Capítulo 2: Dudas y Temores.
Candy se daba vueltas en la cama,el insomnio era una de las consecuencias de ejercer la profesión de enfermera, y Terry durmiendo en la habitación de al lado le perturbaba Miró el reloj, eran las 3 de la mañana, trató de afinar el oído para escuchar si su huésped dormía y recordó que Terry no ronca, ese no era uno de sus defectos y por Dios que en estos momentos necesitaba con urgencia recordar las múltiples razones por las que decidió terminar su matrimonio
Flashback:
Se conocieron por medio del mejor amigo de Terry quien era novio de una amiga y compañera de universidad de Candy, se gustaron enseguida y al poco tiempo ya estaban juntos, ambos venían de familias disfuncionales, cada quien con su propia historia de soledad y abandono, debido a eso, la intensidad de los sentimientos que nacieron entre ellos los hizo aferrarse con uñas y dientes a esa relación, cada uno en su estilo.
A ella le costaba creerse merecedora de tanto amor y preocupación que Terry le prodigaba, así que inconscientemente fue modificando su conducta hacia lo que ella creía que él deseaba.
Si bien él no le exigía comportarse o vestirse de tal o cual forma, no le prohibía el maquillaje o ver a sus amistades; tenía actitudes muy posesivas, era muy celoso y se enojaba con facilidad. Candy fue modificando pequeñas cosas de su vida de modo de evitar posibles problemas.
El tiempo pasó, terminaron sus carreras dando la bienvenida a la vida laboral. A Terry le costaba horrores aceptar los horarios de Candy, sobre todo los turnos de noche. Sabía que ella era incapaz de engañarlo, pero también sabía que ella era muy inocente con respecto a las malas intenciones de la gente, era igual de cordial con mujeres u hombres sin pensar que más de uno podía malinterpretar esa cordialidad. Pese a las muchas discusiones que este asunto les ocasionó, ella no veía peligro alguno en ninguno de los hombres que la rodeaban, finalmente eran un equipo de adultos profesionales de la salud. Eso hasta que un colega enfermero, a quién consideraba un amigo, la acorraló en el estar y trató de besarla, lo esquivó como pudo y luego lo golpeó en la cara, e iba a golpearlo otra vez cuando el muchacho se excusó diciendo que se había confundido por la manera en que Candy lo trataba. Desde ese episodio ella comenzó a poner más atención en cómo se comportaban los hombres con ella y se llevó más de una incómoda sorpresa en sus primeros años laborales.
Se casaron después de 3 años de noviazgo, fueron realmente felices. Dos años después esperaban la llegada de su primer hijo...fue entonces cuando, por solicitud de Terry, ella dejó de trabajar, bajo el argumento de que si ambos habían sufrido de la ausencia o lejanía de sus padres, ninguno querría que su hijo pasara por lo mismo. Candy estuvo de acuerdo.
La vida transcurrió tranquila, unos años después volvió a embarazarse. Nació una niña preciosa, pero con ella también llegó la depresión post parto. No fueron tiempos muy fáciles, pese a su formación en salud, a Candy le costó reconocer sus síntomas, y recién después del primer cumpleaños de la pequeña buscó ayuda profesional, una psiquiatra que la sacó del abismo en el que se encontraba, y que también sacó varias otras cosas que oscurecían su vida sin que se hubiese dado cuenta. En esta terapia Candy aprendió que ella era digna de recibir amor, y que no tenía que hacer ningún sacrificio en agradecimiento por eso. Que ella no era responsable por lo que otros pudieran sentir, así fuera las inseguridades de su marido o la atracción física/sexual que otros hombres sintieran por ella. Cada quien debe hacerse cargo de sí mismo sin traspasar la línea del respeto al prójimo. Esas y muchas cosas más que fueron descubiertas gracias a la terapia, hicieron que Candy entendiera que su relación con Terry no era 100% sana y que si de verdad quería que sus hijos crecieran sanos física y emocionalmente, las cosas debían cambiar. Así regresó a trabajar y con eso las peleas se volvieron frecuentes, no obstante la decisión de separarse fue por un hecho en particular...
Era un sábado, ella preparaba el desayuno. Terry quería pasar tiempo en familia, por lo que intentó convencerla de faltar al trabajo, discutieron y finalmente ella se fue al hospital dando un portazo. Él se quedó rumiando su rabia. Cuando su ánimo se calmó pensó en que Candy tenía razón, no podía simplemente dejar su turno, si él le hubiese dicho antes sus planes, ella podría haber cambiado con una compañera. Y no sólo eso, llegó a la conclusión que tampoco habían tenido tiempo de calidad como pareja. Así que llamó a su madre para pedirle que cuidara a los niños, y esperó a Candy a la salida de su trabajo, aprovecharían muy bien ese tiempo juntos a solas.
