Tal vez en la otra vida


Inuyasha & Co no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, quien desde hace unos años trae alegrías a quienes la descubren.

Historia sin ánimo de lucro. ¡Disfruten!


Dedicada a las personas que tiene un amor doloroso o no correspondido.


Summary: [UA] ¿Por qué era tan tierno si no sentía nada por ella? ¿Por qué le era tan difícil rechazarlo? ¿Por qué no podía sacarlo de vida? Porque lo amas, idiota. Se dijo a sí misma con ironía. Eran amigos inseparables de la infancia. Ingresaron a la misma secundaria y preparatoria en mutuo acuerdo. Y en el verano de sus 17, sentía que ese vínculo especial que tenían, empezaba a desvanecerse.


I

Se sentó sobre el pasto debido al cansancio. Recogió sus piernas contra su pecho y apoyó su barbilla sobre las rodillas. Enfocó su mirada al frente y un suspiró salió de sus labios — Inuyasha — susurró viendo cómo él fruncía el ceño a sus compañeros de la clase mientras estaban haciendo el asado.

Su corazón se sobresaltó ligeramente cuando por breves segundos dirigió sus ojos en su dirección.

Lo conocía desde los 7 años. Eran amigos inseparables de la infancia. Ingresaron a la misma secundaria y preparatoria en mutuo acuerdo. Los conocían porque solían pelear por pequeñas cosas, - la comida picante, la amabilidad presente o ausente, el pastel de chocolate o tres leches, la película de terror o comedia, las palabras dichas, las acciones realizadas, las intenciones ocultas - y la gente a su alrededor no entendía cómo seguían siendo amigos tras innumerables roces.

No entendían.

No entendían que cuando llegaban los momentos difíciles no se soltaban la mano, que bajo la lluvia se buscaron cuando todo se derrumbó. Ellos no sabían que se encontraron en el mismo lugar incontables veces después de una discusión con unas galletas y café en la mano, olvidando lo que los hizo discutir. Se apoyaron incondicionalmente, aún cuando el resto del mundo dudó que pudiesen lograrlo.

Esos eran ellos.

Y en el verano de sus 17, sentía que ese vínculo especial que tenían, empezaba a desvanecerse. Las jóvenes revoloteaban alrededor de Inuyasha, y no podía negarlo, era apuesto, como un dios griego: músculos marcados, cabello claro con reflejos plateados, ojos miel, dentadura perfecta y sonrisa sensual. Incluso ella se encontraba suspirando por él. No podía negarlo. Pero tampoco se atrevía a decirlo. Sentía que si expresaba sus sentimientos, su amistad se quebraría y no volvería a ser la misma. Quería seguir a su lado; sin embargo, la distancia que crecía entre ellos era cada vez más grande y feroz. Las jóvenes exigían cada vez más de su atención y los muchachos requerían más de su apoyo en los club, festivales escolares y cualquier actividad extracurricular.

Además, estaba Kikyou.

Aunque él le explicará una y otra vez, no entendía su relación, así como nadie entendía la de ellos. De lo único que era consciente, era que Inuyasha la protegía, la buscaba y ayudaba cada vez que tenía la oportunidad, incluso la dejó varias veces a mitad de una conversación para salir tras ella. Y ella ni siquiera había tenido la oportunidad de hablar con ella o ser presentada. Se sentía horrorosamente excluida de su vida.

Suspiró cansadamente y se levantó. Detestaba que sus pensamientos se apropiaran de sus emociones y la confundieran más, haciéndola sentir desolada y apartada. Vio una última vez al grupo, y agachó la vista dándoles la espalda. Si se iba por un rato, seguramente nadie lo notaría. Todos estaban demasiado excitados con el asado y la idea de fuegos artificiales.

— Ojala Sango estuviera aquí — dijo para sí misma con una sonrisa triste, recordando que su mejor amiga no pudo ir con ellos al paseo porque su padre tuvo una emergencia médica de último momento.

Se alejó lentamente, llevada por el camino del bosque y la luz del sol que se mezclaba con la espesura de los árboles. Aspiró profundo, y sintió como un olor dulce y húmedo la invadió. Avanzó un poco más y frente a sus ojos una pequeña cascada apareció. El lugar era un paraíso oculto, por lo cual lo escogió como su sitio de descanso. Retiró sus sandalias, recogió la falda que llevaba puesta, y esta vez se sentó a orillas de la cascada, metiendo las piernas hasta sus rodillas en el agua fría. Se recostó sobre el pasto y agradeció infinitamente por los arbustos pequeños que le hacían sombra.

Allí, se perdió en sus pensamientos hasta que el sueño la alcanzó.

[...]

