Story of a neighbour
Capítulo 8: Entre sueños.
Cuando se te viene a la mente un bar, piensas en cerveza, vino, cocteles, música de fondo, luces de colores, algún que otro humo de cigarro en el aire, gente sentada a la barra desahogando sus problemas con el barman y unos cuantos chupitos de tequila o un Martini, y por supuesto: un montón de borrachos por doquier. Sep, típica escena de película o noche de fiesta universitaria…pero justo como su nombre lo indica, eso SOLO pasa en las horas de la noche. En pocas palabras y directo al punto: durante el día, el bar es prácticamente el lugar más vacío y silencioso que te puedas encontrar; y para el propio barman, se convierte en el sitio más aburrido de la ciudad.
Puede que fuera un acto reflejo o quizás solo una simple costumbre, pero cada vez que el bar se encontraba así de vacío (lo cual era bastante seguido) y no tenía ninguna otra tarea de real importancia en manos, Iceburg se ponía a limpiar los vasos, divagando sus pensamientos sobre mil y un tópicos en el proceso.
- ¡Yoh! ¿Qué hay de nuevo, viejo? –el oír de ese jovial y conocido saludo junto con el sonar de la campana de la puerta, trajeron de vuelta la conciencia del barman y le hicieron levantara instintivamente la cabeza.
-Ah, cuánto tiempo, Franky-correspondió este impasible- ¿Cuánto ha pasado desde que la última vez? ¿Casi dos años enteros?
-Oi, oi, solo ha pasado medio mes desde lo de fin de año. No tienes que exagerar tanto-quejó este al acercarse.
Ante la respuesta de su amigo, Iceburg no pudo contener una corta risa, lo cual llevó al mismo a levantar una ceja extrañado y preguntar:
- ¿Qué? ¿Dije algo gracioso?
Pero el peli-añil no le respondió, solo esbozó una simple media sonrisa en plan ¨No lo entenderías¨ y se dispuso a guardar el vaso que había estado limpiando hasta hace un momento.
-Mah, no importa-dijo este para dar por terminado el asunto- ¿Te pongo algo?
-Ya sabes, lo de siempre-expresó Franky entre una amplia sonrisa a la par que tomaba asiento frente a la barra.
-Heh, no cambias para nada-expuso su amigo en un tono de complicidad mientras terminaba de sacar un nuevo vaso y una botella del pequeño refrigerador bajo la barra.
Nada más terminar de verterse el líquido negro y burbujeante, Franky tomó el vaso presentado, le dio un buen sorbo y tras dejar escapar un sonido de claro disfrute, colocó con fuerza el vaso de vuelta sobre la barra.
-Cualquiera que te ve, piensa que te tomaste una cerveza en vez de una cola-comentó Iceburg divertido por el actuar de su viejo amigo.
-Una cerveza está bien de vez en cuando. Pero ya sabes que yo nunca reemplazo la cola.
-Mah, solo no te pases, ¿ok?
- ¡AYE SIR! –afirmó el carpintero de forma cómica, imitando al gesto de un soldado o marinero que acaba de recibir órdenes.
Iceburg soltó un ligero bufido y apoyó sus manos sobre la cintura, ya estaba más que acostumbrado a esta clase de escenas. Después de dejarle disfrutar de su bebida por un par de minutos más, el barman por fin preguntó:
- ¿Y bien? ¿Qué es lo que pasa?
Franky se atragantó un poco al oír esto.
- ¿Q-Qué? –repitió este, tratando de hacerse el desentendido ante la cuestión no dicha pero conocida.
-Puede que me duela admitirlo, pero tú no vienes aquí de día solo para tomarte una cola y hacerme compañía un rato-detalló el peli-añil con simpleza, y tras cruzarse de brazos para dejar más en claro su punto, posó con firmeza su mirada sobre su amigo y agregó-Así que, dime: ¿sobre qué quieres consultarme?
Ante esa tan temida (y esperada) frase, Franky desvió su vista hacia un lado y se mantuvo callado por varios segundos, pero al ver (y saber) que no tenía escapatoria alguna, se decidió entonces a hablar.
- ¿Te acuerdas de la chica que estuvo aquí durante la reunión de año nuevo?
