Perla tenía todo armado. ¡No podía dejarlo! A él lo amaba, y estuvo tantas veces al borde de confesar su amor, aún cuando sólo era un chiquillo.

Tanta protección, amor, dedicación, y contemplación al final desenvolvían profusos deseos. Se dedicaba las noches a no pestañear viéndole en su sueño, en su temple tierno e hipnotizante. Una rareza pronto señalada.

Le besaba las mejillas, y reconocía que unos besos se iban remotamente a la boca, y no decía mucho mientras veía a los lados, y finalmente con Connie hace poco, le declaro su amor eterno, como debió de hacerlo con la madre.

Y pronto tras los arrebatos y sentimientos, terminaron besándose en la sala, siendo ella esa que introduciría la lengua y los abrazos furtivos, el enclaustro de sus extremidades delgadas. Con sus largos brazos se lo comprimía y le besaba profundamente con holgura, y el pequeño era el que se agitaba, avisándole cuando ya no podía respirar.

Luego retuvieron sus afectos, escondiéndolos en lo que se besaban y ella le toqueteaba los inferiores, desnudándole, besándole toda su impoluta piel suave, para después jugar con su rostro por sus mulos y miembro, sacando la lengua y dando ciertos chupetones, en los que Steven reía nervioso, o reaccionaba muy sonrojado y a la expectativa, al cabo empezaba a chupar, babear, y succionar de forma acomedida mas lasciva, y él empezó a reaccionar, cambiando su respiración, dando ocasionales, gimoteos y otras reacciones fisiológicas, unas que la hizo enrojecer a

Perla de amor y deseo total.

Al cabo ese último acabó con el primero, ya que empezó a masturbarlo, al dormir precisamente con solo lo superior de su pijama en lo que le tenia sobre sus piernas, y ocasionalmente le besaba, con mucha saliva, que se sorbía y bebía de esos labios suaves y gorditos, y le hacía sexo oral en cuanto empezaba a retorcerse lagrimeando, su gema rosada brillando, y eyaculando todo en la boca de su cuidadora, la cual engullía el material, que para su cotidianidad, era espesa y grande la carga.

A veces le ordeñaba casi como a una vaca o a menos él lo sentía, en cuanto empezaron los celos de la esbelta, y le despertaba chupándole el miembro todo ensalivado y erecto, concentrándose en la cabeza sensible a la pasada eyaculación con la que abría los ojos, y se lo sacaba en cuanto le sentía contorsionarse, gimiendo fuerte, ella sacándose los dedos de su vagina celeste, para tomar un vaso de plástico de unos cuatrocientos mililitros y echar su esperma directamente ahí (rendía uno por día), repitiendo lo acontecido sin dejar de friccionar su falo, poniéndole lubricante y seguir hasta que vierta todo lo que posee en el recipiente.

A veces degustaba con un sorbo en frente de él, o simplemente los guardaba tapándolos para un propósito que Steven ignoraba, que risueño y cansando, se tomaba una siesta de laque despertaba a la media hora, con Perla abrazándole y besándole el torso, la cintura y el frente del pantalón (lo limpio y vistió cuando yacía dormido), las mejillas y los labios, al enterarse que había despertado, y daban a la cotidianidad como si nada hubiera pasado.

Después la relación dio su esperado fruto, y es que el híbrido estaba más cariñoso con su esbelta gema cuidadora. La hacía sonrojarse al cabo la abrazaba, y dejaba en lo que daba una sonrisa a los repetidos besos y abrazos, siendo él en esencia, un buscador de repente adherido a su cercanía y sus "masajes especiales", que era como lo nombraba Perla, pidiéndole que se los hiciera cuando se encontraba una carpa batiéndose en sus pantalones. Y sus urgencias anticipadas, dieron alto a que su secreto saliera al descubierto en el círculo, tras deliberadas muestras de afecto, de lo que puede ocasionar el eco de una noche silenciosa.

De verdad Steven a los días, empezó sacándose la verga y poniéndosela en los brazos claros de Perla después de que subiera a sus piernas, mientras nadie se enteraba en la cocina y ella se enrojecía notablemente, le aconseja y le dice que: "aquí no", e ignorada al frenesí del chico, lleva a que lo acepte en su boca, ya que él tiene que urgentemente ponerla en sus labios finos en donde se escucha la succión y la enjundia de mamarselo hasta la base, volver a responder de forma extraña a las preguntas de Amatista que vienen de la cocina, y hacer lo suyo hasta sacarle todo el líquido, siendo precavida hasta cuando se asoma la morada, y Steven reposa adormilado sobre su cuerpo, satisfecho y pueril, y ella sudorosa le tuerce una sonrisa.

"El chico no tiene límite", piensa Perla preocupada, y esa noche se mete a su cuarto, a sus sabanas, adicta a sus sentires de su cercanía, y Steven no hace nada más que untárselo en la cara, su miembro ha crecido, y un poco más grande del tamaño de su gema, lo comprueba pegándosele en la perla, y después lo hace con su garganta, como una máquina repetitiva, mueve sus caderas o a veces solo la cabeza de su cuidadora hasta sus testículos, afanándose de esos cabellos melocotones, y hundiendo su miembro en esa cavidad viscosa que se estrechaba cada vez que se quería acercar al fondo.

Steven ido de sí mismo, solo eyaculaba donde golpeaba lo más profundo de garganta viscosa, descargándose ahí un disparo abundante, y otro corto, puesto que sacando su miembro punzante derramando esperma en sus labios, para alejarla y eyacular abiertamente en su rostro, he poner su pedazo de carne en su mejillas, dejándole las facciones babosas de saliva y semen, tamborileando en su cara, y pasa a bajarle sus shorts, afiebrado, realmente centrado en una acción. Quiere fornicar con ella, y dejada, ella abre sus largas y pálidas piernas mostrando su vagina chorreando.

Frota el glande con esa entrada que se le antoja deliciosa. Esos labios húmedos con los que juega, y es Perla la que mueve sus caderas para que la penetre, y empiecen a copular por puro instinto, una y otra vez en un vaivén que abren paso gemidos y declaraciones vergonzosas, de amor y gozo.

Le sorprendió lo hábil e innato que era, haciéndose a la idea de que era su primera vez, y estaba feliz, febril y muy en la dicha de ser complacida. La sensación era sumamente dura en su interior y caliente. Steven de repente besaba su cuerpo, y llenándola de su semilla, la seguía bombeando, mientras le decía que la amaba.

Al cabo de unos días, Garnet advirtió su comportamiento. Su visión futura le puso ello de advertencia hacia antes que lo hicieran, y de paso le dijo que estaba enamorada de Steven, y que ella también lo haría suyo en el futuro inevitablemente, y que no quería quebrantar la tranquilidad del híbrido en ningún momento al proceso, a su modo, y que predicaba que en algún punto ya no habría nada de que preocuparse para "que todas nosotras podamos ser amadas".

"¿Todas nosotras?", preguntaba incrédula Perla, y le escatimaba a ella que no dejaría que nadie lo alejara de él, con una mirada fulminante y retadora.

No quedó muy conforme, y aunque estuvo más cerca en esos instantes con el pequeño rizado, haciendo el amor y charlando y durmiendo juntos, pronto todo tuvo el abrupto asunto de Lapis; de Connie; de Amatista; de Garnet, ¿por qué no al final?; y de, todas esas gemas.

Días después se adjudicaría todo el destino de Steven, que al darle ese avance por su enamoramiento y deseo, despertó en él, la lujuria que emanaría de su embistes y su insaciabilidad sexual y bestial.