Disclaimer: Los personajes son de Meyer, la historia es mía.

- ¡Isabella Marie Swan llegarás tarde a la escuela!

Desperté rápidamente después del grito acompañado de un golpe a la puerta, la orden no fue lo que me sorprendió, la voz de Charlie Swan sí. Él estaba muerto, no lo había visto 6 años antes de eso. Otro golpe en la puerta me hizo correr hacia allí y entre abrir la puerta. Mi mirada chocó con la intensa mirada de chocolate de mi padre. No esperaba los nervios, el cariño ni la melancolía. Sus ojos se arrugaron un poco, cuando me sonrió.

- ¿Bella? ¿Estás planeando faltar a clase?- Cuando no conteste, volvió a preguntar.- ¿Te sientes bien?

- ¿La escuela?...- Fue todo lo que pude decir, no había pisado la escuela desde que me gradué de la Universidad. Las náuseas tan características de la ansiedad llegaron a mí, respiré profundo y asentí.- Necesito unos minutos, por favor.

- Tengo que ir a trabajar o llegaré tarde, hice café, asegúrate de tomar un poco antes de irte.- Se dio la vuelta y empezó a bajar la escalera.

Cerré la puerta muy confundida, caminé a la ventana y miré el paisaje verdoso, llovía fuertemente. El reflejo de la ventana mostraba a una Bella muy Joven, a alguien que recordaba, a alguien que intenté enterrar. El cabello ondulado me llegaba a media espalda, nada que ver con el cabello hasta los hombros que había adoptado por practicidad y elegancia. Cuando revisé los cajones solo encontré los sueters y jeans, los converse se veían a un lado de la cama. Nada tenía sentido. Yo no pertenecía a este lugar, ¿o sí? ¿me estaba volviendo loca? Sacudí la cabeza, tratando de enfocarme. ¿Qué es lo último que recuerdo? Ayer era jueves. Estuvimos trabajando todo el día en la edición de la revista, estábamos en fechas límites para entregar a la imprenta. Dejé la empresa a las ocho. Fuí a casa a beber, porque estaba triste. ¿por qué estaba triste? ¡Era mi cumpleaños! No pude hacer planes con nadie, todos ya estaban ocupados. Ni siquiera Felix, pudo cambiar su reunión de negocios, mi cumpleaños se podría celebrar otro día, su cliente no podía esperar. Recordé el pastelito y recordé el deseo. Desearía volver al lugar donde perdí el rumbo. Suspiré, sin poder negar que durante los últimos días me sentía un poco perdida.

Tal vez Forks sí merecía una oportunidad. Me cambié de prisa, una blusa azul y unos jeans oscuros con las chaqueta café, antes de salir preparé mi bebida en un termo, tome unas pop tarts y salí hacia la lluvia. La vista de la vieja camioneta naranja, me detuvo a admirar, sonreí unos segundos como tonta, yo solía odiar esa cosa, deseaba un pequeño auto. Abrí la camioneta y subí, todo parecía exactamente igual, el volante y el asiento, dí vuelta a la llave y el estruendoso motor se hizo notar. Esta vez no me molestó tener que escucharlo durante todo el camino a la escuela, me hizo sentir cálida y en casa. Al estacionarme, ya no había ningún alumno ahí, todos estaban en clase. En algún punto entre el desayuno, cambiarme e ir a la escuela, pude encontrar mi mochila y hojear mi cuaderno. Todo perfectamente ordenado, desde el apunte de cada clase, mis plumas, plumones y colores, lo más importante fue una copia del horario. Agradecí a mi yo del pasado por ser tan meticulosa, me dio la oportunidad de parecer normal, aunque con toda la situación lo último que sentía era normalidad.

Caminé a la clase de literatura, en el salón 102. El profesor Smith con mucho esfuerzo se levantó de su silla y avanzó a la puerta cuando me vio, todos los estudiantes también me veían, el sonrojo no tardó en aparecer. Fue muy comprensivo cuando le expliqué que había tenido una pésima noche y me quedé dormida. Él sabía que no era propio de mí, llegar tarde y me dejó entrar a la clase, pidiéndome que completará los enunciados según el libro de la semana, Orgullo y prejuicio, aunque hace años que no lo leía, en el pasado lo repetí tantas veces que lo recordaba a la perfección. En aquellos días del instituto, tenía pocos amigos, solía pasar el rato con Angela, Jesica, Ben, Mike, Erick y Lauren. Angela era mi compañera de mesa, hoy estaba sentada junto a Ben, me dio una mirada de disculpa. El único lugar disponible era junto a Cullen, Edward Cullen. Yo siempre estuve un poco obsesionada con él. Lo miraba de lejos, algunas veces juraba que él me miraba de vuelta. Siempre lo relacioné con el peligro, era un caballero, muy educado y dulce. Todas querían un poco de él, incluyéndome. Pero yo tenía un objetivo, nada menos que el éxito. Trabajé duro y lo logré, ¿a qué costo?. Me acerqué al asiento, mi mochila cayó ruidosamente al suelo, intenté ser lo más cuidadosa posible, mientras me acomodaba en el lugar.

- Hola…- Susurré por impulso. Sus ojos se movieron hacia mí con recelo. Eran de un tono café que se parecía mucho al dorado.- Llegué tarde, llueve muchísimo allá afuera.- Mencione lo evidente. Me sentí ridícula. Nunca antes hablé con él, ahora de la nada hablaba del clima.

- Hola Bella.- Saludo mirando mi cabello, mis nervios se alteraron cuando acercó su mano y quitó una rama de mi cabello. Miré sus dedos eran largos y delicados Tenía una camiseta blanca, al parecer no tenía frío, observé sus brazos no eran muy musculosos, tampoco delgados, hacía ejercicios. Me encontré con su mirada, sin mencionar mi escrutinio dijo.- Habrá una tormenta esta semana, es posible que suspendan las clases. Deberías preparar tus provisiones.- Volvió la atención a su cuaderno.

No hablamos más el resto de la clase, fuí la primera en salir del salón, no sabía qué hacer si me involucraban en una conversación grupal, había olvidado los detalles, pensé que era la mejor idea adaptarse lentamente. Me encontré a Jesica en el pasillo, me recordó amablemente que el casillero cuarenta y nueve era el mío. A la hora del almuerzo puse en mi bandeja una hamburguesa, papas fritas y una coca cola, decliné la invitación de Mike y Erick de sentarme con todos. Salí al patio, busqué una banca donde no cayera la lluvia, saqué mi viejo Ipod, lo puse a sonar, mientras sentía el aire fresco. Cuando el día terminó, muy cansada me acerqué a mi camioneta, desde el otro lado del estacionamiento pude notar la mirada de Alice Cullen como si hubiera algo pendiente entre nosotras, algo ya dicho, la consecuencia de algo.

Manejando a casa, me sentía muy abrumada, me había aguantado las ganas de llorar todo el día. El verde y la lluvia contrastaba con el sol y el azul de los Ángeles. Cuando fuí a estudiar en la universidad local, nunca pensé que me quedaría, después todo se complicó y adaptó, no pude ni quise volver. La incertidumbre me estaba matando. Las preguntas en mi mente no paraban, no encontraba una respuesta. No era tan ingenua para creer que si dormía, todo pasaría. Mi papá aún no llegaba a casa. Subí a mi habitación, me acosté en mi cama, dejé las lágrimas correr. Por primera vez, mi vida estaba fuera de control, ¿qué tan malo podía ser?

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