Iceburg no pasó por alto el tono inseguro y algo tenso de su amigo al hacerle esa simple pregunta, ni tampoco su gesto de colocar una mano tras su nuca, pero se mantuvo neutro al responder:
-Hablas de la chica pelinegra con la que Chimney y Kokoro-san hablaron tanto ese día, ¿no? –Franky asintió-Sí, la recuerdo. ¿Y?
-Pues…la verdad es que…
- ¿Sí? –pronunció este con simpleza, pero ligeramente expectante.
-…Aquel día cuando la acompañé a su casa…
- ¿Ajá?
-…Luego también la ayudé a llevar una caja hasta su apartamento y…
- ¿UMMM? –la expresión y tono del barman estaban empezando a cambiar a uno algo irritado con tanto suspenso.
-…Y-Y pues…una cosa llevó a la otra y…
-Franky, ya estamos los dos muy mayorcitos como para andar contando las cosas con rodeos, ¡ASÍ QUE SOLO DILO YA, POR DIOS! –exclamó este con la paciencia ya agotada, apoyándose sobre la mesa cual abogado que detiene al auditorio.
- ¡OKEY-OKEY! ¡POS LA TERMINÉ BESANDO, ¿¡CONTENTO AHORA!?
No cabe decir que la expresión de Iceburg se volvió todo un poema. Era tan raro y cómico ver una cara tan claramente sorprendida pero tan tranquila e incrédula a la vez, que, si esto hubiera sido escena de una sitcom, de seguro todo el público estaría riendo en este instante.
-No tenía idea de que ustedes dos tenían esa clase de relación-solo pudo decir este tras recuperarse de la ¨bomba¨ soltada y retomar su postura erguida, mostrando ahora una expresión más serena, pero aún algo pasmada.
-Ese es el punto. NO tenemos esa clase de relación-recalcó él con un extraño tono entre pesadez y pena, ocultando parcialmente su rostro tras su mano.
-Mah, ciertamente. De hecho, aquel día me pareció que no os llevabais del todo bien-expuso el hombre al recordar los hechos, sin duda: cualquiera que los viera podía notar que no había muy buenas vibras entre ellos. Sin embargo, al rememorarlo todo y caer en cuenta nuevamente de lo contado por su amigo, dentro del barman surgió una profunda duda que no pudo contener-Pero… ¿por qué la besaste entonces?
Al oír dicha pregunta, Franky soltó un involuntariamente un corto ruido como de sorpresa.
- ¿Y BIEN? –repitió este con cierta insistencia, expectante por la respuesta.
Su amigo no dijo nada, pero pudo ver como el rostro de este empezaba a tomar una nueva tonalidad, lo cual lo llevó entonces a esconder su cara por completo tras sus dos manos.
-…N-No lo sé…-pronunció este tras unos momentos más de silencio, en el tono más bajo que el barman le había oído desde que lo conocía.
Iceburg estaba completamente atónito ante la escena, su amigo… ¡ESTABA CUAL COLEGIALA AVERGONZADA!
- ¡EH, TÚ! ¡YA! ¡PARA! ¡DEJA DE MIRARME CON ESA CARA! –le gritó Franky molesto al sentir la expresión condescendiente, paternal y divertida que este le mostraba ahora- ¡TE LO JURO! ¡NO ES LO QUE ESTÁS PENSANDO!
- ¿Entonces qué es? –dios, sí que este tenía talento para hacer preguntas que le descolocaran la cabeza.
-B-Bueno…E-Es decir…-tras varios instantes de incómodo silencio buscando sin éxito palabras para explicarse, el carpintero se dio por vencido y admitió entonces-…Sé que me atrae, ¿vale? No soy tan idiota como para no darme cuenta de eso yo mismo-al ver la sonrisa socarrona que mostró su compañero, Franky sintió unas fuertes ganas de atizarle, pero logró contenerse de ello y terminar diciendo-Pero ya lo viste: le caigo fatal, y más aún ahora después de eso.
-Mah, es verdad. Eso no fue un buen movimiento por tu parte.
-NO FUE NI SIQUIERA UN ¨MOVIMIENTO¨, BAKABURG-detalló este con furia contenida-Fue por impulso, no porque lo tenía planeado, créeme-aclaró con mustia simpleza antes de darle un necesitado sorbo a su bebida-En todo caso, no es eso de lo que te quería hablar.
