Capitulo 33

Antes de que todo comenzara, el capitán se dirigió a su subordinado.

-Eres consciente de que ya no hay vuelta atrás, ¿verdad?

Sean caminaba al lado de Levi, con la vista al frente y en silencio. Las botas repiqueteaban en el suelo al tiempo que ambos se conducían al exterior del refugio. El soldado estaba enfrascado en sus propios pensamientos, corroído por los nervios. Llevaba la cara desencajada por el estrés, algo ajeno e inusual en Sean, que era un chico bastante metódico y tranquilo.

-Lo sé -contestó e hizo un puño con sus dos manos-, pero no había otra manera.

Levi lo estudió con escepticismo y midiéndolo a través de sus ojos azules y rasgados.

-¿Por qué lo hiciste?

Sean desanduvo sus pasos.

-Por lo mismo que tú has querido matar a Lobov -dijo a la defensiva-. Justicia. Venganza, tal vez. Me siento vacío.

-Hange y Erwin creen que Paige no ha matado a Conan.

-¿Y tú?

-También lo creo -convino Levi-, pero, al igual que tú, estoy seguro que ella también sabe quien pudo haberlo hecho.

Sean bajó la cabeza y miró la palma de su mano. La misma que empuñó para matar a Linus. Había sangre seca entre sus dedos y al costado de la muñeca.

-No siento culpa -susurró, y alzó la mirada de nuevo con preocupación-. ¿Es normal? ¿O soy un monstruo?

-Probablemente lo seas -farfulló Levi.

Sean soltó una carcajada sórdida.

-Gracias -ironizó-. Me iré al infierno, ¿verdad?

-No -respondió Levi-. Ya estamos en él.

Minutos después, la calma del refugio fue remplazada por el asombro. El zumbido de los murmullos se extendió como una avalancha cuando Henning y Lynne salieron con el cuerpo del rebelde envuelto en una sábana raída e impregnada de manchas de sangre. Sean se había puesto blanco al notar las miradas sobre él y su cuerpo se encogió por la excesiva atención.

Nifa alargó el brazo y colocó una mano en el hombro de su compañero para relajar su porte nervudo. La chica lo apretó con dulzura y esbozó una sonrisa cándida.

-Tranquilo Sean -espetó-. Has hecho lo que creías que era correcto.

Sean tragó saliva con amargura.

-No sé si lo creía correcto -confesó-. Era necesario. No estoy arrepentido. Solo... que es raro.

Dawn, que estaba junto a Nifa, resopló, arrugó la frente y cruzó los brazos en un gesto resabioso.

-Luego hablan de la Policía Militar -comentó, y alzó el mentón movida por el orgullo-. Ustedes no son diferentes a nosotros. Todos terminamos siendo egoístas al final del día.

-¿Qué hacemos con él, Levi? -le preguntó Henning al capitán, ignorando a Dawn.

Lynne juzgaba a Sean con palidez mientras su novio agachaba la cabeza y evitaba verla directamente a los ojos.

-Entiérrenlo en el bosque -replicó Levi, y desvió una mirada furtiva y disimulada hacia Nanaba, escondida entre las copas de los árboles. Como el sol estaba cayendo, las sombras empezaban a cernirse sobre el follaje.

La soldado hizo una seña con la mano, que el capitán comprendió a la perfección, y asintió con la cabeza. Después, desapareció a través de la enredada de las ramas a la velocidad de un halcón.

Entretanto, Sean, Dawn y Nifa siguieron a Hennig y Lynne con la vista, a medida que avanzaban sobre el terreno, cargando el cadáver de Linus, hasta que se sumergieron en la densidad del claro. Fenrir, que había salido del refugio, se colocó al lado de Levi y le susurró:

-No puedo creer que Sean se haya animado a hacer eso. Creo que lo imaginaba de cualquiera menos de él.

Levi y Fenrir se hallaban a unos metros alejados de la entrada del refugio. Nifa, Dawn y Sean estaban cerca, a unos pocos pasos de ellos dos. El capitán lo observó de refilón, mientras el soldado colocaba las hojas en su equipo de maniobras al tiempo que le pasaba un trapo húmedo sobre el filo.

Levi habló con sequedad.

