Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de Stephenie Meyer y la autora es tufano79, yo sólo traduzco sus maravillosas palabras.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of Stephenie Meyer and the author is tufano79, I'm just translating her amazing words.
Thank you tufano79 for giving me the chance to share your story in another language!
Gracias a Yani por ser mi beta en esta historia.
Epílogo
EPOV
Diez años después
—Bien hecho, Jas —dije, quitándome el gorro quirúrgico de la cabeza—. ¡Esa prótesis de rodilla fue brutal!
—Dímelo a mí —gimió—. Nunca he visto tanto tejido cicatricial. Bueno, ya había visto tanto tejido cicatricial, pero fue en tu esposa.
—¿Fue así de malo? —pregunté.
—Sí. Pero es obvio que Bella ha estado muy bien desde su reemplazo de cadera. —Jasper me guiñó—. Podría enseñarte un video.
—No, gracias —dije mientras nos dirigíamos a los vestidores. Teníamos que hacer nuestras anotaciones y observaciones finales sobre el paciente antes de poder irnos a casa. O más bien para mí, antes de irme a la pista. Habían pasado diez años desde que me casé con mi hermosa esposa. Diez años de amor, de felicidad, de un poco de frustración, y de crecimiento como pareja, como individuos y como familia.
Poco después de que regresamos de las Maldivas, Bella decidió que iba a ser entrenadora. Yo había entrado de lleno a mi primer semestre en la escuela de medicina y ella se emocionó mucho cuando recibió una llamada de una pareja canadiense que le pidió que fuera su entrenadora. Ellos se mudaron aquí para entrenar en la pista de Carlisle. Bajo la tutela de Bella, el par ganó su campeonato nacional y se ganó una medalla de bronce en el siguiente Campeonato Mundial.
Desafortunadamente, la cadera de Bella no estaba mejorando nada. Podía verla a diario que empezaba a favorecerla más y más. Cuando se lo hice notar, un año después de casarnos, tuvimos la pelea más grande de todas. Insistía en que su cadera estaba bien. Se dio la vuelta para irse y la agarré con gentileza, claro está, de la cadera. Ella gritó con agonía, derrumbándose sobre mi pecho. Al día siguiente nos encontrábamos sentados en la oficina de Jasper. Él quería operarla de inmediato, pero una condición preexistente le impidió hacerlo.
Bella estaba embarazada. No lo sabía. Había dejado de ponerse la inyección. Fue una decisión consciente entre los dos. Pero a veces yo era demasiado flojo para usar condón. Así que tuvimos que esperar hasta después de que nació la bebé. Estaba emocionado por su embarazo. Bella estaba aterrada.
En retrospectiva, yo también tenía miedo. La fecha de parto de Bella caía exactamente cuando comenzaba mi año de interno. Ese año era brutal para cualquier estudiante de medicina. Sin embargo, llegué a un arreglo con la Universidad de Washington para tener tiempo libre cuando naciera el bebé. El decano se mostró reacio, pero luché con uñas y dientes. Si fuera mujer y estuviera embarazada, legalmente tendría derecho a un mínimo de seis semanas de baja por maternidad. El que fuera hombre no significaba que no debía tener tiempo para conectar con mi bebé. Cuando empecé a mencionar abogados y demandas, su tono cambió y me otorgaron un mes de baja por paternidad. No fue perfecto, pero era algo. También tuvo su costo. No pude tomar mucho tiempo libre cuando Bella se operó la cadera. Solo dos semanas. Sin embargo, mi mamá, su papá y todos nuestros amigos se ofrecieron de voluntarios para ayudar con la recuperación de Bella, y me sentí agradecido por ello.
Olivia Marie Masen, nuestra primogénita, nació mediante cesárea un día después del cumpleaños de Bella. Bella quería tener un parto natural, pero debido a sus problemas de cadera el obstetra acordó que una cesárea sería nuestra mejor opción. Olivia tenía mi cabello y los profundos ojos cafés de Bella. Era una bebé dulce y muy cariñosa desde un inicio. Detesté dejarla para ir a trabajar al término de mis cuatro semanas. También parecía que cuando estaba trabajando, Olivia alcanzaba algún acontecimiento: su primera sonrisa, la primera vez que gateó, sus primeros pasos, su primera palabra. Me lo perdí todo y estaba jodidamente cerca de tirar la toalla cuando me perdí su primera palabra: Papá. Pero Bella me calmó a su manera especial.
Te dio una mamada, doctor Masen.
Cierra la boca.
Eres todo un hombre. En serio, amigo, ¿te calmó a su manera especial? Te dio una mamada. Chupa, sorbe, y traga.
Tan jodidamente vulgar.
Después de mucho hablar y de "conectar" como pareja, regresé a trabajar al día siguiente. Le juré a Bella que estaría ahí en cada paso del camino de la vida de nuestro siguiente bebé. Sentía que era todo un fracaso como padre y como esposo, pero Bella siendo Bella dijo que lo entendía. Me amaba. Amaba a Olivia. Los tres estaríamos bien.
Justo después del primer cumpleaños de Olivia, Bella se sometió al bisturí por primera vez. Jasper quería ver cuál era el daño en su cadera. Resonancias magnéticas, tomografías y rayos X tienen un límite para lo que pueden mostrar. El tejido cicatricial en la cadera derecha de Bella, su pelvis y espalda baja era sustancial. Necesitaba un reemplazo completo de cadera a la edad de veintisiete. Bella tuvo que dejar de ser entrenadora para poder sanar. Carlisle adoptó a la pareja canadiense y los pocos patinadores individuales fueron acogidos por Liam. Luego de que Bella sanara, volvería a asumir su trabajo como entrenadora.
