Capítulo 34

En seguida, los sonidos de alrededor se apagaron y fueron remplazados por la tensión y el desconcierto que cortaban el aire como un cuchillo.

-Esto empezó hace un par de años -dijo Fenrir, ante las miradas ansiosas de los soldados de alto rango. Sentado junto al jefe de las fuerzas, el joven echó el cabello hacia atrás, suspiró y sus ojos, frecuentemente inexpresivos, se cargaron de reminiscencia y nostalgia-. Mis padres eran adeptos del culto a las murallas. Creían que detrás de estos muros había diosas que nos protegían de los titanes. Ellos se conocieron por amigos en común dentro del culto y se casaron a los pocos meses. Mi mamá y mi papá se dedicaron durante dos años a la alta cocina en Mitras, incluso llegaron a trabajar para la Corona. Pero todo cambió cuando mi mamá quedó embarazada. Yo fui su primer y único hijo. Tenían las inseguridades típicas de padres primerizos, pero, sin lugar a dudas, nunca imaginaron lo que iba a sucederles. Cuando nací, quedaron atónitos. Hasta la partera se asustó al verme. Hace veinte años atrás, había mucha ignorancia. Más o igual que ahora. Esto lo sé porque una vez escuché a mi mamá hablar sobre mi nacimiento con la madre de Dawn. Mi familia tenía miedo. Nunca antes habían visto un bebé con los ojos de diferentes colores y la piel blanca como un cadáver. Los feligreses pegaron el grito en el cielo. Ellos decían que, lejos de ser un milagro, era la reencarnación del mal. Un castigo divino para aquellos que ignoraban el poder de las murallas. Representaba, a sus ojos, el fin de la humanidad. En la iglesia, les pidieron a mis padres que se deshicieran de mí. Les dijeron que era un error, que estaba maldito y que mi mera existencia solo traería desgracias a mi alrededor. Mucho no se equivocaron.

-¿Por qué lo dices, muchacho? -De pronto, el relato de Fenrir fue interrumpido por la voz cantarina del comandante Pixis. Su nariz había empezado a hincharse y volverse roja por el alcohol-. Acaso no creerás que estás maldito, ¿verdad?

Pixis soltó una carcajada burlona y codeó a Levi a la altura de los hombros en un gesto de complicidad. El capitán se mantuvo soso e indiferente, pero pretando los puños sobre su regazo para refrenar el impulso de degollar al comandante. ¿Por qué siempre era tan vulgar e imprudente?

A Fenrir tampoco le resultó divertido el comentario de Dot Pixis.

-Lo he creído por mucho tiempo -confesó, dejando en claro su frustración.

-Continúa, por favor -azuzó Zackley, lanzándole una expresión de reprimenda a Pixis, de la cual, por supuesto, el viejo ni siquiera se percató. Levi suponía que ya estaba borracho.

Fenrir retomó su relato del pasado.

-Mis padres se negaron rotundamente –siguió diciendo el soldado-. No podían asesinar a un bebé. Era diferente a los demás, sí. Pero también, era su hijo. No lo pensaron dos veces y los más dogmáticos echaron a mi mamá y a mi papá del culto porque, según ellos, desobedecían a la orden divina. A partir de entonces, viví toda mi infancia escondiéndome de los prejuicios propios y ajenos. Mi mamá me llevaba al medico, pero ningún profesional podía encontrar una respuesta para lo que me había sucedido. Mi madre,Marit,me rasuraba el cabello con una navaja y me ocultaba un ojo con un parche para que nadie notara que eran de diferentes colores. En el verano, debía usar algún abrigo ligero que me protegiera del sol, porque cuando estaba muy expuesto, me salían manchas sonrosadas. Pero nada de eso sirvió. Todo fue en vano. Los rumores de un hijo diabólico fueron creciendo cada vez más y más. La gente empezó a tenerme miedo y los clientes habitués de mis padres dejaron de contactarlos. El negocio de mi familia fue en picada y cayó en la quiebra en menos de seis años. Por esa razón, tuvimos que irnos de Mitras a Stohess. Mis abuelos vivían allí. Eran los padres de mi papá, Ivar. Mis abuelos reaccionaron igual que todos los demás. Al verme, gritaron de la impresión, aunque, por lo menos, intentaron ser cordiales y amables conmigo bastante tiempo. Pero los momentos de paz no son para siempre. A los pocos meses, la convivencia empeoró. Mi abuela enloqueció cuando mi abuelo murió de forma repentina a causa de un paro cardíaco. Nos echó de la casa y le dijo a mi padre, que al menos que yo estuviera muerto, no quería que volviéramos a verla. Mi mamá le lanzó un zapato en la frente como respuesta. Lo recuerdo porque para ese momento yo ya tenía unos siete años de edad. Esa misma noche, terminamos en una especie de casa de acogida para indigentes en el centro de Stohess. La familia de Dawn era quien la manejaba. Tenían mucho dinero y eran personas muy honestas y generosas. Desde ya, tan pronto puse un pie en aquel lugar, me llevé toda la atención. Y aunque sucedía frecuentemente, no podía acostumbrarme al juicio de las miradas. Yo me empequeñecía como un pichón mojado. Me pegaba a mi mamá muerto de miedo y lleno de vergüenza. Tenía una pinta pésima. Estaba muy delgado; era calvo, con manchas en la piel y un parche en uno de mis ojos. Mi papá y mi mamá se habían esforzado tanto para que tuviera una vida normal, pero a medida que iba creciendo, comprendía que era de todo, menos normal. Estaba cansado de traerle problemas a mi familia. Estaba agotado de querer ser normal. Solo quería huir y dejar a mis padres en libertad. Quería que tuvieran paz y fueran felices sin mí. Quería, que de una vez por todas, se liberaran de la maldición que era tenerme a mí como hijo.

