MUSE: Dark Shines - aqui va lo de youtube punto com /watch?v=7VTe8e_ICwI
Los rasgados ojos azules eran tan inimaginablemente hermosos que podían hacer temblar de asombro a cualquiera. En ese momento, de alguna forma, también brillaban como fuego helado, tal vez revelando la furia de su orgullo herido, o más bien, la manifestación de su obsesión incontrolable.
ANK Vol.1
IASON´S BACKUP FILE: Destellos de oscuridad (dark shines)
—Ni te imaginas lo que cuesta la recombinación de esos cromosomas... Pero cuando lo logre conseguiré una especie completamente nueva y única. Hasta tú, amigo mío, vas a tener que aparcar tu indiferencia y querrás una para ti.
Asiento, esbozando una sonrisa para no dinamitar el entusiasmo de Raoul pero el tamaño de mi indiferencia hacia las mascotas es bastante mayor de lo que permito a los demás percibir.
Hoy es, además, un día especialmente saturante en ese sentido. La subasta de especies exóticas de Casino Row había terminado pasadas las 15:00 y a las 17:00 comenzaba en el Hall del Consulado de Parthia, la reunión anual de criadores interterritoriales.
¡Maldita sea! Solo quiero disfrutar de mis dos horas libres de mascotas en paz. Si lo llego a saber no le habría invitado a acompañarme cuando decidí ir de un evento al otro andando. Con lo bien que se está a estas horas en Orange Road... Apenas hay lugareños, y los turistas no suelen excitarse tanto al cruzarse con dos Blondies.
Suelo disfrutar las conversaciones con Raoul, excepto en estos momentos paternalistas. Sé que él las crea y por lo tanto se siente orgulloso de los logros en su trabajo pero a mi me parecen una de las pasiones más improductivas de nuestra sociedad.
Suelo tener una o dos para llevar algo a las fiestas de apareamiento. Esos lugares son útiles para atender asuntos extraoficiales, pero han pasado más de seis meses desde que despaché a la última y la comunidad cotilla de la Torre de Eos se estaba poniendo las botas a mis expensas.
—¿Y el proyecto de la sirena? ¿Ya lo terminaste? —Si no puedo cambiar de tema, cambiaría aunque sea, la mascota. Las quimeras al menos no estaban todo el día pensando en follar.
Sabía la respuesta a mi pregunta, por supuesto. Fue potestad de Katze y sus hombres acondicionar el acuario para guardar a ese adefesio. Pero Raoul no lo sabía, ni falta que le hacía.
—Sí, hace ya dos meses... Lo cierto es que no quedó un producto demasiado vendible. La criatura resultó ser imprevisible y violenta. Pensaba que con técnicas y estimulación química y eléctrica podría lograr que afloraran sus genes humanoides pero prevalecen los de orca y pez abisal.
La selección de especies ya me pareció en su día curiosa. Raoul había hecho un collage de peces, cefalópodos, anfibios y mamíferos marinos bastante desequilibrado en lo que a la parte humana se refiere. Pero al menos podría haber elegido con mejor criterio a sus peces. Con razón esa cosa era tan deforme.
—Lo de los peces abisales me tiene confuso: son feos, ciegos y con extrema fotofobia…
No creo que sea buena idea traer a la luz algo que claramente pertenece a la oscuridad.
A Raoul se le enciende el rostro y comienza una larga y divulgativa perorata sobre las virtudes de los genes de los peces abisales: que si su metabolismo lentísimo, que si la resistencia a la presión o las propiedades bioluminiscentes... Tan centrado está que ni se percata de mi absoluta falta de atención.
Aunque mientras atravesamos los dobles arcos -el lugar más deslumbrante del túnel de luces que esta avenida representa- yo también pensaba en peces abisales.
Criaturas de oscuridad…
Seres vivos que pasan toda su existencia huyendo de lo que es fundamental para la vida
Si fueran arrastradas a la fuerza bajo la luz… ¿qué les ocurriría?
¿Morirían de miedo o se acabarían adaptando?
Y su aspecto o presencia, ¿qué efecto causaría a los que vivimos acostumbrados a estar rodeados de arte y belleza?
Las criaturas de oscuridad suelen ser horrendas a la vista. No evolucionaron para ser miradas, sino para sobrevivir. ¿Sería una auténtica mancha en la armonía visual de esta calle tan bien diseñada que una criatura así salga de las tinieblas ? O tal vez el contraste fuera aún más estimulante...
Como si respondiera a mis pensamientos, un punto oscuro aparece en la lejanía para perturbar la armonía de las Veelas. Podría ser cualquier cosa, pero me haría mucha gracia la idea de poder llamar a la oscuridad a mi antojo. A veces hay demasiada luz a mi alrededor.
Esta demasiado lejos para ser identificado, por lo que aplico un factor zoom de 200% sobre el elemento. No puedo evitar sonreir. Parece que la hubiera invocado con mis pensamientos.
Me alegro de haber errado en mis suposiciones; no toda criatura del abismo sufre de fotofobia.
Porque no me cabe duda que viene de ahí. De las más hondas profundidades de Midas: las cloacas de Ceres.