- ¿AH NO? –expresó el peli-añil con curiosidad y clara sorpresa, siendo su tono un tanto cómico de oír.
-NO-recalcó Franky con molestia antes de retomar un tono serio y contar-El caso es que desde lo sucedido había estado yendo de vez en cuando por su escuela para…tú sabes, disculparme-aunque esto último lo dijo con cierta incomodidad.
-Mhn-Mhn-asintió este de forma algo ladina (lo cual molestó ligeramente al otro).
Haciendo caso omiso de ello, Franky continuó diciendo:
-La otra tarde…me la encontré hablando con un tipo.
- ¡OH POR DIOS! ¡UN RIVAL! –declamó este con medio fingida sorpresa, en un tono demasiado cómico, cual señora mayor que comenta todo lo que pasa en un capítulo de su telenovela favorita.
-EL TIPO…-el tono severo de su voz y la molestia contenida en su rostro le dejaron bien en claro a Iceburg que POR FAVOR dejara de jugar y le escuchara seriamente-…no tenía muy buena pinta. De hecho, si tuviera que decirlo: parecía el típico rufián de poca monta que cualquiera podría encontrarse en un callejón de la ciudad. Pero no sé por qué…ella parecía muy asustada con solo verle.
Al rememorarlo todo nuevamente en su memoria, y volver a ver aquel miedo tan profundo y extraño reflejado en sus pupilas, Franky apretó instintivamente sus puños con fuerza, tratando de mantener controlada una peligrosa furia contra aquel extraño hombre de quien prácticamente no conocía nada de nada. Al ver la reacción de su viejo amigo, Iceburg volvió a cruzarse de brazos y expresó sin más:
-Debe de haber más historia detrás de todo ello, sin duda.
Justo como había esperado, su frase fue suficiente para traer la conciencia del carpintero de vuelta al presente.
- ¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres? ¿Que averigüe sobre ese tipo? –inquirió este con simpleza.
-N-No, yo…le dije que no me entrometería en el asunto a menos que ella lo quisiera-aclaró con algo de incomodidad.
Entre el silencio del bar, habría quedado perfecto que sonara un grillo justo en ese preciso momento, pero no, lastimosamente el lugar tenía muy buena salubridad encima. En fin, a falta de grillo, el público tendrá que conformarse con la cómica expresión pasmada de Iceburg una vez más (y vaya que funciona, sí).
- ¿Y para qué me cuentas todo esto si no me vas a dar un momento de ¨agente informante buscando información confidencial¨? –preguntó el barman tras unos momentos de incómodo silencio, siendo su tono entre simple, curioso y ligeramente decepcionado.
Franky no pudo más que hacer un facepalm ante esa frase. Puede que haya logrado poner en orden sus pensamientos tras hablar con él, pero ahora tenía otro problema en manos: bajarlo de su añorada fantasía.
-Muchas horas más tarde, por los pasillos de la escuela-
-Ahhh, por fin libre-expresó Sanji con alivio mientras estiraba sus casi entumecidos brazos.
Había acabado de salir de la clase de historia, la cual (para el infortunio de todos) se había alargado mucho más de lo que debía…por décima vez en el mes.
(En serio, juro que ese profesor me tiene rabia)-pensó este con cierta molestia.
Y podría haberse puesto a decir las ¨mil y un maravillas¨ sobre él en ese momento, pero antes de que pudiera siquiera pensar en hacerlo, su teléfono vibró dentro de su bolsillo y llamó su atención.
- ¿Um? ¿Quién será? –se preguntó a sí mismo el rubio y sin más pensar, sacó su celular y tomó la llamada-Diga…
…Hola Sanji~…
No cabe decir que el mentado casi se atraganta con su propia saliva al reconocer inmediatamente a quién le pertenecía la voz al otro lado de la línea.
- ¿¡R-REIJU!? –no pudo más que exclamar este de la sorpresa.
Hacía realmente MUCHO tiempo desde la última vez que su…hermana lo llamó, por lo que si a estas alturas recibía una llamada suya…quizás las noticias no fueran del todo buenas.