Esa misma noche lo decidí. Esperé a que se durmieran y escapé a hurtadillas de la casa de acogida. Había avanzado hacia la puerta cuando una niña me interceptó el paso. Esa niña era Dawn. Siempre fue hermosa. Tenía alrededor de nueve años de edad para aquel entonces. Llevaba el cabello rubio atado en dos coletas altas, una camisa blanca, una pollera rosa y unas sandalias doradas. Era una pequeña princesita enojada. La recuerdo como si la estuviera viendo ahora mismo delante mío. Ella me estudió con sus ojos grises y frunció el ceño. Su voz mandona me había pillado por sorpresa y dejado totalmente paralizado. Por culpa de los nervios, empecé a balbucear y su porte intimidante me puso todavía más incómodo y temeroso. Así que actué rápido y la empujé. Era la primera vez que una niña me dirigía la palabra. Y no era de un modo precisamente amable. Yo no estaba acostumbrado a hablar con la gente. Estaba acostumbrado a que me odien o huyeran de mí. Las personas me tenían miedo con apenas mirarlas y no trataba con chicos de mi edad. Yo no iba al colegio. Mi mamá no quería que asistiera porque tenía miedo de que me lastimarán y me hagan más daño. Ella quería protegerme del rechazo que tenían las instituciones y la humanidad para conmigo. La verdad es que no sabía cómo actuar con Dawn, aunque no pude pensar demasiado. Ella fue muy rápida. Tan pronto la empujé, se levantó del suelo hecha una furia y me agarró del cuello de mi camisa. Con una patada en el estómago me impactó contra una pared cercana a la salida. "Vuelves a ponerme un dedo encima y te rompo la cara", me dijo. Yo intentaba cobrar el aliento. No podía respirar. Esa pequeña niña me había inmovilizado. "Te he hecho una pregunta. ¿A dónde vas?", volvió a decir, y negué con la cabeza. "¡Qué te importa, fea!", le grité. Dawn chasqueó la lengua, apretó los dientes y alzó el puño de su mano derecha dispuesta a romperme la nariz cuando Craig la retuvo por la espalda. Su puño cerrado quedó a centímetros de mi nariz.

-¿Craig? -pregunto Mike-. ¿Quién es Craig?

Fenrir cruzó los brazos sobre el pecho y sus cejas se arquearon con seriedad.

-El líder de los rebeldes -dijo, y agregó:-. Mi mejor amigo.

-Craig Boer -añadió Erwin-. Es la persona de la que Nile me trajo información.

-¿Y qué sabes de él, Erwin? -preguntó Nanaba, tomando asiento al lado de Mike. Ella había llegado junto con Fenrir a la reunión y decidido permanecer de pie hasta ese momento.

El comandante negó con la cabeza.

-Prefiero escuchar el relato de Fenrir antes de hablarles de mi plan -alegó.

El soldado asintió.

-Craig detuvo a Dawn y logró calmarla -expresó Fenrir-. Él rio y sonrió de manera genuina apenas vio cómo me había dejado su amiga: sentado en el suelo e intentando recobrar la respiración que Dawn, con tan solo un movimiento, me había arrebatado. "Lamento la conducta de Dawn. Es buena, pero algo explosiva. Me llamo Criag Boer. Eres nuevo, ¿verdad?". Esas fueron sus primeras palabras. ¡No las olvidaré nunca en mi vida! Craig era blanco como yo, pero con los ojos dorados y el cabello bien oscuro. Su ropa sencilla estaba limpia y olía a jazmines recién cortados. Yo no entendía por qué esos niños normales y comunes me hablaban de manera amable. O permanecían cerca mío. Era una mala influencia. Una mala compañía. Estaba aterrado. Pensé que me golpearían o me matarían. No era la primera vez que intentaban asesinarme o golpearme así que esperaba lo peor. Pero nada de eso pasó. Craig me tendió la mano y me eché hacia atrás por miedo a que me lastimara. Sí, quería huir, pero lo cierto es que le temía a la muerte. Con el tiempo comprendí que no era a la muerte sino más bien al dolor y al sufrimiento, aunque eso no viene al caso. La cuestión es que había convivido durantetantos años con los prejuicios de los demás que me resultaba inverosímil que, de repente, esos dos niños me hablaban como si fuera alguien normal.