Para el momento en que abrió los ojos el cielo tenía un color anaranjado. Estiró sus brazos a los lados, revisando si algo había quedado doliendo, topándose con una superficie diferente a su alrededor de lo que recordaba. Palpó con cuidado, intentando determinar a qué se enfrentaba y sintió un pecho cálido subir y bajar acompasadamente bajo la tela ligera que la estaba cubriendo. Giró apresuradamente la cabeza encontrándose con unos hombros masculinos, levantó un poco más la mirada y se encontró con unos cabellos plateados y un perfil tranquilo y profundo. Inmediatamente se sentó.

Era Inuyasha.

Un ligero sonrojo se apoderó de sus mejillas. No era la primera vez que dormían juntos, ni la primera vez que se acostaba a su lado mientras ella dormía. Pero si era la primera vez que lo tenía tan cerca, después de aceptar sus sentimientos. — Lo amo — susurró, sin sorprenderse por su pequeña confesión. Sus ojos se enternecieron mientras lo observaba descansar.

Sus sentimientos crecieron con el paso de los años. Apenas era una adolescente, pero sentía que podía compartir el resto de su vida con la persona a su lado. Lo conocía lo suficiente para saber qué eran esos brazos en los que quería despertar cada mañana hasta que el último aliento fuera exhalado por su labios.

Supo que lo amaba cuando al perder a su padre, hacía apenas un año, en medio de la lluvia la buscó después de horas de desaparecida, la abrigó con su saco más elegante a pesar de lo empapada que se encontraba y la apresó en sus fuertes brazos, susurrando a su oído que todo estaría bien y que él estaría para protegerla. Ella solo atinó a llorar más, sintiendo como el dolor se escapaba de sus manos. Todo parecía que se derrumbaba, pero sus cálidas palabras fueron suficiente para dar alivio a su machacado corazón.

Retiró la ligera tela de su cuerpo y notó que sus piernas se encontraban fuera del agua. Agradeció por ello, ya que por el tiempo en que pudieron estar sus piernas sumergidas desde que durmió, seguramente se habrían vuelto uvas pasas. Pensó que fue Inuyasha quien tal vez la acomodo o en el mejor de los casos ella misma se había acomodado al sentir la incomodidad. Quiso levantarse, pero un brazo la sujetó con fuerza haciéndola perder el equilibrio. Cayó sobre el pecho del joven y fue abrazada con fuerza.

—Extrañaba estar así. — confesó repentinamente, causando que esta vez la cara le ardiera a ella. Se inclinó un poco para verle la cara, pero le era imposible; la posición en la que se encontraban le impedía ver más allá del mentón. — Kagome, ¿por qué te has estado alejando de mí? — preguntó simplemente, con un tono neutral. Mientras pasaba sus manos por la espalda de esta, creando pequeñas descargas en el cuerpo femenino.

— Yo no me he estado alejando. — respondió ella queriendo levantarse.

— Si, si lo has hecho. — afirmó él. — ¿acaso estás saliendo con alguien y no has querido decirme?

— Pero qué cosas dices Inuyasha.

El silencio embargó el lugar, siendo acompañado por la caída del agua y la respiración agitada de los dos. Kagome recostó su cabeza sobre el pecho de Inuyasha, y se dejó arrullar por el fuerte respirar de este. Acomodo sus manos mejor y se aferró a la camiseta blanca que llevaba puesta. Su olor a menta la mareaba, pero al mismo tiempo la relajaba.

— Si yo te amo a ti, Inuyasha. — confesó de repente, dejándose llevar por el momento. El atardecer estaba por desaparecer dando paso a la noche y el calor del ambiente los envolvía mágicamente. Tal vez nunca tendría una oportunidad como esa. Tal vez después sería tarde.

— Lo siento. — dijo él, haciendo que el corazón de ella se estrujara y un vacío se instalará en el fondo de su estómago. De repente, su tacto empezó a quemarle y quiso separarse. Inuyasha le hizo imposible su huida, apretándola contra sí mismo. — Sabes que no creo en el amor, creo en nuestra amistad. Creo en los momentos que hemos compartido. Nunca hemos necesitado de esas palabras vacías...

— Quiero que me sueltes — susurró ella, moviéndose con brusquedad.

— No puedes ponerte así porque no te amo. Estoy siendo sincero. — soltó, haciendo que un nudo se atravesara en la garganta de Kagome, creando así que las lágrimas se acumularan en sus ojos café.

— Pero duele, no tienes tacto. — se quejó ella.

— Es que no me has dejado terminar, mujer. — expresó con un tono más feroz el acusado.

— ¿Quieres que me quedé a escuchar como proclamas tu amor por otra? — sacó mordaz

— No, no, no me estás escuchando...

— Es que no necesito escuchar más. — declaró, soltándose de su agarre y levantándose con violencia, haciendo que el peli plateado se levantará con ella rápidamente.

