2º capítulo
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Remus llegó a su pequeña casa que se encontraba un bosque en los terrenos del Londres mágico. La casa era muy acogedora, casi todas las cosas que había en la casa eran fabricadas de madera transformada. Tenía dos habitaciones. En una de ellas había una cama y una pequeña mesa donde reposaba una pequeña lámpara. A simple vista se notaba que era una habitación muy simple. La otra pieza era la que pertenecía a sus hijas, en ella había dos pequeñas camas separadas con una mesa de noche y en las cabeceras de las camas había repisas adornadas con unos cuantos juguetes.
El castaño ingresó a la habitación con sus dos retoños durmiendo en sus brazos. Como pudo las acostó y se despidió de cada una con un beso en su frente y unas buenas noches. Salió de la alcoba y se dirigió a la propia encendiendo la lámpara y dejándose caer en la cama. Se encontraba cansado y sin fuerzas. Este día las chicas estuvieron más enérgicas que nunca. Era simple la razón de su cansancio. Remus entrenaba a las chicas para que fueran buenas brujas. Desde pequeñas comenzó entrenándolas con sólo un objetivo en mente. Si a él lo capturaban las niñas serían lo suficientemente fuertes como para sobrevivir solas. Ya a su corta edad las niñas dominaban a la perfección el Patronus y lo que ahora les estaba enseñando era pociones para ocultar su identidad. Necesitaba que las chicas aprendieran a ocultar su esencia y que no dejaran salir su firma mágica a la primera provocación como había pasado cuando el mismo lo descubrió.
Se levantó dirigiéndose hacia la ventana y se quedó contemplando la luna nueva. El cielo nocturno le recordaba a él. Sus ojos se cerraron dejando caer una disimulada lágrima por sus mejillas. Recordando la última noche que estuvieron juntos y la mañana en que empezó su tortura.
Estaban todos celebrando a la cumpleañera, incluyendo al director Dumbledore, había Whisky de fuego por litros, todos sentían los efectos del licor, por lo que poco a poco fueron cayendo, pero entre las sombras una pareja desaparecía de la vista de los demás o eso era lo que ellos creían.
Llegaron a la habitación que ocupaba Remus y se dejaron guiar a la cama y se entregaron como lo venían haciendo hace algún tiempo, con amor y pasión. El ojimiel temblaba antes las caricias de su amante. Mientras que el azabache devoraba cada parte de la piel de su lobito. Sus gemidos inundaban la habitación y al poco tiempo alcanzaron el clímax. El moreno salió suavemente del interior de su pareja y se recostó a su lado mientras que el otro se acomodaba en su pecho.
-Sirius… ¿Sabes que te amo, no? -Le preguntó dedicándole una hermosa sonrisa
-Claro que sí… al igual que yo -le respondió para sellar sus labios en un dulce beso, y luego caer dormidos.
El sol entró por la ventana e iluminó su rostro, se sentía extraño y no sabía por qué, pero pronto lo supo, su cuerpo estaba liberando su flujo mágico, combinado con el poder del lobo. No podía hacer nada, se levanto rápidamente y se fijo que estaba en el salón aparte que había en el piso en donde se encontraba su habitación, seguramente se quedó dormido y alguien lo trajo, luego recordó lo de la noche anterior y lo asoció con un sueño. No podía controlar el poder del lobo y eso alertó a los Aurores que aparecieron de un momento al otro y lo rodearon, de entre ellos salió el director que se puso al frente.
-Remus, ¿qué es lo que te pasa? -preguntó el hombre preocupado, no le gustaba esta situación, la casa estaba rodeada de Aurores, entre ellos los amigos de Remus.
-¡No lo sé, director, no entiendo lo que pasa! -decía angustiado y no entendía por qué.
-Calma, primero respira -le dijo al darse cuenta de lo desesperado que se encontraba el castañito, pero un sonido en la puerta hizo que todos se giraran.
Todos quedaron helados al ver a Lily salir de una habitación cubierta por una sabana. Al verse descubierta volvió y el director la siguió abrió la puerta con un Alohomora y se impresionó al ver lo que estaba al frente de él. Lily estaba de pie junto a la cama, envuelta en una sábana y en la cama se encontraba nada más ni nada menos que el mayor de los Black, quien se había incorporado rápidamente al ver lo que pasaba.
¿Qué se supone que hacían ustedes dos?-Preguntóel anciano alertando a los que quedaban en la sala, entre ellos Remus que ya había controlado su magia, se acercó a la puerta y vio al interior.
-Sirius… Lily… ¿Qué está pasando aquí? -preguntó también, aguantando las lágrimas que amenazaban con salir de sus hermosos ojos.
-Remus, yo no… -dijo el moreno, pero se quedó callado al ver que el ojimiel salía corriendo de la habitación.
Se sentía destrozado, angustiado, desesperado y por sobre todo traicionado. Aquel a quien tanto amaba estaba en la cama con su amiga, deseaba no volver jamás, no mirar atrás, olvidar todo. Y con ese pensamiento en mente salió del cuartel para no volver más o eso era lo que él pretendía.
Se volvió a acostar limpiando las pequeñas lágrimas que caían por sus ojos, al tiempo que los cerraba y comenzaba a caer víctima del cansancio.
- ¿Por qué Sirius? ¿Por qué me traicionaste? -Se preguntó para caer en brazos de Morfeo.
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Continuará...