Dawn se sentó al lado mío. "Siento el golpe, pero, lo cierto, es que nadie me dice niña fea", me dijo en su momento. Yo no podía creerlo. ¿Por qué se me acercaba? ¿No tenía miedo? ¡Yo era un monstruo! "¿Por qué huyes?", me preguntó Craig. Luego de pensarlo un momento y de comprobar que no tenía escapatoria le respondí:" Huyo porque estoy cansado de estar maldito". Después, me tragué mis lágrimas y observé a ambos niños con odio. Aguardaba a que se burlaran de mí o que se alejaran repentinamente. Creía, que tal vez, si se iban, podía huir. Pero, en cambio, Craig me miró de arriba abajo sin decir ni una sola palabra. Para mí, el silencio era un enemigo conocido. Siempre tenía la sensación de que algo malo sucedería cuando nada se oía, que alguien estaba observandome desde las sombras dispuesto a matarme. Y esa noche, por un instante, solo se oyeron los ronquidos y algún que otro quejido de los indigentes que se encontraban durmiendo a un par de metros de nosotros. Pensé que se venía lo peor, sin embargo, Craig estalló a carcajadas. "¡Eres igual a todos los demás!", gritó. Yo insistía con que no era verdad, que ellos no lo entenderían, que tanto él como Dawn eran normales y que sus aspectos físicos eran iguales que al resto de la humanidad, pero Craig persistía, una y otra vez, con que era un niño común y corriente. Dado un momento, durante esa pequeña discusión que mantuvimos, dijo: "Tengo una pierna más corta que la otra. No se nota a simple vista porque son por centímetros, pero cuando me exijo mucho, me duele la cintura y debo usar un bastón como un maldito anciano. ¿Qué te diferencia eso de mí?" "En nada" pensé, aunque no le contesté.

-¿Y qué sucedió entonces? -quiso saber a Moblit-. ¿Por qué nos estás contando tu infancia?

-Porque quiero que comprendan a quienes nos enfrentamos -respondió Fenrir-. Quiero que sepan quien eran Craig y Zenda.

-¿Zenda? -prorrumpió Pixis con jocosidad-. ¡Menudo nombre! Me recuerda a una prostituta que conocí en...-El viejo cerró la boca cuando Levi lo pisó con la punta de su bota por debajo de la mesa-. ¡Oh! ¡Disculpen! Me dejé llevar -se justificó-. Sigue con tu relato, jovencito.

Fenrir tragó saliva en grueso.

-Zenda es la razón por lo que Craig está llevando acabo esta especie de revolución. Estoy convencido de que por eso quiere destruir a la Corona.

El capitán miró a Erwin de soslayo. El comandante le devolvió su mirada confundida con su expresión segura y comedida. Levi frunció el ceño cuando Erwin agregó:

-Lo que dicen los informes es que Craig estuvo en el cuerpo de entrenamiento hace unos años, pero se arrepintió antes de ingresar a cualquiera de las tres fuerzas.

-No se arrepintió, Erwin -corrigió Fenrir-. Nunca tuvo las intenciones de entrar a ninguna fuerza.

-Ya veo -expresó Hange, pensativa y frotándose el mentón-. Entonces, eso explica por qué los rebeldes están entrenados. Pensé que se trataba de Paige, pero Craig también pudo haberlos preparado físicamente.

Hasta ese momento, la líder de escuadrón había escuchado con atención la historia de Fenrir y mostrado una personalidad mesurada y comprensiva. Algo que a Levi no dejaba de sorprenderlo.

Fenrir bajó la vista e inclinó su cuerpo sobre la mesa.

-Craig es fuerte -replicó, con la voz entrecortada-. Zenda lo entrenó durante muchos años. Su pequeña discapacidad no le fue un obstáculo para nada.

-Pero... -repuso Mike-. ¡No entiendo! ¿Qué es lo que buscaba entrando al cuerpo de entrenamiento?

-Hay información que asegura que Fenrir robó varias pertenecías -señaló Erwin.

-Sí -afirmó Fenrir-. Pero no solo robo pertenencias.

-¿Cómo? -demandó Hange-. ¿Qué más robó?

-Información.

-¿Información? ¿Para qué? -insistió la líder de escuadrón.

Fenrir bajo la vista y pensó demasiado antes de hablar. Levi tenía un mal presagio. ¿Cuál era el plan de Erwin? ¿Qué era lo que pensaba hacer? ¿Qué demonios estaba sucediendo?

-Van a atacar el refugio en unas horas -dijo Fenrir al fin-. Dawn está con ellos. Con los rebeldes.

Nanaba dejó escapar una risa espontánea y sarcástica. Mike parecía sorprendido.

-¡Eso es imposible! -balbuceó-. Su olor...