No contó con que perdería el equilibrio, y caería al agua tras sus espaldas, siendo seguida por Inuyasha que tampoco pudo mantener el equilibrio. Ambos quedaron empapados, a pesar de que el agua apenas les llegaba sobre la cintura.

Kagome buscó la forma de salir del agua una vez se estabilizó, pero fue jalada nuevamente en dirección contraria. Unos labios se estrellaron contra los suyos con vehemencia, una mano se posó sobre su espalda baja y la otra tras su nuca apresándola con locura, ahogando sus quejidos que se transformaron en gemidos. Inuyasha la acorraló contra el borde y no dejó de besarla, como si el mañana no existiera. Al principio ella forzó sus brazos en el medio, queriendo separarse, pero a medida que sus labios batallaban se dejó llevar por las emociones y envolvió sus brazos en el cuello masculino.

Se separaron para tomar aire. Ella lo vio esperando por sus siguientes palabras, y él sonrió.

— No te amo, pero te deseo. No sabes como me he contenido de no desnudarte y llenar tu cuerpo de caricias cuando hemos estado a solas. — declaró agitado, con un sonrojo profundo en sus mejillas. Sus ojos brillaron como nunca antes los había visto brillar, ni siquiera cuando heredó colmillo de acero de su padre como reliquia familiar. — Si estás bien con eso, con nuestra amistad y con la lujuria que me recorre, yo…

— ¿Puedo permanecer a tu lado? — preguntó ella interrumpiéndolo.

— ¿Estás segura de esto?

La duda se instaló en su corazón. Siempre había la posibilidad de que llegara una mujer que le enseñara a amar, lo enamorara y lo hiciera infinitamente feliz. Ella tenía mucho que perder. No sólo perdería a Inuyasha, perdería una parte de sí misma en el proceso. Sin embargo, no quería perder su oportunidad y el tiempo, con posibilidades que no sabía si existían. Tal vez, con el tiempo él reflexionaría y se daría cuenta que la amaba. O tal vez se quedarían atrapados en esas condiciones hasta que la vida misma decidiera separarlos. Y pensando en ello, supo que no quería perderse ninguna faceta de él, que lo quería a su lado.

— Si. — dijo sin titubear, y fue suficiente para que Inuyasha la tomará de la cintura y la sacara del agua con él.

Una vez fuera, recorrieron el cuerpo del otro, volviendo a conocerse como amantes. Los besos no cesaron. Las ropas desaparecieron. Sintieron el calor envolverlos y hacerlos perder la cordura. Las sensaciones sobre la piel quemaban, pero querían más. Estaban tan perdidos el uno en el otro. Sus ojos se encontraban traviesamente, sus labios no dejaban de reclamarse, la manos no perdían su inquietud. Hasta que Inuyasha se sentó, haciendo que Kagome envolviera sus piernas alrededor de sus caderas. La luna los iluminaba y el bosque era testigo de su primer encuentro. El cuerpo de Kagome se estremeció cuando Inuyasha posó sus manos bajo sus piernas, mientras lamía su pecho. Las delicadas manos de la femenina se posaron sobre los fuertes hombros del joven.

Sus miradas se volvieron a encontrar.

— Eres tan hermosa — expresó, dejando que la humedad lo envolviera y la uñas se enterraran sobre su espalda.

— Inuyasha — jadeó la joven con lágrimas bajando por sus mejillas. Él la tomó del cabello y con dulzura lamió las pequeñas gotas saladas.

[...]

Caminaron por el sendero del bosque en medio de la noche. Cuando llegaron al campamento todos corrieron a su encuentro. Ambos se encontraban empapados, pero una gran sonrisa adornaba sus rostros. La frescura del verano los envolvió y las miradas cómplices no dejaron de ir y venir durante el resto del campamento de verano.

[...]

Fue su verano de ensueño. Con las citas ocasionales para ver películas, jugar en la consola o salir al parque de diversiones, pista de baile, cine, zoológico o acuario. Tardes largas en el apartamento de él, siendo ellos uno solo, descubriendo más del otro. Memorizando sus lunares, cicatrices y singularidades. Riendo, cocinando y hablando se entregaron sin restricción.

[...]

El verano terminó y con el, sus ilusiones. Una vez que entraron al nuevo ciclo, después de una semana de clases, mientras hablaba con Sango y Miroku en la cafetería, lo vio llegar con ella a la distancia. Venían tomados de la mano. Era un gesto simple, íntimo, que a pesar del tiempo juntos, nunca fue realizado por ellos en público.

Sango vio el lugar que su amiga veía tan perdidamente, y se levantó rápidamente.