-… ¿Pasó algo? –preguntó el rubio con tensa precaución tras unos instantes de silencio, siendo su pregunta simple, pero dicha de una forma innegablemente seria.
Sus palabras dieron lugar a un nuevo silencio, el cual, aunque fue muy corto, le pareció casi eterno a este al estar a la espera de un mal aviso.
-Moh, ¿es que una ya no puede llamar para saber cómo está su hermanito sin que este se piense que es el fin del mundo? –Sanji casi que se cae de lado al oír el tono de infantil queja con el que su hermana dijo esto. No le quedaba para nada.
-L-Lo siento…-dijo este por inercia.
Tras una corta risa y esbozar una simple sonrisa, su hermana profirió de forma serena:
-No tienes por qué preocuparte tanto, Sanji. Ni papá ni nosotros tenemos intenciones de romper esa promesa.
Al escuchar esa frase, el joven sintió como si un peso se quitara de sus hombros y liberara por fin el aliento contenido.
-Ya veo…-correspondió este simplemente, esbozando una tranquila media sonrisa.
Después de recostarse relajado contra la pared del pasillo, Sanji mantuvo una larga y agradable conversación con su hermana. Él le contó muchas cosas, sobre la escuela, sus amigos y el rumbo cómodo que seguía su vida, y ella le escuchó atentamente, encantada de conocer cada nuevo detalle.
-Oh, ¿ya es tan tarde? –dijo Reiju con ligera sorpresa al comprobar la hora en el reloj de su escritorio-Deberías irte ya, tienes que empezar a preparar la comida de la residencia pronto, ¿no?
- ¡AY MIERDA, ES VERDAD! –exclamó Sanji alarmado al ver su reloj de pulsera, casi saltando del susto.
-SANJI-por la forma en la que su nombre era dicho y recalcado, el mentado entendió el mensaje sin ningún problema: ¨No seas tan mal hablado¨.
-A-Ah, l-lo siento…-volvió a disculparse este por inercia, lo cual llevó a su hermana a soltar una pequeña risa divertida.
-Cuídate mucho, hermanito-expresó Reiju con un tono simple, dulce y fraternal.
-Lo haré-correspondió este de igual forma.
Pero antes de que la llamada por fin se diera por terminada, la peli-rosa recordó algo de repente y agregó:
- ¡Ah, por cierto! Casi se me olvida decírtelo, pero los chicos tienen pensado hacerte una visita próximamente.
- ¿¡QUÉÉÉÉÉ…!? –el grito del rubio resonó por todo el pasillo (puede que hasta se oyera en la dirección), y su rostro, era la propia definición de la palabra ¨espanto¨.
-Bueno, con eso sí ya sería todo. Adiosito~.
- ¡HEY, ESPERA, REI-! –obviamente, sus palabras se cortaron al sentir que la llamada se había cortado-Maldición…-no pudo evitar gruñir entre dientes, disgustado por el inesperado giro de los acontecimientos.
Toda la fastidiosa tensión liberada volvió de golpe a él, y con el doble de peso. En serio, de tan solo imaginar a esos tres tormentos andar por aquí…empezaba a sentir unas peligrosas y crecientes ganas de tratar de saltar desde el tercer piso en el que estaba.
-Maldita familia biológica-terminó por quejar en alto, molesto a más no poder por esta situación que, por mucho que quisiera, no podría cambiar.
-En área del club de kendo-
El lugar estaba prácticamente desierto, o por lo menos eso parecía a primera vista, pues cualquiera que se aventurara a acercarse lo suficiente, podría escuchar la robusta voz de un joven que procedía del interior del salón…misma voz que ella reconocía sin problema. Mantuvo sus pasos firmes pero silenciosos, no quería que él la llegara a descubrir antes de tiempo. Justo como imaginaba, al mirar al interior de la sala…lo vio practicando katas. Sus movimientos eran enérgicos, pero bien cuidados, muestra de su habilidad y esfuerzo acumulado por tantos años. En verdad, para todo aquel que seguía el camino de la espada: él era todo un ejemplo…quizás…fue eso lo que la llevó a posar su mirada sobre él en un inicio.