-Supongo, líder de escuadrón. -Empezó diciendo Nanaba. Había cierta acidez en el tenor de su voz-, que usted no se ha percatado de sus verdaderas intensiones porque parecía muy interesado en la oficial Dawn.

Mike se puso rojo de la humillación.

-¡Eso no es cierto! -retrucó, enfurruñado-. Yo me tomo mi trabajo muy en serio.

-¡Eso no es importante ahora! -riñó Moblit, y se dirigió nuevamente a Fenrir-. ¿Cómo que van a atacar el refugio?¿Dawn no es tu amiga? ¿Por qué nos cuentas esto? ¿Cómo podemos confiar en ti?

-¡Exacto! -soltó Mike-. ¿Cómo sabemos que no es mentira lo que dices? De pronto, tú vienes y acusas a alguien de subversivo. ¡Es muy extraño! ¿No será que tú estás con los rebeldes y quieres a acusar a una persona inocente?

Fenrir respondió la acusación de Mike con la insinuación de otra pregunta.

-¿No es parte de tu habilidad percatarte de las intenciones de las personas? -sostuvo-. Si quisiera traicionarlos, ya lo hubieras notado. Tal vez, con Dawn, tu habilidad no funcionó porque a mi parecer a ti te gusta. O te resulta bastante atractiva. Pero eso no es mi problema. Tampoco me importa. No estoy con los rebeldes.

El soldado de alto rango expresó su malestar rezongando por lo bajo. Mike entrecerró sus ojos rasgados y verdes, cruzó los brazos sobre su pecho de gorila y pegó la espalda al respaldo de la silla. Su postura era de alguien bilioso y a la vez humillado.

Fue en eso, durante el duelo de miradas entre Mike y Fenrir, que a Levi le sobrevino el recuerdo del día de la explosión, junto con las palabras de Dawn a su amigo minutos antes del siniestro. Ella le preguntó por qué razón no había respondido a sus cartas y lo cierto es que Fenrir jamás contestó esa pregunta frente a sus compañeros. Luego sucedió la explosión, la muerte de Conan y la llegada al refugio. Esa pregunta insignificante y personal, que pasó totalmente desapercibida para todos, era más sugerente de lo que parecía a simple vista.

-Ella te ha estado enviando cartas, ¿cierto? -Levi fue escueto y directo.

-Sí -aseguró el soldado-. Dawn ha intentado contactar conmigo durante un año y medio. Me resultó raro que esté tan interesada en mí porque, al fin y al cabo, yo decidí alejarme de ella.

-¿Y has respondido a sus cartas?

Fenrir suspiró.

-No -contestó-. No lo he hecho.

-Pero las has leído, ¿verdad?

-Sí.

-¿Todo este tiempo sabías quiénes eran los rebeldes y no fuiste capaz de decirnos absolutamente nada? -Mike habló de forma perniciosa-. ¡Ni siquiera has confiado en tu capitán!

-Creo que no soy alguien que inspira confianza -ironizó Levi, y realmente lo creía.

Estaba algo molesto con la actitud de Fenrir. El soldado era un chico reservado, pero le veía buenas intenciones. Siempre creyó en él y en sus habilidades. Había depositado su confianza en Fenrir, al igual que en todos sus hombres, cuando lo eligió para formar parte de su propio escuadrón. Ni siquiera sospechó de algún vínculo específico de los rebeldes con un miembro de la Legión. Mucho menos desconfiaba de sus camaradas o miembros de escuadrón. ¿Cómo pudo confiarse así? ¿Cómo pudo ser tan iluso e ingenuo?

Había estado tan distraído con Hange que no pudo notar lo que sucedía a su alrededor. Levi podría haber frenado de antemano un conflicto que, para estos momentos,ya resultaba inexorable.

Fenrir sacudió la cabeza de lado a lado.

-¡Soy fiel a la Legión! ¡Estoy con ustedes! -soltó-. He hablado previamente con el comandante Erwin. Dawn jamás fue explícita. Ella era discreta a su modo porque no confiaba en mí.

-¿Y qué es lo que decían las cartas exactamente? -interfirió Dot, dejando su whisky sobre la mesa y adoptando una mueca atenta y reflexiva.Daba la impresión de estar bastante interesado en Fenrir; como si de pronto hubiera caído en la cuenta de la magnitud del problema.

-Quería hablar conmigo.

-¿Para qué? -inquirió Dot, en su sorpresivo y espontáneo ramalazo de conciencia.

-Quería información respecto a la Legión.

-¿Y se la diste?

-No.

El hermetismo volvió a apoderarse de los soldados. En el ambiente premiaba una sensación atroz e incómoda. Habia incertidumbre y desconfianza en Fenrir, aunque Levi intentaba creer en él. El capitán aprovechó el hermetismo de la sala para observar a Erwin sentado en el extremo de la mesa. Su naturaleza reservada rezumaba en cada rincón de su cara. Tenía una mirada imprenetable, mas allá de la claridad de sus ojos celestes. Levi podía saber que estaba pensando sobre la marcha qué hacer. O, tal vez, imaginando lo que podía pasar.

