Notas Oscuras
Disclaimer: Esta historia no me pertenece, es una adaptación para el universo. Espero que les guste.
Adaptación © Fandom Naruto
Naruto © Masashi Kishimoto
Notas Oscuras © Pam Godwin
11.
SASUKE
Con la dirección del expediente de Sakura guardada en mi teléfono, doy vuelta en su calle en mi viejo GTO. Esto no se siente acosador, pero tampoco se siente completamente normal. ¿Qué puedo decir? Nunca he necesitado una excusa para golpear a alguien. Solo que nunca imaginé que a quien golpearía esta noche seria a su hermano. Y, aun así, aquí estoy.
No tengo plan, solo sé que Sakura no puede saber que estoy aquí.
Debería haber reportado su labio hinchado. Seguramente no debería haber revisado que no tuviera moretones en el cuerpo. ¿Pero esto? ¿Aparecerme en su casa? Definitivamente cruza el territorio de que-carajos-estoy- haciendo.
El anochecer oscurece el horizonte y no hay lámparas. Tal vez pueda persuadir a su hermano de que salga antes de que ella me vea y lo deje inconsciente antes de que tenga oportunidad de verme el rostro. Aunque si ella ve mi auto, lo sabrá. El Pontiac GTO de 1970 es demasiado fácil de reconocer. Si no lo vio en el estacionamiento de la escuela, lo vera antes de que se acabe el año.
Debería tomar un taxi, pero no estaba exactamente pensando cuando salí de clase y manejé directamente hacia aquí.
Siguiendo el GPS, me escabullo por una hilera de casas hundidas. No, no me escabullo. La potencia del auto es de 455 cilindros, y sus rugidos tienen a los residentes asomándose a sus porches. Los peatones se paran y miran embobados. Me doy cuenta de que no puedo dejar el auto en la calle, lo asaltarían en minutos.
A solo unas cuadras al norte del Barrio Francés, Treme es el sitio que se les dice a los turistas que no deben visitar, ni de día y definitivamente ni de noche. No había visitado el área desde que era un adolescente rebelde.
Había olvidado los grafitis, las ventanas tapiadas y a los montones de hombres en las esquinas mirando a su alrededor como si estuvieran ocultando algo. ¿Cómo vive aquí sin que la asalten a diario?
No tiene nada de valor que le puedan robar.
Excepto su inocencia. Aunque estoy seguro de que se la robaron hace mucho. La verdadera pregunta es ¿qué tanto daño le habían hecho?
Entiendo sus reacciones hacia mí, sus miradas de miedo y de deseo de complacer. Son sus reflejos naturales a un hombre dominante. Pero bajo sus expresiones hay capas de oscuridad, experiencias que la endurecieron y daños que la distorsionaron. No solo un hermano abusivo y un padre muerto, algo más. Algo traumáticamente sexual.
La ira recorre mis venas, empujándome hacia su casa y a lo desconocido que me espera ahí.
Veo el número de su calle en el desgastado exterior de una estrecha casa vieja. La pintura blanca descarapelada deja ver la madera podrida, y el techo caído sobre el porche no parece lo suficientemente seguro para pararse debajo de él. Las casas están demasiado juntas como para acomodar cocheras, y no hay autos estacionados en frente. No hay luces prendidas. No hay movimiento en las ventanas. A menos que esté sentada en la obscuridad, no está en casa.
Al venir me imaginé lo peor. Pero podría decirse que la casa que está al lado de la suya es mucho peor, el exterior está revestido de pedazos de madera y toda la estructura se está cayendo hasta los cimientos. Alguien incluso le escribió con spray a la puerta del vecino: Este hogar es un sentimiento efímero que intento reparar.
Mientras vago frente a su casa, imaginando las decrepitas condiciones del interior, se me forma un nudo de intranquilidad en el estómago. ¿Qué tal si no tiene electricidad? Si su madre no tiene trabajo, ¿quién paga las cuentas? ¿Su hermano?
No me quedo más, temeroso de que Sakura llegue y vea mi auto. A unas cuantas cuadras, estaciono en un estacionamiento lleno, dejándome guiar por un presentimiento y un perverso sentimiento de curiosidad.