El sonido del abrir de una botella de agua la sacó entonces de sus pensamientos. Consciente de lo que acababa de hacer, la joven movió su cabeza con furor, queriendo deshacerse por completo de los restos de esas ideas furtivas en su mente. Lo sabe muy bien: no tiene sentido pensar en ello ahora. Y tras recuperar el coraje parcialmente perdido, sus pasos al fin se aventuran a entrar al interior del lugar.
…Sí que te esfuerzas mucho, ¿eh?…
Al oír esa reconocida voz a sus espaldas, el joven espadachín termina su sorbo y vuelve su mirada hacia atrás, solo para confirmar con ella que: sí, es ella quien está ahí.
-Oh, qué raro verte por aquí-saludó este con simpleza-Creí que ya habías reemplazado el kendo por tus tareas en el Consejo Disciplinario.
-No me gusta oír eso de alguien que casi nunca llega a las prácticas porque se pierde en el camino-reclamó la chica con un tono calmado, pero claramente molesto, el cual está también impregnado en su mirada.
Ante esa expresión que mostraba su rostro, Zoro no pudo evitar coincidir por un instante su imagen con la de su hermana…y ello, lo llevó a desviar instintivamente la mirada.
-Eso no es mi culpa…-se defendió él con un tono entre fastidio y ligera pena.
-No, claro, es culpa de tu GPS roto-expresó ella con cierto sarcasmo, cruzándose de brazos.
¨Tsch¨-chasqueó este la lengua, molesto porque sabe que no puede ganarle en esta discusión, por mucho que lo intente.
-Mah, en todo caso, yo ya me iba-detalló el peliverde, siendo el tono en sus palabras una extraña mezcla entre resignación y ligero aburrimiento-Así que te toca a ti cerrar la sala-expuso este sin más tras recoger sus cosas y dejar una pequeña llave sobre la mano de la chica.
Tashigi miró la llave sobre su palma con cierta incredulidad. ¿En serio? ¿Tan rápido iban a terminar su conversación después de tanto tiempo sin hablar? Ese pensamiento hizo crecer dentro de sí una pequeña furia. Rápidamente, ella levantó su mirada, dispuesta a ¨cantarle las cuarenta¨, pero…
- ¡OH MIERDA! ¿¡YA ES TAN TARDE!? –al ver con horror la hora en su celular y notar la increíble cantidad de llamadas perdidas por parte de la pelinaranja, la mente de Zoro recordó al fin un temita muy importante que hasta ese mismo instante se le había olvidado: había quedado esta tarde con Nami y Luffy para continuar haciendo la tarea en la biblioteca. Y al parecer…ya iba con más de una hora de retraso.
Inmediatamente, el joven espadachín se mandó a correr cual alma que lleva el diablo.
- ¡NOS VEMOS! –exclamó este como apresurada despedida en medio de su carrera.
El verlo pretender irse así sin más, hizo que la furia dentro de Tashigi aumentara con creces, pero lo que más la enfadó fue…el ver que este iba corriendo en la dirección equivocada…como de costumbre.
- ¡QUE NO ES POR AHÍ! ¡ES PARA EL OTRO LADO! –le gritó ella con fuerza desde su posición.
Enseguida, él paró en seco y cambió de dirección.
- ¡JEH, GRACIAS POR ESO, GAFITAS! –profirió este con energía y con un tono algo presumido, mirándola por encima del hombro, pero sin dejar de correr.
- ¡QUE NO ME DIGAS GAFITAS! –reclamó ella extremadamente molesta, no solo por ese estúpido apodo, sino también por la propia situación- ¡Y MIRA AL FRENTE CUANDO CORRES!
Nada más oír su frase, Zoro amplió su osada sonrisa y resopló con cierto aire de compañerismo, antes de seguir por fin sus palabras y volver su vista al frente. Ante esto, Tashigi dejó escapar inconscientemente un pesado y corto suspiro de resignación. Al ver su espalda alejarse en la distancia, su mente rememoró por un instante una escena parecida, la cual había tenido lugar hace realmente mucho pero mucho tiempo. Ante ese simple recuerdo, su expresión se volvió algo mustia. Sin darse cuenta, Tashigi terminó por recostarse ligeramente contra la pared del recinto, preguntándose en su mente: ¿por qué habían terminado así?...
