N/A: Esta historia se centra inmediatamente después de la Batalla de Hogwarts, después de que Harry sale de la oficina de los directores al decidir qué hacer con la varita de sauco.

Disclaimer: Nada me pertenece.

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Harry nunca se había detenido a imaginar cómo sería el día en que finalmente el mundo se librará de Tom Ryddle. Estaba enfocado en su misión, en sobrevivir.

Lo que sea que su mente hubiese podido visualizar, definitivamente no era lo que estaba pasando ante sus ojos.

Después de decidir el destino de la varita de sauco, Harry únicamente se detuvo para comer, y con la misma anunció que su exhausto cuerpo no daba para más, por lo que se dirigió a su antigua habitación.

No era lo más noble por hacer, la familia Weasley todavía estaba sentada en una de las mesas del Gran Comedor, llorando por la muerte de Fred. No era lo más inteligente por hacer, porque pudo haber utilizado ese tiempo en tener un tiempo a solas con Ginny (quien seguía llorando en el hombro de su madre) como había querido desde hace meses. Sin embargo, él andaba en automático, y realmente no sentía que fuese capaz de mantener los ojos abiertos por un minuto más.

Era totalmente inconsciente al hecho de que Ron y Hermione, leales y protectores como siempre, lo siguieron por detrás, porque no iban a permitir que pasará esa noche de todas las noches solo. Quizá de tener las fuerzas suficientes, se sentiría culpable por prácticamente forzar a Ron a separarse de su familia en un momento como ese. Quizá de tener las fuerzas, detendría a sus amigos para darles un fuerte abrazo y decirles cuánto significaban para él, cuánto agradecía su incondicional amistad, o cuánto habían mejorado su vida. Pero la simple realidad es que no le quedaba fuerza alguna.

Nadie habló en el camino hacia a la habitación ni cuando llegaron a ella. Harry únicamente notó la presencia de sus amigos cuando los vió preparando su cama, casi sonriendo instintivamente cuando los escuchó decir nerviosamente que querían dormir juntos.

Harry se acostó en la cama en la que había dormido felizmente por seis años. Cuando ese enorme castillo se había sentido como el mejor lugar del mundo, su hogar.

Se preguntó si alguna vez sería capaz de volver a sentirse así, o si fuese capaz de sentir algo en absoluto otra vez, si es que al resusitar sólo había traído de vuelta su cuerpo más no del todo su alma.

Imágenes de los cuerpos de todos los caídos que habían sido sus compañeros por años y, pensó amargamente, mientras cerraba los ojos, que no sentía que hubiesen ganado la jodida guerra.