-¿Quién es Zenda? -Fenrir dejó de trajinar. Su respiración se tornó ansiosa por un instante y frunció el ceño. Levi clavó la mirada en él de manera inquisidora. El chico percibió el sentimiento de su capitán y el nerviosismo brotó en el interior de sus ojos. La actitud y el hermetismo por parte del soldado llevaron a Levi a presionarlo e insistir de nuevo-. Te he hecho una pregunta, Fenrir. ¿Quién es Zenda?

-Es una amiga que ha muerto.

-¿Es una mujer?

Dawn intervino con desconfianza.

-Sí -aseguró, mirando de hito a hito a Levi y Fenrir-. ¿Por qué preguntas por ella?

-Curiosidad -contestó Levi.

-No te creo -soltó Fenrir, incrédulo.

-Haces bien -concedió el capitán. Echó el brazo hacia atrás, deslizó la mano y cerró los dedos en torno al mango de una de sus hojas metálicas-. Te haré una pregunta y quiero que seas sincero. ¿Tú estás con los rebeldes?

-¿Qué? -Inmediatamente, el capitán enarboló la hoja y la alzó hacia el cuello de Fenrir, que giró de lado y frenó el ataque-. ¿Qué mierda haces, Levi?

El choque veloz y rimbombante de las hojas metálicas fue la señal. Dawn se quedó en vilo. Los guardias encaramados en los árboles se volvieron hacia Fenrir con sus escopetas en alto. Sean y Nifa no tardaron en sumarse y lo rodearon desde los lados.

-Baja el arma, Fenrir -Nifa gatilló una escopeta detrás de la cabeza del muchacho-. O disparo.

Fenrir miró a Nifa, abstraído por las palabras hastiadas de su compañera. La chica que le profesaba un amor genuino e infantil, amenazaba con volarle los sesos.

-Nifa -susurró Fenrir, y se oyó igual que un suplicio-. Yo no he hecho nada.

Ella lo escrutó seriamente de arriba abajo, como si estuviera sopesando lo que el joven le estaba diciendo, pero luego dejó de reflexionar, negó con la cabeza y hundió el arma en la espalda de Fenrir.

-No puedo creer que tú seas cómplice de todo esto -dijo, con la voz estrangulada-. Ahora entiendo porqué defendías a Paige. ¡Ahora entiendo todo!

El soldado estaba muy sorprendido por la acusación. Fenrir contemplaba a Levi y a Nifa, con lágrimas en los ojos y el rostro turbado por la confusión. Fenrir se mantuvo firme en su postura, resistiendo la fuerza de Levi con la presión de su hoja metálica hasta que no soportó mucho más. Falló, soltó la hoja y levantó las manos cuando sintió el filo del arma de su capitán bajo la garganta. La mirada de Levi era penetrante.

-Se están confundiendo -farfulló Fenrir, desvencijado.

-Conan confiaba en ti -masculló Sean, a la vez que apuntaba su arma de cañón corto a las sienes de Fenrir-. Hunter y yo confiábamos en ti.

-¡Yo confiaba en ti! -desfogonó Nifa-. ¡Tú eras especial para mí!

-¡Oigan! -irrumpió Dawn-. ¿Qué hacen? ¿Por qué atacan a Fenrir? ¿Se han vuelto locos?

Nadie respondió a las preguntas de Dawn. Fenrir y Levi intercambiaron miradas y muecas subrepticias. El capitán sabía que esto sucedería y que así tenía que ser para funcionar. No experimentaba ningún sentimiento de decepción. Tampoco se sentía traicionado.

Observó de lado a Dawn, con una expresión sombría. La chica regresó sobre sus pasos, medio asustada, medio insegura, hasta que respiró hondo y la valentía se anunció de nuevo en su estampa engreída y altiva.

Dawn irguió el cuello y sus ojos grises se encendieron.

-Eres pequeño, pero aterrador, Levi.

-Me lo suelen decir

-Suelta a Fenrir -gruñó con fiereza, y se volvió hacia Nifa-. ¿Qué demonios te sucede? ¿Por qué lo estás atacando?

Levi se llamó a silencio. Nifa vaciló durante unos segundos, aunque también decidió no decir nada. Fue Sean quien respondió en su lugar.