Yo estaba comenzando mi segundo año de la residencia. Mi mentor en el hospital, un caballero mayor llamado Eleazar, me dijo que me tomara todo el tiempo que necesitara para ayudar con la recuperación de mi esposa. Él sabía que yo era un doctor hábil, que me había graduado como el primero de mi generación de la Universidad de Washington. También sabía que fácilmente compensaría todo el tiempo perdido. Le agradecí por su flexibilidad.
Un mes después de la primera cirugía, Bella volvió a someterse al bisturí. Esta vez, en una cirugía más larga y extensiva para remplazar su cadera derecha con una réplica de titanio. Yo no dejaba de dar vueltas. No podía dejar de moverme. Olivia me veía como si estuviera loco. Lo estaba. Un poco. Mi esposa sometiéndose a una cirugía importante y no podía hacer nada al respecto. No fue hasta que Olivia tomó mi mano, entregándome un libro con lágrimas en sus profundos ojos cafés, que supe que no era el único que tenía miedo. Mi bebita estaba igual de asustada. Juntos leímos la mayoría de la historia La pequeña casa en la pradera. Ya iba a dos tercios del libro cuando Jasper salió y dijo que Bella estaba en recuperación. Solté un suspiro de alivio y le pregunté cómo había salido la cirugía. La única respuesta de Jasper era que Bella tenía al menos un año de recuperación esperándole.
El primer mes después de la cirugía Bella estuvo muy deprimida. Apenas se movía de la cama y había dejado de comer. Mi esposa estaba desgastándose por la cantidad de dolor que sentía. Luego, mágicamente, Olivia llegó a Bella de una manera en que yo no podía. Todos los días, Olivia se sentaba en nuestra habitación a jugar, intentando involucrar a Bella en algún tipo de conversación o juego. Al principio Bella solo lloraba, pero Olivia no se rendía. Las paredes de Bella empezaron a agrietarse y no fue hasta que Olivia trajo su oso de patinaje que Alice le había dado para su cumpleaños que Bella finalmente comprendió que estaba descuidando a su familia, a su hija, a su esposo y sus responsabilidades. Sollozó durante horas, pero con una fiera determinación, llamó a Emmett y empezó a ponerse en forma, ganó peso y sanó de su cirugía.
—Ahora, Edward, ¿por qué vas otra vez a la pista? —preguntó Jasper mientras me ponía los jeans.
—Para la presentación de primavera —respondí—. Olivia va a patinar, igual que William. Carlisle está intentando convencernos a Bella y a mí que hagamos la rutina de A Thousand Years, pero no estoy seguro.
—Vamos. Se veían increíbles haciendo esa rutina. —Jasper sonrió—. ¿O podrías hacer la del sueño?
—Sin la mayoría de los saltos —resoplé—. Iré a revisar a nuestro paciente.
—No. Lo haré yo. Tú vete. Saluda a Bella de mi parte —dijo Jasper, palmeándome el hombro.
—Saluda a la Pequeña y a tu Pequeñito de mi parte —respondí al pasarme el abrigo sobre los hombros y el maletín por la cabeza.
Jasper y Alice sí se casaron durante Nochevieja en Las Vegas. Tenían un niño, Marcus, a quien apodé "Pequeñito" para que complementara el "Pequeña" de Alice. Marcus era la cosita más linda que había visto en mi vida. Tenía la cara de Jasper, pero el cuerpo de Alice. En serio esperaba que ese niño tuviera un estirón. Apenas tenía seis años, así que crecería.
Rose y Emmett enfrentaron problemas para tener hijos. No podían hacerlo de forma natural. Después de la cuarta ronda de fertilización in vitro, quedaron embarazados de cuatrillizos. Cuatro niños. Todos con un apetito al estilo Emmett. Matthew, Mark, Luke y John (sí, les pusieron el nombre de los libros de la Biblia), tenían cuatro años y estaban locos. Sentía lástima por Rose y Emmett. Cuando nos tocaba ser niñeros, solo aceptábamos a dos a la vez. Solo se comportaban con Rose cuando estaban todos juntos.
Pero regresando a Bella y a mí. Su recuperación fue lenta, pero eventualmente llegó al punto en que podía correr y caminar sin sentir dolor. Tardó casi año y medio, pero llegó ahí. Olivia era su principal animadora, empujaba a Bella a sus límites para poder ser la madre que quería ser. También se sintió horrible ya que nuestra antigua vida sexual muy saludable se había estancado completamente durante su recuperación. La primera vez que hicimos el amor después de su cirugía todo terminó antes de que empezara en realidad. Terminé en dos segundos. Detesté no haber podido durar más, pero estar dentro de mi esposa por primera vez en un año fue una sobrecarga sensorial. Pero lo compensamos. Ella fue a visitarme al hospital y follamos en el vestidor, en una sala de examinación y, por muy perverso que fuera, en el escritorio de Jasper. Mi escritorio todavía no llegaba en ese entonces ya que mi oficina estaba en construcción. Tampoco había lugar en nuestra casa que no hubiera sido rebautizado varias veces.