Darius fue el encargado de darle fin a las reflexiones del capitán. Soltó aire y entrelazó sus manos arriba de la mesa redonda. A su lado, Fenrir, se descomponia por la presion que se cernían sobre sus hombros. El joven se limitaba a tamborilerar los dedos y apretar la boca con fuerza. Fenrir estaba poniendo en juego no solo su trabajo sino también su vida.

-¿Por que debemos confiar en ti? -dijo el jefe de las fuerzas.

-¡Porque soy parte de ustedes! -contestó Fenrir, y se relamió los labios con la punta de la lengua. Después de un instante de duda, siguió hablando:-. Luego de la muerte de Conan, leí las cartasde Dawn. Entonces, durante mi viaje haciaOrvud para visitar a la madre de Conan, me desvié de regreso al recinto y me dirigí a Mitras. Allí, la encontré en el hospital. El lugar era un caos. Había muchos heridos a causa de la explosión y me tomó bastante tiempo hallarla, pero pude hacerlo. Hablamos largo y tendido sobre asuntos personales que no vienen al caso, pero lo que me llamó la atención es que durante toda la conversaciónDawn estaba interesada en la Legion. Quería saber sobre nosotros. La conozco demasiado y sé cuando oculta algo. No puede mentirme. Fue mi mejor amiga durante muchos años. Empecé a sospechar de que sus verdaderas intenciones para conmigo no eran precisamente retomar la amistad que habíamos perdido. Por eso, le hice creer que estaba molesto con la Legión y que no me resultaba errada la postura de los rebeldes. Tenemos razones para odiar a la Corona, al fin y al cabo.

-¿Tú también? -preguntó Levi.

-Sí -dijo Fenrir-. Lo he hecho por mucho tiempo.

-¿Por qué?

El soldado tomó un vaso y bebió un poco de agua, que Moblit le había servido previamente al entrar, inspiró hondo y a continuación, con las manos temblando arriba de la mesa, dijo:

-Zenda logró entrar a la Policía interior. La conocí la misma nocheque a Dawn y a Criag. Apareció de la nada y se plantó frente a mí con los brazos en jarra. Logró convencerme para que me quede en la casa de acogida con una frase que nunca olvidaré. "Huir es de cobardes", dijo y se rio. Zenda tenía esa característica. Era frágil en ocasiones y en otras determinante. Era como una turmalina. Una piedra preciosa. ¡Valiosa y hermosa! Aún guardo un dibujo de ella a los quince años. El último dibujo antes de morir -Fenrir revolvió los bolsillos del pantalón de su uniforme, sacó un pequeño dibujo hecho a acuarela y lo deslizó por la mesa. Levi lo contempló con atención e intercambió una mirada fugaz con Hange, que le esbozó una mueca de consternación. La joven del dibujo era muy bonita y prominente. Trigueña; corpulenta, de pelo negro, crispado y corto, ojos dorados, labios gruesos y nariz chata. No era delgada sino más bien corpulenta y fornida-. Confundido y asombrado, no me fui de la casa de acogida y regresé con mis padres. No pegué un ojo en toda la noche y me quedé en vela tratando de comprender lo que había sucedido. A la mañana siguiente, luego de que la madre de Dawn nos diera el desayuno, mi padre fue a buscar algún trabajo que nos permita salir de la casa de acogida. Yo me quedé junto a mi mamá. En un descuido, huyendo de las miradas nuevamente, volví a cruzarme a los niños. Esta vez, Dawn, Zenda y Craig estaban juntos. Ellos saltaban, jugaban y se reían con otros chicos de su edad. Sus otros amigos eran indigentes y correteaban en un patio enorme, ubicado en la parte trasera de la casa. Zenda fue la única que notó mi presencia y me invitó a jugar. Primero dudé y después me asusté. Debía ponerme un abrigo porque el sol es realmente nocivo para mí en verano y aquel día no había ni una maldita nube en el cielo. Al ver que dudaba, Zenda me desafió de nuevo. "¡Vaya! ¡Eres muy cobarde, blanquito!", me gritó, pero no le respondí y terminé huyendo a los brazos de mi mamá. Y así fueron pasando los días. Mis padres continuaban desempleados y buscaban a como de lugar una forma de sobrevivir. Por mi parte, había aprendido a ignorar las expresiones de repugnancia y a conocer a los indigente cada vez más. Algunos bebían mucho. Otros robaban. O tenían problemas mentales. Cada tanto peleaban por ropa o por un poco de comida, aunque por lo general solían tener buena conducta. A mi mamá no le gustaba que anduviera solo por la casa. Ella decía que era peligroso. La casa se trataba de un lugar bastante amplio y grande, a pesar de que contaba con un solo piso. Pero mi curiosidad por seguir a aquellos niños, que habían sido amables conmigo, era muy fuerte. Cuando se me presentaba la ocasión, huía de mis padres a hurtadillas y me escabullía hacia el patio. En una oportunidad, no los encontré allí y los alcancé a seguir hacia un corredor en el centro de Stohess. Me pegué un susto de muerte cuando Zenda me tomó por la espalda. La sorpresa me hizo caer de cara al suelo de piedra. Ella se río a carcajadas por mi arrebato. En seguida, entre una mezcla de vergüenza y pudor, me levanté del suelo y la observé reírse de mí como un tonto. Ni siquiera me importó que tuviera la cara irritada. O que me haya golpeado la nariz con el granito. No me molestaba que la gente me mirara de costado. O balbuceara. Estaba totalmente encantado e hipnotizado por la sonrisa de Zenda. "¡Ven conmigo! ¡Vamos a jugar!" dijo, y, tembloroso, acepté. Zenda era increíble. Me trataba como alguien normal. Me ayudaba a dejar atrás el miedo. Me enseñaba a divertirme. Por primera vez, en siete años, estaba actuando como los demás niños. ¡Estaba haciendo una vida normal!