-En la biblioteca-
-LO MATO. EN CUANTO LLEGUE, JURO QUE LO MATO-magulló entre dientes la pelinaranja, reprimiendo con fuerza una gran ira en su interior mientras iba tomando más y más libros de las estanterías.
Ciertamente, era tedioso tener que hacer la tarea en la biblioteca (y encima teniendo a esos dos como compañía), pero como algunos de los libros de referencia no podían pedirse prestados, no tenían realmente otra opción. ¨Ahhhh¨-dejo escapar un largo suspiro de cansancio. En serio, ¿por qué tenía que pasar siempre por estas problemáticas situaciones?
-Es una maldición, sin duda-comentó esta al aire con simpleza, siendo su frase una extraña mezcla entre broma y pesimismo.
Tras comprobar que había tomado todos los libros que estaba buscando, la joven se dirige de vuelta a la mesa que actualmente está ocupando.
-Yoh Luffy, ¿lograste avanzar-? –su afable pregunta se corta inmediatamente al ver el estado de su compañero- ¡PERO SI ESTÁ DURMIENDO! –exclamó muy molesta, pero por suerte, logró mantener lo suficientemente bajo su tono de voz.
Con su cabeza rendida sobre la mesa, sus ¨suaves¨ ronquidos, un hilo de baba saliendo de su boca y con una pequeña burbuja inflada en su nariz, no importa por dónde se viera: estaba completamente dormido.
(Mira que es…)-Nami alzó su puño peligrosamente, sintiendo unas fuertes ganas de atizarle y despertarlo, y ciertamente: el morocho medio que se lo merecía.
Sin embargo (para la suerte de este), logró contenerse de ello. Tras soltar un corto suspiro entre cansado y resignado, la pelinaranja retomó su puesto en la mesa, justo enfrente de su compañero dormido. Tenía que despertarlo, pues debían seguir trabajando (además, sus ronquidos eran una clara violación natural de la regla de silencio en la biblioteca).
-Oi Luffy, ¡LUFFY! –movió esta su hombro en pos de despertarlo.
Pero no funcionó, el morocho solo hizo una especie de gruñido y siguió dormido.
- ¡L-U-F-F-Y! –insistió ella con más fuerza, esforzándose mucho por mantener su voz en el límite del tono permitido.
-…Mmmnnhhhh…-se revolvió este en su lugar con cierta incomodidad y entonces murmuró entre sueños-…Carne…
(Es increíble. ¡Piensa en comida hasta dormido!)-pensó Nami con una expresión de cómica incredulidad.
La mirada de la pelinaranja recorrió otra vez el rostro dormido de su compañero: su expresión tan relajada que parecía no tener ningún problema en la vida, su curiosa cicatriz, su desordenado cabello negro y su rostro tan pueril; si tuviera que compararlo con algo seguro diría…
(Pffft, parece un niño en toda regla)-contuvo esta una pequeña risa ante dicho pensamiento.
Tras unos largos segundos de mantener su vista fija sobre el desordenado pelo del pelinegro, la pelinaranja empezó a sentir unas incontrolables ganas de tratar de peinarlo, pero no más levantar su mano y acercarla a este…otra la detuvo en el acto (causándole un tremendo susto en el proceso).
-Ummm, ¿are? ¿Nami? –pronunció Luffy aun soñoliento, levantando levemente su cabeza- ¿Qué estás haciendo?
- ¡N-NO, NADA EN ESPECIAL…! -correspondió esta algo nerviosa- (Podrá ser que… ¿no le gusta que le toquen el pelo?)
- ¿Ah sí? Ahhhhhhh-soltó este su mano para tapar su gran bostezo y tras estirar un poco sus brazos preguntó- ¿Y? ¿Ya nos podemos ir?
- ¡NO HEMOS TERMINADO NI LA MITAD TODAVÍA! –le reclamó ella con una tenebrosa cara enojada y dientes de tiburón-Venga, hay que continuar trabajando.
- ¿EEEEEEEHHHHHHHH? –quejó este cual verdadero niño pequeño que claramente no quiere seguir una actividad.
-Nada de ¨ ¿EEEEEEEHHHHHHHH? ¨-replicó Nami con clara pero controlada molestia-Vamos, termina de transcribir ese párrafo-demandó esta firme al señalar el ejercicio en el que lo había dejado antes de irse.
