Capítulo 3: ¿Quién es Ana B.?

Luego de un par de meses separados, Terry había pasado por todos los estados emocionales imaginables; la rabia del primer día, esa que lo hizo salir del departamento que compartía con su esposa e hijos, fue decantando en pocos días, luego vino un estado de introspección en el que se aisló de todo y todos, no es que fuese el hombre más sociable del mundo, pero se encerró en la habitación de un hotel una semana entera, no quería que nadie lo viera en ese estado y menos que empezaran a darle opiniones o consejos en los que probablemente él sería el culpable de todo y Candy la inocente.

Al principio sintió incredulidad, no podía creer que su dulce y amada pecosa, le hubiese dicho que se fuera, que ya no quería estar con él, ¿Es que acaso ya no lo amaba? Toda la historia que tenían juntos ¿No significa nada? Recordar el rostro y la mirada con la que ella dió todo por terminado le helaba la sangre; un profundo dolor le oprimía el corazón.

Flashback:

Apenas entraron a su casa Terry comenzó a disculparse:

Pecosa, perdóname, es que no sé qué me pasó, lo vi poner sus manos sobre ti y acercar su fea cara a tu rostro y todo se volvió rojo.

Ella lo miró impasible, lo dejó hablar hasta que terminó, cuando él se quedó callado como esperando alguna reacción de su parte, ella le dijo:

¿No sabes qué te pasó? Déjame decirte lo que me ha pasado a mí desde hace tiempo.
Me cansé de Terry, ya no tengo fuerzas para seguir discutiendo contigo mis horarios, mi independencia, me cansé de que hasta mis hijos se pongan nerviosos cuando ven que un hombre se acerca a hablarme, porque ya saben que el papá se enoja cuando un hombre le habla a su mamá y eso los asusta. Me cansé de tener miedo a tus reacciones, hoy estuviste muy cerca de agredir físicamente a un colega, cuyo único pecado fue ser amable conmigo, no había nada más en la situación que viste, estabas dispuesto a cometer un delito -Terry intentó replicar, pero Candy no lo dejó- Sí un delito, que hubiese tenido serias consecuencias para ti, para George, para mi y los niños. No estoy dispuesta a vivir temiendo que mates a alguien o que ese alguien te mate a ti. Esto llega hasta aquí, quiero que tomes tus cosas y te vayas, mi abogado te avisará de los trámites de divorcio.

¡Divorcio! ¿Estás loca? Candy yo te amo, nos amamos...no puedes dejarme…-
Vociferaba desesperado caminando de un lado a otro. Mientras ella lo miraba sin decir nada. -¿Tanto te importa el tal George como para dejarme? Seguramente ya tienes algo con él, pero ni creas que les será fácil deshacerte de mí, ¡eres mía!- Gritó al tiempo que agarraba una repisa con libros y adornos y la arrojaba al piso.

-¿Terminaste? - Candy se puso de pie frente a él y le dijo mirándolo a los ojos con una determinación que Terry no conocía-Este es el último episodio de violencia que haces en mi presencia, no volveré a tolerar nada parecido. Ahora quiero descansar, adiós Terry.- Y se encerró en su dormitorio.

Terry bufo. - ¡Bien! Si eso es lo que quieres, me voy.- tomó sus llaves y salió para no volver.

Fin flashback.

Estando en su reclusión voluntaria empezó a analizar las palabras de su mujer, a recordar también varios episodios donde si bien no había llegado tan cerca de golpear a nadie, ganas de hacerlo no le habían faltado. Llegó a aceptar que el miedo de Candy era moderadamente válido, pero infinitamente insignificante comparado con todo el amor que él le había profesado estos años.

Decidió salir a tomar aire, caminó por la ciudad sin rumbo fijo, se detuvo un rato en el parque, estuvo mirando a los niños jugar y una lágrima se le escapó pensando en sus pequeños. Un rato más tarde sintió frío y hambre, por lo que cruzó la calle rumbo a una cafetería cercana. Buscó una mesa libre y pidió un café con tostadas. Seguía tan concentrado en sus pensamientos que no se percató de que era observado de cerca. Luego de que la mesera le dejara su pedido, un par de mujeres, una rubia de pelo liso y una pelirroja de pelo rizado, se sentaron a su mesa buscando conversación y algo más sin mucha delicadeza.

Señoritas les agradezco su cordialidad, pero deseo estar solo.

¿Por qué? Estar solo es aburrido, no pareces un hombre aburrido, es más, parece mentira que alguien tan guapo como tú esté tan solo.- Dijo la rubia invadiendo el espacio personal de Terry acercándose a su rostro.

-Nuevamente gracias, pero de verdad estoy ocupado. -Esta vez sonó menos amable.

-Vamos, anímate, nuestro departamento está aquí cerca, podemos pasar un rato agradable, si quieres puedes invitar a un amigo, si no, no importa, a Susi y a mí nos gusta compartir. - La pelirroja habló pasando sus manos por el borde de su escote.

