Jasper fue celosa de sus interacciones con las demás, resaltando su notoria incomodidad. Tanta gema exigiendo su amor la hacía desvariar.
A veces le tomaba del brazo, y lo sacaba a las insinuaciones y las proposiciones directas. Alejándolo del escenario a otros confines, en repetidas ocasiones y ovaciones hasta las aclaraciones, y las faltas de decoro de las gemas, de las que simplemente se retiraba sin tregua o sazón una vez acostumbrada. Y es que se ruborizaba por la deliberación de la declaración de amor de Circón, y los besos que Perla le daba, sonoros e ininterrumpidos. Y ahí simplemente se cruzaba de brazos, miraba a otro lado, decís que se tenía que ir, excusándose de forma muy paralelamente cordial, para irse. Haciéndose la que estorbaba cuando la trataban de hacer que se quedara, no consiguiéndolo, y huyendo Jasper de esas situaciones, en las que de verdad, muy adentro suyo. Deseaba intercambiar puestos con todas ellas. Y discurriendo de todas siempre incomoda, el híbrido ya al corriente, le veía atento desde lejos.
La anaranjada peli blanca, "entrenaba", alejándose adentro del bosque, tumbando abetos con los puños. Viendo como todos esos pensamientos centrados en Steven se apartaba, en sintonía al ruido de los golpes troceando la madera. Cerniendo su psique al rigor, a la sensación, y la destrucción de las prontas hectáreas de bosque, con la que evitaba pensarlo para no entristecerse o hundirse en celos. Cosa de la que se trajo inevitablemente a ella con la desorción sentimental del entrenamiento, acercándolo sin saber a esos sentires extraños, duros y crueles, junto a la amonestación de la tala injustificada.
Al final incluyéndose al mercado daba utilidad a vender los troncos a los aserraderos. Dando una interrupción total, tras la discusión, habían acordado ella y el hibrido, que dejaría de tumbar los pulmones de la tierra, de destruir la naturaleza destruida, y que se encargaría de ahora en adelante, a reforestar, y dar utilidad a toda su destrucción. Que entre abochornada y en rabieta, terminó aceptando al lapso de inmediato por ser él, hombre y compañero de batallas; amor inesperado y raro desde un inicio para ella. Y termino haciéndolo en lo que se encontraba para su templanza, momentos en los que suprimía sus sentimientos, sin dejar de pensar de la forma indecorosa o triste, sobre el hibrido en la soledad, ya que era obvio que no era de piedra como parecía, y de él y su relación con aquella Perla Azul, le era imposible ver, al acercarse por las escaleras de las instalaciones, y ver sus besos al recién arribar, y aguantar la manía suya de abrazarlo o de tomarlo de la mano cuando estaban en cualquier lado, entristeciendo y molestándose de su compañía. A veces yéndose todavía más de sorpresa, en lágrimas que casi siempre ocultaba con destreza.
A pesar de lo malo, vio lo bueno en encontrarse sorpresivamente embriagada de sus encuentros en solitario con Steven.
Ilusionada, que caminando y ayudándola a la rehabilitación y el mantenimiento general del parque, con la construcción de las cabañas e instalaciones varias, de la que ella, Steven, y otros miembros de la comunidad se encargaron poniendo su corazón para construir, fue Jasper la que dio mayor esfuerzo y cuidado a lograrlo. La misma Jasper, que aunque de aspecto duro y grande, se deslumbraba y le llenaba de gusto su trabajo, y se le subían los colores al ver al híbrido regir las hachas con presteza. Trabajando su cuerpo en el proceso, que sin saberse controlar, se le quedaba viendo cómo hipnotizada y boba, mientras aquel sudaba, y se quitaba la camisa dando vista al cuerpo tonificado y marcado del rizado, que la hacía abobarse, en plena jornada con la gente alrededor coloraba, muriéndose de vergüenza por las miradas, y de alguna otra sensación inesperada y todavía más intensa.
Era obvio que le gustaba y le amaba como a las otras. Pronto Garnet sabiéndolo todo, le dio los empujones necesarios al encontrársela a solas, e incluso le dio libre vía para que se uniera a aquella extraña relación polígama de la que le veía al hombre de quien se enamoró integrado como centro indiscutible. Y terminando a lo inevitable, se entregó y dio voto directo a su amor por él, una vez finalizaron y se quedaron apartados en el bosque. Arrodillándose Jasper, le miró a los ojos y le dijo que le amaba, y que le protegería desde ese día hasta el último de sus días.
Steven sonrojado, le pidió que se parara, prometiéndolo tal cuál a ella, cosa que la desconcertó, maravilló y amo. Que siendo abrazada y prontamente besada en los labios, se sorprendió y sonrojó Jasper, que aceptó el afecto, tomándolo para así entre sus brazos reacios y cálidos tras el vacilar prematuro.
¡Ambos se besaban! ¡Ambos se habían dicho que se amaban! Y ahora Jasper experimentaba la euforia consistente a ello, cuál juvenil en el humano, perdida en esos labios.