Terry estaba esperando en el auto, cuando vio a su mujer salir del edificio acompañada de un hombre. Cuando vio que aquel tipo tomaba a su pecosa por los hombros y le hablaba muy cerca de su rostro, los celos le hicieron salir corriendo hacia ellos, furioso, con intención de golpear al desgraciado.
¡No vuelvas a tocar a mi mujer! - vociferó al tiempo que de un manotazo empujó a Candy para separarla del tipo. Ella perdió el equilibrio cayendo sentada, pero logró incorporarse a tiempo para detener a Terry de estampar su puño en la cara del Dr. Johnson.
George Johnson era un guapo hombre de aproximadamente 40 años. Un tipo muy amable que había establecido una amistad con Candy. En esta ocasión, el galeno aconsejaba a la enfermera sobre cómo equilibrar trabajo y familia, cuando Terry les interrumpió..
¡Terry!- gritó la rubia poniéndose en medio de los dos hombres. - ¿George estás bien? - preguntó volviéndose hacia el médico quien asintió. Terry seguía despotricando e intentando agarrar a Candy de forma posesiva.
Johnson miró a la enfermera preguntando si estaría bien, para luego retirarse y dejar a la pareja resolver sus problemas solos.
Contrario a lo que Terry esperaba, Candy no dijo una sola palabra subiendo al auto, no le habló ni lo miró en todo el camino, él tampoco se atrevió a hablar.
Estaba agotada, simplemente no le quedaban energías para pelear, nunca en todos esos años había visto a Terry dispuesto a golpear a alguien, y tuvo miedo, no por ella misma o por perder el trabajo; miedo de que la violencia se instalara como otra amenaza para la tranquilidad de su familia. Las consecuencias de los arrebatos de Terry podrían ser desastrosas para todos, entonces, supo que debían separarse.
Terry en un principio sólo atinó a tratar de disculparse, pero ante lo decidida que Candy estaba, rápidamente el orgullo y la impulsividad del castaño tomaron el control de la discusión y terminó por salir del departamento hecho una furia.
Fin del flashback.
Ahora estaban solos, separados por una delgada pared, ambos con poca ropa, y se habían besado. No, eso no podía volver a repetirse, no era bueno para nadie, así se lo haría saber en la mañana, luego de eso, estaba segura de que él se iría, llevándose la tentación.
Candy despertó primero, fue a la cocina a preparar café mientras repetía en su cabeza el discurso que le daría a su ex para lograr que se vaya sin herir sus sentimientos, no era tonta ni estaba ciega, él aún la amaba y estaba segura de que lo ocurrido la noche anterior lo había llenado de esperanzas, sin embargo no podían, no debían estar juntos otra vez, porque todos serían perjudicados si las cosas resultaban mal. Sirvió una taza y se encaminó hacia la habitación que Terry ocupaba para despertarlo.
Al abrir la puerta despacio, lo que vio la dejó con la boca abierta, el padre de sus hijos dormía de costado sin nada más que lo cubriera que un delgado short de algodón rosado, que dejaba muy claro que no era de su talla ajustándose deliciosamente a sus glúteos. Lo peor vino inmediatamente después, cuando él se volteó boca arriba dando a Candy una excelente vista de la enorme erección matutina de su ex. No pudo evitar gemir y sentir como su cuerpo reaccionaba ante lo que sus ojos veían, ¿Por qué tenía que ser tan difícil? Sus sentimientos por él la abrumaban, su corazón y su cuerpo le pedían que se lance sobre él y no lo deje irse nunca más, pero su cerebro con la poca cordura que le quedaba oyó el ringtone de su celular sonando en la sala; la rubia respiró profundo y salió de la habitación con la taza de café aún en la mano.
La pantalla del aparato titilaba con la llamada entrante de Flamy.
Hola Candy ¿Cómo te sientes?
Hola, bien, sin síntomas hasta el momento. ¿Cómo está todo allá?
Igual o peor que ayer, tengo 5 enfermeras menos, dos ambulancias esperando afuera y no hay una sola camilla disponible. Sólo ruego que no ocurra ningún accidente con heridos múltiples porque tendremos que empezar a decidir a quién salvar y a quién no.
Ojalá que no tengamos que llegar a eso. ¿Ya tienes el resultado de mi examen? Si está negativo puedo ir a trabajar ahora mismo.
