Ir a la escuela y ver en los animes la escuela, era algo completamente distinto y se sentía tan bien estar en otro lugar que no fuese su casa. Donde pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado, y aunque a veces saliese para sesiones de fotos, entrevistas o pasarelas, el tiempo que tenía de estar en otros sitios que no fuesen su jaula, era corto y contado.
Y aunque también el tiempo en la escuela no fuese tan prolongado, era suficiente para sentirse libre y como cualquier adolescente de su edad.
Le estaba bastante agradecido a Félix por esta oportunidad.
- Félix – lo llamó antes de levantarse de su asiento como su primo lo estaba haciendo para salir del salón de clases e ir al receso. Félix lo miró, esperando a que él terminase de hablar pese a que todos los demás estaba saliendo del aula –, gracias.
Sabía a qué se refería, era obvio para él pero de sólo recordar el hecho de que fue su tío el que le privó de este derecho le hizo bufar con molestia –. No deberías agradecer por un derecho que siempre has tenido, Adrien. Y mi tío debe entender eso… ¿Qué va a pasar el día en que él ya no esté? – suspiró, negando con la cabeza –. Bueno, vamos a desayunar.
- Entiendo… – sonrió levemente, entristecido. Félix revolvió sus cabellos, sorprendiéndolo.
- Disfruta de la escuela… Y si todo sale bien a la hora de la salida y no nos atrapa tu padre, podremos pasear un rato, ¿Sí?
- Pero, ¿No nos meteríamos en más problemas?
-… Tal vez – se encogió de hombros y sonrió picaresco paulatinamente –. Aunque soy yo quien tiene la culpa y me haré responsable. Así que no te preocupes y déjaselo todo a tu primo – palmeó su hombro, sonriendo con confianza.
Era consciente de que esto también podía traerle problemas a su mamá, y que posiblemente, Gabriel pudiera correrlos de la casa. Aunque igualmente, esperaba que su mamá supiera ver detrás de sus acciones y echarle una mano; técnicamente, estaba apostando porque su primo pudiese ir a la escuela y tener un poco más de libertades. Arriesgándose en el intento.
Cuando realmente no debería hacerlo y no era asunto suyo.
Pero era su primo, todavía le tenía estima y lo quería; si le diera la espalda cuando él claramente necesitaba ayuda, en este caso un poco de libertad, él…
- ¿Félix…?
- Ah, disculpa. Vamos – sacó el improvisado desayuno que había preparado con antelación para ambos y bajando las escaleras (pues ambos fueron a sentarse al fondo, a la izquierda) se dirigieron a la puerta del aula.
- Creí que querías invitarles un par de macarrones – comentó un poco confundida Alya, dándole una mordida a su sándwich.
Marinette suspiró, llevándose uno de los mencionados macarrones a la boca y masticándolo con pesar.
Por supuesto que quería regalarles uno macarrón a ambos chicos que le habían ayudado en la mañana, en una muestra de agradecimiento. Además de tal vez, amistarse con ellos; pero su timidez no ayudaba al igual que los escenarios imaginarios que su mente empezó a crear y con ello, las dudas surgieron en ella cual géiser.
¿Si se acercaba a ellos la recibirían o la rechazarían? ¿Y si en realidad eran iguales o peores a Chloé? ¿Se molestarían si ella se acercaba a ellos? ¿Y si se volvía a tropezar y ellos se reían? ¿O si decía algo que no debería decir? ¿Y si se le trababa la lengua?
Alya suspiró y con una sonrisa amistosa palmeó su espalda, haciendo que Marinette la volteara a ver con la ansiedad reflejada en sus facciones.
- Sólo inténtalo, Marinette. Intentándolo sabrás la respuesta… Además, no creo que ellos sean iguales a Chloé.
- ¿Cómo estás tan segura de eso, Alya? ¿Qué pasa si todo fue un mero acto?
- Tú confía en mí chica. Y si no vas, tal vez Chloé lo haga – miró la pantalla de su celular y luego a la pelinegra –. Aprovecha que todavía falta para que acabe el descanso.
Marinette la miró un momento para desviar su atención a la caja que descansaba en su regazo, y tomando aire y valor, se levantó de la banca donde estaban sentadas y ubicando a ambos chicos –quienes estaban sentados en el tercer escalón de las escaleras de la segunda planta– a la vez que sostenía con firmeza la caja además de cerciorarse de que nada ni nadie chocara con ella, caminó hacia ellos.