Steven solo estrechaba contra así a aquel cuerpo tonificado y curvilíneo suyo, se le marcaba la erección sobresaliente, mientas aprisionaba sus grandes pechos aún cubiertos a sus pectorales, acelerando a Jasper, de la que volvía a sorpresa suya, el sentir la lengua de Steven introducirse en su boca, y sobrecogía con sus manos grandes, su nuca y uno de sus senos, que pronto separándose de su boca con hilos de saliva en el estupor de sus labios, descubrió de un solo movimiento sus tetas al aire. Quedándose suspensos dándoles un vistazo, Steven se puso detrás de ella ruborizada, agarrando sus pechos, hundiendo sus dedos rozándolos a esos pezones erectos, viéndolos adecuadamente desde arriba del hombro de Jasper, e instándola a que viera cómo con sus palmas, basculaba esas bolsas de carne que consideraba tan erógenas, cada cuál, apretándolos, acariciando y consumiendo. Sacando un gemido y provocándole una respiración agitada a Jasper.
Esas sensaciones raras, la tenían a la expectativa y la vergüenza de su actuar supuestamente guerrera, que ya se ha empezado a entregar a la merced de la lujuria de nuestro héroe, que juega abiertamente con sus pezones, tomándolos y apretándolos, mientras le besa y le lame el cuello, salivando, o apretando:
—Estas grandes tetas. Hacían que no me concentrara del todo —dijo sujetándolas y sacudiéndolas de arriba a abajo, habiéndolas de rebotar —. Te veías bien cortando madera con estas cosas; no eres la única que miraba. Y te juro que estuve a punto de probarlas cuando veía como se movían.
—Steven... ah... Dime. ¿De verdad, estamos haciendo...
—Silencio —interrumpió Steven y la volteo consigo viéndola a los ojos —. Te has entregado a mí. Yo ya he decido por nosotros —díctamo y se encorvó para tomar sus pechos y meter lo que pueda a su boca.
A mamar, a comer y a lamer sus pechos, dándole su tiempo a cada uno, tomándolas y chupándolas simultáneamente, en lo que escucha: "Steven... uh... ¿qué haces...?" Sacándole gemidos a ella, y el murmullo del: "Steven... Oye, Steven... ", confundida y guiada por sus sentires, gimiendo a la audacia o de la impetuosa boca de aquel, que le avergüenza por todo su propia voz, y le prende la de él, que gruñe o hace sonidos de gusto mientras le megrea el cuerpo, como si aquel le encantara ensalivarle los senos y hacerle chupetes en el torso, mientras agarraba el culo elevándolo y haciéndolo caer como para ver la consistencia.
Aceptando todo muy a regañadientes en su cerebro, a hacer en este caso, dominada. Solo beso sus cabellos, murmurando su nombre, y después a él, a su boca de nuevo, utilizando su lengua torpe para encontrarse la de él, más grande que la suya. Más dominadora y enclaustrada. Placentera y agobiante, disfrutando la resbaladiza cabida encarnada que posee, y la vuelve loca y tonta.
Empiezan a embrutecer directo a la lujuria.
Ella actúa domable y furtiva. Se besan apasionadamente. Responde a los afectos agresivamente, al sentir de la urgencia de su contacto, amanerada en su sentir, sin dejar que la ímpetu medio desnuda, le arranca la camiseta al rizado que trata de quitársela en primer momento, la tirándola y cerciorándose de besar su pecho, para ir a la cintura y sacarle los pantalones.
Steven viéndola, se saca el miembro gordo y grande, que pega casi a su rostro. Ella se sorprende, y aquel le pide que se quede quieta, para que lo acerque a su gema, y oprima su miembro por un momento en su rostro rojo y en sus fauces para que lo pruebe por primera vez.
Le metió el glande en los labios. Sintió su boca y ambos probaron sensaciones. Y Jasper no muy entendida de lo que hacía, empezó a mamarle el pene, que Steven orientándola a que lo hiciera, termino atragantándose ligeramente por su torpeza, sin defraudar al hibrido, que le da cierto placer su tosquedad, y la cavidad bucal inexperta.
—Eso, uhh, mételo todo a tu boca Jasper. Ah... así. Más profundo, ufff, sí...
E intentaba en ocasiones sumergirse varias veces a su garganta. Su gran pene hinchaba el cuello, cuidándose de rosar los colmillos.
—¡PUHA! —exclamó Jasper tratando de ubicarse. Fuera de sí y de lo que hacía.
Y la saca de la confusión lasciva, que excitada por lamerle la verga, no hace nada. Se deja llevar de nuevo por él que la tira consigo, y le rompe parte de sus pantalones, rasgando la área de la pelvis, mostrando sus labios vaginales, desastrosos y goteando sin remedio como puede asegurarse al checarla con sus dedos gruesos.