El morocho hizo un puchero, pero al final se dispuso a seguir sus instrucciones. Al verlo por fin ¨dispuesto¨ a retomar el trabajo, la pelinaranja dejó escapar un ligero suspiro. En serio: trabajar con ese par de tontos era toda una ¨aventura¨.
-En la residencia-
Tras cambiar su uniforme por una ropa más cómoda y cerrar la puerta de su escaparate, Kohza no pudo más que soltar un cansado suspiro, exhausto por el día. Un nuevo cuarto, un nuevo uniforme, nuevos maestros, nuevos compañeros, una nueva rutina…en tan solo unos pocos días, todo en su vida había dado un giro. Un reencuentro con una vieja amiga, enemistarse sin querer con su novio, conocer a una amable señorita en su trayecto a su nueva residencia, ser uno de los celebrados en una bulliciosa (y exquisita) cena, tratar de ¨enmendar¨ su situación con el novio de su amiga, tratar de consolar a esta tras encontrarla llorando sola bajo la luna…y despertar en un nuevo día por vivir. En serio, los hechos habían pasado frente a sí tan rápido, que casi se sentía mareado por ello…
¨Ahhh¨-volvió a suspirar con pesadez. Al parecer ¨socializar¨ iba a ser mucho más difícil de lo que esperaba. ¡No lo tomen a mal! A él no le desagradaban para nada sus compañeros de la residencia, es solo que…todos parecían tan unidos que…no podía evitar sentirse como intruso, un extraño en un espacio que no debía ocupar…
Cada vez que ese pensamiento volvía a rondar por su cabeza, su expresión se tornaba un tanto mustia…pero al darse cuenta de ello, este siempre la hacía un lado y se apresuraba a recuperar su serenidad.
(No tiene sentido pensar en eso ahora)-se decía a sí mismo este cada vez que pasaba.
Como de costumbre, el joven moreno se dispuso a hacer sus tareas asignadas. Sacó sus libros y libretas de su mochila, pero al abrir su cartuchera se dio cuenta de un pequeño problema: su goma de borrar se había convertido prácticamente en un grano de arroz.
-Uy-no pudo más que decir este, ¿y ahora qué hacía?
De repente, una idea vino a su mente. Si mal no recordaba…Usopp, su compañero de habitación, tenía un montón de gomas, lápices y demás utensilios de dibujo guardados en una de las gavetas de su mesita de noche.
(Bueno…supongo que no le importará que tome una prestada)-pensó Kohza.
Sin más dilación, el joven moreno se dispuso a abrir la mentada gaveta, pero para su desconcierto…esta no se abrió.
(¿Are? ¿Estará trabada o algo?)-se preguntó este extrañado.
Entonces, el joven tiró con más fuerza de la gaveta, y para su suerte (o más bien desgracia) esta vez sí se abrió, pero…digamos que no fue de una manera muy…¨suave¨ que digamos, lo cual provocó que esta se saliera de la mesita y botara todo su contenido en el proceso.
-Rayos-pronunció este algo alarmado.
Rápidamente, Kohza se agachó a recoger los diferentes papeles, lápices y demás cosas esparcidas por el suelo, pero se paró en seco al tomar en manos el dibujo de una chica que le resultaba demasiado familiar.
-Esta es…
Sep, no había duda alguna: era la misma chica que había venido con él en el autobús para la residencia.
(Pero… ¿por qué hay un dibujo de ella aquí?)-no pudo evitar preguntarse, sin embargo, al recoger más papeles (y verla a ella en prácticamente todos) su mente pronto encontró la respuesta.
-Ah, ya veo-profirió este sin más- (Siento que acabo de ver algo que no debería…)-pensó con pena y cierta incomodidad- (…Será mejor que lo guarde rápido)
Pero como ya os podéis imaginar, el pobre chico no pudo continuar su acción, pues el sonido del abrir de la puerta y la oportuna entrada del artista moreno…sellaron su ¨destino¨. No cabe decir que a Usopp casi que le cae la quijada al ver la escena, ¡y qué decir de Kohza! En pocas palabras: estaba más blanco que el Gasparín.
