Es muy importante para mí que se sepa que releí todo este drama y que me encanta pero que sigo sin tener idea de cómo continuar. Es decir, yo tenía todo planeado de forma distinta. Pero más que nada, culpo a Robercox porque leo y leo y leo. Y LEO y leo y sigo amando "pretendamos". No sé qué le pone a lo que escribe que sueño con cada palabra, cada frase. Lo hace con tanta cadencia que prefiero leerlo que escribir. Así que de verdad si no lo han leído, háganlo: Pretendamos de "Robercox". Ahora sí, disfruten esto.
CAP. XVI: "DISTANCIA"
Cambió por tercera vez la hoja que tenía en uso, las líneas erróneas de su escritura anulaban el documento. Estaba desconcentrada como pocas veces ocurría. Si debía responder, no quería estar ahí. Aunque tampoco fuera.
Se encontraba ansiosa.
Era el tercer día que pasaba sin hablar con Nami. Era el tercer día que ella la ignoraba y era el tercer día que la corista era citada por las hermanas por asuntos ajenos a su jurisdicción.
—Imposible – dijo finalmente regresando a la realidad cuando el próximo cambio de hoja ya no ocurrió debido a la falta de papel.
Suspiró y se levantó de su asiento para dirigirse a la puerta, todo aquello era clara señal de que debía salir de aquel lugar antes de terminar asfixiada y encolerizada por tanto error. Se dirigió a la bodega de Spica donde encontraría papel de repuesto, después quizá ordenaría un té en la cafetería. En realidad cualquier cosa sería mejor que mantenerse encerrada pensando. Tenía un sentimiento latente que estaba segura de que provocaría el caos si lo dejaba manifestarse desde su mente.
Obtener el papel fue sencillo, como líder del campus tenía acceso a cada puerta. Asistir a la cafetería fue un poco más escandaloso, entre los murmullos de quienes la reconocían de otras escuelas y la tensión que provocaba en estudiantes de Spica, se replanteó el ir a un lugar público para solo beber té.
Cuando la bebida le fue servida reconoció que después de todo era el único lugar donde encontraba tan buen sabor, solo recordaba dos infusiones más deliciosas que esa, la que solía preparar Chikaru… y la que había inventado Nami, para Shion.
Aquel pensamiento la sacó completamente de balance y el agrio sabor del recuerdo en la circunstancia que se encontraba, la hizo dejar de lado la bebida.
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Regresó a la oficina del consejo estudiantil con el paso más lento que pudo mantener. No estaba segura de querer volver a lo mismo y no encontraba una distracción suficientemente efectiva fuera. Chikaru ni siquiera estaría los próximos dos días por la excursión anual de Lerim.
Resignada suspiró y dirigió sus pasos a la entrada del campus, el camino hacia el consejo fue más ligero una vez estuvo en el edificio. Cuando entró a su oficina un aroma conocido la hizo detener su paso, reconocía a quien pertenecía aquel perfume pero evidentemente solo estaba ella.
— ¿Nami?
Una sutil risilla la hizo girar hacia el ventanal, detrás del muro. De aquel rincón salió la peli azulada con las manos cruzadas detrás de sí.
— ¿De verdad?
Shion la miró sin perder detalle.
— ¿Tienes cámaras ocultas en tu oficina o algo así?
Shion no dejó de observarla.
— Estaba detrás del muro. ¿Cómo podrías verme?
Shion cerró por fin la puerta y se dirigió al escritorio para dejar el paquete de hojas en él.
— No te vi.
Nami la siguió con la vista antes de destinar sus pasos cerca de Shion, pero no pudo pedirle que le explicara. De hecho, ella no debía estar allí, con ella, entablando conversación más casual.
Shion entendió que aquella mirada era una pregunta.
—Tu perfume. Siempre usas perfume cuando estás estresada, triste o eufórica.
Pero esa respuesta no era algo que Nami esperó. Ni siquiera en su fantasía más perversa hubiera podido poner esas palabras en labios de Shion. Ni siquiera en todas las noches en las que deseó ser ella y no Chikaru la que habitara el corazón de la rubia, ella pensó en algo así como conversación entre ambas.
Porque era verdad.
Porque ese era un detalle en ella que ni siquiera controlaba, que funcionaba de la siguiente forma: sus emociones se desestabilizaban y ella solo roseaba un poco de loción en sus muñecas. Se trataba de una especie de ritual. Como quien cree mirar un fantasma o demonio y reza. O como quien se marea y consume limón. Quizá como a quien el picante le afecta y bebe agua deprisa. No estaba segura de cuándo había sido la primera vez que hizo aquello, solo sabía que olía aquel perfume y encontraba sencillo calmarse. Era como encontrar una muy dulce compañía a través de su olfato.
Odió que Shion expresara todo aquello en tan solo nueve palabras. Odió haber ido donde sabía que estaría Shion. Odio encontrar que de hecho no estaba Shion. Odio tomar la primera excusa que se le presentó, minutos antes, para mirar a Shion. Odio amar, desde hace muchísimos años ya, todo de Shion.
