Capítulo 32
-Entonces Zacharius es el apellido de tu madre, ¿cierto? –dijo Hange, mientras tomaba asiento junto a Moblit.
-Sí –contestó Mike, quién había recuperado su gesto ceñudo-. Es mi único apellido.
-Hange –la llamó Erwin, con voz grave y estentórea-, ¿de qué está acusado Gilbert?
La líder de escuadrón tomó su libreta, engulló aire y bajó la cabeza. A continuación, leyó en voz alta:
-Está acusado de lavado de dinero, manipulación bienes, violación a la propiedad privada y homicidio agravado.
-Un padre ejemplar -ironizó Levi, casi sin poder evitarlo. Las palabras se le habían escapado de la boca.
Para su suerte, Mike no se ofendió ni se molestó por el comentario.
-Y con excelente valores -agregó, siguiéndole la corriente a Levi.
Erwin ignoró a sus dos subordinados.
-¿Por qué crees que él tiene algo que ver con los rebeldes? -le preguntó a Hange-. ¿O con Emerick?
-Porque me ha llamado la atención una nota a principios de este año con todas sus acusaciones. –farfulló Hange-. Traeré el periódico si es necesario. Aún todo no lo han juzgado, por lo que está en libertad condicional. ¡Sí, ni lo digan! Privilegios de poder, pero... ahora que menciones que Emerick está muerto. ¿Por qué razón dan a conocer los cargos de este tipo a la prensa y no la muerte de Emerick?
-Quizás era para no asustar a los ciudadanos y crear un alud de pánico entre los habitantes de Mitras -sugirió Moblit.
-O tal vez -dijo Erwin-, haya algo que no sepamos.
-Hay dos bandos rebeldes -sentenció Hange-. Estoy segura de eso. Uno es en el que está Paige con Linus, y el otro es el que colocó la bomba en Mitras.
-¿Paige ha dicho algo más? -quiso saber Mike.
Hange vaciló unos segundos, pero luego recapacitó y adquirió un porte seguro.
-Le he dicho lo de Conan y se quebró -dijo-. Nos advirtió a mi y a Levi que, si no queríamos morir, debíamos irnos de aquí cuanto antes e insistió que su gente no estuvo relacionada al ataque.
-¿Y le cree, líder de escuadrón? –preguntó Moblit.
Los celos a Levi lo quemaron por dentro una vez más. El capitán estrechó la mirada. Estaba luchando contra el impulso de estrellar la cara de Moblit contra la mesa. Ahora la trataba con deferencia cuando, hacía menos de cinco minutos atrás, había tenido el atrevimiento de tocarla. ¿Cuántas veces le habrá revuelto el cabello de esa manera? ¿Cuántas veces la habrá tocado de esa forma afectuosa? Levi no quería ni imaginarlo.
Esta vez Hange no dudó.
-Sí, le creo -aseguró.
-¿Te ha dicho quién es su líder? -indagó el comandante. Su mirada fría, distante y sagaz, observaba a Hange sin pestañear.
La chica movió la cabeza de lado a lado.
-No, Erwin -respondió-. No ha dicho nada.
El comandante se dirigió a Mike.
-¿Y Linus?
-Tampoco -respondió-. Está mudo.
El comandante contuvo la respiración y exhaló con fuerza. Erwin se inclinó sobre la mesa.
-Tendremos visitas pronto -aseguró Erwin, y sus colegas se mostraron desconcertados-. Hay un infiltrado. Paige y Linus nos han engañado. Ellos se han dejado atrapar adrede por la Legión.
A excepción de Levi, que se mantuvo calmado y esperando una explicación por parte de Erwin, el resto de los subordinados salieron disparados de la mesa.
Mike se mofó de la situación.
-¿Qué estás diciendo, Erwin? -preguntó entre dientes-. ¿Qué todo este tiempo tú sospechabas que era una trampa?
-Sí, lo suponía -la calma de Erwin era aterradora.
-¿Y por qué no lo dijiste antes? -en el ceño de Mike se había formado dos pliegues.
-Porque ahora he descubierto al infiltrado y todo tiene sentido.
-¿Quién es? -preguntó Mike-. ¿Es de la Legión?
Erwin no respondió.
-Necesito que se tranquilicen antes de que venga Darius.
-¿Cómo vamos a estar tranquilos, Erwin? -repitió Hange, encolerizada-. ¿Quién es el infiltrado?
-Algo que deben aprender es a controlar su temple cuando las emociones los abordan -sostuvo Erwin-. Mike, creí que tú ya habías aprendido eso.