Calculo que andará por los 15 o 16 años y todo en él es oscuro. La ropa, las botas, el pelo, las gafas de sol... Camina cabizbajo, con las manos en los bolsillos, esforzándose en mezclarse con la muchedumbre y fracasando irremediablemente en su intento de pasar desapercibido. Aunque en realidad esa actitud apenas le dura unos pocos de minutos. Tras mirar un par de veces detrás suya y a su alrededor, parece que poco a poco abandona la postura encorvada para hinchar el pecho y levantar altivamente la barbilla. Una sonrisa de victoria y un aire lleno de confianza y autocomplacencia son el adorno perfecto para un rostro que, sin ser el de un hombre, está completamente desprovisto de inocencia infantil.
Me parece que además es plenamente consciente de su atractivo. Esa podría ser una explicación al logro de pasar el control de acceso a pesar de no llevar PAM. Solo necesitaba engatusar a un guardia y para dentro.
Cuando hace el amago de quitarse las gafas, me descubro conteniendo el aliento.
Entonces algo extraño sucede con mi visión, como una especie de destello pero no de luz, sino de todo lo contrario. Una negrura tan intensa que solo debería de darse durante un apagado completo
—¡Mierda!
Paro a quitarme el DataVisor y tras un rápido diagnóstico sin resultado me lo vuelvo a poner, esperando no haberme perdido el espectáculo
—¿Algún problema con tu visor? —escucho a Raoul preguntar .
—No realmente— respondo mirando a la muchedumbre.
—Debiste cambiar de modelo hace mucho. El que llevas está desactualizado…
Como te iba diciendo, esa especie de mascota es...
Raoul vuelve a perderse en su diatriba y yo en mis pensamientos.
¿Qué haces tan lejos de los suburbios, pececito? me pregunto mientras sigo con la mirada lo bien que se desenvuelve entre las mareas de gente. Es ágil, flexible y escurridizo, y a pesar de lo mucho que llama la atención, su habilidad y técnica para deslizarse como agua entre los transeúntes es digna de verse. El desprevenido turista al que está siguiendo no tendrá ninguna oportunidad de percatarse de haber sido desvalijado cuando ocurra.
En cuanto a mi, parece que debo corregir otra suposición: no todas las criaturas de las profundidades son horrendas.
Ésta, en particular, está bien formada, cuenta con facciones simétricas y mirada penetrante. Tal vez no fuera considerada hermosa si se siguen los recargados y pomposos cánones de Orphe y Silbert, pero posee una hermosura salvaje y bella por ser sencilla, ruda y con miles de matices y posibilidades. Es como comparar un bien planeado y cuidado jardín con un anochecer sobre un acantilado bajo el cual rompen las olas. Sí, ambos parajes son hermosos pero solo uno posee la capacidad de dejarte sin aliento
El problema, pececito abisal, es tu exceso de confianza, estás demasiado concentrado en tu presa como para percatarte de que estás a punto de chocar con un tiburón…
Su ataque es elegante y bien sincronizado, las pisadas ejecutan un crescendo que pasa del 2/4 al 6/8 y con un ritmo de vals, su brazo se extiende para, con una floritura comenzar el virtuoso final. Un, dos, tres, un, dos…, tres y… su mano se mete de lleno entre mis fauces.
Lo atrapo por la muñeca y con una rápida y eficiente llave doblo su brazo hasta que su palma toca los omoplatos. Aun así el mestizo aprieta con fuerza los dientes y suelta un bufido en lugar del aullido de dolor que esperaba. Aprieto con un poco más de fuerza pero no logro sacar ni un suspiro a la criatura. Si presionando acabaré por dislocarle el hombro y no merece la pena molestarse. Además debo confesar que no me apetece que lo atrapen. No puedo evitar sentir admiración por el trabajo bien hecho y este mestizo había ejecutado a la perfección su papel de carterista, no fue culpa suya el que la suerte lo acabara cruzando conmigo.
—Ese no es un acto digno de elogió, pececito abisal
—¿De qué peces hablas, quién eres? ¡Suéltame, hijo de perra!
Se revuelve tratando de soltarse pero lo tengo tan bien inmovilizado que no es capaz ni de darse la vuelta para ver a quién está llamando hijo de perra en plena calle. ¿Me pregunto qué clase de expresión pondrá cuando lo descubra?
Una pequeña conmoción se forma a nuestro alrededor. Al fin y al cabo no se veía todos los días a un mestizo atrapado por un Blondie en pleno centro de Midas. Las manadas de curiosos que se agolpan, no sin cierto afán sensacionalista, logran sacar a Raoul del modo conferencia. Aunque había avanzado sus buenos diez o quince metros antes de percatarse de que andaba solo.
Su mirada está a medio camino entre el estupor y el asco al ver mi captura.
—¿Qué rayos es eso?—pregunta destilando profundo desprecio por cada sílaba, y aunque lo sabe a la perfección, quiere asegurarse y de paso dar un buen tirón de oreja a mi prisionero. Al parecer a mi amigo no le resulta tan fascinante como a mi esta criatura de oscuridad. No me extraña por costumbre fijarme en cosas que al resto le pasan desapercibidas y tengo cero interés por las modas o tendencias que Raoul tanto apreciaba.