-Él está con los rebeldes.

Dawn rio de manera sarcástica.

-¡Qué tonterías dicen! Fenrir jamás haría algo así, ¿verdad, Fenrir? -el soldado observó a Levi directo a los ojos, y permaneció callado y pensativo un par de segundos. Dawn volvió a hablar, pero esta vez fue con una voz temblorosa y desazonada-. Tú no mataste a todos mis compañeros, ¿cierto?

Desorientado y perdido también, Fenrir se giró hacia su amiga. Todavía tenía a sus colegas amenazándolo con las armas desde los flancos.

-Yo no...-balbuceó con pesadumbre-. No he hecho nada.

Levi tomó distancia, entornó la vista y sostuvo la hoja metálica que Fenrir había soltado por inercia. Estaba tumbada a sus pies; sobre la hierba.

El capitán guardó el arma en su dispositivo metálico justo cuando Abel aterrizó detrás de Dawn y la amenazó con otra escopeta. La chica juntó el entrecejo y abrió sus ojos grises como platos.

-¿Qué haces, niño?

El chico le lanzó una mirada viperina. El sol de la tarde se reflejaba en sus gafas anchas.

-Tú también estás en la mira.

-¿Cómo?

-Dawn, Fenrir -dijo Levi, sin dejar de amedrentar a su subordinado-. Están bajo custodia de la Legión de Reconocimiento por atentar contra la paz de la humanidad.

Dawn se rio con desdén. Ella era dueña de un carácter mucho más rebelde y ácido que Fenrir por lo que al escuchar al capitán se rehusó a más no poder.

-¡No pienso ir hacia ningún lado! -farfulló, con los dientes apretados-. ¡Van a matarnos en vano!

Y entonces algo aterrador sucedió. La actitud soberbia de la oficial se desvaneció cuando un alarido escalofriante, seguido del detonante de una bala, atravesó el bosque espeso y tupido y Lynne y Henning se apersonaron bajo el dominio de dos hombres con las caras cubiertas por un pasamontañas. Lynne estaba herida en un hombro.

Han llegado, pensó Levi.

Casi en simultáneo, los guardias ubicados en las alturas empezaron desde los árboles en dirección al suelo. Uno por uno, como figuras de dominó. Sus aullidos de dolor eran estremecedores. Algunos soldados estaban heridos y otros... Muertos.

Preocupado, Levi se volvió hacia sus subordinados, que estaban quietos y con los gestos torcidos del espanto. El imprevisto los había obligado a moverse, pero ya era demasiado tarde para reaccionar. Lo único que Levi pudo ver fueron varias ráfagas rodeándolos hasta que tres rebeldes los arrinconaron con sus armas. También tenían los rostros ocultos por pasamontañas.

-Mejor que no intente nada, capitán Levi -le ordenó uno de los subversivos, mientras dirigía el extremo de su ballesta hacia él.

El capitán pensó en atacar. Él era rápido, ágil, tenaz y certero. Podía luchar contra ellos sin ningún problema, pero decidió cambiar de parecer al notar a sus colegas amenazados. No se atrevía a poner en riesgo más vidas ajenas.

-Suelten sus armas -añadió otro rebelde, con el cañón de la escopeta detrás de Sean. La jocosidad y el timbre agudo de la voz reveló, además, que se trataba de una chica.

-O los mataremos -finalizó el último, mirando de manera significativa a Abel. Sus ojos azules se regodeaban en el estado de alerta por parte del soldado.

Luego de unos instantes de vacilación, Sean, Nifa, Levi y Fenrir aventaron sus armas a la hierba. Abel los imitó. Los rebeldes sostuvieron las armas con satisfacción, como si se tratara de un par de ladrones tomando su botín. Había un brillo de victoria en sus miradas. Levi no era capaz de vislumbrar el resto de sus caras, pero supuso que estarían sonriendo. A su alrededor, distinguió a algunos miembros de la Fuerza de Guarnición caídos y despatarrados, así como también notó con vida a Chad, Auruo, Gunther, Keiji y varios más, entregando sus armas y hojas metálicas para someterse ante los rebeldes.