Las notas de blues de un trompetista haciendo un solo vibran a través de mí mientras camino despacio por al Piano Bar de Willy. Nunca había estado aquí, pero no es diferente a los otros bares de mala muerte en Nueva Orleans que he frecuentado al pasar de los años. Sucio y tipo caverna, la escasa luz y los muros de ladrillo expuestos le dan una apariencia de taberna. La clase de taberna donde te disparan.
¿Dónde murió su padre? ¿Cerca del piano? ¿O sobre las mesas? ¿O justo aquí, donde me desplazo entre la puerta y el bar?
El lugar tiene varios turistas fisgones, así que no me sorprende que nadie me note. Escaneo a la multitud y me concentro en el único otro chico blanco. Está muy oscuro para sacar conclusiones, pero parece de mi edad, con cabello rubio y complexión pálida.
Encaja con la imagen que encontré en Google de un joven Kizashi Haruno cuando iba para casa de Sakura. ¿Puedo tener tanta suerte?
Ajustándome mi sombrero favorito por la orilla curveada y poniéndomelo más bajo, atravieso el bar y le hago una seña a la bartender.
— ¿Ese es el hijo de Kizashi?
Levanta la vista para seguir la dirección de mi cabeceo, su cabello blanco formando un brillo etéreo alrededor de su complexión oscura.
—Mmm jum. —Vuelve a poner su atención en el trago que está preparando. —Es él, cariño.
—Gracias. —Enganchando mis dedos a mis bolsillos frontales, voy al privado circular en el que está y me paro frente a su mesa.
Con una chica en cada brazo, arrastra su mirada hacia mi relajada postura y observa mi rostro.
— ¿Te conozco?
La esquina oscura del privado oculta su expresión, pero sus movimientos lentos y su forma de arrastrar las palabras lo delatan. Borracho o drogado, probablemente está muy intoxicado como para recordarme mañana.
— ¿Eres el hijo de Kizashi?
—Siiip. —Alcanza su cerveza, derramando un poco en la mesa—. ¿Y eso qué?
Quiero decirle por qué estoy aquí, que yo soy lo que pasa cuando lastima a su hermana. Pero si menciono a Sakura, puede vengarse con ella.
Manteniendo mi rostro en un ángulo fuera de la luz, me inclino sobre la mesa y estrello mi puño contra su nariz.
Las chicas se separan y salen disparadas de la cabina mientras su cabeza cae hacia atrás y pega contra sus hombros. Lo blanco de sus ojos rueda y desaparece detrás de sus parpados mientras su cuerpo se desliza de la silla.
La sangre de sus fosas nasales forma dos ríos gemelos sobre su labio y mancha su camiseta. Que lo haya noqueado probablemente tiene más que ver con su intoxicación que con mis inexistentes habilidades de boxeo.
Esperaba verlo retorcerse de agonía, pero también me da placer saber que se levantara con el dolor de una nariz rota.
La multitud no parece tener ningún tipo de alianza con el hijo de Kizashi, porque nadie hace nada para defenderlo mientras me dirijo a la puerta. Sé que este es un barrio peligroso, pero demonios, ni siquiera me miran cuando me voy tan discretamente como entré.
Un par de minutos después, me encuentro estacionado al final de la calle de Sakura con el motor apagado y mi atención pegada a su puerta. Ya debería haber vuelto a casa para esta hora, pero solo se ve oscuridad en la puerta y ventanas. ¿Dónde demonios esta?
Considero irme cuando una motocicleta deportiva naranja se detiene en la curva de su casa. El conductor se quita el casco revelando cabello negro y complexión oscura. ¿Negro o latino? Es muy joven para ser el novio
de . Más le vale no ser el jodido novio de Sakura.
Me inclino sobre el volante, estirando el cuello mientras pasa por el garaje y se asoma a una ventana. No toca la puerta y en vez de eso se mete al estrecho callejón entre las casas y desaparece en la parte trasera.
Mis nervios se intensifican. ¿Es un amigo de la familia? ¿Un primo? ¿Un jodido ratero? Anoto la placa de la moto en mi teléfono, y un momento después, sale del callejón, fumándose un cigarrillo. Sube una pierna a la moto, se pone el casco, el motor ruge, y se ha ido sin siquiera voltear a donde estoy.