—No lleva PAM, es un mestizo —me informa de lo obvio, pero estoy demasiado distraído observando las reacciones del pececito. A mi aún no me había visto, pero en seguida comprende que Raoul es un blondie y que su situación no puede ser más desesperada. De manera inmediata deja de forcejear y hasta percibo un leve temblor en su delgado cuerpo.
—Deja de recoger cosas raras — me advierte Raoul mientras hace el amago de marcharse.
Cierto… Tenemos que estar en Parthia a las cinco para otra insoportable fiesta de apareamiento.
—Ni que tuviera tiempo para esas cosas —le contesto con tono amargado.
Fuera lo que fuese lo que me llamara la atención de este mestizo, no iba a poder averiguarlo. Mi tiempo para jugar había llegado a su fin. Relajo el agarre para que el muchacho pueda girarse hacia mí, y estoy algo decepcionado de que se volviera tan dócil al darse cuenta de quiénes éramos. El flexible y delgado cuerpo que se tensaba como una cuerda de piano hace apenas segundos entre mis brazos, ahora parece un guiñapo sin energía alguna.
¿Acaso ya se daba por vencido? ¿Condenado y ejecutado?
Tal vez la condena directa sin juicio sea la costumbre aplicada a los mestizos cazados infraganti, aunque dudo mucho de que existan precedentes de lo que ocurre ahora mismo en la legislación actual.
Si lo atrapé es porque me resulta curioso, no por mejorar la seguridad en las calles de Midas. En lugar de soltarlo lo empujo secamente con la intención de hacerlo espabilar. Con una amonestación y una advertencia va más que servido.
—Si sólo lo haces para divertirte, te recomiendo que lo dejes— decido comenzar con un consejo constructivo para después agregar la amenaza. Aunque algo no encaja de nuevo. Anticipaba ver una expresión de confusión, alivio y por que no, algo de agradecimiento por haber sido tratado con benevolencia, pero no. El mestizo frunce el ceño nada más oírme empezar a hablar. En fin… no tengo tiempo para más—. Ten cuidado. No volverás a tener una segunda oportunidad— le advierto de buena fe y me doy la vuelta, tratando de ignorar su punzante mirada oscura y resentida. No encaja…, nada encaja en realidad…
Y lo peor es que mi decepción se evapora al momento en el que me taladra con esa mirada rabiosa y el malsano interés vuelve a carcomerme las tripas.
Tarde… llegas tarde… Olvida al mestizo… y cumple con tu obligación...
No he dado ni tres pasos cuando sucede. Algo tan raro y especial... algo que no experimentaba desde que descubrí que mi mueble de 17 años había logrado hackear a Júpiter: un humano logra sorprenderme.
Daba por hecho que saldría corriendo en dirección opuesta para alejarse lo máximo posible de nosotros pero no. Esta vez es él el que me atrapaba de la muñeca, haciéndome frenar en seco.
Nadie se atreve a tocar así a un Blondie.
—¡Eh…, oye! —lo escucho llamarme. Su tono, retador y falto de modales.
Nadie se dirige así a un Blondie.
Nadie en su sano juicio, al menos. ¿Qué le pasa a ese muchacho? ¿Acaso tiene ganas de ser castigado? Mil preguntas se agolpan en las colas de mi servicio de procesado mientras me doy lentamente la vuelta y me llevo otro destello de oscuridad en plena cara.
¿Por qué me mira con tanto odio? ¿Y por qué esa mirada me resulta tan fascinante? Me empieza a dar lo mismo llegar tarde y como siga así me va a empezar a dar igual no ir a Parthia en absoluto.
Yo también sé jugar a ese juego
Acepto su reto y con un comando mental permito que la superficie reflectante de mi DataVisor se vuelva transparente, permitiendo al muchacho ver mis ojos. El efecto es inmediato y me regala una expresión de sorpresa antes de volver a poner cara de perro. En el fondo es un niño incapaz de controlar sus reacciones y eso por algún motivo me resulta agradable.
—¿Por qué? ¿Por qué me dejarías marchar?
Vaya pregunta. ¿Acaso quiere ser detenido y encerrado? ¿O es que pensaba que iba a castigarlo personalmente?
—Un simple capricho —le respondo con la pura verdad—, vuelve a Ceres, pececito abisal. La luz aquí te acabará por abrasar.
—¿Qué mierda se supone que significa eso?
Decido no responder. Cada vez me cuesta más autoimponerme disciplina. Es un humano tan intenso… tan interesante… tan fácil de activar.
Le escucho llamarme desde atrás. Pedirme que me detenga. Finalmente echa a correr hasta alcanzarme y se pone a caminar en silencio a mi lado. De alguna manera esto se siente correcto a pesar del revuelo que arma a su paso: Un Blondie y un Mestizo sin valor, la luz más brillante y la oscuridad más abismal caminando juntos, en sincronía y sin eclipsarse.
Pero todo camino tiene un final y prácticamente hemos llegado a la Main Gate de Tanagura y a la encrucijada de las decisiones. Había avisado a Raoul para que fuera adelantándose, así que no tenía prisa alguna, pero el chico tampoco parecía dispuesto a explicarme por qué había venido conmigo. ¿Acaso me seguiría como un perrito hasta Parthia? Me imagino las caras estreñidas de esos lumpen si llevo a un chucho de Ceres a una fiesta de mascotas y no puedo evitar que se me escape una risilla en voz alta. Eso por fin hace reaccionar al mestizo.