Chad fue el más castigados por los subversivos. Al joven le habían dado una buena paliza. Se contorsionaba de dolor junto a Auruo y Keiji, que tenían pinta de desmayarse en cualquier momento.

-¡De rodillas y con las manos detrás de la cabeza!

Los soldados de la Legión de Reconocimiento siguieron las órdenes de los rebeldes, atravesados por el miedo y la expectativa.

Dawn fue agarrada del cabello y obligada a tumbarse de bruces. La única chica de los tres rebeldes le pisó la cara con saña. Una mueca de sufrimiento recorrió las facciones de Dawn cuando la tierra irritó sus mejillas y su boca se atiborró de maleza.

-Tú no tienes armas, ¿verdad? -se intrigó la joven, y se mofó de su propia curiosidad-. ¡Claro! ¡Eres miembro de la Policía Militar! ¡Esta es una de tus armas! - agregó, en referencia a su escopeta y la sacudió frente a las narices de Dawn-. No confiaban en ti, ¿cierto? ¿Quién puede confiar en lacras como ustedes?

-¡Bronwyn, no te precipites! -reprendió uno de los rebeldes a la mujer-. Ya sabes.

El regaño le arrancó a Bronwyn un graznido.

-¡Está bien! ¡Está bien! -repitió, y presionó con más fuerza el rostro de Dawn-. Solo quiero divertirme un poco, Galf.

Galf, que era enorme como Mike, sacudió los hombros. Sus manos estaban bronceadas y contaba con una actitud confiada que transmitía en cada movimiento que llevaba acabo. Al capitán le dio la impresión de que se trataba de un hombre joven. Quizás de su edad. O un poco menos.

-Revisen el refugio -promulgó a sus otros compañeros. Levi contó más de doce subversivos, armados y vestidos con camisas y pantalones verduzcos-. Busquen a Zackley, Dot y Smith.

-¡Oye, Galf! -gritó otro, de menor tamaño y mancebo a simple vista. Su rostro también estaba cubierto-. ¿Buscamos a Paige y a Linus?

-Creo que no encontraremos a Linus, Avery -dijo ese tal Galf a su colega. Después, empujó la ballesta en el entrecejo de Levi-. Ve a buscar a Paige

Avery se mostró dubitativo, aunque finalmente accedió.

-De acuerdo.

El rebelde corrió hacia el interior del refugio y Galf retornó su vista hacia Levi.

-¿No es cierto, capitán? -siseó con aversión-. Han matado a Linus, ¿verdad?

Levi entrecerró la mirada.

-Bastardos -barboteó-. ¿Por qué no muestran sus caras?

Galf largó una risotada hilarante.

-Eso no responde a mi pregunta, capitán. -Los ojos azules de Galf se movieron hacia más allá de Levi. El capitán se rebulló y miró por encima del hombro justo cuando un pie le impactaba en la cara y hacia girar su cabeza hacia el otro lado. El dolor fue eléctrico y agudo, tan vehemente e impetuoso, que lo hizo tambalearse de rodillas y caer con las palmas de las manos sobre la hierba. Su boca se inundó de un sabor repulsivo y metálico y tuvo la sensación de que los dientes se le aflojaron de las ansías. Galf increpó a Levi nuevamente-. Gracias Zack -dijo antes-. ¿Quién mató a Linus?

El capitán escupió sangre y se limpió la saliva con el antebrazo. La ballesta todavía le presionaba la piel de la frente. El enojo y el dolor lo obligaron a permanecer de rodillas.

-Ustedes han matado a varios de los míos -se atrevió a decir.

Zack, el chico que lo golpeó desde atrás, le descargó una patada en la columna que le hizo crujir sus huesos.

-Infeliz -escupió el rebelde-. ¡Responde a nuestra pregunta!

-¡Zack! ¡Galf! -prorrumpió Avery, desde el refugio-. ¡He encontrado a Paige!

El capitán Levi observó a Paige siendo arrastrada de un brazo hacia donde se encontraba Galf, Zack y Bronwyn. La chica caminaba truncada y errática, como si cada paso le costara un gran caudal de energía. Su compañero la azuzaba a apretar el ritmo, a pesar de la poca distancia. Paige se había liberado de las ataduras y tenía las muñecas y los pies descalzos, heridos.

