Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es RMacaroni, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to RMacaroni. I'm only translating with her permission. ¡Gracias, Ronnie, te adoro infinito!❤️❤️


-10-

Conducimos nuestros coches hacia la cafetería a cerca de diez minutos de distancia de la escuela. Esperaste en la acera y abriste la puerta del establecimiento para mí. Cuando nos sentamos y nos quitamos nuestros abrigos, no pude evitar dejar que mis ojos vagaran por todo de ti.

Tenías puesto una camiseta blanca que se estiraba sobre tu pecho, y definitivamente habían unos tatuajes asomándose por debajo de tu manga izquierda. Yo me encontraba con pantalones de vestir y una blusa porque tenía una clase por la tarde.

Te quitaste tu gorro de lana y pasaste una mano por tu cabello, controlándolo un poco. Y cuando te quitaste la mascarilla, me sonreíste.

Me di cuenta que todavía tenía que quitarme la mascarilla también y de repente me sentí cohibida al respecto, tratando de pensar si habías visto todo mi rostro ya o no. No tenía puesto nada de maquillaje, como a menudo era el caso, pero si hubiera sabido que íbamos a tomar un café hoy, me hubiera puesto al menos un poco de máscara de pestañas o algo.

Estudiaste mi rostro sutil y rápidamente mientras mi mascarilla era retirada y se unía a la tuya sobre la mesa junto al dispensador de servilletas. Cuando tus ojos se centraron de vuelta en los míos, te sonreí tímidamente, apartando mi cabello por detrás de mis orejas.

—Y bien... —Te reclinaste en tu silla, estirando tus hombros con un ligero gruñido—. ¿Enseñas?

—Sí. En Cornell.

—Carajo. —Tu risa fue corta pero alta, y me tomó por sorpresa. Tú me tomaste por sorpresa—. ¿Una profesora de Cornell? —preguntaste. Asentí—. ¿Qué clase?

—Varias. —Me encogí de hombros, con un poco de seguridad. Estaba orgullosa de lo que hacía—. Microbiología e Inmunología, más que nada.

—Doble carajo. —Te reíste un poco nervioso, rascándote la parte trasera de tu cuello.

—¿Qué? —Me reí mientras traían nuestras tazas, colocando mi capuchino frente a mí y tu café expresso triple sin crema y sin azúcar frente a ti.

—Nada. —Tomaste un sorbo de tu bebida provocadora de ataque cardíaco, apartando la mirada brevemente, y lamiste tus labios antes de volver a hablar—. Creo que estás muy fuera de mi alcance. —Parecía que estabas bromeando, pero tus ojos estaban fijos en mí que era difícil de descifrar.

—No es como si fuera una intelectual distante —bromeé, usando la pequeña cuchara para revolver el azúcar en mi café—. O una científica loca o algo así.

—¡No una científica loca! —Seguiste la corriente, fingiendo asombro—. Entonces, ¿qué eres? —Te pusiste serio y me perdí un poco en tus ojos. Con el sol de la mañana brillando a través de la ventana a la que miras, podía apreciar verdaderamente su color, el verde dominaba contra el gris, e incluso con sus bordes enrojecidos, eran tan, tan hermosos.

—¿Qué soy? —Le di un sorbo a mi café para intentar permanecer concentrada, lamiendo la espuma de mis labios después—. Solo soy una mamá promedio con un trabajo genial en Cornell.

—Eres todo menos promedio. —Definitivamente ya no bromeabas, y mis palmas estaban comenzando a sudar. Tuve que bajar la mirada—. Lo siento. ¿Eso fue muy atrevido? Estoy un poco oxidado cuando se trata de citas.

—¿Citas? ¿Esto es una cita? —pregunté con honestidad, levantando la mirada. No quería malinterpretar nada. También estaba oxidada.

—¿No? —Tus ojos se agrandaron como si quizás acababas de darte cuenta de lo que dijiste—. ¿Sí? ¿Quizás? —Empujaste tus anteojos por tu nariz y frotaste una mano por tu rostro, mirándome con arrepentimiento—. Dios, prometo que no soy tan idiota cuando he dormido un poco.

Algo se asentó en mi estómago entonces. Algo que no había sentido en mucho tiempo. Quería buscar tu mano. Quería tocarte.

—¿Cora tiene problemas para dormir?

—Oh, no. Ella es genial. Gracias a Dios. —Soltaste una larga exhalación, jalando de la parte trasera de tu cuello—. He estado de guardia esta semana, y ha sido una larga noche.

—¿De guardia? ¿Como en un hospital? —Estaba confundida. ¿Eres un médico? No parecías ser del tipo. Conocía el tipo. Me casé con el tipo.

—No, no. —Tomaste otro sorbo de tu bebida y te relajaste aún más.

Estaba desconcertada por tu reacción a la cafeína. Me estaba poniendo nerviosa de solo mirarte beberla, pero quizás eso no tenía nada que ver con tu café y todo que ver contigo.

—Soy un científico de la computación —aclaraste—. Trabajo para una compañía informática, desde casa la mayoría de estos días... Nos turnamos y siempre hay alguien de guardia en caso de que un sistema falle.

Un tipo informático. Eso encajaba contigo perfectamente.

—Entonces, si algo falla, ¿tienes que trabajar durante la noche? —Soplé mi taza antes de tomar un sorbo.

—Claro.

—Cielos. Eso suena difícil. —También explicaba por qué esta semana te había estado pasando factura.

—No es tan malo. —Te encogiste de hombros. Tus ojos seguían brillantes y sobre mí—. A veces mi mamá viene y ayuda, y consigo un poco de tiempo para recuperarme... También tengo la mañana libre después de pasar toda una noche en vela, y puedo intentar dormir después de llevar a Cora a la escuela.

—Entonces, ¿por qué no estás durmiendo ahora mismo? —pregunté con indecisión, jugando con el asa de mi taza.

—Bueno, es jueves. —Me sonreíste como si eso fuera obvio. Mi corazón se saltó un latido—. Normalmente está bien. Esta semana solo ha sido alguna u otra cosa todas las noches.

Asentí con comprensión.

—Y el día no se detiene sólo porque has estado despierto toda la noche.

—Exactamente. —Tomaste otro sorbo de tu café, tus ojos nunca se apartan de los míos—. Al menos, no cuando eres un padre soltero.

—Entonces, ¿son solo tú y Cora? —Aprovecho para preguntar, necesitando confirmar.

Asentiste suavemente, una pizca de tristeza en tus ojos. Me preguntaba qué pasó entre tú y la madre de Cora, pero no pregunté.

—¿Tú y Charlie? —preguntaste a cambio. Quizás necesitabas confirmarlo también.

—Sí, también solo somos nosotros.