos y patiné fuera del hielo. Me quité los patines y limpié las cuchillas. Despidiéndome con un gesto de mano mientras salía de la pista, revisé para ver si Carlisle estaba en su oficina. Desafortunadamente no estaba. Gruñí de camino a mi carro. Tenía que confrontar a la Pequeña de frente. Recen por mí.

Manejé hasta la tienda de Alice y estacioné mi carro afuera. Con un sentido de determinación, entré a la tienda y la busqué. No estaba en la parte de enfrente, pero le pregunté a uno de sus empleados si estaba atrás. El tipo servicial asintió y entré al cuarto trasero. Alice estaba cortando una tela muy delicada, me estaba dando la espalda. Esperé hasta que terminó antes de carraspear para anunciar mi presencia.

—¡Santa mierda! —gritó Alice.

—Hola, Pequeña —sonreí.

—Dios, Edward. —Frunció el ceño—. Me diste un susto de muerte.

—Esperé hasta que terminaste de cortar la tela —dije, señalando el material de encaje negro sobre la mesa.

—Gracias —dijo secamente—. ¿Qué quieres?

—Estoy aquí para hacerte entrar en razón, Alice. No entiendo, ni Bella, por qué estás tan molesta con nosotros. Entiendo que quieras ayudar con la boda, pero es nuestra boda —dije, acercándome a ella—. Tendrás la oportunidad de tener una boda enorme y lujosa cuando te comprometas. Déjanos tener nuestra boda tranquila en el patio trasero.

—Qué vulgar —gruñó Alice.

—No es vulgar. Dios, Alice. No todo gira alrededor de ti. Te quiero como a una hermana, y por la forma en que actúan nuestros papás pronto lo seremos —dije, alzando una ceja—. Pero tienes que meterte en la cabeza que no siempre puedes salirte con la tuya. Bella se ha sentido miserable desde que hiciste tu berrinche en el avión. Nuestra casa está inmaculada porque todo lo que hace es limpiar. Te extraña, Alice, pero necesitas dejar de ser tan egocéntrica.

—Estoy celosa, Edward —murmuró. Inhaló y me miró, sus ojos estaban llenos de lágrimas—. Rose se casará en menos de un mes. Ustedes se casarán en agosto, ¿y yo? No tengo anillo. Jasper y yo llevamos una eternidad juntos. No me propondrá matrimonio. Sé que él es mi para siempre, pero no me pedirá matrimonio.

—Lo siento, Alice. —Fruncí el ceño, poniendo una mano en su hombro—. ¿Has hablado con él sobre esto?

—"Tengo un plan, Alice", es todo lo que dice —se quejó Alice—. Pero ¿cuándo se llevará a cabo este jodido plan? ¿Cuando seamos ancianos y tengamos canas?

—Aquí hay una idea. ¿Por qué no se lo pides tú a él? ¿Quién dice que es trabajo del hombre pedir matrimonio? —pregunté.

—¿Es tan malo querer lo que tienen Bella y tú? Lo siento, Edward. Sé que eres diferente a mi Jasper, pero es que él no lo entiende —gimoteó. La abracé y apoyé mi mejilla en su cabello—. Lamento haber sido tan perra, Edward. Dejaré de ser una bebé en lo que respecta a su boda. Es su decisión y su boda. Deberían tener lo que quieren. Y estoy segura de que será una boda encantadora.

—Gracias, Pequeña —susurré.

—No quiero sonar malagradecida, pero si mi papá le pide matrimonio a tu mamá antes de que Jasper me lo pida a mí, en serio voy a tomar prestados los patines de Bella y me divertiré con las bolas de Jasper usando las malditas cuchillas.

—Todavía falta para eso, Alice. Créeme. Apenas están empezando a salir —dije—. Mi mamá sigue de luto por mi papá. No habrá propuestas durante un tiempo.

—Bien. Te quiero, Brit. Prometo llamar a Bella y arreglar las cosas con ella —dijo, besándome la mejilla.

—Bien. Porque no quiero tener que sacar mis patines —dije, alzando una ceja. Alice puso los ojos en blanco y me pegó en el hombro. Justo así ya habíamos regresado a la normalidad, eso esperaba, y habíamos evitado una crisis.

xx FO xx

Como lo prometió, Alice llamó y se disculpó con Bella sobre todo el fiasco de la boda. Bella se puso de cabezota e hizo sufrir a Alice unos cuantos días antes de aceptar finalmente su disculpa. Sin embargo, como compromiso, Bella habló con Alice para pedirle que le hiciera su vestido de novia. En base a lo que se probó con mi mamá, Bella no podía encontrar algo que le gustara y sabía que Alice podría hacer el vestido que deseaba. Pasaron el resto de la tarde en la oficina de Bella trabajando en los bocetos mientras yo leía para un curso en línea que estaba tomando.