Poniéndose nerviosa al finalmente estar frente a ambos primos, quienes la miraron. Siendo Adrien quien le sonriera amable.
Bien, no la habían rechazado como pensó.
- Ah… Yo… Q-Quería agradecer por lo de esta mañana porque no pude – empezó, alternando su mirada de Adrien a Félix, temblando ligeramente de los nervios –. Y yo, eh… ¡Pueden tomar un macarrón si quieren! – extendió abruptamente la caja hacia ellos, en lo que parecía una reverencia exagerada.
Tanto Adrien como Félix se habían sobresaltado por la repentina acción de la chica, parpadeando para despejar la sorpresa inicial y darle una respuesta a la pobre chica que, se notaba se esforzó por venir hasta donde estaban ellos y hablarles.
Adrien no pudo evitar comparar a Marinette con las chicas del anime que había visto, esas que por la timidez reaccionaban de forma exagerada pero que eran tiernas en realidad. Haciéndolo sonreír enternecido y divertido en parte iguales; en cambio Félix, no entendía por qué ella reaccionaba tan exageradamente pero con esto pudo confirmar que ella era demasiado rara. Y le estaba incomodando la postura que estaba haciendo en ese instante.
Por lo que carraspeando, se levantó de su lugar y tomó con cuidado la caja –. Aceptamos tu agradecimiento… Pero, ¿Podrías dejar de hacer esto? Me refiero a la exagerada reverencia que estás haciendo.
Marinette levantó la mirada y cabeza, con las mejillas enrojecidas por la vergüenza.
- L-Lo siento.
- Está bien, no pasa nada… Tampoco tienes por qué estar tan nerviosa – murmuró, serenándose y conteniéndose de suspirar. Las personas de Francia eran extrañas –… ¿Quieres sentarte con nosotros? – preguntó cortés, mirando a la cabizbaja y nerviosa chica y de reojo a su primo quien los había estado mirando en silencio, curioso.
La pelinegra levantó la mirada paulatinamente, sorprendida por la invitación. Félix desvió su atención a otro lado, nunca había sido muy bueno lidiando con las personas, especialmente con las chicas; incluyendo también a Chloé, cuando la chica de pequeña no estaba de engreída y era más risueña.
Marinette boqueó y parpadeando para no dejarse llevar por la emoción, le dirigió una mirada a Alya. Quien únicamente levantó el dedo pulgar con una sonrisa.
- ¿De verdad puedo…?
- Es sólo si quieres, pero sí, puedes.
- S-Sí quiero y, eh, ¿Puedo invitar a mi amiga también?
Félix miró a Alya de reojo y luego a Marinette, pronunciando un vago "Sí". Que sólo hizo sonreír contenta a Dupain-Cheng, quien le confió la caja de macarrones y fue a donde Césaire estaba; Félix suspiró, antes de volver a su sitio a lado de Adrien quien parecía ilusionado y hasta emocionado.
- ¿Entonces ellas van a comer con nosotras? ¿Cómo en los animes de escuela?
Graham de Vanily sonrió de medio lado a su primo, divertido por comparar la realidad con sus animes.
- Sí Adrien, aunque esto es real y esta es una escuela francesa. No japonesa.
- Lo sé, lo sé – respondió, tomando uno de los macarrones de la caja que su primo le dio. Dándole un mordisco –. Por cierto, debiste preguntarle su nombre.
- Ah, sí – respondió desinteresado, dándole un mordisco al macarrón que sacó de la caja. Convivir con otros chicos de su edad no le llamaba mucho la atención y sólo lo estaba haciendo por su primo –. Eso se lo vas a preguntar tú.
Adrien se puso nervioso.
- No puedo hacer todo yo, Adrien… Sólo piensa que eres como uno de esos personajes del anime ese del que me hablaste, Hori…
- Horimiya – respondió en un suspiro, jugando con sus manos, inquieto –… Estoy nervioso, Félix.
- ¿Y crees que yo no? Sabes que no sé cómo tratar a las chicas, pero me viste intentarlo… Si pudiste escapar de tu casa y venir a la escuela, entonces también puedes hacer amigos… O amigas, lo que sea.
Adrien le sonrió nuevamente agradecido y Félix fingió no notarlo, mirando a la rarita y su amiga dirigirse a donde estaban.
Y Félix pensó que tal vez no todo lo estaba haciendo por Adrien, sino por él también. Para dejar de ver colores monocromáticos y grises, y ver algo de color. Tal vez.