La joven envaró el cuerpo enclenque frente a Galf con cierta dificultad para mantener el equilibrio. Avery le propinó palmadas simpáticas en el hombro.

-Me alegra verte, Paige -dijo-. Aunque has adelgazado mucho.

-Luces como la mierda -sobrevino Galf, y Levi no pasó por alto que el tono de su voz se suavizó.

-He sobrevivido -respondió Paige, con su habitual frialdad al hablar.

-Sabía que lo harías -Galf movió la cabeza, y tuvo el ademán de acariciarle el cabello a Paige, pero la chica no se lo permitió. Ella se corrió a un lado, zafándose del agarre de su compañero, y caminó a tumbos en dirección a Bronwyn. Después, bajó la mirada.

-¡Qué patética te ves actuando así, Dawn! -dijo, recargando el peso de su cuerpo en una de sus caderas-. Aunque siempre supe que te gustaba arrastrarte como una víbora.

Dawn parpadeó y cambió su expresión afligida por una jovial y relajada.

-Eso lo dices de envidia -respondió, y sonrió con complicidad. Bronwyn se alejó y Dawn se levantó del suelo con una exacerbada y ridícula delicadeza. La chica se acicaló el uniforme de la Policía Militar-. Sabes que soy más hermosa que tú y no lo puedes soportar.

Paige puso los ojos en blanco.

-Debo reconocer que me divertí pisoteándote en el piso, Dawn -comentó Bronwyn, y le ofreció un arma a su cómplice. La misma la llevaba detrás de la espalda.

Paige dio media vuelta.

-Desde ya -expresó-. Todos sabemos que es una arpía.

-No tanto como tú -masculló Dawn.

Los ojos verde de Paige se volvieron oscuros. La rebelde tomó una escopeta que Zack le cedió y fue directo hacia Sean. No dudó un instante en presionar el cañón en la frente crispada del soldado.

Oh, no.

-¿Qué haces Paige? -se intrigó Zack.

La joven contuvo el aliento y un dedo tembloroso se resbaló hacia el gatillo. De rodillas, con las manos detrás de la cabeza, Sean la contemplaba con entereza y desafío. A Levi, el estómago se le encogió. Iban a matarlo.

-Eres un canalla -masculló Paige.

-No somos tan diferentes entonces.

Paige tensó la mandíbula.

-No eres nadie -susurró-. Y hoy morirás siendo nadie.

-Y tú lo harás siendo una zorra.

Paige bajó el arma tan pronto Galf se acuclilló frente a Sean y le propinó una piña que mareó al soldado. Luego, cerró los dedos en su cabello rubio, lo guió hacia su cara y escupió. Sean reprimió una arcada, pero su cara de repugnancia era notable.

-No te metas con Paige -le advirtió Galf-. O tendrás una muerte muy dolorosa.

-¡Él mató a Linus! -confesó Paige, y Galf se llenó de rencor.

-¡No hay señal de los mandatarios! -gritó de pronto un subversivo, saliendo del refugio.

Galf hundió las cejas y se incorporó rápidamente. Parecía preocupado.

Dawn resopló y puso los brazos en jarra.

-¡Claro que sí! -aseguró-. Los he visto por aquí hará una hora.

Paige se mostró pasmada. Estudió a Levi con el rostro consumido y agotado por los días en cautiverio, cuando en eso, su mirada brilló de astucia y reconocimiento.

-Es una trampa, ¿verdad, Levi?

-¿Qué dices, Paige? -Dawn caminó a su lado.

El capitán se limitó a observarla. Paige se quitó el pelo de la cara, sostuvo su panza y rompió en carcajadas. Galf, Bronwyn y Dawn la observaban con consternación.

-Ahora si que detonó -comentó Bronwyn.

-¡Paige! -llamó Galf-. ¿Qué demonios te sucede?

La joven dejó de reírse y limpió una lágrima en la esquina de su ojo izquierdo. Cabizbaja, se derrumbó de rodillas y su voz se oyó apagada, frustrada y triste cuando dijo lo siguiente:

-Erwin Smith es un maldito demonio.

Lo que sucedió después fue una sucesión de hechos muy caótica e intempestiva. Hange emergió desde su escondite a la vez que el resto de la Legión y la Fuerza de Guarnición.