Eso fue raro.
Debería irme. No tengo nada qué hacer aquí.
Treinta minutos después, aun me estoy diciendo lo mismo. Con cada matón que pasa, con cada auto que cruza la calle, se multiplica mi impaciencia, retorciéndome con espasmos. Once de la noche, en una noche de escuela, y ella está allá afuera haciendo Dios sabe qué.
Quiero atarla a la cama y azotarla por ser tan imprudente. ¿Dónde demonios está su madre?
Este no es mi problema. Voy a encender el auto justo cuando suena un mensaje en mi teléfono.
Karin: ¿Todavía sigue en pie lo de esta noche?
Cuando mensajeamos entre reuniones, mientras miraba el apretado cuerpo de Sakura, estaba ansioso por ir. ¿Pero ahora?
Yo: En otra ocasión.
Karin: Hoy fui una chica muy mala. ¡Nalguéame!
Mi polla ni se inmuta.
Karin: Puedo fingir que soy ella otra vez.
Con ella se refiere a Tsunade. Solo que Tsunade no es la ella que me está volviendo loco.
Yo: Suenas necesitada. Lo opuesto de sexy.
Karin: *mueca*
Yo: Eso tampoco es sexy
Karin: Lo siento, señor.
Yo: Me lo puedes compensar haciéndome ese favor que te pedí.
Karin: ¿El tipo de GM?
El esposo de Ino Yamanaka, es dueño de una cadena de concesionarias de GM. He oído que sus tácticas de negocios son tan viles como las de su esposa, pero aún tengo que confirmar si la engaña. Si alguien puede seducirlo es Karin.
Yo: Si. Se discreta y pon atención en la iluminación, su rostro debe verse clara en el video.
Karin: Si, señor.
Karin: ¿No puedo hacer que cambies de opinión sobre esta noche?
Yo: Buenas noches, Karin.
¿Que estoy haciendo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Para asegurarme de que llegue a casa segura?
Jódeme, solo quiero verla otra vez. Solo un vistazo antes de enfrentarme al vacío de mi casa.
Diez minutos después, mi deseo se materializa en la acera de enfrente. Incluso en la borrosa luz de la luna, la curva de sus pechos, la pendiente de su cintura, y el destello de sus caderas son distinguibles. Erótica. Tan malditamente cautivadora.
Con mi auto detrás de una camioneta, todo mi cuerpo se inclina hacia la puerta para mantenerla a la vista.
Sus largas piernas la llevan hacia la casa, despacio, con calma, su barbilla levantada y los hombros relajados. Aquí no tiene miedo, no como en mi clase. Que irónico dado el peligroso vecindario.
En las depravadas entrañas de mi alma, me estremezco por ser aquello que teme. Quiero reclamar su aprensión, miedo e incertidumbre. Quiero poseer todas sus emociones y ser la única razón por la que tiemble y llore.
En ese momento, pretendo que no soy su profesor. Con mi mano enroscada en el volante y mi hombro presionado contra la puerta, observo a una hermosa mujer caminar hacia mí. Es sorprendentemente exótica con esos ojos enormes, tan imposiblemente hermosa que no podría evitar acercármele. Me detendría a unos cuantos pasos de ella, le sostendría la mirada, y dejaría que el maleable silencio nos envolviera en un capullo de intimidad. No necesitaría hablar, solo que ella fuera consciente de mi cuerpo, de mi intención, y de mi confianza en darle lo que anhela.
Puede que no lo sepa, pero necesita tener límites bien definidos, disciplina, y un hombre en el que confía para llevarla más allá de su zona de confort. Tal vez no me vea a mi como ese hombre, pero lo hará. ¿Y luego qué?
Estacionado a cinco casas, no me puedo concentrar en nada más que en ella. ¿Qué va a pasar mañana cuando me siente detrás de ella en el banquillo del piano, respirando el olor de su piel? ¿Cómo carajos me voy a concentrar?
Con el motor encendido, la falta de aire es sofocante. Mi camisa está empapada de sudor, la corbata la deseché hace mucho. Me estoy quemando, ansioso, anhelándola. Caliente como el infierno.