—¿Se puede saber de qué te ríes? ¿Es divertido ver mi humillación?
De inmediato paro de reir. Lo había vuelto a hacer. Me sorprendía con cada reacción y cada frase. Será todo un reto para mí prever sus respuestas y adoro un buen reto, pero primero necesito que me informe de sus intenciones.
—No sé si será divertido o no. Si quieres ser humillado, avísame y lo descubriremos sobre la marcha.
El mestizo vuelve a fruncir el ceño. Después frena en seco y se queda parado, con las manos en los bolsillos, expectante.
—Me debí imaginar que te iba justo esa mierda… ¡Joder!
Se queda parado un buen rato, pensativo y enfurruñado. Parece estar sopesando los pros y contras de algún tipo de decisión difícil. Finalmente y tras otro "joder" rabioso, me mira y suspira con pesadumbre.
—De acuerdo. Dejaré que me humilles y en cuanto a lo otro… también lo acepto. ¡Pero no te pases! No quiero marcas.
No tengo la menor idea de a qué se está refiriendo. En ningún momento he dado a entender que deseo humillarlo, Y en cuanto al resto...
—¿A qué te refieres con "lo otro"?
—¿Cómo que a qué? ¡Tú sabrás lo que te va! Látigos, fustas, cera…, el BDSM no es mi rollo así que espero que sepas lo que haces. Te debo una pero tampoco es plan abusar.
¡Por fin algo de luz! No sé si echarme a reír de nuevo o tratar de averiguar en qué momento ha llegado a la conclusión de que me excitaría hacerle daño. Pero lo último que ha dicho es una clara pista que debo seguir.
—Bien…—Pongamos fin a esta farsa—. Lo primero, no me va el BDSM…, creo. No lo he probado. Pero tampoco tengo intención de probarlo contigo. De hecho, no tengo ninguna intención con respecto a ti y, aunque no me desagrada que me sigas, me gustaría saber la razón. Además tengo que ir a un sitio donde será difícil explicar tu presencia, si vienes conmigo.
La cara del mestizo pasa por al menos cuatro fases de estupor, además de la confusión o el enorme alivio. ¡Es tan hermosamente expresivo! Cada emoción que experimenta es reflejada al mínimo detalle por alguna parte de su cuerpo. No me canso de observarlo
Al escucharme terminar de hablar, parece mucho más seguro de sí mismo, además de decidido.
—Vale. Tienes prisa. Mejor. A mi también es lo que más me va. Rápido, intenso, pim, pam, pum, y finiquitada la deuda.
Otra vez la dichosa deuda.
—Creo que no me estás entendiendo...
—No, si lo entiendo. Venga, vamos…, ¿está muy lejos tu casa?
—Mi casa está en Tanagura.
—¡Ah vale! Soy un imbécil. Y yo pensando que sabías a donde ibas… Bueno, plan B. Yo conozco un sitio al que podemos ir, o si tienes aquí tu coche podemos hacerlo en él.
—¿Estas ofreciéndome sexo? Porque mi coche va con chofer y no creo que sea apropiado. Además no es necesario. No necesitas compensarme.
—¿Como que no? ¿Y lo de antes qué? No me gusta tener deudas pendientes.
— Eso fue un capricho mío. No lo hice por ti. Ni siquiera tenía que haberte detenido, lo que hagas con tu vida no es asunto mío.
—Pero lo hiciste. Da igual tu motivo. Pudiste haberme hecho arrestar y los mestizos rara vez salen de esa comisaría sin quedar mutilados de por vida. Odio estar en deuda con extraños, y más con tipos tan desagradablemente condescendientes como tú.
¡Qué increíble crisol de expresiones! ¡Cuánta rebeldía y rechazo hacia todo lo que represento! Sus emociones son tan intensas como las contradicciones que lo amargan. La oferta de seguir disfrutando de sus reacciones, de provocar nuevas y ver cuantas más lograría descubrir, no es tentadora sino irrechazable.
Pero me mantengo en silencio tan solo por robarle un par de expresiones de impaciencia.
Mando un aviso por la red neuronal a Raoul para informarlo de que pienso presentarme a la Asamblea y finalmente me giro hacia el mestizo, asintiendo
—Muy bien. Llévame a ese sitio que conoces. Pero recuerda que ésto es iniciativa tuya y por lo tanto eres responsable de todo lo que suceda a continuación.
Aún saboreando la punzada de pánico que le producen mis últimas palabras, le sigo por las estrechas callejuelas de Lhasa hasta un burdel automatizado bastante común. Estos son de los pocos sitios donde un mestizo puede acceder sin problemas ni explicaciones así que es de esperar que lo conociese bien.
—Club Minos…, ¿eh? ¿Vienes mucho por aquí?
—A veces.
—¿Muchas deudas?
A pesar del pasillo en penumbra pude ver que el dardo dio en el blanco.
—No tantas —fue la amarga respuesta—. Yo no me prostituyo.
—Das sexo a cambio de favores.
—Deudas.
—Llámalo como quieras. ¿Cuántos años tienes?