Nanaba cayó encima de Dawn y la tumbó antes de que pueda reaccionar. La soldado le arrebató el arma de las manos con la que estuvo a punto de dispararle. Abel se encargó de Avery, mientras Nifa se lanzó sobre Bronwyn y la inmovilizó con las piernas. Sean apresó a Paige por la garganta a la vez que Levi arremetía contra Galf. El capitán se sentó a horcajadas del hombre y le dobló las muñecas. Zack fue sorprendido por Mike a sus espaldas.

Levi echó un vistazo a sus colegas, mientras pugnaba con Galf bajo su peso y lo dejaba inerme. El capitán era tan fuerte que ni siquiera el hombre que lo doblaba en tamaño podía contra él.

Para su suerte, muchos de sus compañeros habían reducido y golpeado a los subversivos con sus armas.

-¡Hola a todos! -saludó Hange, animada y descendiendo de un árbol cerca de Nifa-. ¡Soy la líder de escuadrón, Hange Zoe, y esto es una emboscada! Podemos hablar sin recurrir a la violencia. ¡Soy una persona a la que le encanta negociar!

Moblit, que se aconteció con ella, derrumbó los hombros.

-Líder de escuadrón...

Hange dejó escapar una risotada.

-¡Tranquilo, Moblit! -arrulló-. Estoy siendo amable.

El capitán siseó entre dientes.

-Cuatro ojos -habló, con fastidio-. ¿Qué mierda estás haciendo?

Hange volvió hacia Levi, aplaudiendo a la altura del pecho.

-Los anfitriones deben ser cordiales con sus invitados, Levi -contestó-. ¿Qué dicen? ¿Podemos hablar sin intentar matarnos los unos a los otros?

-¡Estás loca! -comentó Dawn, al tiempo que Nanaba le doblaba un brazo detrás de la espalda.

-¡Sus objetivos son distintos a los nuestros! -chilló ese tal Zack a la vez que Mike le pisaba las costillas.

-¡Jamás nos podremos de acuerdo! -gritó Avery.

Hange ensanchó su sonrisa.

-¡Por supuesto que no! -aseguró, la líder de escuadrón-. ¿Dónde está su líder?

-Aquí

De repente, una figura más allá de Hange alió de las sombras y caminó tranquilamente hacia la líder de escuadrón. Se trataba de un hombre de alta estatura, corpulento y macizo, con los músculos adheridos a su ropa. Se sostenía en un bastón, que a Levi le dio la impresión que no necesitaba en absoluto, por la forma en que sus pies presionaban la tierra firme. Un pasamontañas le ocultaba la cara como a sus colegas y el equipo de maniobra se tambaleaba alrededor de su cintura.

Hange dejo de sonreír y lo observó con seriedad. Sus ojos marrones estaban repletos de desconfianza. Moblit quiso intervenir, pero Hange lo detuvo con un ligero movimiento de mano.

-Encantada de conocerla, señorita Hange Zoe. -La voz de Zenda era ronca, grave y engatusadora-. Me han hablado mucho de usted y de su mente maravillosa.

El sujeto se detuvo a centímetros de Hange y empezó a caminar alrededor de ella como un lobo hambriento dispuesto a matar a su presa. El capitán incrustó una hoja metálica en el brazo de Galf, que aulló y luchó por escapar en vano. Levi lo golpeó en la nuca y se concentró en el sujeto que rodeaba a la líder de escuadrón. Si ese tipo se atrevía a lastimarla, le cortaría el pescuezo.

El líder de los rebeldes se paró frente a Hange y, con el extremo del bastón, alzo el mentón de la chica, que había adquirido una seriedad poco frecuente en ella. Levi piso el brazo de Galf y se incorporó con reserva.

-Si hay algo que me gusta en esta vida son las mujeres inteligentes. Me resultan...excitantes -comentó el hombre-. Puedes llamarme Zenda, líder de escuadrón.