Mike exhaló por la nariz y regresó a su asiento. Avergonzada, Hange también volvió a su lugar.
Moblit fue el único de los tres soldados que habló con serenidad.
-Entiendo que Paige quería que nos valláramos para que no nos descubrieran -espetó Moblit, como si estuviera reflexionando en voz alta-, pero dices que ella quería llegar hasta aquí a propósito ¿Con qué motivo? ¿Acabar contigo y todo los mandatarios?
El semblante de Erwin era inexpresivo.
-Es una teoría -contestó-, pero no estoy del todo seguro. Ella y Linus sabían que esto sucedería. Ellos sabían que yo me quedaría en Mitras, que alguien les informaría nuestra nueva ubicación y que más gente vendría. Es un plan ingenioso: infiltrarse en la base enemiga para luego delatar su ubicación. Por eso ha sido Paige, porque sabían que Hanji jamás la lastimaría de gravedad.
En ese instante, Darius se apersonó en la habitación abriendo la puerta de una forma estrepitosa, pero elegante. Detrás de él, había dos miembros de la Fuerza de Guarnición.
-Buenos días, Erwin -su voz solemne e imponente tronó por la habitación-. Creo que he sido muy claro contigo cuando te ordené que nada de reuniones sin mi presencia.
-Lo estábamos esperando -contestó Erwin con naturalidad, como si el Jefe de las Fuerzas no acabara de amedrentarlo.
Darius le lanzó una mirada suspicaz y acusadora. En sus gafas se reflejaba las luces encendidas sobre la mesa.
-Entiendes que estás en una posición delicada, ¿verdad, Erwin?
Erwin abrió y cerró los ojos, respirando con pesadez.
-Ya le he dicho que confío en mis hombres -contestó-. No hay ningún involucrado directamente en este meollo.
Darius lo estudió un momento y suspiró con resignación. El Jefe de las Fuerzas se adentró en la habitación, que permaneció sumergida en un profundo y tenso silencio. Los miembros de la Fuerza de Guarnición, que lo escoltaban, se quedaron afuera de la sala y solo se oyeron los pasos de Darius rebotando contra las paredes hasta que se sentó frente al comandante y dijo:
-¿Hay alguna novedad? -Erwin miró a Hange y le autorizó hablar. Darius se mostró reflexivo ante la nueva información-. Entiendo –expresó al rato, con sus ojos verdes e inquisidores clavados en el comandante-. ¿Has averiguado algo con respecto a lo que dijo Nile?
-Puede ser –insinuó Erwin-. ¿Sabes dónde están los miembros de la Corte y el Rey?
-Escondidos –respondió Darius-. Nadie sabe donde se encuentran ni siquiera la Policía Militar. Han huido. Eso es seguro.
-¿Y tú? ¿Sabes donde están? -indagó Erwin.
Darius alzó la barbilla tupida y canosa.
-Tal vez.
-¡Buenos días a todos! –Dot Pixis irrumpió en la habitación, acomodándose la chaqueta de su uniforme. En una de sus manos sostenía un vaso de vidrio-. Maravillo día, ¿no creen?
-Llegas tarde Dot –observó Darius, con desdén.
El comandante ocupó una silla vacía al lado de Levi e inmediatamente sacó del dorso de su chaqueta una botella de whisky, que apoyó sobre la mesa junto a su vaso de vidrio.
-¿Si? –Dijo, mofándose del jefe de las fuerzas-. Me ha llevado un poco de tiempo peinarme el cabello.
Dot se acarició la calvicie y el gesto sarcástico provocó que Darius resoplara con brío.
-Deberías controlar tus actitudes y vicios frente a mi, ¿no crees?
Dot sacudió la mano y sus ojos rasgados se apretaron.
-¡Relájate, Darius! Estoy trabajando en eso -reconoció-, pero nos conocemos de años. Ya sabes cómo soy.
-¿Un alcohólico? –Masculló Levi-. Enciendo un cerillo cerca de ti y te prendes fuego vivo.
El comandante de las Fuerzas de Guarnición hizo oídos sordos al comentario de Levi.
-¡Ah! ¡Por cierto, Erwin! -exclamó Dot, mientras se servía un poco de whisky-. Ya vino Hannes con esos dos muchachos que has mandado a llamar.
-¿Dos muchachos? -Hange pestañeó muy rápido-. ¿De quienes hablan?
-Tengo un plan -confesó Erwin-, pero necesito que confíen en mí.