— Kagome — la llamó con preocupación, y a su lado Miroku observaba la situación tratando de entender porque el silencio tan repentino por parte de la peli azabache.

— Hola — saludó la joven que venía de la mano con Inuyasha. — ¿Podemos sentarnos?

— Claro — respondió Kagome inmediatamente, haciendo que Sango apretará sus manos en puños y se sentará.

— ¿Por fin vas a presentarnos a tu novia? — preguntó Miroku con ánimo. — Ya me preguntaba qué era lo que te tenía tan ocupado.

— Feh. — fue la única respuesta del mencionado.

— ¿Por qué le respondes así? — preguntó la joven, haciendo un gesto preocupado.

— Feh, lo siento.

Sango y Kagome levantaron con sorpresa las cejas al escuchar la respuesta de Inuyasha.

— ¿Y entonces? — preguntó Sango perdiendo la paciencia.

— Mucho gusto, soy Kikyou. La novia de Inuyasha. — dijo ella sin perder la suave sonrisa.

Kagome que hasta el momento se encontraba en silencio, dirigió su vista a ellos y sonrió. — Felicitaciones.

El resto de la conversación transcurrió con tranquilidad.

[...]

El fin de semana llegó y con ello su voluntariado en un ancianato con Sango y Miroku. Sin embargo, eso no apaciguaba las ansias en su corazón. Al final del día, seguía pensando en si la decisión que había tomado era la mejor, pero no estaba segura.

— Tal vez en la otra vida. — suspiró con pesar.

— ¡Kagome! — escuchó que la llamaban a la distancia, haciendo que la voz familiar la hiciera estremecerse. Detuvo sus pasos y con tranquilidad volteó en dirección de quien la llamaba.

— Inuyasha… — pronunció, sintiendo como la voz estaba a punto de quebrarse. Pero se convenció a sí misma de que no necesitaba hacer una escena sobre algo que nunca fue.

— Yo, lo siento. — soltó con el aliento agitado, llegando frente a ella. — Tuve que explicarte antes y no dejar que las cosas llegaran a este punto.

— No te preocupes, Inuyasha. — se encogió de hombros, restándole importancia a la situación. — Mientras que no hemos hablado esta semana he tenido tiempo de pensar en ti, también pensé Kikyou y en mí

— Pero… yo quiero decirte...

Ella negó con pesar, llevando uno de sus dedos a los labios de él.

— Si lo sé — declaró sin poder mirarlo a los ojos.

— Kagome… — la llamó, quedándose sin palabras. ¿Cómo podía saber lo que él iba a decir? ¿Por qué estaba tan tranquila? Hacía que se sintiera culpable. Tal vez si ella le dijera lo mala persona que él era, tal vez podría sentirse en paz. Saberse odiado le aliviaría.

— Lo único que quiero es estar a tu lado, no puedo alejarme de ti — declaró ella con seguridad. Nuevamente al atardecer. Haciendo que los ojos miel se ampliarán. ¿Quería estar a su lado?

— No sé qué responderte. — fue sincero él, y ella solo le asintió con una sonrisa tranquila haciéndole saber que lo entendía.

— Inuyasha — lo llamó con suavidad — solo voy a preguntarte algo — arrullaron sus palabras con el viento del otoño, esta vez clavando sus ojos café en los miel de él — ¿Puedo permanecer a tu lado? — preguntó ella, bajando su mano y sorprendiendo a Inuyasha en el proceso. Aún con el dolor acrecentando en su interior, aún con el corazón fragmentado; ella no podía apagar el amor en su interior. Egoístamente lo quería en su vida.

— ¿En verdad, te quedaras conmigo? — preguntó él sin salir de la impresión. Ella asintió, causando que el dolor se disipara. — Kagome…

— Vamos a casa Inuyasha. — le interrumpió ella, tomando su mano.

— ¿Eh? Si.

Y caminaron a casa con las manos entrelazadas, hablando casualmente de sus pequeñas aventuras de la semana.

I - El verano de sus 17


¿Tomates? ¿Conejos? ¿Muñecos? ¿Reviews?

Notas de autor:

Se que tengo una historia pendiente, pero no puede resistirme a terminar esta. La tenía guardada como un borrador de hace años y la recuperé mientras hacía revisión. Tomé varias de la ideas que tenía escritas y aproveché que ya estaba incluido el final. Como resultado, obtuve 5 hermosos capítulos (en este momento me encuentro en proceso de limpieza, por lo que no demoraré en publicar los siguientes capitulos). Espero que disfruten leerla, tanto como yo disfruté escribirla.

La pregunta que me hice en este capitulo fue: ¿Qué habría pasado si Inuyasha hubiese tenido como amiga a Kagome desde pequeño?

Abrazos,

Vanu-chan

Fecha de publicación: Agosto 06/2020