Creo que también fue esa vez en la oficina de Jasper donde fue concebido nuestro hijo. William Jasper Masen nació nueve meses después del día en que profanamos el escritorio de Jasper. Cuando le dimos su segundo nombre a William, Jasper supo que su oficina fue el sitio de la concepción. Estaba una tercera parte orgulloso y dos terceras partes asqueado. Y como prometí, estuve ahí para cada uno de los logros de William: primera sonrisa, primeros pasos, primera palabra y primer vómito bala. Sobre. Mí.
Poco después de eso, Bella volvió a ser entrenadora y yo me volví socio del consultorio ortopédico de Jasper. Aunque Bella había pasado tiempo escribiendo durante su recuperación de la cirugía de cadera y durante su tiempo libre al estar embarazada. Publicó un libro sobre el tiempo que pasó sobre el hielo. Sin embargo, decidió hacer de nuestra historia una novela ficticia. Figura ocho se publicó antes del nacimiento de William y entró a la lista de Best Seller del New York Times.
Lo cual nos traía al día de hoy, Olivia ya tenía ocho años y William apenas iba a cumplir cinco. Ambos ya eran muy buenos patinadores. Iban a participar en el evento de primavera en la pista de Bella y Carlisle junto con otros patinadores. Carlisle seguía intentando convencernos a Bella y a mí de desempolvar nuestros patines para participar. Yo seguía con mi entrenamiento y estaba en muy buena forma para tener treinta y seis años. Bella también estaba en muy buen estado, pero había ganado un poco de peso después de tener dos hijos y una cirugía reconstructiva en su cadera derecha. Seguía siendo delgada, pero era más suave en todos los lugares correctos. Mi polla punzó en mis jeans.
¿Hora sexy?
Solo piensas en una cosa, amigo.
¡Vamos! Ha pasado al menos un día.
Estacioné el carro junto a la Ranger Rover azul de Bella y agarré mi maleta de patinaje de la cajuela del carro. Al entrar, fui al vestidor y me cambié para ponerme mis pantalones estándar negros, una Henley de manga larga y mis patines. Subí a la pista y miré desde el costado a Bella trabajar con Olivia en su secuencia de pies.
—Maní, tienes que usar un borde interno —explicó Bella, haciendo la demostración para nuestra bebita—. Hará que la secuencia de pasos se mueva más fácil.
—Bien, mami —dijo, preparándose para su secuencia de pasos. Fácilmente hizo los movimientos que Bella le había demostrado. Luego siguió con su rutina, saltando con facilidad en un giro doble—. ¿Así es mejor?
—¡Fue increíble, Maní! —gritó Bella, patinando hacia Olivia para besarle las mejillas.
—Estás agitando la pierna izquierda cuando aterrizas, Olivia —me reí.
—¡Papi! —gritó al salir de los brazos de Bella. Patinó hacia mí a toda velocidad y la cargué, llenando su cara de besos. Se rio cuando la solté—. Mi pierna no se agita.
—No, no lo hace. Solo te estoy molestando —me reí entre dientes, tirando de su coleta—. ¿Puedo ver tu rutina, Maní?
—¡Sí! —sonrió al patinar hacia el centro de la pista. Me moví hacia donde estaba Bella para besar su cuello. Se derritió en mí antes de besarme los labios—. ¡Estoy lista, mami!
—Bien, bebé —dijo Bella, presionando reproducir en el iPod. Las notas iniciales de Call Me Maybe llenaron la pista y mi hija, la artista, se encendió. Se movía con facilidad sobre el hielo, una combinación perfecta de la gracia de Bella y mi poder. En definitiva, Olivia tenía las características de una maravillosa patinadora individual. Ella misma lo decía. Justo ahora su meta a la edad de ocho era ganar el oro olímpico. Quería superarnos a Bella y a mí.
La canción terminó y Olivia realizó su pose final. Estaba sonriendo enormemente.
—¿Qué opinas, papi? ¿Acaso no soy increíble?
Sí, mi hija no tenía problemas de autoestima.
—Olivia, estuviste perfecta —sonreí al cargarla en mis brazos—. ¿Dónde está tu hermano?
—Está trabajando con el abuelo Carlisle en la oficina. Se supone que tenía que ir por ellos dos cuando llegaras. El abuelo Carlisle quiere que mami y tú patinen —dijo Olivia con un puchero—. Sería tan genial, papi. ¿Por favor? —Profundizó su puchero y puso su cabeza en mi hombro.
—Oh, eso es lastimero, Olivia Marie —resoplé al bajarla—. Ve por el abuelo Carlisle y William antes de que ceda.
—¡Sí! —gritó Olivia al salir patinando del hielo y ponerse sus protectores de cuchilla para ir a traer a mi padrastro y a su hermanito de la oficina.
Carlisle y Esme se casaron cinco años atrás después de un largo cortejo. Mi mamá seguía de luto por mi papá, pero Carlisle fue paciente. Tardaron dos años en besarse, otro año en hacerlo, y dos más para que mi mamá cediera ante las persistentes propuestas de Carlisle. Sin embargo, eran felices y estaban rodeados de nietos.
Charlie había conocido a una mujer de Port Angeles llamada Sue. Seguían en la fase de "tener citas" en su relación, pero podía notar que ambos avanzaban hacia llegar a casarse.
Jacob, el cabrón, se vio severamente mutilado en una pelea en la prisión de Illinois. Terminó perdiendo la pierna derecha por la pelea. Hasta donde sabíamos, estaba viviendo con sus padres, intentando aceptar el no tener un miembro.
