Capítulo II: ¿Qué recuerda?
Unas horas después, cerca del medio día…
- No puedo seguir aquí así, no puedo – sostuvo Rachel caminando de un lado a otro como león atrapado.
- Debemos esperar noticias – pidió Robin.
- No, vayamos hacia allá – soltó Rachel ya cambiada a su ropa informal insistiendo tanto que Robin no pudo contenerla y ambos fueron hacia la clínica, hacia el cuarto privado dónde estaba la mujer herida.
El dúo llegó a la clínica, saludaron a Finn y a Santana y caminaron hacia el cuarto mismo.
- Déjame intentar a mi primero – pidió Robin ingresando con Santana.
Finn se quedó afuera junto a Rachel, mirando a la mujer atravez de la ventana sesgada, de modo que ellos podían verla, pero ella a ellos no.
- Hubiese querido encontrarte bajo otras condiciones – le dijo Finn mirándole de lado.
- Yo también – dijo ella con la verdad en la boca, su intención no fue desvincularse del club Glee y de su exnovio, sino que más bien fue la vida que los separó, su elección en su camino de vida.
- Ya habrá tiempo – replicó él con su sonrisa de medio lado, esa misma que él sabía encantaba a Rachel.
Mas en ese momento, Rachel no respondió de la forma que él quiso, ella estaba muy nerviosa, para pensar en lo guapo que era Finn en uniforme.
…
- Señorita ¿Está usted despierta? – preguntó Santana evaluándola con su linterna sus pupilas.
Al inicio su reacción fue muy lenta, Quinn estaba de lo más confundida.
- Señorita ¿Está usted consiente? – volvió a intentar Santana dándole unos segundos para orientarse.
- Hmmm – susurró la mujer rubia con voz ronca abriendo los ojos.
- Mierda – susurró afuera Rachel ante lo impactante que era esta mujer, era hermosa más allá de las palabras y estaba jodidamente rota y remendada.
- Yo creo que tú eres más bonita – añadió Finn mirándole, todavía muy enamorado de ella a pesar de los años.
- Usted ha tenido un accidente, está en el hospital – le dijo Santana y ella asintió lentamente, debía estar en el hospital pensó al verse en la camilla y rodeada de equipo médico.
- ¿Me puede decir su nombre? No tenía documento de identidad consigo.
- Quinn – respondió ella.
- Quinn es un bonito nombre – repitieron Santana y Rachel sin ponerse de acuerdo.
- ¿Quinn tienes apellido? – preguntó la cirujana Santana.
- No recuerdo – soltó ella.
- Oculta algo – dijo afuera Finn viendo su expresión.
- Que va a ocultar Finn, si se dio un tremendo golpe, es normal que está toda sacudida del cerebro.
- Eso también puede ser –agregó él.
Vaya capitán de policía.
Santana siguió interrogándole – ¿Recuerda lo que ocurrió? – le preguntó.
- Hospital – replicó ella.
- Sí, estás en un hospital, ¿Recuerda por qué? – preguntó.
- Me atropellaron – susurró Quinn.
- Lo siento mucho, le juro que no la ví señorita – soltó Robin tomando la responsabilidad del acto.
Quinn guardó silencio un rato, silencio que abrumó a todos ahí.
Segundos que parecieron años.
- No fuiste tú – soltó ella lentamente.
- A la mierda – decía Rachel afuera cogiéndose con ambas manos la cabeza.
- Creo que puede estar confundida – dijo Robin intentando confundirle, Santana guardó silencio, ella no iba a ocultar a nadie, ni confundir a Quinn, ya hallaría una forma de ayudar a Rachel, pero eso de mentirle y confundir a un paciente, no lo iba a hacer, no lo hizo antes, no lo iba a hacer ahora.