Eso definitivamente toca su fibra sensible. A ningún adolescente le gusta que le recuerden que lo es. Prácticamente escucho su sangre hervir mientras avanza a largas zancadas por los oscuros pasillos. Cuando por fin da con nuestra puerta está tan rabioso que pienso por un momento que la abrirá a patadas.
—No es asunto tuyo.
Parece molesto por la conversación por lo que decido darle lo que pide: silencio.
Lo malo es que los seres humanos muy a menudo acaban arrepintiéndose de aquello que desean, una vez obtenido. ¿Me pregunto cuánto tiempo soportará la presión de mi mutismo o mi mirada de indiferencia?
Entramos en la estancia y me acomodo tranquilamente en el sofá, mientras él me observa expectante por un par de minutos y comienza a desvestirse. Tres minutos, cuatro, cinco… Sus orejas se van poniendo coloradas y su presión sanguínea sube de 98 a 110. Se quita los pantalones y se tumba en la cama. Seis minutos, siete, ocho… Presión arterial 123, pulsaciones por minuto 112. Nueve minutos, diez…
—¡Oye! ¿Hasta cuando piensas quedarte ahí callado? Creo que podemos pasar de los preámbulos ¿No? ¡Ven aquí y acabemos con esto de una puta vez!
Diez minutos y 30 segundos. No está mal el aguante, pero su rostro se ha enrojecido mostrando extrema molestia. Aún así su entereza es sorprendente, una mascota no pasaría del par de minutos antes de derrumbarse. Parece que su voluntad se alimenta a base de orgullo. Atacaré entonces a la fuente.
— Así que, cuando no tienes suerte saqueando a los turistas, ganas dinero trayendo hombres a lugares como éste. ¿No es así?
Todo el calor de su rostro se evapora al instante, volviéndose enfermizamente pálido. ¡Maravilloso! Su cuerpo reacciona instantáneamente a cualquier estímulo ¿Qué hará si sigo menospreciándolo? ¿Perderá los estribos? ¿Gritará de indignación? ¿Enmudecerá avergonzado?
— Desafortunadamente para ti —continúo mi despiadado ataque—, no estoy tan desesperado como para poner mis manos sobre un impuro del ghetto. Es más, ni me apetece hacerlo. Además, como pago por mi silencio, me parece una compensación un poco exagerada. De repente me siento tentado a pensar que todo esto se debe a algún otro propósito oculto tuyo.
Tras la ráfaga me preparo para los resultados previstos. El pececito se estremece y su respiración se vuelve caótica, como si lo hubieran sacado del agua y estuviera asfixiándose. Pero tras unas pocas bocanadas aprieta los dientes y… ¡otro maldito destello me ciega!
—¿Y si no tenías intención de hacerlo por qué demonios me has seguido hasta aquí? ¿Pensabas que veníamos a charlar?
Estos apagones momentáneos me empiezan a escamar. Apagué el visor hace ya un rato y éste es el tercero que experimento en menos de una hora. Algo debe de estar sucediendo con mis sensores ópticos.
—El lema de oro de la élite de Tanagura es ser excepcional en todo ¿No? —Arranco un chequeo interno en segundo plano mientras trato de frenar mis ganas de sonreir—. ¿Acaso tienes miedo de no resultar tan excepcional como cuando te follas a esas blandengues mascotas?
Parpadeo sorprendido; tanto a causa de su reacción como por lo errado de sus aseveraciones. El sexo es algo exclusivo para los humanos. Ningún élite se prestaría a participar en él, rebajándose a la altura de un sexbot cualquiera.
Ya que no recibe ninguna réplica por mi parte, el pececito se viene aún más arriba.
—¿Es eso, verdad? Debe ser fácil quedar como un dios en la cama con parejas tan complacientes.
El chequeo termina sin devolver ningúna salida de error los logs de sensores ópticos, pero sus palabras insultantes acaban de provocar otro flash de abismal negrura, acompañado esta vez de cierto lag en mi unidad de procesado central. Eso es un claro signo de que mis algoritmos se están reestructurando. Aunque el aprendizaje automático es una característica básica de mi sistema operativo, llevo años sin experimentarlo. Tal vez la extraña emulación sensitiva que estoy experimentando sea resultado de esa reestructuración. No es demasiado agradable… como si una aguja recalentada estuviera raspando alguno de mis chipset.
—¿Tienes miedo de no estar a la altura si no se lo haces a algún patético muñeco sexual enganchado a los afrodisíacos?
En un gesto de lo más teatral, el mestizo lanza hacia arriba la sábana con el pie mientras adopta algo que debe considerar una pose provocativa.
En algo tiene razón: su increíble flexibilidad tenía un deje de rudeza masculina que no podía encontrarse entre las mascotas domesticadas en harenes. Pero a pesar de la sobreactuada frivolidad que trata de aparentar, no puede esconder su inocencia. Una inocencia blanca y pura que me resulta tan intoxicante como molesta. Un inexplicable deseo de consumirla me invade: quiero agotarla, mancharla hasta ennegrecerla para que no desentone con el resto de su ser.
—Pero excitar a un impuro de baja estrofa no te va a resultar tan fácil. Seguro que ni logras que se me levante.