Transcurrida las dos horas, Levi salió de la reunión pasmado e incrédulo. No podía creer toda la información que Erwin había conseguido. En realidad, no estaba sorprendido, sino que más bien maravillado. Erwin era una caja de sorpresa y lo encandilaba constantemente con su mente fría y calculadora. No dejaba nada al azar. Era un gran estratega y sospechaba que el grupo funcionaba a la perfección gracias a su perspicacia.
Levi estaba seguro que Erwin había elegido a Hange, a Mike y a él como soldados de alto rango porque, pese a sus diferencias, lograban entenderse en el trabajo. Cada uno tenía una virtud que acompañaba al otro y le servía como equipo. Mientras Hange destacaba por su inteligencia, Mike lo hacía por su habilidad y suspicacia. Levi creía que él era la fuerza, el escudo de sus soldados, el alfil que protegía al Rey en medio de una partida de ajedrez.
El plan de Erwin era arriesgado y peligroso, pero el comandante no encontró otra forma de llegar rápido a una solución. Los tiempos corrían tanto adentro como afuera de las murallas.
El capitán salió del edificio principal y se encontró con Hunter y Sean conversando junto a Lynne y Fenrir. Sean tenía un ojo vendado entretanto, Hunter, la piel sardónica y algunas costras y raspones en la cara. Cuando el capitán se acercó a ellos, Lynne y Fenrir se percataron de su presencia, tomaron espacio y los dos soldados heridos miraron a Levi con congoja.
-No sabía que venían -confesó Levi, fingiendo naturalidad-. Tenia pensado llamarte, Sean, de todos modos.
Sean bajó la vista y se rascó la nuca con timidez
-Me ha tomado por sorpresa -dijo-. Ni Hunter ni yo estamos listos para ir a combate. Aún me cuesta moverme. El enfermero dijo que tengo una costilla rota y no puedo hacer grandes esfuerzos físicos. ¡No tienes idea lo que me duele respirar!
El capitán estaba preocupado por su subordinado. Hunter y él fueron los más damnificados en la explosión. Levi solo tenía algunas cicatrices, pero sus huesos habían salido ilesos. Por su parte, Fenrir, se había lastimado la piel de los brazos, las piernas y parte de la cara, pero sus órganos no habían sufrido ningún daño. Erwin solo tenía algún que otro magullón. Ellos se habían llevado la peor parte.
-No irás a combate -farfulló Levi-. ¿Cómo está tu ojo?
Asombrado, Sean parpadeó. Luego, se llevó la mano a la cara y palpó con la yema de los dedos el vendaje en su ojo derecho.
-Bien -dijo-. No lo perderé. Solo es que al tener puntos debo mantenerlo hermético por un tiempo. Me quedará una cicatriz.
-¿Y tú, Hunter?
El soldado colocó las manos en los bolsillos.
-Me amputaron el dedo de un pie y tengo puntos en el brazo y la pierna -Hunter estaba molesto-. El pie me duele más que pisar un clavo descalzo.
-¿Cuando lo amputaron? -quiso saber Levi, reprimiendo un escalofrío.
-Hace cuatro días -respondió Hunter-. Tan pronto se fueron. ¿Vamos a fingir que Paige no esta viva? ¿O qué? ¡Conan se murió sin saber todo lo que esa zorra estaba haciendo! ¿Por qué no nos ha dicho la verdad, Levi?
El capitán no alteró su rostro adusto.
-Órdenes de Erwin.
-¡Pues me importa un carajo las órdenes de Erwin! -masculló Hunter, con las mejillas y los ojos grises encendidos-. Somos tus amigos. Debiste confiar en nosotros.
-Hunter...
El chico giró en redondo hacia su amigo y apretó los puños.
-¡No me pienso callar, Sean! -gritó-. Conan merecía saber la verdad. Él siempre sacrificó todo por los demás, hasta su propia vida. ¡No es justo! La madre... -A Hunter se le quebró la voz y apartó la mirada de Levi. El capitán vio como su nariz se enrojecía y sus pómulos se llenaban de sangre-. Sean dale la carta.
Sean pegó un bote y revolvió el bolsillo de su pantalón. El joven le tendió a Levi un sobre blanco con un sello rojo en el medio. Tenía una leyenda escrita: "Para el capitán Levi".
-La mamá de Hunter nos ha escrito una carta a nosotros tres -explicó-. Esta es para ti.
Por algún motivo, Levi se quedó estático, con la mirada puesta en la carta que sostenía su subordinado como si esta fuera un epitafio. Sabía lo que encontraría al leerla: dolor y culpa. ¿Lo haría responsable de la muerte de su hijo? ¿Qué tenía para decirle? ¡Él nunca la vio en su vida!
El capitán tragó saliva, guardó la carta en el dorso de su chaqueta y aclaró la garganta.