Renée salió de prisión cuatro años atrás e intentó comunicarse con Bella y conmigo. Bella se negó a tomar sus llamadas, seguía enojada por las acciones de su madre de hacía tantos años. Yo tomé la iniciativa de hablar con ella un día y lo que vi no fue la mujer que recordaba. Estaba muy enferma. Tenía cáncer de ovarios en etapa cuatro y estaba intentando enmendar las cosas con Bella antes de morir. Le había contado a Bella que me había reunido con Renée y se enojó. Pero cuando le dije que estaba enferma, su tono cambió rápidamente. Se reunieron y lograron dejar atrás la amargura y el odio entre ellas. Bella perdonó a Renée con reticencia. Eso era lo que Renée estaba esperando. Al día siguiente recibimos una llamada avisándonos que Renée había fallecido en su casa. Fue un momento agridulce que causó más drama entre Bella y yo, pero al final todo se arregló. Renée consiguió su perdón y Bella pudo despedirse de su mamá. De la manera correcta.
—¿Vas a ceder, Edward? —preguntó Bella, rodeándome la cintura con sus brazos—. ¿Quieres patinar?
—Será divertido —dije, besando los suaves labios de mi esposa—. ¿Y tú? ¿Tu cuerpo puede manejarlo, Bell?
—Nada de saltos locos o cosas así —se rio—. Puede que nuestros giros de contusión queden fuera, Brit.
—Oye… mi acento ya casi no se nota —dije con sarcasmo, mordiéndole el lóbulo—. Ya no sueno tan británico como antes.
—Lo sé. Lo extraño —dijo Bella. La alcé gentilmente en los tableros y me paré entre sus piernas—. Extraño especialmente las frases británicas que decías al azar. Pero ahora solo las escucho cuando estás "muy cansado".
—Nada mal, amor —sonreí, profundizando mi acento.
—Me quedaré con ser entrenadora y escritora. Actuar no es lo mío —replicó—. ¿Qué tal la cirugía de esta mañana?
—Bien. Había mucho tenido cicatricial, pero la rodilla fue reemplazada —respondí, subiendo y bajando las manos por sus brazos—. Tengo horas de oficina mañana, pero estaré libre todo el fin de semana, ¡así que puedo venir a la presentación de primavera!
—La verdad, Edward, ¿quieres participar en el evento? —preguntó Bella, quitándose los guantes y hundiendo las manos en mi cabello.
—Podemos hacer A Thousand Years. Obviamente haríamos algunos ajustes para nuestra edad y restricciones físicas —dije—. ¿Cómo te sientes? ¿Sientes dolor?
—Estoy bien —respondió, besando mis labios—. Alice dijo que se llevaría a los niños para que pudiéramos practicar hoy. También Carlisle está siendo muy misterioso. Dijo que habrá un patinador sorpresa en el evento. Pero no sé quién.
—Es por eso por lo que es una sorpresa, Bella —bromeé.
—Idiota —dijo, pegándome en el pecho—. Vestuarios… ¿qué vestuarios quieres usar?
—El que sea con el que te sientas cómoda, amor —dije—. Aunque me encantaría verte en algo azul.
—Azul. Entendido —sonrió—. Ayúdame a bajarme, doctor Masen. —Acuné su culo y la cargué. Bella se rio y me rodeó la cintura con las piernas. Me impulsé en la punta de mis cuchillas, cargando a mi hermosa esposa—. No me refería a esto, Edward.
—Calla. Estoy teniendo una fantasía caliente en donde no llevo pantalones y tampoco tú. Estamos follando en esta posición.
—Eso fue anoche en la ducha, Edward Anthony —dijo Bella secamente.
—Cierto —ronroneé, jalándola hacia mí y besando sus labios con fuerza. Bella gimió y se retorció contra mi endurecida polla, que se presionaba contra el zipper de mi pantalón.
—¡Dios! ¿Cuántos años han pasado y todavía se siguen chupando las caras?
Me aparté de mi esposa y la bajé mientras fulminaba con la mirada a esa marcada voz inglesa.
—Oh, vete al diablo, Liam —espeté—. No es como si tú fueras diferente con Meg.
—Gilipollas —se rio Liam—. Deja en paz a mi esposa.
—¿Qué estás haciendo aquí, Liam? —preguntó Bella, patinando hacia él. Lo abrazó y le besó la mejilla—. Creí que estabas de viaje con Jared.
—Estaba de viaje con Jared, pero él está en la ciudad —sonrió Liam.
—¡Santa mierda! ¿Él es el patinador sorpresa? —preguntó Bella.
—Bingo. Quería regresar aquí donde comenzó todo —dijo Liam con nostalgia—. Pero no pueden decirle a nadie. Es un secreto. Ni siquiera su agente lo sabe. Si lo supiera, les cobraría a ti y a Carlisle una fortuna por su "participación".
—Nuestros labios están sellados —dije, sonriendo con cariño al pensar en el jovencito que había tomado bajo mi tutela hacía una década.
—En fin, estoy aquí para programar un ensayo sobre el hielo. ¿Carlisle está en su oficina?
—No, estoy aquí. Y esta noche te daré las llaves, podrás tener la pista entonces —respondió Carlisle.
—Genial. En fin, voy a recuperar algo de sueño. Sufro por el cambio de horario y estoy de mal humor. Envíame un mensaje cuando quieras pasarme las llaves y esas cosas.