Pequeño iluso. No tienes ni la más remota idea de lo que soy capaz...
Definitivamente estoy emulando nuevas sensaciones. Se produce otro destello de oscuridad pero está vez estoy seguro de que yo mismo lo he provocado. La emulación sensitiva comienza a evolucionar hacia la euforia. Tengo la impresión de que el pececito, con sus provocaciones me ha acabado por arrastrar dentro del abismo que habita. Cientos de estímulos son enviados por todos mis sensores hacia la parte más puramente biológica de mi cerebro. La oscuridad me rodea, se infiltra en mis circuitos y contamina mi lógica.
Es éste efecto, lo que buscan los élites durante sus actividades de ocio voyerista y me parece extraño conseguirlo así, teniendo en cuenta que casi nunca lo logro en las fiestas de apareamiento.
Pero por fin comprendo la obsesión de todos por conseguirlo. Y no tengo ninguna intención de desperdiciarlo sólo mirando.
—Si esa es la costumbre en el ghetto, de acuerdo, aceptaré tu pago. Pero no olvides que eres tú el que me ha instado a hacer lo que me apetezca contigo—. Con esta última amenaza me levanto y me preparo para aceptar su desafío.
—Uhh… ¡qué miedo! —lo escucho burlarse. Lo que no sabe es que no es miedo lo que pretendo provocar en él.
Me tomará algunos minutos hacer un análisis completo de su sistema nervioso y catalogar el nivel de sensibilidad de cada uno de sus puntos erógenos. Son muchos más que los de cualquier mascota que conozca y su escala de sensibilidad está muy por encima de la media. Sé que mi inmovilidad lo irrita por lo que decido tomarme el procesado con calma.
—Vaya un remilgado. Si te da corte desnudarte, podemos apagar la luz.
No seas ansioso, pececito…
—Primero muéstrame tu cuerpo, a ver si es digno o no de que un miembro de la élite lo posea.
De mala gana, se levanta y avanza desganado, mientras le indico que deseo se ponga de cara a la pared para escanearlo de espaldas. Cuando termino, le ordeno darse la vuelta y aumento al máximo la definición de mis sensores ópticos y auditivos. Ahora puedo apreciar con pleno detalle los matices de cada milímetro de su cuerpo, y oír con claridad sus latidos.
—¿Qué? ¿He pasado el examen?
—Tienes buenas proporciones. Podrías formar parte del harén de Dyas… Suponiendo que pudieras mantenerte callado.
—Lo mismo digo. Si dejaras a un lado ese tono socarrón, creo que podrías ganarte la vida en el Club de Lusca. Aunque, en ese sitio, las técnicas y el aguante en la cama son más importantes que una cara bonita.
De repente se ha vuelto locuaz, quizás intimidado por lo escrutadora que se vuelve mi mirada durante el escaneo. O quizás porque percibe que me voy acercando. Cuando la distancia que nos separa no sobrepasa los dos palmos, su vello se eriza y se le pone la piel de gallina.
—Vaya, veo que conoces ese lugar al detalle.
—Bueno, es que si no prestara atención a los rumores, aunque sean chorradas, me moriría de aburrimiento en un sitio como el ghetto...
Tan confiado y a la vez tan sensible… Escojo un punto erógeno al azar y apenas lo rozo con la punta de los dedos. El efecto es inmediato y fulminante: su cuerpo entero vibra como una copa de cristal, cada músculo se tensa, sus pupilas se amplían y un escalofrío lo sacude y lo hace enmudecer.
— Esto no es más que el principio, pececito.
Dando a cada movimiento de mis manos una precisión de cirujano, voy saltando de un punto erógeno a otro hasta alcanzar la parte superior de la escala donde me detengo para aumentar la estimulación progresivamente. Pongo especial cuidado en cada pezón, aplicando la cantidad justa de presión para bordear los límites de lo doloroso, mientras monitoreo la aceleración de sus pulsaciones para que no sobrepasen el tope que he decidido mantener.
En el momento en el que se le corta la respiración me detengo y tras 5 segundos de espera, vuelvo a comenzar. En esta ocasión añado un segundo estímulo y con un movimiento serpenteante de mi otro brazo recorro su columna en dirección a sus puntos erógenos más sensibles. Al rozar la zona por encima de su rabadilla, sus nalgas se tensionan y cierra sus piernas, apretando con fuerza una rodilla contra la otra.
—Creo que dudabas de mi capacidad para provocarte una erección… Veamos si es así. Abre las piernas.
El mestizo no hace ningún amago de relajar su postura, obligándome a introducir la rodilla entre ellas y hacer fuerza para separarlas. ¡Esa resistencia suya es tan estimulante!
Una vez obtenido el acceso mi mano se cuela entre sus nalgas y comienzo a acariciar con movimientos lentos y circulares, el músculo de su entrada. El mestizo aprieta con fuerza los dientes y los ojos a la vez que sus rodillas comienzan a temblar.
Mi otra mano abandona su pecho para recorrer su vientre y llegar por debajo para agarrar con fuerza el palpitante símbolo de su derrota. Comienzo a acariciar con esmero la punta de su glande, empapando mis guantes de líquido preseminal.
—Mírate y dime si eso no es una erección.