— ¿Necesitas algo?
En realidad, a Shion se le conocía erróneamente como la reina de la nieve. Atribuía la imagen que proyectaba a un padre severo pero orgulloso de ella, que esperaba todos los logros por parte de su primogénita. Cuando se fijaba una meta, ya no había poder humano que la apartara del camino hacia el destino fijado, tampoco le era sencillo hacer amistades, solía intimidarlas con las charlas tan intelectuales que gustaba mantener, incluso su objetiva forma de ver la vida la hacía parecer muy poco a una adolescente apenas aprendiendo sobre el mundo. Lo único que ella tenía era precisamente a Chikaru y a Nami. La idea de perder a alguna de ellas la hacía perder el balance. Como ahora. Porque desde la última vez que habían hablado, la peli azul no había siquiera mirado a la rubia, quien asumió que todo tenía su origen en el beso que se habían dado, también en el reproche que le había hecho después.
El pecho le punzó, perder a Chikaru la hizo olvidarse de la misma Nami, quien en respuesta la dejó de lado a ella, después.
— Sí. De hecho sí.
La rubia era orgullosa, era temperamental a un punto infantil, no medía consecuencias y medios para lograr sus objetivos, pero era estrictamente leal con sus afectos.
— ¿Qué es?
— Solo un libro. Recordé que lo vi en tu biblioteca y por eso vine. De hecho, lo he visto ya. Si no te molesta…
— Incluso los libros de esta oficina pertenecen a las estudiantes de Spica. Toma los que necesites.
— …Bien.
El suspiro de la joven corista no pasó desapercibido para Shion, quien no hizo nada para evitar que la tensión volviera entre ellas. Si debía dejar reposar a su amiga todos aquellos eventos para un día, con suerte no muy lejano, poder hablar con ella una vez más, entonces resistiría, con el valor de un guerrero, la tentación de pedirle que la acompañara o debatiera con ella como tan maravillosamente lo hacía con cualquier tema. Sonrió anhelando esos días una vez más y se levantó cuando ella tuvo el libro y preparó su marcha.
— Se lo agradezco, presidenta del consejo estudiantil.
Al final, para la chica de cabellos azules, tomar la excusa de asistir al consejo estudiantil cuando nadie más quiso hacerlo por temor a Shion, había sido un riesgo fútil, quizá un acto masoquista porque, ahora sentía que la amaba más, que acababa de notarlo y que retirarse era solo forma de llamar a lo que en verdad hacía: huír. Porque daba la casualidad de que si no escapaba ahora mismo, iba a besar a la presidenta con tanta pasión que le tatuaría en los labios su nombre. Es lo que quiso hacer desde que la escuchó descifrar su secreto sobre la loción.
— No es problema. Dime si puedo ayudarte con algo más.
Shion acompañó a su amiga (quizá ex amiga) a la puerta. Se aseguraba de que pudiera llegar a la salida sin perderse en el trayecto. Podía ser eso o solo que quería estar junto a ella unos segundos más. También podía sugerirse que a sus más hondos pensamientos la idea de darle espacio no le parecía tan acertado al final el día, podía detallar minuciosamente la razón de su acción pero la única realidad era que estaba feliz, incluso emocionada de que estuviera ahí porque eso era la más clara señal de que no la odiaba, lo que le devolvía el alma al cuerpo y la estabilidad a su mente. Por ahora dejaría fuera de juego a lo que su corazón sentía.
—Shion.
Porque si su corazón hablaba, le diría que lo que él buscaba con su acción, era que Nami, en uno de sus ya conocidos arranques, el de hoy influenciado más bien por las palabras y actos de Shion, resultaran en un nuevo asalto a sus labios. Un beso cargado de toda la pasión que sentía esa chica por la rubia.
El corazón de la presidenta diría que quería a Nami cerca, atándole el cuerpo con ambos brazos, presionándose contra ella en busca de un contacto mayor, ojalá de una fusión permanente, no tan fugaz como el calor que se le esfumaba apenas Nami se le separaba.
Si su corazón pudiera hablar, entonces diría que lo que estaba pasando ahora, era exactamente el motivo por el cuál Shion había acompañado a su amiga a la puerta.
Y luego Nami tendría que admitir, que por más que había luchado contra lo que sentía, el amor que le tenía Shion no había hecho sino dispararse como consecuencia de aquella tortura a la que se sometió por sí misma.
Pero al separarse, aún con la sensación de los labios de la rubia sobre los de ella, abrazándole la cintura con fuerza por temor a ser alejada, la miraría a los ojos y confesaría algo más:
—Me voy a transferir de Spica en un mes.
Muy bien, el fanservice de este capítulo fue más mi forma de retomar la historia. Confío en que los demás episodios podrán de nuevo abarcar al resto de protagonistas porque por más que me pregunto por qué, mi realidad es que tengo una obsesión bastante fuerte con Shion.
Gracias por leer. Estoy de regreso.