A continuación, Zenda se quitó el pasamontaña y el rostro de un hombre joven, de unos veintes y tantos de edad, se reveló. Zenda era blanco, de piel traslúcida. Sus rasgos duros y pronunciados, acompañaban una quijada firme y una nariz bastante curvada hacia abajo. Los labios bien delgados sonreían de una forma espeluznante. Su cabello era más oscuro y largo que el de Levi y lo usaba revuelto sobre la frente. Albergaba en su mirada un brillo particular: los ojos dorados de Zenda eran expresivos y vivaces de un deseo que al capitán no le gustó para nada. También reparó en que había cicatrices en sus mejillas y arriba de las cejas. Contaba con todo el aspecto de un delincuente de la Ciudad Subterránea.

De pronto, Zenda dejó de mirar a Hange y giró la cabeza para poner su atención y desafiar a alguien más. A alguien que estaba detrás de Levi, paralizado.

-Hola, hermano -dijo Zenda-. Ha pasado tiempo, ¿no?

Fenrir contuvo el aliento. Sus ojos abiertos de par en par y su cuerpo tensado no tenían otro tipo de reacción más que el estupor. El joven se esforzó por salir del trance, carraspeó la garganta y se puso de pie.

-No puedo creer que uses su nombre.

Zenda hizo girar su bastón en el aire, junto a una sonrisa ladina. La indignación por parte de Fenrir le robó una carcajada.

-Nunca confíe en ti -contestó, y después volvió hacia Hange-. ¿Dónde está Erwin?

La líder de escuadrón alzó las comisuras de sus labios para sonreír de manera forzada, arrugando sus ojos detrás de las gafas.

-No lo sé.

Zenda bufó y encarceló uno de los brazos de Hange con su mano libre. Cuando el hombre apretó a la chica contra su pecho, Levi tuvo la intención de precipitarse hacia él, sin embargo, Fenrir lo frenó en seco.

El joven lo observó con severidad.

-Detente -sostuvo-. Es peligroso. Ya te lo he dicho antes. Puede lastimarla.

-La matará -comentó Galf, desde el suelo, emitiendo quejidos de dolor. Levi le dio un puntapié en la coronilla para que cerrara la boca.

Zenda continuó intimidando a la líder de escuadrón.

-Le estoy hablando en serio, señorita -dijo-. Nuestra relación no podrá avanzar entre mentiras.

Hange dejó de lado el intento de seducción por parte de Zenda y sacudió una mano por encima de sus ojos. Su desenfado solo enfurecía más al líder de los rebeldes que la contemplaba con recelo.

-Yo también hablo en serio, Zenda -respondió-. ¡Menudo nombre! ¡Es muy original! ¡Nunca lo había escuchado antes!

Moblit, que había permanecido detrás de Hange, quiso acercarse, pero Zenda soltó su bastón y les sesgó las piernas con una hoja metálica que desvainó de su equipo de maniobras. El subteniente gritó y se desplomó sobre la hierba, con la sangre borbotando de sus heridas. Levi quedó impactado por la rapidez del movimiento.

-Lo diré de nuevo, Hange -dijo, y con el filo de la hoja metálica le recorrió los lineamientos de la cara a la chica. Hange había remplazado su rostro ufano por una rabia palpable-. ¿Dónde está Erwin?

-¿Para qué quieres verme? -Erwin apareció sobre el tejado del refugio, y observó a Zenda con superioridad.

Zenda empujó a Hange al suelo. La líder de escuadrón se arrastró para auxiliar a Moblit, que estaba perdiendo mucha sangre, mientras Zenda extendía los brazos y le sonreía a Erwin con cinismo.

-Al fin nos conocemos, comandante Smith.

-¿Qué es lo que quieres?

-¡Oh! -exclamó el sujeto-. Muchas cosas, pero antes déjeme demostrarle que no es el único que tiene un as bajo la manga.

Zenda chasqueó los dedos y entonces... cuatro rebeldes aparecieron con Marie, Petra, Erd y Hunter de brazos y piernas atadas. Un pañuelo les amortiguaba los quejidos a lo prisioneros. Los rebeldes los lanzaron a la hierba y colocaron los cañones de sus rifles detrás de la cabeza de cada uno de ellos.

-Dígame, comandante Erwin -empezó diciendo Zenda, recogiendo el bastón del suelo-. ¿Quién apretará el gatillo primero? ¿Usted contra los míos? ¿O yo contra los suyos?