—Llévatelas ahora —dijo Carlisle, aventándole a Liam un juego extra de llaves—. Bella tiene las suyas si las necesito.
—Los veré a todos después —dijo Liam al salir de la pista.
—¿Dónde están Olivia y William? —preguntó Bella.
—En el baño. Alice está con ellos, así que no te preocupes —dijo Carlisle—. Entonces, ¿te convenció tu hija? ¿Vas a patinar?
—Sí, vamos a patinar —dije, rodeando la cintura de Bella con mis brazos—. Alice se llevará a nuestros hijos después de que William termine su ensayo y practicaremos entonces.
—Maravilloso —respondió Carlisle—. Van a salir antes de…
—Sabemos que Jared vendrá. —Bella sonrió—. La presencia de Liam fue una gran pista.
—Claro, um, sí. —Carlisle se ahogó—. No digan nada. —Ambos asentimos y los inconfundibles sonidos de mis hijos llenaron la pista junto con la chispeante risa de Alice.
—¡Papá! —se oyó la voz de William. Estaba tirando a Alice—. ¡Ahí está papá, tía Ali!
—Ya veo, cariño. —Ella se rio al detenerlo justo antes de entrar a la pista—. ¡Tenemos que quitarte los protectores, niño!
—Apúrate, tía Ali —dijo William con severidad.
—No me iré a ninguna parte, William —me reí. Solté a Bella y patiné hasta la orilla de la pista, justo a tiempo. William se tropezó con la punta de su cuchilla y casi cayó de cara en el hielo. Lo atrapé justo a tiempo. William era un gran patinador para ser un niño de cuatro años, pero mierda, era muy torpe. Bella había dicho que William le recordaba a cómo era ella de pequeña. Cargué a mi hijo y le despeiné su cabello café castaño. Sus ojos verdes brillaron cuando me abrazó con fuerza.
—Te amo, papá —murmuró sobre mi hombro.
Carajo, este niño sabía cómo derretirme el corazón.
—También te amo, William —dije, besando su sien—. ¿Me vas a enseñar lo increíble que eres?
—¡Sí! —dijo, retorciéndose en mis brazos. Iba a formar parte del evento de primavera en una presentación grupal. Lo pusieron con los patinadores de seis y siete años porque era así de bueno. Pero todavía no estaba listo para una rutina solo. Sin embargo, era el único niño del grupo y Rose, la coreógrafa de esa rutina en particular, se aprovechó por completo de eso. Dejé a William sobre el hielo y me jaló al centro de la pista. No necesitó de música para comenzar a hacer su coreografía.
—Es tan adorable —se rio Alice—. A diferencia de su papá.
—Oye, Pequeña —la regañé, lanzándole una breve mirada sobre mi hombro—. Sé amable.
—Edward, tú no eres adorable. Eres sexy —ronroneó Bella.
—No voy a discutir eso —exclamé.
—Puedo ver de dónde obtuvieron tus hijos su increíble autoestima —se rio Alice.
—¡Papá! ¡Mira! ¡Puedo hacer un salto waltz! —dijo William insistente. Se impulsó y aterrizó firmemente con su pierna derecha—. ¿Ves?
—Fue increíble, William —sonreí.
—Tú hazlo. Quiero verte hacerlo, papá —me pidió William, haciendo un puchero.
—Puede hacer más que eso, William —dijo Olivia desde su lugar junto a su mamá.
—Ha pasado mucho tiempo, Olivia —le contesté, levantando a William del hielo y sosteniéndolo de las piernas. Estaba riéndose y retorciéndose en mi agarre—. Agarra esto —le dije a Bella al entregarle a nuestro hijo. William me frunció el ceño cuando me fui patinando. Di unas cuantas vueltas de calentamiento antes de girarme para patinar de espaldas. Agarré velocidad y planté mi pie izquierdo antes de alzar mi cuerpo al aire. Hice dos rotaciones y media antes de aterrizar sobre mi cuchilla derecha.
—Agitaste la pierna, papi —dijo Olivia.
—Sé que lo hice, Olivia —repliqué, patinando de regreso a ellos—. Estoy viejo. Sé amable con tu papá.
—No estás viejo, papá. Eres perfecto. —William me sonrió desde su lugar en los brazos de Bella.
—Es perfecto —dijo Bella en voz baja. Sus ojos estaban oscuros con lujuria.
—Dios, ustedes son insaciables. —Alice se rio entre dientes—. ¿Van a patinar? ¿Debo llevarme a sus retoños?
—Sí, por favor —dije.
—No lo hagan en el hielo —bufó Alice al ofrecerle su mano a Olivia y balancear a William en su cadera.
—Ups —se rio Bella. Lo habíamos hecho en el hielo unas cuantas veces. Afortunadamente, ninguna parte corporal había tocado el hielo. Prácticamente la había sostenido contra los tableros mientras teníamos sexo. Alice nos puso los ojos en blanco y se llevó a nuestros hijos al vestidor. Bella y yo entrelazamos nuestras manos y nos movimos lentamente por la pista. Igual que hace tantos años, encajamos y nuestros cerebros se conectaron. Cambiamos a patinar de espaldas perfectamente. La alcé con gentileza en una elevación estrella y ella me sonrió antes de bajar, presionando su cuerpo contra el mío—. He extrañado esto.