- No, no son tus ojos – se quejó ella con voz ronca – no me importas quién seas, no voy a llamar a la policía o acusarte de algo, pero no eres ella, no insultes mi inteligencia – dijo lentamente palabra por palabra primero a fin de articular bien sus palabras, luego cada vez demorándose un pelín más.
- ¿Qué pasa? – preguntó asustado Robin mirando a Santana.
- Está teniendo un ataque, un derrame, ayuda ¡ - gritó Santana pulsando el botón rojo.
Más médicos ingresaron junto a enfermeras, Santana le quitó la almohada, Robin salió para dejarles espacio para trabajar.
- Maldita sea – se quejó afuera Rachel.
- No quiere a la policía, oculta algo – observó Finn.
- Puede estar confusa por el golpe – dijo Robin.
- Eso también – concluyó Finn y Robin volteó los ojos divertido.
Rachel abrazó a Finn necesitando contención y él feliz sonriente lo hizo, ya que la extrañaba mucho.
Robin los miró entrecerrando sus ojos. Finn era un poco idiota, mas sin embargo era mejor cambio que Jesse, quién tenía una relación sumamente rara con su jefa.
Él hizo una anotación mental, ya hallaría la forma de acercarlos, por el momento apostaba a por Finn sobre Jesse.
Una hora después, Santana salió pidiendo paz y calma – necesita descansar, cuando pueda recibir visita te aviso gremlin – le dijo con cariño a Rachel.
- Eh que es la señorita Berry para usted – defendió Robin.
- Tranquilo Robin, nos conocemos desde los pañales – soltó Rachel abrazando a Santana, Finn asintió con su traje de policía, tan guapo él también.
Santana se fue a lo suyo.
Por la tarde de ese mismo día, Rachel ya se había ido, tenía compromisos, nada se supo de su accidente.
Jesse se disculpó por su actitud y ella lo dejó pasar por agua tibia, más concentrada en la chica que casi mata y cuánto sabía ella y si eso le iba a traer problemas o no.
- Te pedí una copa de whiskey – dijo Jesse en su restaurante favorito dispuesto a almorzar con su novia.
- Eh no, no quiero tomar hoy – replicó ella dejando la copa a un lado pidiendo un té.
Ya el alcohol, había causado muchos estragos a pensamiento de Rachel, como para evitarla por un tiempo.
- Me desprecias una copa – dijo él sentido.
- No lo hago, sólo no quiero tomar hoy – sentenció ella pidiendo un plato de comida, excusándose en tener resaca, Jesse lo dejó pasar, no quería pelear ese día.
Ambos se dispusieron a almorzar, en medio una charla banal, como si Rachel casi no hubiera matado a alguien y Jesse no se hubiera acostado con una más en su lista infinita.
…
Al siguiente día…
Cerca de las cinco de la tarde del segundo día, Quinn despertó observando a Robin cerca de ella en un sillón.
- Hola – habló ella aún con voz ronca.
Robin le alcanzó un poco de agua en un vaso con una pajilla ayudándole a tomar unos sorbos.
- Hola señorita Quinn – saludó él con gran sonrisa – me alegra que esté un pelín mejor – se alegró en serio, ella sintió eso - ¿Hay alguien a quién quieras llamar? – preguntó él y Quinn se quedó pensativa - ¿Un familiar?
Su rostro era un poema, esta vez no por lo hermoso que era, sino por lo colorido a la par de abrumador que resultaba verla con tantas vendas, el ojo morado, su lado derecho de su rostro ligeramente hinchado, por tanta conmoción.
- No recuerdo – acotó ella.
- Puede ser algo de la memoria – sostuvo Robin y ella asintió lentamente - señorita Quinn, sé que usted puede no recuerde muchas cosas – habló lentamente Robin, no para sorprenderla o atontarla, sino para realmente comunicarse sin presionarla ni nada de eso, ya que sus reacciones eran lentas – sólo quiero poder comunicarme con usted.
- Lo sé, sólo, no fuiste tú el que me golpeó con el carro, fue ella, había una mujer.