—Parece que ya estás lista —comenta Steven viéndola en seriedad atroz, y en lujuria viéndole los pechos de fuera, su intimidad descubierta, y lagrimeando en ese rubor finito.
Ya no es dueña de sí misma. Solo parece ver por su voluntad, y él lo sabe al besarla antes del acto principal.
La zarandea cómo una muñeca, haciendo a que sus palmas paren al tronco. Y posando el glande y el tronco entre las nalgas, del que desgarra la ropa para ver esas cachas grandes de la anaranjada. Tomando un momento para golpearlas con su cosa, frotando su entrada unos segundos, restregando ambos jugos de sus orígenes, antes de agarrar y separarle sus glúteos, para después introducirse de sopetón, al mismo tiempo que la temida y dura Jasper, lanza un gemido femenil.
Steven movió su pene dentro con lentitud. Probaba donde su miembro entraba, y lo metió más adentro, sintiendo el contorno hasta el fondo. Su glande besó su útero, y lo mantuvo ahí mientras Jasper gemía estrepitosamente, y su cadera volvió para ver su tronco venudo salir poco a poco de esa vagina y ese culo gigante, y después lo volvió a meter lento y con cuidado hasta el fondo, y sacudiéndola un poco. Casi probando la sensación, el agarre y la viscosidad.
—¡Ahhh! Es una rica vagina.
Y empezó moverse continuamente, hasta chocar su pelvis contra sus glúteos, dándole una nalgada mientras aquella comienza a gemir más fuerte.
—¡Uff, ¿te gusta... ?! —preguntó esparciendo y asiendo su nalga, atrayéndola para chocar más su centro —Uhhh. ¿Te gusta como te cojo... ?
Y Jasper no responde sonrojada. Le ha oído, pero estaba ida por completo, empinándose más, en esa barra de carne caliente que entraba y salía de su interior, que le llenaba y golpeaba.
En concepto de virginidad, aplicaba ella en ese raro retraimiento y pronto gusto, sin la gravedad de los dolores terrícolas primerizos, las gemas tienen más ese descubrimiento a la lujuria. Ya que al sonríe la eyaculación dentro suyo, de forma ardiente y abundante. Queda en completa vulnerabilidad para Steven, que tomando esa cadera prominente anaranjada, se embate solo a sus nalgas sin decoro o ambages, empezando a fornicarla con más libertad y constancia. A embestirla sin tapujos. Steven, bruto, la penetra, ignorando la cierta dolencia y placer que la gema pueda tener en cuanto a sensibilidades (que las hay), pero que acostumbrada rápidamente.
Pronto es ella la que más gime, se ahoga en placer y pide más, mientras la toman de las grupas, sintiendo el miembro ardiente de él. Tomando su torso y acariciado, y sus nalgas golpeando contra sus muslos, surgiendo los aplausos y gemidos sonoros en medio del bosque. Steven viniéndose como loco dentro de sus paredes tan cómodas y húmedas en respiraciones agitadas de correrse de nuevo en esa vagina nueva. Tan nueva y estrecha.
Aquella noche la amoldaría solo para sí. La haría suya y le provocaría que lo buscase siempre.
Ya arriba de misionero por el césped y la tierra. Ella sería la que le confesaría que se sentía bien que estuviese adentro suyo (lo hizo como un estornudo). Que le amaba como pulsaba dentro de ella cuando eyaculaba toda su lefa y la llenaba, junto a los gruñidos y gemidos suyos. Y no dio más que copularla con más esmero y arrobo. Darle su leche.
¿Quién lo diría? De los salvadores del planeta tierra.
Y Steven besándola, diciéndole que la amaba, que le encantaba cogersela, animo a Jasper extasiada y gozosa, a empezar a mover su culo gordo, y lo hace obediente la de las hebras largas blancas, confesando de nuevo su amor, diciendo su nombre: monta su verga, y lo encuentra delicioso con desespero. Movía sus caderas torpemente, a veces dando la configuración de arriba a abajo, intercambiándolo a los lados, y él le tomó de la cintura, y empezó a engullirse en su vagina al ver su esmero. La recompensa fornicándola hasta que llegue al orgasmo. Último descubrimiento del que se haría adictiva, ya que el orgasmo seguiría sin misericordia. Sin un Steven que no deje la marcha. Teniendo ocasión de tomarle una de las tetas y agarrarlas hundiendo su mano a su pecho, en lo que exacerbaba el movimiento de sus caderas, y ardía, mientras tomaba con sus brazos a Jasper, hasta sacar su semen a montones.
Más temprano que tarde, la tendría como una yegua en celo compactándola contra su verga. Asiéndola de los brazos o las grupas, la cabalgaría hasta que la hiciese un desastre.
Cuando sus gemidos y su saliva se mostrarán irreprochables. Cuando los ojos de las gemas del bosque empezaran a emerger hacia Steven. Que excitado, sacaba su verga de Jasper, dejándola caer, y recibía besos y abrazos de las gemas, mientras se arrodillaban algunas, para atender su prominente apetito.