—Yo también, amor —murmuré en su cabello—. Pero pongámonos a trabajar. Estoy cansado ya que me desperté a las cinco esta mañana y ejercité mucho el brazo con ese reemplazo de rodilla.
—Bien —dijo—. Veamos qué recordamos. —Patinó hacia su iPod y buscó A Thousand Years. Agarró el control y presionó reproducir antes de meterlo en su bolsillo. Nuestros cuerpos recordaron lo que tenían que hacer y patinamos a través de la rutina, modificando los saltos y elevaciones sobre la marcha. Era un trabajo cansador, pero me sentí eufórico de poder estar con Bella así otra vez. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que patinamos juntos. Intentamos hacer exhibiciones el primer año después de retirarnos, pero mi horario y la cadera de Bella evitaron esa ambición.
La canción terminó y la sostuve en mis brazos. Estábamos respirando pesadamente y nos mirábamos a los ojos. La canción comenzó a sonar otra vez y Bella metió la mano en su bolsillo para pausar la música.
—Eso fue…
—Lo sé —sonreí—. Me trae buenos recuerdos.
—No tenemos que hacer mucho —dijo.
—Bella, hagamos lo que acabamos de hacer y será perfecto —dije.
—Bueno, ahora tenemos dos horas. ¿Qué deberíamos hacer? —preguntó Bella, lanzándome una mirada pícara.
—Hay dos lugares que no hemos bautizado, amor —gruñí—. Tu oficina y los vestidores.
—Ew, ¿los vestidores? —preguntó Bella, arrugando la nariz.
—Los vestidores de los chicos son asquerosos, pero el de las chicas sí se puede usar, Bella —sonreí. La cargué y me la eché al hombro. Gritó, pero no se resistió mucho. Lo hicimos como animales en los vestidores de las chicas, contra su casillero. Luego en su oficina fue lento y amoroso.
Aunque tenía segura una cosa. A pesar de los momentos sexys que pasé con mi esposa, necesitaba definitivamente un masaje y un rato en la bañera de hidromasaje. Bella también.
¿Un poco de amor en la bañera?
Sí, por favor.
xx FO xx
—¡Maní y Mini Brit! —gritó Bella—. Se nos hace tarde. Tenemos que irnos.
—Ya vamos, mami —gritó Olivia mientras ayudaba a su hermano a bajar las escaleras—. Estaba peinando el cabello de William. ¿Qué te parece? —Olivia se paró junto a William, que tenía su cabello café peinado en un estilo similar al mío. Era todo un desastre, pero le quedaba bien.
—Qué lindo —se rio Bella—. Te pareces a tu papá, Mini Brit.
—Ese es el punto, mami —dijo secamente. Se fue saltando hacia el carro y se subió a la SUV de Bella. Olivia se encogió de hombros y siguió a su hermano. Bella me entregó las llaves y me eché las maletas de patinaje al hombro. Las dejé caer en la parte trasera del carro y caminé hacia el lado del copiloto. Bella jugueteaba nerviosa con sus jeans y su cabello rizado. Se veía increíblemente hermosa con su cabello arreglado y perfecto. Su maquillaje era suave y sutil, pero lo suficientemente oscuro para darle un toque de color sobre el hielo. Al salir en reversa, entrelacé mis dedos con los de Bella, sonriéndole suavemente.
—¿Nerviosa, amor?
—Mucho. ¿Hace cuántos años que no estoy en el hielo para esto? —susurró.
—Estoy igual que tú, Bella. Pero no vamos a competir. Vamos a patinar para divertirnos.
—Cierto, divertirnos —exhaló. Alzó nuestras manos y me besó los nudillos—. Te amo, Brit.
—Te amo más, Bell —murmuré.
Poco tiempo después, el auto ya estaba en el estacionamiento. Rose, que estaba a cargo de los niños, sacó a nuestros hijos del vehículo y agarró sus maletas. Tomé la mano de Bella y caminamos hacia su oficina, la cual usaríamos como vestidor. Nuestra presentación estaba casi al final del segundo acto. William saldría pronto en el primer acto y Olivia abriría el segundo acto. Nos pondríamos nuestros vestuarios después de la presentación de Olivia. Había pedido que enviaran tres ramos a la oficina de Bella. Dos eran para mis hijos y uno era para mi esposa.
—Edward, tengo que asegurarme de que Carlisle tenga la pista de la música para Olivia —dijo Bella, besándome ligeramente—. Ahora regreso.
Asentí y me encargué de colgar nuestros vestuarios. Unos momentos después, Bella ya estaba de regreso y me estaba sonriendo. Teníamos un poco de tiempo antes de tener que ir a ver a nuestros hijos patinar. Nos quedamos sentados en su oficina y disfrutamos de la tranquilidad. No fue hasta que Alice asomó la cabeza ahí dentro que nos movimos de nuestra posición en el sofá de cuero de Bella.
La primera mitad de la presentación fue adorable con los niños más pequeños. Definitivamente, la participación de William fue la mejor del primer acto. Era todo un artista y usaba eso a su favor con las niñas. Cuando terminó, las mamás que estaban tras bambalinas ayudaron a los niños a ponerse sus vestuarios finales para el segundo acto y miraron el resto de las presentaciones desde una sección de las gradas.