El mestizo se resiste a cumplir mi orden y niega tozudamente con la cabeza mientras aumento la velocidad de los movimientos de ambas manos para que vayan a la par con sus jadeos.
—¡Abre los ojos! —insisto con mi tono más autoritario mientras introduzco de golpe dos de mis dedos en su palpitante ano, mientras aprieto con fuerza sus testículos.
Ahora si, abre los ojos como platos y un lastimero gemido se escapa de su garganta mientras que una buena cantidad de semen caliente y espeso sale a presión para resbalar por su tripa y mi muñeca.
—¡No…, no puede ser! —lo escucho decir mientras convulsiona. Su tono es entre avergonzado e incrédulo mientras baja la vista hacia la pegajosa evidencia de su lujuria. Por algún motivo, no me basta.
—¿Simplemente haciéndote esto, ya te corriste? Ridículamente pronto, ¿no?
Quiero ensuciarlo más, descomponerlo, romper ese orgullo en millones de trémulos pedacitos.
Se revuelve entre mis brazos cuando paso de nuevo al ataque, restregando la palma de mi mano por sus costillas
—¿No creerás que hemos terminado?
—Pues yo, poco más puedo hacer. Los seres vivos tenemos ese defecto. Una vez que nos exprimen, ya no podemos dar más.
—Una de dos: o me has estafado y no estás a la altura de lo que prometías, o subestimas tus propias capacidades.
— ¿Qué quieres que haga? ¿Qué finja algo que no siento al estilo de los harenes? ¡Los impuros del ghetto no usamos esas técnicas!
—No necesitas fingir, eres sensible de sobra. Ni tampoco tienes que hacer nada aparte de obedecer y llorar para mi.
No necesito leer muchos parámetros corporales para darme cuenta de cómo el mestizo se retuerce por dentro. Obedecer, suplicar, dejarse dominar o perder la compostura parecen líneas rojas en su obstinado carácter. Líneas que estaré encantado de pisotear.
Entierro los dedos en el desordenado cabello tirando con fuerza hacia atrás y retomo las intensas caricias sobre sus genitales y nalgas mientras arrastro la lengua por la ruta precalculada más eficiente: desde la clavícula, por el cuello, rozando con los dientes la nuez, hasta llegar a otra de sus zonas erógenas, detrás de la oreja izquierda.
Un nuevo escalofrío recorre su cuerpo y freno por un instante la cascada de besos y mordiscos para comprobar la reacción en su mirada.
—¿Crees que voy a darte el gusto de sentir algo? —sisea entre dientes. Me limito a sonreír ante la evidente falsedad de la bravata. ¿Sentir? No sólo vas a sentir. Vas a tener que entregarme cada sentimiento. Me darás todo lo que tengas: tu simiente, tus latidos, tu aliento y tu sudor. Tu orgullo, tu vergüenza, tu obstinación y tu desenfreno.
Nos observamos en silencio mientras mi habilidad da sus frutos y poco a poco su erección vuelve a presentarse
—Para… No soy un juguete—lloriquea indignado al ver que dejaba de funcionarle la actitud desafiante.
Eso lo tengo claro. No eres un juguete, eres un hombre.
A partir de este momento ya no es capaz de decir más. Por muy poderosa que sea su voluntad, todo hombre se transforma en bestia al ser dominado por la lujuria.
Deja de tener cualquier control sobre sus reacciones y su cuerpo se convierte en arcilla entre mis manos. Lo modelo con la forma que me plazca, lo atravieso con mi lengua y dedos. Siento como se arquea, como se estira y retuerce y como se agudiza la serenata de gemidos que se escapa a borbotones por su boca.
Pero justo cuando debería dar la última pincelada a mi obra, algo raro vuelve a suceder conmigo. Pierdo completamente la conectividad con mis sentidos. Oído, vista, gusto, olfato, dejan de tener importancia y de igual manera que antes, un destello de oscuridad me domina. No, no es un destello, es un eclipse total a todo raciocinio.
A pesar de haberlo llenado a rebosar de sensaciones y excitación, a pesar de que sus pulsaciones rocen las 140 y esté bordeando la arritmia, no quiero permitirle estallar.
No quiero soltarlo cuesta abajo y que se escape de entre mis dedos.
Por lo que bajo el tempo o freno en seco apretando la base de su pene para evitar que eyacule.
No hay nada que duela más a la bestia lujuriosa en la que se convierten los hombres que ésto.
Lo escucho gimotear, suplicar y humillarse pidiendo la liberación pero no me basta. No me basta sólo con que ceda a sus impulsos o que abandone todo orgullo y me implore.
Debería parar pero quiero seguir devorando esa inocencia ilusa. Esa que nunca ha sentido la catarsis límite, esa que ni se imaginaba las posibilidades de su propio cuerpo. Por lo que vuelvo a empujarlo cuesta arriba hacia la cumbre de su placer y vuelvo a frenarlo en seco justo en el borde del precipicio, Una vez, dos…, tres veces…
¿Qué rayos me está ocurriendo? Debe ser tan tortuoso para él… ¿Acaso quiero hacerlo sufrir?
De repente mi cerebro comienza a emular una terrible ola de rabia y rencor hacia el muchacho.