Las siguientes semanas pasaron sin mayores eventos. Bella estaba de cabeza en temas de la boda mientras que yo me reuní con mi consejero en la Universidad de Medicina de Washington. Me registré para mis clases de otoño y pregunté si había algún curso de verano que pudiera tomar para avanzar un poco más. Mi consejero me animó a repasar temas de bioquímica y anatomía humana ya que habían pasado cuatro años desde que estuve en la escuela. Ambos cursos se ofrecían durante el verano y también me registré para ellos. Sería un poco pesado ya que mis exámenes finales serían durante la semana de nuestra boda, pero sabía que podía hacerlo ya que había pasado las clases durante el pregrado.

Antes de saberlo, la boda de Rose y Emmett nos agarró por sorpresa; actualmente me encontraba sentado en una lujosa habitación de hotel mientras me cortaban el cabello la mañana de la boda. Emmett estaba caminando de un lado a otro en su esmoquin, ansioso por casarse con Rosalie. El papá de Emmett lo veía caminar. El papá de Rose solo le fruncía el ceño a Emmett, no estaba complacido con la elección de esposo de su hija. Jasper estaba relajándose con una cerveza mientras me cortaban el pelo. No tenía idea de por qué tenía que cortármelo hoy. Pero Rose insistió.

Y Rose era una noviazilla. Lo que Rose quería, Rose obtenía. Si eso significaba que tenía que afeitarme la cabeza, es lo que ella tendría.

Terminaron con mi corte y la organizadora de la boda nos guio hacia la ubicación donde se casarían. Emmett y Rose no pudieron decidir si tener o no una boda en iglesia, así que eligieron que un ministro diera el servicio en el hotel donde se llevaría a cabo el evento.

Nos tomaron la foto y luego nos llevaron al cuarto del novio mientras llegaban los invitados. Emmett me acorraló, me agarró de los hombros y me miró a los ojos.

—Tienes los anillos, ¿cierto?

—Em, relájate —me reí entre dientes—. Los tengo. —Metí la mano a mi bolsillo y saqué la bolsita de terciopelo que contenía sus anillos de matrimonio—. Me tomo muy en serio mi trabajo como padrino.

—Pues sí me organizaste una despedida de soltero espectacular —resopló.

—Es porque soy lo máximo —me burlé—. En cinco minutos Rose y tú se casarán y entonces podrás relajarte. ¿De acuerdo?

—Sí, de acuerdo —suspiró—. ¿Sabes qué me haría sentir mejor?

—¿Qué?

—Molestar al doctor Tanga —bramó.

—Los odio a los dos —gruñó Jasper.

—Jas, solo molestamos a los que queremos —sonreí—. Pero en serio, tú entraste solito a todo este asunto del doctor Tanga al usar los calzones de Alice.

—Dios, suenas tan británico. —Emmett sonrió.

—Sí, viví allá la mayor parte de mi vida, idiota —dije, alzando una ceja. Justo cuando estaba a punto de molestar a Jasper por dejar esperando a la Pequeña, la organizadora de la boda nos dijo que era hora. Salimos hacia el altar y esperamos el cambio de la música. El cuarteto de cuerdas empezó a tocar el Canon de Pachelbel en re y las mujeres avanzaron por el pasillo. Primero venía la mamá de Rose que fue acompañada hacia su asiento por uno de los acomodadores, que era primo de Rose. Luego las damas de honor avanzaron por el pasillo. A pesar del tamaño de la boda de Rose, solo quería a Bella y Alice como sus damas de honor. Subsecuentemente, solo Jasper y yo éramos padrinos de Emmett.

Alice apareció primero, se veía deslumbrante en un vestido negro sin tirantes y llevando un pequeño ramo de color blanco y rojo. Llevaba el cabello en picos como siempre, pero tenía un toque elegante en él. Luego seguía Bella. Mientras que Alice se veía deslumbrante, Bella era una visión de belleza pura en su vestido. Su largo cabello café estaba rizado y colgaba sobre sus hombros. Sonrió suavemente al caminar hacia su lugar en el altar, directamente frente a mí. En tres meses, estos seríamos nosotros.

¡Santa mierda!

La ceremonia pasó en un borrón para mí. Vagamente recuerdo haberle dado los anillos a Emmett ya que había pasado todo el tiempo mirando a Bella en su exquisita y seductora perfección. Tres meses y será mi esposa. Será ella la que use el vestido blanco.

No podía esperar.

Después de que concluyó la ceremonia y de que Emmett y Rose tuvieran su beso de estrellas porno en el altar, regresamos por el pasillo juntos. Jalé a mi prometida a un lado y mis labios chocaron sobre los suyos.

—Tres meses, amor. En tres meses seremos nosotros. Señora Masen.

—Edward —gimoteó—. No puedo esperar. Estoy lista para ser tu esposa. Te amo.

—Te amo más, señora Masen.

—Señor Swan —se rio.

¿Alguna vez se rendirá con eso?

Probablemente no, pero no importaba. Nos íbamos a casar.

¿Edward Swan? Bella Masen suena muuuucho mejor.

—Señora Masen —corregí, besándola de nuevo—. Te amo, señora Isabella Marie Masen.

—Señora Masen —suspiró.

¡Ahí lo tienes! Ya cedió. Hemos prevalecido.

Inserten sonrisa tonta aquí. Hurra.