Candy, lamento decirte, que tu examen está positivo, y no sólo eso, Karen ingresó anoche con insuficiencia respiratoria, afortunadamente pudimos estabilizarla sin ventilación mecánica; está en cuidados intensivos.
¡Dios mío!- La noticia la golpeó de tal forma que dejó caer la taza mientras trataba de no echarse a llorar al teléfono.
Para el castaño tampoco fue fácil quedarse dormido, tenerla tan cerca, haberla besado lo hacía estar cada vez más seguro de que debía reconquistarla, ninguno de los dos había intentado siquiera tener una nueva pareja, para él las otras mujeres simplemente no existían, su pecosa era la dueña de su cuerpo y de su alma, con esa convicción logró conciliar el sueño.
El sonido de la puerta al abrirse y el aroma a café comenzaron a despertarlo, sintió su presencia pero el cuerpo no le respondía, logró voltearse boca arriba, le dolía cada músculo. El sonido del teléfono en la sala hizo que su amada dejara la habitación antes de que él pudiera verla, abrió sus ojos y notó que la cabeza también le dolía, intentaba decidir si sus síntomas eran a causa del cansancio o estrés, cuando escuchó el ruido de un objeto romperse en el piso y la exclamación de asombro de Candy. Se levantó veloz y corrió por el pasillo para encontrarla, le daba la espalda, estaba hincada sobre la alfombra con el teléfono a un costado, una taza rota al otro, su cabeza gacha y la respiración alterada indicaban que intentaba controlar sus emociones. Agachándose para quedar a la misma altura, la abrazó por la espalda y la giró para que quedase en su regazo.
Tranquila, todo va a estar bien- le dijo acariciando el pelo de su esposa- ¿Salió positivo verdad?- Ella asintió con la cabeza- ¿Te sientes bien? ¿Te duele algo?
No, yo estoy bien, pero Karen…está en intensivos- Ahogó un sollozo en el cuello de él.
Lo lamento pecosa, espero que se recupere pronto. Voy a preparar algo de comer, debes alimentarte, si ya estás contagiada, al menos no le facilites las cosas al virus ese.
Era increíble el efecto que los brazos de Terry tenían sobre ella, le daban calma, seguridad, paz, se supo afortunada de tenerlo tan cerca en un momento como ese. Quiso verlo a los ojos para terminar de tranquilizarse pero lamentablemente no lo logró; esos ojos azules que tanto amaba, se veían vidriosos, hundidos y con ojeras; su alarma fue total cuando fue consciente de que el cuerpo que en ese momento la cobijaba y confortaba estaba caliente.
¡Terry, tienes fiebre!, por Dios, tú también estás contagiado.
Candy pensaba en tantas cosas, le preocupaban sus hijos, al no tener certeza de cuándo se produjo el contagio, ellos podrían enfermar también, si por suerte no fuera así, sus dos padres corrían peligro de muerte...Terry tenía síntomas, qué sería de los niños sin su padre, qué sería de ella sin su amado arrogante...las lágrimas amenazando con salir la hicieron levantarse como resorte."¿Qué rayos te pasa Candy?"se dijo a sí misma "Eres una enfermera y podrás cuidar de él, de ambos"
Voy por paracetamol, vuelve a la cama, te llevaré algo de comer.
Estoy bien, te ayudaré
No, mejor ocúpate de llamar a tu madre, a tu trabajo…
Esta bien pecas, estaré en la habitación.
Eleanor se preocupó como era de esperar al saber que ambos estaban contagiados, sin embargo el castaño prefirió omitir que tenía fiebre y dolor de cabeza para no asustarla de más.
Si mamá, estamos bien, cualquier cambio, te avisaremos.
Hijo, cuídense mucho, sé que estás pensando en esto como oportunidad para reconquistar a Candy, pero por favor, dale tiempo.
¿Por quién me tomas Eleanor? ¿Por un bruto cavernícola?
Te conozco por eso te lo digo.
Está bien mamá, tengo todo bajo control. ¿Cómo están los niños?
Bien, ahora están en clases, luego los llamo por zoom para que hablen los cuatro.
Gracias por todo madre, eres un gran apoyo.
De nada, siempre podrán contar conmigo…
También llamó a su trabajo para reportarse fuera de servicio por los próximos 14 días…Dos semanas, encerrado junto a la mujer que le quitaba el sueño…todo gracias al desastre sanitario mundial del siglo. Luego llamó a su mejor amigo Tom para pedirle que le llevara algunas cosas personales y sobre todo, ropa. Honestamente, le hubiese gustado quedarse sólo con el short rosado, sería más tentador ante Candy, pero debía darle su espacio, tomarse las cosas con calma, dejar que todo fluya…no era la tarea más fácil para un hombre impulsivo como él, pero valía la pena el esfuerzo.
