Bueno, digamos que decidí escribir mi propia versión de cómo seguiría la historia luego del ansiado reencuentro de Azize y Cevdet. Planeo seguirla un par de capítulos, así que espero que la disfruten.
Juntos otra vez…
Azize y Cevdet lloraron un buen rato hasta que pudieron separarse, no era seguro que continuaran ahí, a pesar de que todos los hombres que la mantenían a ella cautiva, habían perecido en manos de Cevdet, podían venir otros y no estaban en condiciones de hacerles frente.
Cevdet se inclinó sobre Azize, estaban en el suelo, incapaces de soltarse uno del otro y la miró a los ojos.
-Siempre supe que vendrías a buscarme…- dijo ella todavía agitada por el llanto.
-Siempre supe que seguías con vida… a pesar de que todo el mundo te creía muerta…
-Escucha, Azize… tenemos que salir de aquí…- dijo él y trató de levantarse- ¿puedes moverte?
-Sí… creo que estoy herida en el brazo… pero estoy bien… estaré bien…- dijo dedicándole una cálida sonrisa- estoy contigo, ya nada me importa…
-Ven…- dijo y la ayudó a levantarse, y la tomó en sus brazos para sostenerla un momento, casi más para sentirla cerca que para ayudarla.
Azize se sintió envuelta en su aroma pero supo que no tenían demasiado tiempo. Él la tomó de la mano y luego de soltarla con pesar, salieron de la cabaña y se perdieron en la oscuridad de la noche.
Caminaron durante un buen trecho y aunque Cevdet estaba atento a que ella estuviese bien, estaba más preocupado por que nadie los interceptara. Una vez que llegaron hasta donde el caballo los esperaba, él sintió que la mano de ella es aflojaba y giró para mirarla.
-Azize…- le dijo y en la oscuridad solo iluminada por la luz de la luna que se colaba por entre los árboles pudo ver que ella tenía un gesto raro en su cara.
-No me siento bien…- dijo solamente y Cevdet la apretó entre sus brazos. Estaba helada y él se imaginó que hacía mucho tiempo que no comía nada.
-Ven…- dijo y la subió de costado al caballo y luego se subió atrás y la sujetó.
Azize escondió su cara en el cuello de Cevdet ansiando algo de calor y se aferró con sus manos a él cuando el cabello comenzó a galopar.
Cevdet pensó en volver a Esmirna esa noche pero supo que no podría llegar y tan solo entrar a su casa con ella. La impresión de su madre y sus hijas sería muy grande. Decidió que la llevaría al refugio en donde había estado cautivo Tevfik, ahí todavía había algo de comida y podrían abrigarse. Con la luz del día y más repuestos podrían llegar y preparar a su familia para el reencuentro.
Menos de una hora después, Cevdet se bajó del caballo y la tomó en brazos. Ella quiso bajarse y él la apoyó contra su cuerpo.
-¿Qué es este lugar?- preguntó Azize con algo de curiosidad. Estaba cansada y hambrienta y no entendía por qué no habían seguido viaje hasta la casa.
-Digamos que no quise llegar sin que pudieses recuperarte. Sé que probablemente estés con ganas de ver a las niñas y a mamá Hasibe pero prefiero que descanses y comas algo…
-Tienes razón…- dijo ella y caminaron hacia adentro.
Cevdet encendió algunas velas y Azize se sentó en una silla de madera.
-Gracias…- le dijo ella y él besó su frente.
-No tienes que agradecerme… si hubiese sabido antes donde estabas, hubiera ido a buscarte… toma…- le extendió un trozo de pan y ella se quedó un rato sin decir nada, disfrutando de la comida.
Cevdet buscó unas mantas y preparó una cama improvisada para que ambos pudiesen descansar.
Azize tomó un buen vaso de agua y sonrió cuando él volvió a acercarse y se arrodilló a su lado...
-Muéstrame esa herida que tienes en el hombro.
-No te preocupes… estoy bien…- dijo ella con pocas ganas de moverse.
-Solo quiero verla, si fue un raspón, entonces la desinfectaré, tengo algunas cosas aquí para hacerlo… y mañana iremos a ver a algún médico.
-Pero…
-Azize… no me hagas enojar…- dijo y ella resopló con fastidio antes de quitarse el abrigo mostrarle la herida.
-Estoy bien, en serio…- dijo y cerró los ojos cuando los dedos de él acariciaron con cuidado la zona alrededor de la herida.
Cevdet se levantó y buscó en su morral un frasco y un paño limpio. Lo humedeció con el líquido y volvió a arrodillarse a su lado.
-Quizás esto te duela un poco…- dijo y la escuchó suspirar tratando de controlar un jadeo de molestia.
Con cuidado limpió un poco la herida y luego sopló con suavidad para que no le ardiera. La sintió estremecerse cuando él besó su piel por debajo de la herida y ella lo miró de costado.
-No tienes idea de las veces que fantaseé con esto… volver a perderme en tus ojos, volver a sentir tu aroma, estar junto a ti… ¿por qué no volviste antes, Azize?
-Yo… digamos que no pude hacerlo… y no me siento en condiciones de explicarlo ahora… lo siento…- dijo ella y se retrajo un poco, separándose de él.
Él se levantó y buscó otro paño limpio y vendó la zona herida para que no se infectara. Azize acomodó su ropa y lo miró con incomodidad.
-Lo siento si dije algo que no te gustó… me cuesta trabajo creer que quisieras mantenerte alejada…
-Escucha, Cevdet… me forzaste a respetar tu silencio cuando todo el mundo te creía un traidor, te pido que me des tiempo para poder contarte mis razones…
-Lo tienes… no te presionaré… te lo juro… ¿tienes más hambre? No es mucho lo que puedo ofrecerte, pero si algo más…
-No… estoy bien… me gustaría descansar…- le dijo ella y él la ayudó a levantarse y la acompañó hasta la cama que él había preparado.
La ayudó a recostarse y la cubrió con las mantas para que estuviera abrigada.
-Cevdet…- dijo ella con los ojos cansados.
-Dime…
-Ven aquí… te necesito cerca…
-¿Tienes frío? - le preguntó él con tanto respeto que se sorprendió él mismo, lo único que quería era que ella estuviese bien.
-Te necesito a ti… a mi esposo… a mi amor…- dijo ella y se movió, dejándole un espacio para acostarse.
Cevdet le dedicó una sonrisa y se acostó entre sus brazos. Azize hundió su nariz en el cuello de él y cerró los ojos. Se sentía en casa. Aunque hiciese tanto tiempo que casi había olvidado lo que era una casa, un hogar…
-¿Estás bien?- le dijo él luego de unos minutos de sliencio.
-Estoy contigo… es imposible que esté mal…- le dijo ella aún con los ojos cerrados.
-Te amo…
-Te amo…- repitió ella y se inclinó a besar sus labios con ternura.
-Mañana veremos a las niñas…
-Mañana…- dijo ella y se relajó en los brazos de su marido…
Bueno, hasta aquí llegamos con este capítulo. Pronto habrá más. Nos vemos en el próximo!