-Erwin te necesita -le informó a Sean, recobrando el aplomo-. Lynne, acompáñalo. -La soldado, que se había mantenido a una distancia no muy lejana, agarró a su novio del brazo y lo guio hasta adentro del refugio. Una vez que Sean desapareció, Levi se dirigió a Hunter de nuevo-. Siento no haber sido sincero con ustedes, pero solo me limité a seguir ordenes.
Hunter suspiró y se restregó la cara. Una mueca de dolor emergió en sus facciones cuando se arrancó una costra sin querer.
-Sí, ya. Como sea -expresó-. Todavía no puedo creer que esté muerto. He escuchado a Sean llorar durante noches y ahora que está con Lynne se hace el fuerte. Tengo ganas de golpearlo. Todo me molesta. ¡Estoy enojado!
-Cada uno manifiesta el dolor a su forma -intervino Fenrir, que se había aproximado a Hunter y Levi, apenas Lynne se fue con Sean-. Que estés celoso de la relación de ambos no tiene nada que ver con Conan. Deja de justificar todas tus acciones y sentimientos a través de los muertos y sí, lo digo por tu hermano también.
Hunter, que ya estaba furioso, se enojó todavía más.
-¿Qué mierda dices? -escupió-. ¡Y tú que sabes! ¡Ni siquiera eres mi amigo! -tan pronto dijo eso el soldado cambió su expresión rabiosa a una mueca de arrepentimiento. Fenrir estaba impávido como una roca-. ¡Fenrir! ¡Perdona! ¡Nunca quise decir eso! Tú si eres...
Fernir lo detuvo con la mano.
-Entiendo que no soy tan cercano como Sean, pero te tengo estima. Créeme.
-Perdona -lamentó Hunter, cabizbajo-. Me siento igual de frustrado que cuando murió Gedeón.
Fenrir le colocó una mano en el hombro.
-Te entiendo -dijo-. Solo digo que tú hablas y criticas a los demás, pero no ves lo que haces. Ni Sean ni Levi tienen la culpa de lo que sucedió. Deja de ser idiota.
Hunter miró el césped.
-¿Alguna vez has perdido a alguien a quien amas, Fernir? No sé mucho de ti, pero tú sabes bastante de mí. Conan siempre te admiró.
Fenrir se tomó un tiempo para responder.
-Sí -contestó-. He perdido a muchas personas a las que amé. Por eso te doy este consejo: la muerte nos cambia. Intenta no alejar a las personas que amas de tu lado. Luego, te arrepientes y ya nada vuelve a ser lo mismo. No hay forma de volver el tiempo atrás, Hunter.
Hunter alzó la vista, con los ojos llenos de lágrimas. Estuvo a punto de decir algo, pero entornó la mirada hacia más allá de Fenrir y abrió la boca del asombro. Curioso, Levi lo imitó y se encontró con Dawn y Chad hablando con Nifa y Keiji bajo la sombra de un árbol. Chad era el único que parecía estar ajeno a la conversación.
-¿Esa no es tu amiga? -observó Hunter.
-Sí, es Dawn -respondió Fenrir, restándole importancia.
-¿Y ese no es el tipo que estaba el día de la explosión? -preguntó-. ¿Se salvó? ¿Qué es lo que hace aquí? ¿Donde está el resto de la Policía Militar?
-Es una larga historia -dijo Fenrir, y sonrió de manera picarona-. Ya te vi.
-¿Qué? -soltó Hunter, confundido-. No sonrías así. Tú casi nunca sonríes. Me das miedo.
Fenrir puso los ojos en blanco.
-No te hagas.
Hunter se masajeó las sienes.
-Fenrir, hoy estás hecho un tocapelotas -señaló-. Que me duela el brazo, no me detendrá para golpearte la cara. No sŕ si recuerdas que fui uno de los mejores diez graduados en el Cuerpo de Entrenamiento.
Fenrir sacudió un hombro.
-Te gustó Chad, ¿no es así?
Hunter lo observó con aburrimiento.
-Lo que tienes de amargo, lo tienes de cotilla, ¿verdad?
-Soy un hombre observador -contestó Fenrir-. ¡Vamos! Antes de la explosión, noté cómo lo miraste.
-Luego, te quejas de Nifa -murmuró Hunter-. ¡Y eres peor que ella!
Fenrir volvió a su mueca taciturna y sería de siempre. Levi notó como el soldado contemplaba a Nifa, que hablaba animada con Dawn, para después retomar la atención en su compañero.
-Solo digo lo que veo.
