Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. ¡Gracias, Ronnie, te adoro infinito!❤️❤️
-7-
Hoy, hacía un poco más de frío. Me encontraba lo suficientemente caliente en mi poncho tejido, pero no había sacado mis cosas de invierno aún, por lo que mis orejas estaban congelándose. Charlie estaba haciendo un berrinche porque sus botas del año pasado ya no le quedaban tan cómodas como antes. Por lo que, en cambio, se puso sus zapatillas y se arrepintió en el camino de subida a la colina, ya que esta estaba resbaladiza.
Tu niña tenía puesto sus botas. Y tú un gorro de lana. Así que al menos ustedes estaban un poco más tranquilos que nosotros. Tus anteojos se empañaban más en este clima. Aún me hace sonreír.
Nos despedimos de nuestros hijos al mismo tiempo, y cuando pasé por tu lado, igualaste tu ritmo al mío. Caminamos hacia la calle y hacia nuestros coches. El incómodo silencio fue llenado con una pequeña charla trivial. Primero, de la helada. Las maestras de los niños. Del horario de verano. Tu disfraz de Halloween. Chistes sobre vampiros.
La bajada fue complicada. El camino, congelado y resbaladizo. Desprevenida, y también con zapatillas, casi me resbalé. Me hubiera caído sobre mi trasero si no fuera por tu mano alrededor de mi codo.
Una vez en la acera, soltaste mi brazo, e inhalé temblorosamente. Nos observamos por un segundo demasiado largo. Mis puños cerrados debajo de mi poncho.
—¡Ten un buen día! —Mi voz era temblorosa. Agh. ¿Por qué me pones tan nerviosa? Esquivé tu mirada y rápidamente caminé por tu lado, casi resbalándome de nuevo y aferrándome al espejo retrovisor lateral de mi coche. Quería ser tragada por la tierra.
—¿Bella?
Mis pies se congelaron como el cemento debajo nuestro ante el sonido de tu voz. Y cuando giré para mirarte, estabas acercándote a mí.
—¿Quieres tomar un café o algo? —Tu tono de voz era mucho más suave, casi un susurro mientras los otros padres pasaban por nuestro lado.
Mi corazón estaba latiendo tan rápido en mi pecho que estaba segura de que tú podías escucharlo. Tus ojos eran gentiles, mirándome con esperanza. Saqué mi teléfono del bolsillo. 8:50 AM. Necesitaba estar en clase en 40 minutos.
—Tengo que ir a trabajar. —Señalé a mi teléfono con una sonrisa arrepentida, y tú pareciste comprenderlo. Tu mirada aún sobre mí. Impacible.
—Cierto. Por supuesto. Lo siento. —Retrocediste unos pasos, agitando tu mano suavemente en despedida.
—¿Quizás otro día? —Me sorprendí de que las palabras siquiera salieran de mi boca. No estaba segura, pero quizás acababas de invitarme a salir, y no quería dejar pasar la oportunidad—. No doy clases temprano los jueves.
Aunque dónde yo vivo no nieva, quisiera que lo haga ahora jajaja demasiado calor. ¡Gracias por leer y hasta el próximo!