Ambos muchachos permanecieron silentes sobre sus lugares por VARIOS instantes, con las bocas abiertas como si hubieran acabado de pegar cada uno un grito, hasta que por fin Usopp se cubrió su cara (coloreada por la vergüenza) y dijo:
-No hay duda: ESTOY MALDITO.
-Donde Robin-
La bibliotecaria estaba muy cansada, no solo por haber pasado otro extenuante día de trabajo y relleno de papeleo, sino también por la tensión de los hechos vividos hace poco: su reencuentro con ¨aquel¨ tipo. De tan solo recordarlo…se le hacía un nudo en la garganta y sus manos comenzaban a temblar. ¿Qué debía hacer? No…más bien… ¿QUÉ PODÍA HACER? Por más que lo pensaba, cualquier acción que se le ocurría solo ponía en peligro a sus alumnos…y las que le quedaban…no le gustaban para nada.
Sabía que debía hacer algo antes de fuera demasiado tarde, pero el propio saber de ir contrarreloj, provocaba problemas en su pensamiento. El miedo y la inseguridad habían vuelto a ser sus más fieles compañeros, y la acompañaban a todas partes a cada momento.
En un intento de escapar de esas ideas y tratar de recuperar un poco su energía drenada a lo largo del día, Robin se dejó caer sobre la cama e intentó dormir. Como deseó, el sueño vino pronto a sí…pero lo que vio en él…no fue algo placentero…
A veces los sueños recrean en nuestra mente recuerdos de nuestro pasado, eso Robin lo sabía, pero…en verdad hubiera querido no revivir precisamente esas memorias…El funeral de su madre, su llegada al orfanato, su infancia solitaria, su salida del orfanato, su difícil día a día tratando de sobrevivir, su primer encuentro con él, su ingreso a su ¨círculo¨, su participación en sus diversos ¨proyectos¨, el inicio de su ¨relación¨…Todos y cada uno de estos recuerdos que veía entre sueños…eran realmente cosas que hubiera preferido olvidar…
Cuando ya su mente no pudo soportar las visiones de su pesadilla, la hizo despertar abruptamente. Su respiración era irregular y por su cuerpo recorrían ríos de sudor frío. Al mirar sus manos para confirmarse que estaba de vuelta al presente de su realidad y ver sus manos temblar, Robin sintió que la invadía un profundo sentimiento de impotencia. Sintiéndose sola y fría en su amplia habitación, Robin estrechó sus piernas contra su pecho, tratando de aliviar al menos un poco su tortuoso dolor. Después de varios minutos de inactividad y silencio sepulcral, su mirada empieza a recorrer sus alrededores como una niña perdida en busca de algo que la ayude en su camino…y entonces lo vio: ahí, sobre la mesita de noche de al lado de su cama, estaba aquella tarjeta que él le había dado.
Sin pensarlo, su mano se alargó para tomarla, pero al casi tenerla, esta retrocedió casi por instinto. No…no, no, no, no estaba bien involucrarlo a él en esto…pero…en verdad sentía que…si seguía así…todo esto…terminarían matándola por dentro…
Reuniendo todo el valor que podía, tomó por fin la tarjeta en manos y releyó la información en ella…Odiaba tener que hacer esto, pero…quizás era momento de aceptar la oferta del electricista.
N.A: Ejem, primero que nada: MIL PERDONES POR LA LARGA ESPERA. En serio, prácticamente dos años de inactividad. Ufff, aquí es cuando puedes poner el meme de: ¨te convertiste en aquello que juraste destruir¨ X3. No es que me haya olvidado de esta historia, es solo que…pues…por un tiempo se me fueron las ganas de continuarla y quise empezar a escribir otras cosas. Por momentos me regresaban las ganas de retomarla, pero como sabía que me faltan un MONTÓN de cosas para llegar a los puntos ¨clímax¨ de la trama, se me volvían a ir. ¿Qué puedo decir? Tiendo a pensar en historias con una larga duración…pero como soy vaga termino por quedarme a medio camino XD. Bueno, a partir de ahora trataré de continuarla (aunque todavía no tengo idea de cuánto demore en hacerlo), porque en verdad le tengo demasiado cariño como para dejarla así. En fin, un deseo de salud para ustedes y familiares, y, sin nada más decir: ¡espero nos leamos pronto (o al menos este mismo año XD)!