Hunter soltó aire y le echó una mirada furtiva a Chad, reclinado contra la corteza de un árbol y con los brazos cruzados sobre el pecho. El cabello retinto y despeinado y las ojeras debajo de sus ojos marrones acrecentaban su expresión letargosa
El soldado se ruborizó
-Bueno, sí. Lo admito -dijo Hunter-. Es lindo.
-Deberías hablarle.
Levi carraspeó la garganta.
-Me gustaría que sigan hablando de Chad, pero están en servicio -dijo, con molestia-. Sígueme, Hunter.
Una vez que el capitán le impartió a Hunter las indicaciones, salió del dormitorio de Marie junto a Petra y Erd. Auruo y Gunther se encontraban en el primer piso de la casona.
-Entonces, ya saben lo que tienen que hacer -espetó Levi, cerrando la puerta a sus espaldas.
-¡Sí, señor! -Erd y Petra tomaron posición de atención.
-Erd, avísame apenas llegue Benton con Gergal.
-¡Entendido, señor!
-Pueden marcharse -Levi contempló a sus soldados caminar hacia la escalera empinada del subsuelo. De pronto, el pánico lo invadió y le entumeció las extremidades como el soplo de un aire gélido. No podía permitir que ninguno de esos jóvenes muera a su cargo-. Petra, Erd -los llamó a sus espaldas-. Tengan cuidado.
Petra y Erd detuvieron la marcha y le sonrieron con confianza. Levi suspiró de resignación. ¿En algún momento aceptaría la muerte como parte de su trabajo?
El capitán se volvió y entró a su habitación. Al entrar, el recuerdo de la noche anterior lo embargó y un ramalazo le cosquilleó las piernas. El corazón se le volvió a acelerar como si Hange estuviera acostada allí, de nuevo frente a él, sobre el revoltijo que habian hecho con los sacos de dormir.
En ocasiones, Levi pensaba que estaba viviendo en un sueño y que tenía una especie de doble vida. En una estaban sus deseos con Hange y, en la otra, sus ansias de libertad con la Legión. ¿Podrian convivir las dos al mismo tiempo?
Últimamente, se desconocía con sus sentimientos y actitudes. No podía creer que se había acostado con ella de nuevo ni que lo haya disfrutado tanto. Estar con Hange lo hacía feliz. Lo llenaba de plenitud y placer. Como si ella fuese ese ensamblaje que le faltaba para estar entero.
Era extraño y aterrador a la vez. Levi estaba realmente enamorado de ella. Hange le daba seguridad, pero al mismo tiempo despertaba un montón de inseguridades. Tenia celos de Moblit y se sentía vulnerable y expuesto.
Jamás en su vida experimentó algo similar. Nunca antes se había sentido tan débil e insignificante. Hange tenia un poder que él mismo le había concedido. Ella podía lastimarlo más que una herida de bala o la mordedura de un titán. Si ella quisiera, podía destruirlo en cientos de pedazos.
Muchas veces creyó conveniente alejarse de Hange, pero su presencia era como un imán para él. El capitán estaba convencido de que Hange no tenia la menor idea de lo que sentía por ella. Tal vez, se lo imaginaba, pero dudaba que entienda lo importante que era en su vida. El solo hecho de imaginarla muerta, o incluso que se alejara de él, le generaba una angustia apremiante en el pecho.
Levi acomodó la habitación, limpió de nuevo el baño y se duchó con un poco de agua fría que sacó previamente del pozo.
Fue en eso, cuando se estaba uniformando, que la carta de la mamá de Conan se deslizó por el suelo y el capitán la sostuvo entre sus manos. Levi la contempló en silencio. Se reclinó contra la pared y, en un primer momento, dudó en learla hasta que hizo uso de su arrojo como soldado y la abrió. La carta decía lo siguiente:
Capitán Levi:
Mi nombre es Rita, y soy la mamá de Conan. Estoy segura que le ha desconcertado mi carta. Ninguno de los dos ha tenido el agrado de conocerse, pero sentí que debía hablar con usted.
Quería agradecerle por haber formado parte de los últimos dos años de vida de mi hijo. Cada vez que él regresaba a casa, me hablaba mucho de usted. Me decía que lo admiraba demasiado y que gracias a su influencia había mejorado un montón su rendimiento como soldado. Todavía guardo las cartas que me escribió después de cada entrenamiento.
"Mamá, te escribo para decirte que, hoy el capitán Levi" así siempre empezaban sus misivas, con esa algarabía e ilusión heredada de su padre.