Hubo un breve intermedio y luego nuestra niña salió al hielo. Estaba en llamas, aterrizó varios saltos muy intrincados y patinó a la perfección. Definitivamente estaba lista para competir. Bella lo sabía, así que la había inscrito en algunas competencias junior para la próxima temporada. Olivia recibió una ovación de pie e hizo una reverencia muy profesional antes de despedirse al salir del hielo. Bella y yo también nos fuimos para hacer estiramientos y vestirnos para nuestra presentación. Muy pronto escuchamos el golpe en la puerta. Bella abrió la puerta y Alice nos dijo que necesitábamos ir a la pista.
Terminamos de atarnos los patines y bajamos al nivel de la pista. Los ojos de Olivia estaban abiertos como platos a causa del asombro y la emoción cuando nos vio con nuestra ropa de patinaje. Bella llevaba un vestido azul turquesa con un bordado de flores en la parte del cuerpo. Yo estaba usando un pantalón negro, camisa blanca, corbata azul a juego y un chaleco negro.
Una pareja junior estaba terminando, nosotros patinaríamos después de ellos. La pareja salió del hielo y nos deslizamos hacia el centro de la pista a oscuras.
—Damas y caballeros, tenemos una sorpresa especial esta tarde. Por favor, denle la bienvenida al hielo a los excampeones mundiales y nacionales, ¡Edward e Isabella Masen! —anunció el presentador.
Se encendieron las luces y ya estábamos en nuestras posiciones de apertura.
—Solo tú y yo, Bella —le susurré antes de que comenzara la música.
Sus ojos cafés se agrandaron y sonrió brillantemente.
—Solo tú y yo, Edward. Te amo.
—Como yo a ti. Más que a mi propia vida, amor —dije, besándola brevemente. La música comenzó y nos movimos fácilmente sobre el hielo. Fue el momento más maravilloso de todos. Pudimos recrear la magia del tiempo que pasamos en el hielo. Pero la rutina era demasiado corta. La música terminó y yo tenía a mi esposa en mis brazos, manteniendo nuestra posición final. La multitud enloqueció y nos besamos.
—Edward, mira la pantalla —dijo Bella en mi oído. Me aparté y la miré a ella—. En serio, mira la pantalla. —Me giré y ahí en la pantalla estaba la foto de un ultrasonido—. Vas a ser papá otra vez, Edward.
—¿Qué? —exhalé—. ¿Estás embarazada?
—Así es —dijo en voz baja. Me giré y la miré—. Aproximadamente doce semanas. En realidad, es poco menos.
—¿Otro bebé? —sonreí. Puse mi mano sobre su vientre que todavía estaba plano y sentí las lágrimas escocer en mis ojos. La tomé en mis brazos y besé su cara, cuello, labios, orejas… cualquier cantidad disponible de piel que pudiera besar hasta que el anunciador nos dio una pequeña indirecta para salir del hielo.
—Felicidades, mamá y papá Masen —dijo.
Se rompió el hechizo e hicimos nuestras reverencias. Nos despedimos al salir patinando del hielo y nos pusimos los protectores de cuchillas. Nos sentamos con nuestros hijos, que gritaban emocionados por la noticia. Rose nos abrazó y Emmett me dedicó un asentimiento que decía "Bien hecho, hombre". Puse los ojos en blanco mientras sentaba a William en mi regazo, Olivia estaba acurrucada junto a Bella.
—Nuestro último patinador de esta tarde es un invitado especial y nos emociona tenerlo aquí. Como si pudiéramos tener más buenas noticias. Una vez más, felicidades a Bella y Edward por su nueva adición. —El presentador se rio entre dientes—. En fin, nuestro invitado especial ha ganado dos veces el Campeonato Nacional, es un campeón mundial y, a partir de este año, un medallista olímpico de oro. Por favor, ¡denle la bienvenida al hielo a Jared Wolfe!
Se encendieron las luces y Jared estaba parado en el centro del hielo, tenía la cadera ladeada y un brillo en sus ojos. La música comenzó a sonar a través de la pista y Jared se impulsó en la punta de sus cuchillas. Voló sobre el hielo al ritmo de Scream de Usher. Estirándose hacia atrás, se lanzó en un tano lutz cuádruple, aterrizando firmemente con su pie derecho. Atrapó mi mirada y sonrió enormemente. Podía notar que estaba improvisando esto y mi hipótesis quedó demostrada como verdadera cuando a mitad de la canción, patinó hacia la orilla de la pista.
—¡Vamos, Masens! ¡Patinen conmigo! —Guiñó. William le extendió las manos y Jared lo cargó. Olivia se sonrojó y salió apurada al hielo—. Todos ustedes. —Jared le ofreció la mano a Bella. Ella la aceptó y todos salimos al hielo—. Solo hagan sus movimientos favoritos —les dijo a mis hijos.
William sonrió enormemente y se giró, ganando velocidad para un salto waltz. Con un guiño, plantó su pie y salió disparado. Voló sobre el hielo y aterrizó con firmeza en su pie derecho, entrando en un giro sentado. Bella agarró mi mano.
—Sé que probablemente no debería hacerlo debido a mi condición, pero quiero hacer nuestros giros de contusión —dijo.
—Bella, no. —Fruncí el ceño.
—Esta es la última vez que patinaré, Edward. Quiero salir en grande —sonrió.
Nuestra hija estaba realizando una intrincada secuencia de giros, terminando con un giro Bielmann. Jared les ofreció sus manos y los tres patinaron juntos, divirtiéndose.
—Hagámoslo, Bell —dije—. Hicimos más que eso durante nuestra presentación de antes. Pero irás al doctor el lunes para que te revise. ¿Entendido?