Terry no podía creer el descaro de las dos locas que se le habían pegado como lapa, decidió irse, pero cuando estaba por levantarse se su asiento, una mujer mayor se le acercó y lo saludó cariñosamente.

Sobrino, querido. Perdón por hacerte esperar dijo tomando la última silla disponible en esa mesa.

El castaño dudó un poco pero decidió aprovechar la extraña presencia de la anciana para librarse del par de locas livianas de cascos. Así que le siguió el juego a la viejita.

Tía pensé que no vendría, le pediré un té y pastel.- Alzó su mano llamando a la mesera.

¿No me presentas a tus amigas?- Dijo con un aire algo despectivo.

Las mujeres jóvenes al ver que no tendrían éxito en su conquista se despidieron y se fueron rápidamente.

Deberían ser más selectivos en el tipo de personas que dejan a entrar a este lugar, estoy segura que esas dos no buscan amigos, buscan clientes.

Terry sonrió con el comentario de la señora e inmediatamente le dijo:

Muchas gracias, me ha librado de una situación muy incómoda.

La anciana sonrió y le dijo: - Lo sé, te he estado observando en el parque, no pareces andar en busca de compañía, al menos no de ese tipo.

La mesera se acercó a tomar el nuevo pedido, la señora quiso retirarse, pero Terry no se lo permitió.

Por favor, no se vaya, déjeme al menos agradecerle su acción con un café.

¿Qué tipo de mujer crees que soy, que acepto invitaciones de extraños?- Habló con tono ofendido, pero al ver la cara de aflicción de Terry, ella se echó a reír, seguida por el castaño.

- Terruce Granchester, Terry ,a sus órdenes - Extendió su mano a la mujer.

- Polina Brown, Pony. Mucho gusto.

Lo que en un principio comenzó como un café de cortesía, rápidamente se fue tornando en una conversación franca y profunda. La mujer mayor despertó en Terry una necesidad de hablar que no había tenido nunca. Pony por su parte, con la paciencia y sabiduría que dan los años, escuchó atentamente la historia sobre la vida de Terry, haciendo de vez en cuando alguna oportuna pregunta, sobre todo en las partes que involucraban a Candy.

..Y como verás Pony, le he dado mi vida a esa mujer, la he amado y respetado cada día, y así me paga...pidiendo el divorcio.

Mmm, claro, ¡qué desfachatez! Si tú no eres de esas personas tóxicas que quieren saber hasta las contraseñas del banco de sus parejas, tratando de controlar cada minuto de la vida del otro...No, tú basas tu relación en la confianza y el respeto.

Por supuesto que sí, pero ¿por qué escucho un poco de sarcasmo en tú voz?

Eres un hombre inteligente Terry...y ya que me has contado tu vida, me tomaré la confianza de hacerte un par de observaciones... Según cómo yo lo veo, ambos tienen historia de abandono de sus padres, si bien es cierto que Candy estuvo de acuerdo en evitar repetir la historia con sus hijos, creo que nunca le preguntaste si ella realmente quería dejar de trabajar, tú sólo lo asumiste que sería así, y antes que me repliques...Los niños requieren equitativamente de su madre y de su padre, sin embargo, tú no dejaste tu trabajo en pos de una relación más cercana con ellos - Terry escuchaba cabizbajo- Entonces querido sobrino, Candy no dejó de trabajar por los niños, dejó de trabajar por ti, para que tú estuvieras tranquilo...si su vida se centra en la maternidad, las posibilidades de un ataque de celos disminuyen. La base de cualquier relación es la confianza y el respeto, pero esta base debe sustentarse la confianza, y eso no sólo implica en creer ciegamente en el amor y la fidelidad del otro, también es fundamental la confianza en ti mismo, en saberte merecedor de ese amor y fidelidad que tu pareja te entrega libremente...respeto por ella, porque la conoces y sabes que no anda de coqueta por la vida, respeto por ti, porque si Candy en su libertad de decisión te quiere poner los cuernos, si tú te amas y te respetas no necesitas de celos ni violencia porque si ella no te quiere...no hay más que hacer.

Estoy perdido...entiendo lo que dices y sí, tienes algo de razón, pero no sé qué hacer, no puedo simplemente dejarla ir, la amo con toda el alma, pero no sé cómo recuperarla.

Necesitas ayuda, alguien que te ayude a ver las cosas desde otro punto de vista, y de paso sanar las heridas del niño que fuiste.

Cierto, necesito a alguien...alguien como tú Pony, en dos horas has logrado que mi alma renazca...ayúdame por favor.

Pony con una sonrisa le acaricia la mano y le entrega una tarjeta.

Yo sólo soy una vieja que gusta de observar extraños en el parque, pero mi vecina es psicóloga, muy buena, ella está más capacitada que yo para ayudarte. Llámala

La anciana se levantó despidiéndose y se fue dejando a Terry con un sabor agridulce pero un calorcito en el corazón. Una sonrisa se dibujó en el rostro del hombre mientras dejaba la tarjeta en la mesa y sacaba su celular para hacer la llamada.

Ana Britter.
Psicóloga.
987642567 ana.b