DISCLAIMER: La franquicia de Naruto así como sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.

En caso de leer en inglés, hay una versión en Ao3 en mi cuenta MonarchOfSHADOWS con el título Flowers (aunque a decir verdad, mi inglés no es muy bueno).

Sin más que decir, ¡disfruten!


Ao no estaba acostumbrado a pensar demasiado en regalos u ocasiones especiales. No es como si alguien pudiera culparlo.

El concepto de celebrar un cumpleaños era algo completamente ajeno a su persona. No era común, ni bien visto entre los shinobis consumados de la Niebla Sangrienta.

Suponía, tras pensarlo un poco, que a diferencia de él algunos ninjas sí tenían la costumbre de mostrar su afecto mediante regalos con sus compañeros. Pero Ao que había sido el último en sobrevivir de su equipo genin, que había sido obligado a dar caza a su propio sensei cuando éste desertó, no tenía la costumbre de reforzar vínculos afectivos con otros ninja. El obsequio más preciado que podía ofrecer era su lealtad y liderazgo para evitar muertes innecesarias, y eso ya era dar demasiado.

Aún así, la ocasión presente no era un día cualquiera que pudiera ignorar. No. Se trataba del cumpleaños de Mei Terumi. Y pese a no estar del todo seguro que fuera buena idea, no podía dejar de darle vueltas al asunto hasta que decidió ceder a su impulso. Dudaba que Mei lo considerara un amigo íntimo -nadie podría reemplazar el espacio que sus ex-compañeros habían dejado en su vida-, pero eran camaradas trabajando y arriesgando sus cuellos en conjunto por un futuro mejor.

Pronto ella sería su líder. Como mano derecha en su rebelión, Ao deseaba tener un pequeño gesto con ella tras ser testigo del trabajo duro que realizaba día a día por la aldea.

Una vez que pudo convencerse de intentar algo siquiera, no fue difícil tomar una decisión en cuanto al regalo. Nada íntimo ni demasiado costoso, no quería cruzar una línea en la relación que tenían antes de tiempo. Así que se decidió por flores, tan cliché cómo eso resultara.

Logró conseguir un ramo de flores azules en una florería en el centro de la aldea antes de que ésta cerrara, incluso un jarrón transparente para colocarlas en agua cuando se escabulló dentro del cuartel de operaciones a mitad de la noche, desde donde se manejaba la rebelión. Ao ignoraba si las flores azules tenían algún significado en específico, su único conocimiento floral se limitaba a diferenciar yerbas venenosas de inofensivas, pero el ramo lucía bastante bonito en el centro del escritorio de Mei.

Observó el jarrón con flores por un momento antes de salir del cuartel de nuevo, intentando no pensar en cuál sería la reacción de Mei cuando lo viera.

Tan sólo unas horas después su regreso a la base coincidió con la llegada de la futura Mizukage. Mei le dedicó una sonrisa a modo de buenos días, pese a que cada día era más notorio el cansancio en su ojo expuesto. Ao correspondió el gesto, aunque más disimulado.

—Permítame, mi Lady,— ofreció, adelantándose a abrir la puerta de su oficina improvisada en su lugar. Ella arqueó una ceja ante el gesto más no hizo comentario alguno.

Si Ao estaba nervioso al principio, se estremeció cuando la invitó a ingresar primero y en lugar de eso un kunai pasó rozando la punta de su nariz. Cuando se escuchó el jarrón rompiéndose en mil pedazos, Ao notó que era el turno de Mei de mostrar su incredulidad al corroborar que en lugar de una trampa era un arreglo floral destruido lo que esperaba por ella en su escritorio.

Pasaron unos segundos más en los que ambos permanecieron quietos, Ao mirándola fijamente mientras que Mei alternaba su atención entre Ao, las flores esparcidas sobre la mesa y los alrededores de su oficina, para terminar de confirmar que no se trataba de una emboscada o una ilusión.

—Oh.

Por suerte para él, Mei avanzó por su lado sin notar la expresión de Ao que por un momento delató sus intenciones de golpear su frente contra la puerta. Aunque al instante borró cualquier tipo de frustración de su rostro.

Observó desde su posición la forma en que se acercaba a su escritorio para comenzar a recoger las flores una por una, lamentando el estado en que habían terminado. La mesa estaba llena de hojas verdes, agua y vidrios rotos, de modo que Ao se acercó para retirar todo y echarlo a la basura.

—Realmente creí que era una trampa. —lamentó ella, frunciendo los labios.

Ao asintió, del mismo modo que hacía para apoyar sus decisiones. —Preferible prevenir que lamentar, mi lady.

Mei se relajó visiblemente, justo cuando notó un pequeño papel arruinado sobre la mesa. La tinta se había corrido pues era una simple nota, pero aún podía notar el "Feliz cumpleaños" escrito en ella. Antes de que pudiera comentar nada, se escucharon pasos afuera de la oficina que anunciaron la llegada de un Chojuro agitado, que al instante blandió Hiramekarei frente a ellos.

—¡Escuché algo rompiéndose! ¿Están todos bien?!

Ao chasqueó la lengua, aunque en el fondo agradeció la distracción.

—¡Chojuro! ¿Qué clase de tiempo de respuesta es ése?! De haber estado bajo ataque, ¡estaríamos muertos para tu llegada! —Chojuro al instante retrocedió, bajando su espada avergonzado por el regaño. Mei suspiró.

—Es suficiente, Ao. No fue para tanto. —interrumpió ella, aunque poca atención le prestó en realidad. Mirando aún las flores en sus manos, se acercó hasta el joven espadachín. — ¿Chojuro, querido? ¿Podrías conseguir un jarrón nuevo para ponerlas en agua?

El muchacho se ruborizó ante la expresión amable de su líder y asintió repetidas veces. —¡P-Por supuesto, mi Lady! ¡E-En seguida!

Ao se contuvo de regañar al espadachín de nuevo. Cuando éste se retiró, percibió la pequeña nota de humor en el rostro de Mei que no estaba ahí antes. Suspiró. Su cometido había sido un desastre pero al menos ella había apreciado el gesto.

—Me encargaré de esto, —señaló el cesto de basura, saliendo de su oficina sin mirarla. Se detuvo en el marco de la puerta, tan sólo para añadir antes de retirarse. —Feliz cumpleaños, Terumi-sama.