Candy regresó con una bandeja, traía el desayuno y paracetamol, volvió a deleitarse con su esposo prácticamente sin ropa, se quedó pasmada observándolo, y él se dio cuenta…no fue capaz de resistirse a probar suerte usando sus mejores sonrisas.
¿Ves algo que te guste?
Idiota engreído, ya quisieras.
Algo viste que te dejo con la boca abierta
Estás loco, la fiebre te hace alucinar.
Tu mirada y el recuerdo de anoche me hacen alucinar. -Se acercó a su boca.
Lo de anoche…
El timbre de la puerta los salvó esta vez.
Debe ser Tom, le pedí que me trajera ropa.
Atiende a tu amigo, yo voy a ducharme.
Candy casi corrió a esconderse en el baño, de no ser por el timbre…un segundo más y estarían haciendo el amor…dio gracias al universo por Tom y por la ropa que le ayudaría a no tentarse tan fácilmente con su EX marido.
Para mantener el aislamiento y evitar contagiarse, Tom subió hasta el departamento pero no entró, llamó por teléfono a Terry y luego de una breve charla en que el visitante le manifestó su apoyo y preocupación, dejó una maleta con las pertenencias del castaño en la puerta.
Más calmada luego de comprobar que el paracetamol había cumplido con bajar la fiebre del ahora bien vestido hombre, le propuso preparar algo de comer. Ya por la tarde, los síntomas regresaron, ella lo invitó a su cama, ahí podría vigilarlo mejor y estaría más cómodo; él no podía creer su "suerte", por fin volverían a dormir juntos, pero sólo podría hacer eso, dormir, el virus lo hacía sentir como si lo hubiese atropellado un tanque, de modo que se durmió apenas tocó la almohada.
Nuevamente lo miró dormir, sintiendo mil mariposas revoloteando en su estómago, se preguntaba cómo era posible amar tanto a otra persona, no tenía caso seguir negándolo, lo extrañaba, lo amaba lo deseaba tanto como el primer día, pero él con sus celos y su impulsividad hacían imposible su convivencia…Recordó la sugerencia de Paty, "Ustedes se aman, tienen el 80% del éxito asegurado, dale una oportunidad de arreglar las cosas, vayan a terapia juntos" En ese momento le pareció una mala idea porque él se negaba a reconocer que tenían problemas, luego tiempo pasó, las cosas se calmaron, la vida diaria y las responsabilidades la mantuvieron muy ocupada como para volver a pensar en eso, hasta ahora; cuando lo tenía a su lado, enfermo por un virus que mataba a muchas personas cada día, rogó al cielo que Terry no fuera uno de los casos graves, no quería perderlo.
Al día siguiente la fiebre desapareció, pero aún se sentía débil, igualmente ayudó a Candy a organizar la logística que ameritaba la situación, hacer un pedido de supermercado, revisar los itinerarios escolares de los niños, detalles de ese tipo. Conversaron, vieron películas, durmieron como no lo hacían hace mucho. Hablaban con sus pequeños y Eleanor cada tarde, los niños en vez de preocuparse por la salud de sus padres, estaban felices de verlos juntos y no perdían oportunidad de hacerles saber que esperaban que esta situación se volviera permanente; cada niño les contaba de sus tareas escolares, sus nuevos logros en video juegos, también de las nuevas hazañas que consistían en travesuras como escalar el nogal del patio de Eleanor, crear un teatro en la mesa de la terraza, entre otras varias. Luego de las recomendaciones de rigor, sobre portarse bien, dormirse temprano, lavarse los dientes y obedecer a la abuela, se despedían prometiendo volver a llamarse mañana.
La noche siguiente Terry ya se sentía bien y preparaba algo para cenar, mientras Candy elegía en netflix alguna serie o película para ver juntos. Buscaba el control remoto del televisor por todos lados, no aparecía, removía los cojines del sofá uno por uno y en eso un celular voló por el aire y cayó en la alfombra. Ella cerró los ojos, no quería mirar los daños, ese sería el tercer celular al que le rompía la pantalla, siempre era tan descuidada; lo tomó y apretó el botón lateral para encender el aparato rogando al universo que estuviera entera, y si, no habían daños en la pantalla, pero lo que vio la dejó igual de alterada, era el celular de Terry con un mensaje recordatorio en la pantalla:
Mañana 15:00 cita con Ana B.
Dejó el teléfono en la mesita y disimuló lo mejor que pudo la ola de dudas y celos que se le venía encima. ¿Quién rayos es Ana B? ¿Qué rol cumple en la vida de su esposo?