Se detiene en la puerta y la abre con una llave de su cartera. Entrando a prender las luces, no alcanza ni a llegar al umbral antes de que un gato anaranjado corra hacia ella. Mientras salta alrededor de sus pies, echando su cuerpo contra sus tobillos, recuerdo sus palabras.
No puedo permitirme comprar zapatos para correr o comida para mi gato.
Siento una pesada presión sobre mis músculos, insistiéndome en entrar a su vida y solucionar sus problemas. Tengo el dinero, la determinación, y el deseo de mejorar su situación. Como su profesor, es mi responsabilidad. El educarla. Protegerla.
Todo eso es apropiado siempre y cuando deje de imaginar la presión de su coño alrededor de mi polla.
Levanta al gato y lo frota contra su cuello al entrar. La puerta se cierra y las cortinas caen sobre las ventanas, dejándome fuera. Hora de irse. En el camino de vuelta a District Garden, decido que me mantendré profesional con la señorita Haruno. Si logro terminar el año sin enterrarme entre sus piernas, puede que encuentre un futuro bastante satisfactorio en Le Moyne. Claro, mantener mis manos lejos de ella también significa que mi futuro no incluirá una celda.
Al entrar a mi casa, soy recibido por pilas de cajas, paredes desnudas, y una falta total de calidez a pesar de la humedad. Me mudé hace tres meses, pero no me he mudado realmente. Desempacar se siente como aceptar que estaré aquí.
Aceptar una vida sin Tsunade.
Vago por la espaciosa sala, la habitación central y por la cocina, cada esquina y cada arco están adornados con molduras personalizadas y profundos tonos cafés. Tal vez mañana comience a llenar las habitaciones con muebles y pertenencias personales. Pero esta noche, lo único que necesito es la brillante pieza de arte que se encuentra al final del pasillo.
Me dirijo hacia allá, adentrándome en mi habitación favorita, la razón por la que compré este caro lugar. Los impecables pisos de madera brillan bajo el candelabro, y la arqueada chimenea gótica a lo lejos conjura imágenes de tierras distantes y culturas místicas. Pero la pieza central de la habitación reclama toda mi atención.
Acercándome al gran piano Fazioli para conciertos de mi abuelo, paso un dedo por su cuerpo curveado. Raro y extremadamente valioso, tomé tres años elaborarlo, fue hecho con materiales magníficos, y sus bisagras y tornillos están chapados en oro. El corazón del piano fue tallado de los mismos abetos rojos que Stradivari usó para sus famosos violines. Pero esa no es la razón por la que amo a esta belleza.
Me posiciono detrás de las teclas y dejo que mi estado de ánimo decida la melodía. Inhalando profundamente, tecleo la suave introducción de Toxicity de System Of A Down. Mientras la canción metálica cambia de ritmo, volviéndose pesada y más agresiva, cada musculo de mi cuerpo se concentra. Mis dedos agarran las notas, mi torso se balancea y mi cabeza se mueve al mismo tiempo que los sonidos entrecortados, todo mi cuerpo está atrapado y controlado por la acústica.
La majestuosa proyección me lleva a la nota más alta mientras estampo mis manos contra las teclas, luchando con cada molécula de poder que me ofrece el piano. La cristalina claridad me encanta, me consume, y vuelvo a enamorarme de este instrumento. Dependo de esta experiencia. He dedicado toda mi vida a dominarla, y la necesito ahora para sobrevivir a los días y meses sin Tsunade.
Tal vez ya he alcanzado la cima del éxito en el mundo de la música. Tal vez estoy destinado a ser un viejo solitario y amargado. O tal vez aún no he encontrado mi lugar, mi parte en el todo, y tal vez —como Sakura dijo tan apasionadamente— estaré ahí cuando la música empiece.
Hola uwu, meses sin actualizar 3 como están cuéntenme uwu.('?).
Si están por ay digan un Hola uwu.
Bueno pueden decirme que parte les gusto del capitulo perdón por no actualizar nada eh estado un poco sin ánimos de pasarme actualizar por acá pero si tengo tiempo lo hare cada vez que pueda uwu.
Ahora si mi me despido hoy estoy sin palabra uwu, solo espero que sigan por aquí 3