Robin asintió sin poder ni querer mentirle y sin saber cómo iba a ayudar a Rachel, de lo más preocupado, insistió un par de veces para determinar que sabía Quinn.
- Robin, mi nombre es Robin – se presentó él al ella preguntárselo solo con gestos.
- Robin, no sé qué ocurre, ¿La proteges?
- Sí señorita Quinn.
- Sólo quiero hablar con ella cinco minutos y después te firmaré lo que quieras, no quiero problemas, sólo quiero una conversación de cinco minutos y que tú, ella, ambos, alguien, se encargue de todo lo económico de mi curación, ni un centavo más, es lo justo, ¿No?
- Por supuesto, eso no lo dude señorita Quinn, cada centavo que necesite para curarse, será cancelado, al igual que la terapia y lo que vaya a necesitar – le propuso él y ella con una pequeña mueca de dolor asintió, eso era lo que más le preocupaba a ella.
Robin transmitió eso a Rachel y ella quedó en la madrugada para ir a ver a Quinn a la clínica, a una hora que no hubiese público ni paparazzi.
- Señorita Berry insistí mucho, mas ella recuerda que una mujer la golpeó y por más que la protegería con mi vida y usted sabe eso – Rachel asintió – no pude convencerla de lo contrario, por lo que me propuso, si usted la ve y conversan cinco minutos, ella firmará lo que usted quiera, "Que yo provoqué el accidente"
- ¿Aceptará todo? Por ¿Una conversación de 5 minutos?
- Una conversación señorita Berry.
- Ok, ok, puedo con ello – susurró apenas audible, un tanto nerviosa.
…
Cerca de las 3am…
Quinn estaba adormilada, una enfermera vino a checar sus signos vitales, a hacerle un cambio de vendajes dado la supuración de sus heridas, cuando llego él y ella…
- Señorita Quinn buenas noches, perdón, buenos días – dijo Robin sentándose al lado de su jefa.
- Hola, ¿Cómo estás? – preguntó Rachel ingresando al cuarto, se sentó a su lado, estando el ambiente con las luces apagadas iluminado bajo la luz tenue, proyección de la luz del pasadizo, al estar la puerta semiabierta, así para que Quinn pueda descansar. Rachel no prendió las luces por lo mismo de querer mantener su privacidad, ambas viendo lo suficiente de la otra como para decir que una mujer estaba ahí a su lado, sin mostrar todas sus facciones – lo siento, pregunta tonta – añadió al Quinn levantar su ceja, ella un poco adormilada – querías verme, yo te atropellé – soltó Rachel, Quinn seguía mirándole sin decir nada con el sonido del pitido del monitor y otros aparatos como sonido de ambiente.
- Oh ahora no dirás nada, quieres extorsionarme, eso quieres, ya sabía yo que te ibas a aprovechar de esto – sentenció Rachel divagando con ambas manos en sus caderas.
Quinn miró incrédula a Robin. Rachel era intensa.
Robin la miró como disculpándose con la mirada.
Quinn soltó una risita muy tierna, con un tanto de carraspeos, mismos que fueron atenidos al Robin alcanzarle un jugo con una pajilla para que alivie su garganta.
- Oh ahora te ríes – pidió Rachel sonrojada y Quinn rió un poco más.
- Señorita silencio por favor - pidió Robin a su jefa sin mencionar su nombre, viendo que ella se iba emputar más – por favor – le pidió por si Quinn fuera una de esas personas que vivían bajo una roca e ignoraban quien era Rachel, es más, ambas se preguntarían eso más adelante.
- ¿Cómo te llamas? – preguntó Quinn.
- En serio no sabes quién soy – soltó Rachel mirándole incrédula cuando Quinn asintió - ¿Vives debajo de una roca? – le preguntó a la defensiva parándose de su asiento y con ambas manos en las caderas – y encima me tuteas, que descaro ¡ - exclamó alzando su timbre de voz.