—Sí, señor —sonrió, besándome profundamente—. Ahora, ¡a patinar! ¡Nuestras cabezas se tocarán al grito mecánico!
—De acuerdo —dije, girándome. Bella y yo hicimos la coreografía de la rutina Blow y Jared apartó a los niños del centro de la pista. Estaba emocionado ya que solo había visto este giro una vez antes. Ahora lo vería sobre el hielo. A diez pies de distancia. En el puente de la canción, nos preparamos para los giros, y en clímax, hicimos nuestros giros de contusión. La multitud enloqueció.
Cuando terminamos los giros, Jared me palmeó el hombro.
—¿Todavía puedes hacer tu mortal hacia atrás, anciano?
—No soy viejo, Jared —resoplé—. Todavía puedo hacerlo y aterrizar en un pie.
—Vamos, doctor Masen —dijo Jared con un guiño y nos impulsamos en direcciones diferentes. Bella movió a William y Olivia mientras Jared y yo nos preparábamos para nuestros mortales hacia atrás. Al centro de la pista, nos alzamos sobre las cuchillas al mismo tiempo, saltando sobre el hielo. Y sí aterricé con un pie. Jared tuvo que apoyar los dos. Sonreí al mirarlo sobre mi hombro. Jared se encogió de hombros y la canción terminó con él abrazándome.
—¡Démosles una ronda de aplausos, damas y caballeros! —gritó el anunciador. Era toda una locura en la pista.
Jared se apartó sonriendo.
—Nada mal, anciano. —Jared se rio entre dientes—. Todavía tienes el toque.
—Todavía lo tengo, pero necesitaré una cita con la bañera después de esto —me reí—. Estoy muy orgulloso de ti, Jared.
—No podría haberlo hecho sin ti, Edward. Me diste una oportunidad cuando la mayoría de la gente no lo habría hecho. Tomaste a un taciturno niño de nueve años y lo convertiste en esto. Un campeón olímpico. Te pusiste en la posición del papá que tanto extrañaba. Te querré por siempre. Eres mi mejor amigo, hombre.
—Lo haría otra vez sin dudar —sonreí, las lágrimas me escocían en los ojos—. Y este… este bebé, tú eres el padrino.
—Suena grandioso, Edward —dijo Jared, limpiándose las mejillas. Señaló a Bella y los niños. Todos nos tomamos de las manos e hicimos una profunda reverencia. Los gritos eran ensordecedores y todos salieron al hielo, obviamente se habían olvidado del acto final.
Luego de limpiar la pista, todos nos fuimos a los casilleros y vestidores. Nos pusimos ropa de calle y salimos a comer en grupo con Jared, Meg, Liam y Madelyn, la novia de Jared. Por los viejos tiempos, fuimos a Gameworks. Todos se la pasaron bien, pero William, Olivia y Jared fueron los que más se divirtieron. Era maravilloso con mis hijos. Sin embargo, todo lo bueno tenía su fin. William se estaba poniendo de mal humor y Bella necesitaba ponerse hielo en la cadera. Salimos del restaurante y disfrutamos del relativo silencio en el carro de camino a casa.
—¿Lo extrañas, Edward?
—¿Extrañar qué?
—¿Patinar? —preguntó Bella.
—Después de un día como hoy, sí. Pero amo lo que estoy haciendo como doctor. Sé que tú amas ser entrenadora y escribir —dije, entrelazando mis dedos con los suyos—. También amas criar a nuestros hijos.
—Sí —dijo, dedicándome una tierna sonrisa. Tomó mi mano y la puso sobre su vientre—. No estaba esperando esto, Edward. Cuando fui a mi examen anual y el doctor me dijo que estaba embarazada, quedé en shock. Quiero decir, no estaba tomando anticonceptivos ni nada, así que no debió sorprenderme.
—No es como si estuviéramos previniéndonos de que pasara —dije, agitando las cejas.
—Tú solo odias los condones —resopló—. Yo también. No se siente lo mismo con ellos.
—Así es —suspiré—. Pero estoy feliz de no haber usado condón, amor. Ahora tenemos a un nuevo pequeño en camino. Tenemos que pensar en un apodo para el bebé. Olivia es nuestra Maní. William es Mini Brit.
—Llegará de forma natural, igual que los otros dos —dijo Bella, empujando mi mano sobre su estómago—. Me gustaría que Jared fuera el padrino.
—Eso fue lo que le dije hoy en el hielo —dije.
—Bien. —Bella suspiró—. Han cambiado tantas cosas, Edward. Sentía tanto miedo después de casarnos. No sabía qué iba a hacer y tú estabas empezando la escuela de medicina…
—A pesar de que la pasamos difícil durante un tiempo, pudimos superarlo, Bell. Lo hicimos. Solo tú y yo —dije.
—Solo tú y yo, más otros tres —se rio Bella.
—Te amo, Bella. Amo a nuestra familia. No cambiaría nada de nuestras vidas. Estamos viviendo un cuento de hadas y espero que solo sintamos felicidad por el resto de nuestras vidas —dije con fervor.
—Lo haremos, Edward. Contigo y nuestros hijos a nuestro lado, todo es posible. Te amo, Brit.
—Los amaré para siempre a ti y a nuestros bebés, Bell. Y ansío ver todas las posibilidades en nuestras vidas.
—Solo tú y yo —suspiró.
—Más otros tres.
Fin