Al tiempo, descubrí que Craig era su hermano menor. Ambos teníamos la misma edad mientras que Dawn y Zenda nos llevaban tres años de diferencia. De Craig aprendí muchísimo también. Nos unimos como dos hermanos gemelos. Él era muy ingenioso. Siempre fue muy astuto y ágil. Era simpático y engatusador con la gente. Los vendedores de las tiendas hasta le regalaban cosas porque lo veían solo y desamparado, pero eso no era verdad. Craig y Zenda nunca tuvieron problemas económicos. Sus padres tenían mucho dinero, pero a Craig le salía bien mentir y le gustaba la adrenalina. La noche que los conocí, Dawn, Craig y Zenda estaban juntos y se habían escapado de la casa de los padres de Dawn para jugar con otros niños. Les encantaba tratar con personas marginadas. Después, comprendí porqué. En su realidad, ellos eran marginados. Los chicos de la escuela se burlaban de Dawn. La molestaban con su familia y la trataban de piojosa porque jugaba con niños pobres.A Zenda la marginaban por su amistad con Dawn y por la discapacidad de su hermano. Sin embargo, a Craig eso no le importaba en absoluto. Le daba igual lo que digan de él. Era muy seguro de si mismo y siempre supo defenderse. Detrás de esa cara de niño bueno, se encontraba un zorro astuto y grandioso. Al principio, no era muy hábil físicamente, pero gracias a su hermana se convirtió en una persona muy atleta. Aunque Craig se defendía de quienes lo molestaban con su mayor habilidad: la inteligencia.Era muy calculador e independiente.