Quinn levantó los hombros calmadamente y si Rachel no hubiese estado a la defensiva se hubiera dado cuenta que Quinn estaba siendo muy adorable y estaba mintiendo.
- Señoritas por favor, conversemos – pidió Robin intentando poner paz – señorita – dijo mirando a su jefa - si la señorita Quinn recibe mucha presión o discute mucho, ella podría tener un derrame – advirtió – y si bien el anterior no le causó parálisis, bien podría el siguiente. Es delicado su estado.
- Oh lo siento – se disculpó Rachel bajándole 1000 grados a su intensidad, ella no quería que esta hermosa mujer tuviera más daño del obtenido – de verdad, lo siento, me voy a calmar, para que también te calmes tú – le señaló a Quinn, quién miró confundida a Robin que asintió.
Quinn tomando unas exhalaciones necesarias, repitió - ¿Cómo te llamas?
Rachel volteó a mirar a Robin como preguntando si esa situación estaba pasando, su cara estaba en grandes posters en el centro de la ciudad y la promoción por todos lados.
¿Era imposible, que Quinn no la conociera?
- Lucy – mintió ella con un gesto gracioso, todavía creyendo imposible que Quinn no le conociera.
Robin se re confundió sin saber cómo no expresar eso en su semblante.
Rachel lo había hecho para probarle si es verdad que no le conocía y si es que no le conocía, para que no le traiga problemas después.
Quinn la miró con su ya muy perfeccionada cara de poquer, decidiendo seguirle el juego.
- Lucy me atropellaste.
- Sí y lo siento mucho – se disculpó Rachel– un terrible accidente.
- Woahhh que es hermosa – pensaron internamente ambas damas.
- ¿Lucy fue un accidente?
- Sí, un accidente – observó ella – acaso piensas que te estoy buscando aleatoriamente pro ahí para matarte, ufff – bufó – y yo que pensaba que era ególatra y narcisista – muy a la defensiva Rachel cruzó sus brazos sobre su pecho, Quinn volvió a mirar a Robin sin creer que eso estuviese pasando.
- Lucy tú me atropellaste.
- Si, bueno, tú te cruzaste en el camino de mi auto.
Quinn adorando esta faceta caprichosa de Rachel, recordando esta faceta tan bonita de Rachel, como si fuese una nenita de 5 años que no quiere perder en su argumento se echó a reír.
- Encima te ríes de mí, ¿Qué coño te sucede?¡ - preguntó susurrando fuerte.
- Señorita…Lucy, por favor – pidió Robin para evitar los gritos y que algún personal se acerque y pueda reconocerla.
- Lucy ¡ - susurró Santana acercándose a la puerta como preguntándole con la mirada ¿Qué coño estaba ocurriendo? A la par que Rachel le miró para que no prenda la luz, agradeciendo al universo entero cuando Santana estuvo a nada de prenderla.
Quinn volteó a mirarlas a todas, ella era Lucy, no Lucy quien decía ser Lucy, su Lucy, ¿Era su Lucy? Ella era Lucy. Quinn se confundió brevemente.
- Estabas borracha, ¿Siempre conduces borracha? Puedes hacerte daño.
- Eso no es tu problema, dime, ¿Cómo no sabes quién soy? ¿Acaso me estás gravando para extorsionarme después? ¿Estoy en cámara escondida? ¿Jesse te pagó?
Quinn se volvió a reír, negando con la cabeza, ella se estaba divirtiendo, Rachel se estaba emputando, tanto Robin como Santana se dieron cuenta de eso.
- ¿Acaso eres famosa, debería saber quién eres? ¿Quién es Jesse? - preguntó seria y Rachel perdió su mierda, claro que era famosa, muy famosa, que descaro el de Quinn al no saber quién era.
- Mira Quinn… - empezó a divagar poniéndose de pie y apuntándole con un dedo al pecho.
…