"Seré el mejor soldado de todos, mamá, y te sentirás orgullosa de mí. Te amo"
"Yo siempre estaré orgullosa de ti, Conan. Eres mi estrella. Mi luz"
Conan siempre fue un chico muy dulce y bueno, pero desobediente e impredecible. Aún así, me sorprendió cuando decidió enlistarse en la fuerza. Nuestro pasar económico no era malo, pero tampoco brillaba en su esplendor.
Cuando mi marido murió, heredé el negocio familiar de venta de telas. Fue muy duro insertarme en un ambiente rodeado de mercaderes. Conan y la familia de Sean me ayudaron mucho a ganarme el respeto que hoy en día tengo con mis socios y camaradas.
Pensé en ese entonces que Conan y yo estaríamos siempre juntos, trabajando como un equipo, como madre hijo, pero no eran los planes de Conan. Él deseaba ir más allá, salir de la cotidianidad.
Sean fue quién lo animó a crecer, quién lo instó a ver la humanidad desde otro lado, desde una perspectiva más versátil y cruel.
No culpo a Sean ni lo hago responsable de lo pasó. Al final de cuentas, la decisión fue de Conan.
"Mamá, vas a dejar el negocio de las telas y vivirás como una reina en Mitras cuando entre en la Policía Miliar", me dijo Conan, antes de irse al Cuerpo de Entrenamiento mientras lloraba a mansalva en la cocina.
En el fondo de mi alma, sabía que Conan jamás entraría a la Policía Militar. No solo porque su rendimiento físico no era bueno sino porque hoy en día estoy convencida de que me mintió. Su muerte me ha llevado a reflexionar sobre muchas cosas y creo firmemente que nunca fue su aspiración estar en la Policía Militar. Tal vez se engañaba a si mismo, o a mí o a Sean. No lo sé. Pero Conan jamás hubiera abandonado a su mejor amigo.
Sean era todo para Conan. Desde niños, se amaron con locura: esa conexión instantánea que tienes con alguien sin saber muy bien por qué, esa amistad cómplice, mágica, única e irrepetible, era lo que Sean y Conan tenían. Luego se sumó Hunter, tiempo después usted, y un chico llamado Fenrir, del que Conan me ha hablado poco y nada, pero del que siempre destacaba su fuerza y conducta.
Pero, sin lugar a dudas, creo que la muerte de Paige fue un antes y después para mi hijo. Con la partida de esta chica, él terminó de convencerse de que estaba en lugar correcto.
Qué curioso, ¿no? A Conan lo fortaleció la muerte y a mí la suya me dejó rota en mil pedazos.
No quiero hacer esta carta muy larga. Probablemente venda esta casa y me mude algún otro distrito en Sina. La soledad es dura y los recuerdos aquí son muy dolorosos.
A veces me lo imagino que va entrar por esa puerta, con los ojos brillosos y su sonrisa haragana diciéndome: "¡Mamá! Era todo mentira. Estoy bien".
Pero, no. Conan se ha ido y con él, mi vida entera. Jamás volveré a abrazarlo. Jamás volveré a verlo sonreír.
Y aún así, he decido que no me rendiré. No puedo dejar que la muerte me condene porque Conan nunca hubiera querido eso para mí. Yo debo seguir por su memoria, por la memoria de mi marido y por mi misma.
Solo quería agradecerle por haber formado parte de la vida de mi hijo. Espero que se encuentre bien y no le haya importunado mi carta. Sé que se vienen momentos muy duros y, por eso... ¡No se rinda! Varias personas suelen tener muchos prejuicios contra la Legión de Reconocimiento. Yo también los tenía, pero gracias a Conan, he comprendido que son verdaderos héroes.
Nuestros héroes
Gracias, capitán Levi.
Gracias por cuidar y confiar en mi hijo.
Gracias por luchar por el bien de la humanidad.
Con estima,
Rita
Levi guardó la carta en su chaqueta, cerró los ojos y respiró hondo. La carta de la mamá de Conan fue reticente y a su vez desgarradora, pero la cuidaria como si fuera un tesoro. El único recuerdo que Levi tenía de la existencia de Conan era ese pedazo de papel.
Si todo salía bien, regresaría a Stohess y la escondería en su bitácora. No había escrito mucho más desde lo sucedido con Lobov, aunque tal vez era momento de empezar a hacerlo.
El capitán se anudó la capa de la Legion y se propuso a hacerle honor a la muerte de su amigo. Levi salió del baño decidido a terminar de una vez por todas con el conflicto con los rebeldes.
A paso firme, caminó hacia la habitación de Hange y la encontró de rodillas, revolviendo los periódicos, que aún estaban desperdigados en el suelo al tiempo que murmuraba palabras inaudible.