Recuerdo una vez cuando quería conseguir herramientas para construir nuestra guarida secreta. Hizo varias artimañas para obtener los materiales que necesitaba. Jamás le gustó depender de su familia. Hacia las cosas a su modo. Además de que sus padres probablemente lo hubieran castigado por desobedecer las reglas. Craig logró construir una pequeña casa del árbol sobre una colina alejada de la ciudad. A Craig y a su hermana nada les daba miedo. De niños deseaban salir a explorar las murallas. A Craig le encantaba inventar armas de juguetes, instrumentos inocuos para eliminar a los titanes y movernos más rápidos sobre las colinas. También le armaba a Dawn y a los indigentes un sinfín de artilugios para uso cotidiano. Dawn siempre estuvo enamorada de él, pero Craig nunca le correspondió ese sentimiento. De hecho, pasaba más tiempo a solas conmigo que con Dawn y eso a ella le generaba mucho celos. Sentía que alguien había ocupado su lugar, que la había desplazado, pero, con el tiempo, ese sentimiento de malestar se convirtió en un gran cariño hacia a mí. Dawn, que no tenia hermanos, me adoptó como uno. Pasábamos horas hablando junto con Craig y Zenda, tirados sobre el césped mientras comíamos pan y dulces. A Zenda le encantaba el dulce de higo que hacía mi mamá. No importaba el día, siempre nos encontrábamos a la tarde en la colina del halcón y mirábamos el cielo. La habíamos nombrado así porque Dawn una vez dijo ver a un halcón, aunque sospechábamos que era mentira y lo había hecho para llamar la atención.En ocasiones, cuando estábamos solos, los cuatros nos preguntábamos qué era la lo que había más allá del cielo. No creíamos en las diosas de las murallas, pero nos preguntábamos si existía alguna fuerza poderosa y espiritual que nos protegiera de tanto mal. Nos preguntábamos cual era el sentido de nuestra existencia en la vida y porque razón había nacido así. Craig decía que debía haber un motivo científico y tenía razón. A los diez años de edad, me enteré que nunca estuve maldito y que lo mío es una enfermedad en la piel llamada albinismo. Mi sufrimiento había llegado a su fin. Pero no estaba enojado porque todo lo que había vivido de alguna manera me llevó a conocer a mis amigos. Un otoño, Craig le había hecho a Zenda un columpio. Nos desafiamos con una apuesta. El que se columpiaba más alto y caía sobre el colchón de hojas era el vencedor. Zenda ganó fácilmente y ,entretanto, yo terminé último. Ese mismo día tuve que correr como un perro cuando robé un pedazo de carne de una tienda. ¡Casi que pierdo una mano ese día! Éramos niños y hacíamos travesuras. Mi padre, Ivar, había logrado encontrar trabajo con la familia de Craig. Con eso pudimos mudarnos a una pequeña casa. La familia de Dawn ayudó a la mía para que la gente dejara de tenerme miedo. Aunque, claro, siempre había un escéptico que hacía algún que otro comentario desafortunado. Pero no me importaba. Ya no. Porque sentía que staba siendo feliz de una vez por todas. Como no podía ir al colegio por mi falta de conocimientos, Dawn y Craig me enseñaron a leer y a escribir. Mi mamá también me ayudaba a aprender. Zenda era buena con las matemáticas y se tomaba todo su tiempo para explicarme y enseñarme ejercicios que veían en su colegio. Ella leía y escribía amor. Cuando Zenda cumplió trece, me confesé. Le dije que me gustaba y que con ella era muy feliz. Zenda me rechazó. Obviamente. Ella estaba por entrar al cuerpo de entrenamiento y no se sentía preparada para encarar una relación. Además, seguíamos siendo niños. Pero mi amor hacia ella no se deshizo con el paso del tiempo. Al contrario, a medida que iba creciendo, fue transformándose en una sentimiento más serio y profundo. Pero Zenda no quería perder el tiempo conmigo. Ella tenía otros planes en mente. Estaba ilusionada con su futuro. Era una mujer valiente y a su vez ingenua. Creía que sería como esos oficiales que ayudaban a los demás. Aquellos que veíamos socorriendo niños o ancianos en Stohess. Jamás pensó o imaginó lo que sucedió después. Ella logró quedar entre los diez mejores de su promoción y entrar a la Policía Interior. Nosotros la visitábamos con Craig en sus turnos de guardia en Mitras. Cuando volvía a su casa y durante sus tiempos libres, nos entrenaba para que podamos también ser parte de la fuerza militar. Dawn también lo hacia, pero en menos frecuencia. Para ese momento estaba saliendo con una chica de nombre Rona. Los cuatro habíamos prometido que estaríamos juntos hasta el final de nuestros días. El cuerpo de exploración nos daba miedo y, aunque Zenda y Craig estuvieron tentados por la idea de salir de las murallas, sus padres lograron detenerlos. Convencieron a los dos de que la Legión era una fuerza peligrosa y que en Sina la vida era armoniosa y prospera.

En su cumpleaños numero quince, quisimos darle una sorpresa. Craig y yo habíamos trabajado muy duro en una tienda de muebles antiguos para conseguirle un bolígrafo de oro. Estábamos ilusionados por ver su expresión de alegría cuando recibiera lo que tanto quería. Era nuestro primer trabajo y sentíamos que nuestros esfuerzos habían dado frutos. Fue allí, que en uno de sus turnos, que la seguimos. Ese día estaba compartiendo servicio con Rona.Yo me había dado cuenta de que algo en la mirada de las chicas no estaba bien. Daba la impresión de que estaban nerviosas y alteradas, pero Craig lo único que noto fue labala que impactó en el cráneo de Zenda. ¡Yo me quedé petrificado junto a él! ¡No lo podía creer! Mi amiga, mi primer amor, estaba tendida en suelo y hogada en un charco de sangre. Nuestros sueños se habían marchitando. Ella se había ido para siempre. Rona también fue asesinada ese día. Nunca supimos porqué. Dawn investigó y nos contó que tanto su novia como Zenda habían visto algo que no debían: una transacción ilegal entre los miembros de la Corte, la Corona y los vigilantes de la Ciudad Subterránea. Zenda tenía un gran sentido de justicia y Dawn estaba segura que se había involucrado más de lo que debía. Tiempo después, ella se rompió a llorar cuando nos habló de la corrupción de la policía militar con integrantes de la monarquía. El despotismo reinaba en esa fuerza. Jamás pensamos que había tanta mierda. Las familias de Dawn y Zenda tenían plata, pero no poder. Desconocían lo que sucedía jerárquicamente arriba de ellos. Mis padres sabían más sobre el tema por sus contactos con la Corona y por eso habían insistido en que pensemos bien que era lo que íbamos a hacer con nuestras vidas. Nosotros los habíamos tratado de extremistas y dramáticos. Al final de cuentas, mis padres tenían razón.

Para cuando Fenrir terminó de hablar e hizo una pausa, sus ojos estaban abnegados por las lágrimas. Era claro que el tiempo no había cicatrizado el dolor por la pérdida de su amiga.

-Entonces debo entender que Craig se enlistó al cuerpo de entrenamiento buscando venganza -concluyó Zackley.

