Este día que se suponía era, era el más importante por ser su primer día de escuela. Se levantó tarde porque no escuchó la alarma, no pudo desayunar y con trabajo había tomado la caja de macarrón que su padre le dio para repartirlas a su clase.
Tanto para hacer amigos como para promocionar la panadería.
Pero la caja cayó al suelo al evitar que a un hombre de la tercera edad fuese atropellado.
Su día, había iniciado con el pie izquierdo.
Suspiró, mirando con pena como algunos macarrones estaban destrozados. Pero bueno, no podía llorar sobre leche derramada. Además de que su máxima prioridad ahora, era llegar a clase.
Y también, rogar porque la molesta de Chloé Bourgeois no estuviera en la misma clase.
- ¡Corre Adrien o llegaremos tarde!
Al parecer no era la única llegando tarde al primer día de clases, fue lo que pensó al entrar al aula y hacerse a un lado para evitar tirar otra vez la caja de macarrones aparte de no querer tropezar con los chicos. Aunque al tratar de hacerse a un lado, sus pies se enredaron.
Genial, pensó mientras cerraba los ojos y trataba de salvar la caja. Sin embargo, y para su sorpresa, el piso no la recibió o más bien, su trasero y la caja no resintieron la caída.
- Lo siento, ¿Te encuentras bien?
Lentamente abrió los ojos, encontrándose con una mirada esmeralda que la miraba con lo que le pareció, curiosidad. Por un momento, las cosas a su alrededor parecieron no estar como si ese instante se hubiese detenido el tiempo.
¿En qué estás pensando Marinette? ¡Respóndele!
- Ah, eh, ¿Sí?
Félix arqueó una ceja –. ¿Por qué estás dudando de tu propia respuesta?
- Yo… L-Lo siento, esto m-me tomó por sorpresa.
-… Rara – fue lo que pensó, tras comprobar que ella se encontraba bien para alejarse un poco –. Ya veo.
- Um – habló Adrien, un poco tímido entregándole la caja con los macarrones que estuvieron por caerse al suelo –, esto casi se te cae.
- ¡Dios mío, muchas gracias! – Marinette inmediatamente se acercó a Agreste, tomando con cuidadola caja y comprobando si no se habían roto más las galletas. Suspirando aliviada tras revisar el contenido, sonriéndole en agradecimiento –. De verdad te agradezco, no sé qué haría si se hubieran roto más.
Adrien sonrió –. No fue nada, de verdad.
- Cierto. Este… Muchas gracias por no dejarme caer – le agradeció a Félix, con una sonrisa avergonzada pero genuinamente agradecida.
- Ten cuidado de no volver a enredar tus pies para la próxima.
Sabía que él tenía razón, pero no era como si a ella le gustara enredar sus pies a propósito así como ser torpe. Marinette lo miró ceñuda, borrando su sonrisa.
- Gracias por el consejo, porque me encanta enredar mis pies.
- Vaya, que extraña resultaste ser.
Adrien quiso intervenir, pero su cuello fue rodeado por un par de brazos mientras era llamado por un apodo cariñoso por a quien hacía tiempo también no veía, su amiga de la infancia, Chloé Bourgeois. Sonriendo un poco incómodo por tan efusivo abrazo –. Hola, Chloé…
- ¡Adrikins, me hubieras avisado que vendrías!
- Uh, bueno…
- Este chico vino conmigo, Bourgeois – habló Félix, separando a su primo de aquella rubia molesta. Sonriéndole con burla al recibir su mirada de disgusto –. Y no es como que Adrien esté obligado a avisarte, ¿O sí?
- Ugh, tú…
- Si nos disculpas, iremos a sentarnos. Con permiso.
Marinette miró en silencio como Félix y Adrien pasaban de largo a una furiosa Chloé, dirigiéndose a las bancas para sentarse. Siendo ella también quien en silencio, buscara un lugar donde sentarse antes de que la maestra entrara; tomando asiento al lado de quien en pocos minutos se convirtió en su primera amiga, Alya Césaire.
- Oh, debí haberles ofrecido un macarrón también – pensó Marinette, haciendo una mueca. Para después sonreír levemente –. Bueno, tal vez después de clases pueda hacerlo – concluyó para sí, prestando atención a la presentación de la maestra para así, comenzar las clases.
A pesar de que ambos conocieran a la fastidiosa de Chloé Bourgeois, los dos la habían tratado amable… A excepción de Félix con sus comentarios sarcásticos.
Suspiró, bueno, las personas no son perfectas.
Mientras que en otro lugar, alguien ya tenía contemplado quiénes serían los nuevos portadores de aquellos Miraculous. Sonriendo a la vez que se alejaba del Colegio Françoise Dupont.