¿Qué demonios había hecho ese joven mestizo para convertir a un ser claramente inmune a cualquier impulso, en una bestia incapaz de frenarse a voluntad?
Tal vez… solo tal vez, mi cerebro humano también tenga la misma tara que el suyo. Por muy nano-mejorado que fuera, seguía siendo el cerebro de un hombre.
Tal vez por ello nos está prohibido participar activamente en prácticas sexuales: para salvaguardar nuestro sentido común, lógica e imperturbabilidad.
Pero algo no encaja en esta teoría… Llevo ya un buen rato percatándome de que partes de mi anatomía que nunca tuvieron otra función que la de hacerme lo más parecido a un humano, se estaban poniendo en marcha sin que yo las hubiera activado.
Ni se me había ocurrido pensar que Júpiter pudiera haber añadido una modalidad motora de este tipo en el diseño de nuestros órganos sexuales. Daba por hecho que el estado de reposo era su único estado.
¿Para qué demonios nos implementaría la capacidad de tener una erección si mantener relaciones sexuales para nosotros estaba claramente vedado por el NORAM?
No lo entiendo…, no entiendo lo que me sucede, ni por qué sucede y eso hace que mi deseo por seguir torturando al muchacho se amortigüe. Poco a poco mi recién adquirida lujuria pierde terreno frente a la confusión y voy recuperando el contacto con mis sentidos.
—¡... Te ... termínalo ...de una… vez...! ¡Por favor...te lo suplico..Basta...! —escucho gemir al mestizo y un repentino y agudo dolor en el pecho me atraviesa.
Esto lo entiendo menos todavía: es como si alguien hubiera colado la mano en mi pecho y me estuviera estrujando el corazón en un puño; pero ni eso es posible físicamente, ni tengo un corazón al que se pueda estrujar. El dolor persiste y se intensifica al percatarme de las lágrimas en los ojos del muchacho. Por no hablar de que se encontraba hiperventilando y con casi 150 pulsaciones por minuto. ¡Por Júpiter! ¡He estado a punto de matarlo!
—Tranquilo pececito…Tápate los ojos... Escóndete de la luz cegadora que ilumina tus miedos— susurro en su oído mientras poco a poco lo vuelvo a llevar a la cima con movimientos suaves y cuidadosos. Esta vez le permito correrse sin demasiado esfuerzo y su gemido de júbilo y alivio provoca que la constricción en mi pecho se desvanezca poco a poco.
Me permito sostenerlo unos minutos, mientras mi euforia es sustituida por una enorme sensación de vacío. Debo soltarlo, permitirle volver a su entorno y despedirme aquí. Lo bueno es que está prácticamente inconsciente de puro agotamiento por lo que me puedo levantar y marcharme sin mayores complicaciones.
Pero sigo sin lograr convencerme para hacer lo correcto. Me cuesta al menos un par de minutos únicamente apartar la vista de su cuerpo desnudo. Tan hermoso…, tan sensible…, tan espontáneo.
Tiro mis guantes a la basura y me cuesta al menos otros cinco minutos más, resistir la tentación de probar el tacto de su piel. Solo ciertos remordimientos impiden que no me siente a esperar que despierte para repetir la experiencia.
Definitivamente ésto había ido demasiado lejos. Una cosa es pagar deudas con sexo y otra e spagarlas con la vida. La suya había pendido de un hilo a causa de mi falta de autocontrol y esta experiencia había hecho cambiar mis procesos a un nivel completamente desconocido: no tengo ni idea de a dónde me podrían llevar. Necesito calma y tranquilidad para analizar la situación al detalle.
—Aquí tienes el cambio de tu pago. Con esto quedamos en paz —murmuro mientras dejo 10.000 créditos en la mesilla. Necesitaba compensarlo de alguna manera porque me había dado mucho más de lo que él mismo había previsto.
Al salir del Club Minos, descubro que son pasadas las 22 horas y que jamás había sentido tanto hastío por mi existencia en general.
Y lo que más me enerva es que ni siquiera le he preguntado su nombre.
/****************
Bellamy's Talk
Matt: No tengo mucho que añadir a lo que ya has contado. Esta canción habla de la obsesión hacia una chica bonita que se presenta con un cierto componente oscuro pero que, inocentemente acaba por provocar impulsos mucho más oscuros en ti. Por eso no hay que jugar con fuego... Pero me llama la atención que haya habido muy poco porno en este capítulo. ¿No estarás perdiendo facultades?
DD: Pues igual sí... XD Cierto que mi primera idea implicaba meter más chicha aquí pero cuanto más releía la escena original, más me daba cuenta que esta no era una escena erótica al uso que no fue demasiado agradable para ninguno de los protagonistas. La original está narrada completamente desde el punto de vista de Riki y me he fijado que normalmente en la narrativa erótica pone siempre hincapié en lo que siente el que recibe las caricias y no en el que las da. Definitivamente es más complejo lo segundo, pero desde el primer momento mi objetivo fue relatar lo que sucedió a Iason ese día y que no está demasiado detallado por Yoshihara Sensei. Sorry por si la terminología técnica os ha cortado el rollo pero es un puñetero cyborg el que lo cuenta. No sonaría coherente si se expresara como una persona normal,XP
***************/