-Estoy seguro que él está haciendo todo esto porque se enteró de lo que realmente sucedió esa día. Luego de la muerte de Zenda, Crag cambió muchísimo y perdió todo los escrúpulos. Se llenó de odio. Dawn y yo intentamos de que entrara en razón, pero no funcionó. Él queria acabar con el culpable de la muerte de su hermana. Luego, ya saben el resto. Craig nunca entró a ninguna fuerza. El se alejó de mí y perdi todo contacto. Antes de irse me dijo que era un cobarde y que lo habia decepcionado. Motivado por las palabras de Craig, me enlisté en la Legión. Yo no quería ser un cobarde. Dawn se enfureció conmigo y decidí también alejarme de ella. Me acusó de que la abandoné y la dejé sola, pero no fue así. Yo no quería ir a la Policía Militar. Así que por eso sospeché de ella cuando me contactó y, cuando llegó aquí, empecé a seguirla de cerca. Ella no me dijo nada al respecto hasta anoche que la encontré merodeando en el medio del claro. Se excusó diciendo que necesitaba despejarse. ¿Nanaba puedes corroborar esto? Sé que tú la viste adentrarse al bosque.

-Es cierto -concedió la soldado-. Quise seguirla, pero mi equipo de maniobra se había averiado y Fenrir se me adelantó.

-Algo que Dawn acasionó -añadió Fenrir.

-¿Estás diciendo que Dawn daño adrede el equipo de maniobras de Nanaba? -Hange estaba boquiabierta.

-Sí -afirmó Fenrir-. Y también el de Nifa. Lo importante es que le pregunté lo que no pude hablar con ella en Mitras. Hable sobre Craig. Si sabía de él, si creía que él estaba detrás de los rebeldes. Ella dudó, fingió que estaba loco, se rió de manera nerviosa y quiso irse, aunque la retuve por el brazo. Le dije que no podía decirle a nadie lo que le pregunté, que era peligroso para mí y que podían matarme. Ella dijo que no iba a decir nada. Y se fue. Le comenté a Nanaba que todo marchaba bien y que no había porqué preocuparse. Al otro dia, Dawn quiso hablar a solas conmigo y finalmente, me lo contó todo. Ellos estan escondidos a unos metros de aquí, en el lado sur. Cerca del terreno donde supuestamente hibernan los osos. Los rebeldes siguieron a Dawn cuando vino hacia aquí con Nile y Chad. Chad no está con los rebeldes. O al menos eso es lo que Dawn me dijo. Utilizaron a Paige como cebo. Sabia que si Paige era atrapada, las fuerzas la tomarían cautiva para sacarle información. La intención de ellos siempre fue unir a las tres fuerzas en un mismo lugar

Los nervios empezaron a retorcer el estómago de Levi. ¿Entonces Paige nunca quiso protegerlos sino que los traicionó? ¿Podrían realmente acabar con los rebeldes? ¿Estarían a tiempo de evitar una guerra civil?

-¿Cuál es el plan entonces? -dijo el capitán, esforzándose por sonar tranquilo-. ¿Qué es lo que haremos, Erwin?

-El plan ya está en marcha -confesó el comandante.

Hange frunció el ceño.

-¿De qué hablas? -demandó la soldado, con confusión. Levi estaba igual de desorientado que ella-. ¿Qué tienes en mente, Erwin?

De pronto, Dot se rio y le propinó un golpeó a la mesa entre lágrimas y carcajadas.

-¡Tú no cambias ni un poco, eh!

Darius estrechó sus ojos.

-Erwin -dijo-. ¿A qué te refieres?

Erwin alzó el mentón.

-Yo le he pedido a Nile que venga hacia aquí y traiga a dos de sus mejores soldados. Sabía que traería a Dawn. Ella es la mejor de las mujeres de su tropa. Apenas Fenrir llegó al refugio, habló conmigo y me comentó sus sopechas. Por lo que le pedí a Nile que venga hacia aqui y que me traiga informacion sobre Craig Boer, pero que no podía decir nada al respecto. Es mi responsabilidad que Fenrir no haya hablado con Levi antes. Quería estar seguro también de la veracidad en sus palabras. Lo que no esperaba es que Nile venga con Marie.

-¿Y entonces? -expresó Mike-. ¿Qué piensas hacer?

-Los engañaremos -contestó el comandante-. Les haremos creer que no los esperamos, que Fenrir está con ellos y que sospechamos de él y Dawn. Continuaremos con el interrogatorio a Paige. Ella debe tener mas información que Fenrir. Sé que tu Hange estás sufriendo mucho el interrogatorio, por lo que decidir llamar a Sean y a Hunter. Levi, tu escuadrón protegerá a Marie. La alejará de aquí hacia una villa en el lado norte.

-¿Y luego qué, Erwin? -preguntó Levi-. ¿Pelearemos a muerte?

-No -dijo-. Negociaremos con ellos.