-¡Oye! -la llamó Levi a sus espaldas. Ella lo miró por encima del hombro-. Apresúrate, cuatro ojos.
La líder de escuadron se inquietó.
-¡Estoy en eso! -se excuso Hange, mientras regresaba su atención a los periódicos-. Sé que tenía el periódico con el rostro del padre de Mike por algún lado.
Levi se acostó de lado sobre el marco de la puerta. Su cabello húmedo se le pegaba a la cara y pequeñas gotas de agua caían sobre el cuello de su camisa.
-No puedes ser tan desordenada.
Hange no le contestó y continuó hurgando entre sus cosas. Levi notó que tenía dos nudos enormes en el cabello detrás de la cabeza. Ella nunca se peinaba.
-¡Aquí esta! -exclamó Hange, poniéndose de pie. La chica se giró en redondo y volvió hacia Levi. Le tendió el recorte de un periódico que el capitán sostuvo de inmediato-. Intenten no ser muy duros con ellos.
-No prometo nada -dijo-. Sean estará a cargo.
Hange asintió. Levi no pudo reprimir la tentación recorrerla con la mirada de pies a cabeza e imaginarla desnuda. El recuerdo de ella gimiendo bajo su peso hizo que el capitán se sonrojara y apartara la vista bruscamente.
-¿Qué sucede? -preguntó Hange-. ¿En serio te has bañado, Levi?
-Fue un instante -dijo el capitán con simpleza-. No soportaba la suciedad.
Hange se golpeó la frente.
-Sabes que en promedio nadie se baña tanto como tú, ¿no?
El capitán encogió los hombros.
-No me interesa.
Hange se rio.
-¡Eres un obsesivo!
-Anoche -murmuró Levi-. La he pasado bien.
Su corazón se aceleró apenas vislumbró las comisuras de la boca de Hange ascendiendo en una sonrisa dulce y cálida.
-Yo también la he pasado muy bien, Levi -respondió con suavidad.
El capitán apretó los labios, se dio media vuelta y zanjó el tema de conversación.
-Iré con Sean. Tu saco de dormir quedó en mi dormitorio -dijo-. Cuídate, cuatro ojos.
Levi no le dio tiempo a responder a su compañera. Se alejó de Hange hacia el primer piso de la casona. Llegó bastante rápido mientras observaba el dibujo del padre de Mike. Gilberto no era muy distinto a su hijo: de ojos rasgados y hundidos, mandíbula alargada y nariz puntiaguda. Usaba el cabello, aparentemente claro y lacio, a la altura de los hombros y peinado hacia atrás. En el dibujo tenía un traje.
-¿Estás listo? -le preguntó Levi a Sean, que jugetaba con las mangas de su camisa. A su lado estaba su novia-. Lynne, vete.
La chica acató la orden de Levi. Se despidió de Levi, le dio un beso en la boca a Sean y se marchó hacia las afueras del refugio.
Gunther salió de la habitación, tomándose la cabeza.
-Esa chica si que tiene fuerza -refunfuñó-. Tenia los ojos vendados, las extremidades atadas, y aún así no dejaba de moverse y gritar cuando la traje hasta aquí.
-Sí, es un dolor de huevos -reconocio el capitán-. Ya puedes ir con los demás.
-De acuerdo -respondió Gunther-. Ya le quité la venda de los ojos.
El primero en entrar fue Levi, que miró a Paige y a ese muchacho Linus con severidad. Los dos rebeldes estaban sentados; enfrentados el uno con el otro, atados de manos y pies. Había una silla en el medio de ambos y una pequeña rendija de luz se filtraba por las ventanas tapiadas.
-Menuda reunión -comento Linus. A diferencia de Paige, el joven se lo veía fuerte y sano. Era delgado, pero fornido y, por la forma de su espalda y el largo de las piernas contra las patas de la silla, Levi dedujo que era alto. Su cabeza estaba rapada y sus ojos eran saltones-. ¿A qué se debe el honor?
-Es hora de que digan la verdad.
Paige soltó una carcajada.
-¿Seguiran torturándonos, capitán Levi?
-¿Usted es el famoso, capitán Levi? -Linus se mostró sorprendido y decepcionado-. Pensé que era más alto. Los dibujos si que son engañosos.
Los ojos azules de Levi se posaron en el rebelde de manera sombría. El chico infló el pecho como si fuese un oso.
Levi abrió la puerta.
-Sean, entra.
La puerta chirrió y el soldado ingresó con cuidado, aunque en su rostro ya no había nerviosismo o timidez sino que transmitía determinación y... odio. Cuando Paige lo miró, su postura soberbia y confiada se esfumó, y un sentimiento distinto despuntó en su mirada. La chica trago saliva.
-Sean -musitó-. ¿Que te pasó?
El joven no le respondió y tomó asiento en la silla vacía entre medio de los dos rebeldes. A continuación, desenfundó un arma de su cintura y apuntó hacia Linus.
-Les daré dos oportunidades a cada uno para que me digan la verdad -comenzó diciendo el soldado, y deslizó el seguro del arma con el pulgar-. ¿Quien es su líder?
Linus miró el cañón apuntando al centro de su frente.
-No te lo diré.
-Mala respuesta -dijo Sean. Inmediatamente movió el arma hacia Paige y le disparó en la pierna. La chica soltó un alarido cuando la bala le perpetró un agujero enorme.
-¿Es este tu líder, Paige? -indagó Sean, y señaló el recorte con el dibujo de Gilbert, que Levi le había dado con anterioridad.
La chica se mordía el labio inferior para no llorar. Su cara estaba desfigurada e hinchada por el dolor.
La joven respiró hondo, sobó por la nariz y soltó aire.
-¿Es verdad? -Sean entorno sus ojos celeste-. ¿Conan está muerto? -la chica miraba al soldado en busca de consuelo, pero el joven tenía una postura decidida e inquebrantable.
Sean contuvo el aliento.
-Sí -contestó, con la voz rota y le señaló de nuevo el recorte con el dibujo de Gilbert-. ¿Es este tu lider?
Sean y Paige se observaron a los ojos un instante, como si estuvieran peleándose en silencio. La rebelde sollozó mientras sacudía su cabeza de lado a lado.
-No sé quién es.
Sean chasqueó la lengua y una bala atraveso el brazo de Linus. El rebelde se retorció en su lugar mientras Sean se ponía de pie para ubicarse detrás de Linus y restregarle el dibujo de Gilbert en la cara.
-¿Lo conoces?
Linus no respondió enseguida. Su mirada se cruzó con la de Paige y negó con la cabeza.
-Lo diré por última vez -Sean alargó el brazo y apoyó el arma sobre la cabeza de Linus-. ¿Quien es tu líder?
Linus y Paige volvieron intercambiar miradas alarmantes y acuosas. El chico había empezado a llorar también. Linus cerró los ojos y alzó una sonrisa compungida. Su cuello se arqueaba por el peso metálico del arma.
-No lo recuerdo.
Paige curvó los labios.
-Linus...
-Bien -expresó Sean, y tiempo después, disparó. El estruendo trajo un pitido y, consigo, el estupor. La sangre salpicó el rostro de Paige, con los ojos como platos y la boca abierta. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas al instante.
Levi no creia que Sean seria capaz de algo así, pero allí estaba. Se había convertido en un asesino.
El capitán estaba nervioso y se mantuvo inmóvil en una esquina de la habitación.
La cabeza de Linus cayó a peso muerto sobre su hombro y Paige sollozó. Sean rodeó el cadáver del rebelde y levantó el arma en dirección a Paige.
-Habla.
Paige entrecerró la mirada, una mezcla de ira y tristeza hizo que soltara una exclamación ahogada.
-Lo mataste -susurró con impío-. Tú...
Sean la interrumpió. Apoyó el armana debajo de la mandibula de Paige, la hundió en su piel y gatilló. El chasquido metálico estremeció a la rebelde, que gimió del miedo.
-Te daré una última oportunidad -dijo Sean con dureza-. ¿Quién es tu líder?
-Linus era una buena persona -murmuró Paige.
Sean se rio con sorna.
-Conan también lo era y está muerto.
-¡Nosotros no lo matamos!
La ira crepitó en cada nervio de Sean.
-¡Pero sabes quién lo hizo! -gruñó-. ¡Habla!
Levi se dirigió a Paige con los brazos cruzados.
-Te matará y lo sabes, ¿verdad?
Con pánico, Paige miró a Levi y, después, a Sean. Ella no dejaba de llorar.
El soldado le quitó el seguro al arma.
-Paige, contaré hasta tres.
La chica lo contempló con odio.
-Uno.
Paige cerró los ojos.
-Dos.
La rebelde inhaló profundamente.
-Tres.
-Zenda -Sean se detuvo e intercambió una mirada sesgada y dubitativa con Levi. La joven abrió los ojos-. Nuestro líder se llama Zenda.
Sean juntó el entrecejo.
-¿Es una mujer?
-No -contestó-. Es un hombre y se llama Zenda.
Levi reflexionó un momento.
¿Zenda? ¿Donde había escuchado ese